192 A.C.
Esa tarde, parecía que se repetía el diluvio en esa parte de la Tierra.
La delgada figura de un adolescente se dibujó en la puerta del hangar. Sus ojos celestes midieron la distancia a recorrer, y la intensidad de la lluvia que caía incesante, formando enormes charcos y torrenciales caídas de los tejados del edificio frente a él.
Zechs Marquise corrió, empapándose totalmente en el brevísimo trecho que separaba los hangares del edificio principal de la base. Apenas tenía unos minutos de haber llegado junto con el escuadrón de Mobile Suits que lideraba, como apoyo a las tropas que sofocaban las pequeñas insurrecciones en las colonias más cercanas a la tierra. Ninguna de ellas había sido de cuidado, y ellos sólo hacían acto de presencia; nunca participaban abiertamente en las batallas.
Se había sorprendido al saber ahí al Coronel Khushrenada, su viejo amigo, y que éste lo llamara poco antes de llegar a la base, requiriéndolo para el informe del escuadrón. Sonrió levemente al imaginar el enorme contraste entre Khushrenada, como todo un importante oficial condecorado, y él, en el lamentable y empapado estado en el que se encontraba.
Tuvo que esperar algunos minutos en el corredorcillo que habían acondicionado como recibidor, pero el lugar se encontraba en plena reconstrucción, después del ataque de una cuadrilla guerrillera, totalmente desarticulada por Khushrenada a su llegada, algunos días atrás. Permanecía de pié junto a una ventana, aun chorreando agua de su cabello y casaca, viendo hacia el exterior todo el despliegue del cuerpo de seguridad en medio del torrencial aguacero en las pistas. Y suspiró al observar cómo la pálida luz del atardecer se desvanecía conforme avanzaba la tormenta, y sintió frío con el transcurrir de los minutos.
-Teniente, el Coronel lo espera- La voz de la joven de recepción lo distrajo de sus cavilaciones - Pase por el corredor de la izquierda. La primera puerta es el despacho del Coronel.
- Gracias - Sin esperar más, siguió las indicaciones y pronto se encontró en el lugar indicado.
Tocó levemente, y entró al abrirse la puerta. Saludó con un levísimo movimiento de cabeza a Lady One, y se detuvo frente al enorme y envejecido escritorio lleno de papeles, cuadrándose respetuosamente. Khushrenada lo vio furtivamente, mientras continuaba con los papeles que estaba revisando y firmando.
- Teniente Zechs Marquise reportándose, señor.
Un relámpago cruzó el cielo en ese momento, distrayéndolos. Khushrenada volteó a la ventana, sin mover el ángulo de su cabeza. -¡Vaya! Esta sí que promete ser una tormenta… - volteó nuevamente con Zechs, y sonrió, esta vez, levantando la cabeza un poco. - o debo decir que ya lo es, en forma.
Zechs sonrió también y alcanzó a percibir el ligero tono de disgusto en la expresión de Lady One. Eso lo hizo ampliar su sonrisa. Le agradaba fastidiarla.
- Teniente, su reporte. -La voz de ella mostraba toda la frialdad posible, encubriendo ese disgusto. Sin embargo, Treize la conocía. - el Coronel Khushrenada está muy ocupado, y sería una insensatez por su parte el atrasarlo aun más.
Treize subió ambos brazos, recargando los codos en el escritorio, y entrelazando las manos a la altura de su boca. Fue así como disimuló la sonrisa al oír a Lady reclamándole a Zechs.
"Toda una fierecilla" pensó Treize, "y lo detesta".
- Si, señora - respondió Zechs, también en un tono distinto, retador.
Treize percibió cómo Lady hubiese deseado fulminarlo con la mirada, y decidió intervenir.
- Teniente, creo que sería mejor que dejáramos esto para mañana. Preferiría recibir el reporte por escrito, mañana, a primera hora.
- ¿Señor? - Zechs se extrañó por esa decisión, pero Khushrenada continuó.
- Debería ir a cambiarse de ropa.
Zechs volteó hacia sí, y pudo ver el pequeño charquillo que se formaba ya debajo de sus botas.
