Capitulo 19 y 20
Aquella mañana la hacienda había amanecido envuelta en la luctuosa claridad gris de una tormenta. La lluvia goleaba quejumbrosa contra los cristales de las ventanas, Las copas de los árboles se azotaban unas a otras como rabiosas cascabeleras. Las aguas de la laguna antes quietas y bondadosas parecían resumir furiosas formando con éxito pequeñas y peligrosas olas blancas. Los rosales en el zaguán desperdigaban mortalmente sus capullos carmesí …
Desde la ultima ventana del pasillo de la segunda planta, William no pudo evitar comparar al enconado clima con la tormenta desatada la noche anterior. Los gritos dolorosos de Anice aun sonaban en su cabeza pidiendo piedad. Por un momento había creído ver locura en sus grandes ojos grises. Se sintió fuera de lugar e impotente para acudir en su ayuda como lo hicieran Eliot y Charlotte. Finalmente luego de una larga vigilia a la que Anice termino rindiéndose sedada por hierbas e infusiones de lechuga, la realidad le alcanzo disparatada e increíble. Aun no deseaba darle el crédito suficiente o aceptarla sin derecho a dudas, pero ciertamente la rabia comenzaba a carcomerle.
A pesar de ello, esa rabia se había visto opacada a primeras horas de la madrugada y había sido sustituida por un punzante y agudo temor. No sabia con certeza de donde provenía o a que se debía, simplemente estaba ahí, confundida con la lastima aunada a la preocupación por la pareja amiga. Su pecho se presionaba incómodamente. De reojo bizqueo la consabida puerta medio pasillo atrás; Eliot estaba echado en el tapiz con las manos anudadas a la espalda, la cabeza suelta hacia atrás con desgana y los parpados cerrados y oscuros. Podría estar durmiendo, pensó William dudando llamarle a su lado, o podría estar sumido en la misma tristeza que postrara a su chica en la cama, aguardando a que el medico y Charlotte salieran de la habitación con el veredicto.
Transcurrió un buen rato mas antes que la puerta se abriera y los dos personajes aparecieran en el umbral con los rostros mas serenos de lo esperado
-es una buena chica
Eliot se arrimo a ellos apresurado. Sus ojos inquietos exigían la rápida respuesta
-tranquilo muchacho. Tu prometida no tiene nada que mucho cariño y una gran taza de chocolate no puedan sanar –sentencio el anciano escondiendo la leontina del reloj en el bolsillo de su raída levita. Era un hombre entrado en años, encorvado y con el pelo blanco escaso en la nuca –Su abuela le ha dado el mejor remedio que en este caso hemos podido encontrar –añadió sonriéndole a la mujer junto suyo
Eliot también la observo. Nada se mostraba en el rostro de Charlotte que indicara preocupación o acaso pena por el estado de su nieta, ni una arruga, ni la mirada zozobrante. Con todo le agradecía que exigiera la presencia del doctor del pueblo bajo la tormentosa lluvia esa mañana
-puedo verla? –pregunto tímidamente sin encontrar todavía tranquilidad en las palabras del galeno
-oh si, si muchacho. Yo … creo que me quedare por aquí. Tengo cosas importantes que conversar con Miladi, aprovechando mi visita claro
-te pido disculpas Alan. Haberte echo venir con este temporal –hablo recién Charlotte desde que saliera de la habitación –Por favor acompáñame. Pediré que nos sirvan el desayuno en el despacho de George
-ah, Miladi. Estaba a punto de proponerle a usted lo mismo
Charlote sonrió y se encamino del brazo del pequeño hombrecillo escalones abajo. Tan pronto los murmullos de su conversación murieron en la primera planta Eiot se adentro en el dormitorio de su chica echo un vendaval. William se quedo sólo, observando las puertas cerradas ahora esperando a por su amigo. Se sentía terriblemente mal por él pues no había podido ayudarle mucho la noche anterior así como tampoco podía encontrar las palabras exactas para paliar la preocupación que le embargaba. ¿Qué podría decirle si no callar y compartir su congoja
El sonido de otra puerta llamo su atención y giro sobre sus talones desprendiendo su vista de la ventana. Se quedo quieto, silencioso, recortado en la plateada claridad de la mañana al ver a Michelle Broglie salir de su alcoba, impolutamente bella, e inmediatamente clavarle una angustiada expresión, tan contrita, ardorosa y brillante que cortaba el aliento. Pero fue la centésima de un segundo muy fugaz porque al siguiente su rostro se hizo lustroso y sus ojos volvieron a ser dos frías esferas amarillentas. Sus labios se ladearon mientras se le acercaba graciosamente decidida
Willian giro hacia la ventana nuevamente en un intento por ignorarla. Sus dudas y rabias no podían canalizarse adecuadamente y temía ser demasiado grosero estando tan pronto frente a la gemela. La vos cantarina a su costado le indico que no podría evadirse
-Señor Hardy. ¿Qué le ha hecho madrugar en una mañana como esta?
Espero pacientemente una respuesta, tal parecía que el ingles no estaba interesado en ser cortés. Insistía en contemplar mas bien la copiosa lluvia caer sobre la hacienda
-estamos groseros este día, Mister Hardy?. O acaso le ha comido la lengua el ratón? –Soltó una delicada risilla y añadió –Oh, claro!, como he podido olvidarlo?. La tragedia de anoche ha dejado mudos a los habitantes de esta casa
Solo al oír esto ultimo William se volvió hacia ella y Michelle tuvo que esforzarse para no retroceder ni un paso. Bajo las finas arrugas del ceño aquellos ojos de azul purísimo la miraban oscuros y fulgurantes, no como aquella noche en la estancia que había encontrado desdén en ellos, sino que destilaban sin tapujos ira, desprecio … repugnancia. Su pecho se agito atacado por el desamor, la impotencia, el deseo, la envidia, mas sus labios se abrieron y las palabras salieron a la par
-soy persistente.
William Hardy no tuvo mas dudas. Un rara decepción, un incomprensible enojo le acometieron. A pesar de saberlo, a pesar de tener presente las amenazas de la tarde anterior había albergado la sincera esperanza que alegaba por la inocencia de la gemela.
-¿Cómo ha sido capaz? –mascullo conteniendo la creciente ira en sus músculos
-pudo haberse evitado… William. Tú pudiste haberlo evitado… Si tan solo, tu … -Quiso acercársele. Su escuálida mano se alargo ansiando acariciar la mejilla de ese hombre, rozar la aromática cabellera. Sus piernas se adelantaron temblorosas. Sus ojos decayeron en la compungida suplica mientras sus mejillas se coloreaban
Pero los largos dedos se quedaron suspendidos en el aire cuando el ingles se alejo bruscamente de ella taladrándola con la mirada
-No sabe señorita Broglie, cuanto sufrimiento ha causado. Y para que?!. Con que motivo?!
-tu fuiste el culpable –se defendió
-de esto?!. ¡¿Qué tenia que ver Anice con nuestra conversación?!. ¡Con su locura!
