Capitulo 2
Lady Charlotte Rivan de Broglie era una mujer de fuertes rasgos ingleses. Su rostro aunque pétreo en primera instancia, lucia las bellas y apacibles líneas de un esqueleto bien formado. Sus ojos punzaban calculadores y con un brillo dorado desvelado. Despiertos y muy abiertos al hablar. Sus finos labios barnizados en un tinte guindaceo modulaban las palabras con total claridad y a pesar de las llamativas hebras blancas en su cabellera no aparentaba mas de 40 años de edad. Una mujer de desbordante hermosura. Abigarrada en un sayo que ceñía su figurilla delgada y de cintura en demasía estrecha, Charlotte Rivan expelía aristocracia, magnificencia y respeto en todos sus movimientos y palabras
-tu abuelo esta en Boston. Richard ha solicitado su presencia para convenir en un negocio con John que no puede manejar arbitrariamente. He creído que era él cuando he escuchado el motor del coche –declaro asiendo entre sus delgados dedos, el bracito de una diminuta taza de porcelana y un platillo del mismo juego en la otra mano –él también se ha dejado deslumbrar por aquel invento –agrego llevando el platillo hasta la altura de su plexo mientras con la otra mano dirigía la tacita a sus labios
Sentada junto a su anquilosado prometido frente a la abuela Rivan, Anice trataba de concentrar sus esporádicos temblores en la punta de sus dedos. Una imperceptible línea de sudor había dejado camino en la blanca piel de su sien
-… lo siento abuela. He debido contarte antes sobre el coche
-ciertamente –afirmo Charlotte tomando un segundo sorbo de té helado
William observaba la escena en silencio. Relegado voluntariamente de aquella conversación familiar en la que no le apetecía ser participe. En mutis disfrutaba del refrescante sabor del té tinto helado que una doncella les había servido en el vestíbulo del salón principal
-y dígame sr. Cladnel. Ha sido para usted una compra satisfactoria? … -hablo Charlotte dirigiéndose repentinamente a un aturdido Eliot que parecía estar buscando su voz en alguna parte de su boca
Anice notablemente rígida, dejo de fastidiar sus dedos
-si … bueno. Como podría no ser una compra satisfactoria el invento del siglo después de la luz eléctrica? … -intento recuperarse Eliot dibujando una torpe sonrisa
-me alegra escuchárselo sr. Cladnel. Eso quiere decir que le va ha usted de maravilla
De inmediato William pudo notar la preparada indirecta en la frase a pesar de la sutileza con la que Charlotte la había pronunciado. Por supuesto ese no era un asunto que le incumbiera directamente estando en calidad de simple invitado de los novios. William estaba al tanto de la mayoría de las trabas y reticencias familiares que la pareja sorteaba en todo lo largo de su noviazgo, por lo que tenia mas motivos de quedarse al margen haciendo del agradable huésped silencioso
No obstante, era su mejor amigo él que ahora buscaba sus ojos en el fondo de la tacita de te. Decidió ser … discreto:
-y gracias al cielo mi Lady. Eliot y yo hemos tenido la suerte de contar con generosos ingresos este año
Los ojos ambarinos de Charlotte se clavaron en los azules de William y concentro en él, toda su atención
William no se había sentido jamás el blanco de una fuerza semejante a la amenaza de un feroz tigre. Un tigre vacilando entre lanzarse sobre su yugular o enroscarle la cola ronroneando. Por un momento logro comprender todo el nerviosismo que doblegaba a Eliot y a Anice, quienes se le habían quedado mirando con curiosidad. Sin embargo y a pesar de la sensación que le producía esa mirada; él había tenido en frente a otros muchos ojos que sino semejaban tigres oscilantes, si pequeños felinos hambrientos de carne. Y en una sociedad de dos caras como a la que pertenecían Charlotte y él, saber conllevar ambos lados era mas que una obligación, un arte. Sonrió con naturalidad y añadió:
-Nueva York se ha portado muy bien con el despacho Hardy&Clandel
La abuela pareció meditar algo antes de hablar … -Disculpe, antes no le he escuchado bien. Ha dicho usted: William Hardy?
