por Paris Artreides

 

Cap 5: ERES FUEGO .

 

“Voy a volverme como el fuego.

Voy a quemar tu puño de acero.

Y del morado de mis mejillas

Saldrá el valor pa'

Cobrarme las heridas.”

 

 

(Bebe. Malo, malo.)

 

- ¡ Shingo, Shingo!.- una mano pequeña y fina se agitaba delante de su vista con exasperación.- ¿Me estás escudando?.

 

- ¿Qué?- Shingo se sobresaltó, sus pensamientos habían huido muy lejos, quizás en busca de un atractivo muchacho de ojos avellanas y ardientes llamas anaranjadas.

 

La chica que estaba delante de él lo miró con furia, llevaba un coqueto y cursi vestido rosa pero lo bastante corto como para hacer que las miradas del sexo masculino se desviaran hacía ella cada vez que pasaba por algún lado, combinado todo con unas coletas y unos enormes ojos castaños claros. Era una perversa combinación entre ingenuidad, virginidad y sensualidad provocativa. Ahora, que Shingo la miraba más de cerca seguía sin entender que era exactamente lo que la había impulsado a pedirle salir con él. Cuanto más avanzaba aquella cita, más se daba cuenta que la personalidad de la chica, su carácter y su forma de comportarse le chocaban y le desconcertaban, algo que no podía precisar le molestaba. Era como sentir una pequeña aguja clavada en la base de la nuca.

 

- Llevas toda la tarde ignorándome- hizo un mohín con sus pequeños labios pintados, un gesto seguramente muy estudiado delante del espejo.- Oye, voy a irme a buscar otra compañía más agradable o por lo menos más atenta que tú.

 

- Espera Sayaka, no era mi intención ofenderte.- Shingo se levantó bruscamente al ver que la chica se preparaba para abandonar el asiento de la terraza del centro comercial en la cual estaban tomando unos zumos. Su repentino movimiento provocó que los vasos volcaran, el líquido fue a parar sobre el regazo de la chica.

Shingo compuso una cara de horror ante la enorme mancha que empezó a extenderse con el delicado tejido. Cogió unas servilletas y se acercó a la chica para intentar paliar el daño. Los ojos de Sayaka estaban desmesuradamente abiertos, ella al ver que se acercaba lo empujó sin contemplaciones

 

- Eres, eres, eres…- Sayaka boqueaba como un pez sin oxigeno ante la indignación. Su grito se elevó haciendo que todas las cabezas giraran hacia la escena- ¡Eres un torpe y un estúpido!. ¿Sabes lo caro que cuesta este vestido?, ni siquiera con el sueldo de 5 años de ese trabajo de mierda que tienes como camarero podrías pagármelo.

 

Shingo se quedó paralizado por la impresión, aquel comentario le había dolido. Se esforzaba por estudiar y trabajar al mismo tiempo, de hecho estaba bastante orgulloso de sacar de las mejores notas de la facultad de arquitectura y era competente en su trabajo. Había ahorrado para aquella cita, sabía que Sayaka pertenecía a una familia adinerada, quería ser él quién pagara todo, que la velada fuera perfecta, que no faltara de nada. Pero con aquel comentario Sayaka se había rebelado como una persona completamente distinta a la que el había imaginado que fuera. Se sentía como si hubiera caído en un cepo, en mitad de un bosque. Un sentimiento de amargura y tristeza empezó a invadirlo.

 

- Espero que esto sea suficiente para compensar el descuido de mi amigo.- una voz divertida y suave interrumpió el desagradable momento.

 

Sayaka se giró rápidamente para encontrarse cara a cara con un joven alto, atractivo, de larga cabellera rubia con un ligero brillo platino y unos ojos color azul eléctrico que brillaban bajo las luces artificiales. Iba vestido con unos desgastados pero caros pantalones vaqueros y una camisa negra con las mangas extendidas hasta la mitad de las manos en cuyos dedos relucían unos anillos plateados. Su figura era delgada y musculosa, toda envuelta con un aura de descaro.

Los ojos de Sayaka recorrieron sin recato alguno aquel cuerpo y sonrió.

 

- Y tú eres…….

 

- Soy Benimaru.- éste se acercó y le entregó un papel blanco.- es un cheque, espero que baste.

Sayaka aceptó el cheque y detuvo su mirada en la cifra anotada, sus ojos se abrieron desmesuradamente.

