![]()
Cap 9: Duele hasta matar.
“Duele el amor sin ti,
llueve hasta mojar.
Duele el amor sin ti,
duele hasta matar
Duele el amor sin ti,
todo está tan gris”.
(Aleks Sytenk y Ana Torroja. Duele el amor)
Iori no podía apartar sus ojos de Kyo, parecía que todo su mundo se hubiera reducido a aquel muchacho que jadeaba apoyado en la pared de ladrillos, que observaba con ojos entrecerrados como se formaban las pequeñas nubes de aliento en la noche helada.
Lo que acababa de acontecer hace sólo unos instantes era la culminación de todos sus anhelos, pero ahora que lo había poseído quería más. Parecía que su deseo no había sido saciado, sino que aumentaba por momentos. Era cómo probar una fruta prohibida y al saborearla comprender que necesitas devorarla toda.
Se paso una mano por lo cabellos, mientras intentaba controlar el impulso de volver a acorralar a Kyo y desnudarlo otra vez.
- Eres adictivo Kyo.- susurró.
Kyo levantó la mirada estremecido por el sensual tono, era algo que siempre iba unido a la misma esencia de Iori.
- ¿De veras?- sonrió al notar como las pupilas escarlatas relucían.
Iori no contestó sino que avanzó hasta él, uno de sus brazos rodeo la cintura y el otro sujeto su mentón con delicadeza. A Iori se complació al notar cómo el cuerpo de Kyo temblaba al estar pegado al suyo. Su cabeza se inclinó para buscar el hueco del descubierto cuello y aspiró con fuerza el aroma de Kyo.
- Pero déjame que te haga una advertencia amistosa.- Kyo se tensó, súbitamente, al captar la nota de peligro que perfilaba las palabras del pelirrojo como una navaja.- no se te ocurra jugar conmigo porque entonces no tendré ninguna piedad.- bruscamente tomó los labios de Kyo en un beso posesivo y apasionado. Su lengua entro buscando a una compañera de juego, Kyo no pudo evitar gemir al sentir como de nuevo lo acometía el deseo a pesar de la amenaza del pelirrojo, su lengua se unió a la de Iori y sus brazos rodearon su cuello. El ruido de un portazo los interrumpió, y Kyo se alejó como si quisiera evitar que lo vieran en la comprometida postura, Iori frunció el ceño ante ese gesto y después se giro para ver quién se había atrevido a interrumpirle. Lo pagaría con la vida.
Akira se erguía en la puerta, una sonrisa bailaba en sus finos labios y sus ojos no dejaban de indagar a ambos, cómo si adivinara lo que acababa de suceder. Sus suposiciones se afirmaron cuándo Kyo se sonrojó violentamente, y desvió los ojos del descarado escrutinio del guitarrista.
- ¿Qué diablos quieres?.- Iori no se molestó en ocultar su enfado, pero parecía que Akira era totalmente inmune a los aquellos despiadados ojos rojos que hubieran petrificado de miedo a cualquier otro mortal.
- Bueno, no se trata exactamente de lo que yo quiera.- Iori emitió un suspiró de exasperación.- Sino de lo que quieren otros. Kyo,- el aludido levantó la mirada.- unos amigos tuyos te están buscando desesperadamente. Me parece que piensan que Iori te ha devorado. Iori, mira.- levantó la mano enseñando ostentosamente unas cuantas cartulinas doradas.
- ¿Qué son?
- Invitaciones a la discoteca que está más de moda en Osaka, ¿qué tal si nos damos una vuelta?
Iori estaba a punto de dar un rotundo no, cuándo por el rabillo del ojo pudo captar la ansiedad en el rostro de Kyo. Recordó que el chico llevaba sin salir desde hace demasiado tiempo, y él no se sentía con fuerzas para desilusionarlo.
En un gesto fulgurante le arrebató unas cuántas de la mano de Akira, que parpadeó ante el invisible movimiento. Iori se giro y le ofreció dos a Kyo.
- Supongo que querrás invitar a tus amigos.- Cualquier duda que Iori pudiera albergar sobre la salida nocturna fue disipada por la enorme sonrisa de agradecimiento de Kyo.
- Gracias.- gritó mientras corría y pasaba como exhalación al lado de Akira.
- Vaya, vaya.- sonrió Akira con cierta superioridad.- ¿desde cuándo eres un buen samaritano? Eso de tener en cuenta sus amigos es un detalle precioso Iori. ¿No estarás enfermo, verdad?.
Iori se paró al lado de Akira, se inclinó hasta que su rostro quedó a unos centímetros de del guitarrista. Tan cerca que Akira podía notar el antinatural calor que desprendía el cuerpo del pelirrojo.
- Akira.- su voz sonó dulce, pero no llegaba enmascarar del todo el enfado de Iori. Akira retrocedió, involuntariamente, un paso.
- ¿Si?- preguntó sumisamente.
- Cállate.- Iori enseño sus blancos dientes para a continuación entrar en el atestado local, dejando a un jadeante Akira agradeciendo a Dios su buena suerte, no todo el mundo podía contar que había salido tan bien parado de una conversación con Iori. Sobre todo cuándo se ha sido ligeramente impertinente.
Shingo se sentía muy incómodo, aunque estaba la lado de Benimaru sus ojos no paraban de escrutar la alta figura que se erguía cerca de Kyo. Iori, no había dejado ni un segundo a solas a Kyo, aunque parecía ligeramente molesto no lo demostraba abiertamente.
