por :Son Hibiki
El camino era oscuro, la tenebrosa silueta de los árboles se veían aún más escalofriantes a contraluz de esa gran luna pálida y fría que daba a todo un tono mucho más lúgubre.
El viento silbaba fantasmagóricos cánticos, anunciando penurias y desolación. El paisaje no era nada alentador.
Se escuchaban los ratones que corrían sobre las hojas secas y espantaban a los cuervos.
El bosque se cubría de tinieblas, las ramas chocaban al ritmo del viento que arrastraba las hojas amarillas que estaban en el suelo, hojas de muchos años atrás, cuando ese bosque todavía bailaba al compás de los pajarillos y los arroyos cristalinos.
Un encapuchado cabalgaba tranquilamente por aquel desolado paisaje; a cualquiera se le hubiese corroído el corazón por el terror, especialmente por el brillo fantasmal que daba la luna sobre la tierra; pero a este personaje no le producía miedo, sino admiración ver una luna tan hermosa, aunque fuese así de fría.
-Qué os parece Deathscyte? Esto fue obra de magia, lo más seguro es que el hechizo dure largos años, pues todos mis poros sienten aún intensa la oscura magia, como si desease atacarme, pero ese mago pierde el tiempo conmigo, esta magia sólo afecta a los débiles de corazón y ese no es mi caso, jeje, alguna vez este bosque debió ser verde y lleno de vida.
Siguió cabalgando en medio del silencio que sólo era interrumpido por los pasos replicantes de su caballo.
De pronto algo más terrorífico que todo lo anterior mencionado se levantó imponente ante sus ojos.
-Qué demonios?!- exclamó sorprendido.
Era una gran fortaleza que aparecía justo al frente de él, sus murallas externas eran construidas de grandes ladrillos hechos de roca y dejaban paso a un puente levadizo que permitía sortear un foso y entrar al castillo.
-Mirad, encontramos un lugar donde dormir Deathscyte, debe haber alguna caballeriza dentro donde podréis descansar, supongo que no tenéis miedo…
Dirigió su mirada al gran coloso de color oscuro y la luna se reflejó en los ojos del caballero, haciéndolos resaltar de aquella sombra que provocaba la capucha.
Entraron, el jinete miró a todas direcciones y después de recorrer algunos metros ubicó una caballeriza, sorprendentemente esta estaba en buen estado, dejó a su fiel compañero y le dio algunas palabras de aliento para que no temiera pasar la noche ahí.
-Amigo, nos vemos mañana, iré a investigar a este viejo castillo, tal vez encontremos algo de valor- le guiñó un ojo y se dio media vuelta, se sacó la capucha que le cubría el rostro y dejó en libertad aquellos largos cabellos castaños, que a la luz de la luna de veían con reflejos dorados, tenía unos hermosos ojos violetas y un bello rostro.
Caminó con una sonrisa hacia el castillo, cuando lo divisó quedó maravillado con tal belleza arquitectónica. Era oscuro, hecho de frías piedras, las ventanas tenían terminaciones con puntas, al igual que las torres y las murallas eran adornadas por terroríficas y hermosas gárgolas. Miró al lado, estaba la iglesia de aquel feudo, con el mismo estilo, tan sólo que las ventanas eran adornadas por vitreaux representando santos y cruces.
Decidió entrar al castillo, allí podría dormir. Caminó por un pasillo más oscuro que el propio bosque, la luz de la luna entraba por las pequeñas ventanas y bañaban de sombras el corredor.
Encontró una sala donde había un trono y algunas armaduras.
-Esta debe ser la sala del trono, mañana vendré a verla por si hay algún tesoro o algo así.
Siguió caminando, por aquel oscuro corredor, de pronto sintió la presencia de magia, pero esta vez era blanca, atrayente y pura, se sintió impulsado a seguir, siendo que había encontrado en aquel pasillo más de diez habitaciones donde dormir tranquilamente toda la noche. Llegó al final; había una puerta adornada con runas de bronce, un candado de oro cerraba aquella sublime puerta. Se acercó al candado y vio unas inscripciones.
