Capitulo 16
-les agradecería que me dejasen solo … un momento. He de tomar un baño y vestirme
Anice con los ojos aguados, se lanzo a los brazos de su prometido. Abrió la boca para decirle algo. Pero envés el estrepitoso revuelo de unas voces llego a través de la ventana y resonó en toda la alcoba
-que es eso?
Lo que vieron a través del cristal era el horror mismo.
William bajo los escalones y salio de la casa hacia las caballerizas a todo lo que su prisa le exigía. Tenia la esperanza de que cuando llegase al lugar, lo que había visto por la ventana no fuese mas que una ilusión. Una cruel e irreal ilusión. Sin embargo los gritos podían alcanzarse a escuchar aun dentro el salón e intuía el clamor del aire cortado abriéndose al paso del dolor contenido
**Porque Michael**, quiso saber cuando estuvo frente a la cruenta escena. Se detuvo en seco a unos pocos metros aun incapaz de creer lo que estaba viendo
Ahí en medio de una comitiva de hombres se erguía una viga alta incrustada con varias cadenas a cuyas anillas habían sido atadas las manos negras de Sibao. Colgaba enorme tal cual era, arrodillado sobre la tierra, como un muñeco de carbón; su torso desnudo y el pantalón de tabardo manchados de tierra; los pies descalzos tensos igual que el cuerpo entero; el sudor le recorría como una brillante capa de barniz sobre ébano. Y tras él, se alzaba su verdugo infamemente erguido
Era él. Su príncipe se había convertido en sapo de nuevo y el monstruo de aquel cuento en Cthulhu emergía de sus entrañas con tal maldad que era mortal para los ojos verle.
La cara de Michael se había desencajado en una feroz mueca de rabia. Sus ojos refulgían como lenguas infernales mientras con una fuerza desconocida impropia a su frágil figura, descargaba las borlas de la fusta una y otra vez, contra la espalda ensangrentada del enorme mulato. Apretaba los dientes y le gritaba rabioso levantando el látigo sobre su cabeza para luego volver a estrellarlo en la piel negra.
-¡PERRO MISERABLE. MALDITO NEGRO!. ¡YO TE ENSEÑARE A RESPETAR LO AJENO!. ¡SUCIO, ASQUEROSO!! … ¡NO VOLVERAS A TOCAR LO QUE ES MIO!
-Dios Santo. Va ha matarle!
La voz de Anice le llego clara a William a pesar de la confusión que le tenía paralizado. Reacciono y se lanzo hacia ellos
-¡¡ya basta!. ¡déjale!¡ –grito conteniendo al señorito en un fuerte agarre. No, ese no era su señorito. Vociferaba y tenia una fuerza agresiva que pugnaba por seguir lacerando a su victima
-¡¡SUELTAME!. ¡TU MENTIROSO, TRAIDOR!.
Chillo cuando sintió que Hardy luchaba por aferrarle
-¡DETENTE MICHAEL!
Todavía en un intento de continuar flagelándole, Michael descargo el ultimo golpe en Sibao.
Finalmente William logro ceñir su brazos e impedirle mas movimientos que las pataletas al aire mientras le arrastraba con dificultad dentro la casa.
-¡¡Anice, ordena que le suelten por favor!!. ¡Llévatelo al Resguardo y que alguien vaya a curar sus heridas!
Aunque Anice asintió turbada por la petición del ingles, de inmediato noto que su primo reaccionaba diferente al escucharle. Sus gestos se distorsionaron aun mas si cabía, sus ojos estaban a punto de saltar amarillos y amenazantes de sus cuencas. Ahora los insultos se dirigieron a William.
-¡INMUNDO AMANTE DE NEGROS!. ¡SUELTAME!. ¡ME DAS ASCO!.
Michael estaba fuera de si. Por primera vez desde que era niña, Anice sopeso el miedo tremendo que le tenia a su primo. También se percato de otra cosa. William reaccionaba inmune a los insultos. Su rostro no denotaba miedo o sorpresa, sino una entereza arrebatadora. Era como si luchase sin armadura contra un horrible monstruo hambriento
Mas allá, detrás de Anice, otra presencia llamo la atención de William
Michelle observaba desde el portal del zaguán, como mera espectadora. Silenciosa e indiferente. Su expresión era seria, no parecía mostrar emoción alguna. Con todo, cuando paso por su lado batallando con la ira y los gritos del gemelo y sus miradas se cruzaron apenas un par de segundos, tuvo la fuerte sensación de que ella disfrutaba el espectáculo
**No, no. Es imposible …**
Con costosos esfuerzos logro llegar a la habitación de Michael y abrir las puertas para empujarse dentro los dos. decidió soltarle allí.
-¡¡como te atreves a tratarme de esa manera!! –chillo el señorito al verse libre y encarándole furioso
-¡que querías?!. ¡Que te dejara seguir maltratando a ese pobre hombre?! –Respondió William cerrando tras si, las puertas con el pestillo
-¡VETE!. ¡Me repugna tu presencia!!
