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por Van Krausser
Una vez más, los personajes no son de mi propiedad.
Fan-fic basado en la serie Gundam Wing, realizado por Van Krausser. Sin fines de lucro.
Notas: -- Diálogos
// Pensamientos
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191 A.C.
Salones de entrenamiento y gimnasios.
Base del Lago Victoria, África. 6:40 a.m.
La algarabía proveniente del salón dedicado al entrenamiento de esgrima era toda una novedad esa mañana.
Varias compañías de cadetes recién ingresados y otros con algo de tiempo en el lugar, animaban a gritos a los dos contrincantes que se encontraban en medio de un espectacular duelo de florete.
Y no eran los únicos. Todo ese alboroto había llamado la atención de oficiales de todos los rangos que permanecían en Base Victoria, y algunos ya habían hecho apuestas.
En un pequeño balconcillo interior del salón de Esgrima, el Oficial de mayor rango en ese momento dentro de la Base los seguía sin perder detalle de cada movimiento, cada ataque y defensa, cada estrategia que utilizaban...
Ambos jóvenes estaban en un nivel demasiado lejano de sus demás condiscípulos; poseían una destreza inigualable, tan semejantes entre sí, que era muy difícil apostar por alguno como vencedor de ese extraordinario duelo.
El joven oficial sonrió levemente, recordando cómo él había entrenado de manera personal, años atrás, a ese jovencito de cabello largo y rubio. Recordaba las sesiones que tuvieran en los salones de la Mansión, en los prados y patiecillos interiores, riendo alegremente mientras sus consejos mejoraban la postura en el ataque, en la defensa, en la forma de sujetar la espada...
Volvió a la realidad al escuchar el sonido que marcaba el punto de victoria, y se sorprendió al ver que había sido ella quien ganara.
Se sorprendió grandemente, pues hasta un día antes, nadie había logrado vencer al Duque Relámpago, a Zechs Marquise.
Pudo ver cuando ambos duelistas se despojaban de la careta de protección, y también la leve sonrisa que Zechs le dedicaba a su contrincante, esa jovencita que hacía poco se había integrado al equipo de Los Especiales, recomendada por sus méritos y logros extraordinarios. Y repentinamente, un curioso malestar se anidó en su pecho sin aviso alguno.
Cerró los ojos un momento, llevándose una mano a la altura del corazón, y sonrió de manera casi imperceptible al reconocer el sentimiento que lo asaltara segundos atrás...
//Celos...//
Suspiró reprimiendo sus emociones, y abrió los ojos, observando una vez más el espacio de entrenamiento, siguiendo a los dos jóvenes que abandonaban la duela, charlando amigablemente en medio de las felicitaciones de los niños y jóvenes reunidos en el salón.
Zechs volteó hacia el balconcillo y esbozó una sonrisa con algo de satisfacción al encontrar a su amigo ahí. Lo saludó con un leve movimiento de su cabeza y Treize lo imitó, sonriéndole también.
Decidió entonces salir del lugar para ocupar su pensamiento en algo más que sentimientos dispersos, enfrascándose en el trabajo que lo requería en la Base.
Pero mientras caminaba por uno de los corredores principales, no dejaba de pensar en la forma como ese malestar lo había descontrolado tan absurdamente...
//Khushrenada, ¿qué ocurre contigo?// Se reprochó a sí mismo antes de llegar a un área de varias oficinas.
-Buenos días, señor Treize. -La cristalina voz de Lady Une a un lado suyo lo distrajo de sus cavilaciones. Volteó con ella, sonriéndole en forma benévola.
-Lady, buenos días. -Echó una rápida mirada a los papeles que ella sostenía, e imaginó que no podría levantarse del escritorio en un buen rato mientras los revisaba al detalle antes de firmarlos. -¿Hay alguna novedad en especial?
-Sólo el informe de los avances con el diseño del nuevo Mobil Suit, el Tallgesee, señor. Y hay una carta de uno de los científicos. Parece ser su respuesta referente al sistema que le había mencionado...
-Zero.
Ella volteó a verlo con desconcierto.
-¿Perdón, señor?
-El sistema Zero, Lady. Una innovación total a cualquier sistema que hayas conocido. Espero que no haya mucho retraso en la construcción de este modelo. Sería el primero dedicado a la élite guerrera que Oz y la Alianza han planeado formar últimamente.
-Lo recordaré, señor.
Khushrenada sonrió asintiendo, mientras le cedía el paso a la joven que tomara bajo su cuidado como su asistente personal, disponiéndose a iniciar con la organización de la agenda de trabajo antes del desayuno.
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La mesa de oficiales ya estaba ocupada cuando Treize llegó al comedor. Sólo faltaba él para que pudieran iniciar con el desayuno, y muchos de ellos estaban impacientes.
Mientras pasaba junto a las mesas de cadetes y soldados, los jóvenes se levantaban apresuradamente, e instaban a los más pequeños a ponerse de pie, para mostrar un respetuoso saludo al oficial, mismo que él regresaba con una leve sonrisa en su rostro. Sin embargo, al llegar a una mesa en especial, se detuvo.
Su mirada profunda se posó en el característico uniforme rojo que Zechs Marquise vestía, y que lo hacía resaltar entre todos los demás.
//Zechs... inconfundible sin duda...// pensó mientras se dirigía a él con una sonrisa más amplia, recordando el día que decidiera hacer en su protegido esa distinción en la vestimenta, justificándolo como parte de su familia y poniendo como pretexto su propio linaje, ocultando con ello el verdadero motivo. //...fue la única forma de no perderte en ese mar de rostros desconocidos, cuando ingresaste a la Academia de la Alianza... la única forma en que podría saber dónde estabas...//
-Subteniente Marquise.
-Señor... -Zechs saludó con gracia al escuchar su nombre de labios de su amigo.
-Te felicito por el duelo de hace unas horas. Tu desempeño ha mejorado bastante en esa área de combate. -//Me enorgulleces demasiado, aun con esos pequeños logros, Miliardo//.
-Gracias, señor. La mayor parte de ese mérito se lo debo...
-No seas modesto, Marquise. Te has esforzado, y eso se nota.
-Si, señor. Gracias de nuevo.
Treize asintió en silencio, y saludó de manera general a los demás jóvenes de la mesa. Fue en ese movimiento que descubrió una mirada nueva, muy diferente a la de los demás soldados.
//Ella...// Se detuvo en seco al verla frente a sí, observándolo llena de curiosidad y respeto, y sonriéndole tímidamente, con un leve rubor tiñendo sus mejillas. Tuvo que reconocer que era una joven de belleza encantadora.
-Subteniente Lucrezia Noin. -Haciendo un enorme esfuerzo por mantener su sonrisa sin cambios, se acercó a ella. -Pude apreciar su enorme talento en las artes de combate. La felicito por ello.
-Gra... gracias, señor.
Ese titubeo divirtió ligeramente al oficial. Y decidió intimidarla un poquito más.
-Espero que pronto me conceda el honor de un duelo similar. Hace tiempo que busco un entrenamiento como el de hoy en la mañana, y por desgracia son muy pocos los que poseen esa habilidad en el esgrima.
El leve rubor se fue convirtiendo en un notable sonrojo en sus mejillas levemente bronceadas, mientras una tenue sonrisa adornaba su rostro.
-¡Por supuesto, Señor! ¡El honor será para mi!
Treize asintió al escucharla, y decidió retirarse.
-Siempre se aprecia a un buen contrincante, y sé que no me defraudaría, Subteniente Noin.
Casi podía ver a los demás oficiales de su mesa cuchicheando entre sí por esos "desplantes" que Khushrenada mostraba hacia los soldados y cadetes. Eso también lo divertía bastante.
Al llegar a su lugar, volteó hacia todas las mesas y su voz se escuchó fuerte y clara en el recinto.
Como era su costumbre, dio gracias por los alimentos, seguido por todos los presentes. Al terminar con la oración, los invitó a sentarse e iniciar con el desayuno.
Sin embargo, una insistente mirada violeta estaba sobre él, distrayéndolo de la conversación que sostenía con otro de los oficiales. No podía evitar ese ocasional cruce de miradas con ella, con esa chica que acaparaba la atención de Zechs desde que llegara a la Base. Y eso lo desconcertaba.
-...porque no creo que esto se retrase más de la cuenta, ¿o me equivoco, señor? -La voz grave de otro oficial finalizando un comentario lo regresó a la realidad. Por un momento titubeó, pero su rápido y perspicaz pensamiento lo hizo salir del problema fácilmente. Sabía que esos hombres sólo hablaban de sus intereses próximos, y generalmente eran demasiado predecibles en sus conversaciones.
-No debería, Mayor Cselznat.
-Lo sé, pero aquí el problema no será tener a tiempo el armamento, o los Mobil Suits especiales, sino a los soldados eficientemente entrenados para el manejo de estas unidades nuevas.
-No los subestime, Mayor. -Treize dirigió su mirada con tintes de reproche hacia el oficial, dándose cuenta que el comentario había sido más en tono despectivo. -Cada soldado es muy especial. Varios de ellos a quienes he entrenado me han sorprendido bastante con las habilidades que despliegan en tiempo de combate. Tenga por seguro que ninguno es inepto. De ser así, no estarían aquí.
El aludido guardó silencio ante el comentario, reconociendo que su superior tenía razón.
Treize volteó hacia la mesa donde estaban Zechs y Noin, y pudo verlos cuando ambos se levantaban al terminar su desayuno, dispuestos a irse del recinto juntos. Por última vez, la mirada tímida de la chica se posó en la de él antes de voltear con su compañero. Y nuevamente Treize sintió que los celos apuñalaban su alma.
El joven cadete que estaba al servicio de la mesa de oficiales se le acercó, llevándole dos barras de fino chocolate en un platito; un privilegio especial que sólo se les otorgaba a los oficiales de alto rango.
Y Treize lo agradeció. De verdad lo necesitaba.
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Lady Une le entregó el comunicado con expresión grave.
Hacía apenas dos horas que había llegado del comedor para continuar con el trabajo de esa mañana, y ese comunicado representaba dos cosas para él; retraso y problemas.
No se equivocaba.
Conforme leía el escrito, una levísima línea se marcó en su frente, indicando que no eran para nada buenas noticias las que habían llegado. Lady Une se apresuró a explicar el mensaje incompleto.
