Capítulo 5
Eliot pensó que estaba bien levantarse mas tarde de lo acostumbrado. Después de todo, pronto seria un Broglie mas. Aun así, mientras atravesaba el pasillo del ala este, un piquete en su conciencia le hacia sentir culpable cada tanto que miraba su reloj de bolsillo para luego con resignación, volverlo a guardar dentro su levita. El sol estaba alto a media mañana y la temperatura era agradablemente calida. Anice ya debía de haberse despertado y desayunado … sola en la mesa, esperando por él. La idea le atormento momentáneamente. Trato de pensar donde podría encontrar a su prometida a esa hora de la mañana cuando abruptamente fue interrumpido por el sonido de una puerta abriéndose a unos pasos junto a él
**La habitación de Michael … **
La doncella de servicio Violette se materializo en el umbral cargando una bandeja de plata blanca y reluciente y sobre ella todo un maravilloso juego de bajillas de porcelana, bollitos de chocolate con azúcar blanca, una tetera panzuda humeando y una enorme y antojosa taza de café espeso con espuma achocolatada nadando en el.
Violette poseía una interesante belleza que vacilaba entre la lujuria y la elegancia. Su cabellera se recogía en un bulto desgalichado del color de la madera y su piel en contraste con la tela negra de su uniforme era de un pálido natural. Pero en esos momentos la piel de Violette la doncella, era tan blanca como la de una hoja de papel. Se helo en el mismo sitio cuando vio frente a ella a Eliot Clandel. La persona mas cercana a William Hardy. Sus ojos oscuros se abrieron grandes y su cuerpo se contrajo hacia atrás. Engarrotado y pesado. Sus piernas no parecían querer obedecerle. Solo después de varios segundos de tener la inquisitiva mirada verdusca de Eliot sobre ella, se dio el valor suficiente para despegar sus zapatillas del piso. Aspiro tratando de recomponerse …
-bu-buenos días mi señor Clandel –dijo haciendo una graciosa reverencia con la saya. Paso junto a Eliot sin levantar la vista ni mirar a los lados, azuzada, casi temblando, casi cayendo y se dirigió al dormitorio de William del otro lado del pasillo
Eliot la vio adentrarse en la habitación conteniendo el mismo temblor tras golpear el madero, vacilante y embotada. Y luego cerrar las puertas
-y a ella que le pasa? –Se rasco la cabeza. Le dedico otra analítica mirada a las puertas incrustadas en cerezo de la habitación de Michael antes de continuar su camino algo encogido de hombros. Tan tenso que ya comenzaba a imaginarse cosas …
La soledad en el pasillo se hizo preponderante. Graciosa y apacible. Abajo, desde el fondo de algún punto en la estancia, podía alcanzar a escucharse el repiqueteo cadencioso del reloj de ébano, como si fuera el eco vació de una voz ahuecando el silencio. Hipnotizando la casa a son de sus casqueados segundos. A lo lejos, los muros del fortín amortiguaban los trinos de los pájaros. El sonido del polvo inexistente viajando por el solitario pasaje. El inaudible barullo la mañana. Y entonces … un revuelo de losa rota y la plata de una bandeja estrellada contra el piso invadió el largo recorrido de las alfombras persas en el pasillo del ala este. Una exclamación ahogada y unos sollozos alterados …
… William sentía que su sentido del gusto convulsionaba dentro su boca a la vez que su estomago hacia amagues de volverse hacia el exterior. Vaciando su escaso contenido. No podía controlar los espasmos de sus músculos internos, ni la repulsión de sus tejidos bucales, pero mucho menos podía lograr comprender lo que acababa de pasar. Solo sabia que hasta unos segundos atrás había estado recostado en la cama entre los suaves y perfumados cojines. Pensando en él. Y que luego de que Violette entrara cargando su desayuno, le había dado el primer sorbo de la mañana a una taza llena de lodo fundido, cuyo mal oliente y descompuesto sabor había llegado a sentir muy tarde dentro su boca. Y todo por estar distraído …
Ahora de pie junto a la cama casi doblado en dos, sostenía con una mano su vientre y con la otra intentaba ocultar una mueca desfigurada. Escupiendo sin cesar todo lo que quedara de su sentido del gusto
-agua –En tres rápidos zancos cruzo la habitación hacia el pequeño servicio y se vació en la garganta el agua de cloro que solía pedir por las noches antes de dormir. William pensó que ni diez litros harían desaparecer la fétida cacosmia que se estaba quedando impregnada en sus papilas gustativas … y en su nariz –PERO QUE ASCO! –grito al fin
Al salir del servicio tallándose la lengua con la manga del mameluco y del albornoz vio a Violette encogida contra la puerta. Mas blanca que nunca, despajarada y berreando a mares mientras repetía palabras sueltas que no llego a entender muy bien hasta que estuvo a su altura
-… yo no he hecho nada. No quería. Ay de mi. Ay de mi. Que haré?