Benimaru embozó una sonrisa cautivadora.

 

- Ya veo que sí es suficiente.

 

- Oh, sí. Por cierto me llamo Sayaka.- le había dado la espalda a Shingo, como si éste como existiera. En un gesto sutil e inequívoco de;¡ largarte de aquí!.

 

Benimaru acortó el espacio con la chica, tomó la mano de éste, y lentamente se la llevó a los labios para besar el dorso. Sayaka soltó un suave jadeo ante lo sensual del gesto.

 

- Hola Sayaka.- Benimaru sonrió felinamente y soltó suavemente la delicada mano.- y adiós.

 

Sayaka parpadeó. Benimaru pasó por su lado como una brisa y se acercó al inmóvil Shingo, que durante todo el tiempo que había durado la conversación había estado silencioso, su rostro estaba pálido y sus ojos sombríos. Benimaru agarró su antebrazo, giró la cabeza y le dirigió a una mirada insolente a la chica.

 

- Me llevo a mi amigo, lamento que la cita no saliera bien pero por lo que he observado no sabes apreciar la buena calidad.- tiró de Shingo que no opuso ninguna resistencia.- Buenas tardes.

 

Ambos muchacho se perdieron entre la gentío que atestaba el centro comercial, dejando a Sayaka con ganas de comerse el cheque ante el velado insulto de Benimaru. Jamás ningún chico se había burlado de ella de esa forma.

Benimaru ando con paso tranquilo, esquivando a las personas, su mano no se había despegado del antebrazo de Shingo. Los dos estaban callados. Benimaru lo guió hasta una de las terrazas superiores desde la cual se divisaba una vista envidiable de Osaka cubierta de por le blanco manto de la nieve.

 

Shingo se desprendió sin violencia, a continuación se puso a rebuscar entre sus bolsillos hasta que encontró un trozo de papel y un bolígrafo. Sin levantar la cabeza preguntó a un Benimaru sorprendido por todas aquellas maniobras; - ¿Cuánto te debo?, dime que cantidad anotaste en el cheque y te la devolveré.

 

- Nada.- la voz de Benimaru estaba desprovista de toda emoción.

 

- ¿Qué?- Shingo clavó sus ojos en los de Benimaru.

 

- Que no me debes nada. Lo hice por amistad.

 

- Pero yo creí….- Shingo se sonrojó violentamente.- que después de nuestra discusión ya no serías mi amigo.

 

Benimaru inclinó la cabeza, puso una mano detrás de la oreja derecha y su cara adoptó una cómica imitación de incredulidad.

 

- ¿Cómo?, ¿me engañan mis oídos?- Benimaru meneó la cabeza- ¿crees que por una discusión a causa del estado de Kyo iba yo a romper una amistad?.

 

 

 

Shingo se mordió los labios con remordimiento, el último encuentro con Benimaru había terminado muy violentamente. Los primeros días, del autoimpuesto aislamiento de Kyo, Benimaru le había acompañado hora tras hora y junto con Shingo había hablado a aquella puerta de madera en un intento de obtener una respuesta de Kyo pero a la semana de ruegos sin repuestas la actitud de Benimaru cambió radicalmente. Al octavo día se presentó en la casa Kusanagi con una actitud muy distinta, se encaminó al cuarto de Kyo y sin ningún tipo de miramientos aporreó la puerta como si propusiera echarla abajo. La siguiente sarta de insultos hizo que Shingo y todo aquel pasara cerca se pusiera lívido.

 

-¡Ere un jodido cobarde Kyo!, prefieres tener tu culo protegido en la oscuridad que dar la cara a la realidad.- cuando Benimaru cogió aire para seguir, Shingo reaccionó y lo cogió por el cuello para lanzarlo a suelo. Benimaru se levantó rápidamente, sorprendido observó el rostro rabioso de Shingo.

 

- El no necesita tu ayuda Benimaru, mejo vete.- Shingo le miraba con desprecio.

 

- ¿Y tú si sabes que lo conviene, pequeño Shingo?- la sonrisa de Benimaru era tensa.

 

- Sí. Le conviene cariño y apoyo. No que alguien se dedique a insultarlo, a menospreciarlo y menos un tipo que está más preocupado por su peinado que por la salud de Kyo.- el rostro de Benimaru se contrajo con dolor.

