
por Natsuki
Capitulo 6: En “El Duende Verde”
Noto que su visión se volvía algo más nítida y que captaba mejor los sonidos.
¿Qué era aquello que se oía? Música y voces femeninas entonando una melodía; le resultaba agradable pero indescifrable.
Parpadeo; tal vez así lograra diluir la neblina espesa que lo envolvía todo.
Un hombrecito de apenas quince centímetros, con chaqueta, chalequillo, polainas verdes y un sombrero hongo a juego, fumaba de una larga pipa mientras le dedicaba una aviesa mirada.
Alargo la mano y golpeo el sombrero.
-Escayola... –musitó, notando la lengua terriblemente seca.
-¿Te gusta?
Levantó la vista hacia el otro lado de la mesa y vio a Noel reclinado sobre el respaldo de su asiento. El modelo le sonreía amistosamente.
-Seguramente a Hugh no le importe que te lleves uno. Los odia.
Giró la cabeza hacia su derecha y el mundo entero se transformo en un calidoscopio de formas y colores. Cerró los ojos y tras unos minutos volvió a abrirlos. En esta ocasión fue capaz de distinguir un mostrador con una estantería elevada de la que pendían jarras de cristal y aquí y allá taburetes, clientes que bebían cerveza y hombrecillos verdes con pipas.
-¿Dónde estoy?
-Es la tercera vez que me lo preguntas –respondió Noel-. Es “El Duende Verde”.
-¿Y como he llegado hasta aquí?
Karel se rasco la cabeza distraídamente mientras miraba a su alrededor.
Estaba sentado en un banco semicircular, con el asiento y el respaldo forrados de poliéster, y una mesa cuadrada ocupando el espacio central. El hombrecillo del sombrero hongo la presidía junto a un cenicero y una carta de precios pringosa y ajada.
-Te he traído yo. ¿Lo has vuelto a olvidar? –se inclino hacia delante sin dejar de sonreír-. Voy a pensar que realmente te has golpeado la cabeza.
Algunas ideas comenzaron a tomar forma en la turbia mente de Karel.
Miro a su derecha y contempló pensativo el símbolo celta tallado en madera que pendía de la pared.
-No. Estoy bien. Es que aun no he eliminado todo el alcohol.
-Me asustaste ¿sabes? Pensé que ese monovolumen te atropellaba.
El publicista asintió sin dejar de contemplar la intrincada forma en relieve.
Él también, durante una fracción de segundo, había estado seguro de ser envestido por el inesperado vehículo. Logró esquivarlo saltando hacia atrás más por instinto que por una orden directa de su cerebro. Desgraciadamente su sentido del equilibrio no estaba preparado para una reacción tan súbita. Tras lo que fue una extravagante caída que lo dejó tendido a todo lo largo en el acerado, Noel había tenido que ayudarle a levantarse bajo la atenta mirada de los transeúntes, que le esquivaban con aprensiva incomodidad. Después de la vergonzosa exhibición de intoxicación etílica, fue incapaz de negarse a las reiteradas invitaciones del modelo para comer.
-¿Qué es? –preguntó señalando la talla en madera formada por tres brazos que se cerraban sobre si mismos en espiral.
-Un triquel –explicó-. Simboliza el sol.
-¿Es irlandés?
-Celta. Pero la taberna si es irlandesa. ¡Ah! –exclamó-. Ahí llega nuestra comida.
Un hombretón con un sucio delantal se aproximó a la mesa sujetando con una mano una bandeja mientras que con la otra esquivaba a la clientela.
-Apartaros pandilla de vagos –vociferó al llegar hasta un grupo de hombres que entre bromas y guiños le cortaban deliberadamente el paso-. ¿Queréis que os patee el culo?
Dio un par de empellones y dejándolos atrás se aproximo a la mesa que ocupaban Noel y Karel.
