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por Kamui
Hola, me llamo Pablo y desde ya les pido que disculpen mi letra, como verán mis clases de caligrafía no sirvieron gran cosa.
Pero no es para hablar de lo que aprendí en el colegio que escribo esto, no, definitivamente no pienso darles la lata con mis recuerdos escolares, mis travesuras y mucho menos mis calificaciones.
Primero que nada les aclaro que estar escribiendo esto no fue idea mía, sino de Adrián quien un día me dijo que sería entretenido y quizás terapéutico contar algo de lo que me ha tocado vivir y no es porque sea importante, rico o famoso. Nada de eso, es más ni siquiera soy un tipo hermoso. Sólo soy un hombre común, con defectos y virtudes, que trabaja como todos y que vive en un pequeño apartamento ubicado en un edificio donde pululan un sinnúmero de artistas jóvenes y por ende bastante chiflados como yo, pues bien, se estarán preguntando que cosa les va a narrar este latero y ordinario hombre.
Y la respuesta es sencilla. Les voy a hablar sobre el amor, pero no cualquier amor, sino sobre los amores de mi vida.
Ahora si, si les interesa, por aburrimiento o curiosidad les contaré, espero que de forma breve, lo que ha sido mi vida en estos 28 años.
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Provengo de un familia normal, por lo que todos entenderán que todos en mi casa están un poco locos, supongo que eso es algo intrínseco en todas las familias, sino no serían familias.
Pues bien, les hablaré de estos locos que me vieron crecer.
Mi madre es dueña de casa, una mujer robusta, fuerte y cariñosa, madre de cinco hijos varones, los que casi la volvimos loca con tanta cosa extraña, ¿me creerían si les dijera que soy el más normal de mis hermanos?, bueno salvo por un detalle que más de un dolor de cabeza les causó. Soy gay, si, si, ya sé que no es la gran cosa tampoco, pero imagínense la cara de mi padre y hermanos cuando les dije que en realidad no me gustaban las chicas. Pero me estoy adelantando, porque hoy sólo les hablaré de mis hermanos y mi familia, sobre mi y mis preferencias sexuales ya veremos más adelante.
Mi padre es conductor de tren, serio y callado. Estricto, pero justo, un viejo chapado a la antigua al que le enseñaron que los hombres no lloran, ni demuestran sus sentimientos y aunque jamás fue efusivo en sus cariños, ni yo, ni nadie de mi familia dudaría que él nos ama. Quizás fue parco y severo, pero nos demostró con su sudor y su cansancio que éramos lo más valioso de su vida, a su manera, pero lo hizo.
Y cuando recuerdo a mis padres, cuando los visualizo a ambos, lo más inolvidable de ellos es su amor, ese amor enorme, cálido e inmortal que sienten el uno por el otro. Crecí viéndolos amarse en silencio, sin grandes demostraciones de afecto, pero con el amor brillando en cada mirada. Y ese amor es el que yo quería encontrar. Y lo encontré.
Mis hermanos, todos mayores que yo, son unos extraterrestres que seguramente abdujeron a mis “verdaderos hermanos” y ocuparon sus lugares. Y no exagero.
Cristian el mayor es arqueólogo y su casa parece un museo de esos viejos y tétricos, repleto de antigüedades, polvo y cosas extrañas e indescifrables.
Cada vez que voy a visitarle, para ver a mis sobrinos mitad humanos, mitad alienígenas, me siento como entrando en una película de terror y cuando al fin logro convencerme que es sólo la casa de Cristian uno de los pequeños extraterrestre salta sobre mi disfrazado de vampiro e intenta morder mi yugular. ¿Les conté que ese par de engendros duermen en un sarcófago? Y luego dicen que soy yo el extraño, aunque debo reconocer que yo se los regalé JS. Pero cualquier lo hubiera comprado si te llaman 50 veces al día y te gritan “Tío me voy a morir, soy un vampiro y necesito un ataúd o el sol me destruirá!!!!!!”. Ni siquiera sé porque tienen complejo de vampiros, ¿será por las historietas que les regalé? No lo sé, pero bueno ellos me adoran y yo a ellos, Sara, mi cuñada paciente y con “muy mal gusto”, cada vez que hago aparición por su casa me abraza fuerte y me prepara pasteles, ella sabe que los adoro y sonríe al vérmelos comer a escondidas de los vampiros, que guiados por el olor llegan para pedirme, pero claro que no les doy. Los vampiros beben sangre, no comen pasteles.
