por Paris Artreides

 

 

Cap 16: Sangre y Etiqueta.

- Voy a ir contigo.- la voz de Kamui tenía un tono tozudo, era ese tipo de timbre que utilizan los niños pequeños cuando se niegan en redondo a hacer algo que no les gusta y nadie, absolutamente nadie puede hacerlos cambiar de idea.

Kyo dejó de rebuscar entre las montañas de ropas que había dispersas por su dormitorio, todas aquellas prendas habían sido el resultado del día intensivo de compras con Iori, cuando ninguno de los dos hubiera siquiera sospechados que esas 24 horas terminarían con la unión de sus labios y de sus cuerpos. Kyo notaba como  se la había formado un nudo en la garganta al rememorar esos momentos junto al pelirrojo.

- ¿Qué?- Kyo se irguió mientras miraba dubitativamente un pantalón y una camisa negros.

- Iré a la cena como tu ninja, todos los comensales llevarán a sus propios criados.

- Tú no eres mi criado.- Kyo frunció el ceño, no le gustaba pensar que entre Kamui y él había ese tipo de relación.

- Indirectamente sí.- Kamui esquivó la blusa que lanzó Kyo sobre su cabeza cuando una vez más se puso a rebuscar entre las bolsas de brillantes colores.- Soy el sirviente de Iori y ….

- Y.- prosiguió Kyo sin dejar su búsqueda- como yo soy su amante ahora me sirves a mí, ¿no?

Kamui inclinó la cabeza hacía un lado como si reconsiderara lo que iba a decir a continuación.- También es porque me preocupo por ti, Kusanagi desagradecido.

Kyo se paralizó se giró y se acercó hasta Kamui que examinaba intrigado un calzoncillo negro y transparente.

- Y yo te agradezco tu preocupación.- dijo el castaño dulcemente.- pero, ¿quién protegerá a Iori mientras tu estás siendo mi sombra en la cena?.

- Uno de mis mejores ninjas, tengo confianza absoluta en él.- Kamui puso el bóxer bajo la luz y después miró de frente a Kyo, sus ojos violetas relucieron con placer y hizo que la sugerente prenda diera vueltas alrededor de su índice.- ¿de verdad te los has puesto alguna vez?, debes estar realmente increíble.

Kyo gruñó, se adelantó un paso y le arrebató la prenda a Kamui que no dejaba de embozar su provocativa y atractiva sonrisa. El castaño la dobló y la metió en uno de las cajones del armario, después echó una mirada deslumbrante al ninja sobre su hombro y le guiñó un ojo.- Lo reservo para cuando Iori despierte.

 

Iori jadeaba, desconocía cuanto tiempo llevaba caminado por aquel desierto de arenas negras bajo aquel cielo oscuro y amenazante, sabía que el tiempo apremiaba, que Kyo le aguardaba en algún lugar  fuera del alcance de su penetrante vista pero todavía tenía que andar mucho para volver a encontrase con él. Por lo menos ya no se encontraba en aquél acantilado, tenía la fuerte impresión de que ya no se encontraba al borde del abismo, ya no tenía aquella sensación de muerte que le había helado el corazón, pero todavía estaba lejos de alcanzar su meta.

Se elevó un viento frío que movió sus rojos cabellos, los granos de arenas se levantaron y emprendieron un vuelo errático para chocar con la piel de Iori, una energía antigua empezó a condensarse en el aire y hasta el olfato de Iori llegó un olor a rosas marchitas. Una presencia poderosa se estaba solidificando frente a él. Iori reconoció aquellos ojos dorados que eran como dos globos de oro fundido.

- Orochi.- susurró.

- Iori.- aquella voz poderosa pronunció su nombre como si lo saboreara entre su lengua y el paladar. Finalmente se irguió frente él un hombre de su misma altura, de piel dorada y cabellos blancos como la nieve recién caída. El dios estaba completamente desnudo.- Cuánto tiempo.

- Sí, desde que Kyo y yo te derrotamos.-.Iori embozó una mueca sarcástica.- ¿Qué te trae por estos parajes?

- Tú, evidentemente. Nunca pensé que te vería en esta dimensión, este limbo que hay entre la vida y la muerte. Sentí tu presencia.- su mano trazó un arco que abarcó el árido paisaje.- En este lugar brillas como una estrella.

