por Verónica

Quería sorprenderlo. Un año de conocerse. Era un doble aniversario porque cumplían un mes de vivir juntos. Lo había estado preparando todo el día, inclusive avisó al trabajo y dijo que no lo esperaran hasta el lunes. El menú que pensaba ofrecerle, era liviano. No quería ni que el cuerpo ni la mente se distrajeran en algo tan necesario como la digestión, porque tenía en su cabeza, sobre todo ese día, otras distracciones vitales acerca de las prioridades del funcionamiento del cuerpo humano. Una cena a base de pescado estaría bien. Esa mañana, no lo había visto. Se fue antes de que él despertase. Un mensaje chorreaba en el espejo del botiquín del baño, olía a la espuma que usaba para afeitarse, la que le había regalado en un pack junto a la loción con esencia a bosques del sur. "Fran, te amo". Fran, su nombre acortado. No le gustaba su nombre. Nunca le gustó. Parecía una tontería, pero había pensado en cambiárselo en más de una ocasión. Demasiado antiguo. Apolillado. Una ridícula tradición familiar. Por lo que sabía un varón de cada generación lo portaba y le había tocado a él. El nombre de su tatarabuelo, su abuelo, su padre y quién sabe cuántos antes de nacer él tuvieron que cargar con el dichoso legado: "Francisco". Por eso usaba su apellido como nombre, pero aquel día al conocerlo, ya no le importó tanto... Lo habían invitado en el club a un torneo de fútbol. Era un buen delantero, pero el deporte era sólo una distracción, jamás pensó en dedicarse en forma profesional. Sus antiguos compañeros siempre lo convocaban cuando había competencias, todas de carácter amateur, y era una ayuda para mantener su excelente estado físico. En la primera rueda jugaron contra un equipo debutante. Se había incorporado a la liga ese año. Lo que llamó su atención inmediatamente fue el arquero. No sólo por la altura, algo muy útil y común para esa posición, cercana a los dos metros, aunque bastante delgado, nada corpulento, tenía además una cara que de tan sensual debería dolerle. Una piel morena bruñida, unas cejas negras, espesas, servían de marco perfecto para unos ojos verdes profundos, con tremendas pestañas rizadas y arqueadas, oscuras también, unos labios carnosos y brillantes, acababan de perfeccionar ese rostro exótico. Hermoso, realmente, hermoso."Oye, Tristán, ¿podrás hacer algún gol con ese muñeco tapando el arco...?", le había susurrado su amigo, el capitán del equipo, con un guiño cómplice de su ojo izquierdo. Sólo había sonreído, un poco avergonzado, aunque debía reconocer que le había gustado mucho. Su admiración era pues bastante evidente, no podía quitarle la vista de encima. Siguió observándolo hasta que el otro se percató y entonces, desvió la mirada hacia el césped y comenzó a realizar ejercicios de precalentamiento. Con una música estridente de fondo se anunció el comienzo del encuentro. Por los altavoces resonaba la voz del relator, presentando a los equipos y a los jugadores. Uno a uno fueron llamados, por la posición, teniendo el número uno en su camiseta le tocó primero a él: Alejandro Dunlot... "Un nombre precioso", pensó. Ya que no le agradaba su nombre, tenía la manía, una bobada, de analizar a los demás y buscar compatibilidades entre el aspecto y el nombre. Terminaron la lista de los visitantes. Le tocaba el turno al conjunto local y cuando escuchó:"...con el número nueve, Francisco Tristán...", una mueca de desagrado apareció en su cara, igual se adelantó y saludó. Quién había sido el imbécil que transcribió las listas, alguno que conocía su sentir, y no había tenido una idea mejor que embromarle... En fin, no era para tanto...
El juego comenzó, con una clara ventaja para los locales. Con el primer contraataque obtuvieron el primer gol, después otro, otro y otro... Finalmente terminó con marcador de ocho contra uno. Los jugadores se saludaron entre sí hasta que le llegó el turno al pobre Alejandro.
-Oye, menos mal que terminó. Te cansaste de convertirme goles- le dijo con cara de resignación a un sonriente Tristán - ¿verdad... Francisco?
