Por Van Krasusser

Dentro de mis expectativas personales, siento que no podré alcanzar realmente la esencia de las personalidades de mis nobles preferidos, pero hago el intento. Y si, a veces me lleno de una impulsiva obsesión con ellos. Creo que es un gran defecto de mi parte, pero lo disfruto de verdad.

Bueno, pasando al fic.
Es imposible, y lo reconozco. Lo siento, lo siento tanto, pero no puedo escribir lemmon. Mis más sinceras disculpas a quienes me lo han pedido. De verdad, pasando madrugadas con la suficiente inspiración, tengo que rendirme ante lo que es evidente. Mi sensibilidad y mi conciencia aun son demasiado fuertes, y no puedo con ellas. (Y creo que tampoco podría vivir dándome golpes de pecho todo lo que resta de mi vida sobre esta tierra… eh… exagero. ^_^ ).

La otra realidad es… que no puedo decidir entre ellos qué roles juegan en este único encuentro que he plasmado. Es demasiado difícil tomar partido en esas circunstancias. Aunque también creo que exagero. ^.^

Bien, una inspiración más, una historia más.
Ah, por cierto, este fic es de mi puño y letra, motivados por mi hedonista y algo excéntrica imaginación. Espero que lo disfruten.

Van Kraussser

Basado en la serie Gundam Wing.
Treize x Zech

Todos los personajes son propiedad de Bandai, y su creador.
(desafortunadamente, Treize NO es mío) ={ (y si, sufro por eso)

Anotaciones:
- diálogos
" " pensamientos
// flashback

 

Bruselas
195 A.C.

Hace apenas unas horas que he llegado a la Mansión.

No puedo decir que he llegado a casa, porque desde el momento en que me uní a las Fuerzas Especiales, dejó de serlo. Ahora sólo representa una parte del pasado en mi historia personal. Sólo una parte, porque el resto está formado por vivencias en un lugar que ha dejado de ser; está formado por recuerdos de un paraíso perdido, a tu lado…

Llevo aun el uniforme que me ha caracterizado desde el momento en que fui ascendido al rango de Coronel, y no por el hecho de no tener un guardarropa apropiado, sino porque me siento mucho más cómodo con él, porque la costumbre ya lo ha hecho parte de mi vida, y porque no deseo dar otra impresión a la persona que espero con ansias indescifrables… No deseo que me conozcas de otra forma, no deseo que me recuerdes diferente a como ahora soy...

Y el tiempo se me antoja eterno mientras distraigo un poco mi atención en lentos y silenciosos paseos alrededor de los jardines, acomodados tal y como deseo recordarlos, como en los tiempos en que me deleitaba en Sanc junto a ti, atravesando los jardines que circundaban la Mansión, llenos de rosas de variadas especies, exóticas, delicadas…
Ni siquiera la presencia de mis parientes me motiva a regresar al salón principal, en donde se lleva la celebración por la que me encuentro aquí… ni siquiera los incisivos comentarios que me han hecho algunos de los miembros de la familia, especialmente Dorothy, me han molestado siquiera.

Dorothy Catalonia...

Siempre tan encantadora, y fatal. Sonrío al liberar ese pensamiento extraño, al recodar también que la suspicacia que la caracteriza de la mayoría de los descendientes de la familia Dermail, estuvo a punto de descubrir nuestro secreto... tu enorme secreto, Zechs...
Pero fue esa misma suspicacia la que descubrió "mi" secreto; fue la misma Dorothy quien me orilló a aceptar mis sentimientos, esos sentimientos que me mantenían al margen de toda alegría familiar, de toda convivencia... porque no los aceptaba... no los reconocía, hasta que ella lo hizo por mi, aun sin darse cuenta…

//flashback//

Celebrábamos las navidades como la enorme familia que éramos…
Los más jóvenes nos sentábamos frente a la enorme chimenea, en el salón principal, escuchando a los adultos hablar de las hazañas y victorias obtenidas en las conquistas y las guerras, o las interesantes historias plasmadas en los libros de los poetas de la edad media, del tiempo de los templarios, o de las batallas griegas de antes de la Era Cristiana.
Y nunca me percaté de lo que estaba haciendo, hasta que la infantil y aguda voz de la pequeña me arrancó de mi trance, en el que recordaba el momento en que me dieras ese valioso regalo. Tan valioso para mi, porque era tuyo…

- Treize, deja de acariciar la bufanda como si fuese un gato.