“Por mi se llega a la ciudad del llanto,
Por mi á los reinos de la eterna pena,
Y a los que sufren inmortal quebranto.
Dictó mi autor su falla justiciera
Y me creó con su poder divino.
Su supremo saber y amor primero
Y como no hay en mi fin ni mudanza
Nada fue antes que yo, sino lo eterno…
Renunciad para siempre a la esperanza.”
De pronto del candado emanó una fuertísima magia negra, un miedo recorrió el cuerpo del muchacho, aquel caballero que había aprendido a suerte de golpes como no temerle a nada, sintió el deseo de arrancar de ahí y no volver más. Dio media vuelta con el propósito de ir a buscar a su caballo y retirarse de ese bosque maldito, pero cuando se disponía a marchar escuchó unos sollozos salidos de la habitación cerrada, de pronto todo ese miedo se convirtió en deseo, deseo de proteger a lo que estuviese dentro, fuese bestia, humano o elfo.
-Maldición usad la cabeza Duo Maxwell!!! No sabéis lo que puede haber ahí!!! Acaso vale la pena arriesgar la vida por un impulso?…- suspiró- para mi si lo vale.
Sacó un alambre de un morral pequeño que tenía colgado del cinturón e intentó abrir el candado.
-Tanto tiempo viajando y todas las veces que he tenido que robar no han sido en vano…
Por fin cedió el candado, permitiendo al joven abrir la puerta.
La empujó suavemente y entró a la habitación, lo que vio ahí lo dejó impactado.
-Qué es eso?
Un joven, de más o menos la misma edad que él estaba asomado a la ventana, con sus ojos verde agua llenos de lágrimas, el viento remecía sus cabellos dorados y los azotaba con cariño en contra de su rostro claro, vestía una túnica vieja y sucia, pero esa ropa no le quitaba el dulce encanto que emanaba de cada centímetro de su tersa y bella piel. Todo fue silencioso, mas cuando aquel muchacho se dio cuenta que una silueta lo observaban se acurrucó temeroso en un rincón y comenzó a sollozar con miedo. Duo intentó dar un paso para acercarse a aquel delicado muchacho, pero cada paso que daba cerca de él lo asustaba más.
-Por favor… no quiero… no me obliguéis- rogaba entre sollozos- no me violéis de nuevo… dejadme ir o por lo menos matadme para dejar de sufrir.
Esto impactó al caballero de largos cabellos, quien sería capaz de violar a aquella muñeca de porcelana? Quien sería tan bastardo de amedrentar a aquel bello ser?
-Por favor no temáis… no os deseo dañar…- los sollozos se detuvieron y de apoco el rubio levantó la cabeza- en serio, no deseo dañaros.
-No sois el mago?
-Mago?
-Él que me encerró en esta habitación, el mismo que secó los arroyos, mató a las aves y espantó a la gente de este castillo? El mismo que viene a saciar sus necesidades físicas conmigo?
-Estáis equivocado, soy un caballero exiliado de su reino que sólo deseaba buscar alojo en medio de este bosque y escuchó el desesperado llanto de alguien- se acercó y posó una mano sobre la mejilla del muchacho- que hacéis aquí? Por qué ese mago os encerró?
-Yo era el protector de este castillo, daba buenaventura, ayudaba al obispo y aconsejaba al rey, ayudaba con las cosechas y el clima… una vez vino desde muy lejos un mago blanco pidiendo asilo, lo acogimos con los brazos abiertos, pero resultó que no tenía buenas intenciones y toda su magia pasó de blanca a negra, intenté proteger este reino, pero él me derrotó, tirando contra mi una maldición, me dijo que era muy bello para matarme, pero a cambio de mi vida perdería todos mis poderes y mis fuerzas, y a parte de eso sería su esclavo y me vería enclaustrado en esta habitación hasta que alguien quebrara la maldición… lo malo es que desde que él hizo de este bosque algo tenebroso, nadie se atreve a entrar en él…
-Pero yo estoy aquí y os deseo salvar, sabéis como romper el hechizo?
