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Cap 6: Ojo por ojo, diente por diente.
“No olvidar, no perdonar”.
(Thomas Convenant. El incrédulo)
Aunque la mansión Yagami había sido construida siguiendo el más puro estilo japonés eso no había sido óbice para que sus propietarios la dotaran de las instalaciones más modernas sin romper su encanto tradicional. Ocultando dentro del complejo diseño habitaciones que eran gimnasios, salas de juego, invernaderos de flores extrañas y algunas hasta letales. Así que no era sorprendente que un visitante que nada supiera de la casa se hallara de pronto dentro de una enorme biblioteca de estilo occidental. Iori Yagami siempre había disfrutado de estos privilegios, pero era quizás la enorme piscina cubierta la que más le gustaba.
Allí se dirigió silenciosamente, sus músculos estaban tensos por combate que acababa de tener no sólo el físico sino también mental. Había empujado a Kyo hasta el límite de su alma, forzándolo a transgredir las barreras de su mente para que su corazón hablara, para que la llama de nuevo ardiera.
Iori sentía como la piel de su antebrazo se arrugaba por la acción de la quemadura. “Fui demasiado lento. Un poco más y me deja sin pestañas”. Cuando llego al enorme recinto empezó a desnudarse, la piscina brillaba iluminada por unas luces en el fondo, el resto del lugar se quedaba sumido en las sombras. Cuando se desprendió de toda su vestimenta, Iori se lanzo al agua con una zambullida limpia y nado con largas y poderosos brazadas. Sintiendo como el agua fluía por todo su cuerpo desnudo, como todas sus tensiones se dispersaban en el líquido elemento. Cuando llegó al otro extremo se apoyó en blanco y suave muro, dejando que las gotas de agua bajaran por su cara.
“No quería llegar tan lejos”, todavía recordaba vivamente cuando estuvo a punto de poseer a Kyo por la fuerza, en un principio sólo quería asustarle lo suficiente como para que su instinto de supervivencia eliminara el bloqueo de la mente de Kyo pero aquellas palabras dichas con rabia habían tocada la fibra sensible de Iori. Cuando Kyo le acusó de no tener corazón, de no tener sentimientos. “Sentí dolor y cólera.” Por suerte Kyo había logrado desatar sus llamas y de paso devolverle la cordura a Iori. “No sabes lo afortunado que fuiste pequeño Kyo”.
El sonido del móvil entre sus ropas desperdigadas lo sacó de sus oscuros pensamientos. De un impulso salió de la piscina y desnudo cogió el plateado móvil. Reconoció el número y suspiró, sólo podía haber una persona que se atreviera llamar a esas horas.
- ¿Qué quieres?- amonestó nada mas descolgar la llamada. Su voz tenía un tono gélido.
- Hola Iori.- era una voz alegre e insolente- yo también me alegro de oírte y de que estés tan encantado de que te llame a estás horas.
- Akira, no estoy de humor para tus bufonadas.
- ¿Cuándo estás tú de humor para nada?- la risa de Akira hizo rechinar los dientes a Iori- tranquilo, sólo era para recodarte que tenemos concierto en Osaka mañana. ¿O es que te habías olvidado?, las entradas para el club ya están todas vendidas.
- ¿Mañana?, ¡mierda!- Iori estuvo tentado de decirle a Akira que suspendiera la actuación, no era la primera vez que lo hacía. Pero por otro lado necesitaba distraerse, alejarse de los asuntos del clan aunque fuera por una noche y dedicarse a su música.- De acuerdo. ¿Cómo se llama el club?.
- El Cielo.
- Pues nos vemos allí a las ocho.- colgó el teléfono sin esperar contestación de Akira que era un insoportable, pero sin lugar a dudas era el mejor guitarrista que Iori conocía y con el único que era capaz de compenetrarse perfectamente en el escenario.
- Yagami.
