por Shaina

DIA 4. – UN SECRETO

Arrostra por la gracia la diatriba,
Y en empinados vórtices pasea
El abismo de abajo en el de arriba!
S. Díaz

Era muy sencillo, pensaba Kails mientras estudiaba álgebra en uno de los jardines –“Si la vida fuera tan simple, si únicamente debiéramos buscar una fórmula para aplicarla, ¡¡eso sería genial!!, Una fórmula que lo resolviera todo, una para cada situación, sólo deberíamos aprenderlas y así nuestra vida estaría resuelta” – sus dedos daban vuelta a la página del libro mientras percibía el tibio calor del sol, que tímido apenas se atrevía a asomarse por los cielos.

A su alrededor, las risas y las voces alegres de los chicos le embotaban, alzo la vista repentinamente al reconocer un tono en la distancia, los ojos de Karl estaban fijos en él, tras él su equipo se erguía abriéndose paso en la multitud. Una débil sonrisa de burla se plasmo en los labios de Ethan – “El rey y su séquito aparecen en el pueblo, vaya horda de tarados la que tiene... pobres perros falderos” – se levanto, no necesitaba ver a Karl, no después de lo ocurrido la noche anterior.

Levins vio como lentamente Ethan le daba la espalda y se alejaba de él, sonrió, aproximarse al castaño iba a serle más difícil ahora.

Por primera vez a Ethan le parecía que esa escuela era muy diminuta, insignificante para escapar, para esconderse, no importa donde fuera, en cualquier lugar se topaba con Karl y aquella mirada cínica de sus ojos grises lo exasperaba –“¿Cómo puede mirarme a los ojos?... ¿Cómo es que la vergüenza no lo carcome?... – se preguntaba y se alejaba cuando Levins notaba su presencia.

Aquella tarde de invierno, justo cuando las clases académicas hubieron finalizado el corredor fue llamado a la dirección y supo que Dios o el destino tenían algo en su contra.

-Adelante- escucho decir a una voz serena pero severa, poso sus manos en la puerta, la abrió y su mirada se topo de inmediato con Karl. El futbolista se encontraba sentado en una cómoda silla frente al escritorio del director Evans, se mantenía de brazos cruzados y con los ojos cerrados.

-“¿Qué diablos hace aquí?” – el castaño no comprendía lo que sucedía y si aquello era una treta o una trampa, Karl se iba a arrepentir de ella.

- Toma asiento Ethan.- pidió el director y continuo hablando - Muy bien ya que ambos están aquí puedo comenzar – los ojos grises de Levins se abrieron y se fijaron en el hombre de edad avanzada sin siquiera posarse en Kails por un segundo.

-Cada año el colegio realiza un evento para los niños huérfanos en navidad... – Levins interrumpió al director por un momento, le incomodaba estar ahí al lado de Ethan, le molestaba la mirada acusadora de aquellos ojos negros.

- Eso lo sabemos, el año pasado ambos participamos en tal evento, pero señor no entiendo, ¿qué tiene que ver eso con que estemos aquí? – ante el arrebato del futbolista, Evans sonrió, los jóvenes eran siempre iguales, tan audaces, tan impacientes, había visto pasar generaciones enteras en la escuela y siempre había en ellas chicos como Leik, Karl y Ethan.

-Estaba por explicar eso cuando me interrumpiste – aclara el director y Karl se sonroja de vergüenza.

- Lo siento – dice entre dientes el muchacho y Evans continuo hablando.

-Cómo les decía, este año tenemos un conflicto a ese respecto, Olivier Huston, el jefe del equipo de natación, es el líder de comité de su grado, pero por causas de competencias internacionales debe salir de viaje, el colegio entonces necesita a alguien para que tome su lugar y bueno de todos los candidatos la mesa directiva de la escuela en conjunto con la asociación de jefes de grupo los propuso a ambos para desempeñar ese trabajo – ambos chicos se pusieron de pie al escuchar la noticia.

-¿Ambos? – pregunto Ethan tratando de entender la situación, Evans asintió.

- Olivier es un chico muy capaz, como saben su carisma y don de liderazgo lo hacen ideal para dirigir a todo su grado, hasta el propio Leik lo respeta y bueno si dejáramos sólo a uno de ustedes a cargo, el equipo y el grupo de Edwars armaría una revolución en la escuela, ya que Leik no tiene buenas relaciones con ninguno de los dos.

Ambos muchachos se miraron por un momento y después tomaron asiento.

- Chicos ¿tienen algún problema? – pregunta el director a los jóvenes al ver su comportamiento y su reacción ante la noticia.

-Señor... – Kails fue el primero en hablar, su voz queda y tímida llena de terror a Levins, el cual le contempla en silencio.

