FOR LOVE
Por Kamui-chan
“Si no recuerdas la más ligera locura en que el amor te hizo caer, no has amado”.
-William Shakespeare-
Dante miraba sin poder creérselo a su amigo –supongo que es una mala broma no?- y sus pupilas destellaron cargadas de rabia y algo más que Aníbal no pudo descifrar –No es una broma idiota- resopló molesto y se cruzó de brazos –No tengo a nadie más a quien pedírselo- y seguía hablando de lo más normal, Dante lo miró frunciendo el ceño y maldiciendo en su interior, como podía estar tan tranquilo cuando recién le había pedido que follaran –déjate de idioteces quieres? No es gracioso- y las pupilas de Dante continuaban brillando de ira, pero Aníbal no se inmutó ante su rabia, lo conocía lo suficiente para manejarlo, aunque el otro no se diera cuenta –No es una broma…- y se sentó junto a él y se acomodó los lentes con suavidad –te estoy pidiendo que follemos en la sala del profesor, porque necesito que nos vea para poder tirármelo a él- y se apoyaba en la pared sin mirar a su amigo a medio vestir luego de su práctica de fútbol –creí que estarías feliz de poder al fin ponerme las manos encimas-
Dante apretó los dientes, eran amigos hace tanto tiempo, sabía de la fama de Aníbal y sabía de sus preferencias sexuales, las que no incluían críos, como llamaba a los chicos de su edad, a Aníbal le gustaban los hombres mayores y no había nadie en la universidad que no supiera de sus aventuras con algunos de los profesores, mientras más difícil e intelectual, más parecían gustarle y Dante no sólo era un crío ante sus ojos, también era un casanova al que le había dicho hasta el cansancio que entre ellos jamás pasaría nada, con el tiempo hasta se había olvidado de aquel deseo que su amigo despertó en él en el instituto, se había obligado a convencerse que entre ellos nunca habría nada más que una amistad y ahora le salía con esto, sentía deseos de golpearlo –me pides que te folle para conseguir que el profesor Héctor te folle? Estás loco- y se ponía de pie y lo enfrentaba furioso –me tomas por un imbécil!!-
Aníbal levantó la mirada lentamente recorriendo su cuerpo cubierto tan sólo por un pantalón corto, sus ojos se fijaron en los músculos bien marcados del abdomen y también en el sudor que cubría su piel –Héctor es hetero para empezar, así que no se ánima, pero he descubierto que además es bastante pervertido, le gusta mirar- y las pupilas verdes de Aníbal se clavaban en las de Dante –si me ve haciéndolo contigo, pues de seguro querrá probar ¿no crees?- y se llevaba los dedos a los labios y los acariciaba inconcientemente y Dante tragaba saliva porque conocía tan bien ese gesto involuntario de su hermoso e inteligente amigo y siempre había deseado saber que pasaba por su cabeza mientras acariciaba sus suaves y sensuales labios –creo que es un buen trato, después de todo prefiero que seas tú y no otro cualquiera- y Aníbal suspiraba con fuerza –ya sabes que me cargan los mocosos, pero por lo menos tú eres mi amigo- y lo miraba sonriendo enigmático.
Dante se acercó hasta él agachándose frente a él y lo tomó del mentón –estás diciendo que prefieres que sea conmigo porque así no corres el riesgo de que te guste no?- y sus rostros estaban tan cerca que hasta podía sentir el cálido aliento de Aníbal –y qué pasa si a mi me gusta… has pensado en ello?- Aníbal furioso se echó hacia atrás para romper esa cercanía molesta y se puso rápidamente de pie, bien sabía que en un enfrentamiento de fuerza bien poco era lo que podría hacer contra Dante y su cuerpo musculoso y viril –no juegues ahora tu Dante, sé bien que te van tanto las chicas como los chicos y que por lo mismo siempre andas cambiando de amante como yo me cambio de calcetines- y lo miraba fiero y desafiante a pesar de ser más bajo y más delgado –así que no me vengas con esas estupideces ahora- y dando media vuelta se alejaba rumbo a la salida del camerino –sino quieres me buscaré a otro- pero antes de que pudiera abrir la puerta Dante lo sujetaba y lo pegaba con violencia a ella –no he dicho que no Aníbal, sólo espero que seas conciente del rollo en que nos metes por tu capricho- y girándolo acercaba su rostro para besarlo, pero antes de que sus labios tocaran los de Aníbal este le ponía la mano en la boca –no intentes pasarte de listo, no te estoy pidiendo que seas mi amante, sólo necesito un buen polvo y no en este lugar- y le daba un rodillazo en la entrepierna y aprovechaba de abandonar el lugar cuando Dante se doblaba por el dolor y caía al piso.
