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CAP 3: CUESTIÓN DE ORGULLO.
“A fuego lento tu mirada.
A fuego lento tú o nada”
( Rosana Arbelo, a fuego lento)
La luz diurna se clavó cruelmente en las pupilas de Kyo, se llevo las palmas de las manos y las depositó sobre sus parpados en un gesto desperado por evitar que la sensación de realidad abrumadora lo engullera. Sentía su cuerpo pesado, débil y un sabor amargo inundaba toda su boca. Un agudo dolor latía en sus sienes cuando poco a poco, mientras su conciencia volvía del sueño, empezó a recordar todos los sucesos de la noche anterior, su cuerpo se estremeció rememorar las llamas púrpuras, el calor asfixiante y unos despiadados ojos escarlatas.
- ¡Iori!- Kyo se incorporó bruscamente como impulsado por un resorte, la sabana que le cubría se deslizó lánguidamente.
- Ah, ya veo que se ha despertado señor- Kyo giro la cabeza en dirección de la suave voz. Un hombre muy anciano y de rostro agradable lo miraba desde le lado derecho de la amplia cama donde se encontraba Kyo. Llevaba un kimono negro y en el lado derecho lucía el símbolo del clan Yagami trazado con hilos plateados. La cara de sorpresa de Kyo tuvo que ser muy cómica porque hasta el discreto Seneka no pudo evitar una sonrisa ante le evidente desconcierto de Kyo.
- ¿Dónde?
- En la mansión Yagami señor Kyo - Seneka se inclino levemente- El señor Iori me encargó que le dijera que todo el día estaría muy ocupado pero que si quería saber lo que realmente estaba ocurriendo que tuviera la paciencia de esperar hasta la noche. Palabras textuales.
Kyo inclinó la cabeza, dejando que el cabello le cubriera las delicadas pero no débiles facciones, él ya sabia que lo que ocurría, su familia lo había vendido como si se tratara de una cabeza de ganado. Kyo se abrazó, se sentía demasiado abatido, desorientado y muy solo. La oscuridad una vez más empezaba a amenazar el límite de su visión. Una vez mas tenía que aceptar las consecuencias de situaciones que él no había originado, parecía que el mundo se empeñaba en rodar y siempre terminaba aplastado en su camino.
Seneka observó como los ojos de Kyo se ensombrecían y sus manos agarraban fuertemente las sabanas, Iori le había informado sobre la situación del joven y le había advertido contra la posibilidad de que Kyo volviera a intentar encerrarse en sí mismo, le había confiado unas instrucciones muy precisas para contrarrestar el ensimismamiento del Kusanagi y si había algo que caracterizara a Seneka era la meticulosidad en el cumplimento de sus obligaciones.
- Bueno, mi nombre es Seneka. Soy el jefe de los sirvientes de la casa Yagami.- se giro un momento para agarrar un uniforme negro y tosco pulcramente doblado a su lado- Tu posición, ahora, es la de asistente personal del señor Iori- Kyo levantó bruscamente la cabeza, sus ojos relucían con furia contenida pero no dijo nada, era una estupidez encolerizarse con aquel hombre, mas cuando el no tenía culpa alguna de su situación- también se te encomendaran otras tareas que el señor Iori me ha dejado por escrito.- sacó un rollo de papel de un bolsillo escondido, lo alzó y este se desplegó como una larga serpiente blanca- Mnnnnn.
Kyo contuvo un jadeo ante la enorme lista, si pensaba que a Iori le faltaba imaginación esa desmesurada inventario de tareas probaba justamente lo contrario.
Seneka levantó un momento la vista de su concentrada lectura, le miro ligeramente molesto.
- ¿Todavía no te has vestido?- con un dedo huesudo señaló el uniforme.
- ¿Y si no quiero?- la voz de Kyo sonó con el tono de un niño rebelde.
- Entonces es libre de morirse de hambre y de suciedad- el arrugado rostro de Seneka mostraba firmeza, estaba mas que acostumbrado a hacer frente a ramalazos de sirvientes rebeldes y no sería un púber Kusanagi quién lo desafiara en su propio dominio- quién no trabaja; no come, dormirá en el patio a la intemperie, no tiene derecho a bañarse y deberá entenderse directamente con el amo Iori.
