por Van Krausser

¿Alguna vez se han preguntado, cómo es que Zechs Marquise adoptó su rostro? El que conocimos en la serie, ese rostro metálico que nos sorprendió un poco...

Desde que lo vi, yo lo he hecho. He buscado alguna referencia, pero sin mucho éxito. Así que mi imaginación entró en conflicto con eso, dando como resultado una historia corta más.

Y si, desgraciadamente sigo también con el conflicto de la negación al lemmon y el sentido angustiante en medio de la relación 13x6. Pero qué se le va a hacer.

La he llegado a considerar “la sal y la pimienta” de mi desvaríos literarios. =P

Y bueno, esta vez le di un poco más de protagonismo a Lady Une, aunque siento que no le hice justicia por ningún lado en este relato. En fin, el día que la vea, me disculparé con ella. ^_^

Espero que lo disfruten.

Van Krausser

 

Fanfic escrito en base a los personajes e historia de Gundam Wing.

Cada uno de ellos pertenecen a su creador, a la casa editora y a la compañía de animación (BANDAI); Y NINGUNO ES DE MI PROPIEDAD =(

En fin, no se puede tener todo en esta vida. Resignación, resignación...

Historia escrita sin fines de lucro, sólo para angustiar un poco a quienes gustamos de emociones como estas ^.^

APUNTES Y NOTAS:

-- Diálogos

// Pensamientos

“ “ Anotaciones y extras, al igual que ( ).

Trasbordador espacial X-25F

193 A.C.

Treize volteó a la ventanilla del trasbordador, observando la silueta delicada de la luna que asomaba tímidamente en el borde del planeta azul, mientras se les avisaba que en algunas horas alcanzarían la atmósfera terrestre.

La llamada que insistentemente reclamaba ser atendida en el videoteléfono lo hizo regresar a la realidad, pero no la tomó inmediatamente. No tenía ánimo de hacerlo... No después de esa última llamada que él hiciera desde la estación de vigilancia de la Alianza en la Colonia XL-819995, encontrándose con una persona totalmente diferente a la que buscaba...

Su pensamiento divagaba en sombrías especulaciones acerca de ello al recordar la figura extraña, fría y sin sentido que se presentaba ante él, usurpando los rasgos del rostro de su amigo... y su vista se perdió en el oscuro infinito... ¿Qué había ocurrido? ¿Por qué ese cambio en Zechs... ese repentino ocultarse del mundo?

Decidió responder a la llamada, y mientras la imagen de Lady Une tomaba forma, intentó que su expresión fuera la de siempre. Pero no lo logró en los primeros momentos.

- Señor...

- Por favor, Lady. No ahora. Tenemos varias horas antes de llegar a Base Edwards.

Y por la ausencia de la sonrisa que lo caracterizaba, ella supo que algo extraño pasaba.

- Si, señor Treize. Lo veré entonces en la base.- Y prudentemente, ella desconectó la llamada.

Treize se sintió ligeramente culpable. Ella sólo cumplía con su trabajo, y por su estado de ánimo, la había hecho receptora de su angustia y su incomodidad. Y ese sentimiento no era por ella, eso era obvio.

Lo que lo incomodaba era no poder encontrarse con Zechs para hablar de eso en cuanto llegara. Debía ir a Luxemburgo, y de ahí, pasar al centro de armamento y construcción de Mobil Suits, puesto que el Tallgesse estaba por ser terminado. Y no sabía cuánto más le llevaría probarlo, porque no sólo era probar el funcionamiento de los comandos, o el sistema de ataque y defensa, o incluso el tipo de armamento que se había diseñado especialmente para este equipo, sino también se debían hacer pruebas del mismo Sistema Zero, implementado por primera vez en un prototipo.

Nadie hasta ese momento se había expuesto al sistema. Y de hecho, nadie lo haría antes que él, por seguridad personal.

Suspiró levemente recargándose en el asiento, y mientras cerraba los ojos para intentar descansar de todos los tropiezos diplomáticos que se habían suscitado en algunas de las colonias (y para lo que había sido requerida su presencia), nuevamente su recuerdo enfocó la figura brillante y totalmente inanimada de la máscara de Zechs.

