Capítulo 6
Michael Broglie desmonto a Lucifer casi en pleno galope y dejo que los peones se apresuraran a contenerlo mientras el se dirigía raudamente hacia los jardines. Por primera vez en toda su vida, desde que tenia uso de razón, se sentía descontrolado. Furioso. La indignación recorría su estomago en forma de rabia y bullía como agua en un caldero. Aun no podía creer lo que había visto, menos lo que había escuchado… Sin duda era una insubordinación. Con los puños tensos atravesó el jardín y a unos cinco metros divisó a su abuela sentada en una poltrona en medio de un rellano de flores, bordando en el bastidor de cobre que solía usar durante los veranos
-¡ordena que se detengan! –grito aun antes de llegar a ella. Esgrimía la fusta cual extensión misma de su brazo
-buenos días cariño –la voz de Charlotte era dulce y modulada
-¡ordenaste que cercaran el estanque. Que se detengan!
-si, lo ordene –Confeso la mujer tranquilamente –Ya te había dicho que lo haría. No es adecuado para ti
-¡no quiero saber tus razones. No me interesan!.Quiero_ No. ¡Te exijo que reviertas tu orden!
-Michael, cariño, estas actuando como un chico corriente
Tal aseveración pareció afectar al rubio por que las líneas en su rostro volvieron a hacerse inexpresivas. Pese a ello, conservo la lascivia de su voz –No tienes ningún derecho a decidir que es adecuado para mi y que no. Se perfectamente como debo dirigirme
-tengo el derecho que me da ser tu abuela. Y el que me da, estar preocupada por ti
-preocupada?. Mhp. Y desde cuando has decidido preocuparte por mi?
-desde que he sabido las innombrables enfermedades que se ciernen sobre el estanque –Charlotte se levanto dejando su bordado en el bracito de la poltrona y entrelazo los dedos por delante de su plexo –Todos esos gérmenes, mi cielo. En mi casa –hablo con cierto aire compungido –Y tu en medio de todos ellos
-gérmenes has dicho?
-animales inmundos, mas pequeños que un pulgón
-y que has de saber tu de todo eso? –Pregunto Michael ahora mas bien sorprendido
-se lo suficiente para decidir cercar el foco de infección –Michael cariño –dijo suavizando la voz –En verdad nos hemos preocupado por ti. El sr. Hardy y yo, pensa_
-el señor Hardy? –de pronto, todo fue claro y transparente La rabia volvió a bullir en el estomago de Michael. William Hardy …
Era obvio que su abuela no podía haber tenido una repentina iluminación científica de la noche a la mañana. Había obtenido la significativa ayuda del sr. Hardy, seguramente anexada a una magnifica cátedra sobre biología –Él, se-ha-atrevido-a …? –mascullo. Levanto la mirada. Inflexible, desafiante –Deja de preocuparte por mi. Quieres?. Nunca lo hemos necesitado y no lo necesito ahora –Le dio la espalda a su abuela y marcho hacia el interior de la casa
Charlotte exhalo, se sentó nuevamente en la poltrona y tranquilamente retomo su labor
Las puertas de cerezo se azotaron tras la espalda de Michael. Su habitación tembló ligeramente
-como se atreve? –mordió de nuevo comenzando a caminar nervioso de un lado a otro –Con que derecho? –había sido victima de una conspiración en su contra. En que momento ocurrió su descuido?. Acaso no había dejado muy claro su posición el día anterior? –con que objetivo? –Con el único objetivo de importunarle, se respondió. Hardy quería llanamente devolverle el ataque. Fastidiarle. Y con éxito –merece un escarmiento, pero … -se detuvo en seco y lo reconoció …Si, comenzaba a echar de menos a su hermana y eso si que era raro en él
Unos golpes en la puerta le distrajeron de su aciago descubrimiento. De mala gana obedeció al llamado y abrió las puertas de un solo tiron:
Michael quedo parcialmente petrificado cuando encontró de pie en el umbral de su habitación, a nada menos que al causante de todo su malestar:
William Hardy le miraba risueño ostentando aquel impávido aire obsecuente
-que hace usted aquí? –pregunto en un murmullo contenido. Sus ojos llameaban dorados como los de un tigre a punto de saltar al cuello de su victima
Por un momento William creyó perder el aliento, hipnotizado por la refulgencia maligna de su agresor. Se recompuso a tiempo y sonrió –vaya. Yo que he venido a hacer las pases y tu te lo tomas así. No me digas que te has enfadado
-sr. Hardy –el tono de Michael se hizo supremamente indiferente –No recuerdo haber entablado con el huésped de mi abuela ninguna relación que me competa un sentimiento tan … vulgar, como el enfado
William entorno los ojos –Ya … -algo en su pecho se removió incómodamente –Entonces he de disculparme contigo por el simple hecho de pensarlo así. En cuanto al estanque… también disculpa eso –Y agrego con voz premeditada y lenta –Reconvenceré a Charlotte que ordene quitar el cerco de la ciénaga. Así podrás continuar con tus investigaciones. Te, parece bien?