Al oírla, bajé mi vista hasta la prenda que descansaba entre mis manos; una bufanda larga, cuidadosamente elegida por su elegancia y sencillez, de color azul profundo…

"Azul índigo" me habías dicho "Es una sorpresa que combina con el color de tus ojos…"

- ¿Quién te la dio? ¿Tu novia? - la vista de todos se centraron en mi al escuchar la pregunta, y sentí como mi padre puso especial atención a mi respuesta. Yo sólo voltee a verla a ella, sin expresiones que pudieran delatar mi deseo de asesinarla ahí mismo.- ¿Por eso la acaricias tanto?

- No, me la regaló un amigo… un amigo muy querido para mí…

// fin del flashback//


Y tuve que admitirlo al ser acosado por insistentes preguntas y comentarios como esos cada vez que me tenía al alcance, cada vez que nos veíamos, cada vez que ella ponía al descubierto ese aspecto de mi vida que creía olvidado, desterrado de mi, en parte por el sueño que buscaba hacer realidad, pero también, por no contrariar nuevamente a mi padre... por evitar que se sintiera decepcionado una vez más, debido a que su hijo, el único descendiente de la familia Khushrenada, no era lo que él hubiese deseado…

Y sólo Dios sabe cuán grande fue esa lucha conmigo mismo, pero al final, perdí esa batalla…

Tuve que admitirlo...

Estaba enamorado...

Profunda, seria, absoluta, completa y ridículamente enamorado...

Al principio creí que me sorprendería tal descubrimiento, pero no fue así. Todas mis dudas se dispersaron, todos mis deseos de protegerte se justificaron, y todos los temores pasados regresaron con más fuerza...
Y me di cuenta que ese sentimiento no había llegado súbitamente, no había tardado unas cuantas semanas, o meses. Había sido toda una vida, desde el momento en que te conocí, desde el momento en que ese sentimiento extraño, profundo, de una alegría sin comparación, aun siendo unos niños, afloraba al estar junto a ti.

Y aunque no de esa forma, alguna vez te lo había dicho, en la inocencia de la convivencia infantil, al reconocer que eras hermoso a la percepción de la belleza, tal y como la conocía...

Está dando inicio el atardecer, y mis pasos me han traído cerca del área donde se encuentra mi dormitorio, en la parte más alejada de la actividad social de la Mansión Khushrenada. Mientras observo los matices con que el ocaso tiñe el cielo, he decidido sentarme en la banquilla que está entre los rosales blancos -aquellos que traen a mi mente el tono platinado de tu cabello- y permito que los recuerdos lleguen una vez más.

Dejo el libro sobre mis piernas, sin tener la intención de abrirlo siquiera. No hay cabida para la lectura; no ahora, porque mi pensamiento está saturado de recuerdos intensos, recuerdos de esos momentos que marcaron nuestras vidas con esa convivencia continua en una amistad sin precedentes; con la angustia en el momento en que te creí muerto; con la secreta alegría al encontrarte una vez más, tan cerca, pero al mismo tiempo, tan lejos de lo que habíamos vivido… y con todos esos sueños e ideales de los que hablábamos mientras permanecíamos en los entrenamientos del cuerpo de los Especiales, mientras crecíamos…

El diario que inicié desde el día que te conocí continúa dentro del cajón de mi escritorio, guardando celosamente todos y cada uno de los recuerdos que obtuve estando a tu lado, e incluso, en la distancia, amándote en cada uno de ellos más y más, conforme pasaba el tiempo. ¿Cuántas alegrías y tristezas, cuántas victorias, y angustias también, pasamos juntos? Ya he perdido la cuenta, pero todas y cada una de ellas quedaron registradas en esas páginas…

