por Paris Artreides

 

Cap 7: Can't fight the moonlight.

 

 

“You can try to resist” (tú intentas resistir)

“Try to hide from my kiss” (intentas ocultarte de mi beso)

“But you know, but you know that you” (Pero sabes, pero sabes que tú)

“Can't fight the moonlight” (no puedes luchar con la luz de la luna)

“Deep in the dark” (hundido en la oscuridad)

 

“You'll surrender your heart” (tu corazón se rendirá)

“Don't you know, don't you know that you (no sabes, no sabes que tú)

“Can't fight the moonlight” (no puedes luchar con la luz de la luna)

“No, you can't fight it” (No, no puedes luchar).

 

(Can't fight the moonlight. Lee Ann Rimes).

 

 

 

 

 

Cuando la puerta del reservado se cerró a sus espaldas Kyo emitió un tembloroso suspiro. Dejo que el aire saliera lentamente, intentando mantener el precario control que aún le quedaba. Todo su cuerpo estaba frío y sentía como su corazón golpeaba contra su pecho, como un animal herido que intentara escapar de su prisión de hueso. Pero más que el malestar físico, era el de su propia alma, se sentía sucio por lo que acababa de hacer, mezquino, tenía de pronto de la acuciante necesidad de salir corriendo y pedir disculpas a Iori por lo que acababa de decir, lo que acababa de hacer, pero su orgullo lo mantuvo anclado al suelo. Aquellas palabras crueles que habían salido de sus labios hace unos pocos minutos, esas palabras no podían ser borradas, él lo sabía y también sabía que Iori no las olvidaría.

 

Alzó sus brazos y se abrazó a sí mismo, en un intento inútil de reconfortarse. Un. Miró sus manos, aquellos dedos se habían posado, acariciado el pecho de Iori, su lengua delineo sus labios, le sabor ardiente de la boca de Yagami todavía estaba en la suya. Pero lo mas excitante había sido aquel momento en que Iori comenzó a responderle; cuando gimió. Kyo entonces tuvo miedo, miedo porque de pronto el deseo empezó a recorrer todas la fibras de su ser, el deseo de quitarle la ropa a Iori, el deseo de hacerle gritar su propio nombre. Pero en vez de eso, lo había empujado y lo había herido, lo sabía porque había leído en aquellos ojos escarlatas.

 

Un extraño mareo lo acometió, se tambaleó, la habitación comenzó a dar vueltas y en aquello vorágine unas manos lo cogieron, suave pero firmemente por la cintura.

 

- Es la bebida Kusanagi.- la voz de Iori era llana- Ya pagué. Vamos fuera, el aire te sentará bien.

 

Kyo se apoyó en el cuerpo de Iori, inhalando otra vez de aquella sensual aura, éste enlazó uno de sus brazos por la cintura de Kyo y con el otro cogió sus bolsas de la compra.

 

Cuando salieron del restaurante, el frío aire de la tarde de invierno bañó su cara, dejando que la sensación de malestar se fuera con aquella brisa invernal. Se sentía mejor, se separó de Iori, que lo soltó sin decir una palabra. La cara del pelirrojo parecía una mascara, como si quisiera mantener a raya las emociones que bullían en su interior, sólo sus ojos resplandecían y contrastaban poderosamente con la blanca nieve que empezó a caer del nublado cielo.

 

-¿Puedes caminar?- dijo Iori, mientras se ajuntaba la cinchas de su bajo a la espalda.

 

- Sí.- respondió en voz baja Kyo, no podía creerse que Iori no hubiera iniciado una pelea a estas alturas, que no se hubiera vengado de él quemándolo con su fuego púrpura. Sintió una oleada de remordimientos; Iori le había ayudado en cierta manera a recuperar su fuego, era el que había conseguido arrancarlo de la oscuridad, y él sólo le pagaba con odio y desprecio cuándo Iori había intentado acercarse a él. “No te comprendo Iori. Cambias de la luz a la oscuridad, eres dulce y despiadado, puedes ser el más cruel pero después arriesgas tu vida para salvar la mía. No te comprendo. ¿Qué me estás haciendo?”