-¡Es mas repugnante tu comportamiento!. ¡¡Porque lo hiciste?!. ¡¡Que daño pudo haberte causado él para que le castigases de esa horrible manera?!
-¡¡Que cínico eres!. ¡Yo te lo dire … ¡Se atrevió a tocar lo que es mio. Eso hizo!!
-lo que es tuyo? … –Willam no lo podía creer –Entiendo ... En ese caso, soy yo él que debería recibir los azotes –Dijo aproximándose al señoriíto de repente envuelto en una infinita tristeza –Fui yo quien le ordeno montar a Voraz. Yo le ofrecí tu caballo. Yo soy el que merece ser castigado. No te parece? … Vamos
Michael le miro con ojos grandes y sorprendidos primero. Se atrevia a confesarselo a sangre fria?. Su traición no conocía la vergüenza.
-venga. Te acabo de decir que he sido yo quien le ha prestado tu caballo a Sibao. Vas castigarme como a él? –Dudaba en serio que el señorito se atreviera a tanto. Pronto se dio cuenta que provocarle no era un juego. Ante su estupor apenas tuvo tiempo de escucharle mascullar
-eres tan asqueroso y miserable como él –la mano de Michael se alzo con la fusta fuertemente apretada y en un solo tajo volteo el rostro que se encaraba desafiante ante el
William noto que la piel de su mejilla se había partido y que la sangre bajaba abundante y caliente. Se mordió el labio inferior y contuvo un grito de dolor. Jamás en su vida había probado el hiriente castigo de una fusta. Ni siquiera el de una disciplina en las manos. Poco a poco volvió la cara y enfoco la vista en el niño
Esos orbes ambarinos brillaban vidriosos y su cuerpo furibundo temblaba. Una lagrima densa se desvaneció por la blanquecina mejilla
-vete. Ve a compartir tu dolor con tu amante –araño doliente y fue entonces que William pudo captar la verdadera tragedia.
Con la ira creciendo en su interior y el ardor insoportable acuchillando su rostro, se abalanzo sobre él y le zarandeo rudamente por los hombros gritándole
-amante?. Amante has dicho?. ¡¡Que amante Michael?!. ¡¡A que amante te refieres?!!. ¡¡Venga dímelo!!. ¡¡Amante!!. ¡¡Tu, TU. Tu eres mi único amante!!. ¡Entérate de una puta vez!!
Él se soltó de un tirón subitamente desconcertado y temeroso –¡¡Calla!!. ¡Acabo de verles y ahora me mientes!
-¡Mi Dios!. ¡Me quieres decir que es lo acabas de ver?!
Pero los dientes de Michael castañearon por la ira y nada salio de su boca
-¡Eres un estupido!. ¡De que forma has de entender. Sibao es un esclavo. Mi cercania a él no implica nada mas. No puedes prohibírmelo entiendes. No puedes impedir que me acerque a él_
-ES QUE NO LE QUIERO CERCA DE TI
Se quedo sin palabras. Vio como finalmente su señorito rompía a llorar desvaneciéndose sobre el solado, apretándose la cabeza y chillando
-¡¡no quiero que te dirija la palabra. No quiero que Eliot respire de tu aire. Y no quiero que Michelle te mire siquiera!!
-Michelle?. Que tiene que ver ella en todo esto?!
-¡¡todo!!. ¡Todos tienen mucho que ver!
Venciendo su propio orgullo e incapaz de resistirse a aquel llanto, William se acerco al bulto tremuloso en medio de la habitación. Se arrodillo y le abrazo buscando apaciguarle de alguna manera. Michael se dejo hacer, su llanto le agitaba violentamente. Las pequeñas manos se aferraron a su pecho con desesperación incontenible y luego le escucho susurrar en una voz quebrada que lastimaba
-… te perderé … Y no puedo hacer nada para evitarlo …
-pero que estas diciendo. Estoy aquí
-Es mentira. Lo correcto te aleja de mi …
-Michael, no se de que estas hablando
-… la abuela … Ha decido casarte con Michelle
-que? –William tuvo que hacer un gran esfuerzo por procesar tal información –Pero …
-me lo ha dicho ella hoy mismo. Yo no quiero, no quiero!!
-espera un momento! –Le alejo un poco para mirarle directamente –Lo das por echo sin consultarme nada. Sin preguntarme que pienso
-¡no lo entiendes?!. Es el deseo de mi abuela casar a su nieta favorita contigo. No hay nada que vaya contra los deseos de Charlotte Rivan
-¡si!. Si lo hay. Yo te amo a ti Michael. No hay nada que vaya contra eso. Ni siquiera tu abuela
-… William … -el gemelo levanto la cabeza, le miro primero con esperanza. Luego el terror le sobresalto –¡Dios mio, tu cara!.
