por Natsuki

Capitulo 5: Ahogando las penas.


Hizo lo adecuado en tales circunstancias.
Emborracharse. ¿Qué otra cosa se suponía que debía hacer?
Su novia acababa de preguntarle si estaba enamorado de ella y él había sido incapaz de contestarle; tras un desenlace así solo cabía pillar la trompa del siglo.
Aquel era su tercer bar, y solo pasaban de las doce y media de la mañana. O eso creía, porque desde el séptimo whisky con hielo las manecillas de su reloj ondulaban igual que un espejismo en mitad del desierto.
Notó que de nuevo vibraba el móvil en el bolsillo interior de su chaqueta, y como las anteriores cinco veces, ¿o habían sido seis?, lo ignoró. Morgan debía de estar especialmente intrigado. Verle abandonar el despacho a primera hora y no recibir noticias suyas en toda la mañana era algo a lo que su amigo no estaba acostumbrado; y menos aun a que sus llamadas no recibieran contestación.
Pero, ¿qué podía hacer?
Lo último que deseaba en aquel momento era relatarle a Morga como gracias a Maddy había vuelto a revivir el peor día de su vida.
Vació el escaso liquido que aun quedaba en su vaso y lo depositó sobre la barra con el sutil tintineo del hielo contra el cristal. Miró al camarero, vestido de riguroso negro y blanco, pajarita y chalequillo, y le brindo una sonrisa de complicidad.
El hombre, con rápida eficacia, relleno el vaso hasta la mitad con el contenido de una botella que tomo de la estantería en madera de caoba y cristal que había a su espalda.
Karel elevó el vaso hacia él en un silencioso brindis y de un trago deposito la mitad del contenido en su estomago. Se giró en el taburete y observo indolente el local.
Era la primera vez que lo visitaba, ni siquiera sabía su nombre; simplemente cruzó ante la puerta y entró. La impresión previa había sido buena. Le gustó el torrente de luz natural que penetraba a través de las numerosas claraboyas abiertas en el techo, el conjunto de caras mesas y sillas de madera distribuidas a lo largo de las paredes, las diferentes tonalidades de ocre con las que estas estaban pintadas y las exquisitas reproducciones de lienzos firmados por Edward Hopper que pendían de ellas. Había camareras con faldas y chalequillos negros colocadas estratégicamente en cada esquina, prestas a servir, bajo la atenta mirada de un inexpresivo encargado, a la numerosa clientela que en aquellos instantes tomaba el aperitivo de la mañana. El lugar traslucía elegancia, tal vez demasiada para servirle de trampolín a su futura borrachera.
Karel vio bailar ante sus ojos los rostros de aquellos que se hallaban sentados alrededor. Se frotó las mejillas con fuerza y trato de centrar la vista. Imposible. El exceso de whisky había comenzado a bloquear algunos de sus sentidos.
Trabajosamente se bajo del taburete y tanteando con la mano la barra, caminó a lo largo de esta hasta su extremo, donde una camarera le detuvo con algo de timidez y temor.
-¿Le puedo ayudar, señor?
-¿El baño, por favor? -asintió esbozando una forzada sonrisa.
La joven afirmo aliviada con un movimiento de su cabeza y le mostró con el brazo extendido la dirección a seguir.
Caminando todo lo erguido que pudo, llegó al otro lado de establecimiento sin caerse ni tropezar con nada ni nadie. Tardó algunos segundos en discernir la puerta que tenía que empujar para entrar en el baño de caballeros. Una vez en el interior se apoyó pesadamente sobre uno de los tres lavabos de acero esmaltado empotrados en una larga encimera de granito. Levantó el rostro y creyó verse reflejado en el espejo, aunque no estaba seguro de que aquel semblante pálido y ojeroso fuera el suyo. Hizo girar el mono mando y un chorro de agua fría broto del grifo. Con ambas manos recogió el liquido y se refregó la cara. Por un instante la frialdad del agua aclaró su enturbiada mente.
Tal vez la solución a su problema no estaba en causarse un coma etílico. Tal vez bastaba con enfrentarse a él cara a cara.
Las palabras de Maddy de nuevo resonaron en su cabeza.
