por Natsuki

Capitulo 8: Pruebas indelebles.

Morgan cruzó el vestíbulo en dirección a las oficinas, pero al ver a Elissa sentada tras la recepción se desvió hacia ella silbando alegremente.
-Buenos días, cariño –saludó apoyándose descuidadamente sobre la mesa y dejando ver con una amplia sonrisa su perfecta dentadura-. ¿Dormiste bien esta noche?
Elissa se levantó de su silla giratoria. Apoyó los codos y sostuvo su rostro sobre las manos, muy cerca de Mongan.
-Dormí sola y pase mucho frió.
El hombre bajó la mirada y contempló las dos medias lunas que asomaban por el escote en forma de uve del jersey de lana que la mujer vestía.
-¿Sola? –repitió. Los dedos de su mano derecha tamborilearon sobre la superficie del mueble-. Que desperdicio. ¿Por qué no me llamaste?
Dejó de golpear la mesa y alargó el dedo índice rozando levemente la prenda de lana allí donde los senos la llenaban.
Elissa entornó los ojos y aproximó aun más su abundante pecho a la mano de Morgan.
-¿Hubieras venido?
-Nada me lo habría impedido.
Acercó su mano al busto de la mujer pero al escuchar las puertas del ascensor abrirse se detuvo.
Miró por encima de su hombro y vio a Karel salir del elevador; lívido y encogido dentro de su abrigo cruzó el vestíbulo a paso acelerado sin pronunciar palabra.
-¡Karel! –llamó. Dejando a Elissa con la palabra en la boca se apresuró a seguirlo-. ¿Dónde te metiste ayer?
El aludido se detuvo al sentir el contacto de la mano de su amigo sobre el hombro; se giró pero no respondió a la pregunta.
-Me volví loco tratando de localizarte –lo sujetó por el codo y lo llevó hacia un extremo apartado junto a un alto fícus-. Harpert se subía por las paredes. Tenias una cita con los agentes de Victoria´s Secret.
Karel se masajeó la frente y apretó los párpados.
-Mierda, lo olvidé.
Su amigo lo observó sin pronunciar palabra.
Desvió la mirada y trató de continuar hacia las puertas de cristal, pero Morgan lo retuvo de nuevo colocándole la mano sobre el hombro.
-Hablé con Maddy.
Karel lo miró de reojo.
-Lo siento –continuó-. No sabia donde estabas; pensé que tu entrevista con ella se había alargado.
-¿Qué te dijo?
-No entró en detalles –se encogió de hombros levemente-. Me comentó que lo habíais dejado.
Notó que su amigo se estremecía bajo su mano.
-¿Te explicó por qué? –inquirió el publicista.
-No –sacudió la cabeza con lentitud-. Pero intuyo que el altercado en el ascensor no fue el motivo.
Una fugaz expresión de rabia cruzó por el rostro de Karel. Se apartó de Morgan y entró en las oficinas. Algunos empleados se hallaban ya en sus puestos. Una joven se levantó de su asiento tras un escritorio atestado de carpetas y books fotográficos y se cruzó en su camino.
-¿Cómo te encuentras, Karel? –peguntó sonriéndole con preocupación-. ¿Ya estas recuperado?
El aludido miró sorprendido primero a la joven y después a su amigo, que le había seguido los pasos. Este asintió con un leve gesto de complicidad.
-Bien... –respondió dubitativo apresurándose hacia la escalera-. Gracias.
La joven quedo atrás con un mohín de decepción en su atractivo rostro mientras el publicista subía los peldaños junto a Morgan.
-¿A que ha venido esa pregunta?- inquirió.
-Ayer, cuando desapareciste, tuve que improvisar.
-¿Improvisar? –frunció el entrecejo ante el comentario.
-Harpert puso la oficina patas arriba buscándote.
-¿Qué inventaste?
-Algo sobre unas ostras en mal estado – y añadió con una expresión que trataba de ser grave-. Fulminante. No te dio tiempo a llegar al baño.
Karel se detuvo ante la puerta de su despacho con una mueca de disgusto.
-¿No se te ocurrió algo menos escatológico?
Su compañero no pudo reprimir una sonrisa de mofa.
-A mí siempre me resulta.
Al entrar en el despacho el publicista se despojó del abrigo y lo colgó en el perchero junto a la entrada.
-De todos modos tuviste suerte –comentó Morgan cerrando la puerta a su espalda-. Harpert tenía otro hueso que morder.
-¿Ah, si? –preguntó distraído mientras depositaba el maletín sobre el escritorio.