-Es lo último que recibimos del Fuerte Zanzíbar, señor. Temo que las líneas de comunicación fueron saboteadas en ese momento.
Levantó su mirada azul hacia la de su asistente, y preguntó.
-¿Has sabido algo de Luxemburgo, Lady?
-No aun, señor.
-Bien, tendremos que tomar nosotros una decisión. Y temo que no nos han dejado muchas opciones.
Se levantó del mullido sillón ejecutivo, dejando el papel en el escritorio, y recorrió el tramo hasta los ventanales con expresión ausente.
-¿Desea que llame a los oficiales, señor?
-Hazlo, Lady. Es un asunto delicado, y no podemos darnos el lujo de buscar victorias personales. Tendremos que involucrarnos en la batalla de Zanzíbar, y eso requiere de una estrategia bien organizada. Avísales que los veré en el salón de juntas en diez minutos.
-Si, señor.
La joven salió en forma apresurada del despacho del oficial, dejándolo con sus pensamientos y cavilaciones.
Debían hacer una rápida estrategia para contrarrestar a las fuerzas rebeldes que amenazaban con tomar la zona por asalto, y sólo algunos soldados y oficiales estaban lo suficientemente capacitados para repeler ofensivamente a la fracción guerrillera que se dirigía hacia ellos. Y el comunicado informaba que no era un grupo organizado al azar. Era un pequeño ejército fuertemente armado.
Se decidió entonces por encabezar el escuadrón ofensivo. Tendría oportunidad también de elegir a los que lo acompañarían a la contienda. Aunque de antemano sabía la disposición de sus oficiales más allegados y soldados cien por ciento leales.
Sonrió al recordar que de entre ese grupo, siempre que había llamado voluntarios, Zechs era el primero en ofrecerse. No sería diferente esa vez.
La reunión se efectuó sin contratiempos, trazando líneas de ataque y defensa estratégicas en un tiempo récord. Todos estuvieron de acuerdo en las propuestas presentadas por el Coronel Khushrenada. No por nada era un reconocido estratega dentro de la jerarquía de mando de Oz.
Treize y su joven asistente regresaron al despacho a paso rápido. Lady se esforzaba por anotar fielmente cada orden que Treize le daba mientras caminaban por los corredores de la base. El tiempo era importante, y no podían darse el lujo de perder segundos deteniéndose para poder escribir sin alteraciones.
-...trata de mantener comunicación con el equipo de ataque todo el tiempo, Lady. Las estrategias no sólo serán llevadas en el frente de batalla.
-Si, señor.
-Permanece alerta en lo que concierne a Luxemburgo. En cuanto recuperemos Zanzíbar trataremos de hacer funcionar las torres de comunicación. Necesitaremos todo el apoyo posible.
-Si, señor.
-Dejaré un equipo táctico en la periferia de la base. No pierdas comunicación con el líder del escuadrón. Eso asegurará el resguardo del lugar.
-Si, señor.
-En caso de que algo salga mal, toma la iniciativa de la evacuación. No debemos arriesgar a los cadetes recién ingresados a la Academia.
-Si, señor.
-Haz que preparen los transbordadores para las maniobras de retirada. Que los equipos de ingeniería y mecánica sean los últimos en subir, en caso de que necesitemos reemplazos para los Mobil Suits.
-Si, señor.
-Ah, por cierto. Que el Cuerpo Médico se reporte contigo cada veinte minutos y te informe de los heridos que lleguen con ellos. Eso nos dará una base real para las estadísticas de eficiencia en combate.
-Si, señor.
Finalmente, en medio de ese diálogo en un solo sentido, llegaron hasta la entrada del despacho del Coronel. Lady terminó de hacer algunas anotaciones en la libreta que llevaba consigo, y fijó su mirada en la de su superior.
-Por el momento es todo, Lady. Puedes retirarte para iniciar con las instrucciones que te he dado.
-Si, señor.
Saludó con un rápido movimiento, e iba a retirarse, cuando el oficial la detuvo.
-Lady, espera.
Ella se volvió hacia él, intrigada.
-¿Señor?
Treize le sonrió mientras su mirada recorría el rostro de la joven. No deseaba pensarlo, pero tampoco podía ignorar el hecho de que posiblemente era la última vez que hablara con ella.
-No tengo la certeza de que volvamos a vernos después de esto. Si ocurre de esa forma, quiero que tengas presente que tu apoyo incondicional me ha sido de gran inspiración. Gracias por eso.
Lady Une sonrió levemente, mientras un tenue rubor se posaba en su rostro.
-Señor Treize, soy yo quien está agradecida con usted. -Una leve sombra de tristeza opacó su mirada un instante. -Si algo ocurre, honraré su recuerdo y el de los que compartan su suerte.
Treize asintió en silencio.
-Sé que lo harás. Cuídate.
La vio irse apresuradamente, dispuesta a cumplir cada orden que le diera. Tenía plena confianza de que todo saldría bien estando ella al frente de la Base durante su ausencia.
Entró al despacho, repasando también las tácticas sugeridas para la batalla que librarían, sopesando cada posibilidad de éxito en las acciones tomadas por los demás oficiales mientras buscaba sus armas.
Se detuvo frente al escritorio, observando la fotografía de sus tiempos de infancia, y un leve suspiro surgió de sus recuerdos.
Se retiró del mueble, preparó la pistola engarzada en marfil, colocándola después en su funda respectiva, en el cinturón que llevaba bajo la casaca. Acto seguido se colocó la capa que complementaba su uniforme y la aseguró con la cadenilla bruñida sobre su pecho.
Estaba preparado, listo para cualquier acción de combate, tanto en el uso de su Mobile Suit como en el de cualquiera de las armas que llevaba consigo.
Zechs esperaba impaciente junto a los demás soldados del regimiento de ataque. Hacía sólo unos minutos que les habían informado que debían presentarse urgentemente a los hangares para recibir órdenes, y eso había sido todo.
Noin permanecía cerca de Marquise, observando con algo de aprehensión todo el movimiento que se desarrollaba en el lugar. Sólo una vez había participado dentro de las fuerzas de ataque, pero no directamente.
Se sentía muy tensa y nerviosa.
Ya en otra ocasión había estado terriblemente expuesta en un ataque guerrillero en la colonia L-3, durante el incidente en el que el Coronel Treize Khushrenada, su instructor en ese tiempo, le salvara la vida a ella y a casi un ciento de jóvenes cadetes que se encontraban en el cuartel de la colonia en esos momentos, aun con riesgo de perder él su propia vida.
Treize y varios oficiales de alto rango se presentaron frente al grupo de soldados, tomando algunos de ellos posiciones como líderes de cada fracción del escuadrón ofensivo.
Todos los soldados adoptaron entonces una posición erguida y firme a la orden de atención, y un fuerte silencio reinó en el lugar por algunos segundos.
-Jóvenes -Nuevamente, la voz del Coronel Khushrenada se escuchaba fuerte, extraordinariamente nítida, y en un tono de contagiosa seguridad. -Tenemos frente a nosotros una situación de emergencia. Hace unos minutos llegó un comunicado en el que se nos informaba de un ataque terrorista a Zanzíbar, y el avance de fuerzas paramilitares fuertemente armadas hacia este lugar. Aun no podemos contactar al cuartel de Luxemburgo, pero he tomado la responsabilidad de tomar acciones tanto defensivas como ofensivas en el resguardo de la ciudad y de esta base. -Su mirada serena se posó por un momento en la figura de Zechs, y continuó. -Como podrán darse cuenta, todos los que estamos aquí somos el escuadrón de ataque, y el resto de los soldados y cadetes de la base permanecerá como apoyo y defensa.
Notó que la tensión entre los soldados aumentaba al escucharlo, y supo que debía tomar la iniciativa para motivarlos, para hacerles ver que no estaban solos, que él estaría a su lado todo el tiempo...
Su vista se desvió del rubio, pero a poco de recorrer algunas filas de rostros jóvenes, se detuvo en esa mirada cristalina y llena de admiración que lo desconcentraba. Y se percató con sorpresa que Noin le sonreía...
-Tomaremos la ofensiva desde diferentes posiciones. Los oficiales al mando de cada sub regimiento tienen ya sus órdenes especificadas. No tomaremos riesgos innecesarios, así que les recomiendo una vez más que no titubeen, que permanezcan en la responsabilidad de sus acciones, porque la vida de sus compañeros depende de cada uno de ustedes. Yo estaré al mando del escuadrón de ataque masivo; ustedes nos respaldarán. -El Oficial levantó la vista hacia el regimiento completo, y sonrió levemente mientras realizaba el saludo militar ante todos. -Tengo toda mi confianza en ustedes, porque sé que su corazón comparte los mismos ideales que el mío. Es un gran honor para mi tenerlos como compañeros de combate, y por esa bendición, les estoy profundamente agradecido.
Treize guardó silencio un momento, bajando el brazo a un costado, observando cómo la disciplinada maquinaria del escuadrón de ataque iniciaba su movimiento, como si se tratase de una elaborada coreografía. Con paso decidido se acercó al escuadrón que comandaría, y brevemente dio algunas órdenes.
Esta vez, Zechs no sería su apoyo más próximo en el enfrentamiento.
En poco tiempo, grupos de Mobile Suits Leo abandonaban los hangares en dirección a Zanzíbar, encabezados por el escuadrón de Khushrenada.
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Costas orientales de Tanzania, África.
Una hora y media después del comunicado a Base Victoria.
Zanzíbar era la imagen misma de la desolación.
Ahí, donde antes se levantaban orgullosos e imponentes edificios, ahora sólo podían verse montones de escombros humeantes y sin forma.
Zechs no pudo evitar que un escalofrío lo recorriera ante la vista de la ciudad en ruinas, evocando en su pensamiento un doloroso recuerdo... El reino de Sanc...
-Zechs -La voz de Treize lo ubicó nuevamente. Volteó de soslayo hacia la imagen en la pantalla lateral y esperó la orden que le daría. -Recorreremos la ciudad en grupos de tres, al ras del suelo. Las unidades tierra-aire deben estar cerca.
-Si, señor.
Treize lo notó distante.
-¿Te encuentras bien?
-Me sorprendió un poco ver el estado de la ciudad.
Khushrenada no despegó la vista de la imagen de su oficial de confianza. Supo que no era ese el motivo de su distracción.
-Concéntrate. No podemos cometer errores ahora.