No eres capaz de sentir nada por nadie
¿Por qué volvía a suceder? Eran otras palabras; pronunciadas por otra boca, envueltas en otra voz, pero al fin y al cabo mensajeras de la misma dolorosa queja. Miro hacia el espejo y creyó ver el semblante hermoso y radiante de la que fuera el amor de su vida.
-Laura...
Alargo la mano y rozó con la yema de los temblorosos dedos la limpia superficie del cristal. Allí solo estaba su propio rostro, cansado y triste. Laura se había marchado hacia mucho, mucho tiempo, dejándole tan solo un puñado de palabras hirientes.
Tú no sabes amar, no puedes amar
Y entonces, como ahora, no había sido capaz de desmentir tan abrumadora afirmación.
La vibración del móvil contra el pecho le retrajo de sus pensamientos. Fatigado, metió la mano en el bolsillo interior de la chaqueta, saco la cartera de piel negra y la deposito en una esquina del lavabo y después extrajo el pequeño móvil de carcasa gris que aun vibraba con un zumbido casi inaudible.
Tenía la pantalla a color iluminada y un pequeño sobre parpadeante.
Accionó la tecla correspondiente y una serie de telegráficas palabras cruzaron de un lado a otro de la pantalla.
“Dond tú? Harpet cabreado. Tromp prgunta pr Secret´s. Tú y Mad juntos? Tú y besucón juntos?”
Rechinó los dientes contrariado. Morgan tardaría bastante en dejar de hacer mofa de lo ocurrido en el ascensor. Apagó el móvil y lo devolvió al bolsillo. Se miro por última vez al espejo y con un paso algo menos vacilante salió del baño.
El número de clientes había aumentado considerablemente. Para llegar hasta el lugar que había ocupado en la barra se vio obligado a esquivar algunos pequeños grupos de personas que charlaban animadamente con una copa en la mano. Volvió a sentarse en el taburete e hizo un claro signo al camarero. Este retiro el vaso, donde el hielo había terminado por aguar el whisky, y lo sustituyo por otro con tres ovalados cubitos y una sustanciosa cantidad de licor.
En la ambientación musical que sonaba a través de invisibles altavoces, Keith Jarrett acariciaba las teclas de un piano con la hermosa levedad que le caracterizaba; las notas de “Colonia...” se confundían agradablemente con las voces amortiguadas de la aparentemente feliz clientela.
Entrecerró los ojos. Podría dejarse acunar por aquellos sonidos y dormir, dormir hasta que todo lo sucedido no fuera más que un mal sueño.
Noto que alguien le golpeaba ligeramente en el hombro.
Volvió la cabeza y vio junto a él a un hombre alto, de cabellos alborotados y mirada ambarina que le contemplaba con una dulce y hermosa sonrisa.
-¡Tú! –gritó Karel espantado.
Echo el cuerpo hacia atrás bruscamente tratando de apartarse de él lo más posible. Dos de las patas del taburete que ocupaba se separaron del suelo por el inesperado impulso. Durante unos segundos mantuvo el precario equilibrio aleteando desmañado en el aire, hasta que las otras dos patas restantes resbalaron en las lozas con un desagradable chirrido.
Antes de chocar contra el suelo, provocando un terrible estruendo que hizo enmudecer a toda la clientela, vio a Noel Lean, con una expresión de indecible sorpresa en el rostro, tratando de asirlo por los brazos.
Una treintena de pares de ojos se volvieron hacia su persona.
-¿Esta usted bien?- preguntó Noel inclinándose sobre él visiblemente preocupado -¿Se a hecho daño?
Karel se apresuró a ponerse en pie esquivando las manos del modelo que trataban de sostenerlo para ayudarle. El golpe debía de haber desembotado la mente porque la sentía extraordinariamente clara a la vez que todos sus sentidos en guardia.
-¡No me toques! –rugió sacudiéndose la chaquete y fulminándolo con la mirada-. ¿Es que no has tenido ya bastante? ¿Qué es lo que quieres ahora, eh? ¿Qué es lo que quieres?
Noel le miró confundido. Sonrió levemente y extrayendo algo del bolsillo derecho de la cazadora de piel que vestía, se lo tendió al publicista.