-William Tercero Hardy Warnoville de Britania
En la expresión de Charlotte asomo un tenue resplandor que suavizo sus acerbas sombras
-su rostro me ha parecido familiar cuando le he visto afuera … Es usted casi idéntico a su abuelo. El Conde Warnoville de Britania … Eliot querido –dijo de pronto con un tono desconocido que provoco que tanto el aludido como Anice, casi cayeran de sus sillas –apeteces un poco mas de té?
William sonrió y bebió de su refrescante té helado. El feroz tigre se había convertido en un gatito. Y él sabia muy bien como lidiar con sus garras
El sol comenzó su declive por el oeste muy entrada la tarde pintando el silencio del horizonte en un calido degrade de colores naranjas, rojos y dorados como en una especie de pintura diáfana. Bellos paisajes se alzaban hasta donde alcanzara la vista: Un bosquecillo espeso matizado de arces y sauces llorones desde donde llegaban adormecedores croares megafonicos. En otro extremo surcaban los vestigios de lo que debiera haber sido una colosal plantación de tabaco, obligada al olvido por la imposición Industrial al Norte durante los años de cambio del país. Todavía se veían las chocitas habitadas por los esclavos y servidumbre de la familia como diminutos botones de chocolate en un mar dorado cercado por una alta valla de alambres y vetustos maderos. Mas allá se continuaba una extensa planicie y algunos repechos de colinas. Pero lo que mas llamo la atención de William mientras admiraba el paisaje desde la ventana de una de las habitaciones de huéspedes, fue el flagrante brillo de una poderosa laguna. Plateada e imperiosa en la explanada. Sus aguas refulgían como diamantillas a la luz en un vestido de serenidad extasiante, cegador. Daba la impresión de que miles de luces bailaban sobre su tranquila superficie. Había un pequeño muelle de madera prieta humildemente construido en la orilla que daba directo frente a parte trasera de la casa; sus pilares parecían abrazarse a las aguas con terca avidez para ser su único nexo con las tierras de la orilla. Una visión ensoñadora, pensó él. Entonces le vio … Era la misma persona en la entrada de la casa esa tarde …
William se enderezo apoyado en el marco de la ventana y dejo que sus ojos se arrobaran con la figura que avanzaba a galope desganado desde un rellano a su izquierda. Le había dejado olvidado por completo después de la merienda en la estancia y luego de que Charlotte le hiciera un recorrido por los jardines en el zaguán. Con mirada analítica admiro la destreza y gallardía del niño para montar aquel pura sangre negro. Su hermosura era ultraterrena: Pálido como una perla. Rizos dorados como la pureza del oro. Grácil como una pequeña gaviota y altivo como su propia casta. William sintió inesperadamente el estremecimiento de una corriente eléctrica atravesar veloz su ingle y su espina hasta hacer explosión en su pecho. No se alarmo. Por el contrario, dejo aletargarse por una extraña sensación de paz y alegría.
La belleza que jinete y corcel esgrimían galopando como un solo ser frente a esa puesta de sol era tremendamente hipnotizante. Por lo que siguió casi sin pestañar cada movimiento del pequeño rubio que después de desmontar del potro frente a las caballerizas, daba ordenes a medios gritos a diestra y siniestra con intachable elegancia.