 

Iori lo miró de reojo, como si quisiera añadir algo pero en vez de eso emitió un tenue suspiro que formó una nubecilla de vapor. Se dio la vuelta y empezó a caminar con largas y elásticas zancadas, sin esperar a ver que Kyo lo seguía, éste siguió su atractiva figura con la vista y segundos después se puso en su estela.

 

 

 

Iori todavía sentía dolor, dolor que levantaba ecos extraños en su corazón, pero procuraba mantener todas esas emociones dentro de su férreo control. Cuándo había vuelto al reservado su cabeza bullía con miles de ideas de hacer pagar a Kyo aquella injuria, aquella ofensa, sus dedos cosquilleaban con la sola idea de liberar su fuego contra aquel Kusanagi desagradecido. Pero cuando entró en el cubículo y vio como Kyo parecía punto de desmayarse todo su odio se desapareció, su cuerpo reaccionó antes que su mente y sus brazos cogieron aquel delicado cuerpo protectoramente. Todas las ideas de venganza olvidas en unos segundos. “¿Qué me estás haciendo?”.

 

 

 

 

 

 

Shingo volvió a mirarse en el espejo, era ya lea décima vez que lo hacía, pero no estaba seguro del por qué. En unos minutos Benimaru Nikaido pasaría a buscarlo y de pronto él se sentía con una quinceañera en su primera cita. “Menuda estupidez. Conozco a Benimaru desde hace años, he salido ciento de veces con él y esta es la primera vez que estoy nervioso porque voy a verlo. ¿No será por aquel beso'”. Una corriente cálida lo embargó al remoderar los brazos de Benimaru rodeándole, su cuerpo pegado al suyo y su boca sobre la suya. Sintió un calor sofocante. El timbre de la puerta lo sobresaltó, corriendo se acercó y abrió sin siquiera preguntar.

 

Benimaru se erguía en el umbral, con los nudillos medio alzados, como si lo hubieran interrumpido en su acción, sus ojos azul eléctrico mostraban sorpresa y su cabellera rubia estaba entretejida con los copos de nieve que caían indolentemente del cielo de Osaka. El corazón de Shingo dio un vuelco.

 

- Que rapidez.- sonrió Benimaru- ¿estabas esperando al lado de la puerta?.

 

- no.- respondió Shingo mientras se sonrojaba ligeramente, sin poder mirar del todo a los ojos de Benimaru

 

- Aahh.- Benimaru alzó las cejas, sin acabar de creerle del todo.- Es un poco temprano, pensé que podíamos primero ir a cenar. Te invito yo.

 

- Me perece genial. – dijo Shingo mientras cerraba la puerta.- pero eso de que pagues tú sólo la cuenta es más discutible.

 

Benimaru meneó la cabeza.- Ya veremos. No prometo nada.

 

 

Shingo y Benimaru bajaron las escaleras que conducían un parking, dónde el rubio había dejado su 4x4 negro. Se subieron, Benimaru puso en marcha el parabrisas al tiempo que arranca el potente motor. Shingo observaba cada uno de sus movimientos, su fluidez y seguridad. Sus ojos siguieron el perfil delicado, cómo sus manos se pasaban un gesto inconsciente por el cabello. Sus labios rosados que parecían tiritar ligeramente.

 

Alargó una mano, sin pensar, acarició la pálida mejilla de Benimaru, éste se quedó quieto bajo su caricia, sus ojos buscaron los de Shingo. Éste adelantó acercando su rostro al del rubio. Se inclinó buscado sus labios.

 

- Shingo, espera.- Benimaru puso sus manos a ambos lados del rostro del otro chico.- ¿estás seguro?

 

- Sí.- Entonces Benimaru sonrió, atrajo el rostro de Shingo y lo besó. Se fundieron en un abrazo, sus cuerpo buscaban el calor del otro cuerpo, sus lenguas se entrelazaron con fuerza, sus corazones se unieron en un sólo latido. Fuera seguía nevando.

