SOMBRAS EN LA LAGUNA BROGLIE

por Haschariel

 

 

Capítulo 9

 

Busco la mirada desdeñosa de Michael del otro lado de la mesa. Por alguna razón que alcazaba a entender del todo, se sentía sereno y seguro de si mismo. Lo que le resultaba un tanto extraño después de la casi declaración de amor hacia su contendor en esgrima, unas horas atrás. No obstante, durante esas horas consecutivas al duelo, William había desechado de su fuero interno, la voz de la culpa y de los preceptos convencionales humanos: hombre-mujer, mujer-hombre. Le atraía Michael no cabía duda, deseaba estar a su lado, y eso era todo cuanto debía tener en cuenta. Por lo que había invocado, ignoraba la fuente de tales poderes, el valor y la decisión inquebrantables. Aunque sospechaba que ese receptáculo de tenacidad residida en el recuerdo mismo de los labios dulces del señorito, contra los suyos. Y tal vez, se dijo mientras Michael rehuía su mirada otra vez, existían otros motivos mas. Motivos que opacados en esos momentos por las voces alrededor, eran difíciles de determinar. Especialmente si la gran madre Broglie era la que tenia la palabra

-ha de se Fredy querida. Le iremos a ver tan pronto como llegue tu abuelo. O si es mas conveniente, enviaremos a por el

Anice parecía saltar literalmente de emoción escuchando hablar a su abuela –Quiero un tul largísimo y la crinolina con el doble de bóveda. Ah!, y quiero el bouquet con perlas blancas de Arcansa

A veces, veces no muy seguidas, Anice hacia relucir su extravagante sangre Rivan. Ocasiones en las que aparentemente contaba con toda la simpatía familiar.

Hubo otros cuantos planes eufóricos mas para el vestido de la novia, durante los cuales por primera vez desde que habían llegado, Anice se mostraba mas y mas exaltada, a punto de despegar a la luna

La chica aterrizo de sopetón cuando Charlotte se dirigió a Eliot …

-querido –le dijo, logrando que el novio se tensara en su silla –Fredy también podría confeccionar tu traje

Eliot palideció

Charles Frederic Worth era el caudillo de la alta costura en Europa y por ende, en América. Y su precio igualaba lo que la bombilla de luz eléctrica el año pasado. Eliot se pregunto cuanto valdría su brazo derecho en el mercado de la escuela de medicina. cálculos grandes. Querría Anice aceptarle con un riñón menos?. Le dedico a Charlotte una amarga sonrisa mientras hacia un gesto ambiguo con la cabeza

Y entonces, como si su voz sonara con implacable y avasalladora verdad, Michael intervino

-Podrías pagarlo en cómodas cuotas Eliot

Anice miro a su primo con ojos desorbitados. La alegría se esfumo de su rostro blanco tal como un parpadeo. Era como si se esforzara en creer lo que su primo había dicho. Charlotte opto por fingir y paso la servilleta blanca por sus labios. Incluso William dudo que aquella frase escapara de la boca del joven heredero con semejante lascivia impresa en su tono. Luego no hizo falta interpretar nada mas

-es decir … -Continuo Michael tras beber un sorbo de vino y rehuir nuevamente la mirada azul que le buscaba –cuando trabajes en asociación con los abogados de la Fabrica y seas parte de la familia, Charles te concedería un plazo de pago

Cualquiera que fuera el objetivo de aquellos comentarios, Michael había logrado que Eliot bajara la cabeza. Sus ojos no se veían. Sus músculo se intuían rígidos. Anice con las manos nudosas bajo la mesa, continuaba engarrotada observando fijamente a su primo. La escena amenazaba hacerse intolerable, mas si se podía, cuando el señorito punzo un trozo de carne roja y se lo paso a la boca indiferente al efecto de sus propias palabras

**Son crueles los ángeles?**. William sintió que su ser mismo resentía la humillación. Había aceptado la ciega debilidad por Michael sin arredrarse de su maquiavélico comportamiento a causa de razones desconocidas. Pero aquel se hacia inllevadero la mayoría de las ocasiones

Sin detenerse a calcular cuantos segundos habían transcurrido, ni reparar en los rostros a su alrededor, William dejo escuchar una melodiosa risilla que llamo la atención de los mas. Cogió con delicadeza su copa de vino tinto, lo bebió sin prisa y luego su voz salio con la delicadeza de un conde