Kyo guardó silencio y con un gruñido tomó el kimono de trabajo, ya se entendería con Iori esa noche.
- La decisión más acertada- Seneka sonrió con beatitud, era generoso en la victoria. Observó el cuerpo de Kusanagi mientras se arropaba con el uniforme, “se le puede contar las costillas” pensó tristemente, era difícil concebir que aquel flaco y pálido muchacho era el temible luchador del que le había hablado su amo.
- ¿Preparado?- Seneka se levantó haciendo crujir sus viejos huesos.
Kyo se limitó a asentir con abatimiento y resignación, no tenía fuerzas para oponerse. “ya nada importa, nada”.
La mansión Yagami seguía el más estricto estilo tradicional japonés, puertas correderas en todas sus habitaciones y largos pasillos cuyos suelos de madera brillaban impolutos, la enorme construcción, de varios pisos, giraba en torno a un jardín central, donde Kyo advirtió con sorpresa que los esbeltos cerezos estaban cubiertos de nieve y grandes carpas se deslizaban bajo las aguas de un estanque atravesado por un exquisito puente. Kyo se paró un momento a contemplar la belleza del jardín nevado, dejando que su aliento formara pequeñas nubecillas de vapor en la helada mañana, sus ojos se posaron en las piedras distribuidas en la helada capa, notó que gozaban de cierta poesía en su disposición.
Una educada tos lo trajo de nuevo al presente, siguió los silenciosos pasos de Seneka, miró un momento por encima de su hombro y fijando en su memoria la belleza de los cristales de hielo retenidos entre las ramas.
- Será broma,¿no?- Kyo recorrió con la vista la enorme sala de entrenamiento, enormes tablones de madera negra llenos de polvo, manchas, y un extraño olor flotaba en el ambiente. Por los sucios ventanales entraba una luz difusa.
Seneka le dirigió una mirada que parecía decir “¿Tengo aspecto de estar bromeando?”, en cambio dijo;- No podrás acostarte a dormir hasta que termines de limpiarla, hasta que el suelo y las paredes brillen.
Le dio los utensilios de limpieza, entre los que no se encontraba ninguna fregona o escoba pero sí muchos paños, Kyo se dio cuenta que tendría que hacerlo al viejo estilo, deslizando los trozos de tela por el suelo. Gimió para sus adentros ante la enormidad de su tarea pero cogió los paños y sin decir una sola palabra empezó la limpieza, mientras maldecía una y otra vez al pelirrojo. “Pagarás por esta humillación Iori”.
Kyo se detuvo jadeando, llevaba todo el día limpiado la gran sala y todavía le parecía que estaba sucia, como hubiera estratos de porquería debajo de la porquería. Sólo había descansado para dar cuenta de un abundante almuerzo que le había traído Seneka y que prácticamente se vio obligado a comérselo todo, Seneka se quejó durante todo el tiempo hasta que por fin Kyo había limpiado el plato para luego sonreír y marcharse dejándolo de nuevo solo.
Los músculos de Kyo gemían y temblaban por el desacostumbrado ejercicio físico, su corazón latía con fuerza en su pecho en un intento de volver a recuperar el ritmo, no recordaba haber sudado tanto en su vida ni siquiera en el combate con el Orochi, admitía en su fuero interno que estaba en unas condiciones físicas deplorables.
Se tendió en le pulido suelo y emitió un suspiro de cansancio, de pronto sintió como el aire nocturno se colaba en la sala. “Debe ser Seneka con la cena”. Con el frescor de la noche floto una voz completamente distinta, era cultivada y joven.
- Buenas noches, Kyo- éste se giro rápidamente para ver entrar a Iori por la puerta. Llevaba una ajustada camisa blanca y unos pantalones vaqueros con rotos a la altura de las rodillas que realzaban su elegante figura, todo su cuerpo emitía una especie de aura sensual que Kyo no pudo dejar de percibir. Kyo había notado ese aire desde la primera vez que combatió con Iori pero estaba seguro que ni el mismo pelirrojo era conciente del efecto que solía causar en los demás.