-Quería hacerte comprender
-no –rió William sarcásticamente –lo hizo por envidia. Su prima tiene un futuro prometedor junto a un estupendo hombre que no ha dudado humillarse ante usted para estar a lado de la mujer que ama. Usted quiere que la amen de esa manera, no es cierto?. Envidia la algarabía de su prima, la devoción que Eliot le prodiga_
-¡la misma que deseo de ti! –Grito finalmente –Si, la envidio, porque puedo ver en Anice las mujeres que has llamado “hermosas”. No obstante he querido demostrarte tu equivocación. La hermosura es una ilusión efímera, William. Con el tiempo se deforma, se hace pesada y finalmente demuda al más espantoso ensueño… como el vestido…
Se hizo un tenso silencio entre los dos. El ingles seguía amartillándola inflexible. Después de un rato se permitió responder
-… no. Lo hermoso es hermoso siempre. Si la esencia es hermosa, el envoltorio nunca dejara de serlo, y por eso usted, mi encantadora señorita Broglie … es la mujer mas horrible que he tenido el disgusto de conocer –Las palabras de William se alargaron siseando como la maliciosa lengua de una serpiente mientras paso a paso rodeaba la rígida figura de Michelle –Que le hace pensar que yo podría sentir por usted un sentimiento de esa naturaleza?.
-… calle
-Acaso piensa que podría amarla como Eliot ama a Anice?
-suficiente –era una orden, un siseo amenazador
-jamás. Jamás le corresponderé com_
-¡cállese!
En aquel momento Eliot salía de la habitación de su prometida haciendo chirriar los goznes en un contradictorio intento por acallar el sonido de la puerta. Se encontró con la inusual escena de pronto amedrentado por el aspecto de Michelle.
La gemela le devolvía la visión resollando iracunda con los puños apretados y los ojos grandes brillando bajo el torcido entrecejo. La contemplo involuntariamente curioso e indignada Michelle remango los faldones de su vestido y se marcho por el pasillo dando largas y pesadas zancadas. Se la escucho todavía tronar en los escalones de la primera planta. Eliot busco respuestas en el impávido rostro del ingles
-que le has hecho?
William se limito a negar con la cabeza desganadamente dándole a entender al literato que prefería ahorrar las explicaciones. Tampoco quiso confirmar sus aprensivas sospechas
-como esta Anice? –le pregunto en cambio
-dormida. Mas tranquila. Charlote le ha dicho que partirán a Nueva York este fin de semana
-ya. A comprar el vestido
-Te imaginaras lo desencantada que esta –La desazón en Eliot era pesarosa
-si
-el vestido de compromiso era un modelo exclusivo. Anice lo había elegido meses antes y le había hecho cambios en cada prueba
-me consta eso. Habéis pensado en mandar a confeccionar otro?. Es decir, estando terminado el diseño…
-le he sugerido lo mismo. No hay tiempo suficiente para hacer traer las telas desde Venecia
-es una lastima –declaro el ingles sinceramente –Si pensarais posponer la boda
-no, no. Charlotte ha repartido ya las invitaciones a la familia. Seria un verdadero desastre dar explicaciones a los miembros Broglie
-lo siento
Eliot suspiro vencido –William –Dijo perdiéndose en el paisaje lluvioso tras el cristal –Sabes quien ha sido el responsable, verdad?
No obtuvo respuesta. El ingles se guardaba estoicamente las palabras. Su cabeza cayó hacia delante como si el culpable fuese él
-o acaso … los responsables? –continuo
Entonces William se volvió a él como si le hubiese asestado un revés. Casi grito cuando declaro –Michael no tuvo nada que ver!
Los parpados de Eliot se estrecharon analíticos e inseguros –Antes habría podido decir que le defiendes obedeciendo a tu perpetua credulidad depositada en las personas. Pero ahora, William … ¿Por qué estas tan seguro que no tuvo nada que ver?. Tu y yo sabemos que su hermana esta involucrada en esto. ¿Por qué no Michael?
-no busques inmolar a inocentes Eliot, porque te diré que yo fui el único responsable
-como dices?
Del fondo, en los escalones, escucharon varias voces aproximarse y desaparecer en el primer piso. Luego nuevos y rítmicos pasos. Los dos callaron sorprendiéndose al ver ascender la augusta figura de Charlote y todavía más al verla pasar de largo las puertas de la habitación de su nieta y dirigirse sin preámbulos a Eliot
-Eliot. Necesito hablar contigo. Acompáñame al despacho –algo había cambiado en la matriarca durante los escasos minutos que durara su conversación con el Dr. Petwood. Se notaba la severidad hosca en su parada, su voz cargada de molestia e incluso agresividad en el grado permitido y sin siquiera un intercambio de palabras giro empezando a caminar por el pasillo.
Eliot le dedico a William una mirada insegura comenzando a seguir a la mujer. Le escucho preguntar acojonado
-el doctor, se ha marchado?
-no. Le instalado en una de las habitaciones de huéspedes en lo que amaina la tormenta. Deberá regresar al pueblo antes de la merienda
William decidió seguirles también a una distancia prudente queriendo capturar algo más que le ayudara a despejar la sospechosa actuación de Charlotte. Por alguna razón la angustia hasta entonces aparentemente enfocada en lo sucedido a la pareja comenzó a difuminarse en su interior con desmedida rapidez, como el vapor negro de un incendio sofocando las paredes de una habitación tranquila. La tristeza se volvió como miedo disperso y opresivo. Cuando alcanzo el primer grandón de los escalones, se quedo estático:
Michelle aguardaba en el rellano reclinada ligeramente contra el enorme tapiz floral que adornaba el muro. Era imposible analizarla a simple vista pues la cólera había desaparecido de su aspecto mostrándola flemática.
Azul y dorado se encontraron intercambiando sentimientos y preguntas veladas.
En el primer piso, la puerta del despacho de George Broglie retumbo suavemente.
Como si el sonido la hubiese despertado, Michelle se enderezo dirigiéndole una última mirada al ingles y bajo los escalones exenta del gracioso andar que hasta entonces la había caracterizado
William prefirió volver sus pasos hacia el fondo del pasillo notando crecer el incomodo malestar. Cualquier cosa seria mejor que volver a enfrentar a la gemela.
El silencio era fúnebre en la segunda planta, casi aterrador. Noto que sus botines resonaban sobre la alfombrilla lustrosa del solado haciendo innecesario ruido. O tal vez era que su cuerpo estaba innecesariamente pesado. Cuando llego frente al ventanal se dio cuenta que la lluvia había amainado, y siguió haciéndolo con alarmante velocidad hasta que le tomo unos pocos segundos acallarse por completo. Nunca había visto semejante fenómeno climático aun estando a finales de agosto.
**Muy extraño**
Esforzó la vista al paisaje borroso al otro lado del cristal. La laguna se adivinaba inquieta todavía debido a la persistente ventisca pero el bosquecillo se rebatía muy ligeramente ya. La espesas nubes en el cielo desdibujaban espeluznantes formas negras y grises, casi parecía que la mañana era noche oscura y no claridad. William sintió un escalofrió hieloso recorrerle de pies a cabeza y se arrebujo en la levita congelado a pesar de la agradable temperatura que hacia dentro la casa. El difuminado malestar volvía a proyectarse sobre él como una sombra opresiva. Arrugo en entrecejo enfureciéndose consigo mismo por no poder deshacerse de aquella incomodidad
-joder. Estoy siendo paranoico por culpa de una niñata malcriada –rezongo en voz alta
*
No supo cuanto tiempo transcurrió desde que se plantara ahí contemplando los rincones lejanos de la hacienda Broglie tal como lo hiciera la primera vez, estando recién llegado. Quizá fueron segundos, minutos u horas. Las colinas y repechos resbalosos se recortaban en la mortecina claridad. Ni un rastro de luz lograba colarse a través de la masa nubosa.
