por Paris Artreides

 

 

Cap 11: Nieve roja.

“Porque nada valgo porque nada tengo si no tengo lo mejor .
Tu amor y compañía en mi corazón
Ven amor...


Me siento débil cuando estoy sin ti
Y me hago fuerte cuando estas aquí
Sin ti yo ya no se que es vivir
Mi vida es un túnel sin tu luz
Quiero pasar mas tiempo junto a ti
Recuperar las noches que perdí
Vence el miedo inmenso de morir
Y ser eterno junto a ti”

(Nada valgo sin tu amor. Juanes).

 

Iori y Kyo parecían incapaces de despegarse, cada esquina, cada sombra, era un lugar adecuado para que Iori cogiera entre sus brazos a Kyo y le robara fogosos besos. Ambos no podían evitar que sus manos recorriera el cuerpo del otro, buscando las zonas sensibles incansablemente, solo para ver como su pareja se mordía los labios para evitar un gemido. Iori y Kyo había desplazado su rival, su lucha, a otro terreno mas placentero, en el cuál la victoria era para quién lograba que otro jadeara de deseo primero.

Ya estaban casi a la entrada del local, cuando Kyo pasó su brazo por estrecha cintura de Iori y le susurró al oído.- Mmm, dime Yagami cuanto te poseeré yo a ti.

Iori giró el cabeza, sorprendido, por la osadía de Kyo. Sus pupilas se dilataron la trabar contacto con los labios entreabiertos de Kyo, entre los cuales se podía ver aletear su inquieta lengua, aquella lengua que era capaz de arrancarle gritos de placer.

Soltó una carcajada alta y larga, a continuación respondió mientras le hacía un guiño.- Kusanagi, sólo te dejaré poseerme cuando seas capaz de vencerme en un combate, o sea, nunca.

Kyo se retiró ofendido por la sonrisa presuntuosa del pelirrojo, pero no fue demasiado lejos porque Iori lo sujetó firmemente por un brazo, lo atrajo y le sujetó la barbilla para poder bucear en sus ojos.- No seas crío Kyo.- y lo besó largamente, al principio Kyo opuso cierta resistencia pero al notar como su boca era abierta por la lengua del pelirrojo, se limitó a dejarse arrastrar por la ola de calor que abrasaba todo su cuerpo, sus brazos rodearon el cuello de Iori.

 

- Por el amor de Dios, que esto es un lugar público.- la voz de Akira sonó inmensamente divertida en el aire helado.

Kyo se soltó, y se sonrojó al ver como Shingo y Benimaru le miraban con la boca abierta, como si no pudieran creer lo que acababan de ver. Iori ni siquiera se inmutó, de hecho, pasó posesivamente su brazo por la cintura de Kyo para atraerlo a su lado, en un gesto íntimo y personal.

 

- ¿Estás cansado de vivir, Akira?- sus ojos escarlatas taladraron al peliverde.- Yo beso donde quiero y cuando quiero.

- Ajá, pero no puedes restregar esa pasión la gente, Iori.- sonrió.- no todo el mundo puede gozar de ese tipo de relaciones tan fogosas, despertáis envidia.

 

Benimaru emitió una tosecilla educada.- Bueno, Shingo y yo nos marchamos ya.- ambos se acercaron a Kyo, Shingo con algo de reticencia puesto que Iori le intimidaba.- Espero que nos veamos muy pronto.

Kyo se adelantó y rodeó los hombros de sus amigos, se estrecharon en un abrazo.

- No sabéis lo que ha significado para mí veros de nuevo.- la voz de Kyo era emocionada.

- ¿Estarás bien?- preguntó, con preocupación, Shingo mientras miraba de reojo al pelirrojo.

- Sí.- Kyo no vaciló.

- Kyo, tú e Iori sois muy parecidos en ciertos aspectos.- Benimaru sonrió con tristeza.- ten cuidado con el orgullo, es un mal consejero en el amor.

Kyo no supo que responder a aquel consejo, en cambió volvió a abrazarlos, sintiendo como sus ojos comenzaban a arder.- ¡Iros de una vez, que me estoy emocionando!- los empujó suavemente.

Benimaru rió por la estampa cursi que habían ofrecido, cogió la mano de Shingo y levantó la otra a modo de despedida.- Adiós Iori, encantado de haberte conocido Akira.- se dieron la vuelta y comenzaron a caminar debajo de la nieve.

Iori se acercó a Kyo que se había quedado inmóvil, viendo como sus amigos se perdían en la calle nevada.- ¿Nos vamos?

