Capitulo 18
Con dos meses agotados antes del anuncio de la boda, Charlotte Rivan creía tener apenas tiempo suficiente de saldar todos los detalles necesarios. A pesar de que la celebración reuniría específicamente a la familia y miembros mas destacados del país no podía darse el lujo de cometer equivocaciones propias de un sarao pueblerino. Debía encargarse de elegir el sabor del pastel que se serviría. Hacer los pedidos de champagne y vino con suficiente anticipación para que llegasen desde Paris. Contratar al mejor bufete de chefs y camareros y por supuesto enviar las invitaciones correspondientes a los miembros Broglie, aunque estos ya estuviesen enterados anteladamente y obligados a asistir. Con tanto por hacer todavía; esa mañana decidió saldar por fin el asunto sobre la instalación de los novios en Boston. Dispuso para ello un inusual desayuno familiar.
Eliot estaba pálido y Anice contenía el leve nerviosismo que se había apoderado de sus manos. Charlotte volvió a hablar de forma que su voz cadenciosa y pulcra imprimía un imperceptible tono autoritario a su forma
-Puedes transferir a tus clientes a Boston. El despacho es grande y adecuado par un buen inicio –Sorbió un lento trago de té en tanto la mesa yacía en silencio. Luego continuo –Richard esta preparándolo todo
Solo William parecía mantenerse a la expectativa de la conversación. De soslayo intercalaba su mirada a los miembros de la familia Broglie y no había dejado de reprobar la indolencia de Michael aunada a la relativa satisfacción que Michelle mostraba de tanto en tanto. La inquebrantable fidelidad que le ligaba a su reprimido compañero dio paso a la fugaz decepción por creer que podría hacerle frente a la situación. Un “suficiente” habría bastado para excluir a Charlotte. El mutis le hizo nuevamente conciente que se trataba de Eliot Clandel. Un simple vástago literato liado al despacho mas prominente en los suburbios newyorkinos, el H&C o mejor conocido por los miembros ralos de la sociedad, “el despacho de Hardy”. No, Eliot no podría olvidar nunca que le debía humildad a aquella familia por el solo hecho de haberle permitido cortejar a Anice Majorie Branly Broglie de Rivan. Ello bastaba para aceptar vivir en Boston tras la boda, lejos de cuanto deseaba o amaba. Su indeleble carácter cuyo don a pesar de tener orígenes humildes, le hacían mas adamado que el propio William. Con todo el acuerdo silencioso que Eliot parecía demostrar a coste de tensión y mutismo forzoso, el ingles vislumbro claramente como los sueños y planes de la pareja se iban a pique a cada palabra que la matriarca dictaba sobre su desayuno.
Finalmente la gota que colma el vaso llego
-La Casa Chica en Riverside Press esta siendo preparada para recibiros cuanto antes
Y fue todo. Eliot no pudo evitar mirar a Charlotte descreído. Anice bajo la cabeza estupefacta
La Casa Chica. William había escuchado mucho sobre la Casa Chica en Riverside Press cuando vivió en Nueva Inglaterra durante su corto parvulario y sabia que de Chica no tenia mas que el nombre. El River era una propiedad que reunía todas las mansiones Broglie Rivan en colosales acres de tierra entre ellas la Casa Chica del Duque Longollw Rivan. Tras su muerte había quedado vacía. Pero no era ese el detalle mortificante, sino que a tan solo unos metros se alzaba la fastuosa e impresionante mansión Broglie. La cuna de los patriarcas de la familia. Quizá para algún otro personaje elitista aquella declaración hubiese significado la gloria, el máximo apogeo. No para Eliot y Anice. Cuando sus cuerpos se sacudieron hacia delante en la mesa tentados vanamente a querer revelarse, William dejo que las palabras fluyeran por sus labios
-es … -comenzó afectadamente. Retuvo un suspiro profundo y exhalo vencido –En hora buena
Eliot le miro con los ojos enormes al tiempo que Charlotte y los señoritos le prestaban atención. William siguió
-Lady Rivan ha pensado en vosotros y les ha deparado un acogedor nido en su hogar en Riverside. No todos pueden presumir de tanto aprecio. Os felicito. Sin embargo mentiría si dijera que me siento feliz por vosotros
-Señor Hardy? –Charlotte le estudio pesadamente como el primer día
-oh My Lady, ha de disculpar usted, mi sinceridad. Y tu Eliot mi falta de compañerismo. Quería darte la sorpresa el día de tu compromiso
Eliot levanto una ceja.
