NO POR LOS RUMORES
por Van Krausser
Pg-13
Fanfic basado en los personajes de Gundam Wing.
Treize Khushrenada y Zechs Marquise (Miliardo Peacecraft)
No me pertenecen, sólo los he tomado para realizar este fic.
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193 A.C.
Trasbordador espacial FZ-77795
El vasto y silencioso horizonte se extendía frente a ellos mientras el trasbordador de Oz continuaba su viaje hacia la colonia más cercana a Calisto, una de las lunas Galileanas de Júpiter.
Pero el Coronel no observaba el oscuro infinito que se podía ver a través del ventanal, sino la imagen reflejada por el joven oficial que estaba a su lado.
A pesar de la máscara que llevaba, conocía sus emociones gracias a esos casi imperceptibles movimientos de sus labios. Había tardado un poco en aprender a leer su estado de ánimo a través de eso, pero lo había logrado.
Zechs volteó hacia él, con los labios ligeramente abiertos. Y extrañamente, Treize tuvo ese nítido recuerdo de su primera incursión juntos, fuera de la atmósfera terrestre.
//flashback//
Podía ver claramente el gesto de asombro y encanto en el rostro aun infantil de Miliardo en esa primera vez que lo llevaba al espacio; la primera vez que él le mostrara más de cerca las constelaciones...
Era una ocasión especial. Una primera vez, mágica, reveladora... tan especial para ambos. Treize casi pensó en hacer una semejanza de ese acontecimiento con la maravillosa primera experiencia de un amante novel...
El chico volteó con él después de un larguísimo tramo en el que no había dicho una sola palabra, después claro está, de todas las exclamaciones que había hecho en quedos murmullos mientras abandonaban las últimas capas de atmósfera, y los colores de la misma se desvanecían en el manto oscuro...
Treize sonrió al ver en sus ojos claros todas las preguntas atropelladas que no sabía cómo formular. Esperó a que sus pensamientos fuesen ordenados, y disfrutó incluso cada explicación que él personalizaba a cada pregunta que el adolescente le hacía.
-Acogedoramente frío, silencioso y apacible, Zechs. –Le había dado su propia descripción que, como experimentado oficial había conocido hacía años. Y continuó con una breve pausa. –Si mi destino fuese morir en batalla, desearía que eso sucediese aquí, con la Tierra de escenario y la Luna y el Sol como testigos.
Miliardo sonrió divertido al reconocer su estilo muy personal en semejante ocurrencia.
-¿Romántico incorregible como siempre, señor?
-Lo se. Difícilmente se cura.
Ambos rieron en una fraternal camaradería, mientras el trasbordador continuaba su marcha silenciosa hacia la estación de la Alianza.
//fin del flashback//
-Treize...
Zechs llamó su atención una vez más, obligándolo a regresar al presente.
-Dime, Zechs.
-¿Por qué decidieron levantar ese cuartel en una colonia tan remota? Es sumamente impráctico...
-Lo es, muy cierto. Pero hay una poderosa razón para ello. –Treize se acercó a la ventanilla, y señaló un satélite que dejaba ver algunas regiones de su superficie por los juegos de sombras y reflejos de luz del sol que se originaban en Júpiter. -¿Ves el satélite?
-Si. –Zechs volteó también al exterior, y ubicó el satélite.
-Es Calisto. Una de las lunas más grandes de Júpiter. Pero esa no es la característica por la que Oz y la Alianza vieron la conveniencia.
Zechs y Treize voltearon a verse, y en ese momento, Treize se percató que estaba demasiado cerca de su oficial... y que incluso, podía sentir su aliento sobre su piel...
-¿Cuál es entonces?
Haciendo un pequeño esfuerzo por concentrarse en su respuesta y alcanzar su dominio propio, Treize regresó a su asiento, sacudiendo toda sombra de pensamientos atrevidos que en forma instantánea habían invadido su mente.
