Capitulo 11
William empino el suave repecho de la ladera espoleando con las botas, la rítmica carrera del alazán al que montaba. La brisa se cortaba al azotar su rostro llevándose consigo el largo negro de su cabellera. El cielo se había matizado parcialmente de nubarrones grises y la mañana gozaba de una moderada temperatura.
Al principio se sintió cono una especie de traidor al desestimar a Dulcinea dejándola abandonada en su cubículo en las caballerizas. La yegua le había mirado con sus enormísimos ojos pardos como reprochándole su falta de memoria tras la aventura que vivieran juntos en los confines de la hacienda. Pese a que habría preferido montarla esa mañana, le había sido imposible despreciar al garañón de pelaje ladrillo que le esperaba ensillado a las puertas de la caballeriza por ordenes del señorito. Junto a otro mas o menos similar que aguardaba por Eliot quien de la incredulidad termino pasando al asombro cuando monto su corcel
La noche antes, Charlotte les había vuelto a proponer a los tres un nuevo paseo a fin de tomarse la mañana con Anice para escoger el modelo del vestido de novia y hacerle los arreglos necesarios al de compromiso. Eliot pálido como una hoja de papel había puesto una sarta de remilgos poco convincentes para terminar aceptando después de escuchar un “si” rotundo por parte de su amigo
Cuando William alcanzo la cima bordeada por una mantilla de hierba crecida, agradeció mentalmente no haber traído a Dulcinea.
La perderá de flores se extendía prolijamente ante sus ojos sin mas limites aparentes que una lejana cadena montañosa perfilada y empequeñecida en la distancia. Aquel era un campo colosal, abigarrado de colores y texturas y al fondo, alejándose cada vez mas a una velocidad que parecía incapaz de salvarse, la figura majestuosa de un jinete y su corcel, volaba sobre la marea de flores como si de la diáfana silueta de una vela se tratase. William sonrió sintiéndose orgulloso de compartir esa divinidad etérea que se soltaba con la fuerza de una estampida sobre el lomo de Lucifer
Varios días después de jurarse una oportunidad habían encontrado un estable resquicio para empezar a descubrirse y a desvelar el balumboso lió de información acertada sobre la profundidad de sus sentimientos. Y a pesar de la trabas impuestas por una obcecada sociedad y de las arraigadas reticencias morales de Michael. William había logrado acallar su angustiosa insistencia de esconderse de los demás. Durante los últimos días incluso le había devuelto un par de miradas disimuladas e insistentes. Y sus besos …
William había descubierto una crucial diferencia en la compañía del joven Broglie en comparación al confuso vació de cuartas de tiempo que solían pasar inadvertidas en sus relaciones mas febriles y que estas no poseían. Su estomago se encogía, su corazón bombeaba demasiado arrítmico cada vez que Michael demostraba a gala corresponderle. Sus labios eran tiernos pero poseían la inconfundible rudeza de la posesión. Su calor y su perfume se habían pegado a su nariz finalmente después de soler pasar varios minutos abrazados varias veces al día escondido aquí y allá tras paredes y los masetos de hojas grandes. Y si a esas alturas se atrevía a clasificar su relación, el espabilado ingles hubiese asegurado que estaba viviendo una etapa de euforia en su vida amorosa. No obstante no podía etiquetar ese sentimiento a ciencia cierta
A lo lejos, como si intuyera las cavilaciones acerca de su persona, el pequeño jinete se detuvo repentinamente y se volvió para mirarle. William se permitió observarle otro instante en la distancia, sonriéndose maravillado con su fastuosidad
Michael hizo girar en redondo a Lucifer tirando la cincha y William emprendió una veloz carrera a lo largo de la pradera. El caballo corría ligero e inalcanzable como una bala.
Definitivamente agradecía no haberse decidido por Dulcinea
-rezagado sr. Hardy?!. Tal vez el camello no era tan mala idea después de todo! –hablo el señortito con voz cantarina cuando hubo llegado a su encuentro
-no te atrevas –respondió él risueñamente tratando de estabilizar al caballo
-que me dices sobre las lecciones de equitación?
-eso es negociable
-no soy muy paciente
-nada paciente diríamos. Pero eso lo compenso yo
-y como compensa su insufrible vanidad?. Su inútil palabrería. Su insoportable petulancia. Su hipócrita condescendencia
-… contigo?
-imbecil
Dibujo una sonrisa ante una similar ladeada en el rostro de Michael. Y como en anteriores oportunidades demasiado frecuentes últimamente, experimento un súbito deseo de besarle. Sostuvo su mirada ligeramente inclinado entre los dos caballos en cuya eteriedad pendía un vaho de colores matizados que contrastaban fuertemente con el color bermellón del redingote del señorito
-que pasa?