De pronto su pulso se paralizo, tuvo la impresión de haber visto un fantasma acercándose desde el oeste. Fue solo un momento, la fracción de una décima de segundo. Aquella visión espectral montada a caballo, blanca y transparente, desapareció instantáneamente al llegar a la orilla de la laguna. William sintió que el espanto recorría su traquea buscando salir de su boca en forma de quejido, pero murió antes de poder exhalarse siquiera al escuchar el fragor de nuevos pasos en el pasillo
No tuvo tiempo de nada, solo alcanzo a girar sobre sus talones y ver ante si el rostro de Eliot surcado de arrugas irreconocibles, su mirada verde destellante, la sombra de la ignominia pugnando en su furibunda expresión. No le reconoció. Casi al instante sintió los nudillos del literato estrellarse en su quijada lanzándole contra el muro junto al ventanal
-¡mal nacido, traidor! –grito y William tampoco reconoció su voz
Eliot había sido como el sermón paterno de los pastores viejos en las misas, su tono modulado, suave, solía hacerle sentir seguro y comprendido. El hombre que estaba parado frente a él, era como un perro furioso bramando, su gruñido se escuchaba áspero
-de todos hubiese esperado la traición, William. Menos de ti!. Como pudiste?!
-que … -Alcanzo el ingles a quejarse sujetándose la adolorida barbilla. Contuvo apenas el instinto primario de devolver el golpe
-confié en ti!. Te conté todo!. ¡¡Y tu me has traicionado!!
-traicionado?. Por Dios en que!. De que estas hablando Eliot!
-toda tu amabilidad, tu desprendimiento para conmigo, todo eso fue una vil traición. Esperabas caerle en gracia a la familia?
-explícate con una mierda!. No entiendo nada! –Se enderezo y le encaro
Eliot recobro un poco de su habitual compostura tras un momento de silencio. Se irguió observando a William con la cabeza alta y el rostro inexpresivo
-Charlotte me acaba de hacer firmar unos pagares a tu nombre
Y si antes William no había sido capaz de entender algo, ahora se quedo pasmado de la confusión –como has dicho?
-nos permite a Anice a mi vivir en Nueva York a cambio de saldar mi deuda contigo. No desea que les deba a los Hardy ni una sola libra. … ¿Por qué lo hiciste?
-yo no he hecho nada –respondió irritado –Y soy yo el que te pregunta: ¿Cómo puedes creerme capaz de cometer semejante bajeza?. No me conoces lo suficiente?. No te he dado innumerables pruebas de mi amistad?. No he hecho por ti lo que por nadie haría?
-es eso lo mas doloroso. Después de tantos años finalmente sale a relucir tu verdadera naturaleza. Tu aristocracia ha tocado puertas
-te digo que no he autorizado ningún pagare para cobrarte lo que de mi propia voluntad te he prestado y obsequiado!
-pues aunque no los hayas autorizado. Los avales están ahí, los documentos tienen tu nombre y Charlotte sabe a lujo de detalle todas los prestamos que estando a solas me hiciste
-¡me crees un chivato tan mezquino?!
-…ya no se lo que creo de ti, William. No has sido el mismo estos tres meses
-sigo siendo el mismo!. Si algún cambio he sufrido, nada tiene que ver con vosotros –Callo tratando de serenarse –Eliot, me conoces hace cuanto. Sabes que yo nunca te traicionaría
Eliot levanto la vista y le clavo una mirada que William jamás había visto en su amigo –Ni siquiera por Michael?
El ingles se paralizo. Todos sus pensamientos se bloquearon
-eh William?. Ni siquiera por Michelle me traicionarías?
-que tratas de decirme?
-ciertamente te has ganado a pulso y labia los favores de la familia Broglie. Y a pesar mi disgusto y dolor por haber sido traicionado vilmente, no puedo pedirte que refutes mi invitación a pasar en esta hacienda, lo que queda del verano
-estas pidiendo que me marche?
-no puedo hacerlo, no soy nadie en esta casa mas que un deudor, un hombre de linaje inferior al vuestro. Te agradecería no obstante, que trates de evitarme lo mas posible, así como yo tratare de hacerlo también. Este fin de semana regresare a Nueva York con Anice e iniciare los trámites para escindir nuestra sociedad en la filma
-Eliot …
-aceptare trabajar en la fabrica Broglie, de esa manera podré cancelar la totalidad de mi deuda. Con permiso … Mister Hardy –Puntualizo con un deje de burla y marcho nuevamente hacia la habitación de su prometida
William le vio adentrarse en la oscura boca de la alcoba y cerrar las puertas tras si cuidadosamente. Su ánimo entonces se vino abajo y cayo pesado contra el muro deslizándose a media altura. No entendía, no llegaba comprender lo que acababa de ocurrir. Acaso no habían sido tan solo unos cuantos segundos?, medio minuto quizá, lo transcurrido?. En que indefinible momento había perdido entonces a su mejor amigo?. Y porque?. Donde estaba la fidelidad profesada a costa de su propio ser?, las batallas alzadas, las guerras perdidas juntos, la armoniosa entrega sin palabras … tuvo berrinchar herido en el orgullo, sintiéndose traicionado. Las palabras se agolparon en su cerebro y la desazón escoció tanto que se escucho soltar una risilla contra su voluntad
“… la hermosura es una ilusión efímera ... Con el tiempo se deforma, se hace pesada y finalmente demuda al mas espantoso ensueño …”
-William?
William levanto la cabeza con las pupilas cristalinas y sus ojos procuraron abarcar en ese leve movimiento todo el largo esbelto de Michael Broglie parado frente a él. Sus cabellos recogidos en el flojo chape trenzado parecían brillar platinados en la penumbra en tanto sus ojos dorados le devolvían una mirada preocupada
-estas bien? –escucho a su señorito preguntarle
No contesto, en vez se lanzo hacia Michael con sobrenatural velocidad, como un ave de rapiña sobre su inadvertida presa. Le envolvió en sus brazos estrechándole exageradamente fuerte, tanto que escucho las frágiles articulaciones desencajarse acomodándose a la presión y el quejido de la boca reclamarle
-Willi_
-Donde has estado metido toda la mañana? –arremetió el ingles intercalando los abrazos con caricias salvajes y con besos enloquecidos, en los labios, en los cabellos, en la piel –Te he echado de menos. Te he echado tanto de menos –Y le besaba robándole el aliento, queriendo esconderle dentro su pecho porque hasta que le había tocado no se había percatado que el diseminado temor de la mañana se debía a la ausencia del gemelo. Ahora que le tenía entre sus brazos, el miedo ya no estaba
-que haces, basta –Se quejo Michael apenas repeliendo los toqueteos comprometedores que eran desperdigados con afanosa febrilidad por toda su anatomía –Alguien puede vernos … Wi-William ya! … quita
Mas el ingles no se apaciguaba y sus caricias iban desproporcionadamente en aumento
-te necesito –susurro al oído del señorito –Por favor, Michael, déjame tenerte
-William me asustas. Que pasa?