Las lagrimas y la zozobra de Violette eran sinceras. William se inclino sobre ella y la izó de los hombros a su altura. La chica estaba entumida
-me puedes explicar que coño ha sido eso?! –Trato de ser lo mas amable que el desagradable sabor del lodo picando sus mucosas, se lo permitía
-no-nohequeridoseñorito se lo juro yo no queria subíasu desayunope-peroyo noqueria no –Mientras mas rápido hablaba Violette mas lagrimas bañaban sus ojos. Farfullo otros cuantos monosílabos mas, antes de dejar escapar de sus labios la palabra clave. “El señorito” …
-que has dicho? –Quiso preguntar William aun después de haber escuchado muy bien. Repentinamente sintió que toda la apologética cavilación que sostenía sobre Michael esa mañana entre las sabanas de su cama, se transformaba en una especie de rabia mal contenida. Un nervio titilante se hizo presente en su sien. Como se había atrevido? –Habla ahora si no quieres que en verdad te echen a la calle –Demando zarandeando a la desconsolada doncella …
En Resumen. De toda la desordenada confesión de la chica de servicio, el ingles pudo formar una relativa teoría:
Michael había hecho un inspirativo trueque con su desayuno cuando Violette iba de camino a su habitación. Luego de ser instruida, humillada y amenazada, termino accediendo en contra su voluntad por supuesto, a servir de transporte humano para el ingenioso ardid del señorito Broglie …
-que creativo –Suspiro William resignado tras vencer estoicamente la primera reacción de ira. Sospechaba que no solo el café estaba fabricado con lodo.
Miro frente a él, la desconsolada figura de Violette todavía pidiendo clemencia …
**pobrecilla**, se dijo. No era su culpa. Simplemente había sido una marioneta que Michael utilizara para vengarse de él
-venga. No ha sido tu culpa –dijo soltando a la chica –deja de llorar. Tranquilízate vamos. No estoy molesto contigo. Ehm, Mira –le sonrió –ya paso, ves?
Pero Violette chillaba como una campanilla azotada contra los muros del campanario mas alto en Notre Dame
-Mira, mira. Porque no me subes un verdadero desayuno?. Y olvidamos lo ocurrido?
Algo confundida Violette se atrevió a levantar la vista y se forzó a preguntar –n-no … no me va ha despedir?
-claro que no. A menos que la idea haya partido de ti
-¡no no no señor. El señorito me_
-entonces no te preocupes que la culpa no ha sido tuya
-pero si Lady Rivan se entera … -Hablo lanzando un nuevo berrido al tiempo que se cubría el rostro con ambas manos
-¡yo no se lo diré, de acuerdo?. Y dudo mucho que Michael lo confiese
-… haría eso por … mi?
-seguro. Ahora ve y trae ese tazón de azúcar, vale?
-s-si –Violette se enjuago el rostro débilmente y con movimientos cohibidos y parsimoniosos se dedico a limpiar mas o menos el desastre regado en la habitación. Guardo los trozos de porcelana rota en la bandeja, recogió dedicadamente la pasta lodosa y equilibrándolo todo, se retiro.