-Oh, llámame Tristán. O nosotros somos muy buenos o ustedes son un desastre-le tendió la mano.
-Un poco de las dos cosas- aceptando el gesto lo tironeó para acercarlo y le susurró muy quedo al oído-Te felicito. Será un placer venir a alentarte.
Y así fue desde ese día, a medida que avanzaban en las rondas, en cada partido que jugaba, lo buscaba con la vista y... lo encontraba, sonriéndole seductoramente desde la tribuna. Oportunamente llegaron a la final y la ganaron. Y allí estaba él, en el mismo vestuario, esperando para felicitarlo. Tristán se quedó casi para lo último.
- Vengo a invitarte para celebrar, bueno si no estás comprometido con tus compañeros.
- Precisamente, vamos a juntarnos para cenar. Pero si quieres puedes venir.
- Con todo gusto.
- Está bien, espérame afuera que voy a ducharme. No tardaré mucho.
- O.K.
Se quitó el resto del uniforme y se metió en la regadera. Con el ruido del agua no escuchó que alguien había entrado. Lentamente se desnudó, acomodando la ropa cuidadosamente en un banco. Y se encaminó hacia las duchas. Allí estaba, enjabonándose de espaldas. Un cuerpo apolíneo, de piel blanca pero bronceada, delgado sí pero con los músculos marcados, y un trasero digno de competir con una estatua griega. Lo miró deleitándose... Silenciosamente se acercó y lo abrazó...
- ¡¿PERO QUIÉN DIABLOS?!
- ¡Shissss!...Soy yo, Fran. ¿Te molesta que te llame así...? Vine por si necesitabas a alguien que te frote la espalda... y a mostrarte que yo también puedo meter goles, si quiero- diciendo esto le acariciaba el pecho, acercándolo a su cuerpo.
- Alejandro... no. alguien puede venir...
- No hay nadie, se fueron todos... Estamos solos...
- Pero es que....
- ¿Qué vas a decirme que no quieres...? He visto cómo me mirabas... no puedo equivocarme... Me gustaban tus miradas, no hacían más que provocarme...Ya no aguanto más...Quiero tener a mi propio campeón...Ahora...
Todo esto lo susurraba apenas moviendo los labios, ocupados en besar el rostro de Tristán. Se volteó para rendirse a las caricias, olvidándose del baño. Fue mucho el tiempo que estuvieron amándose, reconociéndose mutuamente con caricias, tanto que llegaron cuando casi finalizaban la cena de celebración. Un año. Había pasado un año ya.
***
Desde abajo, miró hacia el balcón. Todo estaba a oscuras."...¿ Acaso se te olvidó?.Humm, no. Tal vez sólo fuiste a comprar algo. Eso seguro..." Cargaba junto al maletín una bolsa con botellas, una de vino tinto y otra, de blanco. También traía una de champagne. Y una rosa roja de tallo largo. La ocasión lo ameritaba. Su solitario departamento era todavía un caos. De a poco estaban tratando de acomodar las cosas de los dos. Un mes. Había pasado un mes desde que le había hecho la propuesta. Y claro lo aceptó inmediatamente. No se arrepentía. Despertar cada mañana a su lado no tenía comparación. Discutían bastante, por tonterías que arreglaban al instante con mimos y caricias. Y pasión.
Abrió con su propia llave. Intentó iluminar la sala oscura.
- ¿FRAN...? (¿Qué diablos pasó con la luz?¿ Se quemó la bombilla...?) Fran, ¿estás ahí?
- Aquí estoy...
Y puedo ver el chispazo de un fósforo. Me sonríes mostrándome tu faz alumbrada por la llama amarillenta. Me acerco lento hacia ti, y te tomo en mis brazos. Tu pelo rubio está húmedo, y hueles a mi propio perfume.
-¡Feliz aniversario, mi amor!.
Te entrego la rosa que aceptas con gusto, besándome.
-Igualmente para ti. ¿Qué traes allí?
-Nada, algo para celebrar.
-Cámbiate si quieres. Ponte cómodo. Terminaré de preparar todo.
-Muy bien, ya vuelvo.
