por Paris Artreides

 

 

 

Cap 8: Fuego y deseo.

 

 

“Mil y una vidas ya pase muchos corazones me robe siete maravillas pude ver,
y solo tu leyenda se escribió en mi piel atrapado, moribundo, con esas ganas de bailar contigo,


Dame jaleoleoleoleoleoleola, dame jaleoleoleoleoleoleola,
no te detengas, no me esquives, déjate llevar porque esta noche tu serás mía,


dame jaleoleoleoleoleoleola ,dame jaleoleoleoleoleoleola,
la luna llena será mi testigo ya veras porque esta noche tu serás mía.”

 

 

(Jaleo. Ricky Martín)

 

 

 

Hay besos que detienen el tiempo, que hacen desvanecer el mundo, que consiguen que sólo exista para tus sentido el otro cuerpo que se aferra al tuyo, sólo existen los labios que besas y sólo la lengua que se enreda con la tuya.

 

Kyo nunca había besado y sido besado como hasta ese momento en que Iori respondió a su caricia, aquel beso nada tenía que ver con los ingenuos juegos de pasión a los que solía jugar con su novia Yuki. Iori era puro fuego y fuerza, era como sentir todo el ser de Iori.

Los brazos de Iori apretaban su cintura posesivamente haciendo que el cuerpo de Kyo se pegara en toda su extensión al suyo, Kyo rodeaba el cuello de Iori ciñendo aún más aquel abrazo. De pronto no importaba que estuvieran a la intemperie, bajo cero, porque sus cuerpo estaban ardiendo, de pronto Kyo tenía la imperiosa necesidad de desnudarse y de desnudar aquel musculoso cuerpo que se rozaba desesperadamente con el suyo.

 

Kyo rompió el beso, para atacar con sus labios la dorada piel del cuello de Iori, éste se arqueo como un gato, estremecido por las sutiles mordidas que se imprimían sobre su epidermis.

 

- Aaahh, Kyo.- el gemido de Iori hizo que una pulsación caliente partiera de la entrepierna de Kyo, sentía como su excitación aumentaba ante los jadeos apagados de Iori. Las manos del pelirrojo abandonaron su cintura para deslizarse, lentamente, hasta la parte trasera del pantalón de Kyo donde aprovechó para agarrar fuertemente sus nalgas. Ahora fue Kyo quién gimió.- Aaahh.

 

Iori aprovechó para tomar posesión de su boca, como quién profana un suelo conquistado. Levantó levemente a Kyo para friccionar su ingle con la de él, ambos sintieron como sus endurecidos miembros querían traspasar el pantalón, intentando encontrar una gloriosa liberación. Su beso se volvió aún más salvaje cuándo Iori empujó a Kyo contra la pared para a continuación abrirle la chaqueta y desgarrar la ceñido polo blanco con un leve toque de sus ardientes dedos, sus manos se posaron sobre el pecho de Kyo y su lengua se fundió con la del castaño que no podía dejar de expresar su placer mediante tenues quejidos. Aquellos gemidos estaban haciendo perder el control por completo a Iori que sentía la urgente necesidad de poseer aquel cuerpo que se estremecía de placer. Sus manos se apoyaron en aquel delicioso trasero e irguieron a Kyo que aprovecho para enlazar sus piernas alrededor de la estrecha cintura del pelirrojo.

Este embistió levemente a Kyo, haciéndole sentir toda su plenitud a través de la tela vaquera de su apretado pantalón. Iori lamió eróticamente el cuello de Kyo.

 

- Aaahh.- Kyo se apretó aún más para sentir el miembro de pelirrojo. Iori bajo una de sus manos hasta el cierre del pantalón del joven Kusanagi que no dejaba de gemir con los ojos cerrados ante las suaves embestidas. Iori desabotonó expertamente el pantalón y bajo la cremallera, su mano se introdujo dentro del bóxer para agarrar el empalmado pene de Kyo que gritó de placer a sentir los largos dedos de Iori masajeándolo arriba y abajo. Iori aumentó el ritmo de sus embestidas mientras su mano seguía imprimiendo un ritmo al miembro de Kyo- Aaahh, sigue Iori, sigue. Mmm.

