por Paris Artreides

 

 

Cap 15: Agua.


……a Dios le pido
un segundo más de vida para darte
 y mi corazón entero entregarte
un segundo más de vida para darte
 y a tu lado para siempre quedarme
 un segundo más de vida yo….
a Dios le pido….

ESTRIBILLO
Que si me muero sea de amor 
y si me enamoro sea de vos
que de tu voz este corazón
todos los días a Dios le pido”  ( A Dios le pido. Juanes)

 

 

Iori llevaba una semana respirando sin abrir sus ojos, su corazón bombeaba sangre a unos miembros y un cerebro alertagados, somnolientos, rotos. El alma de Yagami se movía inquieta en su prisión de carne y hueso, esperando, anhelando, deseando el momento en que volvería reencontrase con aquella voz que le susurraba dulcemente en su oído y aquella mano que acariciaba sus dedos con suavidad.

Iori Yagami en su coma, en su nada, ascendía un enorme acantilado de piedras negras y afiladas, donde cada paso era una agonía, un dolor imposible de describir, pero Iori no vacilaba, no capitulaba, porque sabía que en la cima le esperaba alguien a quién amaba, porque Iori sabía que Kyo le aguardaba en la vida.

 

 

Kyo llevaba una semana al lado de Iori, cogiendo su mano, hablando con él, durmiendo con él. Su mundo se había reducido a los cuatros paredes de la habitación donde Iori reposaba, no se escuchaba otros sonidos que la respiración forzada de Iori  y, en cierta manera, aquello le consolaba de una forma difícil de explicar porque hacía sólo un día que el pelirrojo era capaz por sí solo de volver a coger oxígeno del aire. No había sido una decisión de Kyo el quitarle la más cara que le suministraba el ansiado oxígeno a los pulmones de Iori.
Kyo todavía recordaba la escena.

 

- Me niego, no me importa nada lo que crean esos viejos chochos.- Kyo se estaba erguido en mitad de la habitación, en su mano derecha brillaba una trémula llama escarlata, y aunque era débil su calor había levantado dolorosas ampollas en la epidermis de los enfermeros que intentaron desconectar a Iori del respirador artificial.

Seneka palideció ante la ofensiva frase, era la primera vez en su vida que escuchaba a alguien referirse a los ancianos del clan Yagami, a los que decidían el destino de todos sus miembros como “viejos chochos”.

- Debe comprenderlo.- Seneka se secó con un pañuelo el sudor de su arrugada frente, el calor provocaba la llama de Kyo hacía asfixiante el de por si tenso ambiente, y emitió un suspiro que mezclaba cansancio y tristeza.- Son la reglas.

- ¡A la mierda la reglas!- Kyo hizo un gesto despectivo que trazó un arco de fuego.- ¡Es la vida de Iori! A esos vejestorios les da igual que muera, creo que se alegrarían. Nunca han aprobado la forma de hacer las cosas de Iori, su desprecio por esas tradiciones obsoletas.- aunque Seneka estaba enfrente del castaño los ojos de Kyo no estaban puestos en él, de hecho Kyo a quién no perdía de vista era a Kamui, sabía que no debía subestimar al ninja, hacerlo sería una auténtica estupidez por su parte.- ¿Vas a traicionarlo, Seneka?

El anciano se estremeció como si Kyo le hubiera apuñalado el corazón y retorciera la daga que clavada en él, se llevó una frágil mano a su delgado pecho.- ¿Traicionarlo?- la voz de Seneka era un hilo de incredulidad.- ¿Yo, traicionarlo?- se tambaleó. Kamui se acercó rápidamente y lo rodeo con sus brazos para sostenerlo, sus ojos violetas se encendieron al posarse los de Kyo.

- Ya es suficiente, sabes de sobra que si la única forma de despertar a Iori fuera que alguien entregara su vida , Seneka se abriría las venas aquí mismo.- Kyo bajó la vista avergonzado. Kamui acompañó al viejo criado hasta un sillón en una de las esquinas de la habitación, éste parecía de pronto encogido y derrotado. El ninja volvió y se situó muy cerca de Kyo, sus manos fueron rápidamente al cinturón y cogió su katana, Kyo se puso en guardia, pero Kamui se limitó a tirarla lejos de él.- No le estás haciendo ningún favor a Iori. Sabes que sus únicos amigos se encuentran en esta habitación y todos queremos que siga con vida.

- ¿Entonces, por qué queréis desconectarlo?- Kyo apretaba los dientes para intentar controlar las ganas de gritar.