-tu crédito ha sido aprobado. Y el Lexinton en Nueva York ha adquirido la propiedad que habéis valorado ante de partir
Eliot no tenia la mas remota idea de lo que el imaginativo ingles pretendía con semejante desfachatez
-iba a ser mi regalo de bodas –agrego este. Noto que su principito le cuestionaba con la mirada. Charlotte permanecía imperturbable como si con solo su presencia pudiese absorber las respuestas que necesitaba. Algo amedrentado William se dio cuenta que sus palabras resultaban obvias. El chascarrillo no había servido para engañar a la Lady como en anteriores oportunidades. Entonces la vio: La oportunidad que necesitaba se burlaba de él, idéntica a su señorito. Esos ojos amarillos refulgían con sorna. **Crees que puedes vencerme** –Pero ahora creo que me sentiré mas solo que nunca en Nueva York –Añadio sorbiendo de su taza con repentina tranquilidad –Si me das tu autorización Eliot, querido amigo, venderé el despacho y regresare a Londres ... Vaya!. Finalmente mis padres conseguirán desposarme con Madame Lourrette
Si no se hubiesen concentrado primero en la sutil contrariedad que atravesó el rostro de Charlotte. Incluso Eliot habría descifrado el pasmo fantasmal que golpeo el cuerpo del gemelo Broglie
-c-con permiso –susurro este enderezándose abruptamente y consiguiendo la atención de Hardy que le vio preocupado con la atención de los demás presentes encima suyo.
Michael se retiro de la mesa blanco como una hoja de papel. Atontado y tembloroso. El resto casi le ignoro. William tuvo la intención de ir tras el, pero entonces la voz de Charlotte con una modulación diferente a la acostumbrada le hizo desistir.
-estaré en el despacho de tu abuelo. Que nadie me moleste el resto del día –Se dirigió específicamente a Michelle, se enderezo y marcho fuera del comedor.
El ingles temió haber llegado demasiado lejos en su empresa por rescatar a sus amigos. **No importa, con lo que le he dicho, sopesara primero a Michelle**. Su primordial objetivo ahora era esclarecerle su actuación a Michael. Se levanto pensando donde podría estar. Antes de llegar a la puerta, Eliot le llamo
-hablaremos después, vale? –Y salio apresurado
***
Mientras los pasos raudos de William Hardy le llevaban por inercia a través de la boscadera hasta la derruida caballeriza escondida, se dio cuenta del error que había cometido. No podía ignorar siempre la sensibilidad que se escondía tras la rebeldía indómita del heredero Broglie. Su inseguridad y la falta de confianza que atribulaba esa inicua relación. Se maldijo por dejar que los sentimientos pulularan antes que su razón respecto a sus amigos y aun respecto a Michael, a quien le era total y absolutamente devoto. Basto con que internara la cabeza entre los alerones de madera sueltos para darse cuenta que no se había equivocado el lugar …
Michael le esperaba yerto envuelto en la penumbrosa oscuridad del pequeño espacio. De nuevo le dio la impresión de estar viendo un espectro maligno, una sombra dispuesta a castigarle. Entro al fin, sintiendo que un nudo apretó crecía en su estomago restándole ganas a sus piernas. Pero cuando vio el rostro del señorito, el nudo se volvió debilidad y ternura
-di que es mentira lo que oído antes –Le exigió él con voz autoritaria a pesar de su expresión acongojada y doliente –No puedes … –Era una suplica, una exigencia amarga
El ingles se lanzo a abrazarle, tan fuerte y tan conmovido que temió por un instante herirle el orgullo –oh, Michael! … ¡Claro que es mentira!. Es mentira. Todo ha sido un ardid mío para hacer a tu abuela recapacitar en su empeño de llevarse a Eliot a Boston.
