
Un capítulo, literalmente dicho, para morirse >_<
Mejor dejo que lo lean. Los comentarios, al final, creo.
Ah, antes de... una pequeña aclaración.
Puse un nombre que tal vez sea inadecuado, pero tuve que hacerlo. No encontré ninguna referencia al nombre del General Dermail, y por ello la invención del mismo.
Espero que esto no cause algún conflicto.
Bien, ahora si. ^_
Disfrútenlo.
Van Krausser.
-- Diálogos
// pensamientos
"" anotaciones y señalamientos especiales
Capítulo séptimo
-----------------Réquiem por un sueño...
Casa de Treize Khushrenada. 6:45 am.
Munich, Alemania.
Treize se levantó un poco más tarde que de costumbre, con un fuerte dolor de cabeza y la terrible sensación de vacío en el estómago, como si fuera la resaca de una borrachera. Volteó a ver el reloj despertador, y se levantó con algo de dificultad. Tenía bastante tiempo para estar listo, para poder desayunar debidamente y tomar algún analgésico. Y como prioridad, tenía bastante tiempo también para ver con Zechs qué había pasado desde que fuera a sentarse al salón en donde había un piano y pocas personas.
Se duchó con calma, sintiendo el recorrido del agua tibia por su piel, permitiéndole recuperarse de ese malestar que tenía. Sonrió, pensando en que nunca más volvería a uno de esos espantosamente aburridos eventos. Menos después de esta experiencia.
Se arregló como de costumbre, y dejó la habitación ordenada. Pero se extrañó bastante al encontrar las llaves de él y de Zechs encima de la cajonera cercana a la puerta. Su desconcierto fue mayor al ver la puerta cerrada con el seguro.
¿Qué había pasado?
Salió al corredor, volteando hacia la habitación de huéspedes, y pudo ver una silueta sobre la cama. Imaginó que Zechs estaría desvelado, y decidió dejarlo dormir otro poco. Así que bajó a la cocina y se dispuso a preparar un desayuno ligero, mientras los analgésicos le ayudaban a erradicarse el dolor de cabeza.
Media hora más tarde, Treize estaba sentado en la barra del desayunador, leyendo el diario que recibía en su puerta. Escuchó pasos en la parte superior de la escalera, y sonrió, pensando que vería a Zechs con gesto de desvelo y tal vez una resaca parecida a la que tenía él cuando bajara.
-Zechs, pensé que no te despertarías hasta mañana... –Dejó el diario por un lado y volteó hacia la escalera, sonriendo levemente. Sin embargo, su sonrisa se congeló al ver que quien bajaba no era Zechs, sino Wufei Chang.
-Temo que no soy quien esperabas, Treize. –Se le acercó con una sonrisa entre sensual y traviesa. –Pero igual, podemos continuar en donde nos quedamos anoche.
Treize se levantó apresuradamente cuando Wufei intentó acariciar su pecho, y puso la barra de por medio.
-¿Qué haces aquí, señor Chang?
-¿Señor Chang? –Wufei levantó una ceja, extrañado. –De verdad que no estabas bien. Me invitaste a venir con ustedes, y me llamabas por mi nombre.
Su desconcierto era muy evidente. Volteó otra vez hacia la escalera, y Wufei supo por qué lo hacía. Se sentó en donde había estado Treize y se recargó en la barra. No quitó su vista del mayor.
-¿En dónde está Zechs? ¿Acaso ustedes...?
-Tranquilízate, no pasó lo que estás temiendo. Yo venía por ti, no por él. Y aunque me lo niegues, sé que lo que hay entre ustedes es tan especial que se celan de forma impresionante. No permitió que me acercara a ti después de que te dejó en la habitación. -Treize sacudió un poco la cabeza, totalmente confundido. –A propósito, Treize. Tu “amigo” te dejó esto. Me pidió que te lo entregara antes de irse.
Wufei sacó un sobre rotulado, mostrándoselo. Treize se le acercó entonces, tomando el sobre y abriéndolo apresuradamente. Encontró una carta pulcramente escrita en la que reconoció la escritura de Marquise.
-¿Se fue? ¿Te dijo algo más?
-No, sólo me dio esa carta y una advertencia. Pero eso ya no es decisión de él. –Le sonrió con algo de candidez y señaló el plato con fruta. –¿Puedo...?