-Calisto es rico en yacimientos de Gundamio y materiales radiactivos. El tener una colonia de personas dedicadas a la extracción de materiales es una gran ventaja para la Tierra, pero también una enorme desventaja.
Zechs lo observó a través de los cristales de la máscara, inquisitivo.
-Entonces, el motivo principal es control... tener control sobre esas extracciones...
-Acertadamente cierto, Zechs.
El rubio asintió con un gesto, y en silencio volvió la vista hacia el exterior, observando ya la inconfundible figura de la colonia inconclusa aun, recortada contra la superficie de Calisto.
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Zechs se encontró con el Coronel en las afueras de la base militar de la colonia, en el jeep que les habían asignado.
Estaba silencioso, revisando algunos papeles que Treize le había encargado. Khushrenada llegó por el lado del conductor.
-Yo manejo esta vez, Zechs.
Sin cuestionar, el joven oficial se recorrió al asiento del copiloto, y abrochó rápidamente el cinturón de seguridad. No quería volver a pasar un incidente como el de Victoria...
Treize hizo lo propio, y en poco tiempo abandonaban las instalaciones en plena construcción. Se dirigieron entonces al centro de la colonia, al hotel que ya estaba habilitado para recibir a todos los que llegaran ya fuera de paso o por temporadas relativamente cortas en el lugar.
-¿Crees que es buena hora para desayunar? –Treize lo vio de reojo, mientras reconocía cada parte del camino que recorrían.
Zechs no habló inmediatamente. Sin voltear a verlo consultó su reloj, y después asintió.
-En el horario terrestre, ya deberíamos estar cenando, señor.
-Es verdad. Bien. –Treize detuvo el jeep en una calle algo transitada, y por lo que Zechs pudo apreciar, una mala réplica de Bourbon Street, combinada con detalles del extremo americano, de la despreocupada San Francisco. -Creo que esta es la zona en donde podremos encontrar un buen lugar para comer.
-Espero que realmente sea comestible lo que tienen aquí...
-Zechs, no seas tan incisivo.
-Lo siento, señor.
Treize apagó el auto, quitándose el cinturón de seguridad y bajando ágilmente del mismo, para sorpresa del menor. Volteó con él mientras caminaba hacia la acera, y se detuvo un momento.
-¿No piensas venir?
-¿Iremos caminando? -Treize no le respondió. Eso era obvio.
Zechs se apresuró a bajar también del vehículo, sintiéndose ridículo.
Ambos caminaron algunas cuadras, viendo cada lugar que tuviera apariencia de restaurant, o siquiera una fachada que indicara que lo era.
Finalmente, Treize se detuvo en un establecimiento que parecía decente.
-Entremos aquí. Se ve bien.
Zechs lo siguió en silencio. Y se sintió ligeramente incómodo.
Recorrió con la vista el pequeño lugar, estudiando el gesto curioso de los parroquianos, o de molestia de algunos oficiales que conocía, y que habían sido asignados al lugar meses atrás, mientras entraban.
Treize tuvo casi la misma percepción, pero no se dejó intimidar. Con paso elegante se adentró en el recinto y eligió una mesa para dos personas cercana al ventanal que mostraba la calle y con esa misma finura, se despojó de los guantes. Zechs lo imitó poco después, mientras volteaba a la calle en forma evasiva.
Treize se decidió por iniciar con una taza de café estilo americano, y después de ello, un ligerísimo desayuno. Algunos de los problemas que había percibido en la organización de la construcción de la base le habían quitado un poco el apetito.
Zechs por su parte seleccionó un café con esencias dulces, y también un desayuno bastante frugal. No tenía muchos ánimos para comer, no después de su encuentro con el coronel Baptiste, en la sala de comunicaciones.
Treize probó el café de forma magistral. Y Zechs pudo darse cuenta que muchos de los oficiales lo observaban atentamente. Sonrió irónico al percatarse que su amigo también lo había notado, y su forma de actuar era más para molestarlos que otra cosa.
-Arrogantemente delicioso... -Dijo después de separar la taza de sus labios.
