Por Kamui

Prólogo

Un nuevo año comenzaba, un nuevo juego iniciaba, Damián caminaba rumbo a su salón con las manos en los bolsillos e ignorando a todos aquellos que admirados le dejaban el camino libre. A pesar de todo le gustaba esa sensación, la admiración, el deseo y hasta la envidia que despertaba en sus compañeros de instituto y no sólo era por su apariencia física, el que destacara en los deportes y que siempre tuviese las mejores calificaciones, era sobre todo la lujuria que despertaba en aquellos que lo observaban embobados, podía ver en todos aquellos en quienes posaba sus ojos azules, tanta lujuria que casi le hacía partirse de la risa.

Una sonrisa se dibujó en sus labios, pero esta murió tan pronto como sus ojos se encontraron con el gris metálico y frío de aquel que apoyado en un rincón le miraba con tanta burla y desprecio que sintió como se le erizaban los pelos, sólo era el primer día y Rafael ya lo estaba desafiando, invitándolo a participar en un duelo eterno. Así habían sido los dos últimos años, los dos chicos más populares de la escuela compitiendo en todos los ámbitos posibles, aunque sin duda la guerra sin cuartel estaba en el ámbito pasional. Damián lo miró fijo, manteniendo esa frialdad a toda prueba, que era ya casi su marca registrada, restándole importancia decidió seguir su camino, lo miró por última vez, para que entendiera que no le temía al chico guapo que se metía con sus amantes y entonces Rafael hizo su movida, le arrojó un beso sensual y le cerró un ojo y Damián furioso, ardiendo de rabia siguió su camino sin mirar atrás. Cuando estuvo solo en el baño dejó salir la ira disimulada

- Maldito hijo de puta!!! Me las pagarás cabrón!! – decía mientras daba de puñetazos a la pared.
- No perderé contra ti!!! – se repetía sin dar importancia a sus manos magulladas, y es que cuando se trataba de Rafael, Damián perdía el control.

La rivalidad entre ellos había sido inmediata, como dos machos alfas luchando por el dominio del grupo, en primer año se habían mirado un segundo y ya sabían que serían rivales, eran tan distintos y a la vez tan parecidos que la hostilidad era inevitable. Damián había mantenido la distancia, pero Rafael siempre se había encargado de que notara su presencia. Había sido a mediados de primer año cuando Rafael se había acostado con su amante de turno, había sido tanto su disgusto que no pudo evitar en ese momento el reprochárselo y sólo había conseguido como respuesta una risueña carcajada y un simple – Te lo devuelvo si tanto lo quieres!!! De todas formas es malo en la cama – Damián había sentido tanta furia que rojo y tiritando de ira se había largado, pero ese sólo había sido el comienzo, desde entonces cada vez que se había acostado con algún chico, este había terminado irremediablemente en la cama de Rafael, al parecer disfrutaba humillándolo quitándole a sus amantes, probando y robando lo que le pertenecía. Las cosas con el tiempo sólo habían empeorado, hasta el día en que habían llegado a los puños, cuando Rafael lo sorprendió con un muchachito de primero en los vestidores del gimnasio, no sólo los había estado observando, también se burló de él y sus técnicas de seducción – De tu boca sólo salen palabras vacías, no sé como estos estúpidos te las creen– y por primera vez en su vida Damián había perdido el control y se había trenzado en una pelea feroz con aquel muchacho. Habían terminado en la sala de castigos, llenos de heridas y mirándose con más odio del que podían sentir.

Ambos destacaban por si solos, eran muy altos, más que la media, Damián era un alumno modelo, que participaba además en el club de natación, siempre serio y frío como una roca; Rafael por su parte era un tipo hermoso sin duda, el rebelde de la escuela que se lo pasaba bien y se divertía en grande, siempre rodeado de amigos y camaradas de aventuras. Siempre sonriente, adorable y despreocupado, pero a pesar de esta actitud un tanto banal también destacaba en las calificaciones, quizás no fuese el primero, pero siempre estaba entre los 5 mejores y eso era otro punto de rivalidad con Damián, porque mientras uno se quemaba las pestañas estudiando, el otro se dedicaba a hacer el tonto siempre.

El timbre sonó y Damián envolviéndose en su natural aura de frío eterno se dirigió a su salón, ya buscaría la forma de vengarse de aquel que convertía su vida en un infierno.