Treize sólo asintió con un gesto, sin prestarle mucha atención. Wufei empezó a comer despacio, con movimientos medidos, observándolo mientras Khushrenada leía la carta. No hubo muchos cambios en el rostro de Treize, pero la sombra de una línea de expresión en su frente le hizo ver que eran malas noticias.
Treize bajó la carta al terminar de leerla, quedando en un gesto dubitativo, con la vista fija en la puerta principal de la casa. Un leve suspiro salió furtivamente de él, antes de que se decidiera alcanzar el teléfono que estaba en la cocina.
-¿Qué te dice? –Wufei llamó su atención, recordándole que no estaba solo.
Treize no le respondió. Estaba concentrado, marcando ese número que había memorizado casi en cuanto Marquise se lo dijera. Insistió una, y otra, y otra vez cuando el tono de marcación le indicaba que el teléfono al que llamaba estaba ocupado.
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Zechs se detuvo en uno de los miradores, aun con la llamada activa. No llevaba la máscara puesta.
Bajó del auto, tratando de encontrar mejor recepción en ese pequeño valle alto de la carretera alpina. Se acercó a la barda de seguridad, escuchando con atención.
-...No deberíamos esperar para encontrarnos con ellos, Noin. Esto debe ser ya, tomar el factor sorpresa y desmembrar esa célula. Seguramente tienen más información que pueda servirnos. –Frunció el entrecejo y su mirada se perdió en el panorama gris del amanecer. No se sentía muy bien desde que dejara la casa. –Escucha. Haremos una mejor planeación cuando llegue. No, no falta mucho. Tal vez unas cinco horas, aun no estoy seguro. Si, está bien.
Cortó la llamada, disponiéndose a regresar al coupé, cuando otra llamada se enlazó. Zechs levantó el celular, revisando el número del que llamaban, y su ánimo terminó por derrumbarse.
// Treize... //
Sin quitar la vista del teléfono, dejó que timbrara una, dos, cinco veces, y después de pensarlo bien, regresó a la orilla del mirador. Tomó impulso, arrojando el aparato lejos de sí, y mientras lo veía caer hacia el vacío, dos pequeñas lágrimas de dolor y frustración surcaron su rostro.
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Treize colgó el auricular, frustrado. Permaneció un momento en silencio, pensando frenéticamente antes de decidirse y buscar las llaves del auto, con toda la intención de irse.
Wufei estaba instalado cómodamente en el banco de la barra, terminándose el café que Treize dejara, viéndolo y tratando de adivinar qué haría. Al ver la determinación en sus movimientos, preguntó desconcertado.
-¿Qué vas a hacer?
-Tengo que irme, señor Chang. Pasó algo grave. –Por un momento lo observó, pensando en su situación. -¿Vas a tu hotel? Te dejo de paso. Tengo que atravesar la ciudad de cualquier forma.
-Eso significa que pierdo toda esperanza una vez más, ¿verdad?
Treize iba al recibidor cuando lo escuchó decir eso. Volteó con él, y dirigiéndole una mirada seria, no sólo se lo confirmó.
-Nunca hubo tal esperanza, señor Chang. ¿Te quedas?
Wufei borró la sonrisa de su rostro al verlo. Se levantó apresuradamente y lo siguió sin comentar nada más. Khushrenada se veía molesto, y no era tiempo para impertinencias.
Quinze estuvo a punto del infarto y Otto del desmayo cuando Treize les dijo que Zechs se había ido. Les había mostrado la parte de la carta que era para el manager.
-...No explica motivos concretos. Sólo te envía un documento firmado como la renuncia formal a su último sueldo y a la pertenencia del equipo de BMW-Williams.
-Pero...¡¿Por qué hizo eso?!
-Ni siquiera me lo dijo a mí, Otto. –Se había sentado en el escritorio, situación que no acostumbraba hacer. Eso era una señal de preocupación en él.
-¿Tienes forma de localizarlo, Treize?
-No.
-¡¿Qué vamos a hacer? ¡¡Tenemos encima el circuito de Aniversario de España!! ¡¡Y qué decir de la Temporada Americana!!
Treize vio a Otto con gesto ausente. A pesar de que la resaca no se había calmado totalmente, su pensamiento aun era rapidísimo. Y la situación no permitía retrasos.