-No hay caso… estoy condenado… nunca me dijo, nunca me quiso decir.
-Pero abrí la puerta, podréis escapar.
-No es tan sencillo- el angelical muchacho se paró y se puso a contra luz, ahí se notaron las sombras de cadenas invisibles, era magia que lo tenía atado a ese cuarto.
-Eso es horrible.
-Si…- desvió la mirada y sus ojos volvieron a nublarse por las lágrimas.
-No lloréis, por favor- se paró y lo abrazó, provocando que el rubio se sonrojase- cómo os llamáis?
-Quatre.
-Es un placer Quatre, me llamo Duo Maxwell y prometo rescataros de esto.
-Gracias…- susurró Quatre.
-De nada- quedó mirando fijamente esos delicados labios, de pronto comenzó a desearlos, era un encanto irresistible, la mano que tenía en la cintura del rubio de ojos aqua comenzó a acariciarle la espalda, el deseo lo iba posesionando, el rubio sintió las intenciones de Duo, pero no les temió, sino que continuó el juego, acercó de apoco su rostro con el del otro muchacho y cuando estaban a punto de rozar los labios, Duo movió la cabeza y evitó que el beso pasase, soltó a esa bella criatura y se sentó enojado en la cama.
-Que os pasó?- preguntó preocupado Quatre.
-Soy un torpe desconsiderado!!!- se regañó a si mismo- viene un mago y os viola cada vez que lo desea y yo aquí, no puedo hacer nada, impotente puedo mirar como esas cadenas os sujetan a este cuartucho y a parte de eso deseo haceros mío… no puedo ser peor.
-No os preocupéis- ‘Duo Maxwell, no necesito saber más, ese noble gesto que acabáis de hacer, de dejarme ir, pensando en mi me vasta para saber que si puedo confiar en vos’- yo si deseo.
-Pero…- Quatre posó un dedo en los labios de Duo.
-Ssssssshhhhhh, nunca me había entregado a nadie, hasta que ese mago vino y me tomó a la fuerza… deseo saber como se siente que me lo hagan cariñosamente- se sentó en las piernas de Duo y llevó su boca hasta la del bello muchacho de ojos violetas, luego introdujo su lengua en la boca del caballero para acariciar la lengua de este.
El jinete nunca pensó que alguien pudiese tener un sabor tan dulce, su cabello, siendo que estuvo tanto tiempo encerrado en aquel cuarto, olía a hierba, vertiente, flores y frutos, su piel se sentía suave como seda, como rocío derramado en el bosque, como nube que flota en el cielo.
Le quitó la túnica a ese ser especial y quedó horrorizado con aquel espectáculo; ese cuerpo frágil y blanco estaba lleno de heridas y magulladuras.
-Vuestro… vuestro cuerpo, está muy maltrecho.
-Fue el mago.
-Desgraciado!!!- le hirvió la sangre al ver que ese personaje no sólo había violado a Quatre, sino que además lo golpeó hasta herirlo como estaba ahora herido.
-No os preocupéis… por favor cumplidme mi petición y hacedme el amor- Duo asintió, acostó a ese ángel de porcelana en la cama y lentamente se quitó la ropa, luego se dio a la misión de excitar Quatre, ya que si este no estaba bien excitado le dolería mucho y no deseaba siquiera verlo sufrir.