- Sí.- Kyo se giró, sus puños se restregaron furiosamente contra sus ojos para quitar las lágrimas que se acumulaban bajo sus pestañas.

- Bueno, yo me quedaré un rato más.- Akira se paso su mano por el largo y escandaloso pelo.- Buenas noches Iori, buenas noches Kyo. No os agotéis esta noche.- estrechó las manos de ambos, haciendo caso omiso a mirada asesina de Iori. Y entró nuevamente en el local.

Iori sacó su celular del bolsillo, marcó un número e inmediatamente su voz adquirió ese tono frío y autoritario que lo caracterizaba.- Sí, quiero que nos recoja. Delante de la puerta del local “El cielo”. Rápido.- colgó y miró a Kyo, le sonrió. Una sonrisa que hacía que su rostro se viera incluso más tractivo, era una sonrisa peligrosa y sensual. Kyo amaba esa sonrisa.

 

 

En el coche, no pudieron mantenerse indiferentes el uno al otro, aprovecharon la intimidad del asiento trasero para quitarse las camisas e Iori torturaba con sus labios los pezones de Kyo, sus jadeos eran ahogados por la tormenta de nieva que rugía a ambos lados. La manos de Kyo estaban enredadas en el pelo de Iori, que sonreía al sentir como Kyo emitía pequeños gemidos al notar la lengua de Iori saborear su epidermis., los dedos del pelirrojo bajaron hasta el pantalón vaquero de Kyo, lo desaprovechó y bajo la cremallera,, Sus dedos se introdujeron diestramente, Kyo se arqueó al notar como Iori agarraba su pene y lo sacaba de sus calzoncillos para exponerlo a la vista.

Iori Bajó dejando un rastro húmedo con la lengua, depositó su punta sobre le humedecido miembro de Kyo y lo lamió con lentitud. Kyo se llevó un puño a la boca para evitar un gemido largo y profundo que se acumulaba en su garganta. Iori no se conformó, bajó un poco más los pantalones de Kyo para tener mejor acceso a su pene, su lengua lo recorrió de arriba abajo, notando como todo el miembro se erguía pulsante y como de su propia entrepierna emitía una oleada caliente. Abrió la boca y se introdujo totalmente el pene de Kyo, empezó a chuparlo con fruición. Kyo sollozó al sentir aquella cálida cavidad rodearlo completamente, aquello proporcionaba un placer enloquecedor.

- ¡Díos mío!, Iori. Te necesito.

- ¿Qué necesitas Kusanagi?- Iori se detuvo y lo miró. Su mano cogió aquel húmedo miembro y lo masturbó.

- Aaahh, maldito bastardo. ¿Me obligarás a pedírtelo?- los ojos de Kyo estaban cerrados, al no oír contestación, inspiró.- Quiero que me fo…

Iori no le dejo terminar, porque lo giró violentamente, le bajó los pantalones hasta los muslos, se oyó el sonido de otra cremallera bajándose. Kyo, con la cara apoya sobre la mullida tapicería del asiento, pudo sentir como el endurecido y goteante miembro de Iori se introducía entre sus nalgas, buscando su entrada. El pene de Iori empapó el ano de Kyo, restregándose.

- Ahh, Iori.- el jadeo Kyo fue la señal que buscaba Iori, éste empujo bruscamente, enterrándose por completo dentro. Kyo mordió el asiento para evitar un grito de placer, al sentir como Iori había llegado hasta su próstata. El pelirrojo volvió a embestir con fuerza, cada vez más rápido, dejando que sus testículos golpearan con los glúteos de Kyo, sus manos estaban apoyadas en las caderas de Kyo, las agarró y cada vez que empujaba las atraía con sus manos, todo adquirió un ritmo enloquecedor.

- Aaaah, Iori me voy a correr.

Iori se detuvo un momento, sacó parte de su pone, para después enterrarse con una fuerte embestida, su ritmo fue aún más rápido. Ambos llegaron a un colosal orgasmo al mismo tiempo.- AAAhhh.

Iori se derrumbó sobre Kyo, exhausto, sus respiración jadeante chocaba contra el cuello de Kyo. Se quedaron unos minutos inmóviles, sin posibilidad de moverse. Iori suspiró, se levantó con cuidado y depositó un beso en la nuca de Kyo.

Kyo sonrió por aquel cariñoso gesto, también se irguió para sentarse y observar con gesto culpable la mancha blanca de su propio semen, que se esparcía por el asiento.