- No creo que sea una buena idea, como se dará cuenta nosotros no somos los mejores amigos ni mucho menos, si deja las cosas así ese evento reflejara nuestras avenencias y desacuerdos – ante el serio argumento de Kails el director rió.

- Por favor muchachos, sé que podrán arreglar las cosas, además no les estoy pidiendo que se hagan amigos, únicamente tendrán que coordinar la participación y los ensayos de su grado en el evento – aquellas palabras molestaron a ambos chicos y al ver eso Evans continuo hablando intentando limar asperezas – Ambos son los más responsables de su grado, creo que cuando haya conflicto pueden dialogar hasta resolver las cosas, estoy seguro – el hombre se puso de pie.

-Pero señor... – Levins también intento convencer al gestor del colegio de que aquello no era una de las mejores ideas.

- La decisión ya esta tomada. Muchachos no se preocupen, todo marchara bien, confió plenamente en su madurez – acentúa Evans mientras se dirigía a la puerta y la abría dando por terminada la entrevista.

-¡Ah! Por cierto, deberían ponerse de acuerdo desde hoy, no quiero que los ensayos sufran retrasos – el anciano cierra la puerta sonriente dejando a los jóvenes en el pasillo.

Kails empezó a andar, Karl le siguió y el chico castaño al notarlo clavo sus ojos en el futbolista con enfado.

-¡¡Oye no me mires así!!. Yo no tengo la culpa de que ocurra todo esto... Ahora si que estamos metidos en un grave problema – las palabras del chico delgado y pálido enfurecieron a Kails.

-¿Estamos? ...¡¡¡Oh, no claro que no!!!... No voy a soportar que pongas en riesgo todo lo que hasta ahora he logrado, no quiero tenerte cerca ni un momento, así que escucha con atención Karl, nos veremos mañana a las cuatro de la tarde en la pista, lleva una agenda, coordinaremos todo en una hora y después si cada uno hace su trabajo no habrá problema. ¿De acuerdo? – pregunta mientras fija sus ojos en Levins, este asiente y le tiende la mano.

-De acuerdo... – dice el futbolista esperando que su compañero correspondiera su gesto amistoso. Al ver aquella mano el castaño se quedo impávido, no sabía que hacer. Finalmente estrecha la mano de Levins y este sonríe satisfecho.

La noche cae sobre el colegio, los chicos terminaron su entrenamiento antes de lo previsto ya que repentinamente se desato una tormenta de nieve.

- ¿Qué vas a hacer Ethan? – preguntaba la señora Smith al muchacho mientras se colocaba su abrigo.

- No se preocupe, he hablado con el encargado y me permitirá pasar la noche en uno de los gimnasios... – explicaba el chico mientras frotaba sus manos, el frío era exagerado.

- Es una pena que ocurriera un deslave y bloqueara la carretera, con gusto te hubiera llevado a casa. Si no tuvieras que quedarte tan tarde ya estarías en tu hogar, que mal que te ocasionemos problemas – explicaba la regordeta mujer mientras ajustaba sus guantes y su bufanda negra.

-Esta bien señorita y le agradezco sus atenciones – el corredor sonrió débilmente mientras seguía a la secretaria. El sonido de las llaves al cerrar la puerta de la oficina resonó en el pasillo desierto.

- Que pases buena noche Ethan – la señora besa una mejilla del chico mientras este le habla con amabilidad.

-Igualmente y maneje con precaución – los ojos negros siguieron por el pasillo a aquella figura de mujer hasta que se perdió en la oscuridad. Las luces estaban por apagarse en su totalidad mientras el corredor caminaba distraídamente hacia el gimnasio.

Cuando Ehan notó que se encontraba en el pasillo principal fijo sus ojos en la puerta de la enfermería y no pudo evitar que los sucesos de la noche anterior vinieran a su mente.

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Las manos de Levins lo estrechaban en un abrazo. Sus lágrimas parecían ahogarlo y bloquear su garganta, no comprendía por que estaba llorando. El calor del cuerpo de cada uno los aliviaba, los confortaba como nada lo había hecho antes. Transcurrieron así varios minutos, hasta que Karl se alejo del castaño apenado.

Ninguno de los dos dijo nada, Ethan levanto las llaves y abrió despacio la enfermería, sus manos buscaron el interruptor de la luz en la oscuridad mientras escuchaba como Karl entraba a aquella habitación.

La luz de la lámpara hirió los ojos de ambos jóvenes, Kails sonrió al ver lo sucio y maltrecho que se encontraba el futbolista y Karl nota que la pierna de Ethan sangraba.

- ¿Te duele? – pregunta el chico pálido a su acompañante mientras este bajaba la vista y la fijaba en la pierna que Karl señalaba con su dedo índice.

