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Cap 10: Tequila.
“No sabes cuanto aprecias una cosa hasta que la pierdes”.
Kyo no paraba de escrutar la puerta, desde que habían entrado en enorme y atiborrado local sus ojos se habían dirigido constantemente hacía la entrada. Esperando, deseando que la próxima figura que traspasara el portal fuera la de Iori Yagami.
Ni siquiera el esplendor del lugar lo había logrado distraer, ni el enorme techo de cristal dónde se posaban mansamente los copos de nieve de la noche de Osaka, ni el buen ambiente, ni la música, nada apartaba de su mente el recuerdo de la expresión de Iori cuándo le confesó que no estaba enamorado. Pero si no estaba enamorado ¿Por qué le había dolido tanto decir aquello?, ¿por qué los ojos de Iori fueron dos puñales que se le clavaron en le corazón? No había respuestas fáciles para esas profundas preguntas, ni Kyo estaba seguro que de escuchar las respuestas, le daba miedo.
Beni no había intentado presionarlo, por el contrario se había dedicado a sacar temas de conversación mientras esperaban sus copas en el pequeño reservado. Shingo todavía no se encontraba del todo cómodo pero Akira no paraba de reírse con las anécdotas de Benimaru.
El camarero llegó y tres mojitos sobre la mesa, todos cogieron sus respectivos vasos.
- Hagamos un brindis.- propuso Beni, todos esperaron antes de beber.- Por haber encontrado de nuevo a Kyo.
- Gracias, Beni.- Kyo le sonrió a su amigo antes de juntar con todos el cristal de su bebida.
Todos dieron un buen trago, Kyo sintió como el fuego del alcohol subía por su garganta y llegaba hasta su cabeza donde estallaba en una especie de pequeña nova blanca. Se sintió ligeramente mareado pero se percató de que no era el único, Shingo, a su lado, embozó una especie de sonrisa tonta. “¿Cuándo fue la última vez que bebí alcohol?”. Ni siquiera lo recordaba. Apuró un poco más su vaso.
- Ahora.- Beni embozó una sonrisa lobuna.- Es momento de bailar.- se giro hacia Shingo y le tendió la mano.- Vamos.
Kyo estaba seguro de que si Shingo hubiera estado totalmente sobrio no habría aceptado, pero el alcohol parecía haber eliminado parte de su reserva y de su timidez.
- Encantado.- aceptó la invitación mientras que dejaba que Beni tirara suavemente de él. Ante el asombro de Kyo, Beni aprovechó el impulso para acercar el cuerpo de Shingo al suyo, rodearlo con sus brazos y sin perder un segundo; le dio un beso, que fue correspondido con igual pasión por Shingo.
Kyo sospechaba que algo pasaba entre aquellos dos pero no sabía que hubiera llegado tan lejos. Se alegró por sus dos amigos pero al mismo tiempo sintió envidia. Él mismo había tenido la oportunidad de disfrutar ese mismo tipo de relación, pero sus dudas y sus miedos lo habían estropeado todo irremediablemente, No, el no tenía derecho a amar ni a envidiar. Otra vez, otra vez le dolía de nuevo la ausencia de Iori.
Ambos chicos fueron riendo hasta la pista de baile, Akira los siguió con la vista y sus ojos recorrieron la multitud que bailaba bajo las cambiantes luces. De pronto se sobresaltó.
- Vaya, vaya. La noche se acaba de poner más interesante aún.- sonrió y se giro hacía Kyo.- ¿Cuál es tu relación con Iori?
Kyo parpadeó ante la directa y poco delicada pregunta.- Solo de amistad.
- ¿Solo amistad?- el tono de Akira expresaba serias dudas.- Entonces no te importará el hecho de que acaba de entrar el ex novio de Iori.
- ¡¿Qué!?.- Kyo se levantó bruscamente, golpeando ligeramente la mesa. Akira se apresuró a rescatar su mojito.- ¿Quién es?
Akira levantó la mirada llena de suspicacia y señaló con un dedo a una alta figura vestida de negro. Kyo contuvo el aliento.
Era un chico de aproximadamente de su misma edad, con un hermoso pelo azabache, ojos azul oscuro y piel muy pálida. Sonreía a todos los que se paraban a saludarlo y su rostro era increíblemente atractivo.