-pero Eliot, creía que ya habíamos quedado lo de nuestros trajes. Incluso he enviado una carta a Londres

**Londres?**, cuando Eliot levanto la cabeza desconcertado y desubicado, hallo en la ladeada sonrisa de William, la misma complicidad que años de amistad habían forjado silenciosamente. La mayoría del tiempo condenaba la finalidad de aquellos gestos taimados. Pero hoy …

-ahm!.B-bueno, es que no me lo habías confirmado William

-y es que hace falta?. Eliot amigo? –Bebió otro sorbo de vino y luego se volvió a Charlotte –ah!, mi estimada Lady. Tal parece que la boda comienza a distraer a nuestro enamorado prometido

Charlotte le prestaba la mas fervorosa de las atenciones. William continuo

-antes de venir a la hacienda, le había recomendado a Eliot las habilidades de Madame Montagne

Todos retuvieron la respiración

Tan imposible era desconocer el nombre de Charles Worth como ignorar a Carolina Montagne, cuyas ideas habían vestido a los herederos de la monarquía británica desde hacia media década. Alguien había dicho una vez en términos religiosos, que Carolina te llevaba al cielo en medio de sedas y Charles al Eden envuelto en casimir

Charlotte era un monumento parlante a la emoción contenida cuando se dirigió a Eliot

-pero querido, has debido habérmelo dicho antes. En tal caso, podríamos solicitarle a Madame Montagne que diseñe el ajuar completo de la boda. Que te parece querida?

-yo …

-oh my Lady. Enviare una misiva mañana mismo a Londres y me pondré en contacto con Madame –se apresuro en agregar William

-que maravilla –Una vez mas, la voz de Michael se dejo escuchar como la flauta mágica en el interludio de Hamelin. Extasiante, hipnótica e intencionalmente lenta –No cabe duda que esta ha de ser la boda del mes. Y todo gracias a que el novio ha encontrado a su hada madrina. Una sin varita mágica claro esta

William busco la mirada desdeñosa de Michael del otro lado de la mesa preguntándose si los ángeles eran crueles y si los sapos verdes que habitaban las ciénagas oscuras, eran realmente príncipes encantados …

 

Cuando la cena concluyo media hora mas tarde, el ambiente familiar parecía haberse alivianado. No se había vuelto a mencionar la boda, ni Michael había vuelto a abrir la boca. William no sabia si ese precioso silencio se debía al claro mal humor que cogiera después de su ultimo comentario. A su persistente asedio o sencillamente a la ya acostumbrada indiferencia que caracterizaba al señorito de la casa. Solo se le escucho cuando Charlotte se retiro de la mesa para acogerse en su habitación. La mujer tenia el sueño temprano y aunque no lo aparentaba, las pequeñas tareas como recortar sus rosales, le suponían extras de energía física que reponía con horas eternas de nada que hacer. Tras la abuela, Anice y Eliot aprovecharon para subir juntos los escalones hacia el segundo piso.

Michael se enderezo súbitamente entonces, como si alguien bajo la silla le hubiese asestado un patadón. Giro y estaba a punto de irse igual de callado

-es de mala educación dejar la mesa sin despedirse de quienes todavía permanecen sentados

No se volvió a encarar las palabras de Hardy. Su corazón le palpitaba fuerte y sentía un tibio temor extenderse por sus músculos. Michael creía haber logrado repeler dignamente, la aviesa insistencia de ese hombre hasta ahora. No caería en su juego en el ultimo momento. ¿Porque le asediaba de esa manera?. ¿Por qué no le acusaba con su abuela?. Tuvo la certeza de que las respuestas a sus preguntas eran los mismos descubrimientos que había echo sobre si mismo, la pasada mañana con respecto a la cercanía de Hardy. Y eso le llenaba de terror. Tenia mucho miedo

-usted también debiera retirarse sr. Hardy –trato de sonar severo –Buenas noches –Dio otro paso mas, pero otra vez, Hardy le detuvo. Consistía un verdadero suplicio tener que escucharle aunque sea por educación

-de que tienes miedo Michael?