Una breve ducha fría me ayuda a sacarme el cansancio. Vuelvo cambiado con una camisa clara y unos pantalones livianos.
Veo que has preparado la mesa de una forma muy elegante, con un par de candelabros encendidos, la rosa que te di en un florero largo. Todo es primorosamente blanco y delicado.
La cena fue perfecta, comieron mirándose el uno al otro, devorándose con los ojos, imaginando lo que vendría...
-Ahora, lo más especial... el postre.
-Está bien. ¿Qué preparaste?
-Es una sorpresa. Todavía tengo que emplatarlo.
-Muy bien.
Te espero impaciente. Si hubiera sido por mí, comenzaba con el postre como entrada, pero... No quise decepcionarte, no quise despreciar el esfuerzo que realizaste preparándolo todo. Ya habrá tiempo. Te tardas un poco. ¿Qué se te habrá ocurrido esta vez? No escucho ruido de vajilla alguno.
-¿Necesitas ayuda?
-¡NO! En un segundo voy.
Te apareces descalzo, con un bóxer Playboy en tono negro, transparente con un trozo de tela opaco sólo dónde se necesita, al frente. Todo de microtul. Una remera del mismo material, contrastando perfectamente con tu pelo rubio y tu dorada piel. Y en una mano traes un pote de medio kilo de dulce de leche, y una cuchara, en la otra la hielera con la botella de champagne enfriándose, junto a dos copas.
Sólo puedo babear al verte vestido o ¿desvestido? así...
-Esa ropa no te la conocía.
-La compré hoy... Como un obsequio. Aunque no sé si para ti o para mí. ¿Qué? ¿No te gusta?
-No dije eso.
-Pensándolo mejor, sería un buen regalo para ti.
Giras modelando con gracia, y aprecio tus nalgas redondas, trabajadas por el ejercicio. Realmente estupendas. Debo admitir que el nuevo vestuario te sienta de maravilla. Aunque no estará en tu cuerpo mucho tiempo.
-Y... y.. ¿El postre?
-Ahora va, enseguida lo preparo.
Dejas lo que cargabas en la mesa, haces que me mueva en la silla para acomodarte en mis piernas, te sientas, tomas mi cara para besarme muy dulcemente... "¿Te gustó la cena de aniversario?"... susurras apenas moviendo tus labios. Sólo puedo asentir moviendo la cabeza... " Me alegro"... Desabrochas uno a uno los botones de la camisa, te reclinas para besar el pecho desnudo que aparece entre los pliegues de la prenda abierta. Despacio mueves tus manos y deslizas la ropa, y lames los hombros. Tomas nuevamente la camisa abandonada, diriges mis manos hacia arriba y las atas con las mangas, pero no ajustas demasiado. Te levantas lentamente. Tiras lo que quedó de la cena al piso. Vuelan las servilletas, las copas, la panera.
Me empujas hacia la mesa, y me sostienes y conduces con tus brazos para hacerme recostar en ella. Te dedicas a quitarme ahora los zapatos y las medias, luego el pantalón y finalmente el bóxer. Tomas el frasco y sacas la primera cucharada del dulce. La pasas por mis labios decorando con paciencia la piel rosada, arrastrándola también hacia las mejillas. Extiendes tu lengua barriendo con todo el dulce de mi cara, muy despacio, en una caricia que llega hasta adentro de mi boca donde puedo probar yo también el azúcar.
Sigues por todo el pecho, siempre surcando mi piel con el dulce. Lo desparramas por los pectorales, las tetillas, el abdomen. Vuelves a limpiar la piel con tu lengua cálida. Te acercas al pubis, tomando el pene con una mano, lo apartas tratando de evitar los vellos... "¿Qué vas a hacer?...
..."¿No te lo imaginas...? Ahora si voy a tomar mi postre..." Con una cucharada colmada de dulce lo extiendes por todo el largo hasta la punta, distribuyéndola en forma pareja por toda la piel, cuando quedas satisfecho, comienzas a lamer muy despacio, quitando toda la sustancia azucarada. El placer que siento hace que retuerza mis manos con furia, pidiéndote más, cuando lo encierras en tu cálida boca, sacando todo el dulce de la punta, prensando con los dientes para arrastrar todo lo que queda en el resto de piel. El gozo hace que me siente liberando con violencia mis manos, para hundir tu cabeza y empujarla para conseguir más placer. Sigues moviéndote más y más deprisa, brindándome sensaciones indescriptibles hasta que no puedo más y descargo el semen que se mezcla con el dulce.
