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Cap 12: Sin latido.
“Todo el sabor,
todo el perfume,
todo lo que ansío,
todos los mares
sólo deseo navegarlos contigo.
Todo sin más
la eternidad también la pido
vida o castigo
solo deseo tenerla contigo,
vida o castigo,
sólo deseo morirme contigo”
(Contigo. Rosana Arbelo)
Kyo solo veía oscuridad, respiraba oscuridad, saboreaba la oscuridad. Oscuridad en la que se había sumido voluntariamente, desde que había sentido como Iori se estaba muriendo entre su brazos, debajo de la nieve, al lado de los retos ardientes del coche y del cadáver medio calcinado del chofer. Pero Iori no había muerto, la ayuda llegó a los veinte minutos en forma de ambulancias, coches de policía y un caos de personas que engulleron como una marea a Iori y a él.
No habían llevado a Iori a un hospital, sino que bajo las fuerte influencias ejercidas por el clan Yagami, habían trasladado el roto cuerpo del pelirrojo a la mansión de la familia Yagami, si Kyo no se hubiera encontrado tan trastornado se hubiera asustado al ver al extremo que llegaban las influencias del clan Yagami, al punto de silenciar, incluso, a la policía.
En la mansión, Iori, había sido atendido por una tropa de médicos y Kyo lo habían sedado porque, en principio, se había negado rotundamente a que no llevaran a Iori al hospital, fue necesario quince ninjas para someterlo, cuando entre gritos de furia Kyo había amenazado con quemar hasta los cimientos de la mansión Yagami. Fue el propio Seneka, entre lágrimas que surcaban su vieja y curtida piel, el que aplicó la inyección con el calmante en el brazo de Kyo. Mientras Kyo le escupía, totalmente fuera de si, a la cara. Antes de perder la conciencia, unas traicioneras lágrimas rodaron por sus mejillas y de sus labios agrietados escapaba como una súplica el nombre de Iori. Seneka acarició aquel apuesto rostro, desencajado por el sufrimiento, y ordenó que trasladasen con todas clases de cuidados al dormitorio de Iori.
Desde ese momento solo oscuridad, solo dolor. Kyo se encontraba, nuevamente, perdido sin Iori.
Seneka, se inclinó, con suavidad comprobó que el suero entraba por la venas de Iori, sus ojos repasaron el monitor que registraba los latidos y suspiró con alivio, el corazón del líder del clan Yagami, afortunadamente, era fuerte. Seneka miró la figura postrada, el cuerpo de Iori estaba cubierto de vendajes, Seneka contaba mentalmente, mientras meneaba apenado la cabeza; “Una pierna rota, una muñeca rota, cuatro costillas rotas, los hombros dislocados y la lesión cerebral”, los ojos de Seneka se inundaron de lágrimas, la lesión cerebral había sumido a Iori en el estado de coma. Iori, en ese mismo momento, no se encontraba del todo en el mundo donde laten los corazones, en cierto modo, Iori, estaba sin latido.
Seneka cogió una de las manos de su señor, se inclinó y la besó con suavidad, un gemido largo escapó de su garganta. Un gemido de dolor, muy parecido al que entona las plañideras en un entierro.
- No es necesario que gimas así, Seneka. Aún no está muerto.- comentó una suave voz masculina.
Seneka paró de gemir, depositó la mano de Iori en el futón y se giró con una rígida solemnidad. Sus ojos se enfocaron en las sombras que envolvían el cuarto.
- Me alegra saber que ya ha llegado Kamui san.
Gradualmente, entre la oscuridad que proyectaban las columnas de la habitación, fue materializándose una alta y esbelta figura, su aparente fragilidad no llegaba a ocultar del todo su enorme fuerza. Era un hombre joven de unos veinte años, de rostro hermoso, extraños ojos violetas, cabellos negros y labios que embozaban una mueca insolente. Iba vestido de los pies a la cabeza de negro, y cada uno de sus flexibles y medidos movimientos lo señalaban como ninja.
Llegó a la altura de Seneka, se inclinó con respeto y a continuación tomo asiento. Sus pupilas púrpuras examinaron el pálido rostro de Iori.
- ¿Qué han dicho los médicos?- su voz era fría, y su rostro no dejaba entrever ningún tipo de emoción.
- Está grave, pero dentro la gravedad está estable. ¿Has averiguado quién intentó asesinarlo?
- No.- Kamui frunció el ceño.- demasiado pronto. Es evidente que fue alguien de la familia, tú mismo me dijiste que el Kusanagi había dicho que hubo una deflagración púrpura. Pero son muchos los miembros de la familia no están de acuerdo con la política de Iori, sobre todo lo que concierne a la familia Kusanagi. La lista de posibles asesinos es larga. Por cierto, ¿qué tal se encuentra nuestro joven invitado?
- Kyo, se encuentra sedado. Prácticamente estaba en estado de shock cuando llegamos, tuvimos que quitarle a la fuerza el cuerpo de Iori, se negaba a dejarlo ir. Está muy débil y tiene un brazo herido.