-Eso estuvo demasiado cerca… quizás sea un error…- susurró en voz baja mientras se alejaba rumbo a su salón.********************+
Estaba sentado almorzando cuando lo vio entrar en el comedor de la universidad con cara de pocos amigos, venía solo por lo que supuso que su mal humor debería estar en rangos más que peligrosos, pero Aníbal sólo sonrió y no le extrañó cuando vio la bandeja de comida frente a él, no necesitaba levantar la vista para saber quien era –pareces un perro con rabia- le dijo tomando su jugo y bebiendo con tranquilidad –te has pasado esta vez Aníbal- y su voz era más que amenazante –no seas tan gruñón, sabes que pierdes algo de encanto cuando te enfureces- y lo miraba con una sonrisa burlona, Dante estuvo a punto de arrojarle el tenedor y lo apretó con fuerza para no hacerlo, finalmente suspiró resignado –Aníbal tú ganas, te ayudaré con tu plan… te follaré para que puedas tener a tu amado profesor…- y sin mirarlo continuó comiendo tranquilamente, ocultando el nerviosismo y ansiedad que todo eso le producía ¿cómo sería estar entre las piernas de Aníbal? No se dejaba de preguntar y temía que cuando pudiera saber lo que se sentía, la respuesta no le gustaría para nada.
Terminó de comer y con un parco hasta luego se marchó, tenía clases y demasiadas cosas en que pensar, siempre le había atraído Aníbal, desde que lo vio por primera vez, era tan delgado y frágil y sus ojos verdes brillaban como si se fuera a ponerse a llorar, llegó a mitad del semestre y parecía tan asustado y tímido que no pudo ni siquiera burlarse de él, muy por el contrario, se acercó a conversarle con naturalidad y muy pronto eran amigos inseparables y cuando vio su sonrisa por primera vez su corazón casi explotó, de aquello ya había pasado mucho tiempo, ahora eran jóvenes y estaban en la universidad, y en algún momento Aníbal había cambiado, se había vuelto más hermoso y su timidez se había esfumado, convirtiéndose en un ser sensual, hermoso y seguro que tomaba cuanto quería; Dante, siempre junto a él, se quedó a su lado entendiendo que siempre serían sólo amigos y así le gustaban las cosas, era cómodo hasta ahora, poco le había importado enterarse de sus aventuras, ver a aquellos que suplicantes le rogaban por estar en su cama y en más de alguna oportunidad debió golpear a alguno que intentó algo más y ahora le pedía como si nada que lo ayudara para poder coger con ese profesor, entró al salón y un grito de Rafael llamándolo lo trajo de vuelta a la realidad, con una sonrisa caminó hasta él y se sentó a su lado –y Damián?- le preguntó intrigado de que no estuviera con él como siempre –hoy no se sentía muy bien…- y Rafael le sonreía, aunque Dante sabía que por mucho que su amigo lo intentara esconder estaba loco por el frío y responsable Damián, quien era su amante desde el instituto y por más que ambos intentaran disimularlo, el amor entre ellos era fácilmente visible para un buen observador –supongo que te irás volando en cuanto terminen las clases no?- y le cerraba un ojo cómplice y Rafael sólo sonreía –claro, sólo vine porque me amenazó…- y el profesor entraba y Dante dio un salto en cuanto lo vio, se le había olvidado quien sería su profesor y en cuanto sus ojos se posaron en él, apretó los puños con fuerza, Héctor Curiel entraba al aula y saludaba con esa sonrisita que hizo arder a Dante “demonios que le verá a este tío?” pensó, sin decir nada y sus ojos recorrieron la figura del profesor, no era nada extraordinario, es más a Dante le pareció aún más sin gracia y aburrido en cuanto empezó a hablar de lo único que sin dudas sabía “Economía”, cuando la clase terminó Dante ya estaba más tranquilo, de nada le serviría su furia, que mas daba joder con Aníbal, ya no le parecía una mala idea, aunque sólo fuera para atrapar a ese patético profesor “con ese gusto tan extraño que tiene, de seguro terminará durmiendo con ancianos” y salía junto con Rafael –pareces muy molesto hoy acaso ha pasado algo?- y Dante miró a su amigo y estuvo a punto de contarle, pero ya sabía lo que le diría Rafael –nada que no pueda solucionar- y le dio una palmada en la espalda y se alejó –dale mis saludos a Damián y trata de no destaparlo tanto- y al ver que Rafael se ponía rojo y lo miraba con furia se largó a reír.