- Eh… Sí, señor. De hecho, no he llegado a reportarme a los dormitorios. Vine aquí en cuanto bajé del Mobile Suit.
Treize levantó una ceja, y pensó otra vez la situación.
Oh, bueno, en ese caso podemos…- otro relámpago iluminó la habitación, y la luz eléctrica chisporroteó, dejándolos totalmente a oscuras tras el estruendo del relámpago. Hubo unos segundos de un pesado silencio, pero la voz de Khushrenada llenó el lugar otra vez. - … o podríamos todos retirarnos a descansar mientras estas pequeñas fallas se arreglan.
- Señor - Lady One intervino, y pudieron escucharse sus pasos dirigiéndose a la puerta - voy a ver si es posible hacer funcionar el generador auxiliar.
- Si, está bien, Lady. - escucharon cuando salió, y cómo sus pasos se alejaban poco a poco por el pasillo, hasta que todo quedó en silencio nuevamente.
- Bien, podemos dejar los formalismos. - Khushrenada habló una vez más. - No va a regresar.
- Lo dices con mucha seguridad.
- El generador está totalmente destrozado. Lo revisé junto con el equipo de ingenieros. - Se escuchó el recorrer de la silla, y la voz de Treize acercándose a Zechs. - Podemos irnos sin apuros. Todo esto puede esperar a la luz del día.
Zechs sintió que unos dedos tocaban levemente su brazo, y lo sujetaban, jalándolo con delicadeza hacia la puerta.
- Entonces voy a los dormitorios.
- Estaría demente si te dejo hacer tal cosa. No. Sólo sígueme. - Lo soltó, y caminó unos pasos delante de él.
- Pero…
- Para ir allá, debes cruzar los hangares y algunas pistas. Y esta tormenta vuelve el lugar demasiado peligroso por las condiciones en las que se encuentra. No voy a dejar que te expongas. - su voz se dirigió al corredor, y Zechs lo siguió. - La tormenta no parará quizás hasta muy entrada la noche, y como te dije, es peligroso salir. No te pierdas.
Ambos caminaron hasta el final del corredor. Zechs de pronto sintió que chocaba contra el cálido cuerpo de Treize, y lo reconoció inmediatamente, retirándose un paso.
- ¡Ups! Lo siento. - Hubo ruidos metálicos junto a él. Treize buscaba la llave.
- Descuida. Sólo… ah, esta es. - Se oyó cuando introdujo la llave a la cerradura, y el ligero crujido al abrirse la puerta. - Pasa. No hay muchos muebles, y el lugar es espacioso.
Zechs obedeció, y permaneció estático después de haberse adentrado en la habitación. Oyó también cuando Treize cerró con llave al asegurarse que ambos estaban adentro. La oscuridad era total.
Hubo mas ruidos en el otro extremo del lugar, y de pronto, el característico sonido de un fósforo tallado contra la lija, y el crepitar del encendido, llamó su atención. Pudo entonces ver la silueta de Treize inclinado, y finalmente, el anaranjado resplandor de un joven fuego en el hogar de la chimenea permitió que la habitación tomara forma. Había un juego de sillones frente a la chimenea, y una mesilla entre ellos, pero lo que también le llamó la atención fue el enorme y mullido tapete que se extendía junto a los muebles. Volteó al interior de la habitación, y vio una cama individual en el otro extremo, cerca de la ventana, y un cajonero.
Enfrente de la cama, recargado a la pared, había un enorme secreter de madera, en el que pudo ver un libro abierto, con algunos renglones escritos en una de las hojas. Al parecer, era el diario de Treize.
Inconscientemente, Zechs se acercó a la chimenea. Estaba tiritando, y el calor del fuego lo atraía. Treize le sonrió mientras atizaba los carbones.
- Qué agradable.
- Lo sé. - se levantó y pasó a su lado. - Quítate esa ropa. Puede darte pulmonía.
Zechs giró la vista hacia él, desconcertado. Lo vio ir al cajonero, y sacar un par de pijamas. Regresó con él, entregándole uno.
- Eh, Treize, no…
- Mañana, Miliardo.