-Haremos lo mismo que la vez anterior, Otto. Correrás tu auto otra vez, y mientras buscamos a un reemplazo Frentzen puede quedarse como master. Ya lo hizo dos veces, no es nuevo para él.
-Un momento, amigo. No estoy de acuerdo en tus decisiones de última hora. El médico dijo...
Quinze intervino, haciendo que Otto guardara silencio.
-El médico dijo que no habría ningún problema si regresas ya a tus actividades normales. Ya puedes correr, con autorización del especialista. Así que nada de excusas.
Khushrenada sabía que Otto no aceptaría el arreglo. Ya había tenido problemas con Harald Frentzen en las competencias anteriores, incluido el accidente con el carburante. Y no quería repetir la experiencia.
-¡Quinze, ni siquiera has hablado con él!
-¡Claro que sí! ¿Crees que estoy aquí de adorno?
-O.k., o.k. Pero lo que no me agrada es tener que estar dependiendo de Harald. Viste los problemas que tuvimos con él, y no sólo yo. Marquise también sufrió bastante.
-No hay otro remedio, amigo; no mientras no hallemos al master idóneo.
Otto suspiró profundamente, resignado.
-¿Pedirás personal? –La voz de Quinze lo hizo dejar de ver a Otto.
Treize asintió, volteando a verlo. Este se levantaba del sillón ejecutivo disponiéndose a salir hacia las oficinas generales de Williams.
-Tendremos qué hacerlo. Tú mismo te diste cuenta que el entusiasmo por un lugar de esa responsabilidad no es mucho entre los muchachos de la escudería.
-Bien, entonces te harás cargo de la situación aquí en talleres. Por mi parte voy a ver cómo le respondo al Ingeniero Williams y a los inversionistas.
-Sé que podrás hacerlo bien, Quinze. Por algo eres el manager.
-¡¡JÁ!! –Esa respuesta del hombre antes de salir del privado en tono irónico les dijo todo lo que pensaba del asunto. Treize sonrió ligeramente y Otto sólo se encogió de hombros.
------------------Negocios sucios...
Armería de Oz
Heinenkell, Alemania
-...lo tendremos listo de alguna manera, Coronel Tsuvarov. Nuestro equipo de tecnólogos es uno de los mejores en planeación y diseño de armas de toda Europa. – El ex general Dermail se paseaba frente a los dos enormes ventanales de su despacho con el teléfono inalámbrico, mientras intentaba convencer a ese hombre de la calidad de la armadora. –Por supuesto. Sabes que haremos lo posible por cumplir con nuestra parte. Si, claro. Si, tu contador nos lo dijo.¿El anticipo? No, no te preocupes. Es más que suficiente. ¿Cuándo crees que sería pertinente que nos reuniéramos para establecer los detalles que hacen falta?
Una sonrisa de satisfacción revoloteaba en sus labios mientras se dirigía al enorme escritorio y tomaba una agenda de elegantísima línea para anotar algo.
-Perfecto. Mi socio y yo te veremos entonces en dos días. Gracias, Coronel Tsuvarov. Ha sido un placer conversar contigo..
Cortó entonces la llamada y volteó hacia la entrada del despacho, descubriendo a uno de los tecnólogos frente a él.
-¡Doctor K! ¡Qué sorpresa tan grata verte por aquí!
-Igualmente, Alphonse. Aunque tal vez mi visita no te agrade después de que me hayas escuchado.
Dermail levantó una ceja en expresión sorprendida. Un típico gesto de la familia.
-Me intrigas, K. –Caminó hacia el escritorio con la intención de sentarse, mientras le ofrecía lugar al científico en una de las sillas también cercanas al mueble. –Te escucho.
Antes de iniciar, mientras tomaba asiento, el científico lo observó gravemente. Dermail no había dejado pasar el detalle de que llevaba algunos papeles y carpetas en las manos.
-Supe que estás cerrando negociaciones con el coronel Tsuvarov otra vez.
-¡Vaya! Así que es cierto que las noticias vuelan. –Dermail le sonrió en forma afectada.
–Si, es verdad.
El doctor K trató de evitar que su mirada reflejara el sentimiento que esa afirmación le provocaba. Y no pasó desapercibido su malestar para su empleador.