-. Se llama Adán. Es modelo y es también un luchador soberbio- apenas escuchaba la voz de Akira, su cabeza estaba llena por los latidos de su corazón.- Se conocieron durante una actuación de Iori, de hecho fue Adán quién lo abordó. Parecía que iba a durar.- la voz de Akira se torno pensativa.- Pero Iori dejo la relación a los dos meses, nunca me dijo el por qué.- Akira meneó la cabeza sonriendo.- Él no se lo tomo muy bien, creo que nunca nadie había cortado con él y no estaba acostumbrado a que le den plantón.
Kyo no perdía de vista a Adán, sentía casi como si le faltara el aire, un extraño miedo se estaba apoderando poco a poco él.
Repentinamente vio un destello rojizo por el rabillo de ojo, Iori Yagami estaba traspasando la puerta del local, el encuentro con Adán parecía algo inevitable sobre todo cuando éste se había percatado de la presencia del pelirrojo. Kyo tembló.
Iori se sentía cómo si no estuviera dentro de su cuerpo, cómo si fuera un extraño el que miraba a través de sus ojos, otra persona la que guiaba sus pasos. Estaba helado, no solo el cuerpo sino también el corazón. Era como si todo impulso de seguir viviendo se hubiera evaporado de su cuerpo y solo quedara una carcasa de carne vacía. El dolor había desaparecido, reemplazado por una especie de calma mortal, del tipo de calma que precede a la tormenta.
Sus ojos recorrieron el local, y no tardó en localizar el escandaloso color de pelo de Akira, a su lado estaba Kyo. Sus miradas se encontraron cómo si fueran dos polos magnéticos, por un momento Iori estuvo tentado en ir hasta donde sen encontraba Kyo, pero de pronto una nausea lo acometió. No podía acercarse a él, simplemente no podía. Era demasiado orgulloso para ir a su lado después de las últimas palabras entre ellos dos.
“Necesito emborracharme urgentemente”. Apartó su atención de Kyo y se dirigió hacía la barra, apartaba de su camino los cuerpos sudorosos sin demasiada educación, y cualquiera que se giraba para amonestarlo se enfrentaba a una temible mirada escarlata, una mirada que prometía problemas.
Llegó hasta la barra, se apoyó pesadamente en ella y llamó al camarero con una voz firme y potente, consiguió hacerse oír incluso sobre la terrible cacofonía del lugar.
- Quiero un tequila.- el camarero asintió cuándo Iori le enseñó la invitación vip.- y procura que sea mexicano.
- Invita la casa, señor.- el camarero trajo la botella de tequila, la sal y el limón.
Iori se tomó sucesivamente dos pequeños chupitos, casi sin apenas respirar. Su sangre empezó a hervir por efecto del alcohol. Al tercer chupito sus agudos sentidos empezaron a embotarse ligeramente, quizás por ello no sintió de inmediato la insinuante caricia en su cintura hasta que una mano caliente se posó sobre el hueso de su cadera. Se sobresaltó.
- Conozco los síntomas.- la voz era como terciopelo negro.- estás afligido por algo, ¿verdad, Iori?
Iori se giró, despacio, para encontrarse con la bella sonrisa de Adán. En su mente saltaron todas las alarmas.
- Buenas noches, Adán.- a sus oídos su propia voz sonó pastosa, pero todavía la controlaba.
- Buenas noches, Iori.- se sentó a su lado, mientras inclinaba su cabeza de forma que su rostro quedara muy cercano al de Iori.- Hacía mucho.
- Sí.- se encogió de hombros como restándole importancia. Tomó otro trago para aliviar el malestar que le causaba el hecho de haberse encontrado con Adán. “Y la noche sigue mejorando” pensó con sarcasmo.
- Te eché de menos.- la mano Adán bajó de la cadera para deslizarse y llegar al muslo de Iori, lo apretó ligeramente.
Iori bajó la vista, para estudiar aquella cuidada mano, con sus uñas de perfecta manicura. Sus ojos se alzaron, nuevamente, para clavarse en aquellos dos zafiros que lo miraban con mal disimulado deseo.
- Pues yo no.- su voz era fría y empezaba a temblar un poco, el tequila estaba empezando a hacer efecto, sobre todo porque Iori no había comido nada desde hacía muchas horas.- Ni siquiera noté tu ausencia.