-quiero besarte –le confeso fascinado
-pero sr. Hardy, ya lo hemos hecho muchas veces esta semana
-… no hoy. Tu abuela no se ha despegado de nosotros durante el desayuno
Michael pareció pensarlo. Las patas de Lucifer cascabelearon e hizo un amague de giro que su jinete rebatió elegantemente para estabilizarlo de nuevo. Se mordió los labios y alargo ligeramente su estilizado cuerpo sobre el aire. William comenzó a adelantarse también. Pero antes de que su brazo buscara contacto con aquella cabeza rizada, el señorito se enderezo, erguido y firme sobre el lomo de su caballo y el ingles a punto estuvo de caer
-que?
-no lo creo Mister Hardy. Ningún beso. Por lo menos no frente a terceros indeseables –declaro con los ojos clavados al frente. Un brillo displicente refulgió en ellos y William volvió la cabeza siguiendo su mirada.
Suspiro –no teníamos alternativa. Hubiese sido doloroso y humillante pedirle que se quedara
-él si que necesita lecciones de equitación. Largas y numerosas clases de equitación ... Es enfermante
-eres injusto –respondió William sin dejar de observar, no sin cierta lastima, el gracioso galope que Eliot le imprimía a un pura sangre pelirrojo de sepa corredora en un patético intento de parecer gallardo
Era como ver a un tieso tronco vestido con un redingote amarillo encastrado en el lomo de un alazán tan impropiamente grácil a comparación. El rostro en balde serio y el chapeo mas hundido en su cabeza que sus ideologías literarias. William reprimió una sonrisa al percatarse además de lo exagerada y premeditadamente lento que avanzaba. Con todo, su gran sentido de fidelidad que le ligaba a aquel tronco enhiesto con lazos firmes e invisibles, extrajo de su garganta sin pensar, una condescendiente e igual patética excusa
-es el trabajo. En el bufete, él se encarga de la mayoría de las cosas y casi nunca tiene tiempo de hacer lo que le gusta, como tomar clases de equitación. O, algún otro hobby –añadió volviéndose a Michael que le mostró una faz inexpresiva –Desde niño se ha interesado mas por los sonetos que por algún deporte –No sabia por que deseaba de pronto cambiar la opinión que el pequeño Broglie tenia sobre su mejor amigo
Pero había olvidado que la principal característica de Michael era su inexorable personalidad –Porque piensas que la triste historia de la niñez de Eliot Clandel puede llegar a interesarme?
Tardo en responder –porque eres injusto con él
-pobrecillo … Sin embargo tendrá que morir sin mis favores
-Michael
-no voy a profundizar contigo en un tema que no me interesa lo mas mínimo. Permití venir a Eliot con nosotros porque mi abuela ha insistido y porque hubiese sido sospechoso salir los dos solos. No porque me diese lastima dejarle en casa pelando orugas en el invernadero
William sonrió. **El invernadero, si** –yo también hubiese deseado estar a solas contigo
-calla –le ordeno muy serio
-que me dices sobre lo que te pedí?
Después de resistirse a responder anteponiendo primero la crin de Lucifer, Michael le miro avergonzado –… toca mi puerta media hora después de la cena. Todos estarán en sus habitaciones –luego volvió a mirar al frente y arrugo el ceño en un gesto reprobatorio –por Dios, hasta un palafrén se vería ridículo montado por él
En ese momento Eliot lograba alcanzarles. Mas cerca su engalardonada rigidez era demasiado palpable. Hizo una graciosa parada y notoriamente nervioso dejo salir con voz automática el único comentario que su embotado cerebro le había permitido repetirse a lo largo del trayecto
-que hermoso paisaje
William le sonrió dulcemente
Pero Michael rodó los ojos –estamos llegando a la estacada que marca los limites de la propiedad. A un milla de allí exactamente esta dragado un rió que alimenta los campos de trigo de los campesinos comunarios. Mas allá son las tierras del General Winssor Grabe. Cuando lleguemos al rió, los animales podrán beber y descansar. Luego volveremos
-volver? –repitió Eliot
-no íbamos a llegar al pueblo?
-mister Hardy –la voz de Michael era seria pero tenia cargado un son sardónico sutilmente reforzado –El pueblo esta a siete millas siguiendo el riachuelo pradera abajo. Nosotros estamos apenas a tres millas de la hacienda pradera arriba pero hemos llegado en tres horas ... Cuanto cree que nos tome llegar a la primera casa del pueblo?. Saca la cuenta Eliot
Ni William tuvo el animo de responder. Y Michael continúo
-no voy a perder toda la mañana haciéndoos de guía turístico. Además el día amenaza con ponerse demasiado húmedo y empaparme tampoco es mi plan
-vale, de acuerdo. Hasta el riachuelo será –corto William impaciente
-eso mister Hardy, si Eliot logra hacer una milla en menos de dos horas y media –y tras decir esto ultimo, enfilo a veloz carrera espoleando a Lucifer
El vencido ingles solo pudo suspirar. Eliot en cambio había cerrado los parpados y arrugado el entrecejo
-tal vez sea mejor que regrese
-que dices. Le vas a dar el gusto de verte derrotado?
