Capítulo 8
Michael retrocedió asustado rompiendo el contacto bruscamente y casi tropezando con sus propias piernas. Tenia las mejillas sonrosadas y su pecho encendido, subía y bajaba como un motor. Sus ojos expelían un extraño miedo …
-y-yo-yo-yo … lo siento –balbuceo William mas aterido que esa mirada y tratando inútilmente dilucidar el motivo por el cual se encontraba ahí de pie. Pero su cerebro estaba invadido con el eco interno de los latidos de su corazón que amenazaban fracturar su frágil línea racional. Y sus sentidos no percibían nada mas que el aroma a hierva buena de Michael, en la corta distancia. **que estoy haciendo?**. Se pregunto por enésima vez
Cuando levanto la cabeza, quizá esperanzando algo incierto e imposible, alcanzo a vislumbrar la estrepitosa carrera del señoriíto, escalones arriba …
… Corrió como jamás lo habría echo si no hubiese sido por la apremiante necesidad de desaparecer de la presencia de Hardy. Cuando las manos de Michael alcanzaron la perilla de las puertas de su alcoba y las contuvo tras su espalda una vez dentro, su cuerpo colapso en incontrolables pasmos. Su rostro ardía, pero sentía el estomago frió y sus rodillas cloqueaban. Entrelazo los dedos por delante su rostro y se empujo a una delirante caminata. Le faltaba el aire
-no esta pasando … fu-fue un accidente –Se repitió instando un ansiado auto convencimiento que se hacia anodino a cada palabra
Eso habría sido exactamente. Un infortuito accidente provocado por la torpeza de Hardy … Salvo por un exiguo y nuevo suceso que para Michael significaba el fin mismo de su existencia. Era inaudito, inaceptable, impropio. Era antinatural; que en la brevísima suspensión de los segundos que había durado el contacto, Michael descubriera, como se descubre el ultimo escalón de la evolución humana, que había estado anhelando ese roce desde la ultima vez. Había querido durante el vacuo tiempo de su enclaustramiento que las manos de Hardy volvieran a cernirse sobre su cuerpo con aquella suave presión salvaje de reclamo y exigencia. Había deseado percibir otra vez, el imperceptible aroma a cedrón que desprendían esos cabellos negros color del petróleo y perderse en el azul purísimo de esa mirada. Había anhelado que Hardy le apretara contra su pecho como esa tarde y … que le besara …
-Dios ayúdame! –gimió angustiado –no soy yo quien lo desea … es … es mi cuerpo
Michael se arrodillo en medio de su habitación y oro para que su atormentado ser encontrara alivio
-William?
Se volvió sobresaltado. Eliot le escudriñaba con la mirada ineludible de un agente policial parado en el umbral de las puertas. Se le veía un poco preocupado. Mas de lo acostumbrado
-que haces ahí?
Solo entonces William se percato que aun permanecía de pie, tenso como una viga en medio de la enorme estancia, sin tener noción del tiempo. Se encogió de hombros y esbozo una eficaz pero fingida sonrisa –Y ese careto?
-… es Charlotte …
-ha vuelto a respingar las narices?
-… no precisamente –avanzo hacia el ingles que ya empezaba a subir los escalones. Los ojos verdes de Eliot tras el cristal, hicieron mas patente el dilema –Ya te había comentado nuestros planes a futuro después de la boda, verdad?. Los de Anice y los míos por supuesto
-te refieres a la casita medias aguas con jardín, en Nueva York?
-esas cosas
-que pasa con eso?
-Charlotte piensa que Boston seria el mejor lugar para formar una familia “decente” como la nuestra. Entiendes?. La cuna de todos lo Broglie, Rivan en América
-ya
-William, no encuentro muy agradable la idea de socializar con mi futura parentela los días que no estén marcados con pavos o adornos navideños en el calendario. Además … -Se detuvo frente a las puertas de su habitación –Ha sugerido que George podría darme un cargo en la fabrica. En mi ramo
William abrió la boca evidentemente sorprendido. No se le ocurría nada que decir que no sonara inapropiado –E-es una … gran oportunidad
-no seas hipócrita. Sabes perfectamente que no me sentiría cómodo
Lo sabia –y que ha dicho Anice a todo esto?