Y por un momento, pienso que todo el esfuerzo de cumplir con la promesa que hice a tu memoria, a la persona que has tenido que ocultar por años, será vano si llegase a ceder en los propósitos que nos hemos trazado, y temo por ti especialmente, porque conozco tu carácter imprevisible y difícilmente contenido por la prudencia. Hemos quedado de vernos en estos días, y no tengo idea de cuánto será lo que deba aguardar para ello, para poder verte una vez más…
Escucho pasos en las baldosas de cantera, acercándose pausadamente hasta donde me encuentro. Es un sonido suave, inconfundible, ansiado por mis sentidos desde hace tiempo… y mi pulso se detiene momentáneamente al reconocerlo, para después tomar un ritmo acelerado, llenándome de una ligera ansiedad…

… me sorprendo al ver cómo una hermosa flor, una rosa color tinto, tan brillante, tan fresca, tan intensa que pareciese que estuviera empapada en sangre, roza ligeramente mi mejilla, antes de ser depositada encima del libro que sostengo sobre mis piernas…

Una rosa, color rojo sangre… porque tú sabes que son mis favoritas…


- Mi reino por tus pensamientos - tu voz inunda mis oídos, embriaga mi corazón de alegría, y volteo a verte con renovadas esperanzas al ver que estás ahí.

- Amigo mío, has venido - Regreso la indulgencia de tu sonrisa con la mía, que se ha forjado desde mi fatigado espíritu debido en parte a la soledad que encierran estas paredes, al cansancio con el que esta misma soledad aprisiona mi esperanza…

Pude ver como tus ojos brillaban a través del cristal oscurecido de la máscara, mientras sujetaba con delicadeza el tallo de la flor que me entregabas. Y eso me hizo recordar el día que yo te cortejara veladamente, en medio del hermoso prado de rosas que me mostrabas por primera vez, en uno de los extremos del palacio. Y cómo el leve rubor que cubría tus mejillas me indicaba tímidamente que aceptabas la amistad que te ofrecía, aun indeciso, pero deseoso de que la cercanía entre ambos fuese real…

- Sólo vine a despedirme.- No tienes idea de cómo detesto esas palabras, de cómo me quitan el aliento, y de qué forma aumentan mi desesperanza.- Debo ir a Base Victoria para reforzar el entrenamiento de los cadetes que Lucrezia Noin tiene bajo su mando. Después de la entrada de los Gundams, nada de lo que hemos hecho hasta ahora está seguro. Y… por otra parte, esto es diferente a todo lo que había pasado antes.

Por un momento pienso en ello. Hace unos cuantos meses no teníamos idea de que confrontaríamos una sublevación de esa magnitud por parte de las colonias. Hace apenas unos meses, ambos seguíamos una cómoda rutina en la que aun permanecíamos cerca uno del otro, en la que conocíamos de qué forma confrontaríamos a todos aquellos que buscaban poder absoluto, tendiendo nuestras propias estrategias, pero ahora…

Me levanto de la banca en la que descansaba, y volteo en un breve silencio, observándote con detenimiento. Y me doy cuenta que mientras el tiempo sigue su carrera indolente con todos nosotros, contigo tiene cierta complacencia. Tu mirada se embellece cada vez que el paso del tiempo refleja una madurez en ti, al igual que la rosa con la que habías cambiado mi día; más bella al abrirse por completo...
Y no tengo idea de la sorpresa que me tienes preparada…

- Sé que harás un buen trabajo - caminamos uno al lado del otro hacia el edificio principal, por el pasillo que comienza a llenarse de sombras por la caída de la tarde. - Yo aun no tengo plena seguridad de lo que planea hacer Romefeller. Temo que cometan una locura.

- Una locura… ¿como la de permitir que nosotros estemos entre ellos? - Tu voz modulada en ironía resalta con mayor fuerza la leve sonrisa que adorna tus labios. Y yo también sonrío.

- Lo último que he sabido hasta el momento, es que en Base Lunar hay un proyecto nuevo, pero no he visto que entrenen a más cadetes especialmente para ese proyecto - Tu suspicacia continúa intacta, y la preocupación también se refleja en tu semblante tras mis palabras. - Sospecho que el siguiente movimiento es deshacer la Alianza, empezando por el pacto que había entre ellos y Oz, pero no imagino aun en qué forma. Y no estoy de acuerdo en eso.