Él se volvió lentamente con los ojos fijos y agudos y los músculos rígidos. Su presencia se hizo como la de una cuchilla suspendida en el aire. Inquebrantable. Su aura congelo la habitación. Y aun así, a pesar de ser el blanco de toda esa energía negativa y de ser aguijoneado por esa mirada amarillenta, William lo vio claro como el agua cristalina. Tras la fealdad de Michael refulgía traslucida y límpida, la mas tangible belleza que le hacia supremamente hermoso; una impoluta vulnerabilidad. Había un príncipe bajo la piel del sapo

William experimento de pronto, el insoportable deseo de besarle. Sintió miedo también. Pero se sorprendió así mismo, enderezándose tras la mesa con lo ojos sobre la crudeza del joven Broglie y luego sus propias palabras resonaron en su cabeza demasiado tarde para opacarlas con la voz de la razón

-eres tan hermoso –Contuvo el aliento –Dios mío, creo que te_

-¡cállese!

Fue como salir de un trance. William reacciono y vio delante suyo a un Michael pálido, encogido sobre si mismo. Los ojos amarillos desorbitados y las manos desesperadas cubriendo sus oídos. Temblaba

**¡Que he hecho santo cielo!?**. William sintió que el mundo a su alrededor se deformaba en una realidad bizarra, paralela al verdadero mundo en el que deberían estar. Pero ya era tarde

-yo-yo … yo –sus sentidos estaban embotados

El joven Broglie se quedo en silencio unos segundos apretándose la cabeza. Después para desconcierto del ingles, se enderezo todo el largo de su pequeño porte, bajo las manos con serenidad y le dio la espalda

-usted también debiera retirarse sr. Hardy. Ya es bastante tarde –su voz no expreso absolutamente nada

-Michael –suplico incapaz de creerse a si mismo –por favor, yo_

-¡buenas noches –y salio corriendo escalones arriba

William sintió un terrible impulso de ir tras el. Sus piernas se movieron solas y temblorosas y la extraña sensación de impaciencia, cobro la forma de un nudo en su estomago. La ansiedad se le antojo insoportable mezclada con aquel ya irrefrenable sentimiento, prohibido y calido, que crecía dentro suyo

Un sentimiento que deseaba compartir con el mismo personaje que lo había desencadenado.¿Porque entonces?. Si el, al fin lo había aceptado; porque Michael no lo lograba?. Porque no podían buscar juntos una salida, una oportunidad?

Se detuvo en seco a mitad de los escalones. Un segundo, dos. Finalmente maldijo por lo bajo

-maldita. Maldita moralidad

Hacia mucho tiempo que William no renegaba del diabólico poder de las doctrinas morales dentro una sociedad que se había quedado a medio camino de comprender el verdadero significado de sus centenas y centenas de reglamentos. Cuanto odiaba a la jodida y moralista sociedad

 

Eliot giro la cabeza en ambas direcciones del pasillo para asegurarse que no habían moros en la costa. El silencio dio su consentimiento. Volvió a mirar a Anice que aguardaba semi recargada en las puertas de cerezo de su habitación, con el pecho encrespado y alerta, las mejillas teñidas y las manos nudosas en su espalda. Los labios anhelantes

-te amo –le susurro Eliot inclinándose un poco sobre ella. Escucho el murmullo de la respuesta y se inclino mas. El espacio se hizo escaso y el aire se intuyo caliente. Sus bocas se aproximaron entre abiertas y deseosas ...

E inesperadamente como el fragor de una marejada próxima, el solado del pasillo retumbo a sus pies. Eliot salto lejos de Anice y ella se pego a la puerta como una masita, lo mas rápido que ambos pudieron. Aunque no lo suficientemente rápido para que Michael no presenciara la cercanía exagerada de sus cuerpos cuando su maratónica carrera se interrumpió al terminar los escalones del segundo piso

A pesar de estar del otro extremo del pasillo, separados por casi 10 metros de alfombra Persa, Eliot vislumbro desconcertado, el mas absoluto azoramiento plasmado en el rostro blanco del rubio. Se había quedado tieso como una estatua de cal. Pálido y aun asi las mejillas se le notaban tan rojizas como las de Anice. Sus ojos se habían quedado muy abiertos sobre ellos. Tenia una inquietante aura

Eliot se removió incomodo. En su interior la arraigada aversión hacia el primo de su prometida se disparo acompañada de una creciente indignación.¿Que se creía para sorprenderse de tal manera por una cercanía tan normal entre dos personas enamoradas?. Tan superior se consideraba como para rechazar una escena de esa naturaleza?. Y porque continuaba mirándoles así?. Arrugando el ceño comenzó a armarse de valor para decirle algo que le sentara la mano de una vez –T-tu-tu … -Pero Michael le sorprendió de nuevo