-Ya lo creo, señor.
Su sonrisa enigmática lo demostraba. Se divertía bastante al ver a los oficiales cercanos en pleno berrinche ante sus excentricidades. Y Zechs también se divertía.
Sin embargo, el rubio recordó nuevamente la actitud que el coronel Baptiste adoptara con él, y su sonrisa se borró por un momento. Y Treize lo notó.
Dejó la taza en el platito, observándolo ahora atentamente.
-Hay algo que te molesta, Zechs. -Notó un ligero sobresalto con ese comentario, pero continuó. No se equivocaba. -¿Puedes decirme?
Zechs suspiró mientras tomaba un poco de café, y bajó la taza, a la altura de su barbilla.
-Me encontré con el Coronel Baptiste en la sala de comunicaciones de la base. No pude evitar que me exigiera los documentos que me habías encargado.
Treize arqueó una ceja en señal de sorpresa.
-¿Baptiste? ¿Qué hace aquí?
-No lo sé.
-Como sea, no creo que sospeche siquiera que nuestra visita no es de carácter oficial.
-No, ni remotamente lo hace. Es solo que...
Treize notó entonces que Zechs se tensaba al recordar lo ocurrido. Y quiso orillarlo a no darle importancia a eso.
-Es un tipo imposible, Zechs. Imagino que te trató de la peor manera. -Levantó otra vez la taza, pero no separó la vista del rostro de su amigo. Sus labios le confirmaban esas sospechas.
-Bueno, no ha sido el único. Creo que empiezo a acostumbrarme...
La frase contenía un tono de amarga resignación, algo que no era sólo de ese momento, algo que estaba minando los ánimos del joven paulatinamente, y que no había surgido de la noche a la mañana, que tenía tiempo de estar ocurriendo. Treize no completó el movimiento de llevar la taza hasta sus labios al escucharlo.
-¿Acostumbrarte a qué?
Zechs vaciló. Era algo que no deseaba hacer de magnitudes ridículamente importantes.
-N-nada, olvídalo. Fue un comentario absurdo.
-Zechs, ese comentario vino desde lo más profundo de tu subconsciente.-El rubio sintió con esas palabras y la intensidad de su mirada como si le estuviese desnudando el alma, y no pudo evitar sentir que su rostro se ruborizaba. A pesar de la máscara, Treize también notó eso. -¿Qué es lo que están obligándote a aceptar? ¿A qué te refieres con eso de que te estás acostumbrando?
Hubo silencio por algunos segundos, hasta que Zechs bajó ligeramente la cabeza.
-¿Puedo pedirte que hablemos de esto más tarde? Por favor.
-Más tarde no querrás decírmelo. -Treize tomó un poco de café pensando en ello, pero volvió a insistir. -Zechs, es necesario que me lo digas, porque puedo ver que te está haciendo daño. Y si es algo en lo que puedo ayudarte a confrontarlo, sabes que lo haré sin vacilación.
Zechs suspiró una vez más, y levantó el rostro.
-Señor, a lo que me refiero es al trato que se me da en los círculos de oficiales de rango similar al tuyo y superiores, debido a rumores que circulan en muchas de las bases terrestres y de las mismas colonias.
Treize lo observó en silencio un momento mientras volvía a dejar la taza en el plato.
-Así que se trata de eso. Tendré que hablar con Baptiste...
-El problema no es con el coronel Baptiste. Él sólo asume que lo que llega a sus oídos es verdad, al igual que todos los que me lo han dicho.
-De acuerdo. ¿Qué tipo de rumores son esos? -La pregunta estaba de más. Treize también había escuchado algo de eso, pero no le había dado importancia, aunque había otra posibilidad...
-Eh... bueno... dicen que tu y yo pasamos demasiado tiempo juntos, y eso levanta ciertas sospechas...
-¿Acerca de nuestros planes? -Una finísima arruga en su frente delató preocupación en el Coronel. -Debe ser un error. ¿Quien podría sospechar que planeamos un...?