- Pero lo que debe preocuparnos ahora es que Oz no se desbarate a si mismo.

- Bien, déjame eso a mi.- Siento que tu sonrisa se borra al pensar que esta vez nos separaremos por más tiempo, por motivos diferentes, y que tal vez las batallas que libremos nos confrontarán…

Caminamos en silencio una vez más, pensando en los problemas que se aproximaban, en las situaciones difíciles que ambos teníamos que librar, y en un leve arrebato de angustia, mis dedos acarician los pétalos aterciopelados con cuidado.

- ¿Pensabas en eso cuando llegué?- volteo al escuchar tu pregunta, mientras atravesamos el último pasillo que nos da acceso al estudio que he acondicionado junto a mi habitación. En tu voz siento un poco de angustia, pero sabes ocultarla. Y no es momento ahora para continuar en esa actitud. Fijo mi vista en ti mientras caminamos.

- No, en realidad pensaba en estos momentos en los que puedo disfrutar de un poco de tranquilidad. Oz continúa en su extremista demanda de trabajo y cumplimiento, y muchos de los líderes esperan demasiado de mi.- Una leve risa escapa de mis labios.- Lady Une entre ellos. Si por ella fuera, me encadenaría a algún escritorio en la Base Edwards, detrás de una monstruosa montaña de papeles.- Y por ese comentario, tu risa discreta acaricia mis oídos.

- No seas tan duro con ella. Sólo cumple con su trabajo. Además, te adora.

- Ese no es el punto al que quería llegar, de verdad.- No puedo evitar que mi vista se desvíe al piso, con una ligera pesadumbre.- Me siento algo cansado.

- Comprendo.- Tu voz se ha suavizado aun más, como si quisieras evitarme algún malestar. Vuelvo a levantar la vista, sonriendo, fingiendo no darle más importancia al comentario que acabo de hacer. Y me reprendo a mí mismo. No tienes por qué sufrir esos inconvenientes que sólo me afectan a mi.

- He visto que el Tallgesse ya no te ha dado problemas.

- Así es, ya me acoplé al sistema. Fue un poco difícil al principio.- Veo que sonríes ampliamente al ver mi reacción con tus palabras.- Es tu diseño, Treize. Aunque sea el mejor piloto de los Especiales, no puedo tener fielmente tu forma de pensar. El sistema no representó en ningún momento un problema para ti, porque tú lo conocías a la perfección. Pero en mi caso, y en el de todos los demás pilotos, esto es muy diferente.- Ambos entramos al estudio, y tomas la iniciativa de cerrar la puerta, asegurándola. Un ligero sobresalto me aturde momentáneamente al recordar que años atrás, al sentirte inseguro, golpeado por las circunstancias y por tus propios temores, intentaste asesinarme. ¿Volverá a ocurrir?-- Todo creador conoce su obra, y cada detalle en ella. Esa fue la verdadera dificultad a vencer; el desconocimiento de una obra que no es mía.

- ¿No crees que es un tanto exagerado?

- Sólo un poco.- Caminas a una de las ventanas, y yo sólo te sigo, en silencio. De pronto, un nuevo y oscuro sentimiento se arraiga en mí.

- Zechs… - Me paro a tu lado, ambos con la vista al exterior. Y no estoy muy seguro si el tono de voz que salió de mi boca reflejó mi verdadero sentir a una realidad cercana.- Pronto llegará el día en que podrás reclamar tu verdadera identidad.

Y sin desearlo, tus palabras dichas años atrás, me lastimaron… "Pero si esto sucede, no podremos seguir con nuestra amistad…"

- Lo sé.- Observamos cómo una de las estrellas que emergen en las primeras sombras del ocaso hace su aparición frente a nosotros, y dejamos que por unos momentos el silencio precediera a nuestro diálogo. Y nuevamente eres tú quien rompe ese silencio. - Estabas equivocado.

- ¿Perdón?- Volteo hacia ti al escuchar eso. No comprendo al principio.