-Menuda pandilla de cabrones –insultó dejando la bandeja sobre la mesa. Miró al publicista y sonrió mostrando una perfecta dentadura-. ¿Y tú qué? ¿Empiezas a espabilar o necesitas que te haga vomitar la borrachera?
Karel se apartó disimuladamente de él antes de sonreírle inseguro.
-Estoy bien. Gracias.
-Tú amigo no tiene muy buen saque, Noel –dijo tomando de la bandeja un plato rebosante de patatas, verduras y salchichas de cerdo que deposito ante Karel-. No deberías dejarle beber tanto.
El publicista contempló la humeante ración tratando de ocultar una arcada.
-Yo no he pedido esto –negó.
El hombretón, que lucia una reluciente calva y una espesa perilla, se inclino hacia él con el rostro congestionado por una incipiente cólera.
-Aquí nadie pide. Yo se muy bien lo que el cliente necesita –cogió un segundo plato con idéntico contenido y lo dejo frente a Noel-. ¿Verdad?
-Gracias, Hugh –replicó este.
Una cesta con pan y dos jarras de cerveza completaron el conjunto.
-¿Tal vez tú amigo prefiera un vaso de leche? –el camarero señaló una de las jarras y sonrió burlón-. ¿O una limonada?
Karel alargo la mano; tomando con seguridad la jarra bebió un buen trago del dorado liquido.
-Estoy servido, gracias.
-Muchos cojones para tan poco hígado –exclamó Hugh-. Este termina hoy en urgencias.
Y dando fuertes risotadas regresó detrás de la barra.
-¿De donde ha salido ese tipo? –inquirió Karel revolviendo en su comida con la punta del cuchillo.
-De Galway –aclaró Noel que había comenzado a devorar el contenido de su plato con evidente entusiasmo-. Es un excéntrico, pero tiene razón, deberías beber algo más sano. No querría verte de nuevo a punto de ser atropellado.
Karel frunció el entrecejo. Asió la jarra y bebió de ella hasta dejarla medio vacía.
-No creo que eso sea algo que te incumba.
El modelo detuvo el tenedor a mitad de camino entre su boca y el plato. Una humeante patata hervida se desprendió del cubierto para ir a caer entre los guisantes. Sus ojos taladraron a Karel. Este le sostuvo la mirada. Tal vez había llegado el momento de mostrar todas las cartas.
-Tienes razón... –otra vez sus pupilas brillaron risueños-. Pero quizás te apetezca compartir con alguien la razón por la cual te estas ganando a pulso un coma.
Karel clavo el cuchillo en una de las salchichas que rezumó un jugo blanquecino. Con un gesto de asco y ayudado por el tenedor la trincho, y con un movimiento rápido se la metió en la boca. La carne estaba tierna y jugosa, y para su asombro, le resultó especialmente agradable.
Miró a Noel; este le observaba divertido.
-Sabía que te gustaría.
-¿Vienes a menudo por aquí?
-Es como mi segunda casa.
El publicista volvió a observar el local. Irradiaba hospitalidad con aquel techo de vigas, los bancos empotrados en pequeños reservados y la música con reminiscencias celtas.
-No te imaginaba en un lugar así.
-¿Dónde entonces?
Karel se extrañó al percibir un claro cambio en el tono de voz del modelo. Advirtió que entrecerraba los ojos y que la expresión de su rostro se tornaba extrañamente hermética; descuidadamente revolvía en la comida sin perderle de vista.
-No se –se encogió de hombros notando que la incomodidad delataba su incipiente nerviosismo-. ¿En un bar de moda?
-Eso lo dejo para el trabajo –se llevó un trozo de carne a la boca con premeditada lentitud-. Pero me gusta que hallas estado pensando en mi.
El publicista notó que el calor le subía hasta las orejas y que estas se le encendían. Trato de hablar, pero se atraganto con la comida que tenía en la boca. Nerviosamente bebió lo que le quedaba de cerveza.
-Oye, no te equivoques yo...
-Come –le pidió con contundencia, centrando toda su atención en su propio plato-. Lo necesitaras si piensas seguir bebiendo.