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Damián almorzaba con Julián cuando lo vio entrar, sus ojos se posaron en su delgada figura, en su pelo rubio y en su cuerpo delicado, lo deseó de inmediato, sonrió, ya tenía a su nueva víctima elegida y no se detendría hasta poseerlo.
Julián sagaz como siempre y siguiendo la mirada de su mejor amigo, se largó a reír
- Vaya si que eres rápido Damián, el primer día y ya has escogido víctima – dijo dándole una palmada cariñosa en la espalda
- ¿Sabes quién es? – preguntó frío, pero sin quitar su mirada inquisidora de aquel novato
- Nop, pero lo averiguaré para ti, tiene que ser de primero, será fácil – le guiñó un ojo de lo más cómplice - Este será nuestro último año, debe ser memorable ¿no? Supongo que algo tan lindo y delicado como él será un buen premio de graduación – le dijo a su amigo que seguía contemplando al recién llegado
- No te vayas a enamorar Damián!!! – le dijo en tono de burla, pero la verdad es que jamás había visto a Damián mirar a nadie de esa forma.
- No seas ridículo, sólo es mi juego de siempre… -

De pronto en el casino todo se volvió un caos, Rafael entraba en ese momento acompañado de sus inseparables, todos lo saludaban y se acercaban a él, parecía una luz que atraía a todos en la oscuridad.
Julián lo miró sin aire – Está más bello este año, tiene que haber crecido ¿no te parece? – Damián miró sin expresión a su rival, sin mover un músculo, pero era tal la intensidad de su mirada que Julián sintió miedo, siempre le pasaba eso cuando estos dos se encontraban, el aire se enrarecía y parecía que se atacarían en cualquier momento - Eres el único que puede opacar a Rafael – le dijo buscando suavizar las facciones duras de su amigo.
- No me hables de esa peste – dijo apartando su mirada de Rafael
- Nunca he entendido porque se llevan tan mal… siempre he pensado que podrían ser amigos, juntos podrían haber tenido lo que quisieran - suspiró resignado, se preguntaba porque las cosas habrían terminado así entre esos dos, además que hace rato una duda rondaba su cabeza, pero sabía que si decía algo más sobre Rafael sólo conseguiría aumentar el mal humor de Damián.
Julián volvió a mirar a Rafael, por un segundo sus miradas se cruzaron, pero el alto muchacho siguió su camino a sentarse junto a sus amigos que ya le llamaban.
- Damián… no crees que tú y Rafael… -
- Ya basta con eso Julián, Rafael puede hacer lo que le plazca –
- Incluso meterse con tus amantes? –
Damián ignoró el comentario, sólo pensar en el chico de ojos grises le revolvía el estómago, nadie jamás había tenido el poder de enfurecerlo como Rafael, tanto tiempo siendo un maestro ocultando y hasta eliminando sus sentimientos y emociones y justo cuando creyó que ya lo había logrado, Rafael había aparecido derribando todo su arduo trabajo, por eso lo odiaba, incluso más que por el asunto de que se metiera con sus amantes, era como si Rafael supiera donde apretar para desquiciarlo.
- Julián nos vemos después, tengo que hablar con Bruno sobre el club de natación – tomó sus cosas y sin esperar una respuesta se largó.

Unos ojos lo miraron marcharse, siguieron cada uno de sus movimientos, sin perder detalle, desde como miró el reloj, hasta como arregló su pelo, su andar felino, sus movimientos precisos y esa aura de hielo que congelaba a quien quisiera acercársele.

 

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Damián nadaba, veloz y suave se dejaba llevar por el agua, parecía su elemento natural, su mente quedando en blanco y dejando caer las pesadas máscaras de chico perfecto, nadando no tenía que preocuparse por nada, sentía que al fin podía ser él mismo, sin preocupaciones, sin caretas, solo y protegido por el líquido. Entrenaba para una competencia ínter escolar que se realizaría pronto.

Unas semanas habían pasado desde el comienzo de clases y las cosas estaban tranquilas, más para él a quien nadie parecía alterar, nadie, excepto él… Sabía que Rafael estaba en el club de básquetbol, en el cual era la estrella indiscutida, habían empezado muy bien esta temporada ganando el primer partido del equipo, lo sabía no porque le interesara, sino porque todo el colegio hablaba sobre ello, cada vez que jugaba su popularidad aumentaba, Damián había asistido al encuentro, como presidente del consejo estudiantil le pareció pertinente, aunque la verdadera razón, era cierto chico de cabellos dorados que se llamaba Ariel y era de primero. Damián había hecho un primer acercamiento, lo había ayudado a recoger unos libros en el pasillo y el muchachito lo había mirado de forma adorable, Damián le había dicho que tuviese más cuidado y el sonriendo le había dado las gracias. Tanta inocencia que debía ser pecado, tanta dulzura que ya se relamía pensando en el momento de tenerlo atrapado con su cuerpo.