Al oírlo llamándolo así, sintió un vuelco en el estómago.
- No me llames así.
-Tranquilízate. Nadie escucha. -Treize comenzó a desabotonar su propio traje , y lo observó. - ¿Qué esperas? Tu ropa no se va a secar si no la dejas junto al fuego. Vamos, cámbiate.
Volvió a moverse mientras se quitaba el uniforme, y llegó al librero cercano al secreter. Sacó de él un par de copas y una botella de licor de un color ámbar cristalino. Zechs se cambió, pero tuvo el inconveniente de ver que el pijama le quedaba muy holgado. Definitivamente, el saco le hacía verse inmensamente pequeño, y el pantalón… bueno, no podría soltarlo todo el tiempo que lo tuviera puesto.
- Treize, creo que tengo un problema.
Este regresó ya vestido con el pijama, con el saco abierto, y descalzo. Llevaba las dos copas en una mano, y la botella en la otra. Al acercarse a Zechs, sonrió divertido al verlo.
- No exageres. Sólo lo usarás para dormir esta noche, ¿O piensas hacerlo desnudo?
- N-no - A pesar de la penumbra, el rubor en su rostro fue muy notorio. Había recordado el embarazoso episodio en la cabaña, después del accidente con el caballo.
- Bien, entonces despreocúpate. - Dejó la botella en un extremo del tapete, junto con las copas, y fue a otra puerta. Parecía ser el baño. Zechs buscó el sillón más pequeño, sujetando el pantalón con la mano izquierda. Se sentó en él, descubriendo en la mesilla una caja que parecía ser un tablero de ajedrez. Treize apareció nuevamente, con una toalla desdoblada. - ¿Cuánto tiempo ha pasado desde nuestro último duelo con el ajedrez, Mili?
Vio cómo el rubor de su rostro se intensificaba al escuchar que lo llamaba así.
- ¡Treize!
- ¡Oh, vamos! Esta habitación es segura, y la falla eléctrica no permite el espionaje. Además, hace mucho que no te llamaba de ese modo. - Su sonrisa tomó un tinte melancólico - Extraño hacerlo.
El chico sonrió también, y su expresión se entristeció. Si, él también extrañaba todos esos detalles.
- Has estado demasiado ocupado. Incluso, no creí que nos veríamos esta vez.
Sorpresivamente, Khushrenada le echó la toalla en la cabeza, sujetándosela con ambas manos, y comenzó a frotarlo con fuerza, secando su cabello mojado.
- ¡Auch! ¡ya…! ¡Treize, basta!
Este retiró la toalla, observándolo. Se la dejó y caminó al cajonero, buscando algo. Zechs agarró la toalla, y se pasó los dedos por el cabello enmarañado, pensando en todo eso. Treize se comportaba bastante extraño esa noche.
Este regresó, mostrándole un cepillo.
- Creo que lo necesitas con urgencia.
- Si, después de tus atenciones - trató de agarrar el cepillo, pero Kushrenada lo evitó.
- Déjame hacerlo yo, Mili.- Caminó alrededor del sillón, parándose detrás de él, y comenzó a cepillar con cuidado.
Por varios minutos, sólo se escuchó el crepitar del fuego, mientras Zechs sentía el cepillo deslizándose por su cabello con delicadeza, y en ocasiones, los dedos de Treize reemplazándolo, y la sensación era agradable. Suspiró levemente, con los ojos cerrados, agradecido por esos momentos de calidez.
- Tu cabello crece rápido - La voz de Treize lo regresó a la realidad.
- Si, pero también, no he tenido tiempo para cortarlo.- pensó un momento en eso. - Creo que lo haré en cuanto lleguemos a Victoria.
- ¿Por qué?
- Algunas veces es impráctico, y algo molesto.
- Pero sólo es a veces ¿cierto?
- Mmmmmh, si, así es.
- Prométeme que no te lo cortarás - Zechs volteó con él, extrañado - Prométeme que lo dejarás crecer, para mí. - Vio cuando Treize retiraba el cepillo de su cabello, mientras sus dedos se deslizaban por él una vez más - Por favor.
