por Paris Artreides

 

 

Cap 14: No puedo estar sin ti.

“No quiero estar sin ti
Si tú no estas aquí me falta el sueño
No quiero andar así
Latiendo un corazón de amor sin dueño

No te vayas nunca.
Porque no puedo estar sin ti
Si tú no estás aquí me quema el aire”

(Si tú no estás, Rosana Arbelo)

 

Kamui se sobresaltó cuando un gemido se alzó de la figura inconciente de Kyo, había estado toda la noche rememorando el pasado, volviendo sobre los pasos de su vida para encontrar aquellos recuerdos que representaron sus mejores momentos, “es inútil lamentar lo que se ha perdido”.

 

- Iori.- susurró Kyo, se removió como si les tuviera asaltando alguna pesadilla, la manta que lo cubría se desplazó a un lado.

 

Kamui se levantó del sillón y se acercó hasta la cama, cogió el borde de la manta y cuando comenzaba a alzarla un par de ojos avellanas se abrieron iluminando la habitación como dos linternas, las pupilas marrones, ligeramente desenfocadas, se encontraron con las violetas. Kamui y Kyo se escrutaron mutuamente.

 

- Buenos días.- Kamui dejó la manta a un lado al ver como Kyo se incorporaba lentamente.

 

- ¿Quién eres?- Kyo se había sentado, su rostro estaba pálido y unas sombras azules se había instalado debajo de sus ojos.

 

Kamui no contestó inmediatamente, sino que fue hasta un interfono que había al fondo de la habitación y pidió un desayuno. Kyo observó como aquel misterioso muchacho se desplazaba con el sigilo de un gato y los medidos y precisos que eran sus movimientos. “Ninja”.

 

- Soy Kamui, un ninja de Iori.- Kamui movió el sillón hasta la cabecera de la cama, tomó asiento de forma que quedaba a la misma altura de Kyo, era un gesto educado y respetuoso.- Y, ahora, estoy a cargo de tu seguridad.

 

- ¿Mi seguridad?-  Kyo frunció el ceño.

 

- Te pondré al corriente de la situación actual..- pero cuando Kamui iba a explicarse un sirviente abrió la puerta y entró con una enorme bandeja, Kamui cerró inmediatamente la boca y esperó hasta que el sirviente dejó la bandeja en el regazo de Kyo y salió cerrando la puerta.

 

Kyo miró el contenido de la bandeja de desayuno; un café con leche, unas tortitas, un vaso de zumo de naranja y pequeño bol que contenía trozos de papaya con un poco de azúcar esparcida por encima. Kyo dudaba que pudiera con toda aquella comida pero cuando probó un trozo de las tortitas comprobó que tenía un hambre atroz. Kamui sonrió la ver la fiereza con la cual atacaba el suculento desayuno.

 

- Como te iba diciendo,  soy el responsable de tu seguridad. Es evidente que fuisteis atacado por un miembro de la familia.- Kyo dejó de comer y baja la cabeza..- y cómo tu eras el…….

 

- ¿Cómo está Iori?- preguntó con brusquedad el castaño.

 

Kamui cogió un trozo de papaya, y se lo llevó a la boca para masticarlo lentamente, Kyo le miró molesto.- ¿Cómo está?- repitió con una ligera irritación en su tono de voz.

 

Kamui se relamió los labios.- Mal.- respondió con serenidad.

 

Kyo sintió como si le apuñalaran el corazón, la frialdad de aquella respuesta le había helado todos los sentidos, unas náuseas le acometieron, “¿Cómo puedo estar desayunando tranquilamente mientras Iori se muere?, soy un cabrón, ¿cómo siquiera pensar en vivir si Iori se está muriendo en el alguna parte de esta maldita mansión?”.

 

- Quiero verle.- el tono de Kyo era oscuro y debajo de su superficie se escondía mucho
dolor.

 

Kamui cogió otro pedazo de fruta entre sus finos dedos.- Primero deberías terminar tu
desayuno.

 

-¡A la mierda el desayuno!- Kyo lanzó con furia la bandeja contra el suelo, manchando el piso y esparciendo trozos de porcelana china por toda la habitación.- ¡QUIERO VERLE!

 

Quitó de una patada las sábanas que le cubrían, se levantó y pasó al lado de Kamui que no hizo gesto alguno por detenerle, cuando estaba llegando a la puerta una súbita debilidad se apoderó de todo su cuerpo, su vista vaciló y un mareo terrible le invadió desde la boca de su estómago y ascendió como una marea ardiente hasta su cabeza, comenzó a sentir como se precipitaba pero antes de chocar contra el suelo unos brazos le rodearon y detuvieron su caída. Kyo se encontró recostado contra el delgado pecho de Kamui, se dio cuenta, a través del fino tejido de su negra vestimenta, de lo delicado que era el cuerpo del ninja y, sin embargo, tan fuerte.

 

- Me has convencido.- comentó, divertido, Kamui al oído de Kyo.- Te llevaré hasta él. Pero con una condición.