Ya casi llegaba al estacionamiento, cuando sonó su móvil, lo sacó junto con las llaves de su auto y al ver en el visor el nombre de Aníbal, pensó en no contestar, pero apoyando su espalda en el vehiculo metió la mano al bolsillo y contestó sin mucho ánimo –Qué quieres?- en silencio escuchó sus palabras –ya me voy, por hoy no tengo más clases Aníbal…- y su amigo le pedía que lo esperara y Dante comenzaba a perder la paciencia de nuevo, porque eso le significaba quedarse cerca de dos horas sin hacer nada –ya te dije que te follaría, no es eso lo que quieres? Dejaste claro que no actuara como nada más idiota!!! Y ahora me pides que te espere?? JÓDETE!!- le gritó y le cortó y por poco lanza el móvil contra el suelo, pero este volvía a sonar sujeto a su mano, pero ignorándolo se subía a su coche y lo arrojaba en el asiento del copiloto, encendió el motor, pero fue incapaz de ponerlo en marcha y tomando nuevamente el teléfono contestó –qué quieres??- y su voz sonaba cansada y apoyando su frente en el manubrio escuchaba silencioso –quieres que sea hoy mismo???- y levantando la cabeza sus ojos abiertos sorprendidos miraron al frente –vaya que tienes prisa de tener a tu Héctor…- hoy bajo su cuerpo, mañana lo estaría bajo el profesor ¿por qué le molestaba tanto imaginarlo? –lo haré… te veré en una hora en el salón de economía- y miró el reloj, era bien sabido que ese profesor siempre llegaba a las cinco a esa aula y arrancó el vehículo haciendo chillar los neumáticos en el pavimento, manejó hasta su departamento y se bajó puteando, porque en su cabeza no había más que imágenes sensuales de Aníbal atrapado en sus brazos, lo peor es que de seguro su amigo no lo disfrutaría tanto y entrando a su amplio departamento se iba directo a la ducha y se metía bajo el agua caliente, quince minutos después salía desnudo y en dirección al dormitorio se vestía rápidamente, tan sólo unos vaqueros y una camiseta sin mangas, cansado se tiró sobre la cama y aunque no quería pensar más en lo que pasaría con Aníbal, no podía dejar de hacerlo, finalmente se puso de pie y dejando atrás todo tipo de duda, se dirigió a la universidad nuevamente.
Llegó cuando aún faltaba algo para las cinco de la tarde, el campus a esa hora no estaba muy concurrido y sonriendo hasta pensó que esto podría ser una broma y que de seguro Aníbal no estaría en el salón de economía, abrió la puerta pensando en ello, pero para su sorpresa o decepción Aníbal estaba sentado en la mesa del profesor, mirando de lado hacia las ventanas, su delgada figura iluminada por la luz parecía etérea e irreal y a Dante le pareció más hermoso que nunca, lo miraba embobado incapaz de decir algo y entonces su amigo giraba el rostro y sus pupilas verde se clavaban en él mientras sonreía –creí que ya no vendrías…- y estiraba un brazo invitándolo a acercarse, Dante refunfuñaba en silencio y metía las manos en los bolsillos y sin mirarlo se acercaba a él
-estás seguro de esto Aníbal?- le preguntaba plantándose en frente -claro, nunca he estado tan seguro de algo… lo hago por la persona que me gusta- y su rostro parecía tan relajado que sacaba de sus casillas al más alto de los chicos, más aún cuando lo veía despojarse sin pudor de su pantalón y de su boxer para dejarlos con tranquilidad sobre la mesa junto a él –eso ya lo sé, todo esto es por tu adorado Héctor…- pero Aníbal lo callaba poniéndole la mano en la boca -no digas más…- y Dante hipnotizado por esa suavidad, por esos gestos delicados y seguros, besaba la mano que cubría sus labios, era inevitable, lo ayudaría a obtener lo que quería aunque se arrepintiera el resto de la vida y acercándose hasta él, lo enlazaba de la cintura sentándolo en la mesa y lo besaba por primera vez, un beso fuerte y posesivo, ansiado y desesperado y Dante gimió cuando sintió los brazos de Aníbal aferrándose a su cuello y sus piernas se abrían para acogerlo entre ellas, incapaz de razonar Dante acariciaba el cuerpo que suave y tranquilo se sometía, Aníbal hasta reía con sus bocas juntas y aunque eso despertaba su rabia, supo que nada lo detendría, con desesperación lamió y mordió sus labios, deseando arrancárselos para que no pudiese besar a nadie más, sus manos recorrían el cuerpo delgado y ardiente de Aníbal dejando llamas en cada lugar que rozaban, sus labios besaron su cuello y le arrancó a tirones la camiseta, porque no dejaría ni un centímetro de su piel sin cubrir y marcar con su tacto