- Hace ya una semana que lo hubieran desconectado pero Seneka se  las ingenió para que retrasaran su decisión con la esperanza de que Iori despertara.- Kyo abrió los ojos sorprendidos.- No ha sido así. Ahora, nos encontramos en una difícil situación, las reglas del clan dicen que si no puede respirar por si mismo es que está muerto, a ellos no les sirve un líder que ni siquiera puede respirar. Tenemos que desconectarlo.- terminó con rudeza.

Kyo retrocedió un paso como si la verdad le ofendiera, no se atrevía ni a pensar que sucedería si Iori no lo conseguía, Kyo estaba seguro que en ese mismo momento el también dejaría de respirar. Meneó la cabeza negativamente, su sedoso cabello se agitó alrededor de su pálido rostro como un ala.

- No, no, no, no,…..- Kyo iba retrocediendo hacia la cama de Iori.

- Kusanagi…..- Kamui dio una paso hacía adelante.

- No, no, no….- Kyo parecía que ya no le escuchaba, su llama aumentaba en intensidad por momentos.

- Kyo…- Kamui ya no esperó más, de un salto salvó la distancia entre Kyo y él, su mano izquierda agarró la mano derecha de Kyo, su piel se ennegreció enseguida y comenzó a quemarse, Kyo grito sorprendido.- ¡Escúchame!

- ¡Te estás quemando, suéltame!- Kyo lo intentó empujar pero Kamui se aferraba a su llama como una mariposa deslumbrada.

- ¡No! ¡Escucha!.- la voz de Kamui era un jadeo de puro dolor.- Si Iori lo consigue le aseguraremos un tiempo, ellos no esperaran más, no tienen paciencia, matar a un hombre que no respira por sus propios medio no se considera asesinato en el clan Yagami. ¡Kyo, confía en la fuerza de Iori!- Kamui ya no pudo seguir hablando, entre sus labios blancos se escapó un gemido silbante, Kyo sólo se quedó paralizado unos segundos, a continuación extinguió su flama y cuando Kamui comenzó a deslizarse hacía el suelo lo sostuvo entre su brazos, el ninja se había desmayado.

- Seneka.- llamó secamente Kyo, el viejo criado que se había quedado petrificado durante la escena se acercó ellos temblorosamente.- Ocúpate de Kamui.- lo dejó con delicadeza entre los brazos del anciano.

Kyo se giró y bajo la atenta mirada de Seneka se dirigió a la máquina que suministraba el oxígeno al pelirrojo, sólo miró el rostro de Iori unos segundos y seguidamente la apagó. El zumbido mecánico se detuvo, un silencio espeso y doloroso reinó en la habitación. Kyo caminó hasta la cabecera del lecho de Iori, su mano cogió la máscara de oxígeno y con cuidado se la apartó del rostro. Kyo contuvo la respiración, durante unos segundos eternos no se escuchó nada pero después un silbido comenzó a escapar de los labios de Iori. El líder del clan Yagami respiraba solo.

La cara se de Seneka se cubrió por una expresión de alivio y alegría, Kyo se inclinó y depositó un beso en el cuello de Iori, sus dedos acariciaron las mejillas que tenían la marca de plástico de las máscara de oxígeno.

- Te quiero.- murmuró Kyo.

 

 

Todo eso había ocurrido el día anterior, y desde entonces Kyo no se había apartado de la cama de Iori, su corazón palpitaba con mas seguridad cada vez que veía como los costados de del cuerpo del pelirrojo se hinchaban ligeramente por la presión del aire. Además, las heridas de Iori estaban sanado muy rápido, Kyo sabía que esto hubiera asombrado a cualquier médico pero no a Kyo, que sabía que el mismo poder que le permitía a Iori levantar columnas de fuego que desafiaban a cielo era el que ahora soldaba sus huesos, reparaba los filamentos de sus músculos y devolvía al rostro de Iori todo su salvaje belleza.

- Señor Kyo, ¿desea una taza de té?.- Seneka había entrado silenciosamente en la habitación.

- Sí, gracias.- Kyo cogió la delicada taza de porcelana que le ofrecía Seneka, sopló un poco sobre su  superficie canela.- Seneka.- el aludido levantó la vista hacía él.- Siento mucho lo que te dije ayer, ¿podrás perdonarme?- Kyo se inclinó ante el anciano.

- Señor Kyo, por favor no se incline ante mí.- las arrugadas manos dieron unos ligeros golpecitos en los hombros de Kyo.- No hay nada que perdonar, todos estábamos muy nerviosos.