Iori levantó sorprendido la vista, ni siquiera había sentido que Kyo había entrado. Estaba a dos escasos metros de él, su ropa estaba reducida a jirones, su piel mostraba quemaduras y moretones. Todo su cuerpo era un mapa de la violencia de Iori, pero a pesar de su lastimoso estado emitía un aura de orgullo. Sus ojos brillaban con una renovada fuerza y lo examinaban, lo evaluaban.
Avanzó unos pasos hasta situarse a unos escasos centímetros del rostro de Iori, que pudo apreciar como sus labios estaban hinchados.
- Si vuelves a intentar poseerme.- un hilo de sangre de desprendió de la comisura de la boca.- Te mataré.- no hubo la menor vacilación en su voz.
Iori no retrocedió, se limitó a sonreír, como si esperara esas palabras de Kyo, aunque había cierta tirantez en su sonrisa. Levantó una mano y la acercó lentamente hasta el rostro del joven Kusanagi, la yema de su dedo índice recogió la sangre y la llevo hasta su boca, su lengua lamió la sangre como si fuera el más dulce néctar. Kyo no se movió.
- No me amenaces Kyo. Sobretodo si no tienes poder para respaldar esas amenazas- Iori retrocedió un paso y señalo a la piscina- ¿Qué tal si te tomas un baño y te enfrías?. Mañana te espera un día muy ajetreado.
Se encaminó a la salida pasando al lado de Kyo, sus hombros se rozaron.
- Mañana vamos a Osaka.
Iori salió sin esperar la respuesta de Kyo, pero oyó el ruido del agua salpicando cuando Kyo se tiró a la piscina. Contuvo la tentación de volverse y ver el cuerpo de Kusanagi deslizarse bajo el agua, de unirse a él y averiguar a que sabía los labios de Kyo cuando estaban mojados. Iori sintió la tensión en su entrepierna y se maldijo por aquellos pensamientos, sobre todo porque sabía que jamás Kyo accedería a sus deseos voluntariamente. Y en cierto modo inexplicable eso, le dolía.
Shingo estaba orgulloso de su independencia, había conseguido tener un pequeño apartamento en una de las zonas más humildes de Osaka. El alquiler no era demasiado caro y Shingo había descubierto de sí mismo que era muy capaz de alargar su sueldo de camarero hasta final de mes.
Bostezó, eran las doce de la noche y todavía estaba haciendo los primeros bocetos del próximo trabajo para la asignatura de Proyectos. Pero el cansancio no le dejaba demasiado espacio a su creatividad, Shingo estaba pensando en claudica e irse a la cama cuando el timbre de la puerta sonó de repente.
“¿Quién puede ser a estas horas?”. Se encaminó a la puerta y apoyó la palma de la mano en la misma.
-¿Quién es?- preguntó en voz muy alta.
- Tu hada madrina.- respondió una voz, divertida.
Shingo se echo a reír mientras abría rápidamente, para encontrase con un Benimaru cubierto de nieve. El rubio entró rápidamente mientras se sacudía las ropas.
- Uf, que frío hace ahí fuera.- después se inclinó burlonamente.- Buenas noches, Shingo.
Shingo se inclinó también, no sabía ni por qué le seguía el juego.
- Buenas noches, Benimaru. ¿ A que debo tu visita?.
Benimaru en vez de responderle, llevo una sus manos enguantadas a los bolsillos del abrigo, mientras palpaba buscando algo.- Ah, aquí están.- Sacó un par de entradas negras cubiertas de letras doradas siguiendo un estilo barroco.
- Son las entradas para la próxima actuación de la banda de Iori.- Benimaru sonrió ampliamente por la cara de confusión de Shingo.- Recuerda, que lo mejor con un poco de suerte Kyo estará con él y podremos verle. Me extrañaría que Iori dejara atrás a su trofeo.
- Eso es algo fantástico.
- Sí. Y aunque no te lo creas Iori toca y canta bastante bien.- le hizo un guiño.- Entonces, te animas ¿no?.
Shingo dio un salto de alegría y abrazó a Benimaru con gratitud. Éste automáticamente rodeo con sus brazos la cintura de Shingo, atrayendo su cuerpo aún mas cerca. Shingo se encontró de pronto envuelto por el electrizante aroma de Benimaru, levantó la vista y observó como los ojos azules de rubio lo miraban de una manera desconcertante, lo miraban con deseo.