Tan solo una fracción de segundo hubo un imperceptible desajuste en la expresión del pequeño Broglie. Pero fue lo suficiente para concederle a William, la ínfima victoria. Sonrió mas prepotente que antes –Con tu permiso … Michael –Giro y comenzó a caminar. Después de unos cuantos pasos, escucho de nuevo al señorito
-sr. Hardy
William se volvió a verle con la sonrisa aun pintada en sus labios –Si?
-lo siento … He olvidado comunicarle que mi abuela deseaba hablar con usted?
-es cierto? –levanto una ceja un tanto mas serio
-después de, una infructuosa mañana de trabajo hoy. He tenido una pequeña discusión con ella sobre este asunto y... Entiendo que desee pedir su valioso consejo tras la interesante cátedra que le dio … el día de ayer
-ah! Vaya –exhalo William
-le agradecería que hiciera algo al respecto
-claro … porque no?
-bien. Mi abuela debe de estar en el invernadero … Si. Hoy es día de tomates –esbozo una media sonrisa y se adelanto en el pasillo -Le acompañare a buscarla
Fiarse de la palabra de alguien como Michael que rebosaba de imaginación mal habida no era precisamente una opción valida para William. Sin embargo aquella declaración parecía contar con mas de dos caras. Charlotte podía haberle solicitado hacia rato y el pequeño rubio se había guardado decírselo obedeciendo a su dañina apatía. O bien podía tratarse de otra treta, en cuyo caso no le esperaba nada bueno al final del camino. O sencillamente podía resultar ser cierto que Charlotte deseaba preguntarle si debía o no, quitar la valla del estanque; Michael seguramente espetaría entonces su respuesta y dependiendo de esta, podría esperanzar un idilio amistoso con él o abolir el inestable cese al fuego que acababan de pactar en hipótesis y arremeter el contraataque con fuerzas renovadas. Y si este era el caso, William se declararía traidor a su causa y pasaría a formar parte de las filas enemigas dándole a Charlote la irrevocable opinión de desvallar el antiséptico habitáculo de trabajo del joven Broglie. Era una auto orden. Orden secundada por las ondas doradas que pululaban la curva de la cabecita de Michael, salteando dóciles al compás de su caminata. Parecían tan suaves a la vista … William se pregunto como se sentiría cada hebra de oro entre sus dedos. Esa esbelta y erguida espalda contra su pecho. Sus delgadas piern_
-os dejare hablar a solas
Escucho repentinamente a Michael
William sacudió la cabeza asustado y algo afectado. Se dio cuenta que estaban de pie a las puertas del exuberante invernadero. Un vaho de calor húmedo resoplaba suavemente desde el interior como si fuera el aliento de un dragón dormido en su cueva verde. Dio el primer paso dentro y se detuvo al notar que Michael no le seguía
-No vienes? –Pregunto con desconfianza
-no es mi costumbre ni es de buena educación escuchar conversaciones ajenas, sr. Hardy
El ingles asintió inconforme –Creo que seria mejor que llamases a tu abuela y conversásemos los tres cómodamente sentados en el salón. No te parece mas adecuado?