_________________________ ________________________

Campo de pruebas

Centro de Construcción de Mobil Suits

Alemania.

Hacía un poco de frío, pues ya la época lo señalaba. Se acercaba el invierno en esa parte de la Tierra.

Treize encabezaba el grupo de funcionarios y oficiales que habían asistido a las pruebas de los modelos de Mobil Suits que en poco tiempo se entregarían a los cadetes de las nuevas generaciones, y con cierta expectativa y emoción, algunos esperaban ver la prueba del Tallgesse. Sólo unos pocos que sabían de la construcción de ese prototipo, como Lady Une, ya que deseaba ver nuevamente al Coronel Kushrenada mostrando las habilidades que poseía para el manejo de un prototipo.

Pronto llegaron a uno de los hangares especiales, y Treize se detuvo al descubrir el enorme cuerpo blanco, brillante e imponente del Tallgesse.

- Magnífico...

- Estoy de acuerdo, señor.- Lady lo contemplaba igualmente maravillada. Era tan diferente a lo que habían visto hasta ahora.

- ¡Coronel Kushrenada!

Ambos voltearon hacia un lado, mientras uno de los científicos se acercaba a ellos apresuradamente. Treize no dejó de sonreír al hombre en forma conciliadora.

- Doctor, es bueno verlo de nuevo.

- Si... gracias, igualmente. Venga, por favor. Lo estábamos esperando.

- Lo imagino. ¿Lograron eliminar el porcentaje de fallo en el manejo del cañón?

- Por supuesto. Era sólo un pequeño cálculo que habíamos subestimado. Sin embargo, ahora funciona perfectamente.

- Bien, lo veremos en el campo de pruebas. ¿Está listo?

- Todo preparado, Coronel.

- Perfecto. No hagamos esperar más a los miembros de la comitiva.

El científico sonrió también al escucharlo, y ambos subieron a la plataforma de abordaje.

Treize subió al Mobil Suit, seguido por el científico, y se acomodó en el asiento asegurándose y revisando cada etapa de manejo, cada comando y dispositivo que habría de utilizar. Parecía que no habían sido necesarios los cambios que algunos tecnólogos le recomendaran.

- Coronel, una última recomendación...- el científico le entregó el dispositivo sensorial, y lo observó gravemente.- El sistema mostró una característica más, algo que no esperábamos.

Treize lo observó también sin perder su sonrisa habitual, y en forma diplomática, lo urgió a seguir hablando.

- ¿Presentó la posibilidad de causar efectos secundarios?

- No, no... ojalá hubiera sido así.

- No comprendo.

- Verá. El dispositivo sensorial trabaja a un nivel muy diferente de la conciencia humana. Prácticamente hablando, se involucra con sentidos que el ser humano desconoce casi o totalmente, quiero decir, trabaja con la percepción del inconsciente, presentimientos, incluso los sentimientos que el piloto pueda tener en esos momentos.

- ¿Significa...?

- Eh... significa que puede alterar el pensamiento, la conciencia y el comportamiento. Crea una especie de visión personalizada de la situación que vive el piloto, y muestra los factores de peligro que existen a su alrededor.

Treize frunció el ceño ligeramente.

- ¿Quiere decir que provoca visiones? ¿En tiempo de combate?

- Bueno, no exactamente. En realidad, el Sistema Zero muestra a los enemigos que puedan estar frente a usted, incluso podría darle una posible perspectiva de lo que hay que hacer en esos momentos, a quién atacar, de quién defenderse, cómo actuar...

Treize asintió, pensativo. Ese era un gran reto a vencer, un fuerte obstáculo tal vez, pero él confiaba en su enorme fuerza de concentración, en su férrea voluntad, y su autodisciplina. No podía dejar que un sistema lo manipulara a su antojo.

- No creo que haya mayor problema, Doctor. Empecemos la prueba.