**es un pequeño aristócrata** , pensó sonriéndose. Recordó lo poco cortes que el niño había sido con ellos a su llegada. Le había visto solo unos cuantos segundos de pie entre las puertas de la entrada, oscilando una fusta en las manos, sugerentemente vestido con un redingote a la moda, antes de que desapareciera dentro las profundidades de la casa, inexpresivo y desinteresado en las visitas. Ni si quiera un gesto de saludo les había otorgado …
Repentinamente William ansió que llegara la hora de cenar
Como en toda familia de sociedad amante de las buenas costumbres y horarios, la cena en la casa Broglie estaría servida empunto de las siete de la noche. Sin ningún retraso. Preferentemente con todos los comensales presentes en el salón quince minutos antes de pasar a la mesa, adecuadamente vestidos. William tuvo la certeza de que esta regla no se modificaría ni siquiera por el echo de estar en medio de la naturaleza. La doncella de servicio había tocado su puerta dos horas antes para entregarle su equipaje que había llegado sin retrasos con el carruaje de guarda y avisarle la hora de la cena
Dio un ultimo estirón a su gorjal acogotado por un corbatín de cinto rojo y después de alisar las solapas de su levita frente al espejo de cuerpo, salio al pasillo de su habitación donde se encontró con un Eliot similarmente adornado
-William … -le dijo éste deteniéndose a esperarle a medio pasillo. Se notaba la impaciencia en su parada
-que pasa?. Parece que fueras a la guerra
-aunque te burles me siento exactamente así
-creía haber notado mejorías desde la merienda esta tarde
-eso … te lo agradezco mi amigo. Lady Rivan es una mujer bastante … especial. Creo que le agradas
-a Charlotte Rivan le agrada mi apellido. Los Broglie, los Wanderville, los Hardy y Rivan son de las pocas familias de casta de la vieja Bretaña … También hay otras tantas por ahí que a mi madre le gusta tanto nombrar como a Lady Rivan
-ese es el problema. La abuela me ha subido de grado porque he codeado con un Hardy Warnoville -ladeo la cabeza pesarosamente
-y yo espero que no me utilices, eh? –sonrió William apuntándole con un dedo
Eliot rió sinceramente … -no lo haré –callo unos instantes y volvió a hablar, ahora con preocupación –espero que la cena vaya tan bien como la merienda
-y porque habría de ir mal?
-el por “quien” ya lo has visto esta tarde
-ver a quien?. Espera. Te refieres al niño en la entrada al llegar?
-créeme que no es un niño
William le miro antes de soltar una de sus sonantes carcajadas … -hablas igual que Anice. Exageráis lo dos. Eliot, lo que yo he visto ha sido a un bellísimo niño que no podría hacerle menor daño a una criatura viviente –dijo convencido de la imagen inocente que aquel chico le había producido
-Michael Broglie no es un niño –repitió Eliot con voz mas grave –su belleza es superficial y en cuanto a si es inofensivo, permíteme dudarlo
-… estoy seguro que os equivocáis. Sabes que siempre acierto con la gente
-… quizá –medito Eliot casi para si mismo pasándose los dedos por la barbilla –Si. Quizá William, tengas un poco de razón y ese don que tienes con las personas haya acertado. Aunque sea un poco. Michael hasta podría ser tolerable. Solo debemos aguantar sus ociosos comentarios y su afán por inferiorizar todo lo que le rodea. Incluso algunas pequeñas artimañas. Pero … –sopeso sus palabras –cuando esta junto a su hermana, él es … pavorosamente temible. Tu no podrías imaginarte nunca, hasta que punto son capaces de lastimar a alguien esos “niños”, como tu les has llamado
-ya … **en verdad espero que exageres mi querido Eliot**
Ambos terminaron de bajar el tramo de escalera que faltaba hacia la estancia. El salón estaba vació y el silencio interrumpido suavemente por el tañido de un reloj de ébano erguido contra una de las paredes laterales. Coloridos floreros panzudos estaban dispuestos en cada rincón perfumando el ambiente y recordando la transición de la primavera a la presente estación del año
-nos hemos adelantado
-esperemos. Esto es tan predecible en esta clase de familias –declaro William en tono sarcástico y sintiéndose aburrido –me apetece un habano
-William!