 

 

 

 

 

 

Akira conocía el significado de la palabra discreción y estaba de acuerdo con todo el mundo en que esta no se le aplicaba. Mientras caminaba con pasos rápidos hacía el club donde había quedado con Iori el resto de los viandantes giraba la cabeza al verlo pasar, escandalizados por el extravagante aspecto de Akira. Éste ni siquiera se percataba de ello, estaba ya acostumbrado a levantar comentarios a su paso, y desde luego las miradas era algo obligatorio sobre todo cuando ibas vestido como un póster de colorines. Iori solía decir que le causaba dolor de cabeza verlo a plena luz del día. Aún así Akira era un joven atractivo, era alto, atlético (dos horas diarias en el gimnasio), sus ojos eran de un verde brillante y Akira se había teñido el pelo ha juego en tono de verde un poco más fuerte que el de sus ojos. Una enorme guitarra colgaba a su espalda.

 

A medida que se acercaba a la puerta del selecto club, pudo distinguir la cabellera roja y le porte de Iori. Sonrió, Akira no podía negar que Iori era uno de los hombres más guapos que había conocido, no sólo era su físico sino también su aura, era fuerza salvaje que parecía emitir por todos los poros de su piel, extrañamente era también unos de los hombres mas fríos que conocía e imprevisible. De todas formas, Akira se sentía privilegiado por el hecho de que tenía cierta familiaridad con Iori, cosa de la que no parecía gozar el resto de los mortales.

 

A medida que se acercaba distinguió otra figura al lado de Iori, era unos centímetros más bajos que el pelirrojo, su pelo era castaño, delgado y cuándo Akira estuvo delante de ellos, un par de ojos color avellana lo examinaron, sorprendidos, desde un rostro increíble. Era ovalado, sus pómulos eran suaves y la nariz recta, unos labios bien delineados y ligeramente azulados por el frío.

 

- Llegas tarde, ¿por qué será que no me extraña?.- el tono de Iori era aún mas gélido que la temperatura ambiente, y eso que estaban bajo cero.

 

Akira se inclinó profunda y exageradamente.- Perdóname, Oh glorioso Yagami. Qué tu justa cólera caiga sobre mi fosforita cabeza.

 

Akira observó como Iori hacía una mueca de disgusto, pero el chico castaño sonrió divertido. Akira se adelantó un paso y cogió la mano de Kyo.

 

- ¿Y tú quién eres?- sonrió encantadoramente.- porque seguro que no nos hemos visto antes. Me acordaría del nombre de un chico tan guapo.

 

Kyo sonrió ante el descaro de Akira, estaba acostumbrado a ese trato tan extravagante, no obstante había tenido que aguantar el de Benimaru muchos años. Estrechó la mano de Akira.- Soy Kyo Kusanagi. ¿Y tú?

 

Akira correspondió al apretón, mientras miraba de reojo a Iori. Conocía sufriente historia del clan Yagami como para reconocer lo que significaba la presencia de Kyo allí, junto a Iori. También conocía bastante la historia de Iori en sí.

 

- Soy Akira Kurosawa (NA: con todos mis respetos a este increíble director de cine). Supongo que vienes a ver nuestra actuación.

 

- Supones bien.

 

- Ajá, entonces eres una persona con buenos gustos musicales- Akira se giro hacía Iori.- el dueño ya no está esperando y preparado el escenario y los camerinos.

 

Los tres entraron en el local. Éste era amplio y se inspiraba en una decoración de pub escocés, mesas de madera y amplios y cómo sillones. Había distribuidas lámparas de artr deco por doquier y una enorme barra donde colgaban las jarras para cerveza. Al fondo del local se adivinaba un pequeño escenario, iluminado por unas suaves luces.

 

El dueño del local salió a saludarlos cordialmente, Kyo se dio cuenta que ya perecían conocerse porque Iori estaba muy relajado y cordial a su manera. Cuando terminaron de hablar el dueño se fue hacía la barra, Akira se dirigió hacía los camerinos que estaban detrás de escenario e Iori se giró hacía Kyo.

 

- Nos vamos a preparar.-le señaló una de las mesas cercanas al escenario, en una de las esquinas medio oscuras.- puedes sentarte allí Kusanagi y pedir lo que quieras, todo corre a cuenta de la casa. Ya nos veremos después de la actuación.

 

Iori no añadió más y se fue sin esperar a que Kyo le contestara. Éste se dirigió a la mesa, tomo asiento en los cómodos sillones color granate. Una camarera se acercó y le sonrió.

 

- ¿Deseas tomar algo?

 

- Un chocolate caliente. Garcías.