La mirada azul profundo de Treize desconcertó al científico. No había rastros de temor, o duda alguna siquiera para seguir adelante y probar el sistema. Cualquiera le hubiera mostrado algún comportamiento como esos... pero recordó que el Coronel Treize Kushrenada no era cualquiera. Y sonrió.

- Está bien, Coronel. Continuemos entonces.- Se separó un poco de la compuerta del Mobil Suit observándolo.- Ya cumplí con mi parte al advertirle. Espero realmente que nada suceda.

Treize asintió nuevamente, y se colocó el dispositivo sensorial mientras la puerta se cerraba. Y un ligero sobresalto lo invadió... No era igual que las veces anteriores... En lo absoluto... Pero pensó que el comentario del científico lo había perturbado un poco, y lo desechó totalmente de su pensamiento.

Las pruebas no fueron problema alguno para Treize.

Se había acoplado perfectamente al sistema y al manejo del Mobil Suit. Prácticamente, el desarrollo de la prueba fue un éxito total. Las armas de ataque y defensa del prototipo funcionaron tal y como lo esperaban, y en los hangares, las transmisiones que recibían de la cabina del Mobil, en la voz perfectamente modulada y sin alteraciones de Treize, indicaban que no había de qué preocuparse. Y todos en el módulo de observación, varios centenares de metros de distancia del campo de pruebas, se felicitaron mutuamente por ello.

Sin embargo, cuando Treize creyó que había terminado satisfactoriamente con eso, algo ocurrió. El sistema le mostró algo más... algo que deseó haber visto jamás en su vida...

Se detuvo en forma brusca cuando las pantallas parecieron estallar en medio de un silencioso relámpago, cegándolo momentáneamente, y poco a poco, en medio del resplandor que se opacaba, una silueta bastante familiar para él tomó forma... y su semblante cambió, al tiempo que su pecho sentía una angustiante opresión, cortando su respiración por unos instantes.

//... no... no....//

_______________________ ____________________

Base Edwards

Luxemburgo

Treize bajó del auto con la misma elegancia que lo caracterizaba. Pero esta vez, su rostro se mostraba grave.

Lady Une permanecía a su lado, ligeramente preocupada. No había visto esa expresión en él en mucho tiempo.

Ambos entraron al edificio principal de la base Edwards, y mientras se dirigían al despacho, Lady revisaba algunos de los pendientes por terminar.

- Señor, llamó también el Coronel Cselznat. Tendrán una reunión extraordinaria con el primer ministro de Lituania, en tres días, y desea que esté presente. Espera su confirmación para esta tarde.

- Está bien, confirma la asistencia. ¿Algo más?

- Si. Su madre también llamó esta mañana.

- ¿Mi madre? – Treize se sorprendió por ello. Era muy extraño que ella lo llamara, a menos que se tratara de una verdadera emergencia.- ¿Es primera vez que llama?

- Si. Dijo que esperaría que usted estuviera desocupado. No desea distraerlo de sus obligaciones.

Y Treize sonrió al oír eso. Era una típica frase de ella.

- La llamaré inmediatamente. Gracias. ¿Es todo?

- Una última llamada, señor. El teniente Zechs Marquise desea verlo. Viene en camino, y pidió que lo reciba, de ser posible en cuanto llegue. Le dije que no era probable que pudiera atenderlo hoy y...

- Lady...- Treize la interrumpió antes de que pudiera continuar con su justificación.- Voy a darme prisa en terminar la mayor parte de los pendientes que hay. Si llega Marquise, por favor, hazlo pasar inmediatamente.

Y su finísima percepción le hizo ver el casi imperceptible gesto de inconformidad en el rostro de ella, mismo que Lady rápidamente se esforzó por ocultar. Y no quiso pasar por alto esa situación. Ya eran demasiados errores cometidos con una persona, y no podía darse el lujo de repetirlos en otra más, otra que le mostraba lealtad absoluta...

- Si, señor. Esto es todo entonces.

- Lady, hay algo que me gustaría saber.- Llegaron al privado, y él la invitó a pasar con un ademán. Y a pesar de que siempre lo hacía de esa forma, en esta ocasión, había algo que lo hacía diferente.- Toma asiento, por favor.

