por Paris Artreides

 

 

Cap 13 :Ojos Violetas.

 

 

Ryu gruñó enfadado cuando Iori, con agilidad, hizo una veloz finta y encestó nuevamente de forma soberbia. Iori levantó los brazos sonriendo y sus dedos formaron unas uves de victoria.

 

- Iori vuelve a anotar dos puntos.- su voz adoptó de el tono de un locutor de radio.- su primo Ryu no tiene mas remedio que asumir su total derrota.

 

Ryu cogió la pelota de baloncesto entre sus manos, jadeaba, Iori y él llevaba cerca de una hora y media jugando a pleno rendimiento. Aunque se había pasado el día entrenado en la sala del clan junto sus padres, ambos con catorce años edad tenían energía mas que suficiente para después jugar un partido de baloncesto

.

Ryu e Iori se parecía mucho, no sólo físicamente con ese cabellos rojos y los cuerpos altos y esbeltos, sino también en el carácter presuntuoso y altivo, parecían que habían heredado todos los elementos para ser el orgullo de la próxima generación de la familia Yagami, con la sutil y molesta excepción de que Iori tenía un gen rebelde, algo en su carácter que le impedía obedecer las ordenes, a Iori no le gustaba encajar en los esquemas prefijados, sobre todo cuando no le habían pedido su opinión la respecto. Ryu había visto mas de una vez señales de violencia en le cuerpo de Iori, heridas que no se hacía durante el entrenamiento, sabía que eran fruto del intento del padre de Iori de someterlo, pero al juzgar por el promedio de moretones que Iori lucía cada semana Ryu pensaba que era una empresa abocada al fracaso. Ryu sabía que Iori no eran de los se rendían.

 

- Quiero una revancha.- Ryu botó la pelota de manera provocadora.

 

Iori ladeó la cabeza y sonrió abiertamente, pocos eran los que tenían el privilegio de ver
esa sonrisa.

 

- Vamos, Ryu.- Iori sacudió la mano con gesto despectivo.- los dos sabemos que hasta las viejecitas del clan jugarían mejor que tú. Darte la revancha sería una pérdida de tiempo. Mejor asume tu fracaso con dignidad.

 

Ryu frunció el ceño con un enfado fingido.- ¡¿Cómo te atreves?! Yo te cerraré esa bocaza.- lanzó el balón con fuerza contra el rostro burlón de Iori, éste lo esquivó con una asombrosa velocidad. El balón se perdió entre los arbustos levantando una lluvia de hojas su paso.

- Vaya, mira lo que has hecho.- Iori miró en la dirección en que se había perdido la pelota.- Y encima está anocheciendo, harías bien en ir a buscarla.

 

Ryu emitió un suspiro de fastidio.- ¡Maldita sea! -Se adentró entre los enormes arbustos que formaban parte del grandioso jardín que cubría los terrenos de la mansión. No le fue difícil hallar la pista seguida por la pelota porque había formado unos agujeros en cada uno de los ornamentales arbustos que había traspasado. “Sé de un jardinero que mañana se va a acordar de mÍ”. Caminó unos dos minutos hasta que sus pasos lo llevaron a un enorme terreno abierto que estaba lleno de muñecos de entrenamiento y una pista de obstáculos.

 

Ryu inspeccionó el lugar bajo la escasa luz del ocaso, sus ojos captaron el brillo que producían las estrellas de ninja inescrutadas en la madera de los diferentes muñecos de adiestramiento. “Así que esto es la zona de preparación de los ninjas del clan. Nunca la había visto” giró la cabeza de un lado a otro “¿pero dónde diablos está la pelota?”.

 

Un sonido captó su atención, era el sonido que hace un balón a ser botado, sus ojos buscaron por aquel terreno hasta que dieron con una solitaria figura. Se acercó silenciosamente, pudo comprobar que se trataba un muchacho que parecía tener su misma edad, iba vestido con unos ropajes negros y andrajosos que lo señalaban como sirviente y aprendiz de ninja.

 

-¡Eh, devuélveme la pelota!- el tono de Ryu no tenía nada de agradable ni de educado, había aprendido de su padre que a los subordinados del clan no se les pedía nada, siempre se les ordenaba.