y sus labios descendían por su pecho y lamió sus pezones, que sensibles se endurecieron al roce de su lengua y Aníbal enredaba sus piernas en torno a su cintura apretándolo aún más contra él, mientras sus manos buscaban su rostro y lo levantaba para mirarlo a los ojos –déjate de pendejadas y sólo entra en mi… Dante- le suplicaba con voz sensual y lamiendo sus labios y a Dante se le endurecían los rasgos, la furia y el deseo marcando sus facciones –el que manda soy yo Aníbal- y una sonrisa perversa se dibujaba en sus labios –así que cállate y siénteme hasta el final…- y lo besaba, profundo perdiéndose en su boca, bebiéndose su aliento y la mitad de su vida –sino te gusta como lo hago, te aguantas y punto- su voz ronca, violenta y ardiente y soltaba esas piernas que lo mantenían prisionero para lamer una de la rodilla hasta el muslo y luego la otra y Aníbal se echaba hacia atrás apoyándose en los codos mientras se mordía los labios para jadear al sentir como la boca de su amigo comenzaba a rozar su miembro –no digo que no me guste idiota…- y sus palabras las acallaba un gritito reprimido que lo hacía cerrar los ojos, porque Dante tomaba su miembro completo en su boca y se movía frenético sobre él –sólo que no tienes que hacerlo… esto es sólo un favor…- y gritaba incapaz de contenerse porque al escuchar sus palabras su amigo había succionado su miembro con violencia y el dolor y el placer lo habían recorrido por completo
-serás cabrón…- gimió e incapaz de sostenerse más en sus brazos, se recostaba en la mesa, entregándose a los deseos de Dante mientras su cuerpo se arqueaba ante las caricias de fuego que encendían su cuerpo por completo y Dante no se detuvo en ese avance de convertirlo en fuego, de llenar el aire con sus gemidos y jadeos, continuó lamiendo su sexo con determinación, sus dedos masajeando sus testículos y explorando entre sus nalgas buscando aquella entrada que jamás pensó que se abriría para él, envuelto en ese mar de placer, con su miembro palpitando contra la estrechez de sus pantalones se olvidó del motivo que le permitía al fin tocar a Aníbal y enterrando sus dedos en él su garganta se tragó un jadeo al sentir el interior calido y estrecho de su amigo que en respuesta lo atrapaba con sus piernas para que no se alejara y desesperado lo penetró con dos dedos más, porque el interior de Aníbal se dilataba y lo apresaba como invitándolo a hacer más profunda aquella invasión moviendo sus caderas. Mierda murmuró sin voz, con el sexo de Aníbal rozando su garganta en un intento exasperado por devorarlo por completo y supo que no podría esperar más y liberándose de él, desabrochó su pantalón para penetrarlo en un movimiento perezoso mientras sujetaba sus piernas y se adentraba hasta el fondo con ganas de partirlo en dos, un sentimiento de pertenencia egoísta brotando en su corazón y Aníbal fijaba en él su mirada cargada de deseo y placer y ya no quiso compartirlo con nadie, moviéndose con fuerza se recostó sobre él para besarlo, para robarle hasta el último aliento y de que esa forma no pudiese abandonar sus brazos jamás, sintió como los brazos de Aníbal se aferraban a él y como movía sus caderas, invitándolo a llenarlo por completo en un vaivén que se convertía en torbellino, el sonido de su perfecto acople resonando con fuerza en esa aula desocupada que parecía amplificarlos, aquello sin dudas era el paraíso hecho placer y carne, sudor, jadeos y algo que Dante no quiso descifrar, porque sin duda dolería darle nombre, le susurró su nombre miles de veces como si el hacerlo lo hiciera real, desgarrando su garganta en un intento de sentirlo aún más, lo besó como si quisiera dejar su vida y Aníbal respondió cada uno de sus besos y mordidas, acoplados e incansables, tan desesperados que el orgasmo no tardó en llegar y gritando sus nombre mutuamente ambos se liberaron y Dante sintió que había tocado el cielo y en una perfecta ironía su mente recordándole porque lo tenía bajo su cuerpo y supo que sin dudas era un castigo, porque aquel paraíso se desvanecía y se convertía en infierno al imaginarlo bajo el peso de aquel que supo que los miraba, aún si verlo y ladeando su rostro pudo ver el rostro de Héctor, ese idiota que podría tenerlo y sus ojos ardieron como los de una fiera protegiendo su territorio, más aún cuando se fijaban en la entrepierna notoriamente excitada del profesor que al encontrar su mirada se marchaba completamente ruborizado.