Sin decir palabra alguna y tras recomponer su raro lapsus recobrada su característica pereza, el joven rubio se encamino por el pasillo hasta su habitación en la segunda puerta. Desapareció tras ella y se escucho el sonido amortiguado del cerrojo

Anice y Eliot estiraron la cabeza, pero no escucharon nada mas

-que ha sido eso? –pregunto ella algo nerviosa

Él suspiro –la confirmación de que tu familia esta loca

-… -Anice ya había barajado esa posibilidad sobre su parentela

-bueno es mejor que descanses –Eliot se acerco inclinándose un poco. Desistió en el último instante y volvió a erguirse

En la cara de Anice se reflejo la desilusión. Cohibidos como estaban viviendo el verano en la finca, cualquier exabrupto equivalía un terremoto para ellos. Y obviamente el suín romántico se había perdido por hoy

 

 

 

Entre la neblina confusa de imágenes borrosas, un pesado alboroto se extendió distorsionando el sueño. Que era?. Ya no podía escuchar la voz de su señorito. En vez escuchaba unos gritos y unos, relinchos?. William abrió de golpe los ojos. Muy confundido

El sol entraba a raudales a su habitación y reverberaba en las sabanas con blancura cegadora. Recordó que había dejado corridas las persianas esa noche después de pasar algo menos de tres o cuatro horas contemplando el reflejo de la luna en las aguas plateadas de la laguna. La visión era conmovedora y las miles de lucecillas blancas llameantes en el satín oscuro de su profundidad le hacían evocar la imagen de Michael. Se había preguntado si su proceder y su sentir eran tan retorcidos como para merecer el infierno. Nunca peco de ser muy religioso pese a las parafernalias cristianas de su familia. De echo recordaba haberles echado tejos a la beatas mas lindas de la orden Clarisa que hacían las veces de maestras de idiomas. Pero no era devoto a la iglesia. En segunda instancia, el señorito Broglie en definitiva era menos pió que un verdugo a cargo de una guillotina y aun así, mas moralista que un papa

**ah!, las infaltables apariencias de una sociedad hipócrita**

Con todo su razonamiento protocolar, William ardía en deseo de volver a posar su boca sobre aquellos dañinos labios. Lo que le había provocado pasar horas de insomnio transitando entre la coherencia y el recuerdo de aquella trémula proximidad. La electricidad estática de sus ropas. El aura tibia de sus pieles. Esa noche para colmo, había soñado acariciando sus bucles dorados

Un tropel desordenado volvió a llamar su atención. Se levanto de la cama presintiendo el asedio de un día monótono. Se encuadro el albornoz escarlata con el bordado británico real en la pechera y se asomo a la ventana

-… que es esto?

La respuesta fue instantánea y no tardo en comprender lo que sucedía dentro los extensos corrales al aire libre, frente a las caballerizas. El lomo negro de Lucifer brillaba como aceite sobre el ébano bajo el calor del sol. Todo un espectáculo

-y yo aquí perdiéndomelo! –Lanzo el albornoz al sofá de un movimiento y se apresuro al servicio

 

La tenue neblina de humedad y hierva se alzaba como un vaho fantasmal bajo las patas de los corceles. La carrera no era estrepitosa pero si agitada. La yegua de lomo albino y crin espesa corrió hacia un extremo del corral, inclino la cabeza y corto con el hocico una porción de pasto tierno. Del otro lado, Lucifer lanzo un potente relincho y galopo hasta su compañera. Se detuvo a cierta distancia y la imito. Parecía prestarle mas importancia a su comida

Se oyó un grito ronco desde otra de las esquinas. La yegua dejo veloz su rincón. Al verla, Lucifer olfateo el aire soltando fuertes resuellos, sacudió la cabeza y fue tras ella una vez mas. A pocos metros antes de alcanzarla, volvió a detenerse

-que le pasa? –pregunto Anice confundida, a su chico.

La cabalgata no era de su agrado y no veía con buenos ojos que un espectáculo de tales proporciones … intimas, tuviera que celebrarse a plena luz del día. No obstante y como el resto de la familia, había sido arrancada de la cama por los estridentes chillidos de esos animales. Su curiosidad le hizo bajar a la par de Eliot y su abuela quien había resistido menos tiempo el incomodo numerito entre los caballos de su nieto; y tal vez porque le hacia menos gracia que éste lo presenciara, la mujer se había marchado a sus habitaciones sin decir nada. Pero aunque Anice y su abuela hubiesen estado al tanto de ese ritual celebrado verano tras verano, esta era la primera vez que notaba a Lucifer poco cooperativo y a Michael menos exigente con su caballo. Tanto así que el ruedo llevaba ya mas de tres horas

-que le pasa a este animal?

