SOMBRAS EN LA LAGUNA BROGLIE

por Haschariel

 

 

Capitulo 12

 

Escondido tras un imperceptible resquicio entre el lindel y la puerta, William tanteo el pasillo desierto de un extremo al otro prestando mucha atención al más minúsculo sonido.

Todo estaba silencioso.

Clavo la vista en las puertas de cerezo a un par de metros al frente y aguardo.

La noche anterior como lo había temido, Michael no cumplió con su promesa de abrirle las puertas de su habitación después de la cena. William se había cansado de golpear el madero, forzar la perilla y chistar su nombre a medio susurro. Finalmente temeroso de llamar la atención de alguien mas en la casa, desistió y regreso a su dormitorio sintiendo que una especie de congoja rabiosa se apoderaba de su razón. Sólo, se refugio en la imagen de la laguna oscura a través de la ventana hasta que el sueño forzado le derribo sobre la sabanas tendidas de su cama muy entrada la madrugada

Había despertado luego de lo que le parecieron escasos minutos, con el sol alto y brillante quemando su rostro. No quiso desayunar por lo que despidió a Violette media hora después

¿Qué había hecho mal?. **Nada**. Simple y llanamente dar la cara por su amigo. Esto no podía serle tan ofensivo a Michael, o si?. Pero este ya no era el punto. El señorito había suspendido toda relación y su indolencia comenzaba a martirizarle para su propia perplejidad, en menos de 24 horas

Un leve ruido como de metal rasgándose resonó en el silencioso pasillo haciendo que el pulso de William se acelerara. Luego escucho el sonido de la madera en sus clavijos y se precipito hacia afuera como un animal hambriento de libertad. En dos pasos alargo la mano hacia la perilla de la puerta que rodaba con calma, giro sobre si y en un movimiento casi imposible se perdió dentro de la habitación sellando las puertas otra vez con un golpe seco. Al segundo ya tenia acorralada a su presa contra la madera pulida, atrapada entre su cuerpo y sus brazos

-dijiste que me esperarías después de la cena –pese a que había querido que sonara a reproche, su voz salio torpemente quejumbrosa

La cara de arrebato de Michael cuando se sintió golpeado por semejante brutalidad se disipo tras un brevísimo segundo. Luego sus ojos dorados sostuvieron firmemente los penetrantes ojos azules de Hardy –Estaba enfermo. Lo has olvidado? –dijo hoscamente –Palido. Ca-llado

-Michael –William acerco su rostro.

El suave perfume a hierva buena que desprendían los rizos del señorito Broglie era adormecedor. Sus labios rozados parecían clamar suplicantes en su blancuzco y ojeroso rostro. De pronto y sin ningún aviso el joven heredero le volcó el rostro y se removió bajo su cuerpo. Un espontáneo estremecimiento se hizo patente entonces ante la agradable sorpresa de William que sonrió y atino a concentrase en el trozo de cuello blanco que había quedado expuesto sobre el gorjal almidonado de la levita del pequeño

 

-no prestabas atención. No se me ocurrió nada mejor –susurro. Noto que su piel comenzaba a arder y que en la parte baja de su vientre nacía una conocida y rara sensación de presión

-suelta –jadeo el señoriíto en respuesta. Removiéndose mas

-Michael –Ciertamente no podía controlar lo que le estaba sucediendo. Se movió involuntariamente inclinándose tan cerca que sus labios casi pudieron rozar aquella llamativa blancura cuando su presa escapo groseramente de sus brazos

 

-no necesitas mis atenciones. Tienes la de Eliot –soltó el joven Broglie con verdadero reproche

-seguimos con eso?.

Por Dios Michael haces una tormenta en un vaso de agua

El aludido le dio la espalda, se alejo unos pasos y volvió a encararle -que quieres?

-como que quiero. Que clase de pregunta es esa?

-irrumpes en mi habitación tan temprano de mañana. Que quieres?

William asintió con la cabeza pesarosamente antes de responder –Ya … Pues quiero saber que es lo que te pasa. Porque te comportas así

-no me conoces. No sabes como me comporto o como debo hacerlo y no se porque se me ha ocurrido pensar que si podías saberlo o que me entenderías

-entender el que? … Tu afán de humillar a Eliot solo porque no sabe montar a caballo?