-El contrato con la KL no marcha –dijo dejándose caer pesadamente sobre el sofá y tirando a un lado su portafolios-. Y la Morsa ha decidido intervenir.
Al oír el comentario levantó la vista hacia su amigo mostrando por primera vez un resquicio de interés.
-¿Dench no ha encontrado aun un modelo del gusto de la KL?
Morgán negó con la cabeza mientras jugueteaba con su corbata de seda color zafiro.
-La Morsa le ha apretado las clavijas a Harpert y Harpert le ha dado un ultimátum a Dench.
-Mala cosa – señaló el publicista.
-Se podría decir que tiene los días contados –añadió Morgan.
Mientras revolvía abstraído entre las numerosas carpetas dispuestas en orden sobre su escritorio pensó en el director gerente de la W&W, Patrick Tromp, o la Morsa como lo apodaban algunos empleados. Rara vez se inmiscuía en el trabajo de los creadores y que en aquella ocasión hubiera decidido hacer una excepción no era buena señal.
-Una pena. Es un buen hombre y un excelente profesional, no merece terminar así por el capricho de... ¿Cómo se llama el presidente de la KL?
-Robert Muybridge. Pero esto forma parte del juego ¿no?. – Morgan agitó la mano con
indiferencia-. A veces no es suficiente con ser el mejor -adelanto el mentón y señaló con él la
mesa-. Dentro del dossier de Secret está el horario de la nueva cita. Harpert la aplazó hasta el lunes. Por cierto... –agregó-. ¿No vas a quitarte la bufanda?
Karel dio un respingo y su mano derecha fue instintivamente hacia la bufanda de cachemir negro que llevaba fuertemente anudada al cuello.
-Tengo frío –replicó sin poder evitar que su voz temblara
-¿Frió? –repitió dubitativo su amigo frunciendo el entrecejo-. La calefacción esta alta. Yo diría que muy alta.
Durante un instante estudió la expresión incomoda del publicista y sus nerviosos movimientos entre las carpetas, que ya no guardaban orden alguno.
-Estoy algo acatarrado –tosió un par de veces mirando a Morgan de soslayo. Aunque mantenía una expresión ausente, en el gris verdoso de sus ojos pudo ver bailar un sutil destello de curiosidad- ¿Ves? No quiero empeorar.
-Si tú lo dices –se levantó recogiendo su portafolios y se encamino hacia la puerta-. ¿Te apetece que almorcemos juntos? Podríamos charlar.
Negó lentamente con la cabeza.
-Voy a estar muy ocupado y...
-Prefieres no remover el tema de Maddy –le interrumpió-. Esta bien –sonrió con dulzura mientras abría la puerta y salía del despacho-. Pero si me necesitas, ya sabes. Silba.
Karel le devolvió una triste sonrisa antes de verlo desaparecer tras la puerta.
Con un largo suspiro se dejó caer en la silla.
Tenía un terrible dolor de cabeza que se acentuaba tras los ojos y había tomado tantos analgésicos que comenzaba a notar calambres en el estómago. Removió el contenido de las carpetas sin prestar realmente atención a lo que hacia hasta que con un resoplido se puso en pie de un salto y fue hacia el baño.
Ante el espejo se deshizo de la bufanda, abrió el nudo de la corbata y desabrochó los tres primeros botones de la camisa blanca que vestía dejando a la vista su esbelto cuello.
Allí estaban las amoratadas marcas. Tan llamativas como la noche anterior. No solo no habían desaparecido, algo por lo demás previsible, sino que ahora resultaban igual de vistosas que un cartel luminoso.
El extraño sueño le había despejado la mente hasta el punto de hacerle recordar con todo lujo de detalles como habían llegado aquellas marcas hasta su cuello y dejándole muy claro que Claudia y Susan no habían tenido nada que ver.
Después de despistarlas, él y Noel habían dado tumbos por varios clubes hasta terminar en un local, entre Broadway y la 57, donde la música funk hacia bailar entre las mesas a la clientela como auténticos enloquecidos. Buscaron un rincón tranquilo, alejado del bullicio de los cuerpos sacudidos por el ritmo, y se situaron en un extremo poco iluminado, junto a una mesa alta sobre la que Karel casi se queda dormido, con los brazos cruzados y la frente apoyada en las manos, mientras Noel iba a la barra a por dos copas. Se sentía tan borrado y cansado que habría podido permanecer en aquella posición el resto de la noche.
El modelo no tardo en regresar con un vaso de vodka en una mano y uno de whisky con hielo en la otra. Al verlo en tan incomoda posición se había inclinado sobre él para hablarle junto al oído.