-hoy no quiero alejarme mas de ti. Quiero sentirte mío, no se, no se lo que me pasa. Dime que me amas, que no me alejaras de ti.
Michael contuvo una risita divertida. Se revolvió deshaciendo el abrazo, y aprovechando el leve cese emotivo del ingles le tomo por las mejillas con ambas manos obligándole a mirarle –A que viene eso?
William quiso perderse eternamente en la luz que refulgía en esas pupilas amarillas. Deseo fundirse en ese cuerpo hasta hacerse ambos un solo hombre. Un ser completo, mucho mas hermoso que cualquier creación divina –Yo … -Musito
-William, nos hemos jurado amor eterno ante los ojos de Dios. Solo Él puede separarnos –Dijo y el ingles sintió que su alma se elevaba aliviada e ingrávida
-te amo Michael Broglie
-y yo a ti. Eres mío, a donde podría dejarte ir?
**Solo tuyo, mi príncipe sapo. Tuyo y de nadie mas**
-… Ahora me dirás lo que te ha puesto así?
-… tonterías. Las resolveré mas tarde
-seguro lo harás
Sonrió –Si. Pero aun necesito hacerte el amor. No te he visto en toda la mañana
Las mejillas del gemelo adquirieron un escandalizado matiz carmín –sht!. No seas imprudente. Alguien puede oírte! –Fingió una mueca enfadada y añadió –No podía dormir después del lió con Anice y baje a la biblioteca a leer un poco. Descuide el tiempo, eso es todo
-de acuerdo, de acuerdo ... Crees que podamos fugarnos un par de horas al cobertizo?
-estas de broma?. William, ya has visto como esta el clima?
-ha dejado de llover
-a estas alturas el cobertizo debe estar inundado. No sabes lo pantanoso que se pone el bosque cuando llueve?
-bueno, en tu habitación o en la mi_
-ni hablar!
-te necesito Michael –suplico
-según veo, querido, lo que necesitas es descansar. Tu tampoco has pegado pestaña, lo se –declaro él acariciándole las mejillas –Anda, deja de pensar ahí de pie –Michael no sabia cuan acertadas eran sus ordenes –Necesitas poner la cabeza sobre la almohada
Después de un rato William termino rindiéndose –Tienes razón –Dijo rozando los labios del gemelo tímidamente. Apunto de entrar en su habitación escucho que le llamaba
-… mañana –Declaro Michael sonriendo con picardía –La tierra estará seca y el sol brillara en lo alto
William asintió sonriente.
Una vez dentro su alcoba se aflojo el cintillo que apretaba el gorjal dirigiéndose de nueva cuanta hacia la ventana que tenia doseles abiertos de pan en par. La vista desde ahí, era más extensa y nítida pero igual de penumbrosa. Escudriño el bosquecillo de la rivera intentando adivinar, sin excito, entre el follaje, el derruido tejado del cobertizo. Le habría encantado ir allí. Refugiarse junto a Michael en aquel miserable y tosco tugurio donde la traición y los artificios de la vida no podían alcanzarles. Hacer el amor con él hasta terminar extenuados. Aplacar el miedo dentro su pequeño príncipe sapo. Suspiro alicaído volviéndose hacia la cama; Al inclinarse para descorrer la tronera de los botines su vista decayó en una pequeña cola blanca, la cual definitivamente antes no se encontraba ahí, rasgada bajo la apertura de la puerta
Un tanto dudoso, un tanto desconcertado William se acerco al cucurucho aplastado que resulto ser la punta de una hoja de papel. Su sonrisa se extendió maravillada mientras contemplaba lo que estaba escrito en el con impecable imprenta. Ya antes había visto aquella caligrafía citando alguna parca invitación
“La inundación no importa. Podríamos nadar si prometes tomarme de la mano”
-yo te enseñare a nadar amor mío –susurro para si mismo sonriéndose. Sin esperar nada mas salio de su alcoba, bajo los escalones salteando exultante, atravesó la estancia, el zaguán, paso junto al invernadero por los jardines y junto a la caballeriza entablada una vez fuera del atrio de piedra, se encamino a paso raudo hacia el bosquecillo, ignorando la hierva resbalosa, y sorteando los charcos lodosos se interno en el …
*
Michael termino de anudarse la cabellera en un nuevo chape y retocarse las prendas descompuestas por el resiente despliegue amoroso. Se había sorprendido, hasta asustado un poco al encontrar al ingles en ese lamentable estado pues la melancolía en él era tan impropia y extraña como el repentino cese de la lluvia. Ignoraba el motivo o la causa que habrían obrado en su animo pero no deseaba ahondar con una sarta de preguntas que el hombre hubiese rebatido hábilmente solo para seguir atestándolo impunemente de caricias obscenas. Sus mejillas enrojecieron al pensar que alguien podría haberles descubierto en tal situación. William no conocía la prudencia cuando se trataba de asuntos hormonales. Si tan siquiera hubiesen estado en un lugar más privado, quizás se habría animado a corresponderle. Sin embargo este día en particular, el gemelo no se encontraba en la misma disposición que su amado. De hecho se había sentido cansado y culpable por el proceder de su hermana. Por supuesto no ignoraba los actos de su gemela. Sospechaba que en realidad todos en la casa se daban por bien enterados
**Pero es Michelle de quien estamos sospechando**
Asi que no quedaba nada por decir
**Solo sospechar … Incluso tal vez también sospechen de mi**. Suspiro soterrando la ligera rabia
De su escritorio junto a la ventana cogió el libro que había venido a buscar desde la biblioteca y salio de su habitación planeando parapetarse entre los estantes el resto de la mañana. Cuando estuvo en el pasillo vio confundido que las puertas del dormitorio de William estaban abiertas, olvidadas así por algún misterioso motivo
Michael no pudo evitar preocuparse por el ingles. Con paso sigiloso se aproximo al umbral
-William?
Nadie respondió desde dentro
-William, estas ahí?
No obteniendo mas que silencio se decidió a entrar por primera vez …
Experimento un inquietante arrobo, como un dejavu sobrenatural.
La habitación era nulamente diferente a la suya o a cualquiera dispuesta en la segunda planta de la casa. Mas el olor que la impregnaba era nítidamente el de William, cedrón y manzanilla. Aspiro hondo llenando sus pulmones mientras se aproximaba a la ventana abierta por donde el gris del cercano medio día iluminaba escasamente los recodos alejados del lugar. No tardo en vislumbrarle a lo lejos a través del cristal. En el pecaminoso limite del bosquecillo, su levita color petróleo avanzaba a tropicones velozmente
-William –negó con la cabeza –Eres imposible –Una negativa mía es suficiente aliciente para tu tozudez, cierto?. Me has inducido a seguirte de forma que casi no me he percatado. Ay amor. Si ahogo en lodo del cobertizo, será tu culpa… Espérame
Dio la vuelta dirigiéndose a la salida, celebrando la necedad de su chico.
Antes de poder llegar a tocar las puertas, un estruendoso sonido como el impacto de una bala de cañón en el aire le hizo girar en redondo sobresaltándole.