Y sorprendido de su propia reacción, le obedeció.
* * *
No supo muy bien cuando ni como apareció aquella botella de whisky en la mesa, tal vez cuando el tal Hugh retiro los platos y las jarras vacías; tampoco en que momento comenzó a hablar de Maddy. Pero allí estaba. Confesándole a un completo desconocido su reciente ruptura con la mujer que creía había estado haciendo feliz todos aquellos años.
-Soy un canalla.
-¿Por no amarla? –preguntó Noel bebiendo de su vaso de vodka. Karel tampoco era consciente de cuando había sido servido aquel vaso.
-Pero si la amo –protestó.
-Entonces, ¿por qué ella cree que no?
Esa era exactamente la pregunta, y por supuesto también el problema. Vertió el whisky de la botella en el vaso y bebió con excesiva decisión.
-No he sabido demostrárselo.
Noel se encogió de hombros.
-Tal vez no había nada que demostrar.
Karel dejo caer la cabeza hacia atrás, apoyándola en el respaldo.
Se sentía cansado. Cansado de pensar una y otra vez en que momento había dejado de ser consciente de sus sentimientos hacia Maddy. Sus cuatro años de relaciones habían sido buenos, ¿o no?. Ahora todo le resultaba confuso y diferente. Ya no estaba tan seguro de no haber viviendo una de esas convencionales relaciones de pareja, en la que el amor solo era un utópico requisito recordado el día de San Valentín.
-Nada es fácil. –dijo, mas para si que dirigiéndose a Noel.
¿Por qué seguía hablando con aquel tipo de algo tan intimo? Ni tan siquiera le apetecía hacerlo con Morgan. Rara vez se sentía tentado de compartir sus intimidades con otros seres humanos. ¿Por qué entonces no le importaba revelar de aquella forma su impotencia y dolor a él, precisamente el desencadenante de todo?
-Esto es absurdo.
Levantó la cabeza y alcanzó el vaso. Un desagradable estremecimiento le recorrió la espalda cuando sus ojos se cruzaron con los de Noel. Bajo unos párpados entornados la mirada era intensa, tenia el ceño fruncido y los labios apretados, y sujetaba su vaso medio vació con una mano tan crispada que los nudillos habían palidecido por el esfuerzo. Karel se sentía confuso. En ningún momento, desde que se vieran por primera vez, había sorprendido en Noel una expresión de odio como aquella.
Mirar hacia otro lado y eludir la situación hubiera sido su reacción ante algo así. Pero tal vez fuera porque el alcohol llevaba demasiado tiempo alojado entre sus neuronas o por el desconcierto que le provocaba contemplar un odio tan palpable, que inclinándose hacia Noel pregunto.
-¿Qué he dicho? ¿Qué he hecho para que me mires así?
No obtuvo respuesta. Durante unos momentos el semblante de Noel continuo mostrando la misma expresión. De pronto, sus ojos se abrieron igual que si acabara de ser testigo de una importante revelación.
-Nada –musitó-. Tú no me has hecho nada.
La tensión de su rostro se disipó y la furia de su mirada acabo diluyéndose tras un velo de embriaguez.
-Por ti Karel –alzó el vaso hacia el publicista y bebió de él sin perderlo de vista-. Por recordarme quien eres.
-Vuelves a estar borracho.
-No mucho más que tú -levantó el brazo e hizo una seña hacia el hombretón que atendía la barra-. Hugh, ¿viene esa botella de vodka?
Karel llenó de nuevo su vaso y se lo tendió.
-¿Por qué vodka? ¿Los irlandeses no beben siempre whisky?
Noel rechazó con un gesto la bebida.
-¿Qué te hace suponer que soy irlandés?
Se encogió de hombros.
-Tu apellido, este bar. Solo a un autentico irlandés le puede gustar venir a un lugar como este.
El modelo rió por lo bajo mientras jugueteaba con su vaso vació.