-que?. A ti no?. Sol_ -de pronto William sintió que la garganta se le secaba. Sus ojos se enclavaron en la visión que tenia delante …
Charlotte si era posible aun mas magnifica y refinada en un estrecho sayo con guarniciones de seda, bajaba los peldaños de la escalera del brazo de su nieto. William se dio cuenta que sus especulaciones sobre la hermosura del jovencito habían quedado definitivamente ambiguas: Michael Broglie era una criatura excepcional. Algún ente híbrido que la naturaleza había creado seguramente durante un lapsus de ensueño. Era delgado y esbelto y a simple vista, frágil. Sus ojos ponderaban el mismo dorado punzante que los de su abuela, casi la misma lascivia, pero mucho mas hipnóticos. A pesar de tener unos rasgos primorosamente angelicales, se advertía en él, la prepotencia y altivez que solo la posición social podía conceder. Sus labios rosáceos parecían exhibir el total desinterés en querer formar una sonrisa y aun así resultaban llamativamente deseables. Sus cabellos eran de un dorado mas oscuro del que William había percibido esa tarde, mas largos y ensortijados. Su piel increíblemente láctea. Y para su sorpresa Michael alcanzaba la misma altura de una Anice no mas alta que su abuela, aunque sus portes se antojaban mas largos junto a ella
-oh sr. Hardy ya esta usted aquí –dijo Charlotte descendiendo los últimos peldaños de escalón y despertándole abruptamente de su análisis poco convencional …
William espero que su pasajero aturdimiento no hubiese sido notado por la dama
-buena noches Lady Rivan –saludo tomando la mano de Charlotte e inclinándose para besar el blancuzco dorso emperifollado en oro blanco
-permítame presentarle a mi nieto Michael
Por algún motivo incierto esta vez William percibió que era una bola de electricidad la que subía por su estomago cuando estrecho la mano de Michael. Su piel era suave, algo húmeda al tacto … -es un placer
-igualmente –respondió el rubio visiblemente desinteresado
-Michael es uno de los unigénitos de mi hijo mayor. Harold Broglie Rivan, seguro le conoce usted sr. William. Es uno de los banqueros mas reconocidos en Suiza
-no es necesario que me lo diga mi querida Lady Rivan. El banco Beyri es una de las arcas mas seguras donde mi familia guarda las joyas familiares. A pesar de que su presidente reside en América claro esta
Charlotte le respondió con una sonrisa
-la temperatura sigue siendo agradable. Pero dentro de algunos días comenzara a sentirse el calor –decía Charlotte mientras planchaba una servilleta blanca sobre su regazo … -espero que se encuentre cómodo en la habitación que he designado para usted sr. Hardy
-muy cómodo Lady Rivan. Mi habitación tiene una vista preciosa de la laguna. He podido admirar la gran riqueza de las tierras Broglie
Una doncella de servicio se acerco por su costado cargando una cazuela de platería blanca y deposito en su plato una ínfima porción de crema pastosa y verde
-por cierto –continuo William con una prudente elocuencia en la voz –he quedado maravillado por la destreza con la que monta usted. Joven Michael. Debe practicar varias horas, si no pienso equivocadamente
El aludido le miro por un momento sobresaltado. Sin embargo un segundo después su atención había vuelto a su plato ignorando el comentario a gran escala. Al momento se formo un incomodo silencio en el que Anice y Eliot dejaron de lado sus cómplices miradas y sus tenedores. Michael parecía dejar la pregunta en el aire también mientras pasaba de un bocado de pasta verde a un sorbo de vino blanco. Charlotte le había restado importancia a la escena. Y William lucio una impávida serenidad, como si no esperara una respuesta o cualquier reacción …
-no. No practico muchas horas –se escucho entonces la voz del joven Broglie –la equitación es un arte en la familia –modulo con aire de superioridad
Los novios soltaron un suspiro al unísono
Charlotte hizo un gesto de complacencia … -practica usted equitación sr. Hardy?
-oh si … Por supuesto no podría comparar mi habilidad con la del joven Michael. Recuerdo que mi padre me compro un poney a los cuatro años para que tomara gusto por la equitación a temprana edad. Lastimosamente antes de aprender a montar el poney, había aprendido yo a montar al perro
Todos en la mesa rieron excepto Michael que le dirigió a William su valiosa atención por primera vez en el día. Sus ojos eran enormes y brillaban con un álgido dorado indescifrable … -su perro debió ser una mascota muy paciente sr. Hardy –dijo con expresión desdeñosa
William abrió la boca tras reponerse del escorioso comentario. No era la frase en si la que le había molestado, si no el gesto por menos despreciativo que Michael había compuesto al dirigírsele. La voz de Anice interrumpió sus preparadas palabras:
-a-abuela … crees que el abuelo tarde mucho en regresar?