Ella obedeció, desconcertada. Treize no era el mismo de siempre.

Él ocupó su lugar, frente a ella, en el sillón del escritorio, y le sonrió levemente.

- No es un interrogatorio formal, pero si me gustaría que me dijeras por qué hay cierta aversión de tu parte hacia la persona de Zechs Marquise.

Notó su semblante sorprendido, y también cómo un ligero rubor cubría sus mejillas.

- Señor... ese comentario es irrelevante...

- Es sólo curiosidad.

Lady Une bajó la vista a sus manos entrelazadas que descansaban sobre sus piernas, y se decidió entonces a mostrarle francamente lo que Zechs representaba para ella.

- Lo siento, señor Treize. Es verdad lo que me dice, pero no es un sentimiento de antipatía injustificada. El teniente Marquise siempre se ha caracterizado por su rebeldía e impulsividad...

//¿De verdad crees eso?// Treize no perdió detalle de sus expresiones.

- Ha cometido errores graves, y tal parece que no le importara demasiado. Y ahora, con esta última excentricidad...

- Lady...- Treize se levantó, rodeando el escritorio y sentándose sobre él, frente a ella, en un gesto de mayor confianza.- Es verdad que es excéntrico, y su impulsividad hace parecer que se rebela ante la autoridad, que no es así, pero hay razones que lo obligan a actuar de esta forma. Por otra parte, Zechs Marquise es uno de los mejores pilotos en la historia de Oz.

- Señor, eso no es verdad. Usted sigue siendo el mejor piloto...

- No hablamos de mi.- Sonrió ampliamente, cruzando los brazos.- Todos hemos cometido errores bastante graves, y nadie de nosotros, ni siquiera yo, estamos exentos de ellos. Es imposible que Marquise sea perfecto, y créeme, cada error cometido le afecta demasiado. Te lo confío, porque yo he presenciado esos errores, y he estado con él en esos momentos.

-... pero... el incidente en Italia... su informe decía...

-Yo también estuve ahí, Lady. Leí ese informe, conocí los pormenores y detalles de ese incidente, pero no sólo hice eso. Hablé personalmente con él, y descubrí los motivos que ocasionaron este lamentable hecho. No fue un error táctico, no fue tampoco una orden mal expresada, y lo confirmé plenamente, porque hay sobrevivientes que lo atestiguan. Esos once cadetes no siguieron una orden dada por Marquise, quien en ese momento era su comandante. Siguieron sus propios razonamientos, porque consideraron que lo que decía era una rebeldía sin sentido hacia las órdenes recibidas desde la base, giradas por alguien que no tenía idea en lo más mínimo de lo que estaba pasando ahí. Marquise conocía los riesgos, sabía perfectamente cuándo ordenar un ataque, o en ese caso, una estratégica retirada para ganar tiempo, reagruparse y volver con una nueva estrategia; sabía lo que debía hacerse. Por esa razón, los oficiales lo acusaron de rebeldía sin querer escuchar los motivos que había para ello. Jamás hubo insubordinación, jamás se rebeló a una orden, sólo buscó tomar la mayor ventaja para evitar una carnicería, y no lo escucharon.- Treize hizo una pausa, evocando lo ocurrido en ese día, y continuó hablando.- Si hay algo que Marquise valora realmente, es la vida de cada cadete que tiene bajo su cargo. Y lo sé, porque he estado con él en cada faceta de entrenamiento, cada vez que las circunstancias lo requieren, y lo he apoyado, tal y como lo he hecho contigo, o con cualquier otro que lo requiera...- Sin embargo, en esta última frase guardó silencio abruptamente. Reconoció entonces que no era así del todo, que en ocasiones le había fallado.

Se levantó del escritorio, volteando hacia una de las ventanas, perdiendo su vista en el horizonte que se mostraba a través de ella, y no habló más, pensativo.

Lady lo observaba en completo silencio. Treize tenía razón, en muchos aspectos. Ella jamás había traspasado la línea que la obediencia ciega imponía; no aun, y eso la desconcertó sobremanera. ¿Era legal hacerlo?