El cristal de la ventana estaba hecho añicos en su parte superior y la ventisca entraba por el desfigurado agujero abierto formando invisibles vendavales entre los doseles y las chorreras de la cama. Pero fue el segundo ruido el que llamo su atención. Sonaba como las hojas de las ramas azotadas por la tormenta, como las colas de los salmones cuando encallaban erróneamente en la rivera del Mississippi. Michael se acerco lentamente hacia donde el ruido proclamaba y se quedo de pie observando el insólito accidente…
Al pie de la cama, en medio de un mar de vidrios trizados, un gorrioncillo se debatía desesperado. Aleteaba locamente tratando de alzarse en sus moriscos palillos; para su desgracia cada vez que lo intentaba solo lograba embarrarse más y más en su propio charco de sangre. Su diminuto pico se abría y cerraba sin alcanzar a producir el grotesco chillido típico. Estaba muriendo y se resistía a su inminente suerte
-tu eres el único culpable –Se escucho decir Michael sin comprender muy bien porque le hablaba al patético pajarraquillo –No sabes diferenciar la ilusión óptica del vidrio en la ventana de la nitidez del cielo? … No por supuesto. No te culpo. Hace un día horrible y el cielo no esta azul. Hasta yo me siento aturdido y no se porque
Vio que barullo de las pequeñas alas se apagaba hasta convertirse en un débil aleteo; el diminuto pico boqueaba ya sin poder ganar el aire suficiente
-vamos! –Le exigió –No te rindas. Hay mucho por vivir allá afuera. Vamos!
No sirvió de nada. La vida del desgraciado se apago. Sus movimientos cesaron rítmicamente desapareciendo por completo en cuestión de segundos. Demasiado fácil e irremediable. Michael se le quedo viendo otro rato. Por extraño que pareciera, la fugaz lucha le había echo recordar la desdeñosa indiferencia ante su existencia meses atrás. Hoy en día tenia por quien luchar. Su compañero, su amado. Suspiro y dejo la escena intacta a sus pies
Cuando llego a los escalones de piedra frente a las caballerizas encontró a Violette exprimiendo el agua de una gruesa cortina. La llamo apremiante:
-Ha ocurrido un desastre en la habitación del señor Hardy. Sube tu o manda a limpiarla lo antes posible.
-iré yo misma señorito, en cuanto termine con esta persiana que Miladi Charlotte me ha dejado encargada
-mi abuela?
-la ventana de su habitación quedo abierta y la tormenta ha empapado el cortinaje
-siempre comete el mismo error.
A varios metros de ahí, vio al negro Sibao acercase llevando a cuestas una carga de leños secos.
Sibao no había vuelto a acercarse a los límites de la casa más allá de las caballerizas. Se había convertido en una sombra callada renqueando entre el Resguardo y los hornos de la solana. Al ver al señorito el mulato agacho la cabeza y siguió de largo. Michael sabia que William aun se escabullía al Resguardo uno que otro día durante la semana. Aquel hombre continuaba siendo la adulada buena obra de su chico y contaba con su aprecio. No terminaba de gustarle la idea pero prefería ignorar tal asunto en parte por ahorrar discusiones, en parte por sentirse todavía culpable cuando hallaba la indeleble costura del látigo en la mejilla del ingles
- Apresúrate en cumplir mi encargo Violette –ordeno y continúo su camino
*
William estaba estático, incapaz de acertar a decir algo o regresar por donde había venido. Ahí, frente a él, plantada donde alguna vez Michael había pisado certeramente, se hallaba firme, Michelle Broglie. Los faldones de su vestido estaban embarrados de lodo y sus cabellos salpicados de pequeñas gotitas de agua pero ella parecía no enterarse o no le importaba
-estas sorprendido? … William?
Él continúo contemplándola de manera indecible; sin abrir la boca, sin moverse, sin pestañar, sin un atisbo que pelara sus pensamientos para darle continuidad a la gemela
-yo … les escuche hablar en pasillo –explico ella –Queria_
De súbito el ingles la interrumpió –Fue así como supo sobre mis prestamos a Eliot. Así supo sobre los pagares. Escuchan_
-no era mi intención enfrentaros
-mph, que cínica, también de eso esta enterada. Por supuesto que era su intención. Quería hacerme pagar mi desplante. Hacerme sentir en carne propia el rechazo!
-…
-no lo niega?. No lo niega porque es verdad. Esa fue su intención desde el principio. Herirme!!
-es que no quieres comprender!.
-no, no comprendo nada. No se como puede decir que me ama si solo desea lastimarme. No es amor eso que siente
-lo es! –replico ella encarándole –Si bien mi abuela utilizo mis argumentos, es otra razón la que la ha decidido a someter a Eliot
-por favor
-el, el Dr. Petwood le comento acerca de Anice. Ella podría estar encinta
No lo creía. Acaso la perniciosa envidia de Michelle la llevaba a ser capaz de difamar a su prima de esa monstruosa manera?. No obstante no había dudas en su templanza –No puede ser.
-… son solo suposiciones
-seguramente suposiciones alimentadas por usted y su confiable fuente tras los muros
-tal ve si, lo acepto!. Pero de otra forma no me hubiese enterado de la sórdida relación que lleva con mi hermano. Vosotros también habéis estado arguyendo teatros y mentiras para engañarnos a todos
-sórdida relación ha dicho? ... –mascullo William conteniendo la ira por enésima vez –No sabe usted nada. Pudo haberlo descubierto, si, incluso descubrir este lugar. Pero no sabe la diferencia entre sórdido y puro
Michelle rehuyo la mirada azul sobre ella, agacho la cabeza y sus manos se posaron sobre su vestido a la altura del corazón
-… lo siento –murmuro raramente apocada –No he venido a difamar sus sentimientos por Michael. Ni a levantar a Eliot y Anice como armas contra usted
-entonces para que me ha traído aquí valiéndose de tan infame argucia?
-… a preguntarle
-preguntar?. Que podría preguntar que yo no haya respondido ya?
-… porque? ... Porque él y no yo?
William estaba desconcertado –Creía habérselo dicho antes –Sentencio austero –No hay mas explicaciones. Deje de una buena vez de amargarme la vida y de rebajarse
-me repele así, sin importarle nada mas?. Sin importarle que conozca lo descabellado de sus votos con mí hermano
-pretende chantajearme, miss Broglie?. Si es así, le aseguro que le aguarda una tarea muy difícil. Ni Michael ni yo, cederemos
-no. No pretendo nada
-en ese caso, he respondido su pregunta –dio media vuelta ansioso por salir del lugar. Ahora mas que nunca necesitaba de Michael, sus palabras, sus labios.
-señor Hardy … -La modulación era tímida y opaca. Viciada por enrarecidas emociones
Se volvió a ella irritado –Miss Broglie, le supli_
William trato de decir algo, pero tenia la boca seca, y el corazón le amenazaba con salirse de su claustro disparado por la repentina velocidad sanguínea en sus venas. La visión se torno tentadora, un celestial obsequio a la vista. Aun teniendo bastante conciencia de su estado emocional como para darse el beneficio de la duda, sus ojos no pudieron evitar acariciar la desnudez sinuosa que formaba los gráciles esbozos de senos en aquel esbelto torso; plano y delicado en otro alguien idéntico a ella a quien le había prometido sus favores.