-… utilizaste a Michelle –replico en el mismo tono deshaciendo un tanto el abrazo
-Lo siento tanto, soy un estupido egoísta. No pensé en las consecuencias
-William –Sus orbes amarillas titilantes como faros de neblinosa luz se clavaron agudos en los añiles del ingles –Te amo ... No quiero que vuelvas a mencionarle el asunto a mi abuela. A nadie. Ni siquiera a Eliot
Pasaron varios segundos antes de darse cuenta William, de que aquellas palabras eran mas bien una orden desesperada. Tal vez uno más de los recursos Broglie de conservar su autoría sobre sus posesiones
**Bendita autoría!** –No lo haré. Te lo juro
Luego le beso. Fue un beso calido, lleno de significado. Pero le atenazo el presente deseo que siempre flotaba a su alrededor. Fue Michael mas que su compañero quien lo sintió pugnando por aflorar esa media mañana. Sus brazos rodearon el cuello del ingles en un sendo intento de profundizar el toque húmedo y sentir la lengua viva paladear el velo de su garganta. Gimió algo apagado. Su cuerpo busco el de William y lo sintió despertar a media cadera tras la sedosa tela de sus pantalones. Quiso pertenecerle al instante. Hacerle ver cuan dueños eran el uno del otro. Prohibirle con sus caricias otras ajenas, venideras o pasadas. Deslizo una mano por su rostro, cuello y torso dedicándole suaves caricias, llenándose las yemas de los dedos con su tersura, luego esa misma se encajo tierna y segura entre sus cuerpos hasta alcanzar la dura forma de los genitales. William rompió el beso para soltar un gutural gemido al que le siguió todo un coro elocuente. Aquella pequeña mano había adoptado la misma lascivia, la misma autoridad de su dueño, los movimientos eran poco gentiles, sin embargo el placer era mayúsculo, la sentía inquietarse masajeando en un ritmo lentamente tortuoso, con firmeza, con cariño, endureciéndole a un punto máximo, mientras la testa rizada del señorito se escondía incongruentemente tímida en su pecho. William sintió sus rodillas doblarse flojas. No quiso pensar mas … Le aparto mirándole a los ojos con lujuria incontenida y desprendió la levita de un solo arranque, hizo lo mismo con sus prendas dándole tiempo al pequeño a desvestirse también
El lecho de sabanas blancas tan amorosamente apostado a sus pies como un nido de plumas, les recibió enredados carcomiéndose la piel. Los labios de William bajaron por la blanca mejilla mojándola y mordiendo la sedosa cremura del delgado cuello que se le daba al alcance mientras el gemelo le enredaba las piernas a la cadera empinándose en el aire para estimularse en deliciosa fricción con su homologo. Se estremeció por entero cuando sintió el hambre de aquella boca encerrar un pezón devorándole con febril impaciencia. Sus uñas se clavaron en la angulosa espalda del ingles en tanto sus jadeos se volvieron gemidos y sonoros quejidos después cuando una de las hábiles manos le rodeo apremiante separando sus caderas e iniciando un estrepitoso bombeo.
Michael se dejo caer boca arriba en el lecho retorciéndose y resollando entre quejidos libremente. Su boca se abría y se cerraba tratando de aportar aire al escaso viciado en sus pulmones. Sus músculos danzaban saltando tensos como si la fusta del placer a cada latigazo culebreara directamente entre sus tejidos mientras William ajusticiaba aquella delicada pieza deliberadamente acelerado, dejo de atenazar el enrojecido botón sonriéndose arrobado con la macilenta belleza de su pequeño sapo.