- ¡¡Demonios!! – despacio intentando evitar lastimarse aún más Ethan se dirige a una camilla, sube su pierna a esta, se quita su zapato y lentamente retira la venda ensangrentada mientras el capitán del equipo de soccer lo contempla en silencio. – Podrías pasarme una venda... – pide el castaño a Levins mientras lanza la venda teñida de carmín al cesto de basura y el futbolista asiente y se aproxima a un estante.

Las manos temblorosas del joven de melena negra se posan en el vidrio del estante y al abrirlo sus ojos grises se fijan en una jeringa.

- ¿Qué pasa?.No me digas que ya no hay – dice angustiado Ethan y su voz saca del repentino trance a Karl.

- No, no es eso – El futbolista coge la venda y la lanza a su compañero y antes de cerrar el estante coge la jeringa y la oculta en su chamarra.

El ruido del plástico al ser roto inunda la enfermería. Levins se quita la chamarra quedándose con algo entre las manos.

- Esta empapada – murmura cuando los ojos de Ethan se clavan en él

-Ya veo... – dice distraídamente Kails en tanto empieza a ajustar la venda en su pierna. Karl se acerca a la ventana, le da la espalda al castaño, entre sus manos la jeringa y una ampolleta son iluminadas por la luz dela luna que escasamente se cuelan por la ventana

El estallido de un cristal obliga al castaño a levantar la vista, lo primero que ve es a Karl presionando su brazo derecho con su mano izquierda mientras un hilo de sangre desciende entre sus dedos. Asombrado los ojos negros se posan en el suelo y se topan con la jeringa que yace en el piso y a su lado una ampolleta rota.

- ¿Qué has hecho? – pregunta asustado tratando de entender lo que sucede.

Levins ríe secamente, cierra los ojos mientras despacio empieza a descender hasta quedar sentado en el piso. Al ver aquello Ethan se coloca el zapato con rapidez y se acerca al chico de melena negra.

- Karl... – murmura y el futbolista estalla en risa histérica mientras sus ojos muestran el éxtasis que aquella sustancia empieza a despertar en su cuerpo.

La mano del chico pálido suelta su brazo, la sangre fluye despacio y gota a gota cae al piso. – Ethan... amigo... – murmura con dificultad el futbolista mientras su mano ensangrentada se posa en la mejilla fría del corredor y la pinta de rojo.

- ¿Por qué hiciste eso? – reclama molesto Kails mientras sacude de los hombros a su compañero. Karl ríe nuevamente, su mirada perdida da cuenta de su situación, sus sentidos están totalmente fuera de sí, embotados, la sobre estimulación recibida por aquella droga es suficiente para arrancarlo de la realidad. Aquella es la salida fácil que Levins tienen para ignorar ese mundo que le rodea, ese mundo en el que esta inmerso y que no puede controlar.

Sumamente molesto el castaño se acerca al diminuto lavabo, abre la llave y coge un poco de agua helada en un recipiente, toma una bola de algodón la sumerge en el agua y moja la cara de Karl con furia.

- ¡No seas cobarde Levins! – le grita al ver que fácil resuelve las cosas aquel chico. Empapado y fuera de sí Karl se levanta del piso, coloca sus manos sobre los hombros del castaño y lo empuja hasta que lo hace chocar con la pared.

- Yo no soy como tú... yo no tengo la fuerza que tu tienes– dice entre risas y llanto. Los ojos negros lo contemplan con rencor – Kails... – el futbolista acaricia con torpeza aquel rostro hermoso y perfecto. – Yo soy débil... – explicaba y cada palabra proferida enardecía a Ethan.

- Todos en este mundo pasamos por cosas difíciles, ¿qué sería de nosotros y nuestras vidas si nos enajenáramos como tu lo haces? – pregunta el castaño y sus ojos se desvían de los grises con pesar – Que decepción, no sólo eres un caprichoso, sino también un cobarde... – afirma y al escucharlo Karl le lanza un golpe en la boca del estómago.

Un hilo de sangre escurre por la boca de Ethan, este alza la vista y contempla retadoramente a su interlocutor –Y con esto... ¿qué arreglaste Karl? – pregunta con tono cargado de ironía.

Al ver la sangre y la ira en aquellos ojos negros Levins se aleja de él. – Lo lamento... ¡¡¡Lo lamento!!! – grita mientras hunde sus manos en su cabellera lacia y se deja caer de rodillas al piso.

- No puedo con esto... ¿Qué más podía hacer?... – lágrimas de dolor brotaron nuevamente de los ojos grises. – Todo tan falso... tan frío... - El futbolista se desmoronaba frente a Ethan, el castaño comprendía a la perfección sus palabras, él también necesitaba escapar, huir de todo, pero de nada servía irse por un par de horas si al final debía regresar al mismo lugar, a esa maldita realidad que lo martirizaba.