- Estabas equivocado, Treize. No disfruto ser Zechs Marquise. No quiero llevar por más tiempo esta máscara, nunca lo quise; la aborrezco. Pero tenías razón en algo.- Al decir esto, sujetas por los lados la estructura fría de la máscara, y con un movimiento rápido, te liberas del indolente abrazo metálico, dejando libre tu verdadera personalidad. - No debí tener esta ventaja injusta, aun sobre ti. Nunca debí tomarla. - Y cambias tu posición, volteando totalmente hacia mi…

¡Oh, Dios! Esto representa mi perdición...

Tus ojos celestes brillan intensamente, haciendo que tu apariencia entre los largos cabellos de platino fuese conmovedora. Y yo sólo puedo fijar la mirada sorprendida en tu rostro, un rostro que no había tenido el privilegio de ver durante varios años. Había olvidado cuán hermosas y características son tus facciones, había olvidado que poseían una belleza refinada y una gracia inigualables.

-Milliardo...


Un leve suspiro escapa de tus labios, al tiempo que dejas que la máscara de acero resbale de tus dedos cubiertos por los guantes, liberando tus manos. Sólo he podido ver que volteas totalmente hacia mí, y subes tus manos hacia mi rostro, sujetando mi cabeza con cuidado.
Todo sucede demasiado rápido.

- Treize...- Tus labios acarician los míos al decir mi nombre, y mientras cierras tus ojos, dejas que ellos tomen la iniciativa.

Por breves segundos, la sorpresa influye en una leve resistencia al acto, pero es real, y no puedo permitir que por un prejuicio, todo lo que por años he esperado, se pierda en un segundo.

Es tan extraño…tan repentino… tan inesperado… y exquisito…
No me percaté del momento en que tus manos bajaron hasta mis hombros, y rodearon lentamente mi espalda, acercándome más a ti, arrebatándome de todo entendimiento que pudiera surgir en esos momentos y permitiendo que mis sentidos correspondan plenamente… tampoco tuve noción alguna de cómo esa caricia, dulce y tímida al principio, se convertía en una audaz provocación en mi boca, en mi libido conforme pasaban los segundos…

Siento que me empujas en forma gentil, llevándome hacia el dormitorio, y me das un poco de espacio en cuanto estamos frente a la puerta que lo separa del estudio. Aun estoy sorprendido, pero al mismo tiempo, lleno de alegría al saber que mis sentimientos hacia ti son correspondidos, después de tanto tiempo en el que sólo la esperanza me mantenía de pie...

- Tengo una pequeña sorpresa para ti.- 

Tu sonrisa muestra un leve gesto travieso, y esperas una reacción determinada.

- ¿Una sorpresa más? ¿En mi habitación?- Abro la puerta con cierta aprehensión, y no puedo creer lo que veo.- Pero... ¿Cómo entraste…? ¿qué…?

- Tengo mis métodos.

- Por supuesto.- Camino sobre la alfombra de pétalos que marcan el camino a la cama, aspirando el aroma delicado que despiden.- Yo te entrené, lo recuerdo perfectamente.- ¿Cuántas rosas están ahí, en el piso, y sobre la cama, esperando por nosotros? ¿Cuántas fueron escogidas por el color tinto, por su textura aterciopelada, por ser verdaderas piezas de arte en medio de los jardines?

Me alcanzas junto a la cama, y te paras frente a mí, deshaciéndote ahora de los guantes. Y tu mano busca mi mejilla, busca entrar en un contacto más íntimo, más personal… levanto un poco la cabeza, permitiendo que ese contacto pueda darse sin dificultad. No pasa mucho tiempo, cuando te enfrascas en la tarea de desabrochar uno a uno los botones que conforman la enorme hilera que cierra la casaca, pero eso, en lugar de enfriar mi ánimo, lo aumenta aun más.
Tomas mis manos entre las tuyas y poco a poco, las liberas de los guantes que por años, han estado entre ambos, algunas veces evitando la calidez que ahora siento de tus dedos. Con delicadeza, las llevas hasta tus labios, y dulcemente las cubres de besos. No puedo evitar un leve rubor en mis mejillas al sentir tu aliento entre mis dedos. Me despojas del uniforme, y llevas tus caricias en un sendero cuidadosamente estudiado... y me doy cuenta entonces que superas todas mis expectativas.

