"El Misterio de la Noche"
Por Shaina
Una tarde de verano un joven contemplaba desde la ventana de su apartamento las calles de la ciudad, las personas iban y venían unas sonrientes, otras algo pensativas, algunas furiosas y otras con curiosidad miraban al joven de la ventana y emocionados le saludaban a lo que el chico respondía con ademán desganado y una sonrisa forzada.
Los ojos color avellana del muchacho se perdían entre las calles, no parecía buscar nada en especial con la mirada, pero no dejaba de ver hacía el horizonte, se hallaba como en transe sumido en sus pensamientos.
-"Míralos a todos, se ven tan felices... yo solía ser así, no entiendo por qué me cuesta sonreír ahora... ¿desde cuándo perdí mi felicidad?"- el viento sopló con fuerza alborotando los mechones castaños y el chico pesadamente con una de sus manos hizo a un lado los cabellos que no le permitían ver, suspiró profundamente y al sentir el calor del sol cerró los ojos, no deseaba pensar más, sólo se concentraba en la calidez que el astro luminosos le proporcionaba, era como una caricia tímida y suave, se sentía como si el sol al ver su dolor deseara consolarle.
Así permaneció por un buen rato hasta que la voz alegre y entusiasmada de un niño lo trajo a la realidad de nuevo.
-Mamá, mamá... ¡¡¡¡ahí esta Kyo Kusanagi!!!!
Kyo abrió los ojos y noto como el pequeño saltaba y corría alrededor de su madre, entonces sonrió hizo un ademán para saludar al infante y encendió sus llamas escarlata en una de sus manos.
-¡¡Mira, Kyo me saludo!!
El joven Kusanagi no podía creer que algo tan simple y común como un saludo pudiese ser para alguien un hecho extraordinario.
Kyo entonces un poco fastidiado decidió alejarse de la ventana, ya había sido suficiente por ese día, se tumbó en la cama, se sentía incómodo, ansioso, no entendía la razón sólo lo experimentaba y le molestaba no poder controlar ese estúpido malestar... Él deseaba en verdad dejar de pensar, pero no podía, aquella persona no abandonaba sus pensamientos, aquellos ojos, su voz... no salían de su cabeza.
-¡¡¡¡ Demonios!!!!- enfurecido Kyo se levantó tomo su chamarra blanca y salió de aquel sitió, necesitaba distraerse y eso haría
- Es hora de entrar en la farsa de nuevo, de fingir felicidad y que todo esta bajo mi control- se dijo a si mismo y corrió por las calles, buscó a sus amigos y a su novia y pasó el resto del día con ellos, bromeó sin tener ganas, conversó sin desearlo, sonrió fingiendo una alegría que no sentía, pero, logró su objetivo ese chico pelirrojo no volvió a sus pensamientos, salvo repentinas ocasiones, pero hubiera sido peor si se quedaba en casa, de eso estaba completamente seguro.
La noche envolvió al Japón, Kusanagi caminaba en silencio al lado de su novia Yuki, la chica no paraba de hablar, estaba feliz porque parecía que todo volvía a ser como antes, Kyo había vuelto luego de estar mucho tiempo desaparecido y ya no había más peligros, su vida con su amado novio sería la misma de siempre.
El joven a diferencia de su novia sabía que muchos más problemas se avecinaban por culpa de N.E.S.T.S. y en realidad eso era lo que menos le importaba ahora, lo que en verdad le preocupaba es que cada vez sentía a esa pobre chica más lejos de él y sabía la razón y no se sentía capaz de evitarla y lo peor de todo es que en realidad no deseaba hacerlo, no se olvidaría de Yagami nunca.
Al llegar a la casa de ella Kyo se despidió tan seria y fríamente que Yuki no daba crédito, pero en su inocencia y ajena al dolor de Kusanagi ingenuamente supuso que era por que Kyo se encontraba algo cansado y tenía razón en parte, Kusanagi estaba cansado pero de ella.
La noche estaba oscura ya que las nubes ocasionaban que las estrellas durmieran, los pasos lentos de Kyo hacían eco en las penumbras, el chico estaba triste, muy triste y no deseaba volver a casa así que se dispuso a dar un paseo por las calles de la ciudad.
-Todo está tan tranquilo... la noche suele ser muy misteriosa, pero hermosa - la luz de la luna comenzó a colarse entre las nubes y sus rayos plateados le permitieron al joven Kusanagi distinguir de pronto frente a él a una sombra que se interponía en su camino.
-Eh... muy buenas noches- fueron las palabras del muchacho pronunciadas sólo por cortesía, nadie respondió al saludo de Kyo, este entonces tomó otro rumbo para no toparse con aquella sombra, pero al poco tiempo nuevamente apareció frente a él.