-Si, señor.
-Guiarás uno de los cinco grupos hacia los muelles. Yo voy a tratar de alcanzar el cuartel de la Alianza, en el centro.
-Es muy arriesgado que vayas sólo con dos escoltas. Permíteme acompañarte...
-Ya tienes tus instrucciones, Zechs. Si algo ocurre, pediré refuerzos. - //Si algo te pasa por mis decisiones equivocadas, no me lo perdonaría...//
-Si, señor.
El grupo de Marquise se separó del escuadrón, y varios más los imitaron.
Treize, mientras tanto, guiaba a sus dos escoltas por algunas calles de la desolada ciudad. No tardaron mucho en llegar hasta el cuartel, pero no pudieron ingresar.
Una lluvia de disparos cayó sobre ellos, tomándolos por sorpresa.
Sin embargo, aun en medio de la presión en la que se encontraban, sus escoltas escucharon sus órdenes dichas con voz autoritaria, pero serena.
-Sepárense. Los morteros están agrupados frente a la puerta principal. Subteniente Alphatos, intenta alcanzar la batería del edificio a tu izquierda.
-¡Si, señor!
-Teniente Kroznet, cubre nuestro flanco descubierto. Trataré de alcanzar el primer mortero.
-¡Si, señor! ¡Tenga cuidado!
Treize sonrió, asintiendo.
El oficial realizó una maniobra evasiva, esquivando varios disparos fatales. Lograron destruir algunos de los apuntalamientos cercanos, pero aun con la destreza tanto personal como la de sus acompañantes, no pudo evitar que la mayoría de atacantes se impusiera.
El teniente Kroznet hablaba con él, cuando un misil lo alcanzó, derribándolo estrepitosamente.
Treize se ubicó delante del Mobil Suite, defendiendo al oficial caído. Y tal vez hubiesen podido destrozar los pocos apuntalamientos que aun estaban en pie, si no hubiese llegado un grupo de Mobil Suits de los atacantes en ese momento. Alcanzó a ver cuando el subteniente Alphatos era alcanzado por cuatro atacantes y acorralado en uno de los edificios cercanos. Treize contó a cinco frente a su unidad, todos aun con las armas intactas, mientras que él llevaba ya más de la mitad de sus municiones gastadas.
//¡Son muchos!//
-¡Kroznet, sal de tu unidad y refúgiate!
-¡Si, señor! ¡El subteniente Marquise y otro grupo vienen hacia acá!
-¡¡Sal ya!! ¡¡No podré detenerlos por mucho tiempo!!
En pocos minutos, ese lugar era escenario de una encarnizada batalla.
Y aunque sabía que la ayuda estaba por llegar, cada segundo que pasaba frente a las bocas de los cañones que aun quedaban en pie, los Mobil Suits que los acorralaban y los tanques de mediano alcance que salieran también contra ellos, era de incertidumbre. Khushrenada entonces reconoció las armas que los atacaban.
//!Por Dios! ¡Son nuestras propias armas! ¡Son los tanques del fuerte Zanzíbar!//
Zechs disparó contra la batería que acorralaba a Treize, destruyéndola sin esfuerzo mientras varios oficiales se enfrascaban en la batalla directa contra los Mobil Suits de los rebeldes.
No tardó mucho para que la guerrilla fuera aplastada bajo las maniobras estratégicas de los oficiales de Oz.
Treize notó que respiraba aceleradamente. La fuerza de la batalla lo había exaltado en gran manera, y él no se había percatado de ello, hasta ese momento. El rostro de su amigo se reflejó en su pantalla.
-¡Señor!
-Estoy bien, Zechs. Has sido demasiado oportuno.
El rubio asintió levemente a ese comentario.
-Perseguiremos al grupo que huyó hacia el continente. El mayor Orthrag interceptó un mensaje, y parece que se dirigen a Kenya.
-No podemos dejar que lleguen hasta allá. Kenya está desprotegida. Si logran pasar, llegarán a Victoria sin mucho esfuerzo. Iré con ustedes.
Zechs se alarmó.
-Pero necesitas...
-Aun tengo municiones, y con el resto del escuadrón de ataque será suficiente. No perdamos tiempo, Zechs. Reagrúpense para la cacería.
-Si, señor.
La persecución inició entonces, con Khushrenada y Marquise a la cabeza del escuadrón.
Lograron alcanzar en pocos minutos al grupo guerrillero, justo frente a las faldas del monte Kilimanjaro, y una nueva batalla se desató.
Treize reforzaba el ataque en el grueso de la contienda, cuando Zechs se comunicó con él nuevamente.
-¡Señor, localicé al comandante del grupo! ¡Voy tras él!
Treize enfocó la unidad desconocida Mobil Suit que le señalara Marquise, y la observó con atención por algunos segundos. Era más grande que los Leo, y se veía mejor equipada en cuanto a armamento.
-Zechs, es un Mobil Suite inusual. No vayas solo. -Sin embargo, el rubio no lo escuchó. -¡Zechs!
Era extraño que un arma nueva fuera puesta en retirada por una unidad convencional, más aun si esa arma era desconocida por el contrincante. Algo puso alerta a Khushrenada.
Supo que Marquise se metería en problemas, así que decidió seguirlo.
Ambas unidades se alejaban velozmente de la batalla, subiendo por la pared rocosa del monte, haciendo maniobras descabelladas. Treize ubicó entonces la estructura geofísica del lugar. Estaban cerca de los acantilados rocosos, un callejón sin salida. Pronto se dio cuenta que el cabecilla del grupo no huía de Marquise. Lo llevaba a una emboscada, y el joven oficial no se había percatado de ello en su afán de alcanzarlo. Volvió a comunicarse con él, tratando de ponerlo sobre aviso.
-¡Zechs, es una trampa! ¡Regresa de inmediato!
-¡Casi lo tengo!
-¡¡Zechs!! - //¡¡Están demasiado lejos!! ¡¡No voy a alcanzarlos!!//
Lo perdió de vista momentáneamente, y su desesperación aumentó al escuchar el disparo de una poderosa arma en el interior del cañón rocoso al que se habían adentrado. La imagen de Marquise se perdió de la pantalla de comunicación, y segundos después, una explosión opacó el siseo del sistema radial de la unidad de Treize...
//¡Miliardo!//
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Treize maniobraba el Leo despacio, tratando de localizar el origen de la estela de humo negro que se elevaba del fondo del acantilado; sin duda era el lugar en el que encontraría a Marquise. Tenía algunos minutos buscando señales de ambas unidades, con todos sus sentidos alertas a una posible doble emboscada.
Descubrió la estructura del Mobil Suit enemigo en el fondo del cañón, semidestruido en el frente del mismo, con el arma inservible. Esta parecía un novedoso prototipo, similar al diseño del arma del Tallgesse. Pero se notaba que algo había fallado.
Continuó avanzando despacio, y en una saliente rocosa, a mitad del abismo, descubrió los restos del Leo de Marquise. Un sombrío sentimiento lo embargó al imaginar que tal vez no lo encontraría con vida.
Llegó rápidamente hasta ahí, bajando de la unidad que pilotaba y apresurándose a buscar entre los restos humeantes alguna señal del muchacho. Vio la compuerta de la unidad abierta, y el interior del destruido Leo, vacío. Eso lo motivó a seguir buscando con renovadas esperanzas.
Lo encontró en un recoveco de la pared del acantilado, recargado contra el muro, sin sentido. Mostraba sólo una impresionante herida en la frente, y algunos cortes en su rostro, hechos por las astillas de los paneles y tableros de control del Leo destruidos. Pero eso preocupó más todavía a Khushrenada.
-Zechs –Llegó junto a él, arrodillándose a su lado y revisándolo concienzudamente, tratando de descubrir si había heridas internas. Debía sacarlo de ahí lo más pronto posible, pues de no hacerlo corría el riesgo de perderlo en poco tiempo. –¡Zechs, despierta! ¡Zechs!
Lo llamó varias veces, sin resultados. Entonces lo intentó de otra forma.
-Miliardo, soy yo. Por favor, reacciona... -El rubio abrió los ojos por un momento, aun sin recuperar totalmente la conciencia. Era una señal alentadora. –Mili, despierta. Debemos irnos de este sitio. Vamos, reacciona.
-¿T-tre...ize...? –Su mirada celeste se posó en el rostro de su amigo. -¿...e-res tú...?
-Por supuesto, Mili. –Treize le sonrió, retirando un mechón de cabello de su frente con un movimiento delicado. Puso su pañuelo blanco doblado sobre la herida, cubriendo la hemorragia. -¿Quién más podría ser?
Zechs intentó devolver la sonrisa, sin mucho éxito. Su mirada estaba opaca.
-... ¿q-qué...?
-No ahora, Miliardo. Debemos salir de aquí primero. ¿Puedes moverte? -Treize lo vio hacer un valiente esfuerzo para tratar de levantarse, pero lo detuvo al ver que era demasiado para él. –No, espera. Creo que tienes heridas internas de cuidado. Sujétate de mi.
Se inclinó hacia él, acomodándolo en sus brazos para levantarlo en vilo. Zechs pasó los brazos por el cuello de su amigo, sujetándose débilmente. Al sentir que lo levantaba del suelo, se acurrucó en su pecho y soltando un quedo suspiro, se dejó llevar por la inconciencia. Treize lo notó, y se apresuró a evitarlo mientras caminaba con su preciada carga hacia el Leo. A pesar de que Marquise aun era un adolescente, casi lo había alcanzado en estatura, y no estaba tan ligero como había creído en un principio. Le costó más trabajo del que había imaginado llegar al Mobil Suit.
-Mili... Miliardo, despierta.
-...e-estoy... cansado....
-Escúchame, la herida en tu frente es de mucho riesgo. No puedes dormir.... -Dos gruesas gotas de lluvia cayeron en la cabeza de Khushrenada, aumentando sus problemas.
//¿Qué... Lluvia? ¿Ahora?// Volteó hacia la bóveda celeste, descubriendo un cielo cubierto por oscuras y amenazadoras nubes. La temperatura del lugar descendía con rapidez. //El temporal del Serenguethi... lo había olvidado...//
-...f-frío...
–Miliardo, prepárate. Vamos a subir al Leo.