-Has conseguido lo que querías no??- le preguntó dolido a su amigo que embellecido por el orgasmo lo miró con ojos nublados –Si… gracias- le susurró casi sin voz –mierda Aníbal!!!!- gruñó rabioso, furioso de recordar que sólo era usado y sin levantarse lo abrazó –lo siento ha sido demasiado rápido y me he corrido dentro- le susurró oculto en su cuello y aunque pensó que el frío Aníbal le daría un empujón sintió sus manos recorriendo su espalda –no hay problema- y Dante lo miraba sorprendido para encontrarlo con una sonrisa en el rostro –te llevaré a mi casa para que te limpies- le decía apartando la mirada y retirándose de él, y aunque no quería reconocerlo, comenzaba a comprender de donde provenía la frustración que lo ahogaba. Se vistieron en silencio, Dante sin perder detalle de cada movimiento que hacía Aníbal al colocar nuevamente en su lugar sus ropas y cuando terminó se le fue encima para robarle otro beso –y eso??- y Aníbal volvía a ser el de siempre –puedo besarte no?? Después de todo te he follado como un favor, así que me debes una- y tomándolo de la mano se lo llevó, casi lo arrastró hasta su auto para alejarlo de ahí, para alejarlo de Héctor.
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El profesor de economía venía saliendo cuando chocó con él, sus ojos se encontraron y por el nerviosismo no tuvo dudas de que lo había reconocido –si se acerca a él lo mataré- le soltó Dante amenazador –si se le ocurre tocarle un pelo, convertiré su vida en un infierno- y lo sujetó de la chaqueta con violencia –no es una amenaza es una promesa- y soltándolo se dio media vuelta y se largó, con paso presuroso se encaminó rumbo a su salón, esperando que el idiota de Héctor hubiese entendido el mensaje, porque iba en serio, no dejaría que lo tocara, no ahora cuando había descubierto que lo amaba, que siempre lo había amado, la revelación le había llegado como una golpe en la cabeza cuando luego de llevarse a Aníbal a su departamento terminó amándolo y tomándolo con toda la calma, con toda la suavidad que no tuvo en ese frío salón, había pasado la noche con él y Aníbal se le había entregado, seguramente en agradecimiento al favor que le había hecho y en medio del éxtasis más sublime de su vida había comprendido cuales eran sus sentimientos hacia su amigo, esos sentimientos que había creído asesinados cuando supo que jamás lo podría tener y que fueron una revelación que lo inundó hasta el punto de poseerlo sin descanso hasta el amanecer, intentando llenarse de él en aquella noche robada en que lo tomó una y otra vez para no llorar.
En clases estuvo más ausente que nunca, Rafael lo miraba, sin entender mucho, pero sin atreverse a preguntar, porque nunca antes había visto a Dante así, parecía una fiera a punto de saltar sobre aquel que se atreviera a acercársele y cuando terminó la última clase y lo vio salir volando sin siquiera esperarlo, no pensó en retenerlo.
Cuando Aníbal salió de su última clase estaba cansado y adolorido, Dante había sido implacable al tomarlo una y otra vez como si no tuviera límites, tantas marcas había dejado en su cuerpo que ni siquiera pudo sacarse el abrigo para que nadie notara las marcas que lo cubrían, no sólo en el cuello, también en los brazos, como un mapa marcando el camino y la intensidad que Dante había tenido al poseerlo, pensó en que sólo necesitaba una ducha y su cama y quizás dormir 24 horas seguidas no le iría mal, pero después de todo había conseguido lo que quería y se consolaba pensando que quizás algo más también; a penas dio dos pasos fuera del aula cuando unos brazos se cerraron en su cintura y antes de que pudiera reaccionar estaba pegado contra la pared con Dante a dos milímetros de su rostro mirándolo con tanta intensidad que por primera vez le tuvo miedo –que mierda haces!!- le gritó en cuanto su boca fue capaz de dejar salir algo, pero supo que fue un error cuando Dante aprovechó para meter su lengua en ella en cuanto la abrió, en un beso tan profundo que le robó no sólo el aire, pero su reacción no tardó en llegar y lo mordió haciendo que se apartara de él, lo miró retroceder rabioso, mientras su amigo se tapaba la boca con la mano –que pretendes haciendo algo como esto en público idiota!! Es que estás loco, es que no tuviste suficiente con casi destrozarme anoche hijo de perra!!!- le gritó con furia y mirando alrededor, agradecía que casi no hubiese nadie y eran tan sólo unos cuantos los que los habían visto, pero que al toparse con su mirada cargada de enojo siguieron su camino –Que mierda pasa contigo Dante??!!- preguntó apretando los puños, pero Dante sólo lo miraba, al parecer recuperado del dolor que le había causado con sus dientes y encarándolo reía divertido –claro que no tuve suficiente Aníbal- curiosamente su voz no sonaba ajena ni molesta y Aníbal levantó una ceja al ver que se volvía a acercar a él –quiero más- y Dante lo jalaba dentro del salón desocupado y lo besaba de nuevo, como un incendio arrasando en su cuerpo, porque no sólo lo besaba con sus labios, también con sus manos que metiéndose bajo su ropa parecían querer remarcar las huellas que había dejado en su piel y antes de que pudiera razonar se descubrió pegándose a él y susurrando su nombre –Dante…-*******************