Te levantas para servir el champagne, me entregas una copa tomando la otra, y brindamos.
-Gracias por un año maravilloso, Fran- te digo chocándola contra la tuya, bebo un sorbo. Tú haces lo mismo, no reprimes una mueca de desagrado. Después de tanto dulce, el líquido sabe más amargo de lo que es, en realidad. No puedo evitar sonreír, y tomo otro poco de la bebida, te acerco hacia mí y te beso, dándote de beber de mi propia boca.
-¡Delicioso! - me dices entrecerrando los ojos.
-Ahora me toca a mi probar el champagne- te abrazo con fuerza para besarte otra vez. Comienzo a quitarte la sugerente prenda superior, vuelco el resto de mi copa en tu torso desnudo, sorbiendo desde tu cuerpo las gotas que se deslizan. Me pongo de pie y te tiro en la mesa. Ahora es tu turno. No espero más y me deshago del bóxer, bajándolo con prisa. Tomo la botella de burbujeante líquido y arrojo un chorro helado en mi propio cuerpo, tratando de limpiar la piel pegajosa. Agito el contenido y comienza a brotar la espuma que desparramo en tu pecho desnudo, tu sexo, tus piernas
-¡Ahhhh... está muy frío!
-¿Frío? Así me gusta a mí.
Me recuesto sobre ti, buscando tomar el contenido desde esa copa de piel. Con suavidad paso mi lengua por cada rincón, frotando con ganas mi sexo contra el tuyo. Tus manos aprisionan los dos miembros para acariciarlos con suavidad, mientras me besas. Comienzo a responder con gemidos excitados y mi cuerpo responde también agitándose. Me detengo por un momento para arrimarte hasta el borde de la mesa, te levantas y te ofreces de espaldas. Nuevamente baño tu cuerpo con el champagne, te arqueas estremeciéndote. El líquido sigue el dibujo de los músculos y cae atraído hacia abajo, hacia las nalgas. Continuo con mi lengua tomando las gotas transparentes que caen metiéndose por la separación de tus glúteos, busco beber todo lamiendo la carne tierna de la íntima entrada, una y otra vez. Mi propia excitación me conduce a penetrarte sin esperar más estímulos, enterrándome en tu cuerpo sin piedad, moviéndome suavemente al principio, luego acelerando las embestidas para arrancarte más gemidos de placer. Más, más y más... Tomo en mi mano tu sexo brindándole la atención que necesita para descargarse en mis dedos... Sigo dentro de ti llegando tan profundamente que derramo mi propio placer hasta acabar.
-Eso estuvo grandioso... Me gustaría que mañana volviera a repetirse nuestro aniversario- me dices agitado, desplomándote sobre la mesa.
-¿¿¡¡MAÑANA!!??...Sólo dame un momento, querido Fran y ya verás... -te respondo besándote los hombros.
-Dame un momento tú a mí para tomar una ducha. Estoy lleno de dulce.
-Entonces vamos juntos, no creas que yo me siento bien estando todo pegajoso...
-¡Qué no te gustó el postre, Ale...!
-Contéstate tú mismo. Tú te lo comiste...
-¡Sí y estaba muy rico!
-Humm, igual que mi champagne. Aunque estoy pensando...
-¿Qué cosa?
-Mañana tendremos que hacer mucha limpieza...
-Sí tú me ayudas, no será una tarea tan pesada.
-¿Qué? ¿Es una invitación acaso...?
-No sé a qué te refieres...
-¡¿Ah, no?! Ahora te lo explico...
Las explicaciones empezaron en el living, continuaron en el baño y terminaron en la alcoba. Y sí... al día siguiente estuvieron muy ocupados limpiando. Aunque luego todo volvió a ensuciarse otra vez... de champagne y dulce de leche.