- ¿Recuerdas la primera vez que nos vimos, después del desastre?- Tu voz, dicha en un suave murmullo junto a mi oído, provoca un breve temblor en lo más profundo de mi alma... ¿cómo no recordarlo? Volvía a estar vivo, porque tú estabas vivo...- Tengo tan presente la primera vez que tus dedos recorrieron mi rostro, secando mis lágrimas, dándome ese consuelo que tanto necesitaba... tu toque no me ha abandonado desde entonces, Treize. Amé tu espíritu cuando me descubriste tus ideales, cuando me enseñaste la nobleza de esta vida... aun cuando nadie más la ha podido ver... amé tu voz cuando me hacías reconocer la verdad, desechando la ilusión de las mentiras que mi propia desesperación ponía en delirios absurdos; amé tu voz en todos los aspectos que la autoridad demandaba de ella, de ti... Amo tu forma de amar a las personas, de demostrar ese sentimiento puro a la gente, la manera en qu...

No permito que continúes. Busco con desesperación apresar tus labios con los míos, y sentir que no tengo mayor razón para estar en este mundo, que tu propia existencia... me siento en la cama, atrayéndote en medio de la caricia, y ambos nos acostamos entre los pétalos de rosas, dejando que sean ellos quienes complementen esa caricia, besando nuestros deseos, nuestros sentimientos, nuestra piel...
Y en medio del juego, ambos quedamos totalmente desnudos, en esa perfección que sólo puede apreciarse en medio del más puro sentimiento, del enorme placer de mostrarse a la persona amada tal y cual uno es...

Mientras siento como exploras cada parte de mi, volteo a las ventanas que muestran los jardines, y pienso con cierta nostalgia en los días que he pasado aquí, solo, y cómo cada noche, en una especie de ritual propio, abría cada una de esas ventanas sólo para que la fragancia de las rosas llegara a mi, trayéndome vagos recuerdos de ese frágil reino al que pertenecías. Y ahora pienso hacerlo con mayor devoción, para revivir estos momentos en que eres mío, y en que yo te pertenezco por completo, mientras ese delicado perfume se mezcla con el olor de tu piel...

Tu cabello acaricia mi rostro como si estuviese hecho de hilos de seda, y mis brazos se enredan en tu cuerpo, reconocen cada movimiento que haces... mi boca saborea tu esencia, mis sentidos se pierden en ti... ¡y qué decir de tus expresiones, de cómo tu rostro muestra cada sensación, cada emoción que despierta esta experiencia! Y sólo yo... sólo yo las conozco...

Mi nombre en tus labios, en medio de cada jadeo y suspiro, llega hasta mí como un delicado bálsamo que renueva mi espíritu, y mi boca recita tu nombre, tu verdadero nombre, como una plegaria...

Embriagado en ti, alcanzo nuevamente tus labios, y aspiro la esencia de tu alma en esa caricia profunda y devastadora, al momento mismo en que ambos tocamos nuestros límites, en que todo a nuestro alrededor deja de ser, de existir, y da lugar a nuestra permanencia en el éxtasis compartido... y aunque sólo son fragmentos de tiempo, sólo unos cuantos segundos, para nosotros, el universo entero se ha detenido…

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Poco a poco, la tranquilidad regresa a nosotros, aun abrazados, exhaustos, repletos de placer. Y besas pausada y dulcemente mi rostro, e imagino que lo haces aun con los ojos cerrados, porque yo permanezco de esa forma, sólo permitiendo que mi piel te sienta… Es un momento mágico… inigualable… Porque es el momento en que permanece el sentimiento. Y el deseo que despertó toda esa pasión vivida, se recupera lentamente.

Mi mente está llena de tus expresiones, de esa exquisita manera tuya de entregarte enteramente, y la realidad vuelve otra vez a mi pensamiento, implacable, indolente, porque de pronto reconozco que ese momento jamás se repetirá, porque fue la manera en que te estabas despidiendo de mi…


- Mili… te irás en unas horas… - mi voz es apenas un susurro en medio de la oscuridad que nos envuelve.