- ¿Por qué me pides eso? No entiendo
- Oh, bueno; quiero recordar el tiempo en que éramos genuinos, en que crecíamos libres. Me gustaría que fuese la metáfora de nuestro tiempo de infancia en Sanc.
- Oye - Zechs se giró hacia él casi totalmente, bastante confundido. - Me asustas. Nunca te había visto comportarte en esta forma.
Treize rió un poco, y fue al mueble, dejando el cepillo sobre él.
- Me estoy dando un respiro, Miliardo. Llevo meses representando mi papel de líder severo, impávido. Y eso agota demasiado. A propósito, quiero darte algo. - Volvió al tapete, y se sentó en él, frente al chico. Le extendió una caja envuelta en un fino papel, y le sonrió ampliamente. - Feliz cumpleaños.
- Oye, pero eso fue hace tres meses.
- Si, y no pude enviártelos en ese tiempo. Por eso te los estoy dando. No todos los días se cumplen dieciséis años.
Zechs tomó el paquete, y lo abrió, intrigado. Sacó un elegante estuche, en el que encontró un juego de anteojos, especialmente hechos para los pilotos de alto rango, forjados en titanio y oro, con cristales reforzados por medio de una aleación especial en las placas protectoras de filtración óptica. Eran de un excelente acabado… Eran perfectos.
- Treize, yo no puedo…
- Claro que si. Fueron hechos especialmente para ti.
El chico fijó su vista en él, asombrado.
- ¿Para mí? ¿Por qué?
- Bien, en primer lugar, los que tienes ahora son demasiado pequeños, y en cierto grado, inútiles para las misiones en el espacio. En segundo lugar, tu fisonomía está cambiando. - Clavó sus pupilas azul profundo en las de él, y continuó con su explicación - Cada vez se refuerza más en tus facciones el linaje de tu familia. - Señaló los anteojos - Estos te cubren la mayor parte del rostro. Te protegerán bastante bien, créeme.
El chico asintió, observándolos, y sonrió tímidamente.
- Gracias.
Treize agarró las copas, y sirvió un poco de licor en ellas. Le extendió una a Zechs, y dejó la botella a un lado de ellos.
- Brindemos por eso, por tu cumpleaños.
- No. - Kushrenada volteó con él al oírlo, desconcertado.- Mi cumpleaños es algo demasiado trivial. Brindemos mejor por nuestra amistad.
Ambos levantaron ligeramente la copa, y bebieron un poco. Treize lo observó de reojo, admirando sus facciones, sus cambios, su belleza.
"Oh, Dios", pensó, mientras sonreía ligeramente. "Si supieras cuánto amo estos momentos contigo, Miliardo…"
Zechs se bajó del sillón, sentándose también en el tapete.
- ¿Quieres que juguemos una partida? Aun es temprano.
Se estiró, alcanzando la caja, y la acomodó entre ambos.
- Por supuesto. Quiero las oscuras.
- ¡No es justo! - Zechs lo vio con una mueca de disgusto - ¡siempre pides las oscuras!
- Son mis favoritas, ¿recuerdas?
- Si - Suspiró resignado, acomodando las piezas en el tablero.
Treize lo observaba hacerlo, y una idea cruzó su mente.
- Miliardo, ¿qué te parece si me cuentas tu informe mientras jugamos? - Siguió las pupilas celestes, del tablero hasta su rostro, y asintió, continuando con una breve excusa.- Así ahorraremos tiempo. ¿Qué dices?
- Me parece buena idea. Comienza a mover.
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Zechs terminó con el informe mientras ambos movían las piezas diestramente, haciendo jugadas experimentadas y complejas, y algunas veces, demasiado fáciles.
Habían pasado alrededor de hora y media, y la tormenta continuaba con la misma fuerza. Sin embargo, ninguno la sentía en esos momentos.
- … pero no los han podido derribar totalmente. De hecho, L3 es una bomba de tiempo.
- Lo sé. Por eso debemos concentrarnos ahí.
Vio una leve sombra empañando el rostro de su amigo, y esperó que dijera algo.
