Era muy sencillo, pensaba Kails mientras
estudiaba álgebra en uno de los jardines –“Si
la vida fuera tan simple, si únicamente debiéramos
buscar una fórmula para aplicarla, ¡¡eso sería
genial!!, Una fórmula que lo resolviera todo, una para cada
situación, sólo deberíamos aprenderlas y así
nuestra vida estaría resuelta” – sus dedos daban
vuelta a la página del libro mientras percibía el
tibio calor del sol, que tímido apenas se atrevía
a asomarse por los cielos.
A su alrededor, las risas y las voces alegres
de los chicos le embotaban, alzo la vista repentinamente al reconocer
un tono en la distancia, los ojos de Karl estaban fijos en él,
tras él su equipo se erguía abriéndose paso
en la multitud. Una débil sonrisa de burla se plasmo en los
labios de Ethan – “El rey y su séquito aparecen
en el pueblo, vaya horda de tarados la que tiene... pobres perros
falderos” – se levanto, no necesitaba ver a Karl, no
después de lo ocurrido la noche anterior.
Levins vio como lentamente Ethan le daba
la espalda y se alejaba de él, sonrió, aproximarse
al castaño iba a serle más difícil ahora.
Por primera vez a Ethan le parecía
que esa escuela era muy diminuta, insignificante para escapar, para
esconderse, no importa donde fuera, en cualquier lugar se topaba
con Karl y aquella mirada cínica de sus ojos grises lo exasperaba
–“¿Cómo puede mirarme a los ojos?... ¿Cómo
es que la vergüenza no lo carcome?... – se preguntaba
y se alejaba cuando Levins notaba su presencia.
Aquella tarde de invierno, justo cuando
las clases académicas hubieron finalizado el corredor fue
llamado a la dirección y supo que Dios o el destino tenían
algo en su contra.
-Adelante- escucho decir a una voz serena
pero severa, poso sus manos en la puerta, la abrió y su mirada
se topo de inmediato con Karl. El futbolista se encontraba sentado
en una cómoda silla frente al escritorio del director Evans,
se mantenía de brazos cruzados y con los ojos cerrados.
-“¿Qué diablos hace
aquí?” – el castaño no comprendía
lo que sucedía y si aquello era una treta o una trampa, Karl
se iba a arrepentir de ella.
- Toma asiento Ethan.- pidió el
director y continuo hablando - Muy bien ya que ambos están
aquí puedo comenzar – los ojos grises de Levins se
abrieron y se fijaron en el hombre de edad avanzada sin siquiera
posarse en Kails por un segundo.
-Cada año el colegio realiza un
evento para los niños huérfanos en navidad... –
Levins interrumpió al director por un momento, le incomodaba
estar ahí al lado de Ethan, le molestaba la mirada acusadora
de aquellos ojos negros.
- Eso lo sabemos, el año pasado
ambos participamos en tal evento, pero señor no entiendo,
¿qué tiene que ver eso con que estemos aquí?
– ante el arrebato del futbolista, Evans sonrió, los
jóvenes eran siempre iguales, tan audaces, tan impacientes,
había visto pasar generaciones enteras en la escuela y siempre
había en ellas chicos como Leik, Karl y Ethan.
-Estaba por explicar eso cuando me interrumpiste
– aclara el director y Karl se sonroja de vergüenza.
- Lo siento – dice entre dientes
el muchacho y Evans continuo hablando.
-Cómo les decía, este año
tenemos un conflicto a ese respecto, Olivier Huston, el jefe del
equipo de natación, es el líder de comité de
su grado, pero por causas de competencias internacionales debe salir
de viaje, el colegio entonces necesita a alguien para que tome su
lugar y bueno de todos los candidatos la mesa directiva de la escuela
en conjunto con la asociación de jefes de grupo los propuso
a ambos para desempeñar ese trabajo – ambos chicos
se pusieron de pie al escuchar la noticia.