-esta fingiendo indiferencia **o eso creo**

Eliot y Anice se volvieron para ver a William que se acercó a ellos sonriente y con las manos tras la espalda. Estrafalaria y ostentosamente vestido con un redingote verde palto.

Su misma respuesta le trajo un repentino recuerdo que le hizo familiarizar la escena **Dicen que toda mascota se parece a su dueño ^^¡**

-William

-Buenos días

Eliot le estrecho la mano y Anice hablo con tono protocolar

-no te hemos agradecido todavía lo de anoche

-me lo reprocharas cuando Eliot entre a la Catedral pareciendo un pingüino picado

Rieron abiertamente a voz en cuello sin percatarse que unos metros mas allá, llamaban la atención de un pequeño señorito vestido en pantaloncillos de algodón y delantal cordobán. Solo cuando William volvió la cabeza al frente, sus ojos se encontraron un brevísimo instante. La distancia entre ellos pareció suprimirse y explosionar en incontables sensaciones que no debían estar ahí.

Michael inquieto y abochornado fue el primero en volcar su rostro. Sintió el pecho agitado y la figura de Lucifer avanzando hacia el, se hizo lejana. William permaneció mirándole varios segundos mas antes de bajar la mirada también. Anice le estaba hablando

-como sabes que esta fingiendo indiferencia?

**Lo ha aprendido** -es obvio

-pero nunca antes lo había echo

-a mi no me extraña –intervino Eliot con aire hosco –Siendo la mascota de quien es. Se creerá que no tiene que insistir con la hembra

William pensó que Eliot había dado en el clavo, aunque prefirió callar

-bueno, si ese es el caso, esto va para otro par de horas y yo tengo muchas cosas que hacer –dijo Anice y su prometido penso que aquello era casi un milagro un lugar como la hacienda –voy a desayunar. Vosotros pensáis quedaros? –pregunto ya de camino a la casa

-te acompaño –respondió Eliot apresurándose en alcanzarla

William tenia otros planes que incluían la banal contemplación del señorito –Me quedare un rato mas. No quiero perderme nada –Les guiño un ojo

-eres imposible

 

Sus ojos miraron de soslayo el lugar del pequeño alboroto donde Anice y Eliot reían internándose en la casa. Pero Hardy seguía ahí de pie, mirándole. Michael sintió su corazón retumbar y se le antojaba desaparecer. O desaparecer al ingles de una vez. Sin embargo para su desgracia, aquella afable presencia le perseguía hasta en sus mas oscuros sueños sin darle tregua alguna. Esa noche perseguido por la escena en el pasillo, entre Eliot y Anice, no había querido cerrar los ojos por temor a que los sueños que le atormentaban regresaran y le sumieran todavía mas en el pecado de faltar a las leyes naturales del hombre. Intento aplacar el calor que recorría su piel con el aire frió de la noche frente a su ventana. Por momentos había deseado gritar y enviar a por la ayuda de algún sacerdote del pueblo. Castigarse por arder interiormente y llorar avergonzado. Cuando creía no poder aguantar mas la culpa y los sentimientos mezclados, alguien había llamado a su puerta. Michael se hubiese desmayado del susto si Violette no hubiese hablado primero. El sr. Hott mandaba a decirle que una de la yeguas pura sangre escogidas para Lucifer había entrado en celo esta madrugada. El primer día era el más conveniente…

El grito ronco del sr. Hott retumbo en sus oídos sacándole del trance justo cuando el hocico húmedo de Lucifer expulsaba su espeso aire viciado directamente sobre sus cabellos. ¿En que momento se había acercado tanto?. Michael sintió que la repulsión se mezclaba con otra sensación recientemente descubierta esos días. Algo que de tan solo pensarlo, le llenaba de vergüenza. Sintió la piel tirante y el incomodo calor que atenazaba horriblemente sus músculos. Presintió que Lucifer lo sabia y por eso su incongruente comportamiento. La idea no le agrado lo mas mínimo. Se sintió sucio y asqueado de si mismo. Levanto la fusta sobre su cabeza decidido a descargarla sobre el animal cuando una voz a su espalda le detuvo