- Treize - levantó la vista hacia él, con cierta angustia dibujada en sus facciones - ¿Crees que haya guerra? Quiero decir, una guerra real.
Esa pregunta lo sorprendió un poco. Lo observó fijamente, mientras pensaba su respuesta.
- No lo sé, pero temo que sí. Hasta ahora, las organizaciones mundiales no han podido hacer una buena labor con respecto a las colonias.
- Es decepcionante.
- Así es. Pero para eso, ambos hemos llegado hasta aquí. ¿Lo recuerdas?
- Pero contribuimos a la guerra, no la detenemos. Y se supone que traeríamos paz con nuestras decisiones.
- Miliardo, la paz algunas veces debe ser impuesta. No todos conocen la forma real de lograrla, y por ellos se levantan insurrecciones y guerrillas. Por esa razón debemos actuar como lo hemos hecho hasta ahora. Debemos hacerles ver que una guerra sin justificación real de la paz, no tiene ningún sentido. Fabricamos la paz, entendiendo el honor en la guerra, y defendiendo los ideales que nos sostienen.
El chico sacudió un poco la cabeza, con cierta resignación.
- Siento que es un juego absurdo.
- Lo es. Un enorme juego de poderes, en el que se manejan muchos y muy variados intereses. Pero no todos pensamos en esa forma. Tú y yo, por ejemplo. No creo que las madrugadas que pasamos en los jardines del colegio, o en las habitaciones, hablando de esto, fuesen en vano. Ambos tenemos la oportunidad de hacer algo, y no la vamos a desperdiciar. ¿Cierto?
Zechs lo observó fijamente, pensativo. Treize no daba opciones. Era así de simple. Asintió con un gesto, ya más convencido de sus palabras. Y se percató entonces que su admiración por él continuaba intacta.
- Mili, tu turno.
Su voz lo sacó de sus cavilaciones, y al voltear al tablero, pudo ver que, a pesar de que Treize llevaba ventaja numérica sobre sus piezas, le estaba cediendo un movimiento clave. Y no lo pensó dos veces.
- Jaque.
- Comienzo a pensar que eres mucho mejor que yo.
- No, Treize. Esto fue a propósito. - Entrecerró los ojos, escudriñando su rostro.- ¿Es acaso otra lección?
- Todo en esta vida tiene su enseñanza, Miliardo. Nada sucede porque si…
- Jaque Mate.
- Y tú aprendes demasiado rápido.
Zechs se recargó en el sillón, y tomó otra vez la copa.
- Con ventaja, cualquiera lo hace- tomó ávidamente lo que quedaba del licor, y bostezó, dejándola de lado. - Creo que estoy algo cansado.
- Si, tienes razón.- Treize se levantó, recogiendo el tablero y las piezas. Dejó todo en la mesilla, y fue a la cama. - Y si, es hora de que descansemos.
- ¿En dónde puedo conseguir una manta? - Treize agarró las cobijas y las almohadas de la cama, y regresó al tapete. - ¿Treize? ¿Qué haces?
Sin aviso, le echó las cobijas encima, y mientras el chico se liberaba del montón de cobijas y sábanas, él acomodaba las almohadas en el tapete.
- Arreglo nuestra cama. ¿Qué más?
- ¡Vaya! - asomó el rostro sonrojado, en parte por el efecto del licor, y por la actitud juguetona del mayor. - a veces olvido lo bromista que eres.
- No es broma, Mili. Dormiremos aquí.
- ¿Qué? ¡Pero Treize! ¡No puedo dejar que mi superior pase por estos inconvenientes!
- Esta noche no hay rangos entre nosotros. Será como antes, como en Sanc.
Zechs permaneció serio, y finalmente, asintió en silencio, mientras ayudaba a acomodar las cobijas. Poco después, ambos estaban acostados, uno al lado del otro, con la vista hacia el techo de la habitación, aun hablando.
- Treize, ¿qué harás cuando todo esto termine? ¿Cuándo la guerra acabe?
- No lo he pensado muy a fondo. - Volteó con él, viéndolo intensamente. - Pero tengo la plena certeza de que buscaré a la persona que amo, y nunca más nos separaremos.