-¿Devolverle su cartera?
Karel contempló la cartera desconcertado. Mecánicamente se llevo la mano al pecho; allí noto la forma del móvil pero nada más.
-Mi cartera... –musitó sin atreverse a recogerla de las manos que se la tendían.
-¿No la quiere?
-¿Dónde...?
Noel señalo hacia los aseos.
-Le vi salir, y al entrar la encontré junto a un lavabo. Imagine que era suya –hizo ademán de entregársela pero el publicista volvió a retirarse de él.- ¿Me he equivocado? ¿No es suya?
-Si... –miró a su alrededor con desconfianza. La mayoría de la clientela había vuelto a su charla pero aun algunos curiosos persistían en observar la escena-. Es mi cartera.
-¿No la va a coger? –insistió.
Con un movimiento rápido Karel la tomó regresándola al bolsillo de su chaqueta.
En silencio los dos hombres se contemplaron. Noel inclinó ligeramente la cabeza; sus ojos expresaban una sincera curiosidad.
-¿No va a decir nada?
El publicista se cruzó de brazos desafiante.
-¿Qué se supone que tengo que decir?
-Bueno –se encogió de hombros divertido-. Un “gracias” estaría bastante bien.
Karel tragó saliva con dificultad mientras relajaba los brazos.
-¡Ah, es verdad! Por traerme la cartera, claro...
Noel dejó escapar una suave risa mientras levantaba el taburete y lo colocaba de pie entre ellos dos.
-Perdóneme. Actúa de una forma un tanto extraña –dijo-. ¿Es que se ha golpeado la cabeza al caer?
-¿Y como se supone que tengo que actuar después de lo de ayer?
-Sigo sin comprender –frunció el entrecejo y lo contempló con curiosidad -¿Es que nos conocemos?
Karel no daba crédito a lo que oía. Noel parecía totalmente sincero en su pregunta. ¿Tan borracho iba que no recordaba nada de lo ocurrido?
-¿No... no me recuerdas?
El modelo negó lentamente con su cabeza.
-Lo lamento, creo que... –de repente abrió un poco más los ojos, en ellos había un brillo especial-. Ahora que lo dice... –dudo un momento antes de continuar-. Si, es verdad. Nos vimos ayer en el edificio TI&KN.
El publicista volvió a su actitud desafiante. Le recordaba. Después de todo, el vodka que corría por sus venas la noche anterior no había acabado con todas sus neuronas.
-Usted estaba con aquella joven en el Café Jamaica –continuó-. Con la chica que no paraba de hablar y dar saltitos.
No supo que responder. ¿Recordaba su fugaz encuentro en el café y no la embarazosa situación del ascensor? Le resultaba completamente imposible creer que su accidentado encuentro hubiera quedado totalmente borrado de la mente de aquel hombre. Tal vez fingía, pero de ser así era un consumado experto.
-Si... –balbuceo por fin-. Maddy... –dudo antes de continuar-, ... mi novia.
-¡Ah!, ahora comprendo.
Claramente embarazado, Noel torció levemente la cabeza y desvió la mirada hacia un lado.
-Se disgusto con ella por lo sucedido, por su reacción ante mí –dijo con el semblante
ensombrecido-. Por favor, discúlpeme. Desgraciadamente estas situaciones se suelen dar, y rara vez se como atajarlas. No se indisponga con ella, si hay algún culpable soy yo.
-No te preocupes –replicó Karel algo titubeante-. No estoy enfadado por eso.
Arrepentido se mordió el labio inferior. ¿A que venia darle explicaciones a aquel tipo?
-Por tu reacción al verme nadie lo juraría.
La boca de Noel volvía a sonreír aunque a sus ojos asomaba un prudente recelo.
El publicista carraspeó apartándose mecánicamente un mechón de cabellos del rostro. Y ahora, ¿qué le decía?
-Te... confundí con otro.
-Entonces debería presentarme –alargo la mano hacia él acompañando el gesto con una amplia y cálida sonrisa-. Mi nombre es Noel Lean.
Dudó un momento antes de estrecharla. La mano del modelo era fuerte y suave, lo que le produjo una desconcertante sensación de agrado.
-Karel Berenson.