Michael le fulmino con la mirada y murmuro conteniendo la voz –debí habérmelo imaginado

-… como?

-entiendo que le defiendas sabes?. Al haber sido tanto tiempo compañeros de trabajo, comprendo que puedas sentir algún tipo de aprecio por el. Es la ley de la consecuencia lógica. Como los monos cuando pasan un tiempo en un habitad distinto al suyo, imitan fielmente el modo y las costumbres de su nuevo entorno

William Hardy sintió como si una fuerza visceral se revolviera en su estomago

-es comprensible, te digo –continuo el joven Broglie de forma displicente –… Pero yo, no tengo porque tener consideraciones con monos que no saben montar a caballo

-… por supuesto no eres un mono Michael … –Dijo el ingles tras varios segundos y mirándole fijamente –Que te hace pensar que eres tan perfecto?

Se hizo un pesado silencio entonces. Luego, como si su respiración se cortara retenida tras sus apretados y aperlados dientes, Michael hablo

-… quie-ro -que-salgas –de –mi –habita-cion- aho-ra -mismo –Sus ojos amarillos ardían con fulgor infernal

-como siempre no te gusta escuchar tus defectos. No es así?. Pero debes entender que las personas no se miden por su posición social. Ni por su sangre. Tu no eres mejor que nadie por tener mas que el resto

-ES EL RESTO quien debe entender que no es igual a nosotros!. No puedes tapar la mediocridad de la gente con tu buena fe y tu inútil amabilidad –Respiraba agitado y sus gestos se torcían con desprecio al hablar –Esas, esas personas inmundas, sin ningún tipo de aspiración mas que reunir su miserable sueldo al final del día. Incultos, sucios. ¿Que pretenden subiendo escaños valiéndose de unas cuantas monedas?. Como puedes compararles a nosotros?. Son abismalmente inferiores y a nuestra sangre. La misma sangre que no ha dado el derecho de levantarnos y pisar fuerte desde el principio de la historia. Tu, tu eres descendiente de la realeza. Como puedes rebajarte a defenderles?. No lo comprendo!. No logro entenderte!

Para cuando termino de gritar tratando de normalizar su respiración, los ojos de William estaban fijos sobre él. Su azul purísimo invadido por una extraña y repentina tristeza. Sus rostro era inexpresivo

-que cruel eres. No sabes cuanta lastima siento de que te expreses así de la vida. Y cuanto miedo

Quizá era la amargura hiriente impresa en las palabras de Hardy o la remembranza de una frase similar entre líneas, la que hizo al joven Broglie retroceder golpeado por una punzante sensación de dolor y rabia que apretó su corazón. Sus ojos se agrandaron enormemente como perdidos y su cuerpo pareció sacudirse en un pasmo imperceptible

 

-… cre-crees que soy un monstruo. Cierto?

-que

-… piensas que soy … un monstruo sin corazón …

-yo no he dicho eso

-no me importa lo que pienses!. Lo soy. Soy un monstruo!. No has debido acercarte a mi entonces!

-Michael no_–trato de acercársele estirando las manos en un vano intento de abrazarle. Pero el pequeño volvió a alejarse agitándose en su caminata.

Finalmente logro tranquilizarse

-vete. Ve con Eliot. El no es un monstruo

-todo lo estas malinterpretando –Suplico William –Porque te has ensañado con él?

-todo ha sido mal interpretado. Tu le prefieres antes que a mi. ¡No lo soporto!. Es un peón que no debe olvidar su lugar en esta familia. Y tu le das un lugar que no le pertenece!

-no sabes lo que estas diciendo!. Solo escúchate por Dios! –salvo la distancia y aferro los delgados hombros con fuerza

-quiero que te vayas!

-no iré a ningún lado!

-tu prefieres la compañía de Eliot. Le defiendes. Siempre estas de su lado y me contradices

-solo soy justo

-¡sigues diciendo que soy un monstruo!