-si claro. Eso mismo le he dicho yo. Pero hoy es día de tomates y mi abuela estará horas ahí dentro
Algo parecido le había escuchado William, decir a Anice el día de la expedición a caballo –Y tu que harás?
-si me lo permite quisiera quedarme aquí para conocer inmediatamente la decisión de la abuela
Todavía William dudo un rato –De acuerdo –Y entro. Sus cabellos negros se perdieron tras un recodo de azahares blancos
Michael no cambio la expresión indolente de su rostro al aproximarse a las amplias puertas de cristal del invernadero empotradas en acero reforzado. Tampoco se regocijo al cerrarlas pasándole una enorme llave de cobre al ojal. Decidió dejarla colgada en la cerradura a vista y paciencia del prisionero
-diez de la mañana –Se dijo consultando su reloj de bolsillo y añadió volviendo a guardarlo –creo que la temperatura subirá hasta medio día –Suspiro y se marcho
-has visto a William? –En los ojos de Eliot se intuía un atisbo de preocupación
Anice la reconoció al instante –ha pasado algo? –pregunto con el mismo deje de angustia que la sobresaltaba continuamente. Ya creía que su voz adquiriría aquel inherente tono
-he ido a buscarle a su habitación para bajar juntos a la merienda de medio día y no esta. No le he encontrado
-y Michael? –fue la inmediata pregunta de la chica
-esta en el salón. No ha salido de ahí en toda la mañana. Bueno, salio muy temprano pero ha vuelto en seguida
-y mi abuela?
-recién se ha despegado del bastidor
-ya
-que haremos si se ha perdido otra vez?
Anice lo pensó a fondo llevándose los dedos a la barbilla. Tras un momento, levanto la cabeza –Eliot debes ir a la colonia de esclavos
-que?
-la ultima vez William estaba ahí. No?. Bueno pues, que tal si le ha dado por hacer de dadivoso y en estos momentos este allá en pleno jaleo?. Ya le conoces
-pero … yo no creo que_
-hay que estar seguros –termino y arrió a su prometido con sendos empujones hacia las puertas traseras
… Anice había pasado mas de la mitad de los veranos de su vida en la hacienda Broglie y podía decir que conocía casi todos lo rincones de la megalítica casona. No obstante a su talento inquisitivo innato, Anice acababa de descubrir esa media hora que de nada habían servido todas sus tardes de niña exploradora. La hacienda era casi tan grande y sinuosa como el laberinto de Dédalo. Con habitaciones y rellanos que hasta aquel día habían estado vedados a su curiosidad: Como el antiguo despacho del tatarabuelo Broglie, cuyas paredes de pintura aguamarina aun expelían el aroma de su tabaco favorito o el ático en la ultima planta, que era una prolija penumbra cerrada, rellena de muebles y doseles viejos. Pero de William Hardy en esos parajes arcaicos no se hallo ni la sombra:
-Lady Rivan! –llamo el capataz escupiendo un alterado aire cuando la vio bajar igual de imperturbable, por los escalones de la estancia. Secundada por Eliot, Anice y Violette que traía pegado como un toldo un verdadero signo de zozobra
-ha encontrado algo sr. Hott? –pregunto con voz firme Lady Charlotte
-los peones han llegado a la valla larga, señora. Sin ningún resultado
En los jardines, fuera del salón, tras las espaldas del bronceado capataz dos patojos peoncillos negros le esperaban ansiosos, cuidando de no incurrir en el porche
-bueno, pero es que esto no puede ser. El sr. Hardy no ha podido desaparecer sin dejar rastro alguno –la voz de Lady Rivan se escucho mínimamente irritada
-he organizado una comisión para ir al pueblo. Quizá, digo yo, el señorito Hardy haya decidido ir a por un paseo –Ladeo la cabeza haciendo un gesto burlón -Solo necesito su autorización, mi señora
-a-abuela –intervino Anice un poco reticente –No creo que William decidiera ir solo al pueblo. Además no conoce el camino y sin consultarlo contigo primero … es … poco probable –Busco la mirada de Eliot pero este se encontraba mas sumido en sus propios pensamientos que en la conversación misma. Pensó que probablemente su prometido resentía aun su decisión de comunicarle a la abuela, la desaparición de William
-si querida. Yo tampoco lo creo. Aunque es mejor estar seguros … Recuerdo que el Conde Warnoville poseía un singular sentido de la exploración. Tiene mi autorización sr. Hott
-si señora –El hombre que esperaba su respuesta firme a medio salón, dio media vuelta y se marcho a paso raudo y pesado
Charlotte termino de bajar el tramo de escalones sin pronunciar una palabra mas. Apenas se apreciaba una ínfima alteración en su austera imagen que la delataba preocupada. Pero nada comparado al ensimismamiento de los demás presentes. Parecía pensar alguna cosa dándole especial dedicación. Repentinamente se volvió enérgica hacia ellos
-donde esta Michael?