 

- Así que esa es tu opinión sobre mí.- Benimaru se dio la vuelta, ocultando su rostro.- Cuando te canses de lloriquearle a esa puerta me avisas.

 

 

 

 

Shingo volvió al presente cuando sintió los ojos de Benimaru escrutándolo intensamente. El recuerdo de aquel último cruce de palabras le supo a hiel en la boca.

 

- ¿Todavía tienes esa opinión sobre mí?- Shingo negó bruscamente con la cabeza, parecía que Benimaru le hubiera leído la mente. A continuación se inclinó.

 

- Perdóname por todo lo que te dije aquella vez.- su voz expresaba un arrepentimiento sincero.- No me sentiré ofendido si rechazas mis disculpas.

 

Benimaru se acercó, lo cogió por la barbilla y delicadamente lo obligó a erguirse.

 

- Acepto tus disculpas.- su dedo delineo el mentón de Shingo, provocando en éste escalofríos y turbación. La inesperada caricia se detuvo tan rápido como empezó.- ¿Cómo se encuentra Kyo?

 

Shingo se sobresaltó por el brusco cambio de conversación, su piel todavía cosquilleaba.

 

- Kyo ya no está en la mansión Kusanagi.- su voz se lleno de pesadumbre.

 

- ¿Y donde está?

 

Shingo inspiró profundamente y relató todos los hechos, sin omitir ningún detalle. A medida que contaba lo sucedido el rostro de Benimaru iba mostrando una especie de extraño alivio.

 

- Vaya, desaparezco de escena y es cuando ocurre las cosas más interesantes.- una risa ligera se mezcló con el aire frío del invierno.

 

Shingo bufó con disgusto.

 

- Tenemos que ayudarle, rescatarle.

 

Benimaru levantó las finas cejas con perplejidad.

 

- ¿Ayudarle?, la ayuda ya está en camino. Tal vez Iori consiga lo que nosotros no pudimos.- sonrió con tristeza.- ¿Rescatarle?, Kyo sólo necesita que lo rescaten de sí mismo.- puso las manos sobre los hombros temblorosos de Shingo.- Deja que sea el fuego de Iori el que nos traiga de vuelta otra vez a Kyo. No te preocupes.

 

Shingo inclinó la cabeza, transigiendo, parecía que Benimaru estaba muy seguro de sus palabras.

 

- Pero….

 

- Tranquilo, vigilaremos a esos dos.- Benimaru se cogió el rostro de Shingo.- Ahora, haz una cosa.- hizo un guiño pícaro que consiguió arrebolar las mejillas de Shingo.- dedícame una sonrisa.- Soltó una carcajada cuando Shingo se puso todo rojo y echó a correr mientras Shingo le perseguía.

La noche caía junto con los copos de nieve, mientras Benimaru conseguía que Shingo riera de verdad en varios meses.

 

 

 

 

 

 

 

Kyo se despertó sólo en la enorme cama, el hueco dejado por Iori era claramente palpable. A su mente regresó aquellos brazos que lo habían envuelto y el suave aura púrpura que se extendió rodeándolos a ambos. Kyo nunca pensó que el fuego de Iori podía ser tan agradable, tan diferente a aquel calor que lo hería y lo hacia sangrar durante sus cruentos combates.

“Tal vez nunca he conocido al verdadero Iori. Pero por otro lado el muy capullo me ha obtenido como si fuera un trozo de carne”. Kyo hizo a un lado y se levantó con furia. Sus piernas le temblaban pero se mantuvo en píe, algo había ocurrido anoche, no estaba seguro de que era pero sentía que tenía ganas de demostrarle a Iori que él no era cobarde y desde luego tampoco era ningún tipo de mascota. El le enseñaría educación al estilo Kusanagi, aquel Yagami había ido demasiado lejos.

 

Cuando Seneka entró en le dormitorio, encontró a un Kyo haciendo meditación, sorprendido dejo la bandeja del desayuno delante del joven, que abrió los ojos y acometió los alimentos sin dirigirle ninguna palabra. Cuando terminó su voz salió seca.

 

- ¿ Cuál es mi tarea de hoy?.

 

Seneka inclinó la cabeza, percibía el cambio de actitud de Kyo, pero todavía no estaba seguro de si le gustaba. Era como presintiera que debajo de la aparente calma de Kyo se escondiera otra cosa, era como si estuviera germinando algún tipo de semilla.