-NO –contuvo un segundo grito y aspiro una gran bocanada de aire –No eres un monstruo. Pero eres injusto con él. Yo le aprecio, es mi amigo como no he de hacerlo?. … Pero tu Michael, tu eres mi amor

Michael Broglie sintió que su cerebro colapsaba incapaz de comprender aquella afirmación. Ni su cuerpo ni su alma podían digerirla durante los escasos segundos que pasaron. Se sintió perdido. Confundido … Luego su corazón comenzó a latir furioso contra su pecho. Sus ojos se abrieron perdidos otra vez. Y una agradable oleada de calor se extendió por su ser. Rápido y agradable. La rabia se había ido

-a-amor? –balbuceo con las mejillas teñidas de un rojo suave

-se que suena terrible. Y es terriblemente trágico –dijo William con dulzura y tristeza mezcladas en su sonrisa

Dos lagrimas gruesas se deslizaron por la mejillas del señorito cuando busco lo mas profundo que pudo en esos ojos azules que le miraban llenos de … amor. Dio un respingo y se enterró estrepitosamenté entre los brazos y el cuello de Hardy. Su voz sonó amortiguada desde el fondo de la tela

-te amo William … Lo he hecho desde que me besaste la primera vez

 

 

William y Michael avanzaron por pasillo adoquinado hacia el zaguán. No se hablaban, pero no hacia falta. Las palabras entre ellos en ese momento estaban demás. Mientras caminaban en silencio iban intercambiando miradas y sonrisas de vez en vez. Se separaron ambos para sentarse a lados opuestos en la mesa de té, donde ya toda la familia esperaba.

El dulce olor de la rosas y los jazmines rodeaba el lugar como un vaho invisible de niebla aromática. Violette como siempre era la doncella de servicio encargada de llenar las tacitas con el liquido caliente mientras ostentaba su porte elegante

 

-… abuela –hablo Anice tímidamente perturbando un poco el ritual –ya he decidido el arreglo de flores para el día del anuncio del compromiso. Rosas y margaritas

-rosas? –Charlotte recibió la pequeña tacita de porcelana de manos de Violette y le dio un moderado sorbo al té antes de continuar –Pero querida. Hemos pedido rosas para la boda

-si abuela. Rosas blancas. Para ese día podrían ser rosas rojas

-rosas rojas no querida. Y las margaritas son tan vulgares. Yo había pensado en gardenias

El rostro de Anice decayó notoriamente –oh. Bueno … Tienes razón –De soslayo busco la mirada de Eliot. Casi tenia la misma pesadez en su expresión de no ser porque sus gestos serios estaban claramente deformados en rígidas muecas dolorosas que muy apenas intentaba disimular

El literato continuamente se removía incomodo en su silla. Tieso y pálido como si aun montara sobre un caballo. Una que otra vez dejaba escapar un gesto fruncido acompañado de un quejido mudo. El dolor era peor que cuando se sentara a la mesa la noche anterior. Esa mañana en cambio había despertado boca abajo sobre cómodas sabanas sin desear moverse. Pero no había nada en el mundo que le excusara de no bajar a merendar el té. Solo Michael tenia ese privilegio. Un Michael que eternamente no mostraba ningún tipo de compasión hacia ningún tipo de situación y que ahora sorbía de su tasa de té con ojos cerrados y expresión inexpugnablemente serena. Hasta … hermosa?. Eliot sacudió la cabeza desechando el horrible pensamiento que acababa de pasar por su cabeza. Pero el brusco movimiento removió sus costillas como si se apiñaran dentro su caja torácica y a consecuencia de este estremecimiento, su entrepierna sufrió también . De nueva cuenta dejo escapar un semiquejido que trato de ahogar con el té fuertemente tintado en su taza

Eliot habría esperado cualquier reacción de la familia entera al escuchar su quejido. Incluso una mirada asesina por parte de Charlotte. Todo menos que Michael levantara la cabeza y le mirara con aquellos ojos que eran impasibles e indecibles. Y que le hablara directamente con una voz que habría sido tomada como amistosa, sino le conociera tan bien

-he pensado en dar un paseo a pie siguiendo el camino de llegada. No muy lejos claro. El sr. Hardy me ha dicho que le gustaría conocer la carretera. Queréis venir tu y Anice