 

Ante la brusca increpación el muchacho levantó la mirada, unos increíbles ojos violetas se prendieron en Ryu, este sintió un extraño sentimiento de reconocimiento. “Yo he visto esos ojos antes”, pero su memoria no le dejaba concretar dónde.

 

El muchacho siguió botando la pelota insultantemente, la pasó por su espalda, entre las piernas y, finalmente, la puso sobre el índice de su mano derecha dónde dio vueltas sobre su propio eje. Todos los movimientos  habían sido ejecutados con precisión y elegancia. Ruy se sintió impresionado y a la  vez molesto.

 

- ¿Es que estás sordo?- avanzó un paso.- He dicho que me la des.

 

- Quítamela.- el chico sonrió.- Si puedes.

 

 

Ryu no esperó más y se abalanzó sobre él, pero el chico le esquivó riéndose y botando diestramente la pelota. Durante unos minutos Ruy y le desconocido aprendiz de ninja se enzarzaron en un combate por conseguir la pelota, pero para le pelirrojo era algo imposible, era como intentar atrapar una sombra, una sombra burlona. Cuando ya Ryu, frustrado y enfadado, se disponía a lanzar un ataque de fuego púrpura….una risa sonó en el perfumado aire del ocaso.

 

- Jajajajajajajaja.- la carcajada de Iori era limpia y clara, sus notas rebotaron por toda la explanada, interrumpiendo el duelo de los dos chicos.- Vaya, vaya. Ryu necesitas mucho más entrenamiento, pero mucho más.

 

Ryu se quedo inmóvil, jadeando de cansancio, se inclinó y puso sus manos sobre las rodillas en un intento de recuperar el aliento, miró de reojo a su anónimo rival y comprobó que este ni siquiera sudaba.
El otro chico seguía botando la pelota, sus labios habían embozado una sonrisa de victoria que hacían su rostro fuera, aún, más atractivo. Ryu se irguió y extendió una mano.

 

- Devuélvemela.- su tono era mortalmente serio, sus ojos estaban sombríos, el juego ya no le parecía divertido.

 

Los ojos violetas cambiaron de tono, se volvieron más oscuros, las arqueadas cejas se unieron sobre el puente de la nariz.- ¿Y si no quiero?- el chico agarró la pelota con una mano y la levantó.- ¿Qué harás?.

 

Ryu no iba a responder precisamente con palabras, su irritación había crecido hasta el punto de que creía que aquél descarado se merecía una lección que lo pusiera en su lugar, que le hiciera recordar su posición de sirviente dentro del clan Yagami, cuando comenzó a invocar su poder una súbita sombra se materializó al lado del aprendiz de ninja y lo golpeó con una fuerza terrorífica. La pelota salió en un amplio arco y botó para perderse de vista nuevamente. Ryu y Iori observaron como un hombre vestido con ondeantes túnicas negras golpeaba una y otra vez el rostro del muchacho que no hizo gesto alguno para defenderse, el hombre paró en el momento en que el chico se había arrodillado en el suelo.

 

- Eres la vergüenza de los ninjas del clan,  Kamui.- le increpó rudamente.-  ¿Cómo te atreves a tomas esas confianzas con tus amos?

 

Ryu comprendió que aquel hombre debía de ser uno de los maestros de los ninjas, y ahora sabía el nombre de su contrincante; Kamui.

 

El maestro se dispuso a castigarlo otra vez, ante la evidente falta de arrepentimiento de Kamui.

 

- ¡Basta!- Iori se había adelantado y detenido la mano del maestro.- Este aprendiz estaba a punto de jurarme pleitesía, si hay alguien que tiene derecho a golpearlo cuando comete una incorrección; soy yo.

 

El maestro se detuvo sorprendido, bajo la mano y miró a Kamui que se había quedado inmóvil, su cabeza inclinada y su rostro cubierto por los negros cabellos, después de un breve estremecimiento de sus delgados hombros, se arrastró de rodillas y se puso a los pies de Iori.

 

- Yo Kamui juro fidelidad a la familia…- comenzó a balbucear.

 

- No.- la voz de Iori sonó como el chasquido de un látigo que sobresaltó a Kamui, el pelirrojo extendió su mano derecha y embozó una sonrisa draconiana.- No jures fidelidad a la familia, júrame fidelidad a mí.