 

 

 

Seneka volvió a comprobar que el suero, y una vez más constató, con tristeza, que las señales del monitor seguían iguales, no variaban, Iori continuaba en coma.
Unos educados golpes en la puerta le hicieron levantar la vista.

 

- Adelante.

 

La puerta se abrió dejando pasó a una silla de rueda donde iba un enfurruñado y desmejorado Kyo, la empujaba Kamui cuyo rostro mostraba la satisfacción que sentía por haber logrado que Kyo aceptara aquel medio de transporte.

 

- Señor Kyo.- Seneka se acercó hasta él y le hizo una inclinación.

 

- Seneka.- Kyo inclinó a su vez para corresponder a su vez al gesto del viejo sirviente pero sus ojos no se apartaban del cuerpo de Iori, de cual salían y entraba tubos. Apretó los dientes para evitar un grito de ultraje ante aquella violación de la carne de Iori. Apoyó las manos en los antebrazos y temblando por el esfuerzo se incorporó, Seneka hizo el amago de ayudarle pero se detuvo ante el súbito gesto de negación que le hizo, discretamente, Kamui con la cabeza. Ambos observaron como con pasos tambaleantes Kyo se iba acercando lentamente al lecho de Iori, cada paso parecía mas doloroso que el anterior, cada moviendo hacía que Kyo sudara, cuando ya solo quedaba un poco Kyo cayó hacia delante como un árbol al que le acaban de arrancar sus raíces. Se agarró, en el último instante, al borde de la cama, su rostro quedo enterrado entre las mantas, lentamente levantó la cabeza y fijó sus ojos en el rostro amoratado de Iori, se arrastró penosamente, para coger una de sus manos y, suavemente, la besó.

 

- Iori, Iori.- llamó, su voz comenzó a quebrarse por el llanto, a romperse dentro de su garganta.- No me abandones, te amo. ¡IORI, NO ME ABANDONES!, ¡NO ME DEJES SOLO!

 

Su cara se apoyó contra la palma del pelirrojo, sus lágrimas empaparon su rostro y los dedos examines de Iori.  El apergaminado rostro de Seneka también estaba surcado de lágrimas y el rostro de Kamui no dejaba traslucir ninguna emoción aunque sus ojos se habían apagado. Se quedaron en silencio viendo, impotentes, como Kyo le suplicaba a Iori que volviera con él.

 

 

 

Kamui observó como Kyo se quitaba lentamente la ropa, habían dejado que el castaño liberara todas sus emociones hasta que se había dormido la lado de Iori, completamente exhausto, Kamui lo había llevado a su habitación y se había quedado velando su sueño. Cuando Kyo se despertó eran ya cerca de las siete de la tarde, Kamui le sugirió que se diera un baño y, si quería, después irían a ver a Iori, Kamui asintió lentamente pero no dijo palabra alguna, su rostro estaba ceniciento y tenía todo el aspecto de ser una persona que estuviera agonizando.

 

Siguió a Kamui hasta los baños termales de la mansión, el chico se había parado cerca de una de las enormes tinas de piedra que estaban enclavadas den oscuro suelo de madera, el agua caía desde un hueco de la pared, formando una ligera cascada acompañada de vapor. Kyo comenzó a quitarse la ropa, que era simplemente un pijama blanco, pero sus dedos resbalaban e n los botones y parecía que no tenía fuerzas para continuar con aquella tarea. Kamui esperó unos minutos, en completo silencio, esperando que Kyo lo echará para estar solo o lo llamará para ayudarlo, pero el joven Kusanagi no hizo ni lo uno ni lo otro, se limitó a quedarse de pie con la vista clavada en el suelo, con los brazos laxos a ambos lados en el cuerpo.

 

Kamui se adelantó, se puso en frente de Kyo, sus dedos fueron hasta los botones de la blusa y comenzó a desabrocharlos eficazmente, después se la quitó dejando que se deslizara por los brazos y la espalda de Kyo, a continuación metió sus dedos en el elástico del pantalón y miró el rostro del castaño, Kyo no hizo moviendo alguno y Kamui se encogió de hombros, bajó el pantalón hasta el suelo y con los manos guió las piernas de Kyo para que las sacara del pantalón. Sus ojos recorrieron el cuerpo desnudo que se erguía ante él.

 

- Ahora veo porque Seneka insistía en que debo obligarte a comer. Estás en los huesos.

 

Esperó a Kyo se metiera en el agua, pero le castaño siguió quieto, Kamui emitió un suspiro.- Con qué esas tenemos.- Procedió a quitarse la ropa, cuando estuvo desnudo se pudo al lado de Kyo y lo cogió de la mano y tiró suavemente de él mientras se introducían en el agua caliente.

 

Kamui situó a Kyo cerca de la cascada, fue por un pequeño cazo y una esponja que estaban en el borde la bañera, echó el agua sobre Kyo y a continuación depositó jabón en la esponja y con delicadeza comenzó a enjabonar a Kyo, despacio y ejerciendo ligeros masajes en aquellos músculos que veía sobrecargados por la tensión acumulada en ellos. Cogió el champú y repartió un poco por los finos cabellos de Kyo, un suave aroma a pelotón se extendió por el aire. Cuando terminó llevó a Kyo hasta la cascada y lo puso debajo de ella, se dio la vuelta para dejar la esponja en su sitio cuando la voz de Kyo monótona lo detuvo.