-¿Ambos? – pregunto Ethan
tratando de entender la situación, Evans asintió.
- Olivier es un chico muy capaz, como saben
su carisma y don de liderazgo lo hacen ideal para dirigir a todo
su grado, hasta el propio Leik lo respeta y bueno si dejáramos
sólo a uno de ustedes a cargo, el equipo y el grupo de Edwars
armaría una revolución en la escuela, ya que Leik
no tiene buenas relaciones con ninguno de los dos.
Ambos muchachos se miraron por un momento
y después tomaron asiento.
- Chicos ¿tienen algún problema?
– pregunta el director a los jóvenes al ver su comportamiento
y su reacción ante la noticia.
-Señor... – Kails fue el primero
en hablar, su voz queda y tímida llena de terror a Levins,
el cual le contempla en silencio.
- No creo que sea una buena idea, como
se dará cuenta nosotros no somos los mejores amigos ni mucho
menos, si deja las cosas así ese evento reflejara nuestras
avenencias y desacuerdos – ante el serio argumento de Kails
el director rió.
- Por favor muchachos, sé que podrán
arreglar las cosas, además no les estoy pidiendo que se hagan
amigos, únicamente tendrán que coordinar la participación
y los ensayos de su grado en el evento – aquellas palabras
molestaron a ambos chicos y al ver eso Evans continuo hablando intentando
limar asperezas – Ambos son los más responsables de
su grado, creo que cuando haya conflicto pueden dialogar hasta resolver
las cosas, estoy seguro – el hombre se puso de pie.
-Pero señor... – Levins también
intento convencer al gestor del colegio de que aquello no era una
de las mejores ideas.
- La decisión ya esta tomada. Muchachos
no se preocupen, todo marchara bien, confió plenamente en
su madurez – acentúa Evans mientras se dirigía
a la puerta y la abría dando por terminada la entrevista.
-¡Ah! Por cierto, deberían
ponerse de acuerdo desde hoy, no quiero que los ensayos sufran retrasos
– el anciano cierra la puerta sonriente dejando a los jóvenes
en el pasillo.
Kails empezó a andar, Karl le siguió
y el chico castaño al notarlo clavo sus ojos en el futbolista
con enfado.
-¡¡Oye no me mires así!!.
Yo no tengo la culpa de que ocurra todo esto... Ahora si que estamos
metidos en un grave problema – las palabras del chico delgado
y pálido enfurecieron a Kails.
-¿Estamos? ...¡¡¡Oh,
no claro que no!!!... No voy a soportar que pongas en riesgo todo
lo que hasta ahora he logrado, no quiero tenerte cerca ni un momento,
así que escucha con atención Karl, nos veremos mañana
a las cuatro de la tarde en la pista, lleva una agenda, coordinaremos
todo en una hora y después si cada uno hace su trabajo no
habrá problema. ¿De acuerdo? – pregunta mientras
fija sus ojos en Levins, este asiente y le tiende la mano.
-De acuerdo... – dice el futbolista
esperando que su compañero correspondiera su gesto amistoso.
Al ver aquella mano el castaño se quedo impávido,
no sabía que hacer. Finalmente estrecha la mano de Levins
y este sonríe satisfecho.
La noche cae sobre el colegio, los chicos
terminaron su entrenamiento antes de lo previsto ya que repentinamente
se desato una tormenta de nieve.
- ¿Qué vas a hacer Ethan?
– preguntaba la señora Smith al muchacho mientras se
colocaba su abrigo.
- No se preocupe, he hablado con el encargado
y me permitirá pasar la noche en uno de los gimnasios...
– explicaba el chico mientras frotaba sus manos, el frío
era exagerado.
- Es una pena que ocurriera un deslave
y bloqueara la carretera, con gusto te hubiera llevado a casa. Si
no tuvieras que quedarte tan tarde ya estarías en tu hogar,
que mal que te ocasionemos problemas – explicaba la regordeta
mujer mientras ajustaba sus guantes y su bufanda negra.
