Capítulo 7
“-¡sucio!. Impuro. Repugnante. Indecente … Inmundo!”
Tendido perezosamente sobre la cama de su habitación. Con la vista clavada en las siluetas que se dibujaban en el techo sobre el dosel y las manos bajo la nuca, William aun podía escuchar los temblorosos gritos que salían disparados como obús de aquella cándida boca. Tan suave y placenteramente húmeda. Y aun podía ver frente a él, a Michael tintinear iracundo mientras le escupía los fulminantes epítetos antes de salir huyendo de su presencia a lomo de Lucifer
“¡sucio!. Impuro. ¡Repugnante. Indecente …Inmundo!”
Dos días habían pasado desde entonces y William no sabia si ondear la bandera blanca de la paz o continuar refugiado en el moderado bunker de su dormitorio esperando a que alguna bala de cañón tocase su puerta. Lo segundo también era aceptable. Todos sus intentos habían sido infructuosos en la tentativa de ofrecerle a Michael una falaz disculpa que mostrara el arrepentimiento que nunca llegaría a sentir por besarle: Ni le había visto. Ni le había oído durante ese transitorio tiempo; congelado en el momento de ver al pequeño Broglie cabalgar entre los arces de la ciénaga
Charlote había comentado aquella misma noche durante la cena que su nieto se sentía indispuesto y no bajaría a cenar con ellos. Había continuado indispuesto los tres días siguientes. No asomaba un pie fuera de su habitación. Por orden se le subían la merienda necesaria dos veces al día. Rechazaba todo intento de visita, incluso la de su abuela. La tarde anterior William había intentado escabullirse tras las bandejas de Violette pero esta termino descubriéndole y declarando que el señorito no deseaba ver a nadie. Comenzaba a ser preocupante y William comenzaba a sentirse culpable. No por el sublime arrebato de probar esos labios. Poseía la suficiente impavidez como para no arrepentirse de las delicias suscritas a su placer personal y había besado demasiados labios como para dar fe de ello. Tampoco le afectaban los escarniosos calificativos que finalmente eran ciertos del todo aunque si incomodaban un poco dentro su pecho. Eso en términos legales se llamaba homosexualismo y también era penado por ley. Lo que le preocupaba era no saber como proceder ante tal echo. Nunca había besado a un muchacho y no sabia como lidiar con eso. Debía asustarse?. Le hacia un monstruo indecente?. Porque había tenido el repentino impulso de tomar al pequeño entre sus brazos. Bien podía haberse contenido trabando la moral de por medio …
William tenia claro solo una cosa: Se sentía poderosa e irremediablemente atraído hacia Michael … Tal vez era su apariencia femenina. O su punzante fragilidad que azuzaba sus hormonas. Tal vez la emoción del reto que presentaba subyugar el indócil carácter del pequeño Broglie; no lo sabia. No obstante había algo mas; un cierto tipo de sensación que nada tenia que ver con ninguna de las anteriores opciones y que le hundía en un febril sopor. Recientemente clasificado como idiotez. Además relegándole a la torpeza e impotencia con tan fugaz transitoriedad que al segundo era jubilo e idiotez de nuevo. E intenciones de únicamente ansiar dedicar las horas de sus días a la banal contemplación de Michael …
… Todo eso no importaba ya, porque el joven Broglie le odiaba. William fue victima de un nuevo sentimiento. Desesperanza … Repatingo en medio de la cama y se cubrió el rostro con el antebrazo …
“¡sucio!. Impuro. ¡Repugnante. Indecente …Inmundo!”
La luz de la tarde se arrastro sobre las sabanas blancas de la cama como la pálida piel de una serpiente sobre la cal. El aire viciado por el ligero aroma a químico guardado, alcanzaba a percibirse ya, tras varios días de guardar ventilación
A puertas cerradas, el silencio de la habitación solo era comparable con la desolada apariencia de Michael Broglie. Acurrucado entre los cojines de su lecho y abrazado a sus rodillas, no había tenido ni el animo ni la necesidad de mudarse el mameluco blanco por algo mas decente. En su rostro acongojado, su mirada sombría se perdía constantemente en algún resquicio lejano de la habitación. Sus largos rizos comenzaban a enmarañarse sobre la corona de su cabeza mientras todavía se acogía a la prisión de sus cuatro paredes con temor a ser descubierto.