- Yo... ya no puedo con esto. ¿Por qué todos fingen?... ¿por qué sonríen de esa forma? – los puños de Karl se incrustaron en el piso y continuaron golpeando con ira. Ethan se arrodillo a su lado, aquel sufrimiento tan vivo, incontenible lo sacudió.

- Karl... – musita quedamente mientras su manos se posaban en aquellos puños ensangrentados – No te preocupes por los demás, entiende tus razones... ¿por qué no eres feliz?, ¿te lo has preguntado alguna vez?, lo sabes... – la voz tierna del castaño centro al futbolista en el silencio por un momento.

-No puedes sentirte la víctima toda la vida... - Ethan busca algo entre sus ropas, un crucifijo de plata brilla bajo la luz artificial - Mira esto... ¿qué es lo que ves?...- pregunta mientras descuelga aquella cruz de su cuello y la coloca entre las manos de Levins.

-Un Dios en el que no creo... – responde secamente el futbolista mientras fijaba sus ojos iracundos en el cristo de plata.

- ¿Un Dios?... ese es un gran problema ¿por qué ves lo que todos ven Karl?... Te diré lo que yo veo – los ojos negros de Ethan se cerraron -Yo veo a un hombre... – murmuro y sus ojos se abrieron de nuevo y se posaron en los grises – Un hombre que jamás se traiciono a sí mismo, por eso perdió la vida... Veo una vida como todas con penas y dolores justo como la tuya y la mía ¿qué hay de grandiosos en eso?... – pregunto y sin pensar tomo las manos de Karl entre las suyas oprimiendo el crucifijo entre ambas – Lo grandioso es que él sabía y aceptaba que todos en este mundo estamos heridos, su sangre en la cruz significa eso, su imagen dolorida representa ese hecho... pero en ocasiones lo olvidamos ¿por qué ha de ser más feliz otra persona que nosotros? Nos preguntamos y colocamos sobre esas heridas que sangran una venda, una máscara que nos hace ver hermosos y felices mientras no lo somos... ¿por qué no aceptas ese dolor y lo compartes? – Levins escuchaba atentamente aquellas palabras, pero no podía darles sentido, no en ese momento.

-Todo esta perdido... Ethan, sólo una cosa me mantiene con vida... sólo una cosa... – los labios de Karl temblaban –En contre lo que me hace convertir el dolor en idilio, pero... eso jamás podrá ser... Ahora que lo sé mi mundo vuelve a derrumbarse he vivido dos años de infierno ¿sabes lo que es eso?... Sabes lo que mirar al ser que amas desde lejos, sabes lo que es desear tocarlo y no poder hacerlo, sabes lo que significa para mí pasar las noches en vela mientras mi corazón se agita tan sólo por su recuerdo... Sabes lo cruel que es haber encontrado lo más anhelado pero que sea eso lo que te hiere como espinas en el cuerpo... – Karl se aproximo al castaño, se vio reflejado en aquellos por un segundo y tembloroso uno de sus dedos rozo los labios de Ethan.

- Estoy en el cielo... y en el infierno al mismo tiempo... – decía mientras acercaba sus labios a los del corredor.

El castaño quedo fascinado, todo ese dolor, ese sufrimiento callado, justo como el suyo. Los labios helados de Karl tomaron los suyos y su cuerpo tembló con aquel contacto, intento pensar, oponerse, pero no tuvo fuerzas para hacerlo, se dejo llevar por esa caricia, tan cálida, tan sincera, su alma solitaria experimentaba el éxtasis de una dicha que su mente no podía explicar.

Al separarse el futbolista cerro los ojos desvaneciéndose en las tinieblas de un olvido forzoso.

- Karl... – Ethan se quedo ahí tratando de comprender lo sucedido. Nunca había permitido a nadie aproximarse a él y sin embargo Levins había logrado lo imposible en un par de días... -¿Por qué?...- se preguntaba débilmente mientras dos de sus dedos se posaban en sus labios.

Los ojos negros se posaron en el rostro sereno de Karl – “Puedo sentir tu dolor como si fuera mi propia agonía... ¿por qué?...” – se levanto, la cabeza le dolía, el corazón le palpitaba muy rápido, tomo entre sus brazos a Karl y lo llevo fuera de la escuela. Cogió un taxi y lo llevo a casa.

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Suspiro, sabía que aquello era algo que salió de su control. Sus dedos se posaron en sus labios – “No permitiré que nadie me lastime... No quiero más dolor...” – la dulce emoción de la felicidad chocaba con el terror que se abría paso en su alma y lo destrozaba todo.

Camino en la oscuridad perdiéndose en ella con un alma triste y agobiada.