Iori se pasó una mano por los cabellos, no tenía ganas de jugar a las sutilezas con aquel caprichoso ser, tenía prisa.- ¿Qué quieres, viejo dios?

Los ojos dorados de Orochi se encendieron ante el tono aburrido que Iori le imprimió a la pregunta pero no cedió a la tentación de que le pelirrojo le viera enfurecido.- ¿No te preguntas que estará pasando en la vigilia?, ¿cuánto tiempo llevas inconsciente? Yo podría decírtelo.

Iori frunció el ceño, no le gustaba ese juego infantil que el dios quería jugar, ese juego de: yo sé algo que tú no sabes. Él no era ningún niño de siete años y además esos juegos siempre le habían cansado.

- No.- Iori comenzó a caminar, pasó al lado del dios que lo miró con incredulidad.- Ya lo sabré cuando regrese y si alguno de mis queridos familiares ha usurpado mi lugar ya lo pondré en su sitio.

- ¿Ni siquiera te preocupa la suerte que va a correr Kyo?- canturreó suavemente Orochi. Iori se detuvo y se giró para fijar sus ojos rojos en aquellos orbes dorados e inhumanos.

- ¿Qué pasa con Kyo?

- Esta noche tendrá lugar un evento que pondrá a prueba su coraje y su fuerza.- Orochi se acercó a Iori y se quedó a tan solo unos centímetros de él.- ¿Te he dicho alguna vez lo bello que eres?

Iori contuvo las ganas de cruzar de un bofetón aquel rostro inmortal.- ¿Qué ocurrirá esta noche?

- Oh, realmente nada importante. Sólo se decidirá el destino del clan.- Orochi fingió examinarse las uñas de sus manos con detenimiento.- Una pena que no estés invitado.

- Todavía puedo llegar.

- No lo bastante deprisa.- Orochi le acarició delicadamente una mejilla.-  Pero yo podría ayudarte a que los efectos de esta noche no fueran tan graves.

- Tú no ofreces nada sin pedir algo a cambio, eres un vil usurero de almas.- Iori apartó despectivamente su rostro de la mano del dios.

Orochi se limitó a sonreír sin ofenderse.

 

 

La mansión Yagami se sumió en un enorme ajetreo, los sirvientes corrían de un lado a otro con cubertería, manteles, ollas humeantes y cojines. La sala principal de la mansión estaba siendo preparada para la importante cena de la noche.

Kyo se había refugiado en la habitación de Iori, hacía horas que se había vestido y solo esperaba el momento para poder presentarse delante de le élite del clan, como bien había dicho Kamui: “No esperes que te llamen, preséntate tú. Ellos saben que tu vendrás”

Kyo ya había pasado por situaciones parecidas, después de todo había tenido que asistir a muchas cenas de clan Kusanagi, con cientos de familiares que estudiaban cada uno de sus gestos y median cada una de sus palabras. Pero en su fuero interno admitía que nada lo había preparado para compartir conversación y comida con sus mayores enemigos. Kyo comenzaba a sentir las molestias causadas por su nerviosismo, su estómago parecía que albergaba cientos de pequeñas mariposas.

La puerta de la habitación se abrió silenciosamente y Kyo se volteó para ver entrar a Kamui, el cual iba vestido de negro de píes a cabeza, el pomo de su katana relucía en su cinturón.

- Ya hemos llegado.

- ¿Hemos?

- Te dije que dejaría la custodia de Iori a unos de mis mejores ninjas Creo que lo conoces ya.

Kyo meneó la cabeza, ¿cómo iba él a conocer a unos de los innumerables ninjas que trabajaban para el clan Yagami y por ende, concretamente, para Kamui?

Otra figura vestida de azabache entró después de Kamui, Kyo soltó grito ahogado de sorpresa a ver el reluciente pelo verde que hacía juego con unos ojos del mismo tono que el cabello.- ¡Akira!- exclamó

- Hola Kyo, me alegro de verte.- Akira, guitarrista de grupo de Iori y ninja a tiempo parcial, examinó la figura de Kyo sin ningún disimulo, sus ojos brillaron apreciativamente.- Estás muy atractivo esta noche, realmente guapo.