Ni Anice, ni Eliot recordaban haberle visto después de medio día, cuando ajeno a todo, se bahía sentado en el zaguán a leer uno de esos extraños libros forrados de manera poco atractiva en tafiletes mustios
Fue Violette la que dando un paso al frente respondió la pregunta de Charlotte –Mi Lady, el señorito pidió que ensillaran a Lucifer
Enseguida Charlotte le resto importancia –esta bien Violette. Ya puedes retirarte. Esperaremos a que el sr. Hott nos traiga noticias
-si señora –Violette hizo una reverencia y empezó a bajar los escalones. Pero antes de llegar al altillo, el vociferante capataz prorrumpió una vez mas en el salón precipitado como un alud
-mi Lady, mi Lady!. ¡Lo hemos encontrado!
Incluso Violette se dio a la carga tras la comitiva encabezada por Hott que los guió a través del jardín hasta la flagrante masa de cristal que componía el invernadero. A sus puertas encontraron apostado un escandaloso amasijo de esclavos y sirvientes. La comitiva se acerco rápidamente justo en el momento en el que el balumbo humano se abría para mostrar la desvaída figura de un ingles. O lo que quedaba de él
-Jesús! –exclamo Charlote apremiada por el súbito horror y sobresalto. Se acerco en dos pasos casi pegada a Eliot quien se había puesto pálido y denotaba real pavor
-¡William!, ¡William!. ¡Háblame amigo! –suplico cuando se cargo en un costado el flácido cuerpo
La apariencia de William era lastimosa a mas alcanzase su gallarda aristocracia. Se había quitado la levita y la camisa estaba abierta. Su piel bañada en una artificial marea de sudor. Sus cabellos mojados y la faz lívida. Con todo y su desgalichado espíritu, William esbozo una sonrisa:
-… Eliot … has venido a rescatarme? –dijo débilmente
-esta delirando!
-pronto!.¡Llevadle a su habitación!. Violette, prepara una bañera con agua fría!
-¡si señora!
Luego Charlotte se volvió a los expectativos esclavos. Las líneas de su frente estaban levemente surcadas de arrugas –Quiero saber quien ha sido el responsable de este intento de asesinato!
Dos o tres peones intercambiaron miradas. Pero nadie abrió la boca
-sr. Hott?
-señora. Íbamos de camino a las caballerizas cuando escuchamos unos ruidos extraños en el invernadero. Vinimos a investigar y encontramos al señorito Hardy ahí sentado –Apunto con el dedo índice el lugar exacto tras el muro de vidrio junto a una panzuda botija de abono entre las macetas de helechos machos y cabellos de menta -Ahí, justo ahí sentado, golpeando el cristal con… la cabeza
Charlotte perdió el habla
-señora. Las puertas estaban cerradas por fuera
-que!!
-que necesito que me hagas la segundona. Vale? –William aseguro la pretina de sus botines y se apresuro a remangar la levita en sus muñecas. Una hora después de su traumática experiencia se le veía repuesto casi del todo. Servido del refrescante baño de hielo que le había devuelto la respiración a sus poros y de los litros de zumo de limón bien pasados por su garganta, su vigorosa alma había regresado a su cuerpo. Aunque aun se pintaba un poco enclenque
Sin embargo Eliot contemplaba la idea de darle una buena ostia y en verdad desmayarle –¡Acabas de pasar tres horas dentro de una caja de cristal. Dentro de-una-muy-caliente-caja de cristal. Y puedo dar fe, de que ha faltado nada para que estires la pata. Ahora dices que tienes que salir?!. ¡No me lo puedo creer!