 

- La sala de entrenamiento. Todavía queda mucho por limpiar.

 

Kyo asintió, se levantó cansinamente, su cuerpo aún no estaba del todo recuperado del sobreesfuerzo de la noche anterior. Se estremeció involuntariamente, había estado a punto de perder la vida. Se puso nuevamente el negro uniforme de sirviente y siguió a Seneka de nuevo.

 

El día trascurrió lento y pesado, la sala de entrenamiento se le antojaba cada vez mas grande a cada hora que pasaba pero no cesó en ningún momento en limpiar. Pasó el paño con furia por aquel suelo de madera negra, asaltó los cristales y descubrió que debajo de toda aquella suciedad había dragones, dragones labrados que danzaban alrededor de medias lunas. Kyo siguió con los dedos sus contornos y se maravilló de su maestría.

El almuerzo transcurrió igual de silencioso, dejando a Seneka más preocupado que aliviado. Kyo siguió casi de una forma infatigable con aquella limpieza, sentía que si cuerpo estaba cansado su mente no lo atormentaba con pensamientos y recuerdos. Cosas, sucesos, sentimientos y emociones que Kyo quería sepultar. Pero a medida que transcurría el tiempo más se acercaba el momento del encuentro con Iori. La sola presencia del inflamable pelirrojo era capaz de traer de vuelta todo aquello que Kyo se empeñaba en olvidar. Sí, Iori le causaba dolor.

 

Era cerca de medianoche, cuando oyó el sonido de la puerta corredera la desplazarse. El olor del invierno invadió toda la sala de entrenamiento. Kyo no necesitó girarse para saber que era Iori, su aura lo alcanzó mucho antes que su voz, aquel olor a fuego y sensualidad asaltó todos los sentidos de Kyo.

 

- Vaya, esto empieza a parecerse a la sala de entrenamientos que recuerdo.

 

Kyo volvió la cabeza, para ver como Iori se paseaba con pasos lentos y flexibles, llevaba un traje de chaqueta negro, una camisa blanca, media desabotonada, asomaba por el cuello de la chaqueta y una corbata negra, deshecha colgaba descuidadamente. Kyo observó con cierta sorpresa como el rostro de Iori mostraba cansancio, sus ojos parecían pagados y sus labios tenían una mueca de irritación.

 

Iori se acercó a los ventanales, levantó los dedos y acarició los dragones con un gesto muy similar al de Kyo hace unas horas. Había cierta melancolía en su figura.

 

 

- Te gusta, ¿verdad?- la voz de Iori cortó el aire frío como un cuchillo. Kyo fijó su mirada en la espalda de Iori sin comprender.- Te gusta ser mi perro.

 

Iori se volvió, una sonrisa cruel adornaba su semblante, sus ojos escarlatas eran gélidos. Kyo abrió la boca atónito, aquellas palabras le quemaban.

 

- Obedeces en todo como un buen perrito, así me gusta.- observó como Kyo se estremecía, se levantaba del suelo en el cual había permanecido como una sombra, sus ojos se fijaron en la mano derecha de Kyo, ésta se cerró en forma de puño. La frente de Kyo estaba perlada de sudor, levantó la barbilla y sus hermosos ojos avellanas relucieron con cólera.

 

 

- Yo no soy tu perro.- un siseo de orgullo se escapó de los labios agrietados de Kusanagi.

 

- ¿Ah, no?.- Iori avanzó unos pasos hasta quedar separado a dos metros de Kyo, se quitó la chaqueta y la lanzó lejos.- ¿Estás seguro?, ¿por qué no lo demuestras?- adoptó la postura de combate, su lengua se deslizó por sus labios lentamente.- ¿Por qué no vienes aquí y me muerdes?

 

Kyo no había apartado sus ojos del cuerpo de Iori, había bebido de cada uno de sus fluidos movimientos, su corazón empezó a palpitar con más fuerza, su sangre empezó a hervir. Su cuerpo respondía antes que su razón a los gestos de desafío de Iori, estaba programado para ello. Pero su mente aún vacilaba, el miedo le tenía preso.

Iori leyó la duda en los músculos de Kyo, como su pie todavía no se decidía a marcar la postura de lucha. Su grito resonó en todo la sala, ampliándose a ecos como unos tambores de guerra.

 

 

-¡PERRO COBARDE!- Iori le miró como si le diera asco.- ¡PERRO KUSANAGI!