Benimaru se inclinó despacio, como si tuviera miedo de espantar a Shingo que lo miraba como si estuviera hipnotizado.
Sus labios se posaron suavemente en los de Shingo, que sintió como toda su sangre hervía por aquel contacto pero al tiempo no pudo evitar temblar por todo lo que implicaba aquel beso. Cuando Benimaru sintió su estremecimiento se separó de él.
- Lo siento Shingo- su cabeza se inclinó.- no volverá a suceder. Mañana te recogeré para ir al concierto- rápidamente, y sin dar tiempo a Shingo a reaccionar, Benimaru salió del piso.
Benimaru estaba paralizado, impresionado por lo que acababa de suceder, su primer besos: ¡se lo había dado otro chico!. Pero no sentía ninguna repugnancia, sino mucha confusión. Sabía que a él le gustaban las chicas, cuando tenía sueños eróticos, los tenía con chicas.¿Entonces, por qué no había rechazado a Benimaru?, ¿Por qué sentía que sus labios ardían, como si quisieran que aquel húmedo contacto no hubiera terminado?
Benimaru meneó la cabeza, se sentía demasiado cansado como para aclarar sus ideas y sus sentimientos en ese momento. Quizás las respuestas llegaran mañana, con el nuevo día o quizás no.
Kyo miraba, como los edificios de Osaka desfilaban ante su vista, desde la ventanilla de limusina negra del clan Yagami. Hacía todo lo posible para no mirar o dirigirle la palabra a Iori. Desde anoche había procurado ignorar la presencia del pelirrojo y éste le había correspondido con la misma frialdad, limitándose a darle órdenes. Ninguno de los dos quería admitir la existencia del otro, aún en el reducido espacio del asiento de atrás se las arreglaban para poner una barrera entre ellos, con una ligera diferencia; Iori Yagami dejaba claro que era él quién estaba en la posición de superioridad y que Kyo haría bien en no olvidarlo.
La limusina se paró frente a unos grandes almacenes. El chofer la limusina les abrió las puertas Iori y a Kyo.
- Nos quedamos aquí. Baja.- anunció Iori.
Cuando estuvieron en el lujoso vestíbulo se acercó un hombre mayor elegantemente vestido. Se inclinó profundamente ante Iori que le respondió con una ligera inclinación de la cabeza.
- Buenos días, señor Iori.
- Buenos días.
- ¿Desea ver la nueva colección de invierno?
- Por supuesto.
Siguieron al dependiente a unas escaleras mecánicas que los llevaría hasta el último piso, mientras subían Kyo no pudo contener más tiempo su curiosidad.
- ¿Qué hacemos aquí Yagami?
Iori giro la cabeza y examino la figura de Kyo, sus ojos lo repasaron lentamente, ardientemente. Embozó una sonrisa felina.
- Vamos a comprarte ropa. El vestuario completo.
- Te recuerdo que yo tengo ropa. Lo que ocurre es que tú no me dejaste traer nada.
- Estás a mi servicio Kyo y seré yo quién te lo proporcione todo. Cuándo logres vencerme y seas libre; podrás hacer lo que quieras, por mí como si la quemas toda.- su tono era inflexible. Kyo supo que nada ganaría con seguir con la discusión y guardó un hosco silencio.
Cuando llegaron a su destino, Kyo emitió un jadeo de sorpresa ante su vista se abría la boutique de hombre más grande en la que jamás había estado. Prendas de las más prestigiosas casas de diseño estaban distribuidas por toda la planta, también había complementos desde relojes hasta colonias pasando por gemelos para las mangas de camisas y chaquetas.
- ¿Qué es lo que deseas, señor Iori?.- preguntó solícitamente el dependiente.
- Yo tengo una actuación esta noche y éste chico necesita un vestuario completo.