Sara está embarazada de nuevo y me prometió que le pondría Pablo al bebé si es niño. Ojalá sea más inteligente que su tío.
Sara siempre me quiso y me sonrió con esa dulzura y simpleza que es tan de ella, es una pena que ahora cada vez que me vea llore...
Pero no les narraré cosas tristes, esa no es la idea de esto, así que seguiré contándoles sobre los extraterrestres, o sea mis hermanos.
Ignacio es puto, y no es que se prostituya en las calles, ni que cobre por sexo, no, eso él lo hace gratis, pero es puto, además de ingeniero.
Nunca se casó y nunca ha durado más de dos años con la misma mujer, aunque mientras más viejo se pone él, más jóvenes son sus compañeras. Supongo que eso que dicen de “pasto tierno para buey viejo” le encaja como perilla a este E.T. pervertido.
Ignacio fue el primero en saber mi condición, claro después de mi madre y fue él quien más me apoyó. Supongo que es un puto tierno en el fondo. Y a decir verdad es el extraterrestre que más quiero.
Esteban es veterinario, quizás los extraterrestres jefes le encargaron que investigara la anatomía animal para formar un ejercito que esté con ellos cuando nos invadan y digo esto porque vive en un parcela que parece zoológico. Esta casado con un E.T hembra (no me pregunten en que se diferencian) y juntos han tenido tres pequeños etecitos, si mis otros sobrinos eran extraños (recuerden que se creen vampiros) estos les gana por goleada. Son animalitos y cuando se portan mal los encierro en una jaula jajajajajaja y cuando mi paciencia ya no da más, principalmente porque Daniel (el perro) me orina la pierna, les digo que los voy a vender a un circo, pero tampoco funciona porque hacen un puchero y ya no me aguanto las ganas de verlos sonreír y escuchar sus risas locas, ladridos y maullidos, e incluso tener los pantalones orinados.
Son unos lindos animalitos.
Claudio es el artista de la familia, y fe de ellos dan las paredes de la casa de mis padres donde se conservan varias de sus obras, y no están ahí porque sean buenas, sino porque todavía, a sus 30 años, agarra un lápiz y le raya las paredes a mamá.
Desde pequeño fue el terror de los lápices, plumones, pintura, tempera y todo lo que cayera en sus manos que pudiera manchar.
Arte surrealista, aunque papá mira sus obras como si las hubiera pintado un mono (y no, no fueron mis sobrinos, ellos son gatos y perros).
Nadie en la familia jamás ha entendido mucho sus pinturas, a pesar de eso le hemos acompañado en todas las exposiciones que ha hecho y si quieren que les confiese algo a mi me gustan sus cuadros, eso si, no le vayan a decir que he comprado varios de ellos, eso es un secreto y si se llega a enterar negaré todo lo dicho.
Claudio parece serio y distraído, pero no es así, es un observador del mundo en busca de belleza, una belleza tan perfecta que sólo es para él. Andrea su novia de toda la vida también pinta, aunque su estilo sea impresionista y adore a Edgar Degas y sus bailarinas de ballet, jaja, ella parece una bailarina de ballet, quizás en otra vida posó para Degas.
Ellos son una pareja perfecta, tan parecidos a mamá y papá, con un amor cálido y tranquilo como brisa marina y no puedo evitar adorarlos a ambos.
A todos nos hicieron llorar con el mural que hicieron de toda la familia en el living, una mezcla extraña y bizarra de sus dos estilos, una combinación perfecta y hermosa entre Degas y Picasso. Una obra hermosa que les mostrará en el futuro lo que siempre fuimos. Una familia, una familia que siempre lo será, que permanecerá en el tiempo entre esas cuatro paredes y que sólo necesitaran escuchar bien y cerrar los ojos, para sentir la risa, el llanto y el amor de todos, no importa que uno ya no esté.