- Cualquiera lo diría.-Kamui emitió una suave risa.- puso fuera de combate a quince de mis ninjas antes de que pudieran someterlo, menudo carácter.
- Sí.- Seneka embozó una sonrisa cansada.- quizás es eso lo que le gusta a Iori de él.
Antes de que Kamui pudiera responder se oyó un fuerte chirrido de neumáticos, ruido de motores y voces. Kamui se levantó rápidamente y como una exhalación llegó hasta las ventanas, se asomó para contemplar un grupo de figuras que se movían en la entrada principal de la mansión. Reconoció a una.
- ¡Mierda!- Kamui comenzó a correr hacia la puerta.
Seneka lo observaba asustado.- ¡¿Qué ocurre?!
- Problemas.- Kamui salió como una veloz sombra por el umbral de la puerta, y a pesar de que corría no hacía ningún ruido.
Kyo abrió los ojos lentamente, la vista que se rebeló de la habitación era nublada e imprecisa. Un sabor amargo le inundaba toda la boca y sus músculos estaban totalmente rígidos, a su mente fueron llegando a todos los últimos acontecimientos, y como un navajazo llegó el momento de la explosión, del dolor y del cuerpo frío de Iori. Los ojos de Kyo se llenaron de lágrimas.
- Iori.- susurró. Hizo un mago de levantarse pero un dolor desgarrador surcó todo su brazo derecho, emitió un grito desgarrador y se dejó caer entre las sabanas. Su cara de perló de sudor.
- No deberías esforzarte, tu cuerpo está muy débil.
Kyo se sobresaltó, el timbre, el tono, la fría burla que ribeteaba aquella conocida voz.
-¡Iori!- exclamó con alegría, mientras intentaba localizar al pelirrojo en la penumbra de la habitación.
- No, por desgracia para ti, no.- una risa gélida surcó el aire, Kyo sintió como se le paraba el corazón al vislumbrar la nota de crueldad que coloreaba aquella muestra de fingida hilaridad.
Una luz se encendió, Kyo giró la cabeza hacía la derecha, una lámpara de a píe estaba encendida y arrojaba luz sobre un sillón que estaba cerca de ella. El sillón estaba ocupado por una figura, Kyo sólo veía hasta donde llegaba la luz, lo único visible eran unas pálidas manos que reposaban sobre los antebrazos del asiento y el brillo de la cara fibra del elegante traje que envolvía aquella enigmática figura.
- ¿Quién eres?- Kyo sintió frío, se arrebujo en su kimono blanco, su mano se cerró con fuerza sobre la tela del pecho, como si intentara protegerse de un ataque invisible.
La figura se inclinó, con elegancia, para permitir que la luz bañara su rostro. Kyo emitió un jadeo de sorpresa. Aquel hombre se parecía increíblemente a Iori, tenía una larga cabellera roja pero mientras que le pelo de Iori era rojo fuego el del extraño era del tono de la sangre coagulada, su rostro era fino, de cejas altivas y sus ojos tenían la tonalidad del ámbar. Una afilada sonrisa colgaba en sus labios, Kyo se estremeció interiormente, todos sus instintos le gritaban; “Peligro”.
- Soy Ryu Yagami, primo hermano de Iori.- se levantó con un movimiento fluido, ni siquiera el caro traje que lo cubría podía esconder su apretada musculatura, aquel cuerpo y su aura gritaban de manera incontenible para los aguzados sentidos de Kyo, aquellos sentidos que le decían cuando se encontraba frente a un guerrero. Ryu vestía como un hombre de negocios pero ni siquiera la firma más exclusiva de ropa podía esconder su naturaleza de combatiente, su naturaleza de depredador.
Ryu se acercó hasta la cama y examinó desde la altura a Kyo, sus ojos lo sondearon implacablemente, se detuvieron en la fina línea que dibujaba la clavícula de Kyo, la piel pálida, el rostro ovalado, los ojos grandes y desafiantes.
- Y tú eres Kyo Kusanagi.- tomo asiento a su lado, apoyó su brazo en la cabecera y acortó el espacio entre ellos dos, se miraron directamente a los ojos.- ¿y sabes cuál es tu estatus en esta casa?
Kyo se sintió aturdido con aquella pregunta, no hacía ni cinco horas que se besaba con Iori, que se convertían en amantes, de pronto todo se había esfumado en un estallido de fuego y allí estaba aquel odioso personaje preguntándole cuál era su lugar en la mansión Yagami. Apretó los labios y bajó la cabeza, estaba demasiado cansado y dolorido como para buscar una respuesta mordaz.
Ryu estuvo atento a cada uno de sus movimientos, su dedos se alzaron y con un rápido movimiento cogieron el mentón de Kyo, éste en una acto reflejo cerro sus manos sobre las muñecas de Ryu en un intento de deshacerse de su agarre, pero en su actual estado no era rival para la fuerza de aquel pelirrojo. Ryu al rostro inmovilizado, por la fuerza, de Kyo. Podía sentir como el castaño temblaba en el intento inútil de resistírsele.