El rostro de Adán se crispó cómo si hubiera recibido una bofetada, su mano se cerró como si fuera una garra, clavándose, a través de la tela, en la piel de Iori. Sus ojos expresaron veneno y odio.
Iori no se perdió ninguna de las emociones que pasaban por aquel semblante, agarró la mano de Adán y con una enorme fuerza la alejó de sí. Embozó una sonrisa de desprecio.
- Harías bien en ir a buscar a otro más receptivo con tus encantos.- se volvió e ingirió otro trago.
Adán se tensó imperceptiblemente.- ¿Por qué?
Iori se giró en su alta banqueta, su cara mostraba una muesca de hastío, aquella conversación estaba empezando a cansarle.- ¿Por que, qué?.
- ¿Por qué rompiste conmigo?
Iori tomó otro chupito de tequila, había perdido ya la cuenta de cuántos llevaba.- Porque no eras él.
Adán miró los vasitos dispuestos sobre la luminosa barra, el ligero temblor de los dedos de Iori cuándo volvió a coger la botella y su cabeza inclinada. Iori daba todo el aspecto de haber acabado de perder un combate, aunque no tuviera heridas visibles.
- Si me hubieras dado algo más de tiempo hubieras descubierto que soy el idóneo para ti.- los ojos relucieron con rencor.- Pero me rechazaste.
Iori notó la acumulación de energía, cómo un aura empezaba a formarse alrededor del cuerpo de Adán, el mismo aire se espesaba con el poder que lo estaba empezando a comprimir.
Iori intentó levantarse pero lo único que consiguió fue que le acometiera un enorme mareo, su vista se nubló por el súbito vértigo. Las manos de Adán lo rodearon, Iori intentó rechazarlo pero un impresionante y disimulado puñetazo de Adán en su estómago le provocó arcadas y dolor. Ante si vista se formaron miles de lucecitas blancas.
- Verás cómo sólo necesito esta noche para convencerte.- susurró a su oído.
Iori estaba casi inconsciente cuándo Adán lo empezó a arrastrar a través de os cuerpos que bailaban, de pronto de detuvo.
- Creo que no quiere ir contigo.- Iori reconoció la voz porque le hizo hervir la sangre, era Kyo.
Adán estudió a aquella figura que se erguía ante él, cerrándole el paso. Con sorpresa constató que sabía quién era, su pose arrogante y orgullosa lo delataba. La pose de un guerrero nato.
- Kyo Kusanagi.- murmuró con respeto.
- Veo que me conoces.- Kyo embozó una sonrisa peligrosa.- suéltale.- la cólera irradió de su cuerpo de tal forma que Adán dio, involuntariamente, un paso hacía atrás.
- ¿Por qué te interesa tanto?, creía que los Kusanagis y Yagamis se odiaban a muerte.
Kyo observó cómo Iori levanta la los ojos hacía él desde un pálido rostro, al igual que Adán esperaba una respuesta.
- Yo no comparto a mí pareja.- Adán abrió los ojos por la confesión.- Lo siento, me gusta la exclusividad.
En ese momento, Iori se revolvió con furia consiguiendo escapar del abrazo de Adán, se tambaleó pero antes de caer al suelo las manos de Kyo lo sujetaron por la cintura y lo arrimaron a su cuerpo. Iori bajo la cabeza, apoyándola en el hueco del cuello de Kyo.
Adán se movió hacía adelante, como si intentara recuperar al pelirrojo pero las llamas encarnadas que se formaron en le puño derecho de Kyo lo detuvieron. Las personas que estaban a su alrededor pararon de bailar e hicieron un corro a su alrededor, con el temor y la avidez de allí hubiera un combate.
- Yo que tú; me ahorraría la humillación.- la voz de Kyo era afilada como una navaja.
Justo en ese instante llegaron Beni, Shingo y Akira. El peliverde se adelantó y se interpuso entre los dos contrincantes.
- Déjalo estar Adán. No estropees la noche.
Adán no se movió, seguía mirando fijamente a Kyo. Sonrió.- Ya habrá otra oportunidad.- se giró con elegancia y se encaminó hacia la salida.