 

A medida que Kyo se fue tomando el tazón del espeso y dulce chocolate el local se fue llenando de gente, el ambiente se iba animando cada vez más y las meas iban siendo todas ocupadas. Las conversaciones eran muchas y muy animadas, Kyo estaba sorprendido no sabía que Iori tuviera tantos fans.

De pronto unas manos le taparon los ojos.

 

- ¿Quién soy?- la voz era divertida, aterciopelada y muy, muy conocida.- Te daré pistas: soy guapo, rubio y desde luego mucho mejor luchador que tú.

 

Kyo se rió, se levantó quitando las manos para encontrarse con Benimaru, éste tenía lágrimas en los ojos. Repentinamente Benimaru lo rodeo con los brazos, abrazándolo fuertemente. Kyo correspondió emocionado al abrazo.

 

- Has vuelto, has vuelto.- Kyo notó como la voz de Benimaru estaba rota.

 

Se separó del rubio y sonrió entre lágrimas.- Sí, he vuelto

 

Benimaru se hizo a un lado y apareció Shingo con lagrimas en los ojos, kyo se acercó al muchacho.

 

- ¿Podrás perdonarme Shingo, por todas esas horas que estuviste hablando a mi puesta y yo no te respondí?

 

- No hay nada que perdonar.- Shingo abrazó a Kyo y éste le respondió cálidamente. Benimaru se acerco y los envolvió los dos entre sus brazos. Los tres se quedaron quietos, aislados del mundo, compartiendo la emoción de volverse a ver.

 

Se separaron cuándo sintieron que todos estaban mirándolos. Beni y Shingo se sentaron en la mesa de Kyo. Pidieron también unos chocolates calientes.

Kyo le contó, al principio un poco avergonzado, todo lo que había sucedido hasta ese momento aunque omitió aquellos besos que había tenido con Iori y como éste había logrado que Kyo hiciera renacer sus llamas.

 

- Vaya, la verdad que has estado muy ocupado.- sonrió Benimaru. Kyo notó que estaba muy cerca de Shingo y como los dos sonreían cada vez que sus miradas se cruzaban. “Ha pasado algo”.

 

- ¿ha ocurrido algo que yo deba saber?.-preguntó los dos chicos, Shingo se sonrojó y cuándo iba responder se pagaron todas las luces del local.

 

 

El escenario se iluminó, el dueño subió y sonriendo a toda la gente que atestaba el local.

 

- Buenas noches. Es para mí un gran placer recibir de nuevo en mí local al cantante por el que vosotros suspirabais hace tiempo. Con todos vosotros la voz de la luna, la voz de Iori Yagami.

 

 

Un mar de aplausos inundó la cálida atmósfera, el sonido de una batería rompió segundo de la guitarra eléctrica y un increíble bajo. El escenario se iluminó por completo, una voz grave, dulce y aterciopelada se extendió, entrando en los corazones de todos los que estaban allí.

Kyo no podía despegar sus ojos del propietario de aquella voz de fuego. Iori iba vestido completamente de negro, con una camiseta de mangas muy largas, medio abierta dejando al descubierto el pecho, en su cuello llevaba aquel extraño collar que solía lucir, una cinturón con una brillante hebilla plateada y unos pantalones negros muy ajustados. Iori cantaba con los ojos cerrados, mientras sus dedos tocaban las cuerdas de su bajo como si fuera un amante. La emoción que transmitía su música hizo estremecerse a Kyo, toda la fuerza de Yagami transformada en notas musicales. Era simplemente glorioso.

 

En uno de los descansos entre canciones, Benimaru se inclinó hacía Kyo, se había percatado de como los ojos se le iban iluminando a medida que discurría la actuación.

 

- ¿Nunca lo habías visto actuar?

 

- No.

 

- La verdad es que parece una persona diferente.- Kyo asintió ensimismado

 

- Sí, totalmente diferente.- su voz era suave y extraña, mientras miraba como Iori afinaba un poco su bajo antes de comenzar la siguiente canción.

 

- Aunque hay algo extraño.

 

- ¿Extraño?- Kyo miro a Benimaru.

 

- Sí algunas notas han salido raras. Cómo si le costara, es la primera vez que le ocurre.