-Esta bien señorita y le agradezco
sus atenciones – el corredor sonrió débilmente
mientras seguía a la secretaria. El sonido de las llaves
al cerrar la puerta de la oficina resonó en el pasillo desierto.
- Que pases buena noche Ethan – la
señora besa una mejilla del chico mientras este le habla
con amabilidad.
-Igualmente y maneje con precaución
– los ojos negros siguieron por el pasillo a aquella figura
de mujer hasta que se perdió en la oscuridad. Las luces estaban
por apagarse en su totalidad mientras el corredor caminaba distraídamente
hacia el gimnasio.
Cuando Ehan notó que se encontraba
en el pasillo principal fijo sus ojos en la puerta de la enfermería
y no pudo evitar que los sucesos de la noche anterior vinieran a
su mente.
&&&
Las manos de Levins lo estrechaban en un
abrazo. Sus lágrimas parecían ahogarlo y bloquear
su garganta, no comprendía por que estaba llorando. El calor
del cuerpo de cada uno los aliviaba, los confortaba como nada lo
había hecho antes. Transcurrieron así varios minutos,
hasta que Karl se alejo del castaño apenado.
Ninguno de los dos dijo nada, Ethan levanto
las llaves y abrió despacio la enfermería, sus manos
buscaron el interruptor de la luz en la oscuridad mientras escuchaba
como Karl entraba a aquella habitación.
La luz de la lámpara hirió los ojos de ambos jóvenes,
Kails sonrió al ver lo sucio y maltrecho que se encontraba
el futbolista y Karl nota que la pierna de Ethan sangraba.
- ¿Te duele? – pregunta el
chico pálido a su acompañante mientras este bajaba
la vista y la fijaba en la pierna que Karl señalaba con su
dedo índice.
- ¡¡Demonios!! – despacio
intentando evitar lastimarse aún más Ethan se dirige
a una camilla, sube su pierna a esta, se quita su zapato y lentamente
retira la venda ensangrentada mientras el capitán del equipo
de soccer lo contempla en silencio. – Podrías pasarme
una venda... – pide el castaño a Levins mientras lanza
la venda teñida de carmín al cesto de basura y el
futbolista asiente y se aproxima a un estante.
Las manos temblorosas del joven de melena
negra se posan en el vidrio del estante y al abrirlo sus ojos grises
se fijan en una jeringa.
- ¿Qué pasa?.No me digas
que ya no hay – dice angustiado Ethan y su voz saca del repentino
trance a Karl.
- No, no es eso – El futbolista coge
la venda y la lanza a su compañero y antes de cerrar el estante
coge la jeringa y la oculta en su chamarra.
El ruido del plástico al ser roto
inunda la enfermería. Levins se quita la chamarra quedándose
con algo entre las manos.
- Esta empapada – murmura cuando
los ojos de Ethan se clavan en él
-Ya veo... – dice distraídamente
Kails en tanto empieza a ajustar la venda en su pierna. Karl se
acerca a la ventana, le da la espalda al castaño, entre sus
manos la jeringa y una ampolleta son iluminadas por la luz dela
luna que escasamente se cuelan por la ventana
El estallido de un cristal obliga al castaño
a levantar la vista, lo primero que ve es a Karl presionando su
brazo derecho con su mano izquierda mientras un hilo de sangre desciende
entre sus dedos. Asombrado los ojos negros se posan en el suelo
y se topan con la jeringa que yace en el piso y a su lado una ampolleta
rota.
- ¿Qué has hecho? –
pregunta asustado tratando de entender lo que sucede.
Levins ríe secamente, cierra los
ojos mientras despacio empieza a descender hasta quedar sentado
en el piso. Al ver aquello Ethan se coloca el zapato con rapidez
y se acerca al chico de melena negra.