Penosamente lo lograron. Treize acomodó a su amigo cerca de él, en una parte de la cabina, cuidando que estuviera protegido de movimientos bruscos. Se quitó la capa que llevaba y cubrió con ella a Marquise, aun dudando que eso aminorara el frío que sentía.
Se habían perdido totalmente del alcance del escuadrón de ataque, y las paredes del acantilado no permitían la comunicación. Debía salir de ahí para pedir ayuda.
Preparar la unidad le tomó sólo unos minutos. No perdió de vista a su amigo durante la maniobra que realizó para salir del abismo, y justo cuando estaban por lograrlo, la aguda señal de alarma del Leo lo sobresaltó. Abrió la imagen en una de las pantallas laterales, descubriendo a un muy mal herido piloto enemigo, apuntando el arma de su destrozado Mobil Suit hacia ellos. Pudo ver también cómo la energía se acumulaba rápidamente en el enorme cañón, alistándose para disparar.
Debía hacer algo rápido, pues el Leo no soportaría la carga. Si el rayo de energía los alcanzaba, era seguro que no sobrevivirían.
-¡Miliardo, sujétate! –Aceleró la unidad Leo en una maniobra de evasión, justo cuando el mortal rayo estaba por tocarlos. Sin embargo, la explosión del arma fue aun mayor que la primera, y la onda de choque los alcanzó, arrojándolos fuera del acantilado en un descontrolado vuelo contra uno de los picos de la montaña.
Abajo, en el fondo del acantilado, los restos del Mobil Suit enemigo se fundían a la roca debido al calor originado por la explosión del arma...
Treize no pudo evitar la colisión. Así que hizo todo lo posible por mantener protegido el cuerpo de Marquise con el suyo. No podía permitir que se lastimara aun más, pues eso podría ser de consecuencias fatales para el chico.
No podía permitirlo...
No podía permitírselo, pues se lo había prometido a sí mismo...
//Yo antes que tú...//
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Atardecía, y los regimientos de ofensiva llegaban a la base con una nueva victoria sobre la guerrilla.
Con expresión preocupada, Lady Une se acercó al Capitán Hobart, que dirigía el último regimiento.
Había perdido comunicación con su superior, el Coronel Khushrenada en medio de la batalla del monte Kilimanjaro, y nadie hasta ese momento le había sabido dar razón alguna de él.
Noin estaba cerca de ellos, y alcanzó a escuchar algo de la conversación fría y escueta de ese oficial, y la incertidumbre que dejara en Lady.
Ella había sido también de las últimas en retirarse del lugar, buscando algún indicio del paradero de su amigo, Zechs Marquise, sin éxito, pero tenía el presentimiento de que estaba vivo, que sólo había sufrido un percance que lo dejara incomunicado. Así que pensaba en regresar al lugar después de hablar con el oficial a cargo de su regimiento, de ser posible, formando una partida de rescate. Y el saber que el Coronel también estaba perdido le daba algo de ventaja para llevar a cabo la búsqueda.
Al ver que el capitán se retiraba sin hacer más caso de Lady, Noin se acercó.
-Teniente Lady Une. -Saludó respetuosamente, haciéndose notar por ella. Se identificó antes de hablarle de cualquier otra cosa. -Subteniente Lucrezia Noin, del regimiento de ofensiva.
Lady fijó su mirada azul en la chica, reconociéndola también como oficial recién asignado a la Base Victoria mientras regresaba el saludo. Una leve esperanza se anidó en su pensamiento.
-La escucho, subteniente Noin.
-No pude evitar que su conversación llegara hasta mi, y entiendo que debe estar preocupada por el Coronel Khushrenada. Yo he perdido también a un amigo, pero me niego a aceptar que le haya ocurrido algo muy grave. -Lady asintió con un gesto, dispuesta a retirarse para continuar buscando a Treize, y Noin adivinó sus intenciones, así que siguió hablando. -Sé que no está muerto, porque el Coronel Khushrenada lo ha entrenado, y ambos son casi inseparables en el momento de la batalla. Lo último que supe antes de someter a la guerrilla totalmente, es que ambos habían ido detrás del comandante.
Al oír eso, Lady prestó entonces toda la atención posible a Noin.
-Subteniente Noin, ¿Está tratando de decirme algo?
-Así es. Tengo la intención de regresar al monte Kilimanjaro con un equipo de búsqueda y rescate. Presiento que Zechs Marquise está vivo, al igual que el Coronel Khushrenada. Pero necesito la aprobación de un superior, aun de mayor rango que cualquiera de los que han ido a esta batalla. Ninguno de ellos desea responsabilizarse en liderar el rescate.
Lady la observó con mirada inquisitiva. Tal vez tuviera razón.
-El Coronel Khushrenada era el de mayor rango en la Base, subteniente. Y la comunicación a Luxemburgo aun no ha sido reestablecida. Espero que el escuadrón de ingenieros logre terminar antes del anochecer.
Noin se desesperó.
-¿Qué va a pasar entonces, Teniente Une? ¿Nos quedaremos con los brazos cruzados mientras ellos quizá estén en peligro?
Lady Une recapacitó por algunos segundos en esas palabras, pero no podía arriesgar a un grupo por dos hombres. No podía quebrantar el reglamento táctico que tanto le había costado asimilar, a pesar de que eso la asesinaba anímicamente.
-Subteniente Noin, sé que confía en la habilidad de su amigo, el subteniente Marquise. Tal vez de la misma forma en que yo confío en las habilidades de mi superior, el Coronel Khushrenada. Y si usted y yo tenemos el mismo presentimiento, seguramente ellos están bien. No quiero decir que dejo de preocuparme, pero no puedo romper el reglamento. Lo siento mucho.
-¡Pero...!
-Escuche, estaré insistiendo con la comunicación a Luxemburgo, y en cuanto tenga algún avance, se lo haré saber. Iremos las dos en el grupo de rescate, en cuanto obtenga el permiso de un superior de Oz.
Noin bajó la vista un momento, frustrada por toda esa maquinaria burocrática. Tendría que esperar, y eso representaba mayor incertidumbre y preocupación.
Lady le sonrió brevemente, y se dispuso a regresar al centro de comunicaciones de la base. Pero antes de irse, habó por última vez.
-Subteniente Noin, no pierda las esperanzas. Ambos son excelentes estrategas y combatientes, y no creo que en una simple batalla los hayan eliminado. Debo irme. Tal vez estemos más cerca de ir a rescatarlos de lo que imaginamos.
Noin asintió con un movimiento de su cabeza, y saludó más en actitud forzada al despedir a Lady.
Al quedar sola, regresó a los hangares, dirigiendo su mirada hacia el Monte Kilimanjaro, demasiado lejano para verlo a simple vista. Y su pensamiento fue más que una plegaria por su amigo.
//Zechs, donde quiera que estés, resiste...//
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Treize abrió los ojos, sobresaltado.
Aun estaba vivo.
Por algunos segundos permaneció quieto mientras sus pensamientos se ordenaban. Había perdido el conocimiento debido al choque, y no tenía noción del tiempo transcurrido desde ese momento.
Entonces recordó a Zechs.
Bajó la vista, encontrándose una rubia cabellera revuelta recostada sobre su pecho, y él aun lo mantenía sujeto entre sus brazos. Movió un poco la cabeza, reconociendo el lugar en el que estaba, tomando conciencia de lo que había ocurrido.
Antes de perder el control total del Leo, había abrazado a Zechs con fuerza, protegiéndolo de posibles golpes, asegurándolo también al asiento. Pero en esos momentos no tenía la certeza de que el chico estuviera bien.
Con un poco de dificultad debido a las contusiones sufridas, Treize retiró al muchacho de encima mientras él intentaba levantarse del asiento. Algunos controles del Mobile Suit aun funcionaban, pero los daños parecían considerables. Dos pantallas estaban casi totalmente destrozadas, el panel de control frontal estaba apagado, tal vez fundido por un cortocircuito interior. Y hacía frío.
Reconoció un constante golpeteo sobre ellos, en el exterior del Leo, y su nariz percibió el aroma de la humedad ambiental. Llovía, y por lo visto, no era una lluvia ligera. Era uno de los torrenciales aguaceros que inundan el Serenguethi por días.
Logró incorporarse, saliendo del asiento mientras dejaba a Zechs recostado en él, cubierto por su capa, y lo revisó. Aun respiraba, aun tenía pulso, pero eso no lo alegró; el chico estaba en peligro debido a las contusiones de la explosión anterior, y quién sabe si éstas se habían agravado durante la colisión. Debía sacarlo de ese lugar, conseguir ayuda lo más pronto posible.
Con la mortecina luz de la pantalla que todavía funcionaba, el oficial revisó los controles de la unidad. Descubrió que el panel de comunicación también había sufrido un severo daño, aunque una parte del transmisor podría ser rescatada. Rápidamente desarmó el tablero y conectó algunas terminales electrónicas, dejando una señal intermitente que se pulsaba por espacio de segundos. Mientras el tablero funcionara, la señal se transmitiría de forma continua, hasta que alguien pudiera captarla. Su esperanza no era muy firme al respecto, pero era lo único que tenían en ese momento.
Regresó con Zechs, sopesando todas sus probabilidades de supervivencia tal vez por espacio de unas horas.
Entonces cayó en la cuenta de que hacía frío, bastante, y aun no anochecía. Todavía estaban en el volcán, en algún lugar tal vez árido y rocoso, cercano a las primeras capas nevadas.
Sabía que cerca del cañón en el que había encontrado a Zechs estaba un refugio, pero no tenía la certeza del lugar en el que se encontraban. No sabía si la explosión los había lanzado lejos del acantilado, y de toda probabilidad de encontrar el refugio. Debía arriesgarse, pues al llegar a cualquier otra parte en donde pudiesen resguardarse del frío y la lluvia, las esperanzas de supervivencia de Marquise seguro aumentarían.
Salió de la unidad con cautela, revisando el lugar.
Una densa cortina de agua impedía una buena visibilidad; sin embargo, la aguda vista de Khushrenada localizó una vereda en la escarpada llanura, a varios metros de donde estaban. Seguramente era el camino que llevaba hacia el refugio.
Continuó con su inspección, y con algo de esfuerzo logró ver lo que parecía la silueta de una construcción. No estaba muy lejos, pero tampoco sería fácil llegar allá cargando un peso extra. Aunque sabía que debía arriesgarse.
Regresó con Zechs, totalmente empapado, y se dispuso a llevar a cabo el plan de traslado.