-¡Willi … -Bramo el señorito a media voz notando que de un momento a otro la blancura le golpearía irremisiblemente –Por favor!
Sus suplicas dieron momentáneo resultado porque de un solo ataque, el ingles embico un par de dedos mojados por la incipiente humedad seminal en la sonrosada abertura que aguardaba a por él. El anillo visceral se estrecho súbitamente y fueron sus besos una vez más los que lograron relajar a su señorito, aventuro un tercer dedo. Sin encontrar resistencia ya, con los suspiros afiebrados volando sobre sus cabezas, dirigió su hueste empalmada al paraje preparado. Michael se tenso otra vez al sentirle entrar y él se quedo muy quieto apoyando la frente en el delgado pecho, las hebras negras de sus cabellos le cubrieron como un manto. No tardo en sentir que la rigidez del cuerpo bajo suyo se deshacía ligeramente dando permiso al avance. Cuando estuvo plenamente dentro del gemelo y le escucho proferir un irremediable quejido herido, William volvió a detenerse. Solía hacerlo varias veces en una lenta consonancia hasta que era el propio Michael quien incitaba el movimiento. Las idas y venidas empezaban siempre lentas, casi graciosas y torpes. Después el fragor tomaba la rapidez adecuada …
-te amo –Le hizo saber William meciéndose en un ritmo constante dentro y fuera del estrecho conducto. Bañados ambos en sudor
No obtuvo respuesta, mas concentrado el gemelo en su placer que en escuchar fuera de sus sentidos
Los embiques aumentaron sucediéndose uno más fuerte, más acelerado, más gustoso que el anterior. Finalmente el orgasmo les alcanzo al unísono. Michael se arqueo en una curva imposible reteniendo el aire y vaciándose entre ambos vientres y William dejo escapar un gorjeo tensándose sumamente rígido para terminar derrumbado al poco sobre el convulso vientre del pequeño
Minutos después sus respiraciones volvieron a la normalidad. Fue entonces que William se sintió instigado a alzar la cabeza. Descubrió que Michael aun le contemplaba con la misma faz que cuando entrara al cobertizo. La mezcla de emociones y sensaciones que le producía aquel gesto contrito mezclado con una clara amenaza, le estrujo el corazón en un sentimiento incomprensible, del cual solo pudo reconocer, la enorme responsabilidad que estaba a punto de cargar a cuestas. Los labios del gemelo se abrieron y su voz salio hosca, suplicante a la vez
-quiero que me confirmes y jures aquí mismo, sobre mi cuerpo … que me perteneces ... Nunca jamás te entregaras a otro ser que no sea yo. A nadie le profesaras el amor que me has profesado a mi …
El temor alcanzo a William como una flecha invisible subyugando su voluntad. No había nada en el mundo que no deseara mas que pertenecerle completamente al jovencito de arrogante carácter. Abolir su razón a sus pies, abanderar el futuro a sus deseos. Era su esclavo, no cabía duda, pues a nadie se había logrado entregar con la humildad con la que lo hacia a él. Y sabía que Michael jamás había intentado siquiera entregarse a nadie, con humildad o sin ella. Y a pesar de estar seguro de ello, se sintió arredrado por la firmeza con la que Michael pretendía atarle para siempre a él.
-… yo …
-no olvides William, que me sacaste de mi cómodo mundo de monstruos en la ciénaga, y que luchaste conmigo con espadas y capa para convertirme en príncipe –No era un bello cuento. Era un reproche
-te arrepientes? –Se animo a preguntar el ingles
-jamás –respondió Michael rápidamente –Pero moriría convertido en la sombra de ese monstruo, envenenado contra el mundo, si acaso pretendes abandonarme. Te amo como nunca he amado en mi vida. Pero mi amor, el mío, que es pecado celestial por ser el de un monstruo transformado, es el mas cruel y egoísta con el que podías haberte liado, has de saberlo muy bien. Nunca soportaría perderte
-y no lo harás. Ni yo te perderé a ti. Porque me corroe ese mismo amor
-entonces hagamos un juramento hoy –Se esbozo en su enrojecido y bello rostro el pálido dibujo de una media sonrisa –Juremos que viviremos el uno para el otro. A pesar de la moral, de los sacramentos, del tiempo. A nadie nos entregaremos. A nadie mas le profesaremos nuestro amor
-te lo juro por mi vida
Un beso sirvió para sellar el pacto sagrado. Si, cuanto se pertenecían el uno al otro. No, obstante, tal pertenencia no podía haberles resguardado de los ojos inquisitivos que acaban de ser testigos de tan prodigiosa entrega pasional.