-No, no... no es de eso... - Zechs carraspeó un poco, y bajó aun más la voz -No es por nuestros planes... ellos se refieren a que tu y yo somos... eh... pareja... -Su voz apenas fue audible para el coronel. -...que yo sólo soy tu... tu...
Al ver el enorme esfuerzo que le estaba costando, el mayor se adelantó.
-¿Bien capacitado e inteligente segundo oficial?
-...juguete especial, Treize...
Treize levantó una ceja al escuchar eso. Y sonrió otra vez levemente.
-Eso es lo que te molesta... ya veo.
-No es por lo que se dice de nosotros, sino por lo que ocurre en torno a esas suposiciones, señor.
-Entiendo. -Treize amplió su sonrisa sin dejar de pensar en eso. -Pero ambos sabemos que esos rumores no son ciertos. ¿O si?
-N-no... en absoluto...
-Bien, entonces eso nos pone en una enorme ventaja ante todos ellos.
-¿Ventaja? No entiendo, señor...
Treize guardó silencio cuando llegó la camarera con sus desayunos, dejando la incógnita en el aire. Se lo mencionaría después, ya que no hubiese oídos indiscretos cerca de ellos.
Sin embargo, tomar el desayuno fue un suplicio para ambos. Después de haber tocado el tema, su apetito se había esfumado por completo...
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Treize se levantó de la cama intranquilo.
Había intentado dejar de lado ese asunto de los rumores en el transcurso del día, pero había sido imposible. Más porque sabía ahora que eso estaba afectando directamente el desempeño de su competente oficial. Y podría incluso afectar su propia posición dentro de Oz...
Treize sacudió la cabeza, molesto por ese pensamiento que consideró egoísta.
¿A quién le importaba eso?
Miliardo estaba sufriendo, y lo demás era un asunto menor.
Debía hacer algo, y pronto.
Se dirigió al escritorio y sacó los documentos que había encargado a Zechs, y con expresión de triunfo separó algunos de entre los demás.
Eran reportes de fallos y concesiones que Baptiste y sus oficiales a cargo habían pasado por alto. Reportes en los que se especificaba claramente que la negligencia de ese hombre podría costar una carísima insurrección en esa colonia. Las fugas de información estaban a la orden del día, y nada de lo que dijeran Baptiste o cualquier otro oficial de rango en justificación a eso, los libraba incluso de un juicio marcial. Esas eran las cartas que había buscado, los ases que escondería para hacerlos su victoria en el momento de las confrontaciones.
Zechs ya no tendría qué preocuparse más por eso.
Guardó los papeles al escuchar unos leves toques en la puerta, y se colocó la fina bata que solía usar al levantarse de la cama.
Y pensó en cualquier posibilidad de ese llamado a esas horas de la noche jupiteriana.
Sin embargo, al abrir se llevó la enorme sorpresa de ver a Zechs ahí, aun vestido con el uniforme, frente a él.
-Señor...
-¿Qué ocurre?
-Necesito hablar contigo... es urgente...
Treize lo dejó entrar, asegurándose primero que nadie los había visto. Aunque suponía que Zechs ya lo había hecho. Cerró bien la puerta y caminó al interior también, intrigado.
Zechs permaneció de pie en el pequeño recibidor de la habitación, aguardando a que Treize se acomodara para poder hablar ampliamente de lo que lo estaba incomodando.
El mayor se sentó en una orilla de la cama, después de ofrecerle asiento en la silla del pequeño escritorio.
-¿A qué debo tu visita a estas horas?
-Dejamos inconclusa nuestra conversación. Y necesito saber...
-Zechs... ya habíamos dejado en claro que ambos sabemos que nada de lo que se dice es verdad. No eres mi entretenimiento, ni estás en ese lugar y rango por favoritismos. Te lo has ganado a pulso, has demostrado que no hay rival digno de enfrentarse a ti, que incluso a mí me has dejado atrás en muchos aspectos. Y todo cae por su peso.