Kyo sonrió tenuemente.- Por cierto, ¿Dónde está Kamui?

- Kamui está en su cabaña del jardín Oeste, parece que las quemaduras fueron más graves de lo que pensábamos, está descansando.

Kyo se bebió en dos sorbos le delicioso té, dejó la taza al alcance de Seneka.- ¿Te importaría quedarte con Iori un rato?

- Por su puesto que no.
A Kyo le gustaba mucho los jardines de la mansión Yagami, eran amplios y no eran nada ordenados, habían sido concebidos con la feliz idea de que parecieran un bosque, algo de crecimiento natural sin intervención alguna de la mano humana, no había ninguna regularidad en su diseño pero para un ojo entrenado se podía apreciar cierta armonía feral. Pero sobretodo, a Kyo le gustaba porque eran justamente lo contrario a los jardines del clan Kusanagi.

La cabaña de Kamui estaba completamente rodeada de enredaderas cuyas delicadas flores se abrían bajo el apagado sol de invierno, Kyo estaba seguro de que el ninja había elegido aquel tipo de planta porque florecían durante todo el año, no se regían por las mismas normas que las demás, algo muy cercano al carácter de Kamui. Kyo tocó en la vieja puerta de madera.

- ¿Quién es?- la voz de Kamui llegaba amortiguada.

- Kyo, ¿puedo pasar?- hubo unos segundos de extraño silencio y continuación un enorme alboroto como si se estuvieran ordenando muchas cosas al mismo tiempo, Kyo sonrió.

- Adelante- invitó Kamui.

Kyo traspasó abrió la puerta y traspasó el umbral para encontrase en un interior del tipo más antiguo y clásico, allí toda era genuinamente japonés, nada hacia referencia al modo de vida occidental. Kamui estaba arrodillado den una de las esquinas intentando doblas su futón pero la vendada mano izquierda se lo impedía, solo llevaba puesto unos ligeros pantalones. Kyo se acercó a él y se puso a su lado, le quitó el futón y comenzó a doblarlo con una rapidez fruto de la experiencia.

- ¿Donde  lo pongo?

Kamui había levantado una ceja en señal de ligero asombro, señaló con un dedo.- En ese armario empotrado de ahí.

Mientras Kyo se dirigía a dejar el futón, Kamui sacó una enorme tetera que tenía en el fuego.

- ¡Uf!- Kamui se inclinó por el peso.

- ¡Dame eso!- Kyo se la arrebató.- ¿Para que es?

- Para mi baño.- Kamui fue hacía la parte trasera de la cabaña, allí en una pequeña habitación totalmente cubierta de madera de un color claro  que tenía una ventana había una enorme tinaja enterrada en el suelo, estaba casi llena de agua de cuya superficie ascendía vaho. Kyo no podía imaginarse cuantas teteras había hecho falta para llenarla, dejó caer el contenido de la suya dentro de la bañera.

- ¿Por qué no utilizas los baños de la mansión como todo el mundo?

Kamui le miró, y después le señaló su propio cuerpo sembrado de siniestras cicatrices.

- No me gusta que me miren como si fuera una curiosidad de circo.

Kyo no dijo nada solo se limitó a examinar el cuerpo de Kamui hasta que sus ojos se posaron en la vendada mano izquierda del ninja.

- ¿Te duele?

Kamui embozó una mueca socarrona.- Solo cuando me río.- contestó con ligereza.

Kyo sonrió, el ninja no parecía nada molesto por todo lo que había sucedido ayer.- Deja que te ayude.- cogió con delicadeza la mano y comenzó a quitar los vendajes, una a una las tiras de tela fueron cayendo en el suelo.

-¡¿Qué?!- Kamui intentó apartar el brazo pero Kyo le retuvo firmemente.

- Tranquilo.- Kyo alzó su mano y ante el asombro de Kamui comenzó a desprenderse de ella un aura dorada y anaranjada que rodeo su mano, la carne ennegrecida comenzó a cubrirse por piel nueva, las ampollas desaparecieron como por arte de magia, un cálido cosquilleo penetró en el cuerpo del ninja. Estuvieron varios minutos quietos, hasta que finalmente la mano de Kamui estuvo totalmente curada.

- ¿Cómo lo has hecho?- Kyo volvió a vendarle la mano, un ligera sonrisa bailaba en sus labios.

- Lo que mi poder causa yo puedo deshacerlo, esa quemadura no es más que le rastro de poder que yo he dejado sobre tu piel.- terminó de vendársela.- Pero no debes usarla en unos días, la piel está muy tierna.