-q-que esta haciendo? –se obligo a preguntar mientras veía como Michelle abandonaba cada prenda de sus ropajes al suelo de paja inundado. Tímida, arrolladoramente temblorosa y resueltamente decidida. El fugaz recuerdo de su señorito haciendo lo mismo semanas atrás, le sensibilizo la carne despertando el amodorrado deseo en su interior. Un deseo antiguo, hambriento de un calor diferente al que se había estado entregando esos meses. Se resistió a el –Que significa esto, mis Broglie?
-recuerdo… -explico ella abrazándose precariamente –Recuerdo que fue lo mismo que hizo mi hermano esa primera vez
De pronto William tuvo enormes deseos de sentarse -… u-usted estaba ahí?
-si... Les vi entonces y siempre a partir de esa noche
-¡porque no dijo nada?!. ¡Porque callo por nosotros?! –Quiso saber
-no podía descubrirles sabiendo lo que les aguardaría si alguien mas llegase a enterarse!. Yo, me conforme con obsérvales a escondidas, con satisfacerme silenciosamente mientras le hacia el amor a Michael. Era como verme a mi misma … Lo he amado desde hace tanto William!. Desde que le vi por primera vez en el teatro en Nueva York
-como?
-Ninguno de vosotros me vio esa noche. Yo sin embargo le vi, sabia quien era, conocía su estatus en Londres. Indague sobre usted con Mademoiselle Lourette en Paris. Cuando supe por la carta de mi abuela que el nieto del Conde Warnoville estaba pasando el verano en la hacienda, me apresure en regresar. No tarde en darme cuenta de lo que sucedía y a pesar mío soporte saberle prendado de mi hermano, día tras día… Pero entonces mi abuela hablo de la posible boda y yo albergue la esperanza de …
-… ha, esstado usted dispuesta a ser mi esposa aun conociendo mi relación con Michael?
-no hubiese importado!. Si estabas a mi lado como mi esposo, si me hicieras el amor como a él_... Se que le amas!. Pero yo seria inmensamente feliz recibiéndote en casa todas las noches con un beso. Una caricia
-eso … no podrá ser jamás …
-lo se. Lo supe la tarde en que decidieron hacer sus votos. No lo pude soportar!
-Michelle –pronuncio gentilmente. Descreído de si mismo. Conmovido con toda la información que acababa de obtener. De pronto se dio cuenta que la ambivalencia que creía pesaba sobre los gemelos era nula realmente. Si en el pasado Michael había sido dañino y endemoniadamente malvado, Michelle lo era igualmente. Y si ahora su señorito se había descubierto amable, amoroso en perceptibles escalas, Michelle también lo hacia. Eran gemelos idénticos, cada uno encerraba bondad en su maldad y maldad en su bondad. Esa, era precisamente la esencia que le prendaba de ambos –Michelle …
Ella cerró los ojos y las densas lágrimas rodaron por sus coloradas mejillas empapándola. Se sintió vulnerable, desprotegida… horrorosa. William continúo
-yo amo a Michael como jamás creería poder amar a alguien. No se puede gobernar el corazón
-… porque? ... Porque él y no yo?. Que posee él que yo no tenga?. Somos gemelos idénticos, tenemos la misma piel, los mismos ojos. Nos recorre la misma sangre. So-solo nos diferencia el capricho de nuestra naturaleza –Sus brazos cayeron a los costados dejando ver en pleno su virginal silueta. William se estremeció. Las largas tremulosas piernas tenían la misma forma definida que las de su señorito, la símil estrecha cintura, aquella curvatura entre las clavículas que gustaba saborear. Esa piel macilenta que encerraba tanta pasión inconclusa. Si, eran idénticos y a la vez tan diferentes –Quiero experimentar lo mismo que él –Continuo ella –Saber lo que se siente estar entre sus brazos. Acariciarle y sentirme suya. Ya no deseo ser una mujer horrible –negó ávidamente con la cabeza desarmándose en llanto –Por favor, por favor … hazme el amor. Ámame, como a é!
William no pudo retroceder, no pudo ni quiso alejarse cuando presintió el cuerpo desnudo de Michelle acoplarse al suyo entre sus brazos buscando su calor. Fugaces besos titilaron en su levita, sintió los pequeños senos aplastarse contra su pecho … y sucumbió …
La pasión, el deseo acallado broto salvajemente haciéndole olvidar todo lo demás. Aferro la cintura de Michelle obligándola a arquearse y devoro sus labios en un solo ataque profundo. Ella gimió dentro su boca, privada de todo resquicio de oxigeno mas no se quejo, con habilidad insospechada sus manos estiraron la levita logrando soltarla mientras William se liberaba de sus pantalones empujando cada vez mas hacia una esquina incierta en el muro de madera.
Cuando Michelle sintió las finas espigas de la paja clavarse en su espalda bajo la sabana mojada de aquel lecho, supo que no habría retorno. Se sintió gozosa. Su vientre palpitaba bajo la caricia de esas manos deseadas, su pecho se contraía ahogado dentro la calida cavidad. Sintió las rosadas areolas de sus pezones endurecerse subyugadas por la exigente lengua y después aquella misma descendió sesgando por su estomago y se clavo entre sus muslos. Michelle desgarro su garganta con un potente gemido y se retorció rígida apresando las sabanas entre sus nudillos blanqueados. Su sexo pulsaba en el punto más sensible humedecido por la tibia superficie lingual. Su alma se desprendía hacia el cielo con cada nueva lamida y pensó que su final estaba próximo
-William! –jadeo deseando exclamar aquel nombre a los cuatro vientos –William!
… A otro pecho le falto el aire a pesar de estar a pleno ambiente. Aquel enamorado corazón se detuvo y comenzó a languidecer empujándole a una vacua inconciencia. No sintió su cuerpo, ni sus pies encaminarle hacia lo desconocido. Tras la humedad las sombras eran borrosas y los sonidos lejanos rebotaban en su cabeza sucediéndose como ecos perdidos confundidos con escenas dañinas e inexorables. No podía respirar. Boqueo perdido en el espacio, exaltado y a la vez moribundo. Acaso estaba soñando?. Si, si, era un sueño. El dolor sordo que le atenazaba era inhumano e imposible de soportar para cualquier ente que se apreciara a si mismo, así que solo podía ser un sueño … Sin embargo sabia que no lo era, porque ese mismo dolor le estaba desgarrando las entrañas y le desprendía cruelmente los músculos de los huesos. No podía existir dolor semejante en los sueños. Quiso gritar sabiéndolo real pero ni un sonido salio de su boca. De pie, situado en el espacio vació, se sintió oscilar azotado por una extraña y fría brisa. Luego el llanto le empapo por entero con demasiada rapidez, con demasiada fluidez. Le halaba sumergiéndole a lo mas profundo del abandono. Finalmente la seductora inconciencia hizo mella su resistencia y el dolor fue remitiendo seccionado por el letargo… hasta que no hubo nada…
De nuevo William subió por su pecho para besarla sin dejar de acariciar la sensibilizada zona. Gimió con ella estrujándose implacable en el calido escondrijo. La piel le ardia y se preparo también obedeciendo a la locura que se desternillaba en su cabeza.