 

“Muy propio de Iori”, Ryu se sentía bastante incómodo por aquel gesto abiertamente despreciativo hacia el clan, observó con asombro como Kamui levantó la cabeza para mirar de frente a Iori, su rostro estaba cubierto de sangre que goteaba por su barbilla y sus labios rotos dibujaron una dolorosa sonrisa. Cogió la mano de Iori entre las suyas.

 

- Yo Kamui juro fidelidad a Iori, hasta que emita el último suspiro.- y continuación beso la mano de Iori.

 

Iori asintió con solemnidad, se inclinó hasta que su rostro quedó a unos centímetros de del de Kamui, cogió con delicadeza el fino rostro entre sus manos.

 

- Y yo Iori prometo corresponder a esa fidelidad.- y besó suave y brevemente la boca de Kamui.

 

Era el juramento de fidelidad más personal, antiformal e íntimo que Ryu había tenido ocasión de contemplar, “Iori lo hace todo a su manera”.

 

- Te trasladaras al pequeño cobertizo que hay en el jardín oeste.- Iori de había erguido.- Mañana comenzaras tus entrenamientos con le maestro que yo designe.- Iori clavó sus ardientes ojos en el anonado maestro.- Buenas tardes. Vamos,  Ryu.

 

Se giró y comenzó a caminar con amplias zancadas, Ryu tuvo que correr para ponerse a su altura, pronto perdieron de vista la explanada. Durante unos minutos no se dirigieron ni una palabra, pero la curiosidad de Ryu necesitaba ser satisfecha lo más pronto posible, agarró el antebrazo de su primo para detenerle.

 

- ¿Por qué todo ese teatro por un simple sirviente?- preguntó con molestia.

 

Iori lo miró ligeramente sorprendido.- ¿No lo reconociste?

 

Ryu se quedó en blanco.- ¿A quién, a ese chico?

 

Iori asintió, frunció el ceño.- Desde que entré en le claro y vi. aquellos ojos violetas supe de inmediato que era Kamui. Él sí te reconoció a ti, por eso bromeó un rato contigo, seguramente pensó que sabías quién era.

 

Ryu tuvo un flash en su memoria, unas pupilas violetas inundaron sus recuerdos.- Era aquel niño que jugaba todos los días con nosotros cuando éramos pequeños, hasta hace dos años. Éramos amigos.

 

- Sí.- Iori reprendió la marcha.- Quizás sientas que debes disculparte con él.

 

Era cierto, Ryu tenía unos remordimientos terribles por lo que había pasado en el claro, casi no podía creer que no hubiera reconocido a Kamui, cuando hubo un tiempo en que eran uña y carne, pero también lo condicionaba su orgullo y su educación.

 

- No veo la razón de perdiere disculpas, después de todo no es mas que un sirviente del clan y de rango inferior por añadidura.- comentó con desprecio.

 

Repentinamente se encontró agarrado por el cuello de blusa, Iori lo elevó con facilidad del suelo y lo estampó sin miramiento contra la cortaza de un árbol, acercó su cara a la de su primo, sus ojos relucían con una furia mal contenida.

 

- Kamui es algo más que un sirviente, fue tu amigo.- el susurró de Iori se clavó en el pecho de Ryu.- Sinceramente, Ryu, no puedo creer que de verdad te hayas tragado toda esa mierda que nos cuentas nuestros padres sobre el clan y las jerarquías. Creía que eras mejor.- sus manos soltaron a Ryu que se deslizó hasta quedar totalmente apoyado en tronco y unos centímetros por debajo de Iori. Se llevó la mano al cuello, no podía mirar de frente a Iori.

 

- Siento si soy decepcionante.- Ryu se levantó con esfuerzo, pasó la lado de Iori lentamente, el pelirrojo lo agarró con suavidad, y tiró de él para abrazarlo.

 

El cuerpo de Iori era cálido y firme, Ryu levantó a la vez sus brazos para corresponderle.

 

- Te quiero, Ryu.- el aliento de Iori aleteó dentro del oído de Ryu.- No quiero pensar, ni por un momento, que te pareces a ellos.