Los dos ninjas se acercaron al castaño.- ¿Sabe Iori quién eres en realidad?- a Kyo todavía le costaba disimular su asombro

- Espero que no porque como ninja entonces sería un auténtico fracaso.

- Le asigné a Akira la misión de velar de Iori, pero éste no tenía que descubrir que Akira era un ninja porque entonces le rechazaría. Iori siempre ha odiado que lo vigilen.

- No fue nada fácil entrar en el grupo, Iori fue muy exigente.- Akira sonrió, se acercó hasta el lecho y contempló a Iori.- Estoy seguro que saldrás de esta.- su voz era tierna. Akira miró a Kyo.- No te preocupes, durante el tiempo que estés ausente protegeré a Iori con mi vida.

Kyo asintió con la cabeza y le sonrió, se sentía más tranquilo ahora que sabía que otro amigo de Iori se les había unido.- Confío en ti.

- ¿Nos vamos?- Kamui un gesto burlón hacía la puerta.- Van a ser las nueve.

Kyo se recostó un poco más en el sillón.- Esperar diez minutos no los va a matar.

Kamui soltó una suave carcajada.- No, pero creo que dirán cosas muy feas de tus antepasados.

Kyo se encogió de hombros y sonrió enseñando sus colmillos.- Lo sé.

 

 

Ryu se removió incómodo en alto asiento de madera negra, la cena llevaba diez minutos de retraso, todo porque Kyo Kusanagi se hacía esperar. La figura que estaba sentada a su izquierda y más cerca la cabecera se giró hacía él, unos ojos negros lo escrutaron desde un rostro blanco y pétreo.

- Deja de moverte, estás llamando la atención.- la orden fue susurrada como un latigazo y Ryu se inclinó como si lo hubiera recibido en sus propias carnes. El hombre miró a su alrededor, constatando que los otros invitados comenzaba a impacientarse por la espera, los únicos que no parecían molestos eran los cabecillas del clan, de hecho en sus caras había una mezcla de curiosidad y expectación, en todos las generaciones del clan Yagami jamás había asistido un miembro del clan Kusanagi.
El oscuro hombre se irguió llamando la atención de todos los comensales, era muy alto y al igual que su hijo Ryu su pelo tenía el tono de la sangre coagulada, su cuerpo emanaba un aura de autoridad, de poder y sus ojos no tenían vida, eran fríos como un abismo helado.

- Deberíamos comenzar.- se dirigió con respeto a las seis figuras de los ancianos que se sentaban a la cabecera de la mesa. Éstos se inclinaron ligeramente y sus velados ojos se desviaron hacía la entrada de la enorme sala, el padre de Ryu siguió la dirección de su mirada. En el umbral se erguía, orgulloso y desafiante se erguía Kyo Kusanagi.

Kyo entró con el garbo propio de un príncipe, haciendo caso omiso del penetrante silencio y de las miradas hostiles, como si fuera el quién hubiera organizado la cena y el clan Yagami al completo fueran sus invitados, le seguían Seneka y Kamui.

Uno de los ancianos se irguió trabajosamente, su mano arrugada señaló una silla cercana a ellos.

- Toma asiento retoño del clan Kusanagi.- su voz era rasposa pero educada, sin ninguna burla escondida en ella.

Kyo asintió con dignidad e hizo lo que le habían indicado, Kamui y Seneka se colocaron detrás de él.

El anciano levantó la mano.- Podemos comenzar.

Una tropa de sirvientes entró y empezó a servir la cena, pero la mayoría de los comensales estaban más pendientes de cómo comía Kyo que parecía que no se daba cuenta de que era el foco de atención, sus gestos eran gráciles y medidos.

- Me alegró que por fin te dignaras a parecer, Kusanagi.

Kyo levantó la mirada de su plato para encontrarse con dos pozos negros, un estremecimiento recorrió toda su columna vertebral, de pronto sentía frío.

Ryu dejó de tomar la sopa.- Deja que te presente a mi padre: Hajime Yagami.

A Kyo le parecía innecesario decir “encantado” porque en realidad no lo estaba, aquel hombre era muy peligroso, sólo había que darse cuenta en la forma en que manejaba los cubiertos, parecía acuchillar la comida.