Revisó una vez más su arma, antes de levantar el cuerpo del muchacho. Sería toda una proeza, pero debía hacerlo.
Envolvió bien a Marquise en la capa, y haciendo un esfuerzo mayor que cuando lo encontrara, lo levantó.
Salió una vez más, bajando con precaución del caído transporte, y caminó apresuradamente hacia la vereda que había descubierto hacía unos minutos.
Entonces, notó que Zechs temblaba.
//La conmoción se agrava... debo llegar...//
Apresuró el paso sin perder de vista el lugar en el que descubriera la construcción.
Las gigantescas nubes que cubrían el cielo oscurecían el lugar de forma impresionante. Debía darse prisa, debía llegar antes de que la oscuridad fuese casi total.
Caminó aproximadamente quince minutos, tratando de mantener un paso uniforme. Pero el terreno escabroso y ascendente, la elevación en la que se encontraban y la constante lluvia helada menguaba sus fuerzas, además de que los golpes que había recibido comenzaban a manifestarse.
Hubo un momento en que las fuerzas lo abandonaron. Al sentir que sus piernas se doblaban, apretó aun más contra su pecho a su inconsciente amigo. Estaba exhausto y adolorido, y al buscar la construcción, tuvo la impresión de que se había equivocado.
//... no lo lograremos...//
Zechs se quejó levemente, haciéndolo reaccionar. Se estaba dejando llevar por la desesperanza, y eso no podía suceder.
Fijó nuevamente su vista hacia la explanada donde estaba el refugio, y pudo ver que era real, que no lo había imaginado en su desesperación. Tomó aire, y reuniendo fuerzas, se puso de pie.
//Un poco más, Khushrenada... ya casi llegas...// Continuó avanzando con esa determinación que lo caracterizaba, salvando la distancia hasta el refugio. Pero su ánimo menguó al darse cuenta que el lugar estaba abandonado y en ruinas. //No... no puede ser...//
Pasaron un enorme portón semidestruido, adentrándose en el lugar. Treize decidió quedarse, pues era más seguro estar ahí, al resguardo de la tormenta y de las bestias que rondaban la explanada.
El refugio era una construcción de dos niveles hecha a base de madera, con techos de tejas de barro recocido destruidos en algunas partes, pero cubrían muy bien el interior. Había bastante mobiliario, aunque maltrecho y lleno de tierra y basura. Se veía que el lugar había sido saqueado, pero aun podrían utilizar lo que había quedado.
Encontró un sillón grande, volcado sobre varios adornos y muebles rotos. Dejó a Zechs en el piso (también de madera) y se dedicó a inspeccionar y arreglar el lugar que ocuparían. Levantó el sillón, limpiándolo de la tierra acumulada. Buscó rápidamente a su alrededor, encontrando algunos tapetes artesanales de colores que antes habían sido luminosos y alegres. Con ellos cubrió el sillón, dejándolo listo para recostar ahí al muchacho.
No le tomó mucho tiempo encender una hoguera cerca del sillón, dando gracias al cielo por haber sido entrenado para afrontar situaciones críticas y asegurar al cien por ciento su supervivencia. Al dejar la hoguera en forma, regresó con Zechs, observándolo por unos segundos. Lo levantó una vez más, llevándolo hasta el sillón y recostándolo delicadamente. Con cuidado descubrió a Marquise de ese improvisado cobijo de su capa, dándose cuenta que no había servido de mucho, pues estaba empapado. El temblor de su cuerpo se había hecho más violento, y el rostro del muchacho era una pálida máscara inerte. Sus labios tenían un tenue color violáceo. Palpó su cuello con los dedos, encontrando el pulso débil y la piel extremadamente fría, y eso lo preocupó aun más. Hipotermia
//Está en “shock”... tengo que hacerlo entrar en calor...//
Debía darse prisa.
Diestramente comenzó a despojarlo de la ropa mojada, dejándola a un lado de la fogata: la casaca, la camisa bajo ella, las botas, el pantalón...
De pronto, se detuvo.
Ante él, completamente desnudo, Zechs Marquise se veía como un ángel.
Admiró su piel, su cuerpo esbelto, pero al mismo tiempo, agraciado con músculos ya delineados por la constancia del entrenamiento, sus facciones, ligeramente contraídas por el dolor, aun en la inconciencia...
Sintió un ligero escalofrío, producto del deseo... sintió que su respiración se entrecortaba debido a la rapidez con que la ansiedad se enraizaba en sus sentidos, tomando forma en su cuerpo... sintió cómo su boca se secaba, invariablemente como reclamo a probar esa virgen y nívea piel...
Treize hizo un enorme esfuerzo para evitar que sus dedos actuaran, reclamándolo como su posesión, acallando también todo instinto que peleaba con su autocontrol y su sentido común.
No podía... ¡No! ¡No debía!
Cerró los ojos y apretó los puños, alejándose un poco del muchacho, buscando controlar esa súbita oleada de emociones e instintos.
Tenía que hacer algo para evitar que su propio libido se convirtiera en un enemigo potencial.
//...No debo verlo... // Una vez más recorrió el lugar en segundos, buscando algo con qué cubrirlo. Y sus ojos tropezaron con la escalera que llevaba al piso superior. Sin pensarlo mucho, se apresuró a subir, dando grandes zancadas, ignorando el leve temblor que su cuerpo producía debido al frío... y a la ansiedad despertada...
Buscó con desesperación en varias destrozadas habitaciones, y finalmente encontró algunas sábanas y cobijas abajo de una cajonera, olvidadas por la prisa de los saqueadores para escapar de los ataques en ese lugar.
Regresó con Marquise, cubriéndolo apresuradamente, ocultándolo de su vista, de su deseo...
Sin embargo, no fue suficiente para el muchacho herido. El violento temblor continuaba, y el "shock" se hacía más evidente.
Tenia que hacer algo más.
Se desnudó también, dejando la ropa de ambos cerca del fuego, acomodada de tal forma que pudiera secarse lo más pronto posible para volver a vestirse, en parte, para cubrirse del frío que hacía en el lugar.
Regresó al sillón, pero por unos segundos permaneció sin moverse, pensando en lo que estaba por hacer.
//Dios... ¡Qué prueba tan dura pones frente a mi!//
Finalmente, se acostó a un lado del muchacho, sólo con una de las sábanas separándolos. Lo acurrucó contra su cuerpo y comenzó a frotar sus brazos, piernas y espalda por mucho rato, observándolo, hasta que sintió que ya no temblaba. Entonces se percató que un leve rubor teñía el rostro de Marquise, y su respiración se había normalizado.
Debía despertarlo entonces de esa inconciencia, obligarlo a luchar por su vida. Pero no lo hizo inmediatamente.
Lo mantuvo entre sus brazos, de frente a él, recorriendo con la mirada sus facciones una y otra vez, mientras prodigaba ligeras caricias en los brazos del muchacho.
// Eres tan frágil... tan hermoso... //
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Cuartel General de Oz.
Luxemburgo. 3:50 am.
El General Dermail entró a su despacho envuelto en su enorme y elegante bata, con una expresión que asustaría a cualquiera. El soldado que estaba a cargo de radiocomunicaciones tembló sólo al verlo, y la joven oficial sólo esperó, con el micrófono del radio extendido hacia su superior.
Dermail le arrebató a la muchacha el aparato, y casi a gritos respondió a quien le llamara.
-¡¡¡¿Cómo recontrademonios se le ocurre, Teniente Une, despertarme a media madrugada para algo que podrían haber solucionado ustedes?!!!
-Buenas noches, General Dermail. -La voz de Lady se escuchó firme, a pesar del tono que ese temido hombre usara. -Lamento mucho haberlo levantado, pero la situación aquí se complicó.
-¡¡¡¿En dónde está Khushrenada?!!!
-Cayó en el frente de batalla, señor. Por eso necesito su aprobación para la búsqueda del Coronel. Ninguno de los oficiales de esta base ha dado consentimiento para la formación del cuerpo de rescate a esta empresa.
Dermail se sorprendió primero, pero en seguida se recuperó de la impresión de esa noticia.
-¡¡¿Cuánto hace de eso?!!
-Casi ocho horas, señor. Las antenas de radiocomunicación y las líneas habían sido saboteadas, y hasta hace unos minutos pudimos restablecer el sistema. - Lady escribió algo en un papelillo y lo extendió al soldado que estaba junto a ella. Era la orden de buscar inmediatamente a Noin.
Casi se pudo decir que Dermail había dado un rugido. De ambos lados de los aparatos de comunicación, quienes escuchaban temblaron nuevamente, espantados por ello. Todos, excepto ella.
-¡¡¡SARTA DE INEPTOS!!! -Lady sonrió al escuchar esa frase de boca del general. Sabía que no dejaría las cosas así. -¡ Teniente Une, le doy mi completa aprobación para tomar el mando de la Base Victoria como crea conveniente! ¡Y la prioridad en estos momentos es la búsqueda de su superior, el Coronel Khushrenada!
-Si, señor.
-¡Y a cualquier oficialillo que se le ocurra interponerse, dígale que hable primero conmigo!
-Si, señor.
No podían perder más tiempo, no ahora que tenían total libertad para actuar...
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Un colorido prado se extendía ante él, cálido y apacible, en donde el inicio de la primavera inundaba todos los sentidos de su infancia, sus recuerdos, sus vivas emociones mientras corría libre de toda preocupación en medio de las flores que bordeaban el sendero hacia la mansión Peacecraft. La voz queda de Miliardo llamándolo en un suave murmullo, acarició sus oídos, obligándolo a detenerse por un momento. Volteó hacia el lugar de donde el pequeño rubio lo llamaba, y una placentera sensación lo envolvió al encontrarse con su bella sonrisa.
-...Treize...
//...Es un sueño...//
-... despierta...
Treize abrió los ojos lentamente, encontrándose con la mirada opaca y cansada de Zechs frente a su rostro.
Se despabiló, dándose de topes mentalmente por su enorme descuido. Se había quedado dormido con Zechs Marquise entre sus brazos, ignorando el riesgo que su amigo corría...
Sin embargo, escuchó su propia voz en un tono tranquilo, como si buscara evitar que el muchacho se alarmara.
-¿Cómo te sientes?
-...Mareado... y muy cansado...