-Veo que algo en este negocio te molesta.
-Eres muy observador. –K bajó un poco la cabeza, eligiendo sus palabras con mucho cuidado. –Y temo también que no estás muy enterado de las actividades de este hombre.
-Es un trato común y corriente, K. El ejército quiere renovar sus arsenales y nos eligieron a nosotros por la calidad y variedad que ofrecemos.
-Vives engañado, Alphonse Dermail. ¿Has hablado con alguien de rango más alto que Tsuvarov? ¿Con alguno de sus superiores? ¿Ellos te han autorizado algo?
Dermail guardó silencio un momento, recapacitando en ello.
Nunca lo había considerado.
-De verdad que sabes sorprenderme. –La expresión del ex militar se tornó seria. –No, nunca lo he hecho. Pero tengo las firmas.
K inclinó la cabeza, pensativo. Debía decírselo sin rodeos, pero con cautela.
-Alphonse, hace unos meses conocí a personas relacionadas con varias fracciones paramilitares en países restringidos.
-¿Qué tiene eso qué ver conmigo? –El tono de voz de Dermail delató su aprehensión al pensar que sí tenía que ver algo en ese asunto.
-La información que tengo de él no es muy exacta, pero lo poco que sé realmente da en qué pensar.
-Bien, K. ¿Vas a decirme concretamente de lo que se trata?
K asintió con un gesto antes de seguir.
-Estás vendiendo armas a terroristas, no al ejército. –El doctor K levantó una mano, deteniendo cualquier argumento que Dermail intentara dar a esa afirmación. –Puedo demostrártelo.
Dermail no le quitó la vista al científico mientras le entregaba los documentos que había llevado. El ex militar los revisó con mirada crítica, siendo estudiado por el tecnólogo. Y cuando hubo concluido, bajó los papeles y levantó ligeramente la vista, perdiéndola en un punto incierto, sobre la figura del científico. Hubo silencio por algunos minutos.
-Aun no entiendo, K. –Su voz había perdido seguridad. Y su mirada, al encontrarse con la del tecnólogo mostraba algo de temor. -¿De dónde has obtenido toda esta información?
-Tengo contactos con gente cercana a una agencia de investigación, y son bastante confiables.
-Bien. -Le extendió los cuatro archivos y esperó un momento mientras el científico buscaba algo en ellos. -No quiero pruebas circunstanciales, K. Demuéstrame que esto que me dices es verdad.
-De acuerdo, es muy sensato lo que me pides. -Al decir esto, el doctor K no levantó la vista de los papeles. Continuó buscando hasta que algo pareció satisfacerlo. -Aquí está.
K se levantó del sillón y se le acercó, mostrándole algunos documentos que pertenecían a diferentes archivos. Sin embargo, Dermail sólo les echó una ojeada rápida, cruzándose de brazos frente al científico.
-¿Y?
-Quiero que veas el trazo de la escritura, Alphonse.
-Ya la vi, K. Y en todos los papeles son la misma. ¿Qué tiene de extraño eso? Todos los expedientes son fichas de terroristas totalmente desconocidos para mí. Las armas son las mismas que utilizan los cuerpos élite de la milicia rusa, y no sólo nosotros las proporcionamos.
-Si, pero eso no es todo lo que te quería mostrar. -K sacó un sobre con una elegante escritura, y extrajo una carta de él. Se la extendió a Dermail y esperó que leyera. -Revisa otra vez la escritura, y la firma. Se supone que es una carta de Tsuvarov en donde agradece el envío del último lote de armas.
Dermail lo hizo. Y por un momento su rostro se desencajó.
Bajó la carta para poder ver a K directamente.
-Dime que es una broma.
El científico negó con gesto grave.
-Yo tampoco lo podía creer. Pero es cierto, Alphonse. Es una falsificación de todo a todo. La caligrafía concuerda con la de uno de los terroristas. Y tal vez estamos hablando no de una falsificación de documentos, sino de alguien que usurpa una identidad. O en el peor de los casos, un jugador en partida doble.
-¡Dios! ¿Ellos... quiero decir... los superiores de Tsuvarov lo saben?