-que va ha decir. Ni siquiera yo he abierto la boca
-estáis metidos en un lió
-…
-tal vez, debieras pensártelo
-ni hablar
Vio la angustia sombreada por el bigote en la cara de Eliot. Estaba triste. Sin embargo, la tragedia de su amigo y compañero era el menor de sus intereses. William se sentía algo culpable por ello. Pero no podía evitar colmar sus pensamientos y por tanto sus preocupaciones, con la imagen de Michael. La ultima estela de su huida aun se presentía en el pasillo, unos cuantos metros atrás. Visualizo la escena recordando con increíble claridad, los minúsculos detalles que les habían hecho los principales protagonistas. Resultaba increíble verse así mismo temblando con el contacto del otro cuerpo y mas increíble era haber descubierto las dudas de Michael plasmadas en su inesperada reacción
**que estará haciendo?**. Se pregunto observando las puertas cerradas de su alcoba. Eliot había comenzado a repetir las palabras estrambóticas de Charlotte para referirse a Boston.
**Se estará sintiendo confundido como yo?**. Inesperadamente, William ansió separarse de su amigo y eliminar los cortos metros que le separaban de esa habitación, golpear el madero de cerezo y mirar a Michael a los ojos, luego decirle que también estaba asustado, pero que a su lado …
-que?. Que pasa? –Eliot recorrió con la mirada el largo pasillo –viene alguien?
-no, no. No es nada … solo estoy cansado –Se acaricio el puente de la nariz con los dedos y luego levanto la vista
En efecto, pensó Eliot; el aspecto del ingles no era el de siempre. A pesar de su hermosa frescura, su tez estaba pálida y su mirada alegre perdía su brillo con exagerada frecuencia
-no te estará poniendo enfermo el campo. Verdad?
-que dices! –Le rebatió el ingles fingiendo indignación
-como has dicho que pensabas marcharte
-ahhm!. No. Olvida eso, vale?
-si?. Se puede saber que te ha hecho cambiar de opinión tan rápido?. Hace un segundo estabas de lo mas decidido
**tu futura parentela, mi querido amigo**. Ladeo la cabeza buscando algo en el suelo y sonrió al hablar –No me atrevo a dejaros solos en garras de tus futuros familiares
-esto no es broma William
El pasillo estaba desierto cuando Eliot salio de su habitación despacio y silencioso como una sombra. Era aun demasiado temprano para que algún habitante Broglie, decidiera levantarse. En los rosetones al fondo del pasillo, alcanzaba a verse un cuadro gris del cielo. Se avecinaba la primera lluvia del verano y con ella un día sin quehaceres dentro la mansión
-justo lo que mas estaba esperando –se dijo soltando los hombros y bajando la cabeza. Se imagino las horas después de la merienda del medio día, sentado en la estancia, bebiendo leche achocolatada junto con Anice y … escuchando las ostentosas sugerencias de Charlotte para SU boda y para su futura vida matrimonial. Por un momento sintió que la cólera contra la primera mujer de la familia era indigerible. Se pregunto porque no se ajustaba los pantalones y la mantenía a raya. Sin embargo la verdad era ineludible, y era pesada como un lastre. Transgredir a la abuela significaba la herejía misma para todos los respetables Broglie Rivan y seguramente antes de terminar contradiciendo a Charlotte, acabaría exiliado en alguna isla virgen; de esas de moda que acababan de descubrir en el África. Suspiro vencido
-Eliot
Su nombre le hizo respingar y giro en redondo para encontrar a Anice unos pasos mas atrás. Estaba pálida y ojerosa. La sombra del insomnio había teñido su rostro. Eliot se dio cuenta que no veía la sonrisa de Anice desde su llegada a la finca
-que haces levantada tan temprano? –susurro gentilmente sonriéndole
-no he podido dormir nada
-lo se … yo igual –dijo acercándose a ella
-que vamos a hacer?