-shh. No te preocupes por eso ahora
-¡pero como que no!. ¡Estas sangrando. ¡Te he hecho un daño terrible!. ¡Oh Dios. Perdóname por favor. Perdóname!. ¡Soy un monstruo!! –Y lo era. Hardy tenia el rostro bañado en sangre y la herida que la fusta había impreso en el, se intuía como un largo quiebre escarlata en una superficie marmórea. Las lagrimas volvieron brotarle en tanto se sentía abrazado con mayor fuerza
-no es grave. De veras. Escucha: Ahora voy a bajar con Violette. Ella sabrá que hacer
-nada de eso. Es mejor que te vea un medico. Mandare a por él de inmediato!
El ingles no replico. El ardor comenzaba hacer mella en su templanza y presentía que sin una adecuada atención profesional, aquel corte le haría sana competencia a Cara cortada Jackson en Nueva Yorck. Se esforzó por esbozar una sonrisa en su adolorida facies limitándose a asentir
-entonces. He de esperar en mi habitación mientras Violette limpia la herida
Antes de irse, vio que Michael permanecía sentado en la alfombra tratando de calmar su llanto
-te amo –le dijo con voz tranquila. Abrió la puerta sin querer revisar si había alguien fuera y luego volvió a cerrar
A Michael le dolía el pecho y sus lagrimas no querían cesar. Ya había temido antes que una situación parecida pudiera desestabilizar la frágil fachada del idílico amor que compartía con el ingles. Cuanta razón había tenido cuando en un principio intento en vano rechazarle. Hoy sus miedos eran como voces acusadoras que doblegan su ser. No obstante era demasiado tarde para escucharlas o hacer caso de ellas. Su amor por Hardy trascendía ahora, la razón y la moral. Era suyo, por muy espantoso que sonara, y no se permitiría perderle aun a costa de si mismo
-haré lo que sea … lo que sea –Le aseguro al vació
***
Anice dejo escapar un suspiro y se ciño un poco mas al brazo de Eliot. En ese momento de paz que muy escasas veces les permitía disfrutar las maravillas de la hacienda, se permitió admirar los injertos de los diminutos pimpollos de orquídeas que su abuela había plantado en el invernadero ese día. Sonrosados y tiernos como diminutas hadas atrapadas en intrincadas enredaderas. Otro suspiro capto la atención de su prometido que pauso su caminata para observarla
-cansada?
Como no estarlo? –si. Gracias por acompañarme al Resguardo. El opio que nos ha dado el boticario le vendrá muy bien a Sibao para pasar la noche
Eliot alzo la vista a lo alto, al techo del invernadero. A través del cristal empañado y enrarecida por un ambiente humidificado, la luz de la luna llena se había anticipado a las estrellas. El horizonte rojizo dejaba entrever a lo lejos la estela vespertina de la noche. Pronto la oscuridad cerraría la hacienda completamente
-creo que se lo debíamos a William –hablo mas para si mismo con cierto aire cavilativo
-si. Pobre hombre. Fue horrible Eliot. Michael estaba como … poseído. Sabiendo de lo que es capaz, nunca imagine que se atreviese a tanto por un simple egoísmo
-y aquí es donde la culpa de William resulta ineludible. Mira que prestarle a un esclavo precisamente uno de los purasangre de Michael
- … Pero su rostro … –Pensativa recordó la visita del galeno un par de horas después de lo sucedido.
Violette se había ocupado de atenderle y conducirle hasta la habitación que el ingles ocupaba. A la hora del te, el inusual taciturno huésped apareció con la mejilla remachada por un esparadrapo y un comportamiento mas propio de los sonámbulos que la de un despierto parlanchín. Se advirtió de inmediato que estaba semidrogado por cierta cantidad de opio. Charlotte pareció derrumbarse cuando le vio. Les lleno de preguntas a las que por toda respuesta, el interpelado relato un fantástico accidente a caballo que dejo a la mujer sumida en el oneirismo de su imaginación y en una incomprensible tristeza. Por x o z motivos Michelle no le desmintió y Michael. Él ni siquiera había bajado a tomar el te. Anice sospechaba que tampoco contarían con su pavorosa presencia a la hora de la cena, dispuesta dentro los siguientes minutos
-el doctor ha dicho que la cicatriz será mínima. Quizá con maquillaje logre desaparecerla del todo
-es penoso. Menos mal que la abuela estaba aquí encerrada y no escucho todo el escándalo que Michael armo
-tu abuela vive en un mundo aparte a veces. Le gusta ignorar lo que sucede a su alrededor. En especial si se trata de Michelle y Michael … y ahora si es sobre William
-… a que te refieres?
-no has notado como un cambio brusco en él desde nuestra llegada a la hacienda?. Sus oscilantes estados anímicos, las largas horas de desaparición. Ese misterioso aire con el que se ha envuelto. Y esa manía con tu primo que termina siempre haciéndole berrinchar
-…
Anice prefirió no responder. A veces la ceguera era mejor consejera que la indagación. Con todo algo muy dentro suyo se disparo tan pronto como Eliot termino de hacer tal afirmación. **No, no puede ser**. Sacudió la cabeza con energía deshaciéndose de las abruptas ideas
-que pasa?