 

Kyo frunció el ceño, preocupado, observó como Akira se acercaba un momento a Iori le decía algo en voz baja señalando la muñeca de Iori, y éste sólo meneaba la cabeza con disgusto, Akira volvió su puesto con cara de enfado. “Cuándo empuje a Iori, este cayo sobre su muñeca. Debe habérsela lastimado”.

 

Cuándo siguió la actuación, Kyo se fijó en que Iori sudaba y como muñeca, cuando la manga se la dejaba ver estaba amoratada e hinchada. Pero Iori seguía cantando. “Debe estar sufriendo”.

 

La actuación duró una hora y media, pero a Kyo le pareció unos pocos minutos, jamás había disfrutado tanto con una actuación en vivo. Cuando terminaron los aplausos y vítores hicieron privar las paredes del local. Se encendieron toas la luces y la gente se dirigió al escenario a pedir autógrafos, mientras otras ibas a la barra a pedir más bebidas. Una suave música empezó a sonar.

 

Kyo se levantó apresuradamente.- Ahora vuelvo.- salió corriendo hacía el escenario, dejando a unos sorprendidos Beni y Shingo solos.

 

Kyo consiguió abrirse paso entre la gente hasta llegar cerca de Akira, que al verlo esquivó a un par de fans.

 

- ¿Dónde está?- al ver que le pelirrojo no estaba firmando autógrafos.

 

- Está en el aparcamiento que está detrás del local.- le susurró al oído Akira.

 

- Gracias.

 

Akira sonrió al ver como Kyo se dirigía apresuradamente a la parte trasera.

 

 

 

 

Kyo abrió la puerta que daba al pequeño aparcamiento, la nieve caía suavemente y la luna llena brillaba intensamente en el cielo invernal. Todo parecía tener un extraño aspecto mágico, con aquel brillo entre plateado y blanco.

 

Iori estaba poyado en el muro, mirando la luna, dejando que la nieve rozara su cara.

 

- Iori.- llamó con suavidad. El aludido volvió la cabeza sorprendida, sus ojos escarlatas atravesaron la noche. Siguió con sus pupilas encendidas la figura de Kyo que se iba acercando hasta apoyarse al lado de él.

 

- Es una luna maravillosa.- Iori no respondió, se limitó a volver la vista al cielo.- No lo soporto más.

- ¿Qué no soportas Kusanagi?-

 

-Kyo sonrió.- Qué me llames continuamente por mi apellido.

 

- Es la forma que tengo recordarme que eres un Kusanagi, que no puedo intentar acercarme a ti sin salir herido.- la voz de Iori era tranquila, no había cólera en ella, sólo un dolor sordo.

 

Kyo sintió una punzada en el corazón. No sabía que responder. No podía responder, en vez de eso cogió delicadamente la mano derecha de Iori, éste le miró pero no retiro el brazo. Arremangó con cuidado la camisa hasta la altura del codo, dejando al descubierto la muñeca hinchada.

 

Kyo cogió un pañuelo que llevaba en uno bolsillos, se parecía mucho a la venda que solía ponerse en la frente cuando luchaba. Comenzó a vendar la muñeca diestramente. Iori sólo observaba. Sus caras estaban a unos centímetros, las nubecillas de sus alientos se confundían.

 

Cuando Kyo terminó, levantó la mano, la giro con delicadeza y depositó un beso en la palma.

 

- Te pido perdón.- levantó la mirada para encontrarse con las pupilas dilatadas, por la sorpresa, de Iori. El pelirrojo acarició suavemente la mejilla izquierda de Kyo, con la mano vendada.

 

- ¿Todas tus disculpas son siempre así de dulces, Kyo?- sonrió con burla.

 

 

- No.- Kyo correspondió a la sonrisa.- ésta es la más dulce.- Kyo salvó la distancia que les separaba y sus labios se posaron en la boca Iori. Fue una caricia, un beso inocente pero a la vez cargado de sentimientos. Iori dejo que Kyo delineara sus labios, después lentamente empezó a responderle.

 

Kyo pasó sus brazos alrededor del cuello de Iori y puso sus manos en la estrecha cintura de Kyo. Sus cuerpos se ajustaron a la perfección.

 

La siguió cayendo, fundiéndose cuando entraba en contacto con el aura de fuego que emitían Iori y Kyo en su primer beso. Bajo la luz de la luna.