Zechs abrió los ojos en franca sorpresa, y volteó con él.
Treize, enamorado…
- De verdad te desconozco. Esta noche me has dado muchas sorpresas. - Se incorporó un poco, recargando la cabeza en su brazo flexionado, recargado a su vez en el suelo.- Pero dime, ¿Conozco a esa persona? ¿Por qué no me lo habías dicho? ¿Conozco a la chica?
Treize sonrió otra vez, y se cubrió el rostro con las manos.
- Miliardo, ya duérmete. Me dijiste que estabas cansado.
- Pero quiero saber… ¿por qué no estás con ella ahora?
Treize suspiró, bajando las manos hasta su pecho, con la vista fija en el cielo raso, mientras pensaba irónico en el término erróneo. "Ella… Por Dios, si supieras…".
- Nuestro presente es incierto; ninguno de los dos sabemos si podremos sobrevivir a la guerra. Y no quiero que esa persona sufra por motivos como ese.
Zechs asintió, en silencio. Por un momento, ninguno habló. Pero sorpresivamente, el chico se levantó un poco más, acercándose a él, y depositó un leve beso en su mejilla. Treize lo observó, totalmente sorprendido. Su corazón se aceleró al leve toque de sus labios, y tuvo que hacer un enorme esfuerzo para frenar el impulso de abrazarlo estrechamente, y besarlo hasta perder el aliento, al ver que se separaba de él, sonriendo en forma cálida.
No era más que una demostración de un afecto inocente, tal vez respetuoso, pero nada más.
- ¿P-por qué…?
- Agradecimiento.- Sus palabras lo confirmaron.- No sé de qué otra forma puedo demostrártelo. Tu nobleza me inspira.
- Miliardo…
- Es la verdad.- Volvió a su lugar, y se acostó.- Siempre me dijiste que los niños y los ebrios dicen la verdad. Y ya no soy un niño.
Ambos rieron con el comentario.
- Muy de acuerdo, pero ya duérmete. Debes reportarte con tu escuadrón mañana, al amanecer.
- Si, señor. - Se cuadró cómicamente, y rió de nuevo. - Que descanses.
- Igualmente.
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La tormenta había pasado, y a través de las nubes alcanzaban a verse algunas estrellas en el manto oscuro de la madrugada.
Treize continuaba despierto, acariciando la mejilla besada por Zechs, y observando su silueta en la penumbra de la habitación.
El fuego de la chimenea estaba casi extinto, pero era suficiente para el resto de la noche.
Sin poder evitar la tentación, estiró la mano hasta el cabello rubio del chico, y lo acarició levemente. Eso provocó un murmullo en Zechs, algo que el mayor no entendió. Se acercó más, y repitió el movimiento, atento a las palabras que escapaban de su inconsiente.
- …ssssi……l….prometo…….
Intrigado, decidió averiguar de qué se trataba ese pacto que hacía en sueños.
- ¿Qué, Mili? ¿Qué prometes?
- …. mi cabello……mmmmmggh….no lo cortaré…..
Treize cerró los ojos un momento, y sonrió, pensando en ello. Se acercó aun más, y depositó también un beso en su mejilla.
- Gracias, mi niño. Me hace muy feliz saberlo.
Al sentirlo tan próximo, Zechs se acurrucó en él, y lo abrazó, en medio del sueño. Su calidez lo hacía sentirse protegido.
Y Treize sintió tristeza y nostalgia desde ese momento.
Sintió tristeza, porque momentos como ese no se repetirían más en el futuro, porque no tenía la certeza de sobrevivir, o de que Zechs lo lograra, incluso, ni siquiera estaba seguro de que su amistad se mantendría igual.
Y sintió nostalgia de esos momentos que ambos compartían ahí, acostados en el mullido tapete, en medio de una noche fría y húmeda, así como de esos años en los que ambos vivieran plenamente, felices, libres, en el paraíso perdido de Sanc…
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Nota:
Una vez más, ¿No se nota que son mi pareja favorita? En fin.
Comentarios, críticas, quejas, sugerencias, etc, etc. Con gusto las recibo.