Comenzó a morder suavemente el pezón derecho, luego lo succionó algo violento, Quatre gimió de placer, por fin sentía que él también podía disfrutar del acto sexual, las manos de Duo por mientras se dirigieron a la entrada del angelical chico y metió un dedo dentro de Quatre mientras su otra mano acariciaba esos bien formados glúteos, subió de nuevo a la boca del muchacho y lo besó apasionada y desesperadamente. Quatre sólo jadeaba. Duo volvió a bajar, esta vez al entre piernas del rubio, colocó el miembro del joven en su boca y comenzó a bombearlo, al tiempo que introducía un segundo dedo en el muchacho, este sólo gemía; el joven de cabellos castaños hacía un excelente trabajó con su lengua haciendo que el angelito de porcelana pronto viniera. Bebió todo su líquido y levantó las caderas del rubio.
-Estáis listo?
-Sí.
-Seguro que deseáis hacer esto con un desconocido?
-Tal vez no seáis desconocido… tal vez estábamos destinados…- Duo le sonrió y lo penetró lo más consideradamente posible.
La luna que antes parecía aterradora ahora sólo mejoraba la situación ambientándola con su pálida luz, dándole a ambos un brillo especial, y el viento que ayer silbaba fantasmal, hoy enfriaba aquellos cuerpos calientes por la pasión.
Duo comenzó un movimiento de vaivén dentro de Quatre y este se aferraba desesperadamente en la espalda del caballero.
El rubio angelical gemía con deseos y pasión, pedía más y más y Duo respondía. El caballero de cabellos castaños besó al rubio, provocando que un temblor recorriese todo su cuerpo, terminando en el entrepiernas. Aumentó bruscamente el ritmo, pero Quatre estaba demasiado excitado como para sentir dolor. Gemían y gemían cada vez más fuerte, cada vez con más deseos. Duo vino y vació su semen dentro de Quatre, quien lo recibió con una gran sonrisa. De pronto y como si la magia actuase de nuevo en este asunto, Duo se quedó dormido y sumergido en un profundo letargo.El sol pasaba por la ventana, directamente al rostro de Duo, y unos pajarillos se asomaron a cantarle los buenos días. Se despertó, abrió los ojos pesadamente y miró hacia fuera, estaba todo verde, lleno de árboles y de flores, que había pasado? Acaso todo era un sueño?
-No, no ha sido un sueño- dijo una dulce voz, entonces Duo se dio vuelta hacia el otro lado y lo vio, pero era impactante!!! Tenía a un hermoso ángel al lado de él, con su cuerpo sano y una sonrisa en los labios. Sus alas blancas mostraban la pureza del muchacho.
-Quatre? Y esas a…- no terminó la frase pues el joven le tapó los labios con los suyos.
-Yo os dije que era el protector de este reino, pero no era ni mago ni caballero, yo era un ángel venido desde el paraíso.
-Sois tan bello… vos sois hermoso…
-Levantaos…- Duo asintió, ambos salieron desnudos del castillo, más que mal quién los vería? Entraron a la iglesia y Quatre guió a Duo a una especie de altar, con su magia prendió todas las velas del viejo lugar- vos me salvasteis, vos me hicisteis el amor… ahora podréis jurarme amor eterno?- Duo asintió, claro que podría y más tratándose de ese joven tan maravilloso.
-Yo os amaré por siempre, pero a cambio deseo que cuando muera vos valláis conmigo al cielo y seáis mi pareja tanto en vida como en muerte.
-Yo acepto la condición, siempre os amaré… siempre- acercó su rostro al de Duo y sellaron la promesa con un tierno beso.
En los años siguientes la gente de ese reino regresó y Duo junto Quatre se dedicaron a proteger el castillo. El caballero había encontrado un reino, su ángel había encontrado la libertad y ambos consiguieron un amor, y cuando los años ganaron la batalla al, ya gastado, caballero; Quatre lo sumergió en un sueño del cual no despertaría jamás y voló con él hacia un lugar tan, o más bello que aquel bosque donde ambos encontraron el amor en una fría y terrorífica noche, adornada por la bella dama blanca: la luna.