-Lo imagino. -Volteó hacia una parte de la construcción por donde el exterior se alcanzaba a ver, y se dio cuenta que había oscurecido ya. -Tenemos aquí varias horas. El problema es que el lugar estaba abandonado, y con señales de haber sido saqueado recientemente.
Zechs guardó silencio por un rato. Sus pupilas celestes permanecían fijas en las de Khushrenada, ocasionalmente interrumpidas por un parpadeo lento y pesado, nada natural, tal vez producto del golpe en su cabeza.
-¿Crees que... nos busquen...?
-Es probable. Pero no tengo esperanzas de que lo hagan en estos momentos. Tenemos encima una enorme tormenta que tal vez dure una semana, y no tengo idea si alguno de los oficiales tome la iniciativa para organizar la búsqueda.
Marquise bajó un poco la vista, como asimilando lo que le dijera.
-...Tengo hambre...
Treize permaneció en silencio un momento, y repentinamente su semblante de preocupación se suavizó un poco.
-Espera, creo que tengo algo que puede servirte. -Volteó hacia donde había puesto su ropa, cerca de ellos, y sin abandonar el improvisado lecho se estiró, alcanzando la casaca y buscando en ella, en los bolsillos. -Por aquí debe estar...
Zechs vio que sonreía, reconociendo ese gesto. Y Treize regresó la vista hacia él, ahora mostrándole algo en su mano.
-Mira, no se perdió.
-¿Qué es...?
-Una barra de chocolate, aunque creo que no será suficiente. -Se la entregó, sonriéndole con algo de resignación al no tener nada más qué ofrecerle. Zechs la observó un momento, y trató de regresársela.
-No... es tuya...
-Mili, no. Te la estoy dando porque eres quien la necesita. Yo aun puedo soportar varias horas sin alimento.
-Pero no sería justo...
-La vida a veces no es nada justa. Anda, cómetela. -Treize acarició levemente una mejilla del chico, tal vez sin darse cuenta. -Te ayudará a recuperar algo de fuerza.
Zechs vio nuevamente la barra de chocolate, y una leve sonrisa apareció en sus labios.
-Ya se... comeremos los dos... -abrió la envoltura del chocolate con movimientos pausados, y al tener un trozo descubierto, lo partió con los dedos, llevándoselo a la boca. -Uno para mi...
Treize lo observó en silencio mientras comía el trozo.
Acto seguido, Zechs partió otro pedacito, y esta vez lo puso frente al mayor.
-... y uno para ti... abre la boca...
-No... yo...
-...hazlo....
Treize entreabrió la boca, sintiendo el trozo de chocolate en sus labios. Sin despegar su vista de la de su protegido, comió el pedacito lentamente, degustando el sabor dulce y embriagador del chocolate en su paladar, sobre su lengua, mientras Marquise partía otro trozo y lo comía él.
-...Uno para mi...
Un trozo más, y Treize intentó negarse otra vez.
-Cómelo tú. Yo estoy bien sin...
-También tú necesitas comer... anda; aaah... -Mansamente, Treize recibió el nuevo trozo mientras Marquise continuaba con la estrofilla. -...y otro para ti...
Por varios silenciosos segundos, ambos masticaron los trozos de chocolate. Había sido una buena idea guardar esa barra.
-Treize... ¿Por qué...? -La pregunta se quedó a la mitad, y Khushrenada sólo clavó la vista en la de Marquise.
-¿Por qué que?
-¿Por qué me seguiste...? No estarías ahora en esta situación...
-Tenía qué hacerlo. No podía dejar que uno de mis mejores hombres quedara abandonado a su suerte. No después de tan extraordinaria batalla.
-Yo también... me habría quedado contigo... -Un trozo más para Marquise.
El siguiente para Treize.
-¿Lo habrías hecho, Mili? ¿En serio? -Zechs partió otro trozo, llevándoselo a la boca mientras lo escuchaba.
Partió el siguiente, y al dárselo preguntó una vez más.
-...¿por qué sigues llamándome de esa forma...?
Treize recibió el trozo, un tanto sorprendido por el reclamo. Y pensó muy bien su respuesta antes de hablar.
-Porque es como te conozco. Zechs Marquise es un gran compañero en las batallas, un excelente apoyo en las campañas de militarización, en los países que hemos visitado para entrenar jóvenes como parte de Oz y la Alianza, pero es sólo eso. En cambio, Miliardo, eres mi amigo, eres por quien me arriesgo; nunca podría verte en circunstancias diferentes. Por esa razón no puedo dejar de llamarte de esa forma.
Lo vio llevar otro pedacito de chocolate a su boca, y un pensamiento atrevido revoloteó en su cabeza.
//...un beso... con sabor a chocolate, y a Miliardo...//
-...¿de qué te ríes?...
-Nada, fue un reflejo absurdo. -//Khushrenada, ya estás desvariando...//
-... eres... un buen amigo... un gran oficial...
-Y tú un adulador.
Rieron quedamente.
Marquise levantó el resto de la barra, dándose cuenta que era lo último que quedaba.
-Oh... -Partió el último trozo en dos, llevando uno de los trozos a su boca. -Se acaba...
Treize asintió, suspirando ligeramente.
-Lo siento.
Zechs le sonrió en un leve gesto, y llevó el último pedazo a los labios de Treize. Esta vez, Khushrenada sintió que no sólo el chocolate lo tocaba. Un dedo frío se posó en su piel y por un momento, creyó sentir una leve caricia. Cerró los labios, apresando suavemente el dedo del adolescente, y por breves segundos, ambos se observaron.
Zechs retiró su mano con un movimiento delicado, sin dejar de sonreírle.
-...gracias...
Entonces, Treize sintió también que las piernas del chico se enredaban en las suyas, haciendo la sábana a un lado de forma peligrosa, al tiempo que Marquise se acurrucaba en su pecho, Se paralizó momentáneamente, pero poco a poco se fue relajando al sentir que Zechs respiraba ya en forma regular y profunda, y que permanecía inmóvil porque una pesada somnolencia le estaba ganando terreno.
Se dio cuenta que Zechs buscaba seguridad en ese abrazo, y que pensar más allá de eso era una necedad. Así que estrechó al adolescente en forma protectora y permitió que el sueño los envolviera a los dos.
Treize despertó al escuchar el relámpago que retumbaba cerca del lugar en el que se encontraban.
Aun se sentía el impresionante eco del fenómeno en el ambiente, al tiempo que el viento arreciaba y se dejaba escuchar entre los escasos árboles del lugar, en medio del sonido que la cortina de agua producía.
La fogata aun tenía brasas completas, y su calor duraría el tiempo suficiente hasta el amanecer, que por el tono gris rojizo de las nubes parecía cercano, así que eso no lo preocupó.
Notó entonces que Zechs se abrazaba a él con más fuerza. Y sospechó que esa inquietud era debida a los temores de su infancia, originados por esos traumáticos momentos en los que, de ser el futuro gobernante de un país entero, de pronto se vio sin nada....
Un nuevo relámpago, más fuerte e impresionante que el anterior se dejó escuchar, mientras el resplandor iluminaba el interior del refugio por algunos segundos.
Zechs se revolvió otra vez, en medio del sueño. Treize lo estrechó aun más, hablándole dulcemente al oído, haciéndole saber que estaba ahí, con él, y que esos temores ya no tenían razón de ser. Y eso pareció funcionar por algunos minutos.
Zechs levantó la mirada somnolienta hacia él, sin ninguna expresión en ella. Pero Treize sintió que el chico acariciaba su pecho levemente. Lo vio acercarse a él, entreabrir sus labios y buscar los suyos en un movimiento pausado. Y él lo permitió.
Fue un beso prolongado, dulce, con el sabor de la inocencia impregnada en el aliento de Marquise.
Treize temblaba, enormemente sorprendido, pero sin soltar al rubio, acariciando a su vez su espalda, recorriendo con sus dedos su cuello, llevándolos hacia la nuca, y sujetando su cabeza con cuidado, profundizando más la caricia.
//¡Oh, Dios!...// Sintió que su corazón aceleraba sus latidos y su cuerpo empezaba a responder, pero una chispa de lucidez lo paralizó un momento. //No... así no... aquí no... //
Le costó mucho detener su emoción, su ansiedad.
Hizo un esfuerzo titánico para no dejarse arrastrar en esa caricia, propiciada por recuerdos del chico, porque al parecer, aun dormía. Y seguramente no era a él a quien dirigía esos sentimientos.
Lo separó de sí con delicadeza, sacudiéndolo levemente para despertarlo. Y comprobó que tenía razón.
-Mili...
-...mmmmmmhhh... ¿Eh?... -Esta vez, en su mirada había incertidumbre, pero se veía ya un brillo de conciencia.
-Despierta, Mili.
-...¿Q-qué...?
-Estabas muy inquieto. ¿Te encuentras bien?
Marquise volteó hacia todos lados, desconcertado, mientras se incorporaba un poco.
-¿...En dónde estamos...?
-Seguimos aquí, en las ruinas del refugio.
Zechs asintió levemente, y se acostó, cerrando los ojos por varios segundos.
-...imagino... que aun no hay señales de Base Victoria...
-Desgraciadamente, así es. -Treize se acomodó también, incorporándose para recargar la cabeza en su mano levantada. Retiró de la frente del rubio el cabello que caía sobre sus ojos, y lo observó. A un lado de la herida, un enorme hematoma cubría parte del lado izquierdo de su frente, extendiéndose hacia la sien del mismo lado. La inflamación no había disminuido. -Y esto no me gusta nada. Necesitas que te atiendan rápido.
-...No te preocupes... sobreviviré... -Treize alzó una ceja al escucharlo, mientras el rubio le sonreía cansadamente. -...Hierba mala... nunca muere... Tú me dijiste lo mismo... cuando pasó lo de L-3...
Treize le sonrió también al oírlo. Parecía estar recuperándose.
-Aunque eso es cuestionable, Mili. No te confíes demasiado.
-Si, señor...
-Descansa otro rato. Necesitaremos de todas nuestras fuerzas para estar bien aquí, mientras llega el rescate.
-...Llegará, puedo asegurarlo... -Zechs se acurrucó otra vez, dispuesto a obedecer. Sin embargo, antes de caer en el sueño, algunas palabras dichas en un murmullo golpearon el ánimo de Treize. -...Noin... date... prisa....