Desde atrás oyó a Kyo.- Yo no apostaría por ello.- Adán sabía sin verlo que Kyo sonreía.
Beni y Shingo se acercaron a Kyo, que sujetaba a un aturdido Iori.
- ¿Estáis bien?- la voz de Beni expresaba ansiedad.
- Sí.- a Kyo le estaba empezando a inquietar la pasividad de Iori.- Creo que vamos a salir fuera a tomar un poco de aire.
- ¿Quieres que te acompañe?- Akira miraba preocupado a Iori, Kyo se dio cuenta que Akira sentía una verdadera amistad hacía imprevisible pelirrojo.- No, gracias. Yo puedo solo.
Los tres observaron cómo la pareja salía del local.
Cuándo la puerta se cerró a sus espaladas, Kyo inspiró profundamente para sentir cómo el aire helado penetraba en sus pulmones. La luna llena seguía regalándole su apariencia plateada a la nieve. Los copos bajaban lentamente, planeando como mariposas blancas.
Kyo se inclinó hacía Iori, que no había emitido ni un sonido.- Iori…..- el susurró fue interrumpido por el bofetón que le azotó una de sus mejillas.
Iori lo empujó violentamente, alejándolo de si. Kyo cayó sobre su culo en la nieve, se llevó la palma de la mano a la cara y observó como Iori se apoyaba tambaleante en una pared. Volvió hacía él sus ojos escarlatas, a Kyo le sorprendió que no se incendiaran los copos de nieve.
- ¿Qué pretendes, Kyo?- la voz de Iori estaba ribeteada de furia.- ¿Volverme loco? Primero me dices que no me amas, que no estás enamorado de mí. Después entras en escena y delante de ochenta personas dices que eres mi pareja.- Iori inclinó la cabeza.- No me gustan que jueguen conmigo de esta manera Kusanagi y si no fuera porque ahora mismo no estoy en condiciones de luchar te daría una paliza..- embozó una mueca socarrona.- la paliza la dejaré para otro día, por ahora me conformo con decirte esto: ¡VETE A LA MIERDA!
Iori se irguió, le dio la espalda a Kyo y empezó a caminar con paso inseguro, alejándose de él.
Kyo le miraba pasmado, dolido, pero dentro de él se agitó una llama, un fuego. Con un rápido movimiento se puso en pie, echó a correr y se abalanzó sobre Iori. Ambos rodaron por la nieve.
La nube de cristales de hielo se disipó, revelando a dos figuras. Iori estaba tendido en el suelo, inmovilizado. Kyo estaba sobre él, sentado sobre las caderas del pelirrojo y sus manos sujetaban fuertemente las muñecas de Iori por encima de la cabeza éste. Kyo sabía que de no estar Iori totalmente ebrio, jamás hubiera conseguido retenerlo.
- ¡¿QUÉ ME VAYA A LA MIERDA?!, ¡¿QUÉ ME VAYA A LA MIERDA?!- Kyo se inclinó hasta que rostro quedó a unos pocos centímetros del de Iori.- Deberías agradecerme que te librara de ese mal nacido de Adán.- Inspiró fuertemente.- ¿Sabes que sentí cuándo te puso las manos encima?.- Iori dejó de debatirse.- Celos, sentí celos. Me volví loco de celos. No podía consentir que otro hombre te tocara de esa manera, no cuando yo te deseo sólo para mí. No mentí cuando dije que eras mi pareja. Todos los sentimientos que rugieron en mi interior eran porque yo siento algo por ti algo que va más allá del impulso sexual o de la amistad. Le hubiera matado por ti - Kyo le soltó las muñecas Iori.
Ambos se miraron, Iori alzó lentamente la mano para acariciar la mejilla contusionada por su golpe, pasó los dedos por el cuello de Kyo y lo obligó a inclinarse para tomar ávidamente sus labios. Kyo bebió de los labios de Iori con desesperación. Su cuerpo se tendió sobre el del pelirrojo, rodaron sin dejar de besarse apasionadamente de tal manera que Iori quedó encima de Kyo. El castaño, empezó a acariciarle y Iori gimió en el beso.
- Espera, espera no quiero que sea en la calle.- se levantó y cogió a Kyo.- Te quiero desnudo sobre mi cama.- Y lo volvió a besar.