-¿Te encuentras bien?
Al escuchar su voz no levantó la cabeza. Trató de responderle pero su cerebro no parecía capaz de formular una sola frase con sentido ni su reseca boca pronunciarla. Entreabrió los labios y un largo gemido gutural se le escapó.
Noel rió mientras bebía de su vaso y colocaba el de Karel en el extremo más alejado de la mesa.
-Mejor no continúes bebiendo. O tendré que llevarte a tu casa inconsciente.
Sintiendo la cabeza terriblemente pesada y con un esfuerzo extremo, se había incorporado. Logró hacer un comentario irónico, no recordaba cual, que los hizo reír a los dos. Después hablaron durante largo rato, sobre todo Noel.
En algún momento que le resultaba imposible concretar, el modelo, con un gesto aparentemente inconsciente, le había rodeado los hombros con el brazo mientras le hablaba muy cerca del oído. Poco a poco fue estrechando el abrazo hasta que no hubo espacio libre entre los dos y sus labios le rozaban el lóbulo de la oreja.
No comprendía porque en aquel mismo instante, cuando la lenta respiración de Noel le acariciaba el cuello y notaba su propio pecho ligeramente aprisionado por él de este, no había reaccionado. Debería haberse apartado, tal vez sin violencia ni reproches, pero sí con determinación. En vez de eso se dejó arropar por la calidez de aquel contacto, que aunque firme, resultaba agradablemente tierno. Sin ser plenamente consciente de ello, fue reclinando la cabeza hasta apoyar la frente en el hombro del modelo, dejando que una suave somnolencia le atrapara. Comenzó a notar que la música iba quedando amortiguada a la vez que la voz de Noel se alejaba lentamente convertida en una pausada letanía que le adormecía. Sus músculos se relajaban, la mente se apaciguaba y los párpados caían pesadamente.
Al recordarlo no podía dejar de sorprenderse. ¿Cómo había podido encontrar aquella situación cómoda?. Jamás antes el alcohol había dado lugar a algo parecido. ¿O no había sido el alcohol? ¿Tan afectado estaba por la ruptura con Maddy que tenía que buscar consuelo y comprensión en un desconocido y además hombre?
Estaba seguro de que habría terminado durmiendo en los brazos de Noel. Pero este cambió el tono de su conversación e hizo una pregunta que parecía necesitar respuesta.
-¿Cómo? –inquirió sin querer perder el cómodo sopor que lo invadía en aquel momento.
-Claudia. Podías haberte quedado con ella. ¿Por qué no lo has hecho?
Tardó unos segundos en registrar con claridad la pregunta y otros tantos en darle forma a la respuesta.
-¿Quedarme con ella? ¿Para qué?
La voz de Noel sonó en su oído profunda y acariciadora.
-¿Realmente necesitas que te lo explique?
-Hoy no es el mejor día para un polvo rápido –respondió encogiéndose de hombros.
-Eso me recuerda que tienes una deuda conmigo.
Una frase así, pronunciada en aquella situación que solo podía definirse de intima, debería haberle puesto en guardia o por lo menos destrozado el instante de paz que vivía, forzándolo a apartarse de él. En vez de eso irguió la cabeza y observó de reojo al modelo.
-¿Una deuda?
-Me pediste que te librara de ella, ¿no?
Con una sonrisa torpe volvió a reclinarla. Había recordado haberle insistido en El Duende Verde que le ayudara a escapar de las insinuaciones de Claudia. El modelo había aceptado a cambio de algo, aunque no estaba segura de que este hubiera especificado que era ese “algo”.
-He cumplido mi parte, ellas ya no están. Ahora te toca a ti.
La idea de deberle algo le había hecho gracia, provocándole una risa ligera que le hizo temblar entre los brazos del modelo.
-No tengo nada que darte –replicó deseando volver al agradable adormecimiento.
-Yo creo que si.
Presintió el calor de la boca de Noel apenas rozándole la piel del cuello. El pelo de la nuca se le erizó y un largo estremecimiento le recorrió de arriba abajo la espalda. Las mejillas comenzaron a arderle y el corazón inicio una alocada galopada que le hacia vibrar el pecho. Notó los labios entreabiertos apretados levemente contra la piel y la húmeda calidez de la lengua deslizándose con sutileza y estudiada precisión.
Todo su cuerpo sufrió un espasmo, pero no se apartó ni pronuncio palabra alguna.