- Karl... – murmura y el futbolista
estalla en risa histérica mientras sus ojos muestran el éxtasis
que aquella sustancia empieza a despertar en su cuerpo.
La mano del chico pálido suelta
su brazo, la sangre fluye despacio y gota a gota cae al piso. –
Ethan... amigo... – murmura con dificultad el futbolista mientras
su mano ensangrentada se posa en la mejilla fría del corredor
y la pinta de rojo.
- ¿Por qué hiciste eso? –
reclama molesto Kails mientras sacude de los hombros a su compañero.
Karl ríe nuevamente, su mirada perdida da cuenta de su situación,
sus sentidos están totalmente fuera de sí, embotados,
la sobre estimulación recibida por aquella droga es suficiente
para arrancarlo de la realidad. Aquella es la salida fácil
que Levins tienen para ignorar ese mundo que le rodea, ese mundo
en el que esta inmerso y que no puede controlar.
Sumamente molesto el castaño se
acerca al diminuto lavabo, abre la llave y coge un poco de agua
helada en un recipiente, toma una bola de algodón la sumerge
en el agua y moja la cara de Karl con furia.
- ¡No seas cobarde Levins! –
le grita al ver que fácil resuelve las cosas aquel chico.
Empapado y fuera de sí Karl se levanta del piso, coloca sus
manos sobre los hombros del castaño y lo empuja hasta que
lo hace chocar con la pared.
- Yo no soy como tú... yo no tengo
la fuerza que tu tienes– dice entre risas y llanto. Los ojos
negros lo contemplan con rencor – Kails... – el futbolista
acaricia con torpeza aquel rostro hermoso y perfecto. – Yo
soy débil... – explicaba y cada palabra proferida enardecía
a Ethan.
- Todos en este mundo pasamos por cosas
difíciles, ¿qué sería de nosotros y
nuestras vidas si nos enajenáramos como tu lo haces? –
pregunta el castaño y sus ojos se desvían de los grises
con pesar – Que decepción, no sólo eres un caprichoso,
sino también un cobarde... – afirma y al escucharlo
Karl le lanza un golpe en la boca del estómago.
Un hilo de sangre escurre por la boca de
Ethan, este alza la vista y contempla retadoramente a su interlocutor
–Y con esto... ¿qué arreglaste Karl? –
pregunta con tono cargado de ironía.
Al ver la sangre y la ira en aquellos ojos
negros Levins se aleja de él. – Lo lamento... ¡¡¡Lo
lamento!!! – grita mientras hunde sus manos en su cabellera
lacia y se deja caer de rodillas al piso.
- No puedo con esto... ¿Qué
más podía hacer?... – lágrimas de dolor
brotaron nuevamente de los ojos grises. – Todo tan falso...
tan frío... - El futbolista se desmoronaba frente a Ethan,
el castaño comprendía a la perfección sus palabras,
él también necesitaba escapar, huir de todo, pero
de nada servía irse por un par de horas si al final debía
regresar al mismo lugar, a esa maldita realidad que lo martirizaba.
- Yo... ya no puedo con esto. ¿Por
qué todos fingen?... ¿por qué sonríen
de esa forma? – los puños de Karl se incrustaron en
el piso y continuaron golpeando con ira. Ethan se arrodillo a su
lado, aquel sufrimiento tan vivo, incontenible lo sacudió.
- Karl... – musita quedamente mientras
su manos se posaban en aquellos puños ensangrentados –
No te preocupes por los demás, entiende tus razones... ¿por
qué no eres feliz?, ¿te lo has preguntado alguna vez?,
lo sabes... – la voz tierna del castaño centro al futbolista
en el silencio por un momento.
-No puedes sentirte la víctima toda
la vida... - Ethan busca algo entre sus ropas, un crucifijo de plata
brilla bajo la luz artificial - Mira esto... ¿qué
es lo que ves?...- pregunta mientras descuelga aquella cruz de su
cuello y la coloca entre las manos de Levins.