-prefiero no darle el gusto de seguir humillándome
-parecéis niños. Venga, vamos a darle alcance
-… William temo que las clases de equitación esos fines de semana en el Wellington-Jones han sido una total perdida de tiempo –Dijo haciendo que su caballo siguiera el ritmo que el ingles imponía. Lento. Muy lento
-pero has gastado un dineral en eso. Además no te entiendo. Vas bien tío. Se nota que tienes mucho … porte para estas cosas
-tu crees? –le miro esperanzado
-que si. Y que Michael no te diga lo contrario
-Michael es capaz de pintarlo en el culo del caballo
William echo a reír - … es capaz, si. Pero tranquilo. No lo hará
-como estas tan seguro?
-lo se y ya **Michael es mi príncipe azul. Y los príncipes no les pintan tintos a los culos de los caballos** #^.^#
Dentro de la casa Broglie y mientras Lady Charlotte se distraía con un bordado en pana, Anice Branly caminaba de un lado a otro frente a un enorme ventanal de la estancia, observando con nerviosismo el pasillo desierto que atravesaba el zaguán. Las nubes habían logrado cubrir la hacienda en una espesa masa negra hacia media hora cuando repicaban las tres de la tarde en el reloj de ébano erguido contra el muro de la antesala. Pronto seria la hora del te. Sin embargo para servirlo, faltaban tres elementos importantes en la casa. Esa cuestión en si no era la que avivaba la preocupación de Anice casi con evidente notoriedad. Los jinetes habían cumplido seis horas de ausencia. Y dos de ellos. Uno en especial. Su novio, cabalgaba en compañía de Michael Frederick Broglie Rivan. Para Anice ello equivalía a la compañía de un criminal en potencia. Desagradables pensamientos revoloteaban en su cabeza sin que pudiera hacer algo para evitarlos. Visualizo a un William Hardy descuidado como un bulto en medio de una recua de esclavos negros. Aun peor, a su Eliot abandonado junto a su caballo, perdido en algún lugar del hostil territorio.
**Dios**. Sacudió su cabeza y asomo el rostro por el cristal. El paisaje adoquinado que cruzaba los jardines hasta terminar en una corta gradería de piedra, seguía completamente vació ensombrecido en penumbras entre los rosales
-esperemos que estén aquí antes de que la tormenta se desate –escucho hablar a su abuela
La miro unos instantes. Charlotte no había despegado la vista de su bordado. Tranquila y desidiosa como siempre
-si –respondió Anice sin querer añadir nada mas. Hubiese deseado poseer aquella apatía o acaso la voluntaria ignorancia de su abuela en lo que a Michael Broglie se refería. Quizá su vida dentro la familia seria mas llevadera de esa forma. Lanzando un suspiro volvió a asomarse a la ventana. Las primeras gotas de lluvia enormes y pesadas golpearon el cristal justo cuando al fondo del pasillo de piedra tres hombres hacían su impresionante aparición, aparentemente sanos y salvos.
Anice sintió que sus pulmones volvían a llenarse de aire
-¡ya están aquí! – exclamo apresurándose a abrir las puertas
Charlotte permaneció sentada, a lo suyo
-Eliot! –exclamo contiendo la ansias locas de tirarse sobre él cuando el chico atravesó las puertas taraceadas del vestíbulo.