Su respuesta resulto una horrible alegoría al estupor tallada como líneas rocosas en su rostro

-… ab … y-yo,yo –Eliot noto que la saliva se le estacaba de la pura impresión

Fue Anice la que se apresuro en responder igualmente perpleja y con cara de anonadada –SI! –Charlotte la miro y ella disminuyo el volumen de su impresión –es decir. Es una buena idea

Mientras escondido tras el corte de su tacita llena té de cedrón, William esbozo una imperceptible sonrisa

-no te importa quedarte sola verdad abuela. Ya sabes como te fatigan las largas caminatas

-claro que no, cariño. Id vosotros y divertiros. Yo aprovechare para terminar mi bordado

Como tal, las horas después de la merienda las aprovecharon para partir a pie hacia la carretera que llegaba a la hacienda. La temperatura del día se dio agradable para aquel plan. El sol ya decrecía al oeste del horizonte tras las altas boscaredas que rodeaban el terreno y sus ardientes rayos entibiaban suavemente la piel

 

Desde que habían llegado, William no había tenido oportunidad de volver a apreciar la magnifica fuente con el pescado dorado que descansaba el vientre sobre un gran basalto labrado. Ni la jardinera con la hierba verde pulida entre pulcros caminos de adoquines que se extendían un par de metros a lo largo hasta llegar a un ancho camino de tierra arcillosa; por lo que se tomo un buen rato alardeando sus impresiones a sus compañeros frente a la fuente antes de partir

A Michael le había aburrido escucharle exagerar el peso que debía tener aquel colosal pescado. Pero verle modular las palabras sin duda le causaba otro tipo de sentimiento. Intentado no sonreír ni lanzarse a sus brazos. Y escondiendo las mejillas sonrosadas cada vez que evocaba la confesión del ingles esa mañana en su habitación, les había apremiado adelantándose a la carretera. Y hablando con algo de molestia

-seguiremos este camino. Luego iremos por un desvió que rodea la mitad del terreno y regresaremos –no era una idea. Una orden mas bien

Su caravana le siguió en silencio soltando una que otra vez algún comentario sobre el horizonte o sobre la historia que encerraba aquellas tierras. Mas por que William había logrado sacarle al señorito un increíble relato que contenía bandidos y joyas familiares a principios del siglo. Cuando el Barón Bon Broglie McMillan hiciera su incursión en la casta Rivan

 

 

Dos horas después cuando el sol comenzaba a esconderse dejando el cielo pálido y rojizo, la caravana de cuatro piso de nuevo la piedra pulida a la entrada de la hacienda. La fachada impresionante de la casa, blanca como el fantasma de un gigante agazapado, pareció darles la bienvenida. Y aunque el ultimo tramo de camino Michael se había mostrado de nuevo hosco y poco conversativo, ninguno de los otros tres podía pasar por alto el repentino, insólito, aterrador y sobresaliente cambio del joven heredero

-espera! –Le grito William deteniéndose frente a la fuente para variar –He pensado que podrían ser mas de tres toneladas

-¡oh, que exasperante mister Hardy! –rugió Michael girando y pasándole de largo escalones arriba hacia el pórtico

Mientras Anice y Eliot se largaban a risa mal contenida.

Este último había sentido un espontáneo alivio intramuscular y respiraba mejor después de esas dos horas. Al principio no se había percatado del objetivo de la caminata sin sentido que el joven aristócrata les propusiera. Mas bien acepto temeroso. Luego, al volver, se dio cuenta que ya no trataba de separar las piernas al caminar. La verdad le alcanzo como un rayo luminoso y le turbo incluso mas que la espontánea invitación al paseo: ¿Acaso Michael le había invitado a caminar únicamente a él sabiendo que era el secreto para que los jinetes novatos amainaran dolores musculares después de largas cabalgatas?. Y acaso para no perder su mala reputación, ¿también había invitado a los demás?. Eliot lo creía imposible, pero no esperaba a decírselo a Anice. Si es que ella no se hubiera percatado también de este inusitado comportamiento