-volvamos Eliot. Violette ya debe estar a punto de servir la cena
-vale. Crees que William baje a cenar ahora?. Le he visto muy cansado esta tarde
-dejémosle descansar entonces. Seguro que la abuela no pondrá remilgos porque se ausente esta noche
-tienes razón. A por cierto –añadió aferrando repentinamente uno de los brazos de su prometida. Sin decir nada, ni emitir sonidos, se inclino sobre ella y la beso dulcemente
-y eso
-debo disculparme por haberte preocupado estos días. He sido un inconsciente
Ella le sonrió como pocas veces lo hacia
***
Mas tarde, enclaustrado en la inquietante serenidad de su habitación William notaba que el nerviosismo se hacia incontrolable y las ansias insoportables. Rodeo el diámetro entero entre las paredes como un haz, por décima vez. El rostro ya no ardía gracias al opio, pero una frustrante zozobra le comprimía el pecho y le hacia desear salir gritando de la alcoba. Se asomo a la ventana desde donde alcanzaba a verse el resplandor platinado de la laguna cortada en una muesca por el sencillo y tosco muellecito de madera y estrujo involuntariamente el trozo de papel amarillo que tenia en las manos
-no lo resisto … -Se dijo cubriéndose la mitad de la cara con una mano desesperada –Que es lo que pretendes Michael?. Ahora que es lo esta pasando por tu loca cabeza?
Mentalmente visualizo la nota estirada en el reatazo de papel. La letra pulcra y cuidada del señorito resaltaba como una especie de mensaje subliminal obligando aprendérsela de memoria a la primera lectura. Era una invitación. Una parca e insólita invitación que le hacia temer lo peor:
“Esta noche después de la cena, te esperare en el muelle. Te suplico, no faltes”
-no faltes … -que clase de petición austera era esa?. Porque le invitaba a la laguna fuera de la hacienda, a esas horas inapropiadas de la noche?. Sus peores miedos le decían que las respuestas serian mas dolorosas que el castigo de una fusta –No puedes hacerme esto Michael. No pretendas alejarme de ti porque eso será jamás
Con un nuevo arranque de inquietud, cruzo el dormitorio y pego el oído a la puerta. Nada se escuchaba en el pasillo y según sus cálculos la cena ya habría terminado hacia mas de media hora. Se había abstenido a ella debido al insufrible hecho de estar demasiado preocupado como para fingir frente a la familia. Permaneció un buen rato escuchando a través de la madera. Finalmente se decidió. Tomo una lampara de aceite que aguardaba junto a la pared, abrió la puerta y silenciosamente salio al oscuro pasillo
Al atravesar el largo diámetro de la estancia que conducía al zaguán se percato de que las pesadas puertas de roble aguardaban abiertas dejando pasar un delegado alo de luz azul por el resquicio. Michael le dejaba las cosas fáciles para luego arrojarle quizá al oscuro abismo. Se apresuro en cruzar el pasillo de piedra y enredaderas hasta que llego a los escalones desde donde podía verse en su totalidad las caballerizas y la laguna. Su vista distinguió claramente la sombra de una silueta perfilada contra el extenso satín plateado de las aguas. Aguardaba de pie justo donde indicaba la nota: Espectral, delgado y hermoso como una alucinación
William se acerco a él notando que sus pasos eran cansados y lentos
Cuando le tuvo en frente, le escudriño con la mirada. Los gestos del gemelo eran inciertos. Su expresión suave, pero sus ojos refulgían inquietos en la penumbra; estos recayeron primero en el esparadrapo que cubría la mejilla del ingles y luego en las pupilas azules. Sus movimientos inexistentes resaltaban una imperceptible tensión en su parada
-temía que no vinieras –dijo Michael dibujando una tímida sonrisa.
-porque no iba a hacerlo?. Acaso hay algo a lo que yo si deba temer?