- Eres un objeto.- su voz tenía el filo de una navaja.- un botín de guerra, la carne que pagó el clan Kusanagi por una ficticia paz. Eres propiedad de los Yagamis, y tal como se específico en el acuerdo que firmó tu padre perteneces a líder del clan Yagami, eres un símbolo de poder.-se pasó la lengua por los labios.- un símbolo muy hermoso debo añadir. Y quizás dentro de muy poco seas mío.
Kyo pudo sentir como una oleada de náuseas le acometían, un mareo que subía desde la boca de su estómago e invadía como una marea ardiente toda su cabeza. Todo aquello era demasiado irreal, demasiado cruel y no podía asimilarlo en unos segundos. ¡¿Cómo podía asimilar que la felicidad que creía haber encontrado con Iori hubiera desaparecido por completo?! Kyo se desmayó.
Pero antes de que su cabeza golpeará la cabecera, Ryu rodeo con sus brazos el cuerpo desmadejado por la inconciencia, Kyo parecía que no pesaba nada. Ryu se maravilló de lo delicado que parecía aquel cuerpo, apenas podía creer que aquel muchacho fuera el temible Kyo Kusanagi.
- Serás mío, Kyo Kusanagi.- se inclinó, su boca se acercó a los labios entreabiertos por la respiración dificultosa de Kyo, saboreó su ardiente aliento. Cuando se disponía a besarlo la puerta del dormitorio de abrió de par en par.
- No se toca lo que no es de uno.- Kamui se erguía en el umbral, sus ojos violetas fulguraban incluso con la escasa luz de la habitación. En su mano brillaba su espada corta.- Suéltalo.
Ryu dejó con cuidado a Kyo, se irguió lentamente y avanzó hasta quedar separado un metro de Kamui. Se escrutaron mutuamente, palpándose, midiéndose, como dos samurais que se disponen a desenvainar.
- Kamui.- el tono de Ryu era divertido, pero incluso en su burla había un cierto respeto, Kamui tenía una reputación temible.- Con los años te vuelves más insolente, deberías dirigirte hacía mí con más respeto.
- El respeto es algo que uno debe ganarse Ryu, lo sabes bien. Y por ahora yo sólo obedezco al líder del clan y ese líder es Iori. Y Kyo, por tanto, le pertenece a él. Es Iori el único que tiene derecho a ponerle las manos encima.
Ryu sonrió, levantó su mano derecha que prendió, súbitamente, en una llamarada púrpura.
-¿Enfrentarías tu kasumigiri (NA: significa cuchillada borrosa, es la técnica secreta de Kamui) a mis llamas?
Kamui no respondió, se limitó a adoptar una postura de combate. Sus músculos se tensaron, preparados para obedecer cualquier orden de combate. Ryu entrecerró los ojos y avanzó un paso…..
- ¡YA BASTA!- Seneka entró jadeante en la habitación y se interpuso entre los dos.- La habitación de Iori sama no se convertirá en un campo de batalla.- se giró hacía Kamui.- envaina tu espada.- ordenó rudamente, a continuación se enfrentó a Ryu.- Iori aún no ha muerto, por tanto no tienes derecho a reclamar nada. Yo actúo en su nombre, como administrador hasta que el consejo de ancianos del clan se reúna. ¿Quieres desafiar la tradición y al consejo de ancianos, Ryu sama?- dejó colgando la pregunta en el aire.
Ryu estudió la ajada cara de Seneka, sonrió y apagó las llamas con un pensamiento.- No, esperaré.- se encaminó hacía la puerta, se paró un momento al lado de Kamui y le susurró.- Siempre me han gustado tus ojos, hacen juego con mis llamas.- a continuación abandonó con garbo el dormitorio.
Seneka se dirigió a la cama y cubrió el cuerpo de Kyo con la manta, Kamui también se acercó y examinó a Kyo con curiosidad, aunque su mente estaba en otro sitio.
- ¿Cómo puede cambiar tanto una persona?
Seneka se sobresaltó por la pregunta.- ¿Qué?
- Conozco a Ryu desde que los dos teníamos cinco años, jugamos juntos y crecimos juntos, corriendo por los jardines de la mansión.- Kamui miró con nostalgia los copos de nieve que caían afuera.- Y ahora………- Kamui inclinó la cabeza, como si sintiera una punzada de dolor.- Es mi enemigo.- susurró.
Seneka apretó los labios, no tenía respuesta para Kamui, él también había visto crecer a Ryu. Él e Iori eran como hermanos. Pero todo había cambiado desde le regreso del padre de Ryu, muchas cosas había cambiado….a peor.
- Me quedaré esta noche velando por él.- se ofreció Kamui, tomó asiento en el mismo sillón que había ocupado Ryu.- Mejor vete tu con Iori e intenta descansar un poco.
Seneka asintió y con paso cansado se dirigió hacía la salida, volteó la cabeza para mirar hacía atrás. Kamui cerca de Kyo, atento, vigilante, como un ángel guardián, y Kyo pálido e indefenso entre las sábanas, demasiado quieto, herido, casi sin latido.