En que momento se vio envuelto en esa locura no lo supo precisar, así como tampoco entendía porque continuaba cediendo ante las demandas cada vez más inclementes de Dante, lo único que sabía es que en las últimas semanas su amigo se había dado a la tarea de seducirlo y no dejarlo solo nunca, a puros besos y caricias lo arrastró una y otra vez hasta su cama, su plan sin duda seguía en pie, pero jamás imaginó que las cosas terminarían así, porque su amigo parecía querer grabarle la piel a punta de fuego y saliva, no importó cuantas veces se negó a acompañarlo, no importó cuantas veces lo golpeó para intentar detenerlo, el resultado fue siempre el mismo, cada día terminó en la cama de Dante siendo devorado por él, a tal extremo sometido que con sólo escuchar su voz, una punzada de placer lo recorría por completo como promesas que brotaban desde lo más profundo de su ser, como si con cada estocada Dante las hubiese ido dejando dentro de su cuerpo, hasta convertirlas en algo sobre lo cual no tenía control alguno y contra todo pronostico se fue acostumbrando a su tacto, a sentirlo dentro, como si ocupase un lugar en cada una de sus células y ese día cuando salió de clases se encontró caminando involuntariamente hasta el auto de Dante, en cuanto lo tuvo en frente abrió los ojos enormes, sin podérselo creer, pensó en alejarse pero no pudo moverse como si un imán lo pegara al suelo justo al lado de ese vehículo, se mordió el labio intentando recuperar algo de control, diciéndose a sí mismo que no podía dejar las cosas así, porque a pesar de que ya conocía a la perfección el cuerpo de Dante y viceversa, de que casi estaba viviendo con él y de que muchas veces se sorprendió envuelto en ternura y suavidad, eso no dejaba de ser sexo, no habían sentimientos de por medio, tan solo el deseo y la compatibilidad increíble de sus cuerpos al fusionarse.
Se giró, pensando en huir de todo aquello, pero lo vio venir hacia él y supo que esta vez no sería posible y no se equivocó, Dante se le abrazó y supo que otra vez terminaría entre sus sábanas, disfrutando del placer hasta el amanecer –tengo que ir a mi casa por algunas cosas- gruñó desviando la mirada –vamos- le dijo simplemente Dante y tomándolo de una mano lo metió al auto.******************
Se había encargado de no dejarlo solo, de no darle oportunidad de buscar a Héctor, de darle tanto placer que le fuera imposible pensar en sexo cuando no estuviese a su lado y aún así no era suficiente, se había tragado tantos te amo que de seguro explotaría, temía tanto que Aníbal lo escuchara y lo despreciara por ese sentimiento, que se los había escrito en la piel con sus dedos y con su lengua porque cada vez le costaba más contenerlos, se había convertido en su sombra siguiéndolo a todos lados, buscándolo en cada segundo, si pudiese le hubiese puesto un Gps para poder estar seguro y a la vez sabía que era sólo locura, porque lo seducía porque sabía que no lo podía enamorar, porque prefería atarlo con sexo a imaginarlo en los brazos de otro, como un verdadero enfermo estaba dispuesto a todo con tal de tenerlo a su lado y aún así dolía no saberlo suyo, dolía no poder decir que hacían el amor y no que follaban simplemente, sin notarlo siquiera se había convertido en un esclavo de Aníbal y en su carcelero también.
-no sabes que hacer con ese amor no?- le dijo Damián mirándolo con su acostumbrada frialdad y Dante simplemente desvió la mirada y susurró –no sé que hacer para que él me ame más bien- y miró a Rafael que sentado junto a su novio lo miraba sin decir nada –quizás si comienzas por decírselo podrías hacer algo- y Dante solo sonrió triste –si le digo que lo amo lo perderé… a él no le gustan los críos como yo- y sus amigos se miraron entre ellos, los tres estaban en el casino, era la hora del almuerzo y Aníbal no tardaría en aparecer, su clase debía estar por terminar y de seguro llegaría en cualquier momento –quizás te lleves una sorpresa Dante…- dijo Rafael antes de comer, pero se calló al ver como el rostro de Dante miraba a la puerta, porque algunos compañeros de Aníbal entraban al lugar y él no venía entre ellos y sin poder evitarlo se puso de pie y caminó hacia aquel que siempre estaba con Aníbal –el amor nos convierte a todos en unos enajenados- susurró Damián –unos felices dementes- le respondió Rafael cerrándole un ojo.
-y Aníbal…??- le preguntó a ese chico con el cual siempre lo veía, ni siquiera sabía su nombre y tampoco le importaba –tenía que hablar con el profesor de economía, así que fue con él – le respondió el muchacho pensativo y a Dante se le transformó el rostro y sin decir nada salió corriendo, sintiendo que el corazón le reventaba el pecho.