William todavía la escucho ulular a lo largo del pasillo hasta bajar los escalones
Una vez solo, disputo consigo mismo la tentativa de enfrentar a Michael cara a cara. Decirle unas cuantas verdades, recriminarle un par de cosas y salir indemnizado del juego belicoso que el pequeño señorito le había declarado impunemente a su llegada. Su habitación estaba a solo unos pasos atravesando el amplio pasillo y a William le invadía una inefable ansiedad de tenerle en frente …
... De observar una vez mas el fulgor frígido en esos ojos dorados. De sentir esa horda de sensaciones agradablemente vibrátiles que erizaban su piel. … **Pero no!** … Pensó borrando al instante la palurda sonrisa que acababa de percibir tallada en su rostro como relieve en la madera. Se esforzó en evocar su propia imagen humillada tres veces ya. Debía de pensar fríamente. E inflingirle al culpable una lección de buenos modales
Entonces a su memoria acudió el conspicuo rostro de Lady Charlotte Rivan de Broglie. Su escueto vocabulario y su módico proceder
William volvió a sonreír
Michael dio dos vueltas a la cinta de su corbatín acogotando el gorjal en su cuello mientras se contemplaba en un espejo de cuerpo erguido junto a su cama. El reflejo le devolvía a un ser impecable. A un ingles de sangre azul. Se miro altivo
Hoy no saldría a la ciénaga a recolectar muestras. Tampoco le apetecía hacer avances en sus investigaciones, ni practicar las recomendadas sesiones de esgrima o golf. Ni montar a Lucifer. Hoy planeaba parapetarse gran parte del día entre las cómodas sombras de la biblioteca, armado con la ultima edición de Bernard y una buena porción de te helado. Tal vez luego, dar un paseo por los jardines. O mejor aun, curiosear los libros de la Fabrica en el despacho de su abuelo. Si, era un buen plan para un día tranquilo. Michael se sentía planamente satisfecho y complacido de si mismo. Relajado. Con tal idea, salio de su habitación
Los bríos del sol que llegaban desde la ventana dispuesta al fondo del pasillo iluminaban ampliamente el silencioso espacio. Tan pronto como dio el primer paso fuera de su dormitorio, los ojos de Michael derivaron involuntariamente directo a las puertas de la habitación de Hardy. Un fugaz sentimiento de molestia le asalto
**ese hombre…**
Michael conocía bien a William Hardy, así como a otros muchos nombres de su selecto circulo social. Se había encargado de estudiar el árbol genealógico de los Wanderville en Inglaterra y de los Vanderbilt en Estados Unidos, por lo que la simpatía por el nieto del Conde de Britania fue natural e instantánea. Finalmente encontraba alguien a su altura; suprimido en el nuevo mundo que representaba América en el mapa. Un ingles de sangre azul pura. No de la común nacida tierra colonizada, con padres ingleses y tíos americanos. No como los clasistas que abarrotaban los diarios cada mañana y que amasaban su fortuna valiéndose de sus buenos dotes en los negocios o de la buena fortuna con los pozos de petróleo. Eran parecidos. Pertenecían al seno de la clase misma de Bretaña y le comprendería a la perfección. Hallaría en él, un aliado
El hecho de que William fuera amigo de un mustio como Eliot Clandel resultaba irrelevante. Incluso al contrario, le permita atribuirle a Eliot un par de puntos a favor en el escalafón de la sociedad. Por sus buenos gustos a la hora de escoger amistades. Convencido de ello, Michael le había brindado a William una oportunidad valiosísima para convenir en su amistad … Oh! Que decepción se había llevado al darse cuenta de lo equivocado que estaba …
William Hardy era como el resto del vulgo adinerado. Una gran fachada relucía al exterior y un comportamiento impropio a sus aparentes antecedentes familiares se escondía tras ella. Todavía recordaba esa irreverente respuesta la primera noche durante la cena:
“De hecho. Mi abuelo estará encantado cuando le mencione que habrá pastel y chocolate”…
Pastel y chocolate?. Aquellas palabras fueron lo suficiente para saber que Hardy … y su abuelo, eran tan vulgares como Eliot y Anice. El posterior proceder del susodicho solo había servido para confirmar sus conclusiones. Las cuales convertían al afable huésped ingles en otro exiguo personaje de la casa Broglie, al que había que poner a sitio
Observando las puertas cerradas de aquella habitación, Michael se pregunto si su mensaje habría llegado exitosamente a destino. Si habría logrado llegar hasta la boca del mismo. Sonrió de lado imaginándoselo y retomo su elegante dirección hacia la biblioteca
-ósea que nos hemos preocupado en balde. Que mientras pensábamos que algo malo le había ocurrido, él se lo estaba pasando en grande con los esclavos –Anice le dio varias vueltas al fardo de lana que aumentaba de volumen con cada hilo añadido
Junto suyo, Eliot trataba inútilmente de desmembrar pequeños balumos de hilos blancos, mas concentrado en su labor que en su prometida
-si, bien. Yo creo que ha sido preferible preocuparnos en balde –Dijo tirando la punta de un hilo suelto –A … a que ahora tener que lamentarnos. Entiendes?
-si –Suspiro Anice –tienes razón –hemos tenido mucha suerte de que ese esclavo reconociera a Dulcinea
-y agradecer que William sea dueño de ese carácter tan, tan … tan …
-disipado?