Cuándo Kyo le enseñó las entradas y con quienes irían, Shingo estuvo a punto de largar un rotundo “no” porque todavía le dolía la mejilla dónde le había golpeado Iori pero Beni lo detuvo posando su mano sobre uno de sus muslos.
- Estaremos encantados de ir. Cómo en los viejos tiempos.- Sonrió y cogió entre sus brazos a un emocionado Kyo cuándo este lo abrazo impulsivamente, sorprendido porque su amigo se hubiera vuelto tan expresivo.
Shingo comprendió en ese momento que lo que más necesitaba Kyo era sentirse apoyado por sus amigos, y eso era lo que hacía precisamente Benimaru. Apoyarlo.
Las presentaciones fueron secas, si acaso Iori no les dirigió mas que una mirada despectiva. Pero mientras Shingo se sonrojaba e intentaba esconderse de la penetrante mirada escarlata, Benimaru no eran de los que se dejaban intimidar fácilmente.
- Buenas noches Yagami. Tu actuación ha sido excelente.- se inclinó ligeramente. Para asombro de Shingo, Iori le devolvió la cortesía con una ligera inclinación de cabeza en la dirección de Benimaru mientras contestaba con una voz tersa e indiferente.- Nikaido.
La presentación de Akira había sido menos formal y más escandalosa, les estrechó las manos a ambos chicos al tiempo que le decía a Kyo que todos sus amigos eran muy guapos. Y sin perder la alegría entabló conversación con ellos mientras caminaban hacía el local. Kyo e Iori fueron un poco más rezagados para tener intimidad.
- ¿Por qué has sido tan seco con ellos?- preguntó molesto.
- Son tus amigos Kyo, no los míos.- contestó con serenidad.
Kyo se metió las manos en los bolsillos, no quería precipitarse pero la idea le estaba martilleando la cabeza desde hacía media hora.
- Yo pensaba que ahora que somos……..- no pudo terminar la frase porque Iori se había detenido bruscamente.
- ¿Qué somos Kyo?- los ojos de Iori estaban fríos como si no quisiera exponer los sentimientos que ardían en su interior.
- Bueno, - Kyo dudo. Aún estaba muy confuso, sabía que sentía atracción hacía Iori, que lo deseaba sexualmente, pero “¿realmente le amo?, ¿le quiero?”.- No sé que somos Iori. Yo sólo te diría que eres mi novio si estuviera enamorado de ti.- bajo la vista angustiado.- pero no lo estoy.
Iori dejó de respirar, su corazón se paró en su pecho y en su lugar sólo sentía cómo si se hubiera quedado aprisionado en hielo. Cerró los ojos para evitar que las lágrimas se escaparan, que le traicionaran. Un dolor sordo embargó su alma, tanto dolor que por un momento deseó morir en ese instante.
Kyo lo observaba alarmado, al ver como Iori temblaba ligeramente extendió una mano para tocar su brazo, en un intento de consolarlo, pero Iori lo rechazó de un manotazo.- No me toques.- susurró.
Kyo se quedó paralizado por aquel tono, era oscuro y lleno de sufrimiento.- Iori lo siento, no pensaba que tú……
- Ahorrarme tu compasión Kusanagi, ¿acaso pensaste que tú me interesabas sentimentalmente?- soltó una risa ronca ,a causa de contener el llanto que pugnaba por salir de su garganta.- sólo fue sexo, nada más. Ahora déjame tranquilo. Vete con tus amigos que te están esperando.
Kyo volvió la vista para ver como Beni, Shingo y Akira los miraban preocupados, como si adivinaran la discusión que estaba teniendo lugar.
- Vete.- era una orden terminante.- Ya nos veremos en la discoteca. Yo necesito dar un paseo.
Kyo iba a protestar pero el pelirrojo no le dio ocasión, dio media vuelta y se perdió por uno de los oscuros callejones. Kyo se disponía a seguirlo cuándo Beni lo agarró del brazo.
- No sé que ha ocurrido entre vosotros.- sus ojos mostraban inquietud.- pero déjale ahora. Y de paso medita tú lo que ha pasado.- luego sonrió.- Y tal vez necesites contárselo a un amigo.
Kyo asintió y se dejo arrastrar por Beni, pero sus pies y su corazón gritaban que siguieran al pelirrojo. “Dios, estoy tan confuso”. Contuvo las lágrimas, por todos los sentimientos contradictorios que gritaban en su interior y todos tenían que ver con Iori.
Iori corrió, corrió como si le fuera la vida en ello hasta que tropezó y cayó al suelo. Se quedó quieto, en la nieve, dejando que el frío penetrara en su cuerpo. Y unas lágrimas ardientes empezaron a rodar por sus mejillas, pronto sus gemidos se convirtieron en un llanto fuerte. Ni siquiera su padre había logrado, con sus brutales palizas, arrancarle aquella muestra de sufrimiento.
“He sido un idiota. Pensé que por entregarse a mí ya me amaba, que había conseguido lo que más deseaba. Creí que Kyo estaba enamorado de mí”. Dio un puñetazo contra suelo. “Idiota, idiota, idiota”.Enterró su cara en la nieve para ahogar sus gemidos, que golpeaban contra su pecho cómo si fueran martillos. “Duele, duele tanto”.