El dirigió su mirada a la laguna –No es magnifica? –señalo refiriéndose a ella con gesto pensativo –He pasado la mitad de mi vida visitando este lugar. Muchos veranos como este, varias semanas al año y sabes que; nunca aprendí a nadar. Simplemente pienso que es una ciencia inútil. El abuelo dice que sus aguas son engañosas y tiene terminantemente prohibido que se nade en ella; pero yo se que cuando no hay nadie en la hacienda, los hijos de los empleados e incluso los esclavos le desobedecen. Así que el año pasado le ordene a Hott castigarles. Que impidiera a cualquiera meterse en ella. Lo hice no por su seguridad; las aguas son tranquilas en la superficie y muy calidas en esta época del año; sino porque me molesta que ellos sepan algo que yo no
-no me sorprende, pero no se a que viene este cuento –replico hoscamente. Acaso quería el señoriíto prolongar la sentencia con una tanda de palabrería inútil? –Que preten_
-mira. La orilla –Con la mano señalo la barrera de bosque que cercaba el lado noroeste de la laguna como una muralla negra de sombras enmarañadas y oscuridad oscilante –Había ahí antes un inmenso granero –Sus dedos recorrieron la extensión del paisaje y se detuvieron en la caballeriza –Abarcaba justo hasta los cubículos. Los maizales quedaban del otro lado
-no entiendo a donde quieres llegar con todo esto –replico William
Por toda repuesta Michael se volvió a mirarle como si lo hiciese por primera vez desde que había llegado. Parecía que luchaba consigo mismo en una especia de profunda introspección. Ahora sonreía evidentemente perturbado. Después de un rato brinco hacia delante haciéndose de la lampareta de aceite
-ven! –Exclamo y en un paso certero engancho la mano del ingles y le halo consigo hacia la muralla del bosque
-¡que estas haciendo?! –fue todo lo que se le ocurrió preguntar a William mientras era casi arrastrado a la nada. Fácilmente hubiera podido resistirse y sin embargo sin mucha fuerza de voluntad veía como el irreconocible señorito les llevaba a través de la boscareda evadiendo arbustos, piedras y peligrosos troncos de árboles que se presentaban a su paso como los amenazantes centinelas de una sagrada quietud. La luz que proyectaba la candela hacia que las sombras ulularan como mantos negros arrojados al viento en una noche de tormenta. Por un momento se imagino al gemelo conduciéndole a la muerte piadosa en medio del bosque. Su vocecita exaltada y farfullando debido a la prisa le alejo de esa cómica idea
-ocurrió hace poco mas de cien años!. ¡Federico I, mi tatarabuelo, había construido aquí un segundo granero, para en secreto cobijar a los combatientes británicos de la guerra que quedaban rezagados de sus tropas. Por un céntimo les dejaba pasar la noche a salvo de intrusiones indeseadas. Uno de esos huéspedes resulto ser espía de los nuevos yanquis; pago su céntimo y esa noche mientras la familia dormía, incendio el granero. Todo lo que estamos pisando ahora ardió en llamas. Murieron decenas. Les tomo a los esclavos un día entero apagar el fuego formando una verdadera cadena humana que transporto cubetas y cubetas de agua desde la laguna. Meses después plantaron estos árboles con la intención de ocultar el desastre
-¡una historia fascinante! –grito William siguiendo torpemente el avance del señorito aun asido firmemente por la pequeña mano –Ahora puedes decirme a donde me llevas con tata prisa?
Inesperadamente Michael se detuvo y él trasbillo a su lado
-ahí esta
Frente a William a pocos metros, la espesa boscareda se abrió como una urna de piedra en cuyo seno se dio forma la fachada de un lóbrego cobertizo. Era pequeño, casi podía tratarse de una garita abandonada y estaba envuelto en un pálido resplandor amarillo que parecía provenir del interior dando la impresión de estar ardiendo todavía como antaño. Aun con su aspecto fantasmagórico y vetusto y con sus desvencijadas paredes ennegrecidas por el fuego al que el señorito había echo alusión, el aura que expelía la insignificante ruina de maderas era fascinantemente tierna
-esto es todo lo que queda de aquel granero que mando a construir mi tatarabuelo para nuestros compatriotas caídos –Le explico Michael soltándole y adelantándose al lugar. El ingles le siguió tremendamente confundido
En la pared mas alejada que daba hacia el norte, ilumino una tabla superpuesta rematada con algunos soportes corroídos en forma de cruz. Un poco mas abajo se distinguía una especie de postigo corredizo fabricado al azar por otro tablón del todo suelto. Michael le dio a sostener la lámpara.