-ayer le he contado a William toda la platica con Charlotte
-y que ha dicho?! –pregunto sobresaltada –Supongo que no le habrá echo gracia
-pues … lo ha tomado mejor de lo que hubiese esperado. Ha dicho que deberíamos pensárnoslo mejor
-eh?
-eso mismo ... No lo se. Esta muy extraño
-si, si –asintió ella enfáticamente –Yo también lo he notado. Como que se distrae con facilidad, no crees?
-no es constante con sus decisiones. Ayer me había dicho que pensaba marcharse y una hora después, que siempre si se quedara
-si? … Bueno. William siempre a sido algo impredecible. Aunque en este asunto, hubiese esperado mas, emociones de su parte
-como preocupación?
-si
Eliot suspiro –De cualquier manera, esto solo nos incumbe a ti y a mi
-…
-quieres bajar a desayunar?
-es muy temprano –Anice desvió la vista hacia el rosetón del fondo como si el aspecto del clima fuese una terrible confirmación de lo largo que se antojaba el día. Después agrego con voz ausente y a medio murmullo –y lloverá
-lo se –respondió él siguiendo su mirada
El agua golpeaba el cristal con rauda cadencia para luego deslizarse por la lisa superficie y morir lentamente en el lindel de la ventana. El sonido de la lluvia era ceremonioso y curiosamente avivó el envalentonado animo de William Hardy cuando se detuvo frente a la ventana del pasillo en ala este de la primera planta. El cascajo sonido se le antojaba exigente. Fresco. Parecía darle animo a son de las pequeñas gotas liquidas. Mientras se perdía en el sonido de la lluvia, William recordó los ojos dorados de Michael durante el medio día: Brillantes, estremecedoramente gélidos. Y sin embargo, a pesar de toda su eminente compostura, ni una vez le habían mirado. William había desplegado toda la elocuencia de sus conocimientos sobre el misterio de las lluvias veraniegas con el claro afán de llamar su atención. De atraer sus insidiosos comentarios. Pero sin ningún efecto. El resultado fue graciosamente ideal después de llegar a la conclusión de que una de esas miradas punzantes del señorito, hubiese significado en ese momento, desinterés. No era el caso. Michael fingía ignorarle maratónicamente si. Pero fingía con las mejillas teñidas de un suave rosa mientras escuchaba tras las bandejas de sopa. Se escondía de su presencia. Prueba de ello era que después de la merienda, había desaparecido sin dejar rastro
William no quería desmerecer su búsqueda, aun después de dos horas.
**Michael**
Apremiado por una inhóspita sensación que bullía en su interior, abandono la ventana y se interno en el pasillo del ala oeste del primer piso. Trato de apaciguar su impaciencia. No debía ser brusco el asedio. Si no natural y elegante. Por lo menos eso pensaba. Unos cuantos metros mas allá, unos extraños ruidos le hicieron volver sobre sus pasos al pasar por una enorme puerta de doble hoja tallada ricamente en roble rubio. William agudizo el oído apoyando las manos en la madera. Por un momento creyó estar escuchando mal. Pero el sonido llego con mas claridad
-gemidos?
Los quejidos se ahogaban tras las puertas, algunos mas sonoros que otros. Otros apenas podían clasificarse como exhalaciones. Sin embargo había algo mas. Algo que asemejaba, ráfagas de viento cortando el aire sin misericordia y a sorprendente velocidad. William lo reconoció prácticamente al instante, y sonrió …
Eliot y Anice habían logrado esconderse de Charlotte en el zaguán. La mujer tejía en su alcoba, abandonada a la soledad … Si. Tenia tiempo suficiente …
La punta del estoque punzo el aire con agresividad, giro unos grados y se alzo como una pértiga, describiendo una profusa curva. El espadachín, oculto tras la rejilla de la careta blanca, se detuvo un instante con el arma tensa hacia arriba. Parecía pensar el siguiente movimiento. Un segundo después, dio tres pasos cortos, flexiono la pierna derecha hacia delante, se recargo y clavo el arma en el espacio vació frente a el. La rapidez de la escena fue impresionante
-bravo!