-que escándalo hombre. Pero si apenas a sido un baño sauna.
-te lo has pasado en grande?. Porque parecías un trapichejo cuando te sacaron de ahí
-...bueno me voy. Ya sabes. Si te preguntan por mi. Estoy en mi habitación descansando y no quiero que me moleste nadie. De acuerdo?
-quieres que haga de guarda en la puerta?
-harías eso por mi?
-William!. Esto no es una broma. Alguien ha intentado despacharte al otro mundo. Y ya que todavía no me has dicho como has llegado a quedar encerrado dentro el invernadero. Yo tengo en mente al fugitivo que te ha ayudado
William se detuvo antes de salir de su habitación. Miro ausente la perilla de la puerta –Yo …mi mente esta en blanco. Recuerdo a un gran simio blanco y una bola peluda sobre mi, empujándome dentro … Pero todo es tan relativo … Bueno ^^, Te veré en la cena –abrió las puertas y salio
-tu no eres Tarzan, William! –le grito Eliot a las puertas cerradas …**porque te niegas ahora a acusarle con Charlotte?**
El sol descendía poco a poco sobre los arces mas altos refrescando la temperatura del habiente hasta hacerla una brisa apenas calida. El canto de los pequeños prisioneros encerrados dentro las murallas de madera y espinos en el estanque se escuchaba como una concertina altisonante de voces confundidas, desesperadas, viciadas y furiosas. Y “Los mitos de Cthulhu” a la sombra de aquel sauce llorón era un verosímil salto en la imaginación de Michael. En la desconocida tierra pantanosa que ahora se ocultaba tras el baluarte de espigones de madera, la indomable furia de las bestias de Lovecraft pujaba por abrirse paso a la libertad. Y lo conseguirían pronto. Porque por mas que su abuela y el fastidioso de Hardy trataran, no podían refrenar el intempestivo avance de la naturaleza que en tan solo medio día, había encontrado un resquicio en su prisión por el cual donarle valiosas muestras de cieno. Michael se había llevado una agradable sorpresa al comprobar que los espigones no resistirían mucho tiempo el paso del lodo aunado a las lluvias. Después de su transitoria huida de casa, encontró el ambiente necesario para su lectura junto a la muralla. Estaba tan sumido en las catacumbas y ventosidades de los personajes de la historia que no percibió ninguna presencia hasta que fue demasiado tarde
-¡sabia que te encontraría aquí!
Michael sintió que la sangre se congelaba en sus venas debido al susto. Tardo unos buenos segundos en regresar a la realidad, lejos de Cthulhu y unos cuantos segundos mas en reconocer la voz de William Hardy.
Inquebrantable deslizo las alas del libro lo suficiente por debajo de sus ojos para dirigirle al intruso una fría mirada. Y otra mas a la estrambótica Dulcinea abandonada junto a Lucifer. Luego volvió a ocultar el rostro tras su lectura
-sr. Hardy, le creía conversando aun con mi abuela –Canturreo
-ya. Sabes Michael, lo que has hecho se llama “intento de asesinato” y tiene condena. Te lo dice un hombre que sabe de leyes
-ah si. Casi olvido que es usted, abogado –respondió con desgano
-bien. Valiéndome del Codigo de leyes de la Constitución Nacional y del Estado nº 3334789, puedo o bien demandarte o presentar una denuncia condenatoria en tu contra. Dado que la primera te importa una mierda. Me cogeré de la segunda
-que desagradable vocabulario
-tu comportamiento es menos agradable
-… cual comportamiento?
-el de un criminal
Hubo un largo silencio por parte del aludido tras el cual abandono el embozo del libro revelando un impasible semblante. Sentado al pie del tronco sus ojos se centraron sobre William, amenazadores y sin embargo displicentes. Parecía que iba a decir algo pero su boca no se abrió y volvió a subir la cubierta hasta su rostro.