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Aun faltaban algunas horas para el amanecer, pero en Base Victoria había una actividad inusual. Muchos soldados estaban enfrascados en labores de mantenimiento y reparación, varios equipos de ingenieros reparaban los Mobil Suits de ofensiva.
Lucrezia Noin se presentó en los hangares lo más rápido posible al recibir el papel de manos del joven soldado que la buscaba.
Los trabajos de reparación de las antenas y líneas de comunicación acababan de entrar en funcionamiento una vez más, y Lady contactaba al mismo General Dermail, exponiendo la situación de su sobrino, el Coronel Khushrenada.
Noin alcanzó a escuchar la última parte de la conversación que Lady mantenía con ese hombre.
-... General Dermail, le agradezco enormemente que me haya atendido.
-Cumpla con su deber, Teniente. No pienso perder a uno de los mejores estrategas en un absurdo paraje inundado de África.
-Si, señor.
Y mientras terminaba la comunicación con la base de Luxemburgo, volteó hacia la recién llegada, sonriendo de manera inusual.
-Subteniente, reúna a los que considere mejor capacitados para el grupo de búsqueda. Saldremos en veinte minutos.
Noin sonrió ampliamente al escucharla. Asintió mientras hacía un precipitado saludo y se apuró para cumplir la orden.
En menos de diez minutos, Lucrezia Noin había reunido a quince soldados más, entre técnicos, médicos y algunos oficiales que habían asistido al escuadrón de ataque, como apoyo y defensa en caso de necesitarlo. Entre ellos iba el teniente Kroznet, por la enorme razón de que se sentía también en deuda con su superior. Por Treize estaba vivo, y a pesar de que había sufrido algunos golpes y cortadas, estaba totalmente ileso. Era el más entusiasta del grupo de voluntarios, aparte de Noin y Lady Une.
-Teniente Une -Lucrezia Noin se encontró con ella en los hangares, y mostró al grupo reunido. -Somos voluntarios, todos. Estamos preparados para salir en cuanto nos dé la orden.
-Una gran labor, subteniente Noin. Partiremos en cinco minutos.
Lady tomó entonces su lugar como líder de la partida de rescate, organizando el grupo de manera eficaz. Y no por mera casualidad.
Tenía un gran maestro, y ella se había aplicado diligentemente a aprender de él.
Dos helicópteros con equipo médico despegaron de una de las pistas, mientras el grupo de Leos comandados por Lady Une, seguida de cerca por Lucrezia Noin y Kroznet, se adelantaban, dirigiéndose hacia el monte Kilimanjaro.
Noin se había propuesto estar atenta a cualquier detalle que considerara extraordinario.
Ella también había tenido un gran instructor años atrás, Treize Khushrenada. Y un gran apoyo en su entrenamiento, al tener como compañero a Zechs Marquise.
Zechs le había hablado también, durante los breves tiempos que los entrenamientos les dejaban, de la mejor manera de pulir su percepción del lugar en el que se encontraba, más aun cuando eran misiones de reconocimiento de territorio.
Un relámpago atravesó el enorme cúmulo de nubes de un extremo a otro, frente al grupo, anunciándoles que la tarea sería más ardua de lo que imaginaban.
Fue un amanecer húmedo y gris.
Sin embargo, a pesar de que la situación no se veía favorecedora por ningún lado, una muy tenue señal que Lady recibiera en algún perdido recoveco de uno de los cráteres bajos del volcán los motivó a seguir. Debían continuar ascendiendo por un lado del cráter Kibo, precisamente cerca del cañón rocoso en donde tuviera lugar la confrontación de Marquise con el Mobil Suite de la guerrilla. Cercano al Pico Uruhu, casi en la zona del glaciar, Noin alcanzó a ver los restos del segundo Leo, guiada por la señal intermitente que dejara Treize en él.
Bajaron a inspeccionar el lugar, mientras los helicópteros continuaban dando vueltas cerca de ellos.
-Teniente Une, estamos a 4,900 metros de altura. ¿Cree que hayan subido más?
-No. Según recuerdo, había un refugio por esta zona. Era el último antes de llegar a la cima del volcán. Estoy segura que el Coronel también debió recordarlo, refugiándose en el lugar.
-¿Tiene idea de dónde podrá ser?
-Ninguna, pero podríamos cuadricular la zona y buscar por grupos. -Noin asintió, dispuesta a seguir cualquier orden estratégica. -Teniente Kroznet, tome un grupo de cinco y revise el lado norte del acantilado. Subteniente Noin, con otro grupo de cinco, vaya a la explanada, al este, cerca del glaciar. Yo tomaré el extremo oeste. Si saben algo, comuníquenmelo inmediatamente. Y permanezcan alertas. Aun hay rebeldes en el lugar.
Por minutos interminables los tres grupos avanzaron.
Hubo algunos rescates de otros oficiales y soldados heridos que habían sido auxiliados por algunos lugareños, casi a las faldas del Kilimanjaro, pero ninguna unidad médica reportaba a Khushrenada o a Marquise.
Un fuerte ventarrón volvió inestable la estancia en esos lugares.
-Subteniente Noin...
Lucrezia Noin estaba por llegar a un claro entre una espesa franja de vegetación entre selvática y boscosa, característica de esos territorios, cuando la voz de Lady Une la hizo detenerse.
-Subteniente Noin.
-Sin novedades aun, Teniente Une.
-Recibí otro comunicado. Parece que otra fracción guerrillera viene hacia acá.
Noin se preocupó.
-¿Los esperaremos?
-Continúe la búsqueda. Pero si se inicia algún movimiento hostil tendremos que reagruparnos.
-Si, Teniente.
Treize abotonó la casaca azul de su uniforme, enfrente del sillón en el que dormía el adolescente.
Se notaba preocupado, atento a los ruidos exteriores. Hacía poco que había amanecido, pero la luz del sol que llegaba no era suficiente. Estaban en tierra de nadie, con el riesgo de ser descubiertos no por el cuerpo de rescate de Victoria, con pocas armas y posibilidades para defenderse adecuadamente.
Él aun llevaba su arma, y era seguro que Marquise también, pero dos pistolas y unas cuantas recargas de municiones no harían demasiado contra un grupo armado fuertemente. Aun así, sabía que ambos pelearían hasta que todo fuera inevitable.
Zechs despertó al escuchar un movimiento de Treize junto a él, y lo observó.
-...¿Qué sucede?
-Pienso que debemos prepararnos para cualquier eventualidad, Zechs. -Treize tomó su ropa y se la entregó, junto con su capa. -Ya está seca. Puedes vestirte.
Marquise asintió, sentándose entre las cobijas, mientras Khushrenada se alejaba de ahí, evitándose más tentaciones.
En pocos minutos, Zechs también estaba de pie, totalmente vestido, aunque débil. Envolviéndose en la capa se acercó a donde estaba Treize, que observaba atentamente el exterior, y cuando éste volteó por un momento con él, le sonrió.
-Daría mi brazo derecho por un buen desayuno.
Treize asintió, sonriéndole también, y siguió la conversación mientras sacaba el arma.
-Con una enorme taza de café recién preparado...
Zechs lo imitó, revisando su pistola. Ambas parecían estar funcionales.
-...recibiendo las noticias de las últimas horas...
-...y preparándonos para nuestras actividades. Tú en los entrenamientos y yo detrás del escritorio, alistando la pluma.
-Eso sonó aburrido, Treize.
-Y no tienes idea de cuánto, Mili...
Ambos guardaron silencio y se agazaparon rápidamente al escuchar un ruido diferente.
-¿Helicópteros?
-No, hace mucho viento. Se escuchan varios Mobil Suits. -Treize lo observó una vez más, con expresión preocupada. -Ruega al cielo que sea nuestra gente. De lo contrario, tenemos pocas posibilidades a favor.
-Entiendo.
Permanecieron ocultos, sólo observando.
Varios Mobil Suits se acercaban al lugar, pero la lluvia no les permitía verlos bien.
Sin embargo, Zechs reconoció algo en el que encabezaba el grupo. Treize notó que su semblante cambiaba, apareciendo una enorme sonrisa en sus labios.
-Señor, te tengo buenas noticias. Vienen a rescatarnos.
-Bien, entonces dejaremos de preocuparnos. -La mirada profunda de Treize escudriñó entonces al chico. -¿Cómo te sientes?
-Mareado, algo adolorido, y hambriento...
-¿Y la herida?
Zechs se tocó la frente con sumo cuidado, inseguro.
-Duele...
-Lo imagino. -Khushrenada se levantó otra vez, guardando el arma y extendiendo su mano frente al chico, dispuesto a ayudarlo a levantarse. -Vamos, debemos salir de aquí. De otra forma jamás nos verán.
Zechs sujetó la mano de Treize y se levantó. Sin embargo, antes de poder dar un paso siquiera, perdió el conocimiento.
-¡¡Miliardo!!
Treize lo alcanzó a detener antes de que cayera al piso. Lo levantó en vilo y se apresuró a salir del lugar.
Noin abrió la compuerta del Leo al ver al Coronel salir del lugar cargando a alguien envuelto en una capa. Antes de salir, se comunicó con Lady Une.
-¡¡Teniente Une, los encontramos!! ¡¡Necesitamos apoyo médico aquí!!
-Uno de los helicópteros va para allá, subteniente Noin.
Ella no la alcanzó a escuchar.
-!!Señor!! -Bajó apresuradamente del Mobil Suit, encontrando junto con otros de los que la acompañaban a su superior, ayudándole con Marquise. -¡Señor! ¿Está bien?
//Noin... tu...//
-¡Si, yo estoy bien! ¡Él necesita ayuda!
Acababa de decir eso, cuando un disparo cercano los alertó.
El característico sonido del rotor de un helicóptero se escuchó cerca del lugar. Lucrezia se separó un poco del grupo, haciendo señales al helicóptero para que bajara en el sitio, regresando con ellos al ver que la unidad se acercaba.
-!Regresen a sus Leos! ¡Subteniente Noin, quédese con él! ¡Tomaré su unidad para cubrirlos!
-¡Pero señor...!
Treize la observó fijamente, y eso intimidó un poco a la muchacha. Su mirada era diferente a como ella la conocía.
-¡Cuídalo, Noin! ¡Es una orden!
-... S-si... señor...
Lucrezia obedeció.