Kyo se levantó lentamente, sus kimono estaba sucio y los flecos se pegaban a su frente perlada de sudor.
- Buenas noches, Iori- su voz salió seca y rasposa. Esperó a que Iori cerrar la puerta corredera. Iori se dirigió con pasos lentos hasta situarse en el centro de la sala, frente a cada vez más furioso Kyo.- ¡¿Qué coño está pasando Yagami?! .
Iori lo miro desde su privilegiada estatura, era unos centímetros más alto que Kyo, sus ojos escarlatas recorrieron si figura para luego fijarse, nuevamente, en las pupilas avellanas.
- Lo que está pasando Kyo, es que la guerra entre nuestros dos clanes ha terminado.
Kyo abrió la boca pasmado, lo último que espera era esa noticia por parte de Iori.
- ¿Y cómo?, ¿cómo…..- la voz de Kyo temblaba, sus ojos cerraron cuando la mente se le aclaro por un repentino pensamiento- No.- susurró.
- Sí, Kyo. El precio para sellar el pacto entre tu padre y yo; fuiste tú.- Kyo negaba silenciosamente lo cabeza.- tu padre comprendió que la vida de su único hijo era el precio a pagar por la paz definitiva- Kyo se llevó las manos a los oídos como si quisiera evitar que las palabras se colaran dentro de su cráneo.- Irónico, ¿no crees?- Iori se acercó a Kyo y agarró sus muñecas pegando sus brazos a ambos costados del cuerpo- De una u otra manera siempre terminas entre mis brazos.
Kyo seguía apretando los parpados con fuerza, intentando contener las lágrimas de rabia, todo su cuerpo se estremecía ante la abrumadora presencia de Iori.
- ¿Qué pasa Kyo?, ¿por qué no enciendes tus llamas para librarte de mí?- su cuerpo se aproximo centímetro a centímetro, acortando e incendiando el aire entre los dos cuerpos- Lo cierto es, Kyo, que sin tus llamas escarlatas ni siquiera eres un Kusanagi. Sólo eres la sombra del luchador que conocí. Patético.
Kyo levantó la cabeza violentamente y escupió al cercano rostro de Iori. Éste ni siquiera parpadeó pero sus brazos sus manos se cerraron con una fuerza salvaje arrancado un grito de dolor de Kyo, que sentía como sus huesos crujían bajo aquellas garras de acero.
- Te odio- su voz salió rota por el sufrimiento pero su orgullo de antaño parecía imprimirse en cada silbante sílaba.
Los ojos de Iori relucieron, como si aquello le complaciera, se inclinó y tomo los labios de Kyo.
Era un beso ardiente y posesivo. Kyo abrió mucho los ojos, sorprendido, los brazos de Iori lo rodearon y Kyo pudo oler el embriagador aroma que emanaba de aquel musculoso cuerpo. Separó un momento los labios e Iori aprovechó para introducir su lengua. Kyo se resistía, pero cuanto más luchaba mas deseos parecía despertar en Iori.
El beso cesó bruscamente e Iori lo empujó, tirándolo a suelo. Kyo cayó de culo y confuso fijo su nublada vista en la temible figura
- Haré un trato contigo- su cabeza se inclinó ligeramente a un lado como si sospesara las palabras que estaba a punto de pronunciar.- todas las noches entrenaremos en esta sala, si consigues vencerme en un combate empleando tu llamas; serás libre y yo seguiré manteniendo el pacto con tu clan. Mientras tanto serás mi asistente personal y mi sirviente. Estás en mi poder Kyo, acostúmbrate.
Iori se giro y sin echar un vistazo atrás salio de fría sala de entrenamiento. Kyo se ovilló en el suelo, mientras todos sus sentimiento explotaban e hizo algo que no se había permitido desde que despertó del penoso estado en que lo había dejado N.E.T.S; Kyo lloró.