Zechs asintió levemente, escuchándolo en silencio. Treize aun no había terminado de hablar.
-Por otra parte, tengo pruebas del cuestionable comportamiento de todos y cada uno de los oficiales de Oz, e incluso de la Alianza, con las que podría jugar ampliamente. Podría hacerlos caer de manera divertida y escandalosa por calumniar al brazo derecho del alto mando de Romefeller; por calumniarme sin pruebas de por medio. Unos cuantos se habían escapado de esa amenaza, hasta hace unas horas. -Le sonrió con expresión maquiavélica, y suspiró, recostándose en la cama. -Nadie podrá contra eso, te lo aseguro.
Zechs levantó la vista hacia él, y por la expresión dibujada en sus labios, Treize supo que le había dado esperanzas.
-A veces me asustas, Treize.
-Lo se. Yo también me he llegado a asustar de mi mismo, pero no es con frecuencia.
Una vez más lograba arrancar una risa discreta de su amigo. Y eso lo tranquilizaba bastante.
Cerró los ojos un momento, dándose cuenta también que el horario lo estaba afectando. Y los abrió al sentir un movimiento en la cama, justo a su lado. Zechs estaba ahí, sentado junto a él.
-Treize...
-Dime.
-Necesito saber algo más.
Su mirada azul profundo buscó en su rostro algún otro gesto de angustia, o preocupación, pero no había nada de eso. Sólo curiosidad.
-Bien, te escucho.
Zechs asintió, y continuó con un poco de temor.
-Ahora que hemos tocado el tema, necesito saber si alguna vez esos rumores podrían ser ciertos.
Treize parpadeó, sorprendido.
-¿De qué hablas? -Se incorporó un poco, recargando los codos sobre la cama.
-Eh... de que yo alguna vez... llegue a ser tu...
-Miliardo, escúchame bien. -Treize sintió que su estómago era un circo de mariposas con ese comentario. -Ya te dije que eso ha sido totalmente fabricado por mentes enfermas. Jamás podría verte como a un juguete sexual, como un motivo de distracción para mi uso personal. No dejes que eso te confunda.
-No me refería a eso. -Zechs lo detuvo, algo enfadado por una suposición mal hecha. Treize guardó silencio, expectante. -Quiero decir... Si hubiese un motivo para pensar que puede existir una relación entre ambos, quiero saberlo por ti, no por rumores y habladurías...
Treize se quedó sin palabras en ese momento.
Zechs se inclinó hacia él en un movimiento rapidísimo, besándolo en los labios, y levantándose abruptamente, sin darle oportunidad alguna de reaccionar, salió de la habitación corriendo.
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¿Podría haber una noche más pésima que esa?
No lo sabía.
Sólo sabía que había sido atrapado a pesar de todo esfuerzo por ocultar sus sentimientos hacia el chico. Atrapado de una manera tan fácil, tan obvia...
Pasó su lengua otra vez por los labios, saboreando la caricia, y pensando otra vez en la posibilidad que el mismo Miliardo le planteara.
Y se decidió.
No sería por rumores o comentarios dichos en rincones y pasillos de las bases y cuarteles por los que Miliardo supiera que moría por él, que era la persona que amaba desde siempre. No sería por eso.
Se lo diría al día siguiente, en secreto, en su oído, mientras cruzaran el espacio con rumbo a casa.
Se lo confesaría de esa forma, con la Tierra como escenario, y la Luna y el Sol como testigos...
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Lo mío, las historias cortas. Lo admito.
Bueno, esta surgió en medio de un frustrante lapsus de continuas presiones y cosillas de esas de la vida cotidiana. Creo que la musa inspiradora tuvo compasión de mi. ^_^
Pero veo también que esa musa está loquita por Treize... mmmm... competencia acérrimamente platónica. Pero bueno. El punto es que la historia sigue en torno a la pareja 13x6.
Aun así, aquí la tienen. No lemmon, poquito menos de angustia, pero historia al fin.
Espero que la disfruten.
Van Krausser