-Hasta el momento sólo se ha hablado de una fuga de capital no muy significativa. Imagino que no están enterados al cien por ciento de todas las actividades de su "jefe de compras", aunque creo que tampoco sospechan que este hombre podría no ser el verdadero Tsuvarov, o si lo es, que los ha engañado como a niños durante un buen tiempo. Y ya sabes que son lo suficientemente orgullosos y tontos como para no permitir que un cuerpo policial los ayude en la investigación. Tal vez nunca se enteren de esto.
El ex militar se dejó caer en el sillón, desolado.
Todo el tiempo había vivido engañado, enajenado por el color del dinero, sin ver más allá de su ambiciosa nariz...
Y por si fuera poco, las palabras que Treize le dijera hacía ya bastantes años con referencia a su participación en actividades terroristas, retumbaron en su memoria tan nítidamente que tuvo la sensación de estarlas escuchando.
El doctor K guardó silencio al verlo en esa actitud, esperando algún comentario. Sabía que le había dado una noticia devastadora, y no se recuperaría tan pronto de esa impresión.
Dermail volteó a verlo también, pensando en las posibles consecuencias.
-¿Qué puedo hacer, K? ¡Son terroristas, y cancelar con ellos es como traicionarlos!
-Lo sé, Alphonse. Y no tengo una buena respuesta qué darte. –K sacó una pluma de su bolsillo superior de la bata de trabajo, y buscó en qué anotar. –Pero tengo un número telefónico que tal vez pueda serte útil.
Dermail le extendió una agenda de bolsillo, y mientras lo veía anotando el número, recordó a su socio.
No sólo él estaba ahora en riesgo. Las mafias y fracciones guerrilleras eran demasiado vengativas cuando creían que se les había traicionado, y no se detenían cuando se trataba de realizar un ajuste de cuentas. Había escuchado que familias enteras habían sido exterminadas por un solo miembro vinculado a negocios sucios, y él podría no ser la excepción. Debía alertarlos, incluso a Treize mismo, a la niña...
-Bien, aquí te lo anoté. –Le señaló la hoja que había escogido para anotar el número, y le regresó la agenda. –No te demores en hablarle. Esto puede ser muy peligroso.
Se levantó de la silla, dispuesto a irse, cuando la voz de su jefe lo detuvo.
-K...
-¿Si?
Dermail tenía una expresión ausente cuando el científico volteó a verlo otra vez.
-Quiero pedirte un favor. –K lo escuchó con atención. –Sabes cómo son estos tipos. Por eso, si algo me llega a suceder, protégelos a ellos, a Lady Khushrenada y su familia. Hazles saber lo que me has dicho. Yo... hablaré con su esposo hoy.
El doctor K asintió con cierta pesadumbre.
Estimaba a Treize, a sus padres; a ese hombre que estaba frente a él, y le entristecía demasiado presenciar la dolorosa manera en que ese antes orgulloso ex general, se daba cuenta que su exitosa carrera como fabricantes de armas estaba basada en terrorismo y asesinatos...
-Haré todo lo que esté a mi alcance, Alphonse. Pero no dejes pasar más tiempo.
-No... no... ahora mismo llamaré a esta persona.
K asintió otra vez, y se retiró discretamente llevándose todos los papeles consigo. Eran expedientes y documentos demasiado peligrosos, y si los dejaba ahí, aumentaba el riesgo que corría Dermail. Debía ocultarlos, y lo más pronto posible, hacérselos llegar a sus contactos junto con los nuevos bocetos de los prototipos que se les había pedido construir, mismos que habían visto él y otros dos científicos, eran de tecnología vetada por la Comunidad Europea de Armamento.
------------------El nuevo Master...
Oficinas de BMW-Williams.
Salón de adiestramiento.
Tres días después de la decisión de Marquise...
Lady Une se detuvo en el nombre que llevaban los papeles que le entregara ese joven que estaba frente a ella. Levantó un momento su vista y le sonrió, estudiando sus facciones.
-Espera un momento. Avisaré que has llegado para la entrevista.
Rápidamente tomó el teléfono y le hizo saber a Treize que tenían un candidato para la entrevista. Uno muy especial. Colgó después de pocos minutos de hablar con él y le indicó al joven que lo esperaban en el salón de adiestramiento. Le señaló el camino a seguir y le sonrió en forma amable. El joven ingeniero se veía ligeramente nervioso, pero su actitud pretendía lo contrario.
-El ingeniero Khushrenada