Abandonó la piscina, tomó la toalla y comenzó a secarse vigorosamente, sin percatarse de aquellos ojos que lo observaban con la tenacidad y la dulzura de quien mira algo prohibido. Tomó sus cosas y se dirigió a los camerinos, una ducha y se iría a casa. El agua caliente cayendo sobre su cuerpo como rocío, lo relajó, estaba cansado, apenas si podía con los estudios, el consejo estudiantil y el club de natación, pero eso era algo que nadie vislumbraba, ni siquiera sus más cercanos eran capaces de ver como se extralimitaba, siempre exigiéndose más, incapaz de asumir una derrota, siempre al límite, porque a pesar de todo, Damián disfrutaba sobrepasando sus propias debilidades. Salió de la ducha, se sacudió la melena negra, consideró en cortar sus cabellos que caían desordenados casi tocando sus hombros, de pronto un brazo alrededor de su cuerpo desnudo, alguien lo abrazaba por la espalda y Damián tomando al desconocido por un brazo lo arrojó contra la pared.
- Ouch!! – exclamó su atacante y mirándolo desde el suelo le dedicó una amplia sonrisa –No has perdido tu gusto por tenerme a tus pies – Le guiñó un ojo - Te he extrañado, pero jamás me imaginé que me recibirías así hermanito- Eran tan parecidos que podrían pasar por gemelos
- Qué demonios estás haciendo aquí pervertido!!! –
- Vine a buscarte – dijo poniéndose de pie y mirándolo resentido – Eres una bestia, siempre golpeando a tu hermano mayor –
- Y tú sigues sólo haciendo tonterías – empezó a vestirse sin prestar atención a su alto compañero que se sentó y encendió un cigarrillo
- Volví ayer y quería saber como estabas, en casa me dijeron que llegabas tarde porque tenías práctica, así que vine a recogerte, a veces se me olvida que ya no eres un niño Damián –
- No me fastidia que me vengas a buscar, sino el que te metas en mi camino cuando estoy desnudo y desprevenido – lo miró fijamente.
Damián terminaba de ponerse sus zapatillas – qué te dijeron para que volvieras tan rápido??? –
- Nada, ya saben que no tiene sentido meterse contigo – aspiró fuerte el cigarrillo y expulsó el humo mirando hacia arriba – Sólo extrañaba… -
- También te extrañé Kaliel – Damián lo miró y le sonrió, su hermano sólo se levantó y lo abrazó – No estaré aquí mucho tiempo, pero quiero que nos sentemos a conversar ok?-
- Creo que ya es tarde para conversar Kaliel – lo miró soltándose de su abrazo – Si pretendes hablarme de sexo te mato!!! No hay nada que me puedas enseñar, claro si quieres lecciones, no tengo problemas –
- Enano deslenguado!!!! –
- Que castigo tener un idiota de hermano…Vamos, ya estoy listo –
- Cambia esa cara de piedra, si no mueves tus músculos te arrugaras –
- El único arrugado eres tú viejo – mirada congelante
- Si movieras los músculos de la cara como tu bípeda lengua serías más lindo ¿lo sabes? Te parecerías a mi – mirada adorable
- Y sería un tarado de remate –
- Y feliz – sonrisa angelical, ignorada por el menor
-
Salían del instituto, por lo general a ese hora no quedaba mucha gente, pero algo pasaba porque se apreciaba a un gran número de alumnos. Damián los observó extrañado, se dirigían al gimnasio y pudo distinguir a Ariel entre los chicos
- Qué pasa?? – preguntó Kaliel quien ya se ponía sus lentes oscuros y subía el cuello de su largo abrigo, su pelo extremadamente largo danzando al compás del viento.
- No lo sé –
- Pues vamos a mirar – le tomó del brazo y lo arrastró siguiendo a todos los demás alumnos

Todo era efervescencia, los gritos y la energía hacían retumbar el gimnasio, el partido de práctica de básquet se había convertido en todo un acontecimiento cuando uno de los mejores equipos de la región había decidido jugar contra ellos. Damián buscó con la mirada a Ariel y lo encontró animando al equipo con las mejillas sonrojadas y una sonrisa que parecía un amanecer. Julián llegó saludando animadamente a su amigo y no pudo evitar su sorpresa al ver a Kaliel, quien lo saludó fríamente.
- Esto parece un partido profesional – dijo alegremente Julián, Damián no habló perdido en las pupilas de su ángel rubio, las palabras de Julián estaban dirigidas a Kaliel, quien lo miró y le sonrió suave, seductor.
Rafael se cayó, todo el gimnasio gritó al unísono al ver a la estrella en el piso, el jugador soltó una carcajada tomándose la cabeza y negando alegremente, se puso de pie rápidamente y continúo su juego, hasta que su mirada se dirigió al público donde un bello chico rubio gritaba su nombre alegremente.

Las piezas de ajedrez tomaban su lugar, ¿quién sería el primero en hacer un Jaque Mate?

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