-Encantado. Me permitirá invitarle a una copa –aseguró-. Aunque no sea la persona que pensaba, por mi culpa se ha llevado un buen sobresalto.
Trató de negarse, pero el modelo ya había llamado al camarero.
-Una de lo mismo para el señor y vodka de importación para mí.
“Vodka” repitió mentalmente el publicista. ¿Qué otra cosa iba a pedir? Y de importación; estaba claro que aquel tipo no se privaba de nada.
Karel contempló la escena incomodo. ¿Se suponía que tenía que beber en compañía de ese pervertido? Demasiados acontecimientos habían partido de su desafortunado encuentro para que ahora le apeteciera compartir unos tragos con aquel tipo. ¿No era el culpable de su actual situación? ¿No estaba saturado de alcohol porque él había irrumpido en su vida?
No. Había que ser sincero. Noel Lean solo había sido el detonador de una reacción en cadena que tarde o temprano habría terminado por acaecer. ¿No era eso lo que precisamente había que sacar en conclusión tras su altercado con Maddy? Su relación con ella se basaba en unos cimientos de barro que llevaban tiempo agrietados y que inesperadamente par él, habían terminado por ceder.
La voz de Noel le sacó de sus pensamientos.
-Perdona, ¿has dicho algo?
-Le he preguntado si trabaja en el TI&KN.
-Si, en la West&West Inc. -frunció los labios disgustado. ¿Por qué había respondido a su pregunta? No quería entablar una conversación con él-. Soy publicista.
-¡Que casualidad! –exclamó Noel divertido-. Yo modelo.
-Lo se. He tenido tu boock en numerosas ocasiones sobre mi mesa.
Noel tomó su vaso de vodka y bebió lentamente de él sin perder de vista a Karel. Este, visiblemente nervioso, trataba de decidir si volvía a sentarse en el taburete o se quedaba de pie.
-¿Y le gusta mi trabajo?
El publicista no pudo evitar mostrar cierta sorpresa ante lo directo de la pregunta.
-Estas entre los mejores –admitió-. Aunque tu cachet es realmente prohibitivo.
El modelo soltó una sonora carcajada que sacudió todo su cuerpo.
-Tienes razón –rió dedicándole un guiño malicioso-. Pero mientras lo paguen...
Karel no pudo reprimir una sonrisa a medias. Cogió su vaso, de nuevo colmado de whisky, y bebió. Así funcionaba el mundo de la publicidad. Un modelo era bien considerado mientras pagaran por él lo que pedía. Bajar el cachet suponía perder peldaños y popularidad, un claro signo de debilidad y decadencia.
-Nunca he trabajado con la West&West Inc. –admitió Noel-. ¿No le gusto a su departamento de selección?
-Mi empresa tiene una política muy particular acerca de la contratación de modelos.
Por fin Karel opto por sentarse de nuevo en el taburete sin percatarse de que comenzaba a sentirse ligeramente cómodo ante la presencia de Noel.
-Existe un limite en el cachet que se trata de no sobrepasar. Aun así, no hace más de quince días que mi empresa realizó una oferta a tus representantes.
-¿La W&W solicito mis servicios? –preguntó Noel interesado-. No he recibido ningún comunicado de mis representantes.
-No se tomaron mucho tiempo en valorar la oferta. La rechazaron por motivos económicos.
El modelo bebió nuevamente de su vaso de vodka.
-Mi agencia tiene plena potestad para rechazar aquellas propuestas que consideren inadecuadas –explicó-. El ochenta por ciento de ellas no se me comunica. ¿De que se trataba?
Notando aun en la boca del estomago un cosquilleo de suspicacia, Karel paso a detallar la oferta que la West&West Inc. había llevado acabo a la agencia de representantes del modelo.
Un importante cliente, la KL, legendaria marca creada por Karl Lagerfold, el que fuera director artístico de la casa Chanel; llevaba meses preparando el lanzamiento al mercado de un nuevo perfume para hombre. El asunto se había ido complicando por momentos para el creador de la W&W responsable de la campaña publicitaria, Laurent Dench, uno de los miembros más antiguos del grupo ejecutivo, ya que las estrictas directrices impuestas por el presidente de la KL estaban ralentizando la puesta en marcha de la misma. Rechazaba sistemáticamente a todos los modelos que se le presentaban. Noel Lean había sido un nombre barajado una y otra vez. La tentativa de contratación, inútil, ya que se era consciente que la oferta que se le hacia estaba por debajo de su cachet, fue el último y más desesperado intento de Dench, que al borde de una apoplejía, no sabía como contentar al presidente de la KL.