Ocultos de la oscuridad tras los resquicios y el polvo un par de pupilas estaban dilatadas, titilando anhelantes y codiciosas. El alma suspendida en la tersura de los labios temblorosos aplacaba al horror primario suscitando libidos espasmos. El ambiente caldeado dentro de aquella cajita de madera se apaciguo transformándose en un silente letargo bañado de sueño, solo entonces la esbelta figura que permanecía en pie fuera de ella, recupero el dominio de su ser y opto por marcharse devolviendo sus pasos a través del bosque …
***
Antes de que Anice atravesara la puerta trasera de la estancia, se dio de frente con la escueta presencia de su abuela cargada de su canastito de tomates ribeteado con festones rosados. Un instante el susto la boqueo
-a-abuela –balbuceo esgrimiendo una sonrisa falsa. Tenia las mejillas sonrosadas y las manos nerviosas enrollando el perpetuo rizo almendrado de su cabellera. Respiraba agitada
-Anice. De donde vienes? –Charlotte la recorrió de pies a cabeza
-yo, estaba … del jardín –dijo por ultimo
La matriarca abrió la boca dispuesta a manifestar sus dudas o a ametrallar una sarta de preguntas sobre su nieta sospechosamente alborotada, mas antes de cualquier palabra, su segunda nieta se apareció en el paraje de piedras del jardín, en iguales circunstancias que la primera. Sus mejillas manchadas de intenso rubor y cierto halo distraído tesando su andar
-Michelle. De donde vienes tu en ese estado? –Le pregunto cuando la gemela hubo llegado hasta ellas
-del jardín –fue lo primero que dijo
Los agudos ojos de Charlotte analizaron alternativamente a una y a otra
-estabais juntas?
A Michelle le basto una sola mirada analítica a su prima que contrario a ella la rehuía insistentemente y traía pegado el innegable bochorno a su fachada. Tras un segundo hablo sin sorprender del todo a Anice
-si ... Queríamos, mas bien ella quería, recortar margaritas para su habitación. Pero el calor es insoportable abuela y sofocante. Te recomiendo suspender tu día de tomates en el invernadero solo por hoy –Añadió fingiendo interés en la adorable cesta de vegetales
-es cierto? –La mayoría de las veces Charlotte era propensa a caer en los artificios de su nieta favorita, ya sea voluntaria o involuntariamente sacando de quicio a Anice todas aquellas. Mas hoy agradeció internamente esa propensión, de otra forma hubiese sido su fin. Siguiendo la muda confabulación que de momento había pactado con Michelle apoyo ávidamente la sugerencia
-si, si, abuela. No querrás sufrir una insolación en el invernadero. Porque no regresas adentro y le dedicas tiempo a tu bordado?
-de hecho quería hablar contigo –se apresuro a interrumpir Michelle de mala gana
Bueno, con la gemela todo resultaba incierto
-hablar ahora querida?. Sobre que?