- No pienses en eso - tus dedos dibujan breves círculos en mi espalda y hombros, intentando tranquilizarme, pero creo que no te das cuenta que están impregnados de angustia.- Estamos juntos ahora, y eso es lo que cuenta.

Con un movimiento leve de mi cabeza, trato de estar de acuerdo contigo. Y queda truncado a la mitad, y eso me obliga a recargarme en tu cuerpo, a buscar el calor de tu abrazo con mayor desesperación. Te he tenido, te he pertenecido, pero se acerca el momento en que tal vez te pierda, para siempre…

Y antes de que el cansancio pueda hacer presa de mi en forma absoluta, presento resistencia. Te abrazo con fuerza, como cuando tú lo hacías, siendo aun unos niños, en medio de las noches de tormenta, cuando intentabas huir de las pesadillas que despertaban en ti los relámpagos, cuando te confundía el estruendo natural, y pensabas que era parte del ataque que había devastado tu mundo, tu pequeño mundo. Me aferro a ti con la misma desesperación con que un náufrago se aferra a un endeble madero, en medio del mar embravecido de acontecimientos, presentes y futuros, acechándonos. Abro los ojos, y busco tu mirada ansiosamente…

- Quiero que esto no termine jamás… quiero demostrarte cuánto es lo que te necesito, lo que he llegado a amarte.- Tu expresión refleja una hermosa serenidad mientras me escuchas, y sonríes levemente.- Quiero que esta noche sea sólo nuestra… por favor…

Sin pensarlo mucho, estrechas el abrazo, y buscas nuevamente mis labios… y una vez más nos entregamos con fuerza, pero ahora es diferente, porque sé, ahora lo sé, que después de esta noche, mis esperanzas tomarán sus alas, y se alejarán de mi, a tu lado…

No tengo idea de cuánto tiempo nos amamos de esa forma… ni de cuando el sueño envolvió mi voluntad, venciéndola, enredado en tu abrazo, arrullado por el latir de tu corazón cercano a mi oído, mientras descansaba una vez más sobre tu pecho. Sólo se que ha llegado el momento que me dejarás…

Despierto lentamente, reconociendo el cambio en la luz que nos llega del exterior, ese tono mortecino que anuncia la cercanía del alba en el horizonte… y te busco en el otro lado de la cama, sin éxito. Volteo un poco al oír un leve roce de tu capa al ser colocada sobre tus hombros, y puedo ver tu silueta. Puedo verte, ya vestido con tu uniforme, y con la máscara que esconde tu identidad bajo el nombre de Zechs a un lado de ti. Y decido no forzarte con mis temores, con mi angustia personal… y cierro los ojos una vez más, aparentando dormir. Siento que te acercas una última vez, y antes de ponerte la máscara, depositas un levísimo beso en mis labios, tal vez temiendo que fuese a despertar. Y lo siento como la caricia de la rosa con la que llegaste hasta mi el día anterior... siento tus labios como si fuesen esos tiernos pétalos, aterciopelados y fragantes…

- Te amo, Treize Khushrenada - el silencio de la madrugada permite que estas palabras lleguen nítidamente a mis oídos, y hago un gran esfuerzo por evitar que un doloroso sentimiento me obligue a levantarme, y estrecharte posesivamente, para no dejarte ir …

Te levantas, yendo hacia la puerta, y antes de abrir, te colocas el distintivo rostro metálico de ese alter-ego que te ha protegido por tanto tiempo; adoptas nuevamente el rostro de Zechs Marquise, y no volteas atrás…
Me levanto al quedar solo, y camino hacia los ventanales, acariciando mis labios, tocados con el beso de una rosa…

Y al abrir las hojas de las ventanas, el característico perfume de las flores, de cada una de las rosas de los jardines, llega hasta mi, y mi pensamiento regresa a esos momentos en que ambos permanecíamos acostados, fundidos en un estrecho abrazo, diciéndonos adiós, sin palabras…

Yo también te amo, Miliardo Peacecraft…

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Un poco angustiante, y algo corto, para lo que me hubiese gustado expresar. Pero bueno, no hubo mucha oportunidad de seguir.
Comentarios, abucheos, reclamos, tomatazos, etc, como siempre, bien recibidos.
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