Corrió como si su vida dependiese de eso, mordiéndose los labios no se detuvo por nada, ni siquiera cuando chocó con ese grupo de chicas y casi cayó, en su cabeza retumbando un grito de dolor y sólo se detuvo cuando llegó frente al salón de economía, le temblaba todo, aunque no sabía si era él o era el mundo el que se caía a pedazos, con manos trémulas abrió la puerta despacio, sintiendo que lo que encontraría sería la misma escena que Héctor había presenciado hace ya varias semanas atrás, dolía tanto mirar, que por unos segundos no vio nada, aunque los tenía enfrente, como si su corazón se negase a ver aquello que sin duda lo partiría en dos, como un rayo cayéndole encima.
Aníbal conversaba con Héctor y este le sonreía y a Dante le hirvió la sangre, y ya no se pudo controlar cuando vio la mano del profesor posándose insinuante en el hombro de su amigo y entonces explotó y entrando con firmeza en el aula llegó hasta ellos y tomando de un brazo a Aníbal lo jaló hacia él, apartándolo de esos dedos –te lo advertí- le gruñó al profesor, atravesándolo con una mirada que congeló al docente y lo dejó boca abierta y sin decir más se llevó a Aníbal sujetándolo con tanta fuerza del brazo que pensó que se lo rompería. No escuchó, ni vio nada, no le importaron los gritos, ni los insultos de su amigo, ni tampoco presto atención a las miradas curiosas que los observaron, lo arrastró hasta su auto y lo metió con violencia en él, tan rabioso que cerró de un portazo y se lo llevó.
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Cuando llegaron a su edificio Aníbal se negó a bajarse y Dante simplemente lo tomó furioso y lo cargó en su hombro, en cuanto entró al departamento se fue al dormitorio y arrojó a Aníbal en la cama sin suavidad, sus pupilas ardían presas de una furia que hasta se podía palpar –creí que tenías suficiente sexo como para no tener que buscarlo en otra parte!!!- le gritó al tiempo que se comenzaba a desnudar; desde la cama Aníbal lo miraba con ojos enormes, en los que también brillaba una profunda ira –sino tienes suficiente te daré más entonces!!!- y Dante se recostaba sobre él sujetándolo con tanta violencia que sin duda dejaría sus muñecas marcadas con sus dedos –Detente idiota- le dijo Aníbal frío como un cuchillo cortando el aire –te arrepentirás luego de esto Dante…- y su rostro estaba tan frío que parecía tallado en mármol.
-Arrepentirme de qué?? De haberte sacado de ese lugar?? Jamás!!- rugió besándolo con fuerza, mordiendo sus labios, sorprendido de la tranquilidad con que Aníbal aceptaba todo eso, furioso de que ni siquiera pestañeara, ni intentara golpearlo. A tirones le arrancó la ropa, destrozándola con esa furia que parecía aumentar azuzada por la quietud de su amigo, sintiendo que lo miraba como a un niño que hace una pataleta y abriéndole las piernas se clavó en él, tan violento como una espada atravesándolo –Mierda!! Por qué tenías que ir con él??- rugió con los ojos nublados, con la razón quebrada, con el amor sangrando, ni siquiera el gesto de dolor de Aníbal ante esa penetración forzada devolviéndole la cordura, pensó en que Aníbal al fin se rebelaría, le gritaría y lo apartaría, quizás esta vez, para siempre de su vida, cerró los ojos tratando de evitar que las lágrimas cayeran, imparables ante la aberración del acto que estaba cometiendo y el cielo le cayó encima cuando sintió los dedos de Aníbal en su rostro acariciando sus mejillas, se incorporó quedando de rodillas y con sus manos apoyadas a cada lado del cuerpo bajo él y lo miró con tanta desazón que parecía el rostro de un condenado a muerte y Aníbal le sonrió y su mano descendió acariciando su pecho y llegando hasta su miembro, con firmeza lo arrancó de él, soltando un suave quejido –así no se hace Dante- le reprochó en un susurró que terminó en una risa tímida –nunca lo has hecho así conmigo no?? Ya me malacostumbraste a tu firmeza es cierto, pero también a tu dulzura- y su mano ascendía hasta su boca y lamía sus dedos sin apartar la mirada de Dante que como si estuviese ante una revelación divina lo miraba con la absoluta sorpresa pintada en el rostro. Aníbal humedeció por completo sus dedos y la palma de su mano como si fuese un gato sensual y bajando apresó con firmeza el miembro de Dante, humedeciéndolo y masajeándolo con firmeza, para luego detenerse y llevarlo hasta su entrada y hacer que se enterrará en él –así me gusta más- le ronroneó Aníbal mientras comenzaba a moverse contra él y enlazándolo por el cuello lo atraía hacia su boca para besarlo con fuerza.