Su prometido le devolvió tal sonrisa que Anice supo exactamente que sentía la misma euforia de verla
Michael paso junto a ellos sin inmutarse y William entro sonriendo abiertamente. Los últimos días el ingles parecía brillar con luz propia y su sonrisa era cada vez mas inherente en su rostro
-justo a tiempo –dijo divertidísimo
Charlotte dejo el sofá recién al escucharle –hemos estado con pendiente
-lo siento abuela. La idea era llegar después de medio día –Michael taladro a Eliot con la mirada desde lo alto de los escalones. Parecía como si la frase de su abuela hubiese sido el perfecto aliciente para desperdigar su mal humor –Pero hoy Eliot ha batido el record en carreras de caracolas cojas. Y el sr. Hardy y yo hemos tenido que seguirle de cerca por si llegaba en tercer lugar
Por toda respuesta el aludido frunció el ceño. El tramo de regreso a través de los empinados repechos había sido un verdadero calvario. Su entrepierna ardía como si estuviese en carne viva y sus costillas parecían desordenarse cada vez que lograba aspirar aire. Había maldecido a su instructora del Tellington-jones en voz baja por no advertirle sobre los resultados de largas e intrincadas cabalgatas y por no haberle entrenado mas de cuatro horas a la semana. El resultado era que hoy Eliot no encontraba las palabras necesarias para defenderse de los comentarios sardónicos de aquel aristócrata cuyo único deber consistía en ser perfecto. Solo William le había demostrado compañerismo y compresión cabalgando a su lado al mismo ritmo sin hacer ningún tipo de comentario a su evidente incomodidad sobre el caballo. Ni a su notorio dolor reflejado en su rostro enrojecido. En consecuencia Michael les había adelantado furioso largos trechos y les había esperado impaciente otros cuantos
Por su parte Anice también se vio molesta. El vago temor que había sentido al verles partir le hizo antelar un problema como aquel. Aunque esa mañana había preferido callar
-hemos perdido el día en balde –arremetió Michael molesto y sin querer perdonar a Eliot
-exageras –todos giraron para ver a William que se estaba adelantando un paso mientras hablaba sonriente –nos hemos divertido horrores ^-^ … Claro que ni Eliot ni yo podríamos compararnos a ti. Vamos es que ni de cerca te alcanzamos. Pero el paseo ha estado entretenidísimo y ha sido bastante vigorizante. No crees? –prefirió callar el echo de que la vez pasada había sido el señorito quien les arruinara el paseo. **Venus y Marte**
Pero Michael no respondió. Había ensanchado los ojos clavándolos en el ingles. Su expresión casi era de incredulidad. Luego sin mas, miro a su abuela como si no hubiese escuchado a Hardy
-con tu permiso abuela. Me voy a preparar para la merienda –y subió los escalones sin prisa
-subid vosotros también. La merienda pronto será servida –apremio Anice intentando disipar la tensión del ambiente. William obedeció alegre sin sospechar que mas tarde la insoportable congoja que había llegado a conocer semanas atrás, volvería a cimbrar su estabilidad emocional
Por mas que lo intentara, Michael no le devolvía respuestas a sus señales secretas que tan bien conocía ya.
Durante la merienda el señorito se había mantenido tangencialmente distante a la conversaciones respondiendo alguna que otra pregunta de su abuela con escuetos monosílabos. Y hasta hacia media hora que llevaba transcurrida en el comedor, la cena al calor de una de las narraciones de Charlotte sobre sus viajes a Europa, terminaría adquiriendo el mismo matiz.
Eliot y Anice fingían prestar verdadera atención. Sin embargo William estaba empeñado en llamar la de su señorito que con crueldad le daba mas importancia a su plato de pescado que a cualquier otra cosa a su alrededor. Engreído y ermitaño.
William podía intuir en esa renovada silencia, el maligno poder el enfado. Durante el té se había percatado, mas bien recordado que Eliot tenia mucho que ver. Era esto lo que le desconcertaba.
En un nuevo intento de encontrar sus ojos fríos al otro lado de la mesa, alargo la mano sobre la fila de vajillas y asió educadamente un platillo de pepinillos dispuesto cerca del brazo del señorito. Rozo la tela de su levita con descuidada intención. Y se decepciono al instante
Ni si quiera pudo saborear el dulce aroma del vegetal al vaciar con furia dos trozos verdes sobre su plato. Maldiciendo mentalmente la insensibilidad de Michael que ni había levantado la cabeza al sentir el roce.
Cansado de su juego decidió hacerle frente
-disculpad Milady
Charlotte le miro un instante con sus ojos agudos y amarillos
-no he querido alarmarla antes, pero … creo que el joven Broglie no se esta sintiendo bien –vio satisfecho como el señorito dejaba su cena para mirarle estupefacto –Le he notado pálido y ha estado tan callado
En efecto, Michael sintió que el estomago se le revolvía de rabia y amenazaba con enfermarle. **¡que diablos pretende?!**. Noto la mirada de todos los presentes fijos e inquisitivos sobre el. Le escudriñaban minuciosamente
-Michael? –llamo su abuela sin demostrar ningún cambio en su escueto rostro
**perfecto**. Si Hardy quería jugar … lo haría solo –Mister Hardy tiene razón abuela –dijo de forma anodina –No me estoy sintiendo bien. Si me lo permites, deseo retirarme –se enderezo y salio del comedor portentosamente indiferente. Sin mirar a nadie
William titubeo en pos de su señorito invadido abruptamente por un sentimiento de culpabilidad. Le costo largo rato asentarse firmemente en su silla y devolver su atención a la mesa.
Sentado frente a un lugar vació y mientras Charlotte retomaba el hilo de su narración. William Tercero Hardy de Britania sintió que por primera vez en su vida le había salido el tiro por la culata.
Continuara …