 

 

 

Iori retrocedió ante el repentino ataque de Kyo, este había recorrido aquellos dos metros como si no existieran, con un grito de pura rabia dirigió un puño al rostro burlón de Iori. Este lo bloqueó para a continuación dirigir un golpe al desprotegido estómago de Kyo, este lo bloqueó y saltó hacía atrás con un giro, se paró jadeando.

 

- Patético Kyo.- Iori rió como si encontrara divertida la situación.- sé que puedes hacerlo mejor.- de pronto sus ojos ardieron como ascuas.- Atácame con tu fuego.

 

El rostro de Kyo palideció, sus manos temblaron y sus ojos se cristalizaron.

 

- Yo…….- su voz murió.

 

- No te oigo Kyo.-Iori era implacable.

 

- Yo no…- sus pupilas estaban dilatas con el miedo.- ya no tengo el fuego.- las lagrimas se deslizaron por sus mejillas.

 

- ¿Me estás pidiendo piedad Kyo?.- Iori destilaba puro veneno- ¿quieres que sienta lástima?

 

Iori atacó de un salto, su puño se estrello con la cara de Kyo, éste salió disparado hacia atrás en un arco. Kyo cayó con un crujido seco sobre el centenario suelo de madera, una gota de sangre comenzó a deslizarse desde la comisura de sus labios. Su mejilla comenzó a hincharse.

 

- ¿Piedad?- sus ojos relucieron.- yo no quiero tu piedad y jamás albergaría alguna esperanza de tu me tuvieras lástima porque no tienes corazón.- Iori se quedó súbitamente inmóvil, la palabras de Kyo resonaron como una sentencia.- Porque eres un bastardo sin sentimientos.

 

Los ojos de Iori se pagaron, su cara se trasmutó y reflejo una enorme rabia, odio. Una amalgama de sentimientos irrefrenables. Se abalanzó sobre Kyo como una tormenta de fuego. Lo golpeó en la otra mejilla, un grito de dolor resonó proveniente de Kyo. Iori cogió las muñecas de Kyo y las amarró con la corbata. Tiro el cuerpo de Kyo sobre el suelo y lo cubrió con el suyo, coloco la maniatadas manos de Kyo sobre su cabeza.

 

 

- ¿Qué no tengo sentimientos.- susurró al oído de Kyo.- ¿ Quieres que te demuestre lo humano que puedo llegar a ser?.

 

El tono de Iori hizo que Kyo levantará la cabeza.

- No….- gritó cuando Iori empezó a desgarrar su ropa con fuego púrpura, trazando caminos de dolor sobre su piel.- No, por favor ….

 

Iori le hizo callar con un beso brusco sus dientes mordieron los labios de Kyo que intentaba sacárselo de encima, que se resistía violentamente. Sintió como los dedos de Iori llegaban hasta los pantalones y empezaban a reducirlos a jirones.

 

- Iori por favor, no lo hagas.- sus labios sangraban cuando Iori los abandonó.

 

- Si quemas la atadura quizás puedas liberarte Kyo.- Iori lo miró intensamente, su mano se puso sobre la ingle de Kyo y la apresó con fuerza. Kyo gritó nuevamente, sus lagrimas se mezclaban con su sangre. Sentía dolor por todo su cuerpo, los labios de Iori atacaron su cuello. Una oscuridad empezó a invadirle, una rabia por su invalidez, su vulnerabilidad. Una cólera ribeteada de dolor empezó a golpear las paredes de su cráneo.

 

Un calor, el calor invadió todo su cuerpo. La llama estalló.

 

Iori saltó justo a tiempo para evitar que la deflagración escarlata, aunque no pudo evitar que se quemara ligeramente un antebrazo izquierdo. Observó como un Kyo semidesnudo se erguía entre las trémulas llamas y como mira incrédulo el fuego que salía entre sus dedos, reduciendo a cenizas la corbata de Iori.

 

- Eres fuego.- la voz de Iori era calmada, como si no hubiera ocurrido nada.- nadie te puede quitar el fuego Kyo, naciste con él. Es la expresión de tu alma y nadie, absolutamente nadie puede robarte el alma. Buenas noches.

 

 

Iori salió apresuradamente de la sala. Dejando a Kyo envuelto en unas débiles llamas, sintiendo dolor pero al mismo tiempo una vieja y conocida alegría. Kyo Kusanagi volvía a arder.