Dante no supo que lo enloqueció más, si esa actitud que lo dejó sin aliento, si ese beso que le robó el corazón o el sentirse atrapado dentro de él, pero sin duda que si eso era por locura, no quería recuperarse jamás. Pegado a sus labios mientras sus caderas seguían el ritmo que Aníbal imponía, susurró su nombre sin cansancio, sintiendo que se ahogaba en un mar de Aníbal y sin desear escapar, porque aunque quisiera no podría –no vuelvas a buscarlo- le suplicó en un jadeo ahogado y sólo recibió como respuesta un gemido que se tragó su garganta porque Aníbal volvía a besarlo, enredando sus lenguas al ritmo en que sus cuerpos se acoplaban, Dante moviéndose con fuerza, como deseando crear un molde en aquella cavidad que sólo lo acogiera a él y a nadie más. El ritmo cada más enloquecedor, enceguecidos se estrellaban buscando liberarse, envolviéndose, besándose, arañándose como una pareja de fieras en celo, tanta enajenación que el mundo dejaba de existir, tan profundas la embestidas que Aníbal pensó que lo partiría en dos, Dante tan atrapado en su interior que se sintió como el único que lo conocía y se liberaron juntos, estrechándose aún más, Aníbal apresándolo con brazos y piernas porque aún quería más y Dante cayendo sobre él con la respiración trastornada –eres perverso Aníbal- le susurró con su rostro oculto en su hombro –eres un maldito hijo de puta- y había dolor en su voz -cómo puedes??- jadeó casi sin voz y Aníbal acariciando su espalda le susurró –lo hago por la persona que amo tonto- y Dante se incorporaba para mirarlo furioso –sigues follando conmigo por tu Héctor??- y la rabia a punto de desbordarlo –tanto lo amas??- y Aníbal reía ante la pregunta, una carcajada que resonó en la habitación –todo lo he hecho por la persona que amo…- y sus dedos delineaban el contorno de su cara –por la persona que dijo que odiaba a los vírgenes por lo que tuve que dejar de serlo- y se reía porque aunque todo el mundo creyera que tenía mucha experiencia, esta sólo era en la boca de los demás, nunca había estado con nadie que no fuera Dante –no te imaginas ni la mitad de las cosas que he hecho por amor…- y recordaba aquel juguetito que lo había ayudado a prepararse para el momento en que lo tuviera al fin entre sus piernas –no me gustan los hombre mayores Dante…- le susurró besando sus mejillas –sólo hay uno que ha estado en mi cabeza y en mi corazón desde que lo conocí, desde que se acercó a mi y me brindo su amistad…- y le rozaba los labios -aún no entiendes que todo lo que he hecho ha sido por ti?- y sus pupilas se clavaban en él –que me he tardado años en hacerte caer en mi trampa- y Dante tenía la boca tan abierta que si hubiese habido una mosca de seguro se la traga y sólo tartamudeó algo que no tenía sentido –pero, pero por qué??- y seguía sin creerse lo que le escuchaba decir –porque te amo, porque siempre te he amado- y Aníbal buscaba sus labios para besarlo, sediento, ya luego tendría tiempo de explicarle todo con detalle, ahora sólo lo necesitaba sentir, que lo volviera a tomar –maldito hijo…- dijo Dante y las palabras brotaron tan puras porque sin duda provenían de los más profundo de su alma –eres un maldito manipulador- le reprochó aún incapaz de reaccionar frente a todo eso –tú creías que te usaba a ti para atrapar a Héctor, pero la verdad es que lo usaba a él, para atraparte a ti- y sonreía inocente y Dante seguía perdido y mirándolo con asombro -lo hice por amor- y Aníbal lo besaba y a Dante se le olvidaba el asunto, porque ya no tenía importancia, porque si se conformaba con sólo tenerlo en sus brazos, saberse amado por él era sin duda un sueño total, si le sumaba el que era el único que conocía su cuerpo y ya tenía razones para agradecer el resto de su vida y no tuvo dudas de que el único cautivo sería él y por primera vez en su vida lo deseó así, porque Aníbal podía hacer lo que quisiera con él, tanto en la cama como fuera de ella.
FIN
Nota: Hay persona que llegan a la vida para alegrarnos, para enseñarnos que aún hay esperanzas y que todavía vale la pena creer, hay personas que llegan a la vida para remendar tus heridas y consolarte sin importa lo lejos que estén.
Mi Marce eso eres tú para mi, una bendición, gracias por ser mi amiga y cómplice, gracias por hacerme reír y secar mis lágrimas, y hoy que es tu cumpleaños he escrito esto para ti, para devolverte algo de toda esa felicidad con la que me llenas con tu amistad.
Te quiero mucho linda y Feliz Cumpleaños!!!!
3 de Agosto 2009
Kamui-chan