- Parecemos animales en celo.- rió Kyo, mientras cogía un pañuelo que le tendía Iori. Procedió la limpiar su propia semilla.

- Bueno, tenemos que recuperar el tiempo perdido.- Iori se estaba abrochando los pantalones.

Kyo cogió el pañuelo y lo enrolló, recordándose a sí mismo que tenía que deshacerse de él. También comenzó a vestirse, Iori se acercó y con dedos juguetones bajaba la cremallera cada vez que Kyo la subía.

- ¡Iori!- Kyo le golpeó levemente la mano, divertido por el juego, e Iori sonrió. De pronto la mirada del pelirrojo cambió, se endureció, su rostro se puso ligeramente más pálido.

- ¿Qué ocurre?- Kyo le miraba con preocupación, la cara de Iori era una máscara de concentración.

- El poder.- Iori se acercó a su ventana y echó un vistazo fuera, pero la ventisca de nieve apenas dejaba entrever nada.- ¿No lo sientes?

 

Kyo inspiró, cerró los ojos, y centró su poder, comenzó a notar como un aura diferente a la de Iori tocaba la suya, un poder que iba rodeando poco a poco al coche. Iori fue más rápido, se adelantó y pulsó un botón que abrió el grueso cristal negro que separaba el asiento trasero del asiento del conductor. Se adelantó, su mano se extendió para agarrar el hombro del conductor.

 

-¡PARA EL COCHE, PARALO!- su grito, cargado de terrible urgencia, sobresaltó al conductor, que hizo ademán de poner su pie sobre le freno, pero ya era demasiado tarde. Demasiado tarde.

 

Una deflagración púrpura rodeó el coche como una tormenta de fuego surgida de la nada, el poder levantó el auto por los aires como si fuera uno de esos juguetes que usan los niños. Kyo vio como toda la estructura de acero se cerraba sobre ellos, como las mandíbulas de un animal hambriento, los cristales estallaron en una lluvia de gotas hirientes que perforaron su piel, lo último que sus ojos captaron en aquella vorágine, mientras el coche daba vueltas de campana, era como Iori se abalanzaba sobre él para protegerlo. Después, calor y oscuridad.

 

Un terrible dolor invadía todo su cuerpo, sus miembros estaban entumecidos y su boca estaba llena del regusto metálico de la sangre. Kyo abrió los ojos, y lo primero que vio fue los copos de nieve que caían desde un cielo nocturno y que le cubrían por completo. Dejó pasar unos minutos, mientras su cerebro intentaba poner en orden la locura que reinaba en su interior, para recuperar la calma. Se levantó con cuidado, haciendo muecas de sufrimiento al sentir pinchazos en parte de su cuerpo. El panorama que se reveló a su alrededor era desolador.

Piezas del coche esparcidas en muchos metros al redonda, algunas ardían dando un tinte anaranjado a la nieve, se olía gasolina, humo y sangre. Kyo miró a su alrededor con una angustia creciente, con desesperación, hasta que sus ojos se posaron en una larga figura que yacía boca abajo a unos diez metros de él.

Kyo corrió cojeando, hasta llegar a ella, el inconfundible pelo rojo de Iori destacaba, poderosamente, con la nieve. Con el cabello, de forma grotesca, se mezclaba sangre que corría como un hilillo por el suelo helado.

Kyo rodeó el cuerpo con sus brazos, y con cuidado le dio la vuelta, mientras sus labios rotos y sangrantes no paraban de susurrar.- Iori, Iori, tú no por favor. ¡Dios mío, él no!

La cara de Iori estaba toda amoratada, como si un puño gigante le hubiera golpeado sin ninguna piedad, sus ojos cerrados, con las pestañas llenas de nieve, lo que más preocupo a Kyo fue un profundo corte en la frente de Iori del cual manaba una sangre oscura, casi negra. Kyo puso su cabeza sobre el pecho del pelirrojo, y oyó tenuemente los latidos de su corazón, Iori vivía, pero a duras penas. Kyo de rodillas, acurrucó el cuerpo de Iori contra su pecho, cogió parte de su camisa, la desgarró e intento taponar la brecha de la frente.

Mientras la nieva caía, unas lágrimas fueron dejando surcos en la cara tiznada de Kyo porque sentía que Iori se estaba yendo entre sus brazos.

- No Iori, no.- gimió.- Quédate conmigo, quédate.

Pero la sangre seguía manando, la nieve cayendo e Iori no abrió sus ojos.