Mientras Karel narraba las vicisitudes de su colega, dos nuevas copas fueron servidas. Al poco las dos desaparecieron en las respectivas gargantas para ser sustituidas por otras. Al cabo de una hora el publicista se percató de que había perdido la cuenta de los whiskys que llevaba y por supuesto de los vodkas de su interlocutor. También fue capas de apreciar, presa de una incipiente inquietud, que hacia rato que ya no hablaban de la KL, y que la conversación había derivado en un interesante intercambio de experiencias y opiniones acerca del mundo de la publicidad, visto desde las diferentes perspectivas que sus respectivas profesiones les otorgaban.
Terriblemente confuso se levantó del taburete agarrándose previsor al borde de la barra.
-Debo marcharme –anunció sacando su cartera y depositando un puñado de billetes sobre el mostrador.
-No, por favor –negó Noel imitando su gesto-. No puedo consentir que pagues.
Karel trato de imponer su voluntad mientras su entumecida mente solo era capaz de dar forma a una estúpida idea. ¿Cuándo el modelo había comenzado a tutearle?
Al final de mucho discutir se impuso el deseo de los dos y pagaron a medias.
-Yo también he de marcharme –comunico Noel-. Te acompaño hasta la puerta.
Vacilante, Karel caminó junto a él.
Estaba realmente borracho. Notaba la lengua hinchada y torpe, a la vez que un regusto amargo en la garganta. Su visión era ondulada y borrosa, solo un tanto más nítida en el centro, y los sonidos que le rodeaban, las voces de la clientela, la música ambiental, resonaban en sus oídos como un gorgoteo pesado e indescifrable. Noel en cambio aparentaba sobriedad.
No sabía cuantos vodkas había ingerido el modelo, pero estaba seguro de que eran demasiados para que le fuera fácil mantener aquella naturalidad.
Lo miro de reojo. Tenía que admitir que en el fondo el tipo no parecía mala persona, de hecho no tenía más remedio que admitir que había disfrutado conversando con él. Este pensamiento le hizo sacudir la cabeza. ¿Pero que le estaba sucediendo? ¿Le había matado el whisky el sentido común? El tipo era un pervertido y un cabrón y nada más.
Al salir del bar la luminosidad del sol le cegó. Con los párpados entornados observó la transitada calle y el vertiginoso paso de los vehículos. Sintió que la cabeza se le iba.
-¿Te encuentras bien?
Al notar la mano de Noel sobre su hombro se aportó disgustado.
-Perfectamente –logró articular. Se coloco bien la corbata y tiró con energía de las solapas de su chaqueta. No llevaba abrigo, lo había dejado en la oficina cuando bajó a hablar con Maddy, pero aún así no sentí el frío penetrante que recorría la calle.
-Tal vez te vendría bien comer algo –comentó Noel-. Conozco un lugar aquí cerca...
-No gracias –cortó tajante. Ni en broma iba a dejarse engatusar de nuevo por aquel tipo-. Tengo que regresar al trabajo.
-Ya veo –le tendió la mano amistosamente-. Encantado de haberte conocido.
-Igualmente.
Y se giró dándole la espalda y sin estrecharle la mano. La evidente descortesía no le produjo ningún remordimiento.
Pretendiendo en vano que su caminar fuera seguro, llego hasta el borde del acerado, justo donde comenzaba un paso de peatónes. Intento distinguir el color del semáforo al otro lado de la calle, pero la intensidad de la luz aun le cegaba y el mundo a su alrededor parecía girar en espiral. Miró hacia su izquierda y consideró que aquel mono volumen de color plateado estaba aun muy lejos, así que bajo a la carretera y echó a andar.
Demasiado tarde descubrió que borracho medía muy mal las distancias.


Continuara...


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Saludos de Nut.
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