 

- ¿Por qué tienes esas cicatrices en tu espalda y entre tus muslos?

 

Kamui se quedó  paralizado, dejó caer la esponja, oyó como Kyo se movía para ponerse detrás de él, sintió como un dedo del castaño comenzaba a dibujar signos en la piel de su espalda, siguiendo el camino dejado por las cicatrices que la recorrían.

 

Kyo no había sentido nada desde que se había despertado de su sueño, era como estar muerto en vida, caminando sin importar a dónde te guiaran, dejando que aquel extraño ninja le pusiera las manos encima, nada, nada le importaba ahora. Kyo se sorprendía porque todavía seguía respirando, no comprendía porque su corazón no se había detenido en el momento en que había visto a Iori en aquel estado, maldito y traicionero corazón.

 

Su cuerpo había agradecido el calor del agua, Kamui lo había enjabonado como si fuera el niño, pero aquello no afectó al otrora orgulloso Kyo hasta que vio la espalda del ninja, mostraba unos surcos que entraban en la carne cómo si le hubiera dibujado encima un niño con un bisturí, un sentimiento se abrió entre las entrañas de Kyo, era la curiosidad.

 

Dejó que sus dedos siguieran aquellas cicatrices que deforman la suave piel de Kamui, el descarado ninja parecía haberse quedado sin palabras, simplemente estaba petrificado, como al animal salvaje que encandilan con los faros de un coche en mitad de una carretera.

 

Las yemas bajaron hasta cerca del final de la espalda, Kyo pudo ver a través de la transparencia del agua que aquellas heridas se alargaba sobre los firmes glúteos del ninja.

 

- Basta.- suplicó roncamente Kamui.

 

Kyo retiró la mano, percibió que Kamui temblaba levemente.

 

- Lo siento.- Kyo sintió que había tocado un punto especialmente doloroso de Kamui.

 

El ninja negó con la cabeza, cogió agua con una mano y se restregó la cara, después se giró y miró a Kyo, embozó una sonrisa.

 

- Me alegra ver que has recuperado el habla.

 

Kyo comprendió que aquella forma despreocupada e indiferente de comportarse de Kamui era su manera de ocultar  sus sentimientos.

 

- Dijiste que después del baño podría ver a Iori.

 

Kamui se alegró que Kyo cambiara de conversación.- Sí.

 

Ambos salieron de la tina, Kamui le acercó una toalla y un kimono negro a Kyo, el ninja se secó rápidamente y se puso sus ropas y esperó pacientemente a que Kyo terminara.
Juntos se encaminaron por os largos pasillos, Kyo sentía que respiraba mejor y que sus fuerzas volvían lentamente a él, el agua caliente parecía que se había llevado algo infecto con ella.

 

Cuando se estaban acercando vieron como un presuroso Seneka se acercaba a ellos, se paró jadeando frente a ellos. Extendió un pergamino hacía Kyo.

 

- Esto acaba de llegar de la mansión Kusanagi.

 

Kyo dudó en cogerlo, hacía tiempo que se había olvidado que pertenecía a la familia Kusanagi, pero finalmente extendió su mano derecha. Quitó la cinta de roja seda y abrió el rollo de suave papel, comenzó a leer en silencio.
Kamui contuvo las ganas de atisbar por encima del hombro de Kyo para averiguar el contenido de aquel inesperado mensaje. Kyo fue frunciendo el ceño a medida que iba terminado la misiva.

 

- ¿Qué dice?

Seneka abrió la boca, indignado, ante la familiar forma de dirigirse Kamui a Kyo, pero el castaño no parecía molesto.

 

- Es de mi padre, dice que se ha enterado de accidente y del estado de Iori.- a nadie le sorprendió, la familia de Kusanagi tenía una buena red de espías.- Dice que eso deja sin efecto el pacto. Me ordena que vuelva a casa.

 

Seneka se quedó inmóvil y miró a Kyo.- Es libre de hacer lo que desee.- era evidente que le causaba un gran esfuerzo pronunciar esas palabras pero sus ojos decían que no quería que Kyo se fuera.

 

Los ojos de Kamui pasaron por varias tonalidades, desde violeta oscuro hasta un lavanda, finalmente brillaron con picardía.- ¿No irás a irte cuando esto comienza a ponerse interesante?, las luchas de poder son siempre divertidas.

 

Kyo miró el jardín nevado del patio interior de la mansión y a continuación la puerta tras la cual Iori estaba entablando el combate más difícil de su existencia, Iori luchaba por su vida.

 

- ¿Qué vas a responder?- Kamui no se había perdido ni uno de los gestos de Kyo.

 

- Esto.- Kyo encendió unas llamas escarlatas en su mano derecha y redujo el mensaje a cenizas.