-Mi apellido no es Lean. Ese es mi nombre profesional.
-Entonces, ¿cuál es?
Una mueca maliciosa curvó sus labios.
-No tengas prisa –apoyó los codos en la mesa y dejó que sus manos le sostuvieran la barbilla-. No quieras conocer todos mis secretos en la primera cita.
-No te equivoques –gruño Karel-. Esto no es una cita.
-Desde luego –admitió con una voz aterciopelada y cómplice-. De serlo ya te habría besado.
Una oleada de calor invadió el rostro del publicista. Noto que le ardían las mejillas y le palpitaban las sienes.
-No digas estupideces... –balbuceo.
Una botella de vodka fue depositada sobre la mesa con un golpe seco haciendo enmudecer a Karel. Inesperadamente no era Huhg quien la portaba, sino una mujer de ojos grandes y pardos que ensayando una sonrisa seductora se inclino sobre Noel.
-Hugh dice que intentes no reventar con tanto “ruso”.
El modelo se levantó perdiendo levemente el equilibrio.
-Susan. Mi sirena favorita.
-Mucho tiempo sin saber de ti, canalla –musitó dejándose rodear la cintura por los brazos de Noel y permitiendo que este le depositara en la mejilla un tierno beso.
Karel siguió con la mirada las largas piernas de la mujer, enfundadas en uno ceñido tejano negro. Continuó hasta la cintura y el plano vientre y de allí paso a los pechos, erguidos y plenos, que se asomaban desafiantes al pronunciado escote de la camiseta de tirantas que vestía.
Se removió incomodo en el asiento. No podía apartar los ojos de aquellos pechos.
-Vi tu último anuncio –comentó Susan acariciándole el cuello a Noel con una mano mientras que con la otra lo despeinaba-. ¿Cuándo me vas a regalar una de esas miradas tuyas en privado?
El modelo se inclino sobre su rostro y le susurro en el oído. La mujer, con un ligero estremecimiento, dejó escapar un suave ronroneo. Volvió la mirada y contempló a Karel de reojo.
-¿Quién es? –preguntó mientras jugueteaba con los botones de la camisa-. ¿También es modelo?
-Podría serlo, ¿verdad? –replicó Noel observando a su vez al publicista.
Karel carraspeo.
-Se equivoca, yo...
-Eres muy atractivo –interrumpió Susan-. Te presentare a una amiga.
Girando la cabeza hacia la barra hizo señas con la mano. De entre toda la clientela apoyada en el mostrador surgió una mujer portando dos jarras de cerveza.
Karel al verla, constató asombrado que podía ser una copia perfecta de aquella que abrazada a Noel, se entretenía en desabrocharle uno a uno los botones de la camisa.
El mismo cabello alisado, rubio ceniza, peinado con pulcritud. Idéntico color de pintalabios, rubí intenso, brillante y artificialmente húmedo. Incluso sus pechos parecían salidos del mismo molde quirúrgico. La mirada del publicista acompaño el elástico bamboleo de estos mientras la mujer atravesaba al ritmo de la música el espacio que los separaba.
-¡Me encanta este grupo! –exclamó al llegar junto a ellos-. ¡Noel! ¿Dónde te habías metido? Creía que ya no te juntabas con el proletariado.
Se giró hacia Karel y sonriendo con estudiada provocación, añadió.
-Veo que vienes muy bien acompañado...
-Susan. Claudia. Os presento a Karel Berenson –se sentó atrayendo a la mujer junto a él-. ¿Un amigo?
Ninguna de las dos pareció percatarse del tono interrogante.
Susan se aproximó a un más a Noel mientras que Claudia se sentaba al otro lado, muy cerca de Karel.
-¿Eres modelo tú también? –preguntó dejando las jarras sobre la mesa y arrimando ostensiblemente sus pechos al publicista -¿Has hecho algún anuncio?