Kyo se sintió ultrajado por el tono de Iori, daba la impresión de que era su protegido pero además había una especie de insinuación sexual, como si también dijera que Kyo era su pareja.
- Mmmm.- el hombre evaluó a Kyo con ojo crítico.- está bastante delgado.
- No importa.- Iori hizo un ademán desdeñoso- haga todos los arreglos necesarios. Todo corre a mi cuenta.
- Por supuesto.- el hombre sonrió con la típica sonrisa de empleado.- ¿Me acompaña señor?- se inclinó ante Kyo
Kyo miró con duda hacía Iori.
- Ve,- el pelirrojo ya se había dado la vuelta y era seguido por otro empleado.- te veré más tarde.
- Yagami.- el tono de Kyo era peligrosamente suave, Iori se detuvo.- ¿puedo elegir lo que quiera?
- Que yo sepa, lo único patético en ti, Kyo, es tu forma de luchar- Iori lo miró por encima del hombro, y aunque Kyo no viera su cara estaba seguro de que sonreía.- hasta luego.
Kyo sintió como si le hubieran echado un cubo de agua fría por encima, una tos educada y muy ensayada lo sacó de su parálisis.
-¿Empezamos, señor?
Kyo se pasó toda la mañana eligiendo y probándose prendas; pantalones, camisas, camisetas, zapatos. Tenía que admitir que lo estaba pasando muy bien, el siempre se había autoproclamado un consumista nato y por la cara de alegría que estaba poniendo el empleado por el dinero que estaba acumulando en la cuenta, era algo del todo indudable. Además si Iori, como decía, lo tenía en su poder, Kyo procuraría salirle caro.
En uno de los momentos que se estaba probando una chaqueta el reflejo del espejo mostró a Iori sentado en un cómodo sillón detrás de él. Contemplaba a Kyo con atención, cuando éste terminó de ponerse la chaqueta frunció, un momento, el ceño ligeramente pero no despegó sus labios. Kyo se miró con más detalle, la verdad es que la chaqueta le quedaba demasiado grande y aquel color uva no le sentaba nada bien. Se la quitó y la puso en el motón de no deseables. La siguiente que se probó era una chaqueta vaquera, un poco informal pero que le quedaba como si hubiera sido hecha expresamente para él. Cuando sus ojos se volvieron a detener en la expresión de Iori, éste había alzado las cejas y sus ojos adquirieron cierto brillo de admiración. Kyo no pudo evitar una sonrisa.
Cuando terminaron sus compras Kyo ya estaba vestido para ésta noche, llevaba unos Levis algo ajustados que resaltaban sus esbelta figura, una camiseta negra muy ajustada y la chaqueta vaquera que había conseguido seducir a Iori. Su aspecto había cambiado por completo, de nuevo se veía atractivo y se sentía bien consigo mismo.
Iori ordenó que enviaran toda su nueva ropa a la mansión Yagami y después de pagar la cuenta salieron de los grandes almacenes.
Ya era cerca de la cuatro de la tarde. Iori cargaba con unas bolsas plateadas y el bajo a su espalda.
- Es hora de almorzar, conozco una plancha coreana por aquí cerca. Vamos.
La comida fue abundante y muy buena, parecía que Iori era muy aficionado a la cocina coreana y pidió varios platos para que Kyo lo probara. Al inicio de la comida reinó el silencio, hasta que Iori le empezó a hacer preguntas a Kyo sobre que prendas se había comprado y por qué las había elegido, Kyo casi sin darse cuenta empezó a hablar al principio secamente pero a medida que comían y se tragaban unas bebidas muy parecidas a sake japonés, la conversación se hacía más fluida. Además el hecho de estar un reservado parecía que impulsaban las ganas de Iori de seguir con aquella charla banal aunque amena.
- La verdad, que tienes buen gusto Kusanagi - Kyo detuvo el pinchito de pulpo que estaba a punto de llevarse a la boca, asombrado por el halago. Era la primera vez que oía un piropo de Iori hacía su persona, lo siguiente lo dejo aún mas sorprendido.- Y estás muy guapo con ese conjunto.