Había dejado pasar la noche, la mañana, la noche y otra vez el día esperando que aquella confusión dejara de cimbrar tanto su cerebro como su cuerpo y esperando que la pugnante sensación de culpabilidad y vergüenza desaparecieran de su interior. Aquellos eran sentimientos nuevos. Nunca había sentido culpa alguna, ni aun cuando reconocía sus actos como malsanos. Y nunca había experimentado la vergüenza, ni siquiera entender su significado. Sin embargo ahí estaban. Pululando aunadas a una turba de emociones incoherentes dentro su ser, agitando su pecho y su estomago como el efecto de una infusión amarga. Michael deseaba deshacerse de ellos desesperadamente, pero aun podía sentir los labios de Hardy palpitando contra los suyos en un súbito tremor. Podía percibir con tosca claridad, el cuerpo extraño de aquella lengua batallar por adentrarse en su boca; húmeda, caliente, atrevida. Y aun, Michael recordaba la sensación de desmayo y debilidad que le habían hecho victima de los brazos del ingles. El perceptible estremecimiento de su piel. El calor avanzando por su cuerpo como una marea incontenible. La flaqueza de sus rodillas junto al revuelo en su estomago. La incredulidad, el miedo y luego, la ira …
Recordaba como la lucidez repentina le había hecho propinarle a Hardy un contundente empujón que casi le derriba tras el impío beso. Y veía ese rostro enmarcado por lacias hebras negras, escuchar confundido, palabras que ya no recordaba con precisión pero que sin duda eran los exactos calificativos a como se sentía en esos momentos. Michael se sentía sucio y repugnante con tan vivo convencimiento y culpa como el hecho de aceptar ante su impotencia que su primer beso había sido robado por un hombre. Escondió el rostro entre sus rodillas tratando de aplacar la vergüenza patente a tiempo que volvía a recordar la suavidad de los labios de Hardy y enrojecían sus mejillas. Se pregunto si habría sido lo mismo si una chica hubiese sido quien le besara de aquella manera.
No, rebatió en seguida. Con una mujer, no tendría ahora que auto condenarse. No ocultaría el desliz tras las puertas de su alcoba por miedo a que la mirada de los demás, descubrieran el horror. No estaría tan confundido deseando diluirse en la nada y retroceder el tiempo para evitar la irreparable humillación
Unos golpes en la puerta llamaron pero Michael no se molesto en responder. Se deshizo entre las sabanas con la mirada fija en el ventanal y dándole la espalda a quien quiera que insistiese en invadir su dormitorio a fuerza de incansables golpes. Pensó en alguna de las doncellas de servicio cumpliendo con la merienda del te, como lo habían hecho días anteriores.
**Que se canse de llamar**. Pensó indiferente. Los golpes cesaron por un momento y Michael creyó que la doncella se había marchado. Se sentó alarmado cuando escucho la cerradura de la puerta repiquetear con una llave dentro, la perilla giro y la puerta se abrió dando paso a la hosca silueta de su abuela. Tras ella, Violette blandía la bandeja de te
-déjanos Violette –dijo Charlotte. Su voz no era la de unos días atrás: moderada, casi preocupada; sino mas bien, dictatorial e imperativa
Violette intercalo su oscura mirada de su señorito a su Lady antes de reverenciarse y salir con la bandeja equilibrada en las manos
Solo entonces Michael pudo notar la molestia en los ojos amarillos de su abuela y tras su inquisidora mirada, fila como un garfio, penetrante como alfiler, tuvo miedo de que ya supiera lo que había pasado entre él y Hardy. Se apresuro a darle la espalda mientras su pulso corría mas veloz
-he mandado a llamar al Dr. del pueblo –hablo Charlotte en igual termino
-… no estoy enfermo –alego Michael suspirando aliviado. Su abuela no sabia nada. De otra manera las acciones no se habrían hecho esperar. Sin embargo, si acaso creía que podía seguirle dando negativas a aquella mujer e imponer su voluntad en inflingirse el enclaustramiento dentro su dormitorio, lo siguiente termino por exonerarle obligatoriamente
-entonces vístete. Y baja a merendar
Debía de haberlo esperado tomando en cuenta la particular impaciencia de su abuela. Y su austero proceder si de caprichitos infundados se trataba. Solo que esta vez no era un caprichito. A Michael de verdad le amedrentaba la idea de encarar al ingles. Charlotte hablo de nuevo
-estas dando de que hablar a todos los habitantes en esta casa y no tolerare mas berrinches respecto a la ciénaga. Has entendido?