-abuela, me gustaría comentarte algunas cosas en privado –Dejo claro bizqueando de soslayo a su prima quien entendió a la perfección no pudiendo evitar el creciente resentimiento contra la gemela
-voy a por un vaso de agua –dijo mosqueada suspendiendo su sayo y se perdió en el interior de la casa
-de que se trata querida? –La apremio Charlotte viéndose a solas
Michelle pareció entristecerse de pronto para luego levantar la vista con un brillo símil a la esperanza rondando sus gestos
-abuela, desconozco si eres conciente o no has notado la lejanía de Michael hacia a mi. Ahora pasa mas tiempo con Mister Hardy que conmigo
-Michelle querida –modulo su tono imprimiéndole un suave deje condescendiente –Tu hermano es un caballero. Es normal que haya encontrado amistad en Mister Hardy. Un caballero tan de buen ver. Llevan la misma alcurnia. Además, no olvides lo que hablamos antes. Es conveniente para ti que Michael siembre lazos amistosos con los Hardy empezando con William. El Conde estará encantado cuando te conozca en persona
-yo lo se abuela, y esa es mi mayor esperanza. Por otra parte también te habrás percatado de la relación de Mister Hardy con Anice y Eliot
-…si
-bien. No me gustaría contradecirte, ni formar discordia. Pero debido a esto, tengo la firme seguridad de que estarían mas cómodos en Nueva York
Una vez mas Charlotte escudriño lo mas que pudo, los gestos de su nieta.
Michelle se adelantando rápidamente intuyéndola
-Lo que ha pasado durante el desayuno me ha dado mucho en que pensar
-… a mi también, cariño. Pero no estoy dispuesta a permitirle un chantaje tan velado
-no abuela, no. Creo saber porque lo hizo
La mujer le devolvió una inquisitiva mirada
-no hace mucho, por casualidad, les escuche hablar a los dos –Continuo Michelle –Eliot le ha sonsacado a Mister Hardy una buena suma de dinero_
La mano de Charlotte a pesar de lo morisca que se presentaba en la manga de su vestido gris, se alzo poderosa y rápida acallando a su nieta
-acompáñame al despacho de tu abuelo –Dio vuelta y se interno en la casa con la gemela siguiendo su resuelta caminata
***
Habían transcurrido otro par de horas mas cuando William subió los escalones de la segunda planta directo a su habitación. El cansancio había menguado gran parte de su inicial alboroto durante la mañana. Se sentía relajado y una gran paz le envolvía como un suave vaho laxando sus miembros a la par de la incipiente hambre que comenzaba a revolverle el estomago debido al ejercicio. Con todo se permitió recargarse contemplativamente en el marco de la ventana. Su sonrisa se extendió hermosa admirando las sombras profundas en las aguas de la laguna y un poco mas halla, oculto en la boscadera, adivino el refugio que les había acogido, a él y a Michael esas horas. Sus dedos ascendieron por la línea de su cuello deteniéndose en un consentido auto masaje. Recordó que el señorito le había besado ahí ...
**Te amo … **
De golpe, los toques en la puerta le halaron al presente. Se atuso arrebatado tratando de espantar el letargo de su pinta descuidada. Se apretujo el corbatín en el gorjal en tanto el llamado volvía a insistir. Y se apresuro a abrir la puerta
De todos los habitantes de la ilustre mansión Broglie a posibles visitantes inesperados, a quien menos se hubiese imaginado William tocando su puerta era a Michelle Broglie Rivan. No después del pequeñísimo altercado la noche anterior. Como sucediera antes con Michael, el ingles espero el primer obús proveniente de esa hermosa boca
-señorita Broglie. Usted tocando mi puerta?
-apacígüese señor Hardy. He venido en paz –Tenia la gemela una tierna expresión contrita que le hizo pensar en su hermano instantáneamente –Puedo pasar?