-lo asustaras

Se volvió al mismo tiempo que retrocedía torpemente y luego se quedo mirando a Hardy con los ojos demasiado abiertos y los músculos tensos. Michael tuvo la impresión de que la ira, la vergüenza y aquella repugnante sensación le aplastaban como un enorme y pesado cerro de cieno. A su costado oía la renovada agitación de Lucifer. Mas allá, a Hott insultando a la inútil yegua

-… que quiere … -intento sonar agresivo

**a ti. Te quiero a ti** -Lucifer despertaría incluso a las piedras con su cantata. Vine a ver el cortejo –sonrió

-esto no es asunto suyo

-pero todos estaban mirando y yo_

-todos afectan a Lucifer –decidió Michael con énfasis y tono rabioso

William entorno los ojos –Y mi presencia molesta a Lucifer?. O te molesta a ti?

Fue suficiente para que Michael se pasmara sobre si mismo. Palideció y su voz salio como un hilo

-váyase

-no –Quizá era el efecto de toda una larga noche de razonamientos, apologías y especulaciones que había surtido el efecto necesario en la decisión de William que con firmeza se planto frente al joven Broglie y le clavo la mirada –No me voy hasta que tu y yo hablemos sobre lo que nos esta pasando

-váyase!

-no lo niegues Michael. Tu estas sufriendo al igual que yo. Sientes la misma confusión

-¡no! –grito él angustiado cubriéndose los oídos con ambas manos

Se escucho un relincho estruendoso muy cerca y se volvieron a el mas por instinto que por curiosidad. En la esquina del corral mas próxima a ellos, Lucifer se alzaba en sus patas traseras encabritado y amenazante mientras Hott y varios hombres hacían lo posible por tranquilizarle y otros tantos empujaban a la tonta yegua al centro del rellano

Cuando William le miro de nuevo, Michael salio huyendo hacia la espesura de árboles que se levantaba junto a las caballerizas, a lo largo de la laguna.

Tal vez por nerviosismo o premeditadamente, fue tras él, esta vez decidido. No supo cuanto corrieron dentro el intricado bosquecillo. A lo lejos, todavía podía escucharse con cierta claridad los relinchos y bramidos de Lucifer cada vez mas furiosos y desesperados. Solo cuando grito su nombre con igual desesperación, Michael se detuvo frente al tronco viejo de un arce. Se giro a encararle estrepitosamente con el rostro enrojecido y los ojos acuosos

-¡DEJEME EN PAZ!. –Grito furibundo -¡No se da cuenta que su presencia me irrita?!. ¡Le aborrezco!. ¡Le desprecio!.¡¿Por qué me persigue de esta manera?!.¡¿Qué le hecho yo?!. ¡¿Por qué me asecha?!

Al verle y al escucharle, William fue conciente de las verdaderas implicaciones de ese sentimiento. Deseo con toda el alma consolarle y aplacar su tortura –… desde que te he visto por primera vez –Hablo suavemente –Te he gritado lo mismo. En silencio...

Michael se volvió hacia el tronco. Dio la impresión de que quería echar a correr otra vez, pero apoyo las manos en la superficie áspera de la madera y entonces se hizo mas patente el temblor que doblegaba su delgado cuerpo.

William ya no podía detenerse

-¿Por qué?. ¿Por qué tienes que ser tan hermoso tu?. ¿Por qué tus ojos me esclavizan?. ¿Por qué tu imagen me persigue?. ¿Por qué tu nombre me perturba?. Me sigues hasta dentro de los sueños en los que creo poder escapar de ti. Me averguenzas. Me angustias. Y me enojas también, pero … pero ya no puedo, ni quiero escapar de ti Michael …Ni de lo que me haces sentir –Despacio como si cruzara una muralla de granito invisible, se acerco a él. Sus manos se alargaron en el aire. Se dio cuenta de que también temblaba –Quisiera, evitarte este martirio. Que fuera mas fácil para ti aceptarme y quererm_

Cuando estaba a punto de tocarle, Michael se volvió. Le enseño la mirada dolorida y los dientes apretos. Las mejillas teñidas. Y entonces, antes de que William dijera nada mas o pensara algo mas, Michael se lanzo a sus brazos, se empino en la punta de sus botas y estrello los labios contra los suyos …

Fue un contacto rudo y torpe … hasta que William cerro los ojos, entre abrió lentamente la boca y estrecho el cuerpo menudo en sus brazos, con ligera firmeza. Al instante le sintió relajarse contra su pecho. Luego un placer tibio y dulce …

 

 

Continuara …