 

Ryu se sintió profundamente emocionado, su rostro se enterró en el pecho de Iori.- Yo  también te quiero, Iori. Y no soy como ellos.

 

Kamui miró las paredes de su nuevo hogar, en verdad le cobertizo no era muy amplio pero por lo menos estaba bien construido y tenía su propio cuarto de baño, una cocinilla y un sitio dónde poner su futón. Estaba rodeado de frondosos árboles y las enredaderas de habían fundido con los viejos tablones de madera oscura. Kamui dejó sus cosas (que no era muchas) y se sentó en el futón, ya había anochecido y se oían como los grillos empezaban a entonar sus canciones de amor.

 

Se tendió y clavó su vista en el techo, el día había tenido un final inesperado, Iori le había hecho prometerle fidelidad, su maestro lo había golpeado con saña y Ryu no lo había reconocido, aquello si le había dolido, él supo de inmediato quiñen era en cuanto lo vio, sus ojos ámbar lo habían delatado. Se escucho unos educados toques en la puerta, Kamui se incorporó asombrado, no esperaba visitas.

 

Caminó silenciosamente hasta la puerta, “debe ser Iori”, y abrió.

 

- Buenas noches.- saludó Ryu desde el umbral.

 

Kamui se quedó helado en su sitio, a la última persona que esperaba ver era al pelirrojo, todavía se resentía del trato que éste le había dado por la tarde.

 

- Buenas noches, amo.- entonó Kamui con rigidez.

 

Ryu frunció el ceño ante la gelidez del tono empleado.- ¿Puedo pasar?.

 

- ¿Cómo iba yo, un pobre sirviente, negarte la entrada?

- ¡Ay!- Ruy intuyó que aquello iba a ser más difícil de lo que había supuesto en un principio.

 

Entró y echó un vistazo al reducido cubículo, Kamui cerró la puerta tras él. Ryu se arrodilló al lado del futón y colocó una bolsa blanca cerca de él. Levantó la vista.

 

- Siéntate en le futón.- sonrió.- por favor.

 

Kamui se acercó con curiosidad, se sentó con las piernas cruzadas frente a Ryu, que se había inclinado y sacado un pequeño tarro de cerámica de la bolsa.

 

- Es un ungüento, para tus heridas.- lo abrió y un perfume a rosas inundó la habitación, Ryu deslizó un dedo por la crema de pálido color rosa y con toda clase cuidados comenzó a esparcirlo por las heridas de la cara de Kamui. Sus ojos no se separaron en los veinte minutos en los cuales Ryu aplica el ungüento, veinte minutos sin intercambiar palabra, veinte minutos en que sus respiraciones chocaron.

 

- He terminado.- Ryu cerró el tarro.

 

- No me reconociste.

 

- No.

 

- Yo sí te reconocí.

 

- Lo sé.

 

- Prometiste que no me olvidarías.- añadió Kamui.- cuando me obligaron a entrar en la escuela de ninjas.

 

Ryu asintió con la cabeza.- Es cierto, pero éramos niños.- hurgó en la bolsa otra vez.- sacó unos platos cerrados, levantó las tapas y un belicoso aroma se elevó de ellos.- Perdóname, Kamui.

 

Kamui miró la deliciosa cena y a continuación el rostro de Ryu, sabía que el pelirrojo le costaba horrores pedir disculpas por algo. Y él no quería peder esta oportunidad de volver a recuperar la amistad que de antaño compartió con Ryu.

 

- Te perdono.

 

Ryu sonrió y siguiendo un impulso que no pudo explicar abrazó a Kamui, le pelinegro se quedó rígido por la sorpresa, pero después levantó los brazos y rodeo a su vez el fuerte cuerpo de Ryu.

 

- Estás muy delgado Kami.- susurró Ryu, Kamui emitió una suave risa.

 

- ¿Todavía te acuerdas?.

 

- ¿Cómo voy al olvidarlo?, cuando me dijiste por primera vez tu nombre no lo pronuncié bien y te llamé Kami.

 

- Después supiste pronunciarlo mejor, pero aún así seguías llamándome Kami.

 

Ryu se separó con suavidad, levantó unos dedos y repasó los labios de Kamui.- Porque para mí era especial.