-no te preocupes, es bastante sólido. Antes quisimos reconstruirlo fortaleciéndolo con vigas nuevas. Pero la gente de la hacienda cree que esta maldito y le tienen miedo. Nadie viene aquí –dijo y con una increíble familiaridad que sorprendió al ingles, fácilmente desprendió un lado de los soportes que cubrían los tablones, corrió el falso postigo y encorvando la espalda un poco, se interno por el agujero
-pero que … -todavía reticente, William le siguió
Cuando sus pies aplastaron una gruesa alfombra de paja seca y enderezo la espalda iluminando el interior del cobertizo, otro nuevo paisaje se desvelo ante los ojos de William. En efecto, aquel era el vestigio de un bunker, los vástagos de trigo y paja se alzaban contra las paredes de madera como enanas colinas amarillas; los tablones nuevos estaban apilados llenando casi todo el lugar. En las esquinas se veían restos de camastros amontonados desordenadamente, cobijas raídas como papel seco a punto de hacerse cenizas. La historia del fuego también había alcanzado las vetas del techo de las que alguna que otra telaraña colgaba como seda blanca. Pero no era la antaña confesión sobre su pena que el aviejo resguardo hacia palpar tan de cerca lo que llamo su atención, si no un minúsculo rincón donde apostado sobre el suelo blando como si naciera de el, y al calor de una lámpara de aceite intensamente brillante, un pajizo camastro polvoriento había sido adaptado para parecer un verdadero lecho. Sobre el una sabana blanca y limpia estaba tendida cuidadosamente
-que, que es todo esto, Michael? –quiso saber rebuscando con los ojos alrededor, haber si alguna otra sorpresa podía aclararle lo que significaba todo aquel conjunto
El señorito se había plantado al frente, a pocos pasos con la misma inexpresión inquieta que en la laguna. El resplandor amarillo se pegaba a él como una especie velo insondable. Busco con la vista entre la paja del piso y su voz salio en murmullos
-yo no le temo. Suelo esconderme aquí para leer cuando no quiero que nadie me encuentre
-eso lo explica. Aun así yo no entiendo nada
-… el mundo antiguo consideraba el sagrado matrimonio como el lazo intimo entre dos personas para lograr alcanzar el nirvana. La historia habla de la máxima expresión de amor como la unión física de los seres. También algunos grandes emperadores marcaban a sus siervos como suyos llevándoselos a la cama. Y hoy en día igualmente; el honor perdido de las doncellas es obligado a compensarse mediante el matrimonio
La comprensión de aquellas aparentemente incongruentes afirmaciones, era algo que sobrepasaba los pensamientos de William –Que tratas de decirme? –Se animo a preguntar con los sentidos despiertos y la mente elucubrando a mil
-… he estado pensando. He pensado todo el día. Y no encuentro otra forma de impedir lo que vendrá, lo que podría ser, que adelantándome a Charlotte Rivan ... Si me tomas primero, William. Si te entrego mi castidad … seré tuyo para siempre. Aun si después te comprometes con Michelle
William pensó que sus piernas no sostendrían toda la horda de emociones que le asaltaron tan repentina y ferozmente. El corazón comenzó a golpear sus costillas y el rubor en sus mejillas igualaron el rubor en las mejillas de su señorito que ahora dejaba notar un elocuente temblor. Se acerco a él despacio y embotado por las circunstancias, extendió las manos y cuando estuvo a su alcance, le encerró en un fiero abrazo. Dejo que la sensación de calidez y el aroma del gemelo arrastrasen toda la preocupación y la desesperación de hacia unas horas atrás. Los pensamientos angustiosos trastocaron a recuerdos, vertiginosos sueños, morbosos deseos y a dulce agradecimiento.
-Michael … te amo. Te amo tanto –le susurro al oído sonriéndose así mismo inmensamente feliz –Pero no quiero que hagas esto por miedo
El se separo algunos centímetros y le miro a los ojos. Sus iris titilaban trasluciendo un fulgor dorado intenso, desconocido –Lo hago por mi. Por esto –repaso la tela del esparadrapo con los dedos temblorosos –Quiero sentirme seguro. Quiero llevar tu marca y que tu me lleves en la piel siempre. De esa manera, si te casas con Michelle, los dos ya habremos consumado nuestra unión y yo te perteneceré
Sin añadir mas, se volvió hacia el improvisado lecho y empezó a quitarse las prendas una a una. Sus movimientos revelaban los nervios cimbrantes de la inexperiencia pero al mismo tiempo una seguridad impredecible le superponía. Cuando solo le faltaba los interiores se sentó en el camastro, se encogió todo lo que pudo y deslizo la prenda por sus piernas. El fresco de la noche le acaricio haciéndole estremecer. Se sintió vulnerable y temeroso, pero la decisión que había tomado aunada a los acontecimientos de la tarde permanecía imperturbable en su ser. Avergonzado, evitando mirar directo a los ojos del ingles, se tumbo boca arriba hundiéndose en la sabana. Intentando por instinto, cubrir su intimidad con ambas manos. Cerro fuerte los parpados a la espera
William tenia la boca seca y su rodillas crepitaban imparables haciéndole tambalear junto con el bombeo de su sangre amartillada en sus sienes. Michael brillaba diáfano en la luz pálida como un ente subreal fantasmal creado por el erotómano delirio de su imaginación. ¿Acaso sabia cuanto había fantaseado con su desnudez?. Patoso, torpemente embelesado se arrodillo junto al cuerpo rígido e inclinándose sigilosamente, su voz salio como el aire contenido varios minutos
-estas decidido?
El señorito abrió los ojos y clavo su mirada fija en él. Tras un rato asintió con una media sonrisa y las mejillas enrojecidas. Otra sonrisa mucho mas significativa le fue devuelta por parte del ingles. Luego le vio erguirse y desvestirse de igual manera, tal vez un poco mas aprisa. William era un verdadero príncipe, su cuerpo esbelto rondaba la gracia sexual que sugería una atracción ingénita acumulada a la confianza de mostrarse desnudo frecuentemente. Era hermoso, cada línea de sus formas parecían haber sido medidas con exactitud creando un todo perfecto. No pudo evitar ufanarse, aun a pesar de su temor, de que le pertenecería.