NO!. Grito alguien ahí dentro entre sus lóbulos cerebrales. Pero no podía detenerse
Al borde del paroxismo, aun entre los anillos de la conciencia pudieron escucharlo claramente. Ambos, Michelle y William se detuvieron en seco conteniendo su agitada respiración lo suficiente como para aguardar un segundo grito, si acaso el primero hubiese existido
-¡QUE EL CIELO ME AYUDE! … ¡VE A POR ÉL!
Eran gritos si, tan reales y espantosos que se les clavaron en el estomago como dagas frías de metal
-que-que fue eso? –William fue el primero en incorporarse, atento, expectante
-parece venir de la casa –respondió Michelle en un murmullo enronquecido
-no, no, es mas cerca
Antes que la gemela pudiera decir algo más, un nuevo grito estallo esta vez mucho mas claro
-¡CORRE, CORRE, RAPIDO POR TU BIEN!!
-es Violette! –El ingles se irguió arremetiendo sus pantalones en sus piernas tan rápido como el adormecimiento hiperestésico se lo permitía
Michelle le siguió igual de presurosa
Fue tan pronto alcanzaron los limites del bosquecillo en la rivera que tropezaron con la acelerada carrera del negro Sibao, estaba echo un vendaval gigantesco y oscuro al pasar de largo frente a ellos sin siquiera mirarles. Alcanzo el rudimentario muelle de madera emplazado en la orilla de la laguna, ahora resbaladizo debido a la lluvia, y sin más peripecia se lanzo de cabeza a las aguas intranquilas que se mecían incesantes formando pequeñas y peligrosas olas
-RAPIDO, RAPIDO!
A varios pasos frente a las caballerizas, vislumbraron a Violette chillando derrapada sobre el pasto
-Violette! –La llamo Michelle alterada acercándosele presurosa junto a William que tenia el rostro blanco y la respiración errónea -¡Que esta pasando?!. ¡¿A que se debe tanto escándalo!?
La doncella de servicio respondió a gritos
-¡FUE UN ACCIDENTE! ¡FUE UN ACCIDENTE!.¡ESTABA AHÍ DE PIE!. ¡YO SOLO DEJE DE MIRARLE UN SEGUNDO Y…!¡Y ÉL YA NO ESTABA!
-¡de que estas hablando?!
-¡Que trata de hacer Sibao?! –Pregunto a su vez el ingles
A solo unos metros de alcanzar a la doncella las aguas de la laguna bramaron a su espalda y ambos se volvieron sobresaltados. La cabeza de Sibao se abrió paso entre la espuma blanca como la coraza de un navío negro y mientras abandonaba las profundidades la desvanecida carga entre sus brazos se dejo ver
Michelle ahogo un primer grito llevándose ambas manos a la boca.
-… no –La voz de William en cambio salio en un hilo para luego estrangularse en su garganta –No –Negó con la cabeza echando a correr hacia donde el mulato depositaba el cuerpo laxo.
Cayo de rodillas al llegar junto a él, al mismo tiempo que Michelle les alcanzaba y se desplomaba con un grito partido a medio metro tras William.
-¡NO! –Simplemente sus piernas no la pudieron sostener …
Michael Broglie fue tendido sobre el pasto delicadamente. Su piel estaba tan blanca y fría como la nieve. El agua escurría abundante de sus cabellos opacados y de cada pliegue de sus prendas. Tenia los ojos muy ensanchados y enrojecidos y la boca entreabierta en una silenciosa exhalación … pero no respiraba
A pesar de tratarse de un tosco mulato, Sibao adelanto el aturdimiento de sus señores y arremangando la nariz del señorito pugno por el boca a boca. Una y otra vez … sin mayor éxito que imperceptibles sacudidas en el hinchado torax
-por favor –escucho que mister Hardy suplicaba con la voz quebrada –Por el amor de Dios
Violette se había levantado y corrido dentro la casa mezclando sus gritos de ayuda con los de Michelle mientras Sibao volvía a soplar dentro la boca de Michael… Fueron totalmente vanos los intentos y malgastados los largos minutos.
El frágil señorito había permanecido demasiado tiempo aplastado por la marea en fondo de la laguna y sus pulmones sencillamente habían sucumbido al paso de las furiosas aguas en lo que se desplegaba su tardío rescate. El negro Sibao alzo la cabeza vencido negando ligeramente y dejo el cuerpo sobre la mullida hierva. No quedaba nada mas que hacer …
-no por favor … –William le vio suplicante arrastrándose hasta el esmorecido cuerpo. Le dolía el alma. Era un dolor agudo y pulsátil, inhumano e imposible de soportar. No había conocido en su vida, dolor semejante a aquel que ahora le desgarraba las entrañas. Cada célula de su cuerpo comenzó a estallar imprimiéndole el segundo dolor físico característico de la tensión. Entonces abrió la boca para poder gritar, pero el sonido nació mudo y largo y murió silencioso en sus labios llevándose todo el oxigeno de sus pulmones
Apagado en cambio por los berridos rotos que profería la gemela a su espalda meciéndose enloquecida sobre el pasto y arrancándose la carne del cuello a tirones.
No pudiendo clamar por su príncipe a viva voz, William sintió que sus huesos se partían, que se convertía en una masa sanguinolenta de tuétanos y viseras - … Por favor! –Le exigió finalmente buscando despertarle para apaciguar su sufrimiento. Apresándole entre sus brazos con rabiosa fuerza –No me dejes! … ¡Michael! … –Pero no lograba darse abasto lo suficiente para esconderle en su pecho y no lograba sentir su calor o su aroma. Le estrujo hasta lo imposible. Sus labios ascendieron por las gélidas mejillas cianóticas, sus besos se repartieron desesperados sobre la mojada cabellera; se le había impregnado el aroma dulzón de las nacrofitas y su brillo dorado había desaparecido bajo el cielo gris
Mucho mas atrás, antes siquiera de llegar a ellos, antes de escucharles, la comitiva encabezada por una ululante Violette se detuvo congelada ante la escena. El Dr. Petwood no acertó si quiera continuar corriendo. Eliot y Anice lograron abrazarse prodigándose el abrigo necesario. Charlotte Rivan Broglie se desmorono aterida en la hierva. Su expresión quedaría congelada en ese reflejo de terror mezcla de incredulidad y dolor y a partir de entonces la enfermedad la abrazaría consumiéndola como la llama a una vela de cera.