William no pudo negarse. Cerro las puertas viéndola sentarse ilustremente en la poltrona junto a la ventana. Él permaneció de pie en medio de la habitación
-vengo a hacer las pases con usted, señor Hardy. Debo disculpar mi comportamiento
**Las pases?** , se pregunto –no me haga sentir tan desgraciado obligándola a disculparse, Miss. Broglie. No debe usted
-oh si, si debo. Le he estado importunando, aun sabiendo cuanto aprecia a mi prima y a Eliot
-es cierto, me son muy queridos. Eliot y yo estudiamos juntos la carrera, esos años cultivaron una amistad especial entre nosotros y como consecuencia he llegado a estimar igualmente a Anice. Pero no es a mi a quien debe ofrecerle excusas, señorita Broglie
-Michelle
-uh? –
Ella le observaba fijamente con aquellos ojos idénticos a los de Michael. Dos dagas punzantes, amarillentas, exigentes
-me agradaría que me llamase por mi nombre … como a Michael
-… es … un tanto mas difícil hacerlo … –Había algo que no terminaba de entender de aquella visita, así que la cáustica presencia de la gemela y su propio sentido común, le obligaron a mantenerse indolente
Ella bajo la cabeza
-le decía que no es a mi a quien le debe disculpas, si no a Anice
-se las daré, se lo prometo
Otra vez William dudo. ¿A que venia tan impropia familiaridad después de todas las tretas que la gemela había desplegado ante ellos? –No es propio prometerme nada –Rebatió incomodo
-es que si quiero prometérselo a usted –replico ella impetuosamente
Hubo un molesto minuto de silencio antes de que Michelle dejara la poltrona y volviera a hablar, esta vez modulando las palabras hasta alcanzar un tono seductor que William no paso por alto
-Mister Hardy … –con la cabeza gacha siguió un tímido paseo jugando con los dedos –Ya sabrá cuales son las intenciones de mi abuela para con usted
Una frase directa, sin reservas
-las sospecho
-… quiero que sepa … que también es mi deseo
William se quedo estático. Incapaz de procesar bien esa información o acaso entenderla. De repente Michelle se volvió y sus ojos amarillos se centraron fijos en él. Aunque suspendido en la confusión, la presintió acercase hablando sugerentemente
-se que no es propio de una dama exponer sus sentimientos de esta manera –Su cuerpo femino, delgado y ornado con sugestivas formas calidas se plegaron acoplándose inadvertidamente a William
Una onda vibrátil se extendió por la ya hiperestesiada piel del ingles mientras estupefacto se obligaba a reaccionar. Esa misma mañana había sentido estremecimientos parecidos, pero en brazos de otra persona. Aun su libido estaba sensible, ¿Acaso su amor seria capaz tomar la orden equivocada ante tan llamativo aliciente?. Su ingle amartelada de aquella clase de atenciones tiempo ausentes por parte de una dama. Percibió la pequeña mano reptar hacia abajo en busca de algo mas especifico y despertó
-basta –ordeno apresando la muñeca de Michelle e impidiéndole avanzar
-puede un hombre resistirse al amor de una mujer?
-… no sabe lo que dice señorita Broglie. No es amor ni mucho menos lo que siente por mi. Le ruego que se recomponga ahora
-… si lo se –Jadeo ella forzando el agarre e intentando reanudar la caricia obscena –Tal vez antes no lo sabia, sin embargo … sin embargo estoy segura. Es el amor el que me aqueja señor Hardy –se escucho a si misma anhelante y enarbolada por un sentimiento ajeno a lo conocido hasta ahora. Lo deseaba, Dios cuanto lo deseaba. Tanto que su raciocinio se vio opacado por el velo diáfano de ese idilio que había nacido en su pecho y que batallaba con sus vísceras provocándole dolor. Quería hacerlo desaparecer, quería convertirlo en paz y sabia que únicamente Hardy era capaz de ayudarla, porque era por él por quien su pecho ardía durante las noches lleno de rabia, de ganas de vengarse; era por él por quien sus dientes mascullaban contra la almohada … Los últimos días habían sido una agonía, desazón tras desazón y sorpresa tras sorpresa. Su corazón latía rabioso, su piel susurraba amortajada en el corset clamado un roce, un beso … –el amor me ciega ... –murmuro buscando los labios del ingles
-basta. Por favor
-Es que acaso ha hablado usted con la verdad y no me encuentra bonita?