Kushrenada volteó con ella, sonriéndole.

- Espero que esta breve charla quede sólo como eso, Lady. Y agradezco tu sinceridad y apertura. Puedes retirarte.

- Si, señor. Con permiso.- Y obedeció con cierto titubeo.

Lady salió del despacho de Kushrenada cerrando la puerta con cuidado. Caminó pausadamente por el pasillo, aun impresionada por la respuesta de Treize.

Marquise siempre mostraba a todos un rostro distinto del que el coronel le había hablado. Se dio cuenta de que en realidad no lo conocía lo suficiente, de que había hecho juicios adelantados y erróneos hacia Marquise, considerándolo siempre un chiquillo arrogante y caprichoso, y no había tenido el cuidado de ser imparcial en eso.

Se topó con él al momento de dar vuelta para tomar otro corredor, y ambos se observaron unos segundos.

Zechs esperó algún rasgo de hostilidad de parte de ella, pero se sorprendió bastante al ver que no hubo ni siquiera un intento de ello.

- Teniente... el coronel Kushrenada lo espera en su despacho.

- ... eh... si, gracias.

Y ambos continuaron sus respectivos caminos.

______________________ ________________________

- Adelante.

Zechs abrió la puerta al escuchar la respuesta a los leves toques que había dado, anunciando su llegada; entró al amplio despacho, cerrando tras de sí.

- Coloca el seguro, por favor. No quiero interrupciones.

Obedeció al momento, y después se adentró algunos pasos en el recinto.

- Gracias por recibirme.

Treize estaba junto al escritorio, de pié, revisando algunos papeles, y los dejó al tener frente a sí a su amigo. Ignorando el sentimiento amargo que le producía la nueva faceta de Marquise, le sonrió, acercándose a él, y asintió con un gesto.

- Zechs, sabes que lo hago con gusto.

- Lo sé, es verdad. Pero vine aquí para hacerte saber el por qué tomé la decisión de llevar una máscara.

- Zechs...

- Escúchame, Treize. Sé también que vas a tratar de justificarme, pero prefiero hacerlo yo, prefiero que sepas por mi los motivos que me llevaron a esto.

- De acuerdo, te escucho.

Zechs asintió, y buscó la mejor forma de comenzar.

- Hay muchos rumores circulando debido a esto.

- Tienes razón. Varios de ellos ya han llegado no sólo hasta mi, sino también a varios oficiales de los altos mandos de Oz.- Sonrió con un leve gesto travieso, y el chico bajó la cabeza ligeramente, pensativo.- Dicen que eres un excéntrico.

- ¿Qué dices tú?

Treize esperaba esa pregunta.

- Creí que confiabas en mi plenamente, pero veo que tus razones fueron más poderosas que lo que yo te ofrecía. Y te confieso que me sorprendiste demasiado. Jamás creí que tomarías lo de la máscara de forma tan... literal.

- Fue una decisión arriesgada.

Kushrenada lo observó, estudiando cada rasgo del rostro metálico, y fijó su vista en los cristales oscurecidos, tratando de encontrar su mirada.

- Debe ser incómoda.

Zechs le regresó una leve sonrisa.

- Terminas por acostumbrarte.

Treize asintió con un gesto, y volteó a los ventanales, caminando hacia ellos. Y su amigo lo siguió. Conocía esa reacción.

- Es curioso...- Volteó a verlo un poco, sonriendo con ironía.- Tengo la impresión de que te agrada tenerla. Siento que te gusta más ser Zechs Marquise, y con esto...- Zechs no dijo una palabra, y Treize sospechó que había acertado. Suspiró levemente, volviendo la vista hacia el exterior.- Dime algo. Sé que lo haces para ocultarte de “ellos”, de quienes quiera que ahora consideres tus enemigos, o tus posibles victimarios... pero se que también te estás ocultando de mi.

Zechs se sobresaltó al escucharlo. ¿Tanto sabía de él?