Michael casi tropezó al girarse. Súbitamente su pulso se acelero y una oleada de calor le invadió. Agradeció mentalmente que el careto ocultara su desconcertado rostro de los ojos refulgentes de Hardy, quien chasqueo otro par de aplausos moderados antes de comenzar a acercársele.¿Que hacia ahí?. ¿Cómo le había encontrado?. ¿Desde hacia cuanto le observaba?. Michael no pudo discernir entre la incipiente rabia y el total azoramiento; Se puso a la defensiva cuando el ingles hablo
-magnifica cuarta!. Cuanto ha sido?. Tres, cuatro segundos?
-que esta haciendo aquí?
William imito sobresalto –oh si. Te estaba buscando. Siempre tienes la costumbre de desaparecer después de almuerzo?
-mis costumbres no le interesan mister Hardy. Y no entiendo su interés en buscarme
-quería hablar contigo
-…hablar? –Un intenso miedo le ofusco un instante. Se obligo a reponerse y a desechar la tanda de imágenes que le martirizaban desde hacia días –De que podríamos hablar usted y yo, sr. Hardy?. Del clima, tal vez?. De contaminación?. Que tal algo mas a su entendimiento. Cuénteme que se siente codearse con la recua newyorkina
**touche**
Si algo había que admirara William de si mismo, eso era su altruista personalidad. Su capacidad de aceptación del prójimo superaba incluso su ego Tenorio y también su vanidad común. Disfrutaba de las diversas idiosincrasias que Nueva York había hecho desfilar por el Bufete H&C. Y nunca nadie, hasta hoy, le había menospreciado por la diversidad de sus relaciones sociales. Ni siquiera, el Conde Warnoville, su abuelo
-… fue una cuarta impresionante. Que tal se te da un cuerpo a cuerpo? –dijo escudriñando con la mirada los rincones del gran salón hasta encontrar lo que buscaba, prolijamente doblado dentro un armario empotrado en el muro
-como? –Michael quiso comprender. Pero Hardy ya había tomado uno de los trajes del armario y se calzaba las polainas oscuras de cuero, sin prisa –Podemos conversar mientras practicamos una vuelta
-…ya-ya le he dicho que no tenemos nada que conversar
-eso piensas? –Susurro William con tono irónico asegurando el cinto de los pantaloncillos –Dimites entonces antes de empezar?
Hubo un momento de silencio. Y después con simplicidad, Michael se cuadro en medio del salón. Dio la impresión de estar observando a un grácil y pequeño guepardo albino al asecho de su presa. El delgado cuerpo se perfilo como una aguja contra la luz gris del gigantesco ventanal a su espalda. Apunto con la espalda a Hardy
Y aun con la careta cubriendo el rostro del joven Broglie, William dejo de respirar, embelesado –Que … hermoso es –Musito para si mismo con los ojos titilantes
-un Broglie jamás dimite. Mister Hardy
William sonrió. Aseguro las cintas del careto a su cabeza y cuello, se hizo de un florete cabestrillado en la pared y fue al encuentro de su contrincante
A un metro de distancia, ambos esgrimistas irguieron la espalda y apuntalaron el florete hacia arriba dándose el saludo inicial …
Fue Michael quien lanzo la primera estocada en un ataque directo al cuerpo. El movimiento fue tan rápido que William apenas pudo eludir el filo de la espada
-seguro que desea hacer esto sr. Hardy?. A mi no … me gustaría lastimarle **bueno. Quizá solo un poco**
Escucho sisear a Michael en tanto le rodeaba hacia la izquierda
-soy yo el que cuidara de no lastimarte. Te lo prometo
La emoción del duelo azuzo los sentidos de William cuando giro sobre sus talones y arremetió los estoques de espada contra el otro duelista. La esgrima era uno de sus deportes favoritos, aunque pasaba de practicarlo con la constancia merecida, muchas veces debido a otros deportes a los que era mas asiduo. En otra ocasión, se habría pavoneado frente a su contendor, fanfarroneando su habilidad en el manejo del sable y su apabullante velocidad. Sin embargo hoy apenas podía mantener el ritmo de ataque