-deténgase!
Fue suficiente, Michelle trasbillo un paso hacia atrás, espantada. Como si su espíritu antes abandonado a la locura hubiese regresado recién a sus cabales. Tardo otro tanto en recomponerse y recuperar su desidiosa aura junto con su conspicua gracilidad. Pero no le permitiría al furibundo personaje que la había repelido, vencerla
-Conozco su historial –Hablo de manera displicente – Se que decenas de damiselas han sucumbido y usted a sucumbido a ellas. Porque no ante mi?. Yo soy superior a todas ellas. Puedo ser superior a su mejor amante
Primero incrédulo, William le dedico un gesto altivo, de los muchos que encontraba para despreciar a los de su circulo –Si es verdad que conoce mi historial señorita Broglie –dijo inconmovible –Sabrá que mis gustos se inclinan por la belleza.
Los ojos de Michelle se estrecharon hasta convertirse en dos líneas cortantes. El deseo de devolverle a Hardy palabra por palabra trepo por su estomago hirviéndole la sangre. Pestaño apenas. Debía tener paciencia, debía considerar las similitudes –Solo una vil fachada es aquella belleza oportunista que usted dice amar –dijo y se encamino hacia las puertas. No atravesó el lindel sin antes disparar una ultima vez –Los muros de esta casa pueden ser muy delgados Mister Hardy. Yo que usted no me fiaría de ellos –Cerro las puertas dejando a William con el mal sabor de boca y sin poder comprender aquella amenaza
***
Charlotte soltó su largo chape de los tocados y dejo que su cabellera rodara suelta como una altísima cascada plateada sobre su ceñida cintura. Sus pensamientos volaron a encontrar una solución al problema que le había planteado su nieta esa tarde. Por alguna extraña razón se sentía cansada. Deseo que su marido llegase pronto a su lado y le aconsejara de la manera mas conveniente como solía hacerlo. Por supuesto el ambiente que había reinado en la casa ese día la había agotado aun mas.
Michelle estaba encerrada en su alcoba desde tempranas horas, sin querer recibir a nadie, exenta de la merienda y de la cena. Sospechaba que aquel enclaustramiento se debía a la misma enfermedad que aquejara anteladamente a Michael. ¿A que se debía?. Tampoco podía pasar por alto el verdadero desinterés de su nieto en su hermana desde que esta llegara de Paris. O el sospechoso comportamiento de Anice los últimos días. Pero por sobre todo primaba el problema de Clandel y Hardy, ¿Qué debía hacer? …
Suspiro disminuyendo la intensidad la bujía de luz emplazada en la mesita de noche. La enorme habitación vacía se ensombreció y los muebles y paredes adquirieron el tono amarillo del mortecino fulgor. Decidió relajarse a sabiendas de que una mala noche, la mantendría de mal humor el siguiente día. Desabotono las mangas del sayo y estaba a punto de continuar con la gorguerita en su cuello cuando un espantoso grito retumbo en el pasillo atravesando los muros de su alcoba. Le costo nada determinar de quien y de donde provenía el grito. Precipitada se lanzo al pasillo donde vio como los demás iban saliendo igualmente espantados a medio vestir de sus habitaciones.
Eliot ya se había arrojado al dormitorio de su prometida y permanecía yerto en el lindel con la puerta abierta y los ojos enormes … Cuando Charlotte Rivan, sus nietos y William se aproximaron al umbral, apenas pudieron retener una exclamación …
Anice estaba doblada sobre si misma en un rincón, desmadejada en llanto, mitad berridos mitad ahogo, se convulsionaba y rasgaba la pared con las uñas. La media luz de la bujía mantenía el lugar en penumbras. Pero la semioscuridad no era suficiente para ocultar el maniquí plantado al otro lado de la habitación, sobre el cual se vestían tan solo colgajos harapientos rasgados y derruidos de la seda champagne tejida con perlas.
Nada de vestido de compromiso tenia ahora aquel desastre …
Continuara …