Le respondió con una mirada punzante y el rostro sin gestos. Luego Charlotte abandono la habitación dejándole solo nuevamente. Michael sabia que su voluntad y la de su hermana eran acatadas como las ordenes de un soberano a sus súbditos. Así como tambien sabia cuando acatar las ordenes de sus abuelos. Y las de su abuela en especial, eran seguir las normas de ética social. No había nada mas que pidiera que un digno comportamiento y nada mas que la enfadara, que el escándalo. Incurrir en una falta social como propiciar comentarios sobre un Broglie era el máximo delito para la familia. Todavía mas si lo comentarios procedían de la servidumbre. Un grupo tan exiguo
-no quiero –murmuro para si mismo. ¿Que haría Michelle en su lugar, si tuviera que lidiar con esa gentuza?. Seguramente les pondría a hervir a todos a fuego lento. Se imagino a William Hardy hirviendo en un gran caldero de plata en medio de la cocina. Bastante tentador. Una media sonrisa afloro en sus labios.
No obstante, el no era Michelle y ella no estaba ahí para brindarle una garrita. Entonces lo pensó muy bien. Michelle jamás se permitiría ver derrotada, a pesar de una batalla perdida. Era lo suficientemente orgullosa y severa como para permitirlo. Demostraría su poder con imperturbable reacción. Le concedería al enemigo, aparente victoria y luego… cuando mas estuviese confiado … ella acometería en una nueva batalla…
Michael podía esperar la llegada de su hermana para reiniciar su guerra. Mientras, le demostraría a Hardy que el beso no le había hecho mella a su moral. Iba a soterrar la escena en el fondo de la ciénaga y hasta olvidar siquiera sus anteriores batallas
Si, eso era exactamente lo que debía hacer
-beso? … cual beso? –se dijo saliendo de la cama en direccion al servicio
-es que no te puedo entender
-**yo me entiendo menos, mi querido Eliot** -Es que no hay nada que entender. Simplemente creo que ya he pasado demasiado tiempo en un solo lugar
-dos semanas?. Que yo recuerde, tus vacaciones en Praga te tomaron casi siete meses
-^^¡
-te conozco William
Eliot solía tener minúsculas explosiones de ternura de vez en cuando. En cambio su suspicaz carisma paterno a noventa por ciento de tiempo era algo que flotaba en él como el blasón de una bandera. Tal vez esa misma paternidad nata, le había hecho intuir, al detenerse a mitad del pasillo en la segunda planta, que algo no marchaba bien con su amigo, para ser exactos desde hacia algunos días atrás. Prueba de ello, era la repentina decisión de marcharse de la mansión Broglie así como así y de una hora a la otra. Eliot contó también el reciente comportamiento del ingles –Hablas poco, te distraes con facilidad, dices cosas incoherentes. Que es lo que pasa?. Pensé que te hacia ilusión tomarte el verano en el campo
: Solo en un principio. Cuando Anice le había propuesto que les acompañara durante el verano a la finca de su familia. La idea de alejarse de Nueva York y del trabajo a paso hacerle compañía a un inseguro Eliot, era irresistible. William conocía mucho de los Broglie Rivan tanto socialmente dentro el circulo como familiarmente de la boca de Anice, por lo que promocionar un acercamiento social entre las familias mas adineradas de América era también tentador ... Y aunque no en ese preciso grado, conocía también a Michael. Aquel simple e ilustre nombre que tan numerosas veces llenaba las paginas sociales como los cuentos de hadas los libros de Andersen. Siempre lejano y misterioso. La misma Michelle en los países de moda … Pero a pesar de toda aquella información, conocer al heredero Broglie, en un plano tangible. Verle por primera vez; le había supuesto un sismo a su estabilidad emocional y esa de semanas atrás, ya no parecía tan buena idea. El simple hecho de saberse aborrecido por aquel ángel orgulloso de ojos dorados, le atormentaba lo suficiente como para desear huir también de su presencia. Quizá con ello lograría la estabilidad deseada aunque no, la ahora, anhelada paz
-ya me conoces
-y por eso no me engañas … Acaso tiene que ver con la extraña indisposición de Michael
William intento no darse por aludido –porqu-
Y justo cuando su cerebro preparaba una salida valida que al interrogatorio de Eliot, deslindara la relación de su partida con la infundada enfermedad del joven Broglie; las puertas de cerezo blindadas a solo unos metros junto a ellos, se abrieron haciendo tronar la madera suavemente y Michael Broglie se abrió paso entre ellas …
De pronto parecía que a media tarde, la mañana había estallado resplandeciente y fresca … y calida. Michael menos adornado que un duque bien peinado y acogotado pero singularmente portentoso dio un paso adelante cerrando las puertas de su dormitorio tras de si y extendió una sutil sonrisa en su blanquecino rostro. Aun Eliot tuvo que parpadear ante tanta eminencia
-buenas tardes … Sr. Hardy, Eliot –Se inclino ligeramente y después se le vio perderse a lo largo del pasillo hasta los escalones de la estancia
-yo le veo de lo mas sano y tu?