- Eres el primer Kusanagi que se sienta a cenar con nosotros.- sonrió Hajime sin que su sonrisa se reflejara en sus ojos. Kamui se tensó ante aquel gesto.

- Las circunstancias me han llevado a ello.- respondió con calma Kyo.

- Ah, las circunstancias…que curioso, ¿verdad?

- ¿Curioso?- en aquel punto de la conversación todo el mundo había dejado de comer y prestaba atención al diálogo que estaba teniendo lugar en la cabecera de la mesa.

- Sí.- el hombre se pasó un dedo por sus delgados labios.- que terminaras calentándole la cama a mi sobrino, Iori.

Kyo se quedó inmóvil, sus dedos agarraron el blanco e impoluto mantel, sus ojos llamearon. Cuando iba a responder a aquel sujeto una mano se posó sobre su hombro con discreción, una serenidad refrescante invadió todo su cuerpo, alzó la vista para encontrase con las enormes pupilas violetas de Kamui que parecían decir: “No dejes que te provoque”.

- Esa no es forma de dirigirse a nuestro invitado.- le amonestó uno de los ancianos a Hajime.- ni conversación de nuestro agrado.

Hajime se inclinó a modo de disculpa ante los ancianos y siguió comiendo, pero sus ojos no se separaron de Kyo y parecían que se burlaban de él.

La cena duró una hora, al terminar se retiraron todos los platos y los sirvientes salieron. Uno de los frágiles ancianos se irguió, sus ropajes ceremoniales aletearon como las plumas de un cuervo.

- Estamos reunidos aquí porque el clan Yagami pasa por un crítico momento. Nuestro líder se encuentra herido de gravedad y todas las señales indican que no va despertar pronto.

Kyo resistió el impulso se gritar, a pleno pulmón, a aquellas viejas momias que estaban equivocados. Sus ojos captaron la sombra de codicia en los rostros de los miembros del clan, a Kyo les recordó a manada de hienas prestas a devorar la carroña.

- ¿Alguien quiere proponer algo?- preguntó con solemnidad el anciano.

Hajime se irguió lentamente.- Mi hijo quiere proponer algo.

Kyo se dio cuenta de que el rostro de Ryu mostraba cierto dolor como si lo que fuera a hacer a continuación le quemara las entrañas, éste se levantó y se quedó al lado de su padre.

- Según las antiguas tradiciones del clan.- Ryu inspiró.- propongo que se destituya a Iori como líder. Y se elija un nuevo líder más capaz.

- ¿Y a quién propones tú, Ryu, hijo de Hajime?-  inquirió el anciano.

Kyo temía la respuesta.

- A mí mismo. Y lucharé cualquiera que me rete.- sus ojos ámbar recorrieron la mesa, nadie se levantó a coger le desafío puesto junto con Iori, Ryu era el miembro más poderoso del clan.

- Entonces…- comenzó a decir el anciano.
-¡NO!- interrumpió bruscamente Kyo, se había levantado con tal ímpetu que había tirado la silla. Levantó una mano y señaló a Ryu.- ¡YO TE DESAFIO!

Todos los miembros del clan Yagami alzaron voces de protesta y exclamaciones de sorpresa.

- Silencio.- pidió el anciano.

- No puedes hacer eso Kusanagi, tú no perteneces a nuestro clan.- Hajime lo miró despreciativamente.

- Sí, puede.- Seneka se adelantó.- La tradiciones del clan observan que sí el líder no puede defender su posición por sí mismo lo puede hacer otra persona que tenga un vínculo con él. Y Kyo lo tiene.- Seneka dirigió una mirada a los ancianos. Estos no dudaron.

- Es cierto.- el anciano asintió con la cabeza.- Lanza tu desafío, joven Kusanagi.

- Yo, Kyo Kusanagi.- comenzó con voz firme y clara.- te desafío Ryu Yagami, en nombre de Iori Yagami. Si gano, Iori seguirá siendo el líder del clan.

- Aceptó el desafío. Pero si gano yo, seré le líder del clan.- Ryu sonrió con frialdad.- Y tú serás mío.

Kyo palideció pero no arrendó, la imagen de Iori postrado en la cama le dió fuerzas.- Acepto