Iori se sobresaltó al ver como Kyo se sonrojaba, y el mismo se sintió turbado por lo que acababa de decir, no había querido dar voz a sus pensamientos más íntimos ,pero la bebida combinada con aquella sensación de bienestar que sentía en este momento había traicionado el control sobre su lengua.
A Kyo no se le pasó por alto la turbación de Iori, éste inclinó la cabeza dejando que sus brillantes cabellos rojos cubrieran parte de su cara, como si quisiera ocultarse de Kyo .Éste de pronto de dio cuenta de algo que en todo este tiempo había pasado por alto. “Iori tiene la misma edad que yo. Sólo nos separan unos meses, pero siempre tengo la impresión de que mas viejo”, sus ojos percibieron otra realidad, como si ahora viera detalles que antes se le pasaban por alto. Aquel gesto inconsciente de Iori lo hacía parecer más vulnerable, más accesible ,parecía que todo su orgullo, su veneno, hubieran desaparecido y sólo quedará un joven atractivo y pelirrojo de su misma edad, riéndose y conversando con él.
Kyo se levantó, avanzó unos pasos y se quedó al lado de Iori. Sentía un calor extraño por todo el cuerpo, quería saber una cosa. Iori no le había perdido de vista, sus ojos siguieron todos los movimientos de Kyo como si no supiera qué pensar.
Kyo alzó una mano, lentamente la acerco al rostro del pelirrojo, observó como Iori retrocedía confundido. Una sensación embriagadora recorrió a Kyo “Puede ser que me tengas en tu poder Yagami, pero yo también tengo algo de poder sobre ti”. Sus dedos quitaron los flequillos y revelaron dos intensos ojos escarlatas que le miraban con incertidumbre, y un mal disimulado deseo. Kyo acercó su rostro hasta que sus labios estuvieron a unos centímetros de los de Iori.
- Kyo…..mmff.- Iori no pudo seguir hablando, los labios de Kyo tomaron los suyos con fuerza y pasión, como si quisiera demostrarle quién era el dueño la situación. Su lengua se introdujo en la boca del pelirrojo, buscando una compañera de juegos. Sus manos se posaron sobre el pecho del Yagami, acariciándolo. Hasta arrancar un gemido inesperado.- Aaahh.
De pronto fue Kyo quién interrumpió el beso, empujo a Iori, que desprevenido cayó hacía atrás, su muñeca derecha quedó aprisionada bajo sus espalda en una extraña postura.
Rugió, y se incorporó con rápido movimiento, fruto de muchos combates, para encontrarse con un sonriente y desafiante Kyo. Entre sus dedos ardía una trémula llama anaranjada, pero llama al fin al cabo.
- Te gusta el desprecio, ¿verdad, Iori?- sus labios hicieron una mueca de asco.- ¿creías que acaso ibas a tenerme?- los ojos de Iori se entrecerraron peligrosamente.- Jamás me tendrás. Ya sabes….- señalo sus labios mojados.- ojo por ojo, diente por diente. Sólo me cobro lo que intentaste hacer ayer.
Iori se lavando, quedando cara acara con Kyo. No dejaba traslucir ninguna emoción, pero su cuerpo temblaba ligeramente. Caminó, pasando al lado de Kyo.
- Voy a pagar la cuenta.- dijo mientras salía del reservado.
Cuando Iori estuvo en el pasillo y se aseguró que no había nadie, se apoyó jadeando en una de los tabiques. Sintió un sabor salado inundaba toda su boca, sorprendido se llevo los dedos a las mejillas para sentir como unas lagrimas empapaban sus dedos. No sabía porque lloraba, sólo sentía como si su corazón se hubiera quedado aprisionado en un bloque de hielo. Su cuerpo se estremecía en un intento de contener el llanto.
Él Iori Yagami, que no había llorado desde que tenía doce años de edad, que podía tener todo aquello que quisiera y lo que más anhelaba en este mundo, lo rechazaba.
Iori Yagami supo, en ese momento, lo que realmente era el dolor.