-yo espero que no querida. Pero ha sido un viaje tan inesperado que temo que Richard querrá retenerle en Boston por mas tiempo del que quisiéramos … No te preocupes Anice. Tu abuelo estará aquí a tiempo para daros la bendición la noche del anuncio de la boda a la familia
El rostro de Anice se ilumino por una irreprimible sonrisa que compartió al momento con su prometido
-toda la familia estará presente verdad abuela? –pregunto emocionándose a cada palabra –también vendrán los padres Eliot. Y desde luego: William y sus padres también … el Conde Warnoville_
-no crees Anice que el Conde de Britania, tendrá mejores cosas que hacer ese día que asistir al “anuncio de la boda de los, “amigos” de su nieto? –Michael ni siquiera había dejado de trozar su filete en el plato para hablar
Anice bajo la mirada avergonzada y el rubio agrego:
-me equivoco sr. Hardy
-de hecho. Mi abuelo estará gustoso de asistir cuando le mencione que habrá pastel y chocolate
Charlotte y Anice rieron encantadas
-le aseguro que los habrá
-oh!... pues será un honor. Cierto Eliot? -se removió Michael en su silla notoriamente enfadado … -abuela, había olvidado decírtelo, pero mis padres no podrán llegar este verano como esperábamos. Probablemente no estarán aquí hasta navidad. Y Michelle, no creo que termine a tiempo su tours por Paris. Ya sabes como es cuando decide pasar por una sastrería
-Michael cariño. Anice se casara en tres meses. El anuncio de su boda es algo que de rigor le confiere a toda la familia. Seguro tus padres podrán llegar a tiempo. En cuanto a tu hermana, ya me ha escrito diciendo que estará aquí el mes próximo
-los padres del joven Michael están de viaje? –se intereso William –tengo entendido que los hoteles Broglie rebosan durante el verano
-mis padres son amantes de las expediciones. Este año han tomado una embarcación a través del Nilo junto a un grupo de exploración a las pirámides de Gizeh. Mi padre ha dejado delegados de confianza a cargo de los hoteles en Nueva York y del Beyri en Suiza para tomar estas vacaciones. Él puede darse ese lujo con tal de complacer a mi madre
-la pirámides! –bramo William desconcertando a Michael que no se esperaba esa reacción … -pero que emocionante!. Aunque debo decir que el desierto es una experiencia infernal
-conoce usted Gizeh, sr. Hardy? –Charlotte adelanto su cuerpo en la mesa como si fuese una niña a la espera de un cuento de hadas
-por supuesto. Tuve la fortuna de visitar El Cairo durante la estación húmeda el año pasado. Es una ciudad impresionante, a pesar del calor claro. Ofrece las mas raras y exquisitas experiencias que un extranjero pueda imaginar. Como por ejemplo: montar en camello; es para recodarlo el resto de la vida –sonrió- esos animales son especialmente dotados de paciencia a la hora de cruzar el desierto. E iguales a murallas para enfrentarse a las tormentas de arena
-fascinante
-Si. Fascinante. Es usted un aventurero. Espero que no se aburra este verano sr. Hardy
-estoy convencido de que no me aburriré joven Michael
-me alegra escucharle. Michael cariño. Porque no salís mañana los tres a dar un paseo a caballo?. Así le puedes enseñar al sr. Hardy y a Eliot los alrededores de la hacienda
-oh claro abuela!. Seguro el sr. Hardy deseara que ensille a Marte y a Venus
-Marte y Venus? … -pregunto William
Michael asintió dibujando una amplia sonrisa … -Marte y Venus son unos estupendos animales. Os irán perfectos. Ya que temo que será un poco difícil encontrar camellos por aquí
Continuara …