-…yo …
Pero por mas que Eliot interrogara el abrupto rostro de payaso del ingles, no hallo en su torpe gesto, respuesta alguna para lo que acaba de preguntar. El aludido se encogió de hombros y siguió adelante. Todavía con la sonrisa de oreja a oreja y los ojos perdidos
-Eliot querido amigo, no te apetece un poco de manzanilla caliente?
-o_ô
Algo tenia su propio nombre que se escuchaba ajeno y sobresaliente en la voz de Michael. Y de nuevo, rápido como un parpadeo, le hacia pasar del estado sólido al liquido. De la desesperanza a la ilusión. Porque?. No lo sabia. Noto que algo había ocurrido entre el “buenos días” y el “sr. Hardy”. Que era?. Tampoco lo sabia. William solo sabia que su sangre había comenzado a correr mas rápido en sus venas apremiando el deseo que acababa de descubrir por el cuerpo del señorito …
-un poco de azahar sr. Hardy? –Charlotte levanto la cabeza cuando les vio aparecer en la entrada del zaguán
La brisa veraniega llegaba a los pulmones, tibia y mezclada con el perfume de las flores y el aroma dulzón a azahar que Violette servia bajo el acogedor pórtico, con premeditada delicadeza
-gracias –Sonrió William a tiempo de sentarse frente a Michael que parecía prestarle especial dedicación a su infusión
Como había podido ocurrir?. Como Michael Broglie, un recalcitrante aristócrata a todas luces al cual la naturaleza se había encargado de dotar con encanto y maldad…
**Y con unos labios capaces de hacer un acto cotidiano como beber té, un verdadero espectáculo sensual**
… como podía perturbar su equilibrio de aquella manera?. Su sola cercanía suscitaba en él, sensaciones turbulentas. Prohibidas. Casi casi, le expulsaba de la realidad mientras Charlotte hacia alarde de sus conocimientos sobre teatro. William solo podía prestar atención a otro espectáculo frente suyo. Esos labios y ese aliento que ahora empañaban el corte de la tacita blanca, le habían pertenecido unos días atrás. Un par de segundos habían sido suyos. Había sido el primero en probarlos …
-Que opina usted, sr. Hardy?
William parpadeo mas o menos turbado. Los ojos agudos de Charlotte del otro lado de la mesa, le dirigían una inquisitiva mirada. De aquellas que brillan llenas de ilusión
-bueno yo…
-seguramente el Conde Warnoville estará encantado de hacer un espacio en su apretada agenda para convenir la fechas
Aunque … no se podía decir lo mismo del peyorativo timbre de voz del señorito Broglie. Frió y calculador
-la verdad es que no lo se. Mi abuelo a veces es impredecible. Le gusta sorprender con un poco de su tiempo cuando menos lo esperamos
-estaremos atentos entonces –Sonrió Charlotte
… Y porque no le había acusado?. William se percato de que se hacia la pregunta por primera vez desde lo ocurrido. Cabía esperarlo. Michael había estado decidido a declararse victima de sus insultos aquella tarde. Y el beso contaba como toda una agresión. Una retorcida agresión. Sin embargo ocurría lo contrario. William estaba sentado a la mesa de los Broglie haciendo del agradable huésped y recibiendo las sonrisas de la mujer mas poderosa en la familia. Su nutrida experiencia en el campo laboral, le hacia inclinarse a analizar cualquier posible señal a lugar. Debía despejar las dudas. Arriesgarse e indagar en la propia fuente de información. Lo mas rápido. Lo mas a prisa que Charlotte evocando destinos para la luna de miel ante los ojos refulgentes de Anice y la cara fúnebre de Eliot, se lo permitiera. Mientras se repetía esto, alcanzo a excusarse poniéndose de pie para seguir a Michael que se había ido apenas antes. Y después de atravesar el umbral de las puertas talladas en cedro, aun respirando el aroma viciado a flores y azahar, William se percato que la conocida sensación de desborde emocional volvía a nublarle…
-Michael! –llamo sin oír su propia voz. Su brazo izquierdo se alargo hasta sentir el delicado hombro entre sus dedos
**¡que coño estoy haciendo?!**
Pero ya era demasiado tarde para pensar. Michael se volvió bruscamente al sentir el contacto y dejo su cuerpo demasiado cercano. Sus enormes ojos dorados como la miel cristalizada en un panal, se clavaron en los suyos mostrándole un áspero temor; y a pesar de este, imposible de pasar desapercibido, el dulce temblor de su cuerpo, mas parecido a la entrega que al miedo o a la ira …
Aun en su aturdimiento, William fue capaz de percibir algo mas: También estaba temblando …
Continuara …