- No, Treize.- Volteó a verlo con expresión grave, y algo de remordimiento, pues tendría que mentirle un poco respecto a sus sentimientos. Porque era algo de verdad que se ocultaba de él, sin embargo, en realidad lo hacía para ocultarse de sí mismo, de ese sentimiento de fragilidad que se despertaba en él cuando Treize estaba a su lado.- Sabes perfectamente que no es así. Si me ocultara de ti, no estaría aquí ahora. No me hubiese quedado contigo, y tampoco hubiese dado vida a Zechs Marquise. Tú me conoces mejor que nadie, y sabes que no lo haría. Nunca lo haría.

Treize negó con un gesto, cerrando los ojos un momento, pero repentinamente, la imagen que el Tallgesse le mostrara de su amigo se volvió a presentar... primero como Zechs Marquise, como ese peligroso desdoble de personalidad que en algún momento lo había hecho dudar de su propia humanidad, y en el siguiente instante, como Miliardo Peacecraft, con la máscara hecha pedazos, en el suelo, a su alrededor... Y se obligó a abrir los ojos, rechazando la visión que había quedado grabada en él...

Zechs lo observó en un respetuoso silencio. Era la primera ver que lo veía tan desconcertado, y se sintió mal por ello.

Treize volteó hacia el escritorio, y caminó lentamente hacia él, sintiéndose observado.

- Debería ser suficiente la protección que yo te otorgo.

- Ya no. Las cosas han cambiado, y ambos hemos cambiado también.

- ¿Por qué?- Treize giró hacia él abruptamente al oir eso.- Si se han dado cambios, Zechs, es porque alguien lo permitió, y no he sido yo quien lo hizo.

- Treize, acéptalo. Hasta que esto no acabe, ambos estaremos en continuos cambios. Y todo debe ser así. Ya no somos los de antes, ahora tú eres el Coronel Treize Kushrenada, concentrado en tomar el control de esto; y yo soy el Teniente Zechs Marquise, que te apoya en ese logro, pero nada más.

- No...

- Entiéndelo, por favor. Es tiempo en que yo pueda protegerme a mi mismo, en que sea yo quien tome mis propias decisiones, y me responsabilice de ellas. Es por eso que adopté este rostro, y es también por lo que no voy a dejar de ser Zechs Marquise mientras lo lleve.

- Es demasiado drástico.

- Es que así debe ser.- Zechs se le acercó nuevamente, buscando su mirada.- Acéptalo.

- Pero Mil... Zechs...- El chico notó un ligero jadeo en él mientras hablaba. Y no supo descifrar su expresión, pero continuó firme.

- Treize, mientras lleve la máscara conmigo, “él” permanecerá totalmente fuera de esto. No lo vuelvas a mencionar.

El mayor sacudió un poco la cabeza, tratando de asimilarlo, de aceptar que tenía razón... y bajó la vista al piso, en una reacción inconsciente para no ver más ese frío armazón metálico frente a él.

Fueron largos minutos de silencio, y Zechs decidió retirarse. Sólo era cuestión de tiempo para que Treize se hiciera el ánimo de verlo en esa nueva faceta, y él se lo daría.

- Debo irme. Estaré cumpliendo algunas misiones en Base Victoria por dos meses, y después espero nuevas órdenes, tal vez para salir al espacio por un tiempo.- se retiró de él unos pasos, y suspiró antes de hacer el saludo correspondiente.- Con permiso, señor.

Treize sólo lo vio mientras caminaba hacia la puerta, pensando frenéticamente, buscando alguna coherencia en todo lo que acababa de ocurrir...

Y de pronto reaccionó.

- ¡Zechs, espera!- caminó apresuradamente, mientras el chico se detenía antes de alcanzar la puerta.- Espera... quiero pedirte un último favor...

- Dime.- No volteó, a pesar de que sabía que estaba justo a un paso detrás de él.

- Permíteme verlo... una última vez...- y su voz dejó sentir esa súplica.- ... sólo unos segundos, por favor...

- ¿Por qué, Treize?

- Porque... no quiero olvidarlo. Quiero... quiero hacerle saber que no voy a dejarlo... que continuaré apoyándolo, y que así tenga que esperar toda una vida para que volvamos a vernos como antes, como amigos, que así será...