Bueno debo dejarles por hoy, porque acaban de llegar los extraterrestres y Adrián....
TTT
Ya les conté casi todo lo que hay que saber de mi familia, hoy sólo quiero hablarles de una persona. De adrián. Mi dulce y fuerte Adrián. Bueno, en realidad hablar de Adrián es hablar de mi.
A los 14 años me di cuenta que yo era distinto a los otros chicos, no fue muy difícil a decir verdad, porque mientras mis hermanos miraban revistas playboy que escondían bajo el colchón y hacían agujeros en los baños de mujeres para espiar a sus compañeras, yo ehhh bueno miraba chicos.
A los 16 estaba totalmente seguro de lo que era y andaba loco tras un compañero de clases. El dulce y cruel amor de la adolescencia. Jamás fui correspondido, mi compañero era más que heterosexual, era un nazi y cuando al fin lo comprendí (porque le pregunté que pensaba de los homosexuales, y me respondió que había que matar a todos los maricones), me desilusioné tanto y lloré como Magdalena un mes. Eso si, me vengué diciéndole a Ignacio que andaba tras su chica y mi hermano se encargó de darle una paliza memorable (no soy tan bueno, eso es para que me vayan conociendo).
Cuando entré a la universidad, toda mi vida cambió. A estas alturas todavía no había tenido ni una pareja y lucia como un nerd, flaco, pelo largo y lacio, sin forma y tímido.
Y lo conocí. Adrián era un año mayor que yo y fue quien me mechoneo, cortándome el pelo, la ropa y volviendo locos mis sentidos. Al mes ya era su novio y no crean que fue obra mía, si él no se decide a besarme un día, todavía estaría babeándome por él tras una ventana, con demasiado terror para acercármele.
Y seguro que están pensando, hay que lindos llevan tanto tiempo juntos!!! ©©©, pues los decepcionaré, sólo estamos juntos de nuevo hace un par de meses.
Les explico. Adrián era un muchacho hermoso, inteligente, con una personalidad envolvente y cautivante (les dije que me babeaba por él?!!) y eso cambio mi personalidad, de pronto me volví muy seguro y confiado y al año lo dejé por otro y a ese otro, por otro y otro, otro... (Sí!!! Soy un perfecto imbécil, pero ¿quién no lo ha sido alguna vez en la vida?)
Adrián me amaba, ya en ese entonces yo sabía que él me amaba como jamás lo haría nadie más, pero eso no fue suficiente para impedirme que le rompiera el corazón, ni siquiera sus lágrimas me hicieron quedarme a su lado. Incluso llegué a burlarme de él y de ese amor que en un momento había sido todo para mi.
Él terminó sus estudios de medicina y bueno yo me cambié a fotografía, así le perdí el rastro por 8 años.
8 locos, largos y extraños años.
Mi vida en ese intertanto fue una locura, me volví un fotógrafo reconocido, trabajé para grandes revistas y diarios internacionales y también en un playboy bastante frío. Nunca me volví a enamorar, no de verdad por lo menos.
Le confesé a mi familia que era gay y por primera vez vi llorar a mi padre y aunque en un principio nadie lo creyó, terminaron por convencerse, aceptarme y continuaron amándome, aunque en realidad quien más trabajó por ello fue mi madre e Ignacio, que incluso golpeó a Claudio cuando este me gritó que un maricón no podía ser su hermano.
Todo eso ya está en el pasado y parece tan lejano desde esta cama.......
Mi familia tuvo que aprender a vivir con mi verdad, incluso yo mismo tuve que aprender a vivir con ella, no fue fácil, pero al final todos me abrazaron, incluso Claudio y continué mi camino.
Conseguí el éxito que quería en mi carrera, tenía dinero y prestigio, una familia que me quería y hasta un novio con él cual creí que las cosas iban en serio. Y de pronto todo se cayó, o más bien yo me caí. En el cumpleaños de Sofía (mi sobrina gata) me desmayé.