Fue entonces que William advirtió la extraña carátula en el relieve del tafilete. El acabado era tosco y el membretado si apenas visible. Aun así, lo reconoció en seguida. Una sonrisa ladeada se extendió en su rostro y con un veloz movimiento arrebato el libro de las manos de Michael quien no reacciono hasta varios segundos después
-pero que hace! –reclamo poniéndose de pie en un salto –devuélvamelo!
-vaya, vaya –Fue el turno de canturrear de William mientras hojeaba el mustio libraco –Que tenemos aquí. No sabia que te gustaran estos garabatos de imaginación. Ah si!. Tu abuela ya había mencionado algo como Séller, Shelley y su Frankestein. Esto es … Lovecraft?. Ya ... Ahora entiendo de donde has salido
-que quiere decir? –Demando muy serio
-… estos chapuces han sido escritos por locos que adolecen de quicio, sabias?. Nunca llegaran a ser bien reconocidos; como un Shakespeare, Por ejemplo. Pero leyéndolos puedría comprender perfectamente porque te gustan tanto esos monstruos de tres patas
-que puede saber usted. Shakespeare era un ebrio indecente
-… Aunque tu mismo mi querido Michael eres uno de estos monstruos que están plasmados aquí. Que no ven mas halla de sus fauces. Hambrientos de dolor
-como ha dicho? –mordió arrugando el entrecejo –Ni siquiera sabe de que tratan!. El mensaje de los autores. Su visión del mundo es diferente a la de los demás. Y no soy un monstruo!
-tus rugidos no te dejan escuchar fuera de tu oscuro habitad. Crees que eres magnánimo. Me equivoco?. Siempre soberbio, hambriento de maldad, tu vanidad pústula como las escamas de algo verde. Tu bocaza tiene que tragarse todo lo que amenaza tus deseos
-deje de insultarme!. No soy un monstruo! –Afirmo Michael con desesperación
-si que lo eres –rebatió el Ingles desconociéndose a si mismo -Lo demuestras cada vez que abres la boca. No te has dado cuenta?. Vives causando males y te gusta, como la maldad le gusta a todo monstruo. Si … Eres la fea bestia verde que reina esta ciéna_
-basta he dicho!! … como se atreve. Usted. Usted.. –Tirito conteniendo las palabras –Como se atreve a agredirme de esa manera?!. Usted no es mas que un simple invitado de mi prima. Tan corriente como ella. Es un vulgar adinerado amante de negros. Un petulante ridículo alardeando su apellido, sus viajes y su cuestionable e insignificante estilo de vida. Pero sabe algo?. Ni toda la herencia de los Wanderville harán de usted un hombre de clase. Y si yo soy un monstruo, ¡usted es una alimaña! –cada palabra fue escupida con el afán lacerante que solo Michael era capaz de imprimirle a su voz y a sus gestos –Le aconsejo sr. Hardy que empaque sus valijas por que esta misma noche saldrá de esta propiedad –Le dio la espalda y comenzó a alejarse hacia Lucifer con el paso tan rabioso y decidido
William nunca supo porque fue tras él. Si acaso en respuesta a los despectivos gritos. Solo sintió el incontenible rebalse de todas las desconocidas ansias acumuladas que Michael le había provocado desde aquella tarde a la entrada principal de la casa. Emociones igual de oscuras que los habitads de los monstruos que acusaba, pero tan calidamente acogedoras
-espera! –exclamo al tiempo que aferraba el delgado brazo del rubio y le giraba de un tirón. Y al contemplarle frente a frente, sus rostros tan cerca. La expresión del niño sobresaltada; la causticidad de esos enormes ojos dorados, los insolentes labios rosados, el aura calido de esa diáfana piel láctea …
La propia e incontenible sonrisa ladeada de William esgrimida por el nerviosismo y por primera vez, la confusión …
-… Si eres un monstruo Michael ... Un monstruo encantado. Pero yo te convertiré en príncipe, mi feo sapo
Como una súbita interrupción de aire en la que el espacio tiempo pareció detenerse y estallar en miles de sensaciones insólitas, inclasificables, Michael sintió los calidos labios de Hardy apoderarse ávidamente de los suyos … Y tembló entre sus brazos …
Continuara …