Al poco, el ingles se recostó a su lado inclinándose como un manto para besarle. Michael se estremeció aun mas al sentir el suave roce de sus pieles. Sus labios se juntaron acostumbrados ya al sabor neutro y a la paulatina perdida de oxigeno llevándose la razón. Era un beso profundo, exigente en ambos que invitaba a relajarse a la vez que avivaba el deseo. Mas cuando sintió la caricia de aquellos dedos cerrarse firmes sobre su miembro, la súbita tensión le obligo a arquear la espalda y a soltar una queja apagada. De inmediato sus manos acudieron a protegerse
-lo siento … -susurro William. Tenia los ojos velados por una ligera refulgencia. Su respiración era pesada y su voz ronca. Su mano continuo quieta como una anilla alrededor de la suave y calida carne –Soy inexperto … me refiero a que nunca, hice el amor con un muchacho
-… yo, nunca hice el amor –fue la inaudible respuesta del señorito quien busco sus labios una vez mas
William que poco recordaba su primera vez en la concurrida cama de la prima mas cercana, se sorprendió extrañamente con la incipiente temperatura que comenzaba hacer de aquel trozo de piel una hueste empalmada y rojiza con tal velocidad que en un instante su tamaño había aumentado a grados y las primeras gotas de la tibia semilla blanquecina bañaron sus dedos con demasiada premura. Prefirió concentrarse en la caricia y en el beso antes que ceder a la curiosidad. Mientras su mano buscaba abarcarlo todo tal como el mismo gustaba acariciarse, su señorito se retorcía bajo suyo, aferrado con fuerza a sus hombros, ahogando sus gemidos dentro su boca.
Cuando el beso se rompió, Michael comenzó a jadear libremente. La sensación era sobrehumana, nada parecido a alguna otra que sintiera antes en la vida. Parecía que la materia moría en su cuerpo lanzando poco a poco a la libertad su alma enajenada. Fue muy rápido e increíblemente poderoso el latigazo de placer que envolvió sus músculos como una mortaja y le doblo hacia atrás e un gemido totalmente desinhibido. Sus sentidos se desconectaron fugazmente. E inmediatamente después los tendones se tornaron laxos y sus piernas se distendieron sin importarle quedar expuesto. Se esforzó por volver en si lo mas rapido posible y busco la mirada turbia del ingles.
Ahí estaba él, contemplándole de modo indecible. Acaso tierno o lujurioso. Sus cabellos caían como una cortina suave de seda negrísima enmarcando su bello rostro.
-sabes cuantas noches he soñado poder tocarte de esta manera? –le dijo decidiendo por fin dejarse llevar y seguir sus instintos a razón del inexpugnable deseo que le había abatido desde la primera vez que viera al señorito Broglie. Sus labios le buscaron dulcemente trazando un apremiante camino hacia el cuello blanco que se abrió a su paso.
Michael reinicio sus gemidos respondiendo al cosquilleo que ahora dibujaba la línea morisca de sus clavículas. William continúo hablando mas relajado
-no quería que me creyeras una aberración
-… yo soy el monstruo William. No tu –replico él con cierta lastima
-no. Esta noche es mágica –Hardy le contemplo fijamente. Se notaba en sus pupilas indigas oscurecidas por la pasión, el infinito amor que el gemelo había descubierto aquella inolvidable mañana estando rodeados de los mudos troncos de los arces como testigos. Ahora no cabía duda –Esta noche los sapos se convierten en príncipes. Yo te lo prometí recuerdas? –añadió y surco con adoración infinita la blancura de sus hombros
Michael sintió la húmeda boca arrastrarse luego por su pecho y detenerse cautelosos sobre cada uno de sus pezones. Contuvo la respiración y la dejo escapar como largos resuellos cuando esa misma boca acompañada de su lengua le succiono hambrienta, como fascinada. Antes que pudiera evitarlo o percatarse había endurecido otra vez y la descastada cabeza de su sexo se frotaba inconscientemente contra el muslo de William azuzándole a un vaivén exquisito. Si aquella sensación vedada bajo las capas mas internas de su ser cual instinto primigenio era castigada por la sociedad ignorante y la iglesia superflua, prefería mil veces el infierno antes de regresar a los brazos de la moral.
-William –exclamo al aire como si se recordase a si mismo que el desvarió que le subyugaba al mas jubiloso pecado, no era un sueño si no, hacer el amor
El ingles se separo al fin brindándole una amada caricia con la que peino hacia atrás los empapados rizos dorados. Una fina capa de sudor le bañaba y el rubor en sus mejillas denotaba nuevamente su inexperiencia. A pesar de ello, no deseaba dar marcha atrás. Con tacto reptante, mientras volvía a besar a su señorito, su mano fue bajando hasta encontrar el punto imaginado anidado tiernamente algunos centímetros debajo de la patente erección. Encajo un único dedo al que Michael resintió de inmediato. Fue empujado bruscamente y por un instante William tuvo el impulso de suspender la invasión. Pero fue el mismo señorito quien le reconvino
-no. Es necesario
William no cabía en si. Imposible de aplacarse reanudo el embique en la cegada entrada. Estiro y movió el dedo familiarizándose con la calidez antes desconocida mientras Michael se removía también en medio de la sabana empezando a habituarse. Cuando lo creyó suficiente, se acomodo entre sus piernas lo mejor que pudo y sosteniendo su propia dureza inevitablemente nervioso, poso el orondo glande en la explorada apertura. Noto que Michael se tensaba como una roca. Engarzado exageradamente a la sabana, como si esperase un golpe premeditado en el estomago.