 

Kyo sentía como un fuego le recorría todo el cuerpo, como cada unas de sus músculos ardían cada vez con mas calor, era como sentir que se abrasaba de placer y de una necesidad que sólo podía colmar Iori, una ansia tan grande que sólo seria plenamente satisfecha cuando fuera poseído.

 

- Iori, aahh.- entre gemido y gemido se acercó al oído del pelirrojo.- Quiero hacerlo ahora. No quiero espera, no puedo esperar.

 

 

Iori no dijo nada, pero sus manos en cambio si respondieron como si no pudiera evitar obedecer la súplica de Kyo, bajaron los pantalones del castaño hasta la cintura y después desabrocho sus propios pantalones pero sin apenas bajarlo, la larga chaqueta negra que llevaba los cubría a ambos.

 

Kyo sintió como la palpitante cabeza del miembro de Iori se abría paso entre sus nalgas, se restregó ligeramente, empapándolo con fluido seminal.

 

- Dímelo.- la jadeante voz de Iori se abrió paso entre las neblinas rojas que llenaba la cabeza de Kyo.- Dime que lo deseas.

 

Kyo sentía como la entrada de su ano palpitaba cada que era acariciada por el miembro de Iori que dejaba un rastro húmedo y goteante. Kyo apenas podía articular las palabras.- Te deseo ahora.- dijo roncamente.

 

 

Gritó cuando Iori penetro la cabeza de su pene en le cálida cavidad, se detuvo esperando que Kyo se adaptara a la intrusión, pero apenas podía contenerse, lo que no se esperaba es que Kyo tomará súbitamente la iniciativa cuándo se agarró con los dos brazos a los hombros de Iori y se empaló el mismo, dejando que el pene de Iori de clavara profundamente en él.

 

- Ahhhh, Kyyyoo.- Iori ya no se pudo dominar más, comienzo a embestirlo con fuerza contra la pared, mientras que sentía como las piernas de Kyo aumentaba la presión en torno.- ahhh.

Kyo se unía sus gritos mientras sentía como Iori entraba y salía de su cuerpo, y al tiempo lo masturbaba con fuerza.

 

A Kyo lo empezó a recorrer una cálida ola de fuego blanco, que lo llenaba hasta llegar a su cabeza, era el anticipo de un glorioso orgasmo.

 

- Iori me voy a corr…- no pudo terminar la frase porque Iori aumentó el ritmo de una forma inhumana, Kyo casi pierde la conciénciala estallar entre las manos de Iori. Al mismo tiempo Iori dio una embestida final e inundó a Kyo con su esencia.

 

Ambos se quedaron inmóviles, jadeante, mientras temblaban por el intenso orgasmo que acababan de tener. Iori tenía la cabeza echada hacía adelante, mientras los flecos le cubrían la cara perlada de sudor. Bajo suavemente a Kyo al suelo, éste casi no se podía mantener en píe, pero el pelirrojo haciendo gala de unas facultades recuperación increíble se agachó para subirle los pantalones a su amante y abrochárselos. Kyo se dejó hacer, mientras se quedaba apoyado en la pared con os ojos cerrados.

 

- Esto ha sido increíble pero poco cortés por mi parte.- suspiró Iori, una sonrisa adornaba sus enrojecidos labios. Kyo abrió los ojos, que brillaban, y lo miró interrogativamente.- tenía que haber sido en una cama.

 

Kyo se irguió, se acercó Iori y le acarició una mejilla, se acercó y depositó un beso sobre aquellos labios magullados.- No, yo lo deseaba ahora.

 

Los ojos escarlatas de Iori resplandecieron iluminando la noche, abrazó a Kyo que le correspondió acurrucándose en su pecho.- Yo también lo deseaba.