-Un Dios en el que no creo... – responde
secamente el futbolista mientras fijaba sus ojos iracundos en el
cristo de plata.
- ¿Un Dios?... ese es un gran problema
¿por qué ves lo que todos ven Karl?... Te diré
lo que yo veo – los ojos negros de Ethan se cerraron -Yo veo
a un hombre... – murmuro y sus ojos se abrieron de nuevo y
se posaron en los grises – Un hombre que jamás se traiciono
a sí mismo, por eso perdió la vida... Veo una vida
como todas con penas y dolores justo como la tuya y la mía
¿qué hay de grandiosos en eso?... – pregunto
y sin pensar tomo las manos de Karl entre las suyas oprimiendo el
crucifijo entre ambas – Lo grandioso es que él sabía
y aceptaba que todos en este mundo estamos heridos, su sangre en
la cruz significa eso, su imagen dolorida representa ese hecho...
pero en ocasiones lo olvidamos ¿por qué ha de ser
más feliz otra persona que nosotros? Nos preguntamos y colocamos
sobre esas heridas que sangran una venda, una máscara que
nos hace ver hermosos y felices mientras no lo somos... ¿por
qué no aceptas ese dolor y lo compartes? – Levins escuchaba
atentamente aquellas palabras, pero no podía darles sentido,
no en ese momento.
-Todo esta perdido... Ethan, sólo
una cosa me mantiene con vida... sólo una cosa... –
los labios de Karl temblaban –En contre lo que me hace convertir
el dolor en idilio, pero... eso jamás podrá ser...
Ahora que lo sé mi mundo vuelve a derrumbarse he vivido dos
años de infierno ¿sabes lo que es eso?... Sabes lo
que mirar al ser que amas desde lejos, sabes lo que es desear tocarlo
y no poder hacerlo, sabes lo que significa para mí pasar
las noches en vela mientras mi corazón se agita tan sólo
por su recuerdo... Sabes lo cruel que es haber encontrado lo más
anhelado pero que sea eso lo que te hiere como espinas en el cuerpo...
– Karl se aproximo al castaño, se vio reflejado en
aquellos por un segundo y tembloroso uno de sus dedos rozo los labios
de Ethan.
- Estoy en el cielo... y en el infierno
al mismo tiempo... – decía mientras acercaba sus labios
a los del corredor.
El castaño quedo fascinado, todo
ese dolor, ese sufrimiento callado, justo como el suyo. Los labios
helados de Karl tomaron los suyos y su cuerpo tembló con
aquel contacto, intento pensar, oponerse, pero no tuvo fuerzas para
hacerlo, se dejo llevar por esa caricia, tan cálida, tan
sincera, su alma solitaria experimentaba el éxtasis de una
dicha que su mente no podía explicar.
Al separarse el futbolista cerro los ojos
desvaneciéndose en las tinieblas de un olvido forzoso.
- Karl... – Ethan se quedo ahí
tratando de comprender lo sucedido. Nunca había permitido
a nadie aproximarse a él y sin embargo Levins había
logrado lo imposible en un par de días... -¿Por qué?...-
se preguntaba débilmente mientras dos de sus dedos se posaban
en sus labios.
Los ojos negros se posaron en el rostro
sereno de Karl – “Puedo sentir tu dolor como si fuera
mi propia agonía... ¿por qué?...” –
se levanto, la cabeza le dolía, el corazón le palpitaba
muy rápido, tomo entre sus brazos a Karl y lo llevo fuera
de la escuela. Cogió un taxi y lo llevo a casa.
&&&
Suspiro, sabía que aquello era algo que salió de su
control. Sus dedos se posaron en sus labios – “No permitiré
que nadie me lastime... No quiero más dolor...” –
la dulce emoción de la felicidad chocaba con el terror que
se abría paso en su alma y lo destrozaba todo.
Camino en la oscuridad perdiéndose
en ella con un alma triste y agobiada.