-¿Quién eres?, ¿qué quieres de mí?- pregunto Kyo con voz agresiva, nadie contestó, la sombra se acercó a Kusanagi, este por reflejo retrocedió un poco, pero aun así quedó muy cerca de aquella figura que no podía reconocer ya que la luna se había escondido desde hace un buen tiempo, tan cerca estaba de él aquella silueta que pudo ver sus ojos, eran como dos lámparas empañadas en el tiempo; su mirada era suplicante y muy triste, justo como la suya.
La luna volvió a hacerse paso en las tinieblas de aquella fría noche y Kusanagi se lleno de pánico al darse cuenta de quién era el dueño de aquella alma triste, una media sonrisa apareció en la persona que tenía frente a él y Kyo pudo sentir como era sujetado por esta de los hombros y de los labios de Kusanagi escapo un nombre pronunciado débilmente y con voz temblorosa.
-Yagami...- el tiempo se paralizó después de ese instante, los ojos de ambos se encontraron y se miraron fijamente, en ninguno de los dos había odio o rencor, tampoco esa altanería o sarcasmo habitual, ambos se trasmitieron el dolo de sus almas y se asombraron al notar que su sufrimiento era el mismo.
Un miedo indescriptible recorrió a Kyo cuando las pupilas grises del pelirrojo reflejaron ira y la voz de trueno de Yagami rompió brutalmente el silencio sepulcral de la noche.
- Sabes igual que yo que esto no puede ser , ¿no es así, torpe Kusanagi?- al escuchar aquel calificativo Kyo miro a la luna que lentamente se ocultaba, sonrió y afirmo con la cabeza
- Esto tiene que terminar- la voz del joven Kyo era seria, Yagami se cruzo de brazos y le miró altivamente mientras continuaba escuchando lo que le decía.
- Ya no puedo continuar así, no tengo la fuerza para seguir con esto... no de esta forma- el joven Kusanagi miro al piso no deseaba que Iori pudiera leer la desesperación en sus ojos
- Y todo ocurrió en una noche igual a esta- Iori se acercó lentamente a Kyo mientras continuaba hablando con voz queda.
- Una noche donde un Kusanagi no pudo escapar al embrujo de la luna- Yagami tomo al chico de cabello castaño de la barbilla y le obligo a mirarle, los ojos avellana enfrentaron a las pupilas grises del pelirrojo y leyeron en ellas una gran determinación.
- Y que ironía ¿no es cierto?, ya que esa misma noche misteriosa un Yagami no pudo poner resistencia a la calidez del sol- Iori sonrió al escuchar las palabras de Kyo.
- Es mejor hacerlo ya- la voz de Iori dejo entrever temor.
- Pero antes yo... - Yagami frunció el ceño al notar que Kyo se quedaba callado, presentía lo que diría y en verdad no le agradaba
- No me gustan las despedidas, así que sea lo que sea ¡olvídalo, Kusanagi! - Kyo se sorprendió un poco con la reacción de Iori, pero no le importó la advertencia, lentamente se acercó al pelirrojo y le susurró al oído:
- Será la primera y última vez- después de eso posó sus labios sobre los de Iori, un tierno beso unió sus almas y al transcurrir los segundos aquella tímida caricia iniciada por Kusanagi fue respondida y transformada por Yagami, el tomó el control y volvió aquel beso una acción llena de pasión, deseo y fiereza.
Al terminar, los labios de ambos se separaron los cuerpos de los dos aún se estremecían por el contacto y al sentir sus respiraciones tan cerca y tan agitadas Yagami no soportó más, se volvió y con tono severo afirmó:
-Sabes que esto es algo que tenemos que hacer... es inevitable- de súbito tomo su posición de pelea, Kyo le miró por un instante e hizo lo mismo.
- Siempre seremos uno...- Yagami asintió
- Y estaremos unidos por el misterio de la noche.
Esas fueron las últimas palabras, la pelea comenzó, las llamas púrpura y escarlata se batían en duelo una vez más, pero todo era diferente ya que ambos contendientes sabían y deseaban que esa fuera la última vez.
En esta lucha no habría ganador alguno ya que el resultado sería sólo sangre, muerte y lágrimas, y así fue, ambos terminaron con su martirio y con un sueño imposible esa noche.
El alba despuntaba cuando la pelea finalizó y un alma triste abandonaba aquel sitio más muerto que vivo, con un cuerpo herido que con el tiempo se recuperaría, con ropas desgarradas y llenas de sangre que podían suplirse por otras y con el peso de la fuerza de un destino que lo haría infeliz mientras viviera, por otro lado ese día un clan festejaría la supremacía sobre el otro sin imaginar que esa misteriosa noche ambos primogénitos habían muerto.
Iori y Kyo se consumieron juntos hasta el fin del tiempo luego de aquella despedida y el sobreviviente de esa lucha no volvió a ser el mismo jamás ya que en su mente sólo existiría de ahora en adelante el deseo de morir lo más pronto posible, y quien sabe... tal vez Orochi le cumpliría su deseo a Iori en poco tiempo y la calidez del sol y el embrujo de la luna se encontrarían de nuevo en una misteriosa noche de verano.