Michael era un saeta en el arte de cubrir y embestir. Quizá ayudado por su contextura, haba eludido varios embates directos y atestado una sarta de combos apenas previsibles. Había contrapuesto el metal del florete directo a sus ataques sin vacilación. William ignoraba que fuerza insólita hacia al menudo cuerpo del señorito, tan frágil y delgado, contrarrestar su potencia de igual a igual. Sus movimientos eran pasmódicamente rápidos e indefinibles. Su elegancia, hipnótica. Y su dominio del flujo de embates era intimidante. De pronto enderezo el cuerpo y curveo la espalda en el aire …
William vio demasiado tarde la punta del florete, clavarse en el pliegue de su brazo derecho. El cuero del traje oscuro sufrió un rasgón severo. **Un ataque perfecto**. Estuvo a punto de soltar el florete pero lo aferro fuerte en el ultimo instante
-segundo descuido, sr. Hardy –dijo Michael con desgano. Noto que su animo mejoraba a la par de su autoestima. ¿No seria enormemente placentero, deslizar el filo del florete a través de la garganta de Hardy?; escuchar la fricción de la carne avasallada por el metal y ver las pequeñas burbujas de aire escapar de la boca del ingles junto con el ultimo suspiro –Desea continuar?
-oh si. Esto se esta poniendo interesante –Una vez mas firme, William enfilo el florete –En guardia –Hizo un juego de pies, de segundas y octavas que Michael respondió con habilidad. Ataco el costado del joven con una potente parada tercera. El sonido del metal chasqueo fuerte. Por un momento Michael tambaleo debido a la fuerza del impacto. Era el momento …
-espero obtener alguna recompensa de ti, si gano
La turbación de Michael al escuchar a Hardy fue total. Su pierna izquierda perdió el equilibrio sobre el lustroso parqué y su cuerpo se inclino demasiado justo cuando la punta del florete de su oponente se ensartaba en la rejilla de su careta. La mascara salio disparada por los aires en tanto Michael se precipito al piso de madera. Sus nalgas golpearon el suelo y quedo groseramente sentado con las piernas a cada lado. Su rostro era de total perplejidad
-estas bien?. Te hice daño? –William alargo una mano al pequeño rubio
-… es injusto … -susurro él con un hilo de voz y la expresión aun incrédula
-te descuidaste
-usted me distrajo a propósito –le miro furioso
-era, mi oportunidad de pedirte que hablásemos, solo queri_
-¡es usted un tramposo! –Alejó de un manotazo la mano que permanecía extendida hacia el y después se enderezo adoptando de nuevo, la estoica postura de un Broglie
William sonrió. Se quito la careta y clavo los ojos en el –y tu eres mal perdedor
-¡no perdí! –Respiro hondo –yo … no … perdí
-lo niegas … –William sopeso sus siguientes palabras antes de continuar. Se arrepentiría tras decirlas?. Que estaba haciendo?. Ese deseo, ese sentimiento retorcido por otro hombre, por el que tenia en frente, era correcto?. **No, claro que no**. No obstante … Michael le devolvía la mirada por primera vez en todo el día. Sus ojos flameaban como el infierno. Pero sus mejillas estaban teñidas de rosa. No quiso pensar mas –Lo niegas, como niegas lo que esta pasando entre nosotros
Fue instantáneo. Michael retrocedió asustado como empujado por una ráfaga repentina de aire frió. Luego sus ojos muy abiertos, se clavaron en los índigos de William
-… no se de lo que esta hablando … -su voz salio como un simple resuello. Giro sobre sus talones y salio del salón visiblemente afectado y asustado. Todavía con el traje de esgrima puesto
-Dios … no lo resisto –gimió William solo en medio del salón
Continuara …