Me internaron en un hospital y al fin supe la verdad. Tenía Sida, mi flamante novio me había contagiado, al parecer el muchacho no me fue muy fiel que digamos.
Fue así como mi vida cambió, otra vez, dejé mi departamento y me mudé con mis padres que querían cuidarme. No les podría explicar que sentí esos primeros meses después de saber lo que tenía, a veces me sentía en una pesadilla, que eso no me podía estar pasándome a mi y entonces descubrí que los extraterrestres también lloran, porque mis hermanos lloraban como niños sabiendo que yo me moría sin remedio.
A los meses le puse fin a esa actitud de ya muerto y decidí seguir viviendo rodeado por los que amaba, saqué la fuerza de mi padre y el valor de mi madre y seguí adelante para disfrutar al máximo lo que me quedara de vida. Me dediqué a fotografiar a mis sobrinos, a los perros y a todo lo que se me ponía enfrente, como para guardarlos para los difíciles momentos que vendrían.
Por un tiempo estuve bien, la enfermedad estaba rezagada y yo me sentía regio. Pero como nada dura para siempre caí enfermo de neumonía. Fue ahí cuando me encontré a Adrián de nuevo.
Él fue el médico que me salvó la vida esa vez y aunque yo hice de todo para alejarme de él, él no lo permitió y me persiguió con una tenacidad que terminó por convencerme, ni siquiera el que yo fuera VIH positivo lo disuadió a alejarse, y yo lloraba viendo ese amor que nunca había muerto en sus pupilas. Todavía no logró comprender como siguió amándome por todos estos años después de todo lo que le hice.
Cuando salí del hospital esa vez, me llevó a casa y no bastó mucho para que se ganara a todos los extraterrestres incluidos papá, mamá y mascotas. Al final todos terminaron confabulando para que le aceptara de nuevo y no es que yo no quisiera estar con él, es que no quería que se encadenara a mi, sólo para verme morir. Finalmente fue Ignacio el que me dio el golpe que me hizo reaccionar
“Si no quieres amar de nuevo, si te estás negando al amor, ya estás muerto, más muerto que lo que te podría matar el Sida” y ya no pude seguir huyendo de él, si iba a morir quería hacerlo de su mano.
De eso hace ya meses, y aunque a veces todavía me atormenta el que esté conmigo por compasión no puedo alejarlo. Lo amo, lo amo con un corazón de 18 años y si estoy respirando y escribiendo esto es por él. Y si todavía no he muerto es por él, aunque al parecer ya no me queda mucho.
¿Les dije que estoy internado en un hospital? Pues si, la enfermedad está en estado terminal y es muy probable que no salga de esta. Además de las neumonías y las infecciones que ya casi me han quitado las fuerzas tengo cáncer, por eso la letra temblorosa, por eso la historia de mi vida, porque dentro de poco mi libro se cerrará. Pero a pesar de todo, no tengo miedo, hay tanta gente a mi alrededor que me ama, hay tanto amor dentro de mi corazón que quizás me mantenga vivo por mucho tiempo más. Y aunque sé que me puedo ir mañana seguiré vivo en los ojos de Adrián, en las manos cálidas de mi madre, en la mirada oscura de mi padre, en la risa de mis sobrinos y en las locuras de los extraterrestres.
Esto es lo que les tenía que contar, nada más, quizás cuando tenga más fuerzas les narré todos estos hechos con más detalles, quizás les pueda hablar de mi perro “como tú” (ese es su nombre) de mi gato mañoso y desaliñado. De las fotografías que tomé y quizás hasta de mi sobrino Pablo.
No se los puedo prometer, pero haré mi mejor esfuerzo
Pablo 2003
FIN
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Nota: Dedicado con mucho cariño a Megumi, quien me ha apoyado más de lo que merezco. Un beso para ti y gracias por tu apoyo y confianza. Feliz Cumpleaños y espero que te guste mi regalito.
Atte
Kamui-chan