-Algo parecido –dijo Noel. Estaba cómodamente reclinado hacia atrás, con los brazos apoyados sobre el respaldo en actitud relajada. Susan había dejado caer con delicadeza la cabeza sobre su hombro a la vez que sumergía la mano bajo la camisa desabrochada.
-No... no... –Karel negó enérgicamente a la vez que trataba de apartarse de aquellos pechos que le apuntaban como mísiles-. Yo no hago anuncios. Se podría decir que los diseño.
-¡Qué interesante! –exclamó Claudia recuperando terreno-. Imagino que eso dejara mucho dinero.
Karel no prestó atención al comentario. Intentó de nuevo mantener las distancias desplazándose en el asiento hacia la izquierda, sin resultado. No era ajeno a aquel tipo de situaciones a las que sabia enfrentarse con desenvoltura y que en general le divertían. Lograr el control de las mismas solía ser un juego de niños. Pero aquella no era la ocasión perfecta para mostrar sus habilidades o dejarse engatusar.
-Yo trabajo en una floristería –le informó-. Mis amigos dicen que siempre huelo a flores. ¿Quieres comprobarlo? -Claudia se apartó el cabello mostrando un cuello esbelto y níveo.
Comenzó a sudar visiblemente y a sentir que el corazón le bombeaba con violencia. La idea de morder aquella deliciosa garganta había cruzado por su mente con extrema claridad.
Tal vez en otro momento y lugar aquel flirteo descarado y directo habría sido acogido de buen grado. Pero no cuando se hallaba al borde de la depresión y de la peor borrachera de su vida.
Volvió a trasladarse en el asiento hacia su izquierda encogiéndose sobre si mismo.
-No hace falta, noto el aroma.
-¿Verdad que si? –de nuevo salvó la distancia que los separaba con un leve saltito. En esta ocasión sus pechos se estrujaron contra el brazo de Karel.
El publicista trató de replegarse pero chocó contra la firmeza de otro cuerpo a su izquierda. Giró la cabeza y su mirada quedo atrapada en los ojos color miel que a escasos centímetros lo contemplaban. Notó el cálido aliento cargado de vodka rozarle los labios, la respiración pausada escapar de la afilada nariz; vio las espesas pestañas atenuando ligeramente el brillo de las pupilas, las rectas cejas levemente fruncidas; y durante una fracción de segundo deseó abandonarse a la ternura de aquel instante.
Sobresaltado apartó el rostro.
-¿Qué haces? –exclamó.
Noel sacudió los hombros.
-¿Qué haces tú? –preguntó a su vez.
-Noel ...-protestó con infantil tono Susan tomándole la barbilla y girándole el rostro-. No me prestas atención.
Karel hizo el intento de moverse hacia su derecha pero Claudia le cortaba el paso.
-Cuéntame como es tu trabajo –le pidió la mujer acurrucándose contra su brazo.- Seguro que es apasionante.
El publicista la examinó incomodo.
-No te creas... mucho papeleo.
-Pues el mío es muy entretenido. Todos los días conoces a alguien nuevo.
Mientras Claudia hablaba, disimuladamente Karel alargo la mano, agarró la tela del pantalón de Noel y tiró de ella con insistencia.
-¿Qué quieres? –oyó que le susurraba el modelo junto al oído.
El pelo de la nuca se le erizó.
-Sácame de aquí -le respondió en un murmullo, sin girarse.
-No seas tonto y aprovecha.
-Ayudame... –insistió sin dejar de sonreír hipócritamente a la mujer, que ensimismada en su monologo, no parecía percatarse de la situación.
-De acuerdo, pero... ¿qué me das a cambio?Continuara...
Muchas gracias a Dazi y a Rosa por vuestros correos y ánimos. Gracias por leerme.
Y a Emaleth, gracias mil. Tú sabes porqué.Agradecería vuestros comentarios, criticas, felicitaciones y/o reprobaciones. Todo será bien recibido ya que de los errores se aprende y con los aciertos se disfruta.
Saludos de Nut.
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