Zechs bajó un poco la cabeza, pensativo. Y sin hablar, subió sus manos hasta la estructura metálica.

Treize dejó de respirar por un momento cuando el chico se quitó la máscara y volteó con él, dejando ver sus facciones casi adultas, en una melancólica inocencia, despertando a una incipiente belleza juvenil, ahora condenada a permanecer oculta tras una máscara, debido a las circunstancias... Lo sujetó por los hombros, sonriéndole tristemente.

- Miliardo... voy a extrañarte...

- Lo sé. Pero confío en tus palabras, Treize. Confío en tu promesa, porque sé que así será.

Y Treize no pudo evitar abrazarlo estrecha y desesperadamente.

El chico se sorprendió, pero no intentó soltarse de él. Sintió los labios de su amigo rozando su oído, y cerró los ojos, en una leve resistencia a la emotividad de esa despedida incierta.

- Si... así será, Mili...

Y por varios segundos más, los dos permanecieron abrazados, sellando esa promesa fraternal.

Zechs se separó de él, y en pausados movimientos, ante la vista resignada del mayor, volvió a ponerse la máscara. Y estando de frente a él, adoptó una posición firme, y saludó respetuosamente, dejando muy clara la distancia que había entre ellos; como autoridad y subordinado.

Y Treize entendió, correspondiendo a ese saludo.

- Puede retirarse, Teniente.

- Gracias, señor. Por todo...

Y sin agregar más, salió del despacho, avanzando por el pasillo, mientras Treize cerraba la puerta.

Kushrenada regresó al escritorio, pensativo, y tomó el portarretratos que permanecía a un lado del jarrón con varias rosas. Por algunos segundos lo observó, negándose aun a justificar su rechazo a esa situación, a la decisión de Zechs... y esta vez, el recuerdo de la visión que le mostrara el Tallgesse se presentó, acompañado por un punzante dolor anímico. Cerró los ojos con fuerza, y apretó los puños y el maxilar debido a la impotencia de no poder evitar esas imágenes y el sentimiento lacerante que los acompañaba.

Finalmente se tranquilizó, y abrió nuevamente los ojos, dejando el portarretratos en el escritorio. Volteó al otro lado de la habitación mientras lo hacía, justo al lugar en donde solía estar el tablero de ajedrez en el que él y Miliardo habían sostenido algunos duelos (a veces apasionados, o distraídos por alguna plática trivial, o simplemente entretenidos), y su vista se topó con la figura del rey blanco...

Se acercó despacio al tablero, pensando en lo que el sistema Zero le mostrara, y de pronto comprendió... era como un juego... un grandioso juego de ajedrez.

Zechs había hecho un movimiento estratégico, y era bastante obvio. Ahora, él tendría que ver el siguiente movimiento, en el que cedería el triunfo total... un movimiento en el que el rey negro debía caer para dar paso al rey blanco, y así, cumplir con el ideal de la paz absoluta...

Tomó la pequeña figura con delicadeza, y mientras pensaba en ello, se acercó al ventanal, sentándose en la cornisa del mismo, perdiendo su vista en el atardecer, en los matices que la luz del sol reflejaba en las copas de los árboles, y en las pocas nubes que permanecían como pequeños copos de color dorado en el cielo.

No supo cuánto tiempo dejó pasar así, hasta que bajó la vista, y se dio cuenta que sostenía la figurilla contra su pecho, a la altura del corazón, y que sus dedos la acariciaban con cierta ternura.

Y sonrió al ver que la visión que le mostraba el sistema no era para darle a conocer a su enemigo, sino para hablarle del futuro, de lo que pasaría con él, con Miliardo... y una amarga alegría envolvió su corazón, porque sabía que era necesario pasar por todo eso, porque era la única forma en que el podría cumplir su promesa. Y de sus labios escaparon como un suspiro las palabras que confirmaban ese pacto...

-... Así será...

Con un poquito de dificultad, pero aquí está. Sugerencias, reclamos, tomatazos.... aceptados con todo gusto.

E-milio elivaz@yahoo.com