-v.v¡ si
-hmm, no se si debamos agradecer eso –declaro la chica componiendo una expresión pensativa
-tranquila amor. Conozco a William desde hace muchos años y a pesar de lo desfogado que pueda llegar a parecer a veces; él respeta los limites
-… espero que tengas razón. Después de todo, fraternizar con una recua de esclavos negros, no es tan malo. Cierto?. Y esperemos que la abuela opine igual v.v
-no creo que la opinión de Charlotte represente algún problema para él –hizo notar Eliot y su atención se desvió hacia los pasajes que alcanzaban a verse por entre los muros de flores y enredaderas del zaguán –A tu abuela parece debilitarla el echo de que William sea un Hardy Warnoville –agrego con cierta tristeza en el rostro –tal vez hubiese sido mas sencillo para ti, comprometerte con alguien como él
-es cierto –respondió ella y Eliot la miro entre incrédulo y dolido. Anice continuo –hubiese sido mas sencillo … pero no lo mejor para mi. Ni lo que yo deseo
Eliot jamás se cansaría de contemplar la mirada plomiza de Anice, refulgiendo calida como la primavera, la primera vez que la vio a los ojos. La dulzura pueril plasmada en la curvatura de sus carnosos labios. El tacto de sus perfumadas manos acariciando sus mejillas. Esas palabras que precisaba oír para enfrentarse al mundo y saber que la lucha era la correcta. Pese a todo, a los comentarios, a las miradas y a la hipocresía, a las artimañas y pese a lo gris que simulaba pintar el cielo para su matrimonio …
Eliot sabia que para él también hubiese sido mas sencillo enamorarse de alguien mas. De alguien de acuerdo a su nivel social. Pero no era lo mejor, ni lo que deseaba
-te amo –le susurro a su prometida a tiempo que brincaba en la silla para robarle un fugaz beso en los labios. Corto y profundo
-también yo –balbuceo Anice ruborizada. Sus ojos buscaron tentativamente la reprobatoria mirada de su abuela entre las hojas verdes y rosas del jardín. Pero no la hallo –de que crees que estén hablando? –agudizo la vista en tanto su gesto se hacia de nuevo pensativo
Eliot volvió su atención al zaguán …
A través del abigarrado pasaje de flores, setos y hojas, se alcanzaba a divisar la estilizada figura de Charlotte envuelta en sus típicos sayos de colores sobrios, sosteniendo una placida conversación del brazo de un no menos gallardo William, quien evaporaba todo su porte Tenorio al son del paseo
Llevaban hablando ya mas de una hora. Modulando inaudiblemente, gesticulando con elegancia, mostrando de vez en vez, esbozos de sonrisas condescendientes y sutiles asentimientos de cabeza. Ambos en franco acuerdo
A Eliot le asalto un súbito mal presentimiento –no lo se –Respondió luego de varios segundos.
Eliot también conocía los diferentes procederes de su amigo desvelados a través de los años de paciente convivencia. Por lo que aquel ceremonial comportamiento del Ingles resultaba tan sospechoso como amedrentador, **que estas tramando William?**, se pregunto
Michael había decidido tomarse su tiempo para llegar a la ciénaga esa mañana. Relajo sus piernas a ambos lados de la silla de montar y aflojo la cincha de Lucifer previendo pocos metros para llegar. En su bolso de piel de cordobán llevaba los pequeños botellones de muestras e instrumentales que requería su empresa. Aun era temprano. El sol apenas alcanzaba la copa de los árboles y la temperatura todavía era soportable. Con todo, pensó en darse prisa y volver a la casa antes de media mañana
… Sin embargo, Michael no espero encontrarse con nada parecido a lo que acababa de desplegarse ante sus ojos. Se pasmo yerto sobre Lucifer:
Una muralla de madera y espinos se había materializado alrededor del estanque. Lo circundaba como un precario fortín de guerra enclavada a la orilla, siguiéndola fiel. Y en la afanosa tarea toda una docena de esclavos negros continuaban empotrando la pared de maderos, pieza por pieza dentro la porción de tierra húmeda; azuzados ante la larga fusta del capataz de la hacienda
Michael no logro comprender que era aquello, ni como ni porque estaba allí. Totalmente perplejo y confundido, desmontó a Lucifer sin siquiera tirar las riendas para detenerlo. Tuvo la sensación de estar dormido aun porque lo que veía sencillamente no podía ser cierto. Todo su precioso dispensario, vedado a su alcance por un muro infranqueable de maderas y espinas
-¡que-que esta pasando aquí!? –Logro exclamar al fin cuando ya estaba cerca de todo el barullo
El capataz se le acerco a grandes zancadas mostrándole una sonrisa tonta y comedida –buenos días señorito Michael!. ¡Como ve que ya estamos al terminar la obra?! –dijo con fanfarrona voz enjuagándose el sudor de la frente
-¡y se puede saber quien ha sido el imbecil que se lo ha ordenado?!
La sonrisa se borro del rostro moreno del capataz –señorito. Pensé que estaba al tanto. La orden me ha llegado directa de Lady Rivan
Michael sintió que la incredulidad nublaba su entendimiento –que?
Continuara …