Bajo las tenebrosas nubes que anunciaban una nueva tormenta, las ultimas palabras fueron murmullos al viento…
-… te amo … te amo … –William cerro fuerte los parpados plenamente conciente de que no existía tal accidente. Al abrir los ojos contemplo la mirada vacía de Michael suspendida al cielo. El amarillo en sus irises se había quedado fijo en las visiones prohibidas tras la madera del cobertizo, en su desnudez y en la de Michelle. Esas pupilas habían sido mudos testigos del arrebato por su gemela y ahora William tenía la seguridad de que ese conocimiento le atormentaría el resto de sus días. Sin dejar de mirarle y con la mano temblorosa, cerro los papados teñidos ocultando aquella hermosa mirada para siempre –Cumpliré mi promesa, mi amor … -Le susurro al oído tan despacio, tan bajito que nadie mas que su señorito pudo escucharle –A nadie amare y a nadie me entregare mas que a ti. Te lo juro …
***
Por algunos instantes el coro de niños fue capaz de conmover a la concurrencia que llenaba la nave. Unas cuantas caras se congestionaron derramando atisbos de lagrimas y unas cuantas narices se sonaron educadamente. Las chisteras con cintos relucientes fueron pulcramente dejadas en los regazos de los lores, los ampulosos tocados se alzaron en las cabezas de las damas. Las pieles blancas resaltaban en los ropajes como ordenadas misturas blancas en tela oscura … Era extraña la cantidad de personas aglomerada esa mañana de miércoles cuando específicamente unas cuantas sentían verdaderamente la tragedia de la familia Broglie. Aun así, todos los presentes llevaban el riguroso negro
A diferencia de ellos en cambio, William Tercero Hardy Warnoville de Britania llevaba además de en la ostentosa vestimenta, el luto en el corazón. Estaba sentado en la ultima banqueta del Santa Clara Nueva York, aislado por voluntad propia, solitario y silente como una mas de las beatas esculturas martirizadas que llenaban la Catedral. Parecía estar en trance pues no se movía. Tenia la boca seca enrojecida, la piel pálida y los ojos quietos al frente mirando fantasmas en el altillo.
Allí, bajo la luz matutina, abrigado en el barniz del féretro, dormía Michael Broglie. Su sempiterno sueño era indecible mientras que guirnaldas blancas le amortajaban por entero y querubines le cantaban salmos misericordiosos.
William le había visto una última vez antes que el abuelo George le depositara en la cajita de palisandro dándole un beso en la frente. Le hubiese gustado ser él quien le despidiera más bien con un beso en los labios, mas ese era un derecho que no le correspondía y que desgraciadamente había perdido. Solo pudo capturar en el breve segundo antes que el pestillo de oro le ocultara para siempre del mundo, la imagen de aquel rostro primorosamente angelical, sus labios desinteresados y la dorada cabellera adornada con listones rojos. Desde ese momento el ingles no había vuelto a hablar, escogiendo el último banco de la iglesia para retraerse en si mismo reviviendo una y otra vez el primer día que le vio flotando sobre el lomo de Lucifer, brillante a la luz del sol
“Mi amor … -Repetía él - … Mi amor”
No había pesar comparable a la tristeza y la felicidad de recordarle. Supo entonces que seria así por el resto de su vida.
Ahora vació sin nada más que los órganos internos latiendo dentro su cuerpo, se levanto ignorando al tío Rivan que iniciaba su perorata en el atril junto al ataúd y se arrastro fuera de la nave como un autómata. En lugar de sentir la tibieza del sol traspasando los pictóricos ventanales en el pasillo, como lo hubiese esperado, sintió una inmisericorde oleada de frió. También el seria su compañero inseparable en el futuro. Antes de haber recorrido medio camino hacia la salida, la escucho
-William
En un principio no quiso encararla y avanzo otro paso
De nuevo la voz de Michelle recorrió el corto espacio que les separaba. Sonó como un rumor hosanno
-no dirás adiós?
Él se guardo la respuesta. No la había pues era innecesaria.
-se que no te volveré a ver, William … Por favor; mírame antes de marcharte …
Temía hacerlo, Temía encontrar los ojos ambarinos de su señorito fundidos con la larga cabellera rubia. Si volteaba… le vería a él, y esa ilusión fervientemente albergada esos días, no era justa para ella. Pero su cuerpo giro solo lentamente
Cuando la vio, recortada en el umbral de la bóveda contra los colores desdibujados de los ventanales, se sobrecogió invadido por la lastima y sorpresa. El rostro de Michelle se había vuelto enjuto los últimos dos días, su piel cetrina pegada a los pómulos parecía la de un fantasma transparente. Sus ojos estaban hundidos y llevaban un alo rojizo en el borde. Su mirada altiva, displicente había sido reemplazada por el acuoso velo opaco carente del aquel amarillo brioso. No, ya no quedaba nada de su señorito en ella.
-que-quería agradecerte la presencia del Conde Warnoville en la misa. Ha sido tan amable de su parte venir desde Londres. A mi abuela le hubiese encantado verle, sabes?
William esbozo una media sonrisa desteñida del otrora brillo exultante. Recientemente su abuelo le había hecho participe de la intima amistad que en tiempos pasados le ligara a Charlotte –Como esta ella –se animo a preguntar sabiéndola en la Casa Prive de Nueva York, postrada en su lecho gravemente enferma
-no se ha recuperado. El medico ha dicho que es un síntoma normal después de emociones fuertes. Catatonismo o algo así. Esperamos que se recupere pronto. Anice y Eliot han estado cuidándola… Han sido tan comprensivos aceptando posponer su boda y, y se han portado tan bien conmigo después de … -Su voz se quebró irremediablemente –… Lo siento tanto … -exclamo por ultimo ahogada en el llanto
-no eres mas culpable que yo Michelle –Le recordó William
-lo soy
-…
-cada vez que me veo al espejo trato de mirarle a él, quiero encontrarle… y no lo consigo –Dejo caer la cabeza llena de rizos rubios y suspiro subyugada por la zozobra –Te lo he arrebatado. Se lo he arrebatado a mi abuela. A todos
-yo le perdí en el instante en que rompí mi juramento
-el mismo que ahora pretendes cumplir?
-y el que te has hecho también a ti misma. O me equivoco?
-… no. Nuestra culpabilidad nos condena a estar separados a pesar de nuestras emociones
-yo le amo aun. Esa es mi mayor felicidad y mi mayor castigo
-yo te amo a ti, William
-Miche_
-shh –Hizo una señal delicada con los dedos y sonrió tristemente –No digas nada. Guarda en el fondo de tu corazón, el ínfimo sentimiento que me profesaste ese día. Yo lo atesorare siempre porque aunque fueron tan solo unos minutos, se que estuvo ahí … tuve tu amor en mis manos
-… aun lo esta –Dolía saberlo, quemaba reconocerlo
-… entonces … -Callo largo rato resistiendo el deseo lanzarse a sus brazos –Que nuestra despedida sea un sencillo hasta luego … cariño … –Michelle retuvo el aliento escaso en su pecho y lentamente regreso a la nave mayor donde el coro de niños volvía a escalar las notas celestiales.
Al mismo tiempo el ingles le daba también la espalda enfrentando el yermo camino que aguardaba a por el. Poco antes de perderse Michelle en el luminoso interior de la capilla, se le yo susurrar muy levemente
-Michael también te ama, William
A William se le doblaron las rodillas mientras un estrepitoso mareo le derribaba sobre el solado de madera. Su mente se desato atribulada por la culpa y su alma se desgarro nuevamente ahora conciente de su enorme perdida. Se llevo la mano a la boca ahogando el grito de dolor que no había logrado salir de su garganta aquel día abrazado al cuerpo sin vida de su señorito. Las lágrimas brotaron incontenibles convulsionándole violentamente.
Michael se había ido, Había decidido quitarse la vida también a los ojos de Dios. El castigo a su infidelidad era tan justo como exageradamente cruel, ya que jamás volvería escucharle decir “te amo”
Doblado en dos a medio pasillo de la Catedral bajo la luz estival del último día de verano, solo y sintiendo el mordaz dolor corroerle el espíritu, William sollozo lamentando la muerte del único ser a quien él podría decirle ese:
“Te amo”
FIN