-tranquilízate por favor –le rogó con la preocupación empañándole el rostro.
Michael lo intento dándole en un asentimiento corto en mudo permiso para continuar. El avance siguió y William se deslizo con dificultad en la estrechez.
Fue casi como un castigo. Un ataque pavoroso que les detuvo en seco. El grito del gemelo rompió en sus oídos y supo que le había echo un daño terrible. El frágil cuerpo se encogió entre sus brazos convulsionándose violentamente. Parecía que sus músculos iban a reventar blanqueados por la tensión. Las delgadas piernas quedaron firmemente selladas alrededor de sus caderas como las asas de un apretó grillete. Y en el rostro pequeño, colorado, saltaron lagrimas arreciadas e incontenibles. William era incapaz de moverse siquiera, aturdido por la preocupación y por un dolor símil que aplastaba su sexo dentro aquellas ignotas paredes viscerales.
-perdóname por favor. Te estoy lastimando
El pequeño tirito estrepitosamente -… William … -gimo agonioso – … abrázame. Abrázame fuerte
Sobrecogido y sin esperar que se lo repitiera le apretó en un febril abrazo –Te amo. Te amo tanto –le confeso nuevamente con acérrima urgencia
-yo … también te amo …
Tuvieron que pasar otros varios minutos antes de volver a escuchar la voz del gemelo. Mas estabilizada y confiable
-… puedes continuar, ahora
Era una petición ahogada pero sobre todo el refuerzo a una decisión inviolable ya. Hardy tembló y su pecho hiperestesiado retuvo el afán de las lagrimas de inundarle. Como un imparable ariete que buscara sosegar su paso abriendo ese único camino, su miembro se movió solo dentro el palpitante conducto. Capto el violento temblor sacudir el cuerpo menudo del gemelo y su intento supremo por reprimir otro alarido desgarrador concentrándose en engarzarse a sus hombros con fuerza brutal. Se quedo quieto por tercera vez
Pronto el dolor que atenazaba las entrañas de Michael remitió a una incomoda sensación y luego cuando William inicio las cuidadosas embestidas llevándose su sensible erección entre ambos vientres en una deliciosa fricción, el placer inundo sus sentidos como la caricia calida de la fiebre en el umbral del deliro. Se proyecto desde su ingle y se expandió a través de sus miembros hasta abrazarle por completo en un cadencioso paroxismo. Se escucho jadear entregado a aquella hueste pulsátil que socavaba su interior con inexorable y acompasado avance. Cada movimiento mas supremo y enloquecedor que el anterior. Rudo tanto como gentil. Tenia la impresión de que las emociones se iban acumulando dentro su pecho desplazando incluso la conciencia, haciéndole vibrar de jubilo. El roce frenético con la piel de William hizo que su propia piel quemara a tal grado que ansió poder gritar. Su cuerpo fue atenazado imparable durante los extasiantes siguientes minutos. Y luego justo en la paradójica invisibilidad de la inconciencia su vientre se estrujo e imparables convulsiones eléctricas le sobrevinieron. Fue en esa fracción de segundo que se supo un único ser con William. Grito ahogando sus pulmones y eyaculo empapando de blanco el pecho del ingles.
Tan solo unos instantes después acuciado por el constringido masaje a su miembro, la felicidad y por el inadvertido y feroz orgasmo de su señorito, William sintió el golpe de su propia descarga sacudirle vaciándole con violencia dentro el candente tubo de carnes. Se desmadejo cansado sobre Michael y dejo a su cabeza descansar en el hueco del hombro
-… es increíble … -dijo sin aliento
Las manos de Michael acariciaron su desordenada melena negra. Trataba de respirar rítmicamente y su pecho subía y bajaba con dificultad
-… ahora te pertenezco, William
Él alzo la cabeza y le miro a los ojos. Las orbes amarillas del gemelo traslucían ahora un sosegado brillo cristalizado por los últimos halos de lagrimas. La seguridad en ellos se había echo tangible y por un momento se antojaron humildes y bondadosos. Su rostro pintaba ruborizado, sereno. Su mano busco en alto la de su señorito y blindada por el resplandor de la lámpara que les cubría, como un báculo sagrado, entrelazo sus dedos. La luz ilumino el sello de carne y en voz grave, con la expresión increíblemente seria por primera vez, William Hardy hablo –No Michael. Yo te pertenezco a ti
Continuara …