-es verdad! –Grito William de nuevo acercándose alegremente a la balaustrada de piedra desde donde comenzaba hacer el payaso con Michael –Tu debes saberlo. Dimelo. Le diré a mi abuelo que mande a esculpir uno mas grande y pesado

Michael se volvió en lo alto del primer gradón y le dedico una indescifrable mirada. No se podía decir si le importaba menos el puñetero pescado o es que estaba a punto de proferir uno de esos insultos hirientes. Justo cuando iba a abrir la boca, el sonido de un motor prorrumpió en el aire. Primero lejano y suave como un ronroneo felino. Después cuando el Ford T se materializo en el camino de gravilla al doblar una curva cerrada, el fragor del motor reverbero en todo el lugar


Los cuatro vieron el coche acercándose cada vez más rápido por el camino. Su fuselaje brillante y negro parecía arder como llamas doradas con los últimos rayos del sol

-¿Quién …

-abuelo? –Anice dio un par de pasos hacia la carretera. La emoción comenzó a crecer en ella tan visiblemente que su rostro irradiaba luz –Eliot es el abuelo! –Exclamo exaltada haciendo que su prometido irguiera la espalda y se clavara junto a ella.

Él lejos de compartir el jubilo de su chica adquirió un feo tono pálido en la piel

Finalmente el Ford T se detuvo junto a la vereda central de adoquines. Sus vidrios estaban suspendidos y no podía distinguirse muy bien la figura que se movía en el interior.

Después de lo que parecieron minutos interminables, la portezuela del coche se abrió por fin. Y un hermoso sayo de color marfil con bordados de seda negra en las canillas se deslizo hasta el suelo como una cascada de tela cuando la figura de una muchacha bajo del coche.

Anice se puso tan blanca como un fantasma y por un segundo estuvo a punto de perder el equilibrio. Eliot la sujeto rígidamente en tanto su mirada se endurecía llena de algo parecido al terror. William nunca, nunca les había visto de esa manera

Pero quien era esta chica?.

Era muy delgada. De cintura estrecha encajada en un gracioso corset que apenas resaltaba un busto delicado y pequeño muy bien guardado de la vista. Esbelta, parecía perfilarse como una aguja flotante mientras se acercaba a ellos ostentando un gallardo andar lento y adormecedor y arrastrando a su paso un pomposo cairel con guarniciones de seda. Llevaba puesto un gran tocado de festones en el mismo color de su vestido, con la parte mas ancha del ala cubriendo su rostro. Permanecía con la cabeza ligeramente baja y suspendiendo el borde de su vestido unos cuantos centímetros para cuidar que sus borceguíes no encontraran ninguna piedra

William fijo los ojos en ella, de repente sintiéndose embelesado y exaltado. **¿Quién es?**. Se pregunto de nuevo.

Como si adivinara sus pensamientos, la voz de Michael respondió a su espalda desde lo alto de las escaleras. Hablo como un susurro en un hilo, mas para si mismo que para quien escuchara

-Michelle …

William se volvió a mirarle sorprendido. Michael también había palidecido y estaba tieso con los ojos grandes fijos en su hermana. Daba la impresión de que un gran miedo no le permitía moverse. Y que de un momento a otro se desvanecería escalones abajo

**Micha_**

-ah. Pero que es esto?. Una comitiva de bienvenida acaso?

William giro sobre sus talones al oír aquella voz relativamente familiar. Pero cuando lo hizo, apunto estuvo de caer también. Sus ojos se ensancharon incrédulos y su pulso se agito

Desde el pie de los escalones, los ojos amarillos y punzantes de Michael le veían álgidos y maquiavélicos en un rostro angelical, blanco como la leche y enmarcado por unos rizos dorados largos y suaves a la vista. Unos labios deseables le sonrieron de lado

**pe_**

Cabeceo y rápido giro su cabeza para mirar otra vez hacia lo alto de las escaleras de piedra, donde un Michael seguía enhiesto taladrando con la mirada amarillenta a la recién llegada

**ge-gemelos **. Fue todo lo que el confundido cerebro de William Hardy pudo concluir. **Gemelos idénticos**

 

 

Continuara …