Permitió que los carnosos labios succionaran con pausada entrega y que la lengua, semejante a una punta de lanza, guiara a la boca en su lento recorrido por el esbelto cuello, hasta el pequeño lóbulo de la oreja. Allí, dientes, lengua y labios se recrearon en morder y succionar con tierna pasión. Después, casi imperceptiblemente, aquellos labios iniciaron un camino a través de la enrojecida mejilla buscando el consuelo de su boca. Instantes antes de notar la caricia de la lengua de Noel en la comisura de sus labios, su mente reaccionó.
Moviendo sin brusquedad la cabeza, abrió los párpados y desvió la mirada.
-No soy gay –musitó.
-Yo tampoco –había replicado el modelo aun con su boca muy cerca de la de Karel.
Evocar aquel instante le provocó un nuevo calambre en el estómago.
Se apoyó en el borde de la encimera del lavabo y se inclinó hacia delante tratando de controlar el espasmo.
Tras la respuesta de Noel había permanecido unos instantes paralizado, pero al percibir un leve movimiento de acercamiento por parte de este, le apartó los brazos con una actitud relajada, que al rememorarla le resultaba totalmente sorprendente. El modelo no hizo comentario alguno ni mostró resistencia, se limitó a observarlo con una sombra de burla en los ojos.
Después su cuerpo no había resistido más.
La cabeza le daba vueltas y el alcohol de sus venas le tenía al borde de la inconsciencia. Noel lo había sacado casi en volandas del club y metido en el taxi donde definitivamente perdió el conocimiento.
Levantó la cabeza y miró su reflejo en el espejo sin reconocerse.
No solo era su aspecto terriblemente demacrado, las ojeras bajo los párpados, el rictus amargo de su boca, sino la mirada acuosa y desquiciada que era un claro reflejo del caos reinante en su mente.
Observó con detenimiento las amoratadas marcas. Eran una prueba irrefutable, sí, ¿pero de qué?
¿De un desliz? ¿Una soberana estupidez? ¿Una tardía búsqueda de nuevas experiencias? ¿O tan solo eran la prueba de su profunda soledad?
Apretó con fuerza los párpados. No quería seguir viendo aquel testimonio de un hecho que no lograba definir ni clasificar en una mente que era un confuso ir y venir de ideas poco coherentes, que le acusaban y a la vez absolvían de lo sucedido. Una mente que revivía una y otra vez los instantes transcurridos con Noel, en un intento de hallar una clara prueba que le liberara de la sensación de haber sido, sino promotor, si coautor de lo ocurrido.
Nada ni nadie podría negar que había tratado de frenar cada insinuación del modelo, aun sin tener nunca claro si se trataba de una broma. Pero era imposible eludir el hecho de que llegado el momento había, no aceptado, pero tal vez si consentido, en dejarse llevar.
-Eres gilipollas, Karel –se dijo a si mismo percibiendo que la furia que hasta el momento había permanecido latente, comenzaba a surgir imposible de contener por más tiempo-. Un autentico gilipollas.
Descargó sus puños sobre la encimera y con un brusco movimiento golpeó el frasco de jabón que había a su derecha estrellándolo contra la pared de azulejos azules. El cristal se quebró con estrépito y los trozos cayeron al suelo, dejando un reguero pegajoso en la esmaltada superficie del muro.
Con desesperada frustración hundió el rostro entre las manos.
-Ese cabron de Lean.
Recordó sus últimas palabras antes de despedirse.
“Mañana me odiaras”
Ahora aquella frase tomaba sentido.
Los sentimientos de culpabilidad que hasta hacia unos instantes le habían producido tanto desconcierto comenzaron a disiparse a medida que la furia se desataba. Una imagen diferente del modelo tomó forma en su mente. Lo veía como un frió y calculador manipulador que desde un principio había jugado con él. Si alguien era responsable de lo ocurrido, ese era Noel Lean.
Seguro de ello y dominado totalmente por la furia y el rencor, Karel borró todo vestigio de culpa de sus pensamientos.

Continuara...

Saludos para Laura V, Megumi Kanzaki y Meiko Yukino gracias por leer mis fics ^^ .
Meiko, espero que recibieras mi correo y que hayas podido encontrar la nueva ubicación de mis fics. Muchas gracias por leerme y preocuparte.
Alisea, prometo intentar actualizar con más rapidez ^^ Gracias por leerme.

Agradecería vuestros comentarios, criticas, felicitaciones y/o reprobaciones. Todo será bien recibido ya que de los errores se aprende y con los aciertos se disfruta.
Saludos de Nut.
Correo: natsuki@telefonica.net