Minutos después, al abordar el helicóptero de rescate junto a su amigo, volteó hacia el lugar en donde se desarrollaba otra batalla. Sabía que llegarían a salvo a Victoria.
Treize se encargaría de eso ahora.
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Sala de Traumatología y Terapia Intensiva.
Área Médica, Base del Lago Victoria.
Siete horas después del rescate.
Treize tomó entre sus dedos un mechón de cabello rubio de Marquise, acariciándolo levemente.
El muchacho dormía, y según le había informado el médico, ya estaba fuera de peligro, pero permanecería en observación algunas horas más.
Se retiró del lugar, sumido en sus pensamientos, y sin darse cuenta, sus pasos lo llevaron a otra parte que no tenía contemplada. Se encontró de pronto en los salones de entrenamiento de la Base.
Atardecía.
Se acercó a los armarios en donde se guardaban las espadas, y sacó una, observándola detenidamente mientras en su pensamiento regresaba al improvisado refugio del volcán, al momento justo en el que Miliardo lo besaba.
-Señor...
La voz de Lucrezia Noin en la entrada del salón de esgrima lo distrajo. Volteó con ella y le sonrió ligeramente.
-Subteniente, ¿qué hace a estas horas aquí?
-Bueno, alguien me dijo que tal vez podría encontrarlo en este sitio, y... quería hablar con usted. -La vio dirigirse hacia el armario abierto y sacar otra espada. Ella volteó con él y le sonrió también. -Pienso que una charla interesante en medio de un duelo, con un contrincante como usted podría ser un gran estímulo en mi entrenamiento.
Treize asintió, retirándose entonces para ocupar su lugar en el espacio de entrenamiento, en medio de la duela.
-La escucho, Noin.
Ella admiró su forma de prepararse. Su espalda en una perfecta línea recta mientras mantenía la espada vertical frente a su rostro, observándola mientras ella tomaba su lugar.
Ambos adoptaron la posición de inicio, y fue él quien dio la señal.
-En guardia...
Arremetieron una, dos, tres veces, despacio, estudiando uno las tácticas y técnicas del otro.
-Es curioso, señor. Zechs maneja la espada casi como lo hace usted.
Treize sonrió por un momento. //Yo lo entrené//
-Muchas veces las técnicas que se adoptan siguen un estándar, Noin.
-Si, lo imagino. -Con un movimiento extraordinariamente rápido ella se quitó dos ataques directos. -Señor, quiero agradecerle el que haya permanecido con Zechs...
-Era mi deber hacerlo. Usted sabe que mi liderazgo no es en un solo sentido. -Treize dio dos pasos hacia ella, atacando y replegando. Tenía una levísima sensación de disgusto. -Por otra parte, Zechs Marquise es uno de los mejores oficiales que he tenido bajo mi cargo. No lo iba a perder por un error táctico.
-Lo sé. -Noin dio un giro, haciendo que Treize fallara otro golpe. -¿Lo habría hecho por cualquiera de nosotros?
No le respondió. Por algunos segundo se enfrascaron en un combate sin tregua, atacando, defendiendo. Ambos en un nivel similar en sus técnicas. Sin embargo, Treize recordaba insistentemente la caricia que Miliardo le arrebatara en medio de su inquietud, distrayéndose. Entonces decidió preguntar lo que lo incomodaba.
-Noin, ¿tú lo habrías hecho?
-¿Quedarme con él? Si.
El mayor ahogó el leve malestar que esa respuesta le produjo. Pero sin darse cuenta, la fuerza de su ataque aumentó.
-¿Por qué?
Esa pregunta desconcertó a la chica, quien se vio también en apuros para continuar con el duelo.
-...E-es mi amigo... le debo mucho...
Treize se apartó dos pasos de ella, observándola fijamente. Y su voz se escuchó queda, y extraña.
-¿Lo amas?
Lucrezia se sorprendió muchísimo con esa pregunta.
-...N-no lo sé...
Y no vio venir el siguiente ataque.
Treize repitió la pregunta, en un tono de voz más fuerte, exigiendo una respuesta. -Lucrezia, ¿lo amas?
-¡No lo sé, señor!
Dos fuertes estocadas de parte de él la hicieron perder el equilibrio. Pero aun en el piso, Noin alcanzó a cubrirse.
-Por supuesto que lo sabes... -Treize la alcanzó, esgrimiendo magistralmente la espada. Con un movimiento inusual desarmó a Noin y apuntó la espada hacia su pecho.
Noin permaneció en silencio, sin despegar la vista de él. Supo que no la dejaría hasta obtener una respuesta.
-...Señor... no he definido mis sentimientos. Lo admiro, y siento un aprecio muy especial por él. Al igual que lo siento por usted. Pero en caso de que llegara a saber a ciencia cierta que lo amo, también sé que no sería correspondida. -La punta de la espada de Treize empezó a hacer presión. Él no se había percatado de eso, sólo la observaba. -Él ama a otra persona. Jamás me lo ha dicho, pero no necesita hacerlo. Y yo sé que no podría competir con eso.
Un leve escalofrío lo recorrió. ¿Otra persona?
Lucrezia gimió levemente, haciéndolo regresar de su pensamiento.
-Señor... me lastima...
Treize retiró la espada de ella, ayudándole a levantarse.
//¡Por Dios, Khushrenada! ¿Qué estás haciendo?//
-Lo siento... -La sujetó con delicadeza, pasando también un brazo por su cintura, ayudándola a llegar a una banca que estaba a un lado de los armarios. -Lo siento. Aun estoy alterado por lo ocurrido en el Kilimanjaro.
-Entiendo... -Ella asintió, sonriéndole levemente mientras se sentaba. -Fue un gran duelo, señor. Espero no haberlo defraudado.
Él sólo le sonrió al escucharla.
-En lo absoluto. Debo irme, subteniente Noin. ¿Estás bien?
-Si, si. Gracias, señor.
Treize la dejó, reprochándose por la forma en que había dejado que sus emociones se impusieran. No debía permitirlo, por más que sintiera que esos sentimientos lo asesinaran.
Entonces, una decisión echó raíces en su pensamiento, en su razón misma.
Caminó hasta el área administrativa, hacia su despacho, ignorando a Lady cuando ésta trató de alcanzarlo. Cerró la puerta, asegurándola, y fue hasta su escritorio, encendiendo su unidad de video conferencias.
Un rostro conocido tomó forma en la pantalla, y Treize saludó en forma respetuosa.
-General Dermail. Coronel Treize Khushrenada, reportándose.
-Treize -La voz de su tío se escuchó tranquila. -Veo que estás bien. Quiero felicitarte por la victoria en Zanzíbar y Kenya. Tus tropas son excelentes.
-Gracias, señor. -Treize permanecía con expresión seria. Su decisión era dolorosa, pero necesaria. -General, solicito mi traslado a otra base.
Dermail se sorprendió, pero su semblante no dio muestras de ello.
-Imagino que debes tener motivos relevantes para hacer esta solicitud, sobrino.
-Son personales, señor. Por otra parte, sé que esta base está a salvo mientras Oz se haga cargo de la manutención del fuerte Zanzíbar. Puedo señalar que los oficiales que dejaría a cargo de Victoria son bastante competentes, y que cubrirían mi ausencia sin complicaciones.
-Eso significa que harás lo posible por obtener un traslado, ¿cierto? -Dermail sonrió. Conocía la determinación de su sobrino. Era un Khushrenada. -Está bien, Treize. No te preguntaré tus motivos, porque tu petición la haces en un momento oportuno. Regresa a Luxemburgo. Trabajaremos en tu ascenso y la planeación para unificar a las naciones terrestres bajo el mando militar.
-Si, señor.
-Mañana, a primera hora, Treize.
Dicho esto, Dermail cortó la transmisión.
Treize suspiró quedamente, pensando que era lo mejor.
Volteó hacia la puerta al escuchar unos leves toques en ella, y sacudió la cabeza ligeramente al pensar que Lady Une estaría preocupada por su forma de actuar. Caminó entonces hacia ahí y abrió. Lady estaba frente a él, desconcertada.
-Señor Treize, ¿está bien?
-Si, Lady. Pasa, necesito informarte las últimas órdenes recibidas. -La invitó a entrar y cerró la puerta mientras hablaba. -Seremos trasladados a Luxemburgo esta misma noche, Lady. Tenemos mucho trabajo por hacer...
-¿A Luxemburgo?
-Así es. Pero antes necesito que me consigas algo, con cierta urgencia. -Treize sonrió, pensando en ello.
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Sala de Traumatología y terapia intensiva.
Área Médica, Base del Lago Victoria.
Veinte horas después del rescate.
Zechs abrió los ojos despacio.
Había dormido como si en una semana no lo hubiera hecho, y se sentía desubicado.
Noin estaba sentada a un lado de la cama, y al verlo despertar le sonrió ampliamente.
-Hola, dormilón.
-Noin...
-¿Cómo estás?
-Me siento mejor. -Volteó hacia otra parte de la habitación, como si buscara algo. -¿En dónde está?
-¿Quien, Zechs?
-Él, el Coronel Khushrenada... también estaba herido...
Noin asintió un momento, y sujetó su mano.
-Se fue de Victoria hace unas horas.
Zechs regresó su mirada celeste hacia ella, extrañado.
-¿Se fue? Pero...
-Lo trasladaron a Luxemburgo. Me pidió que te despidiera de él. -Noin le entregó una barra de chocolate, del mismo que habían compartido en el refugio, hacía más de 24 horas. -Dijo que tú entenderías esto.
El muchacho agarró la barra, y sonrió levemente.
-Si, es cierto. Gracias, Noin.
Noin asintió y se levantó de la silla en la que estaba.
-Tengo que presentarme al entrenamiento, Zechs. Pero me da mucho gusto ver que te recuperas. Nos vemos después.
Marquise la vio irse.
Al quedar solo, volvió a observar la barra de chocolate con cierta melancolía.
Había estado tan cerca, pero al mismo tiempo, tan lejos...
Ahora no tenía la certeza del tiempo que transcurriría para que ambos volvieran a verse.
-Nunca entendiste, señor... -Lentamente abrió la envoltura del chocolate y cortó un trozo del mismo, volteando hacia la ventana que mostraba un soleado día. -Pero te esperaré...
Una tenue sonrisa se formó en sus labios mientras se llevaba el pedacito de chocolate, recordando la estrofilla.
//Uno para mi... //
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