- Gracias.

- No, fui yo quién te causé esta herida solo por mi estupidez.- Kyo miró la bañera.- Te debo un baño, ¿no? Además con esa mano lo tendrás difícil para enjabonarte la espalda.

Kamui le miró dubitativamente, una sombra voló sobre sus pupilas violetas, un ligero temblor sacudió su elegante cuerpo.

- Kamui.- éste levantó la vista hacía Kyo cuyos ojos color avellana eran cálidos y brillantes.- No te haré nada.

Kamui asintió, lentamente se desnudó y se internó en el agua de espaldas a Kyo, éste se quitó a su vez su propio ropa y se metió detrás del ninja, cogió un cazo y vertió agua sobre el cuerpo de Kamui, el líquido siguió las cicatrices grabadas en la carne, cuando ya lo hubo mojado suficiente cogió una esponja y comenzó a pasarla por la espalda con suavidad, notó como los músculos de Kamui se estremecían violentamente. Kyo dejó caer la esponja en el agua que  se alejó flotando de ellos dos.

- ¿Hace cuanto que no dejas que nadie te toque?

Kamui no se había girado, sus brazos colgaban laxos a ambos lados de su cuerpo.

- Mucho tiempo.

- ¿Quién te hizo esas cicatrices?.

Kamui se volvió, Kyo pudo apreciar que sus ojos estaban cristalizados pero no dejaban caer ni una lágrima.- No puedo decirlo, no me siento capaz. Aún me duelen.

Kyo alzó una mano y acarició la mejilla del ninja, este inclinó la cabeza buscando más contacto de la mano de Kyo, éste se acercó lentamente y rodeo con sus brazos a Kamui.

- Kyo, yo….

- Ssshh, no digas nada, no es necesario. Confía en mí Kamui.- el ninja apoyó su cabeza en el pecho de Kyo, sus cabellos azabache se adhieron a la mojada epidermis de Kyo, sus brazos rodearon a su vez al castaño y permanecieron así hasta que se enfrió el agua.

 

Ambos caminaban por le largo pasillo que llevaba a la habitación de Iori, ninguno de los dos había hecho referencia a la extraña comunión de consuelo que había tenido lugar durante le baño en la cabaña de Kamui, ninguno había sentido necesidad de pronunciar palabra alguna porque se sentían extrañamente en paz.

Kamui iba  unos pasos detrás de Kyo, cuando tuvo que frenar bruscamente, Kyo se había detenido repentinamente ante la imponente figura que les cerraba el paso. Era Ryu Yagami.

- Ah, aquí estabas Kusanagi.- sus ojos ámbar estudiaron descaradamente a Kyo, como un gato que acaba de ver su presa.- Te vengo a entregar un mensaje.

Kyo le miró de frente sin retroceder, en su primer encuentro había estado en una situación de inferioridad pero ahora la situación era muy distinta, no  le daría la satisfacción a aquel individuo de verle ceder ante él.
- Pues date prisa, no tengo tiempo para perderlo contigo Ryu.

Kamui se había situado en la sombra, una brillo de admiración cruzó por su mirada por la llameante respuesta de Kyo, el ninja también percibió como Ryu también parecía satisfecho ante la respuesta de Kyo, como si otro tipo de reacción le hubiera decepcionado terriblemente.

- Hay una cena de esta noche.

- No me interesa, gracias.

Ryu sonrió.- No es una invitación Kusanagi. Si aprecias la vida de Iori deberías acudir, se reúnen todos los ancianos del clan y los cabeza de familia. Se discutirá el destino del clan.

Kyo inclinó ligeramente la cabeza, sus delicadas cejas se fruncieron sobre su nariz.- Acudiré.

- Bien, a las nueve, sé puntual.- Ryu caminó hacia delante y se paró un momento al lado de Kamui, sus ojos se encontraron pero no se dijeron nada, Ryu alzó una mano y estuvo tentado a tocar los labios del ninja pero Kamui retrocedió para evitar su contacto, la cara de Ryu  mostró enojo que fue rápidamente sustituido por una mueca despectiva. Se marchó con pasos rápidos para perderse una  de las esquinas del pasillo.

Kamui se situó al lado de Kyo.- Es una cena de lobos.

- Sí.- Kyo se pasó la mano por sus cabellos y después sonrió con arrogancia.- Pero no serán unos lobos lo que impidan que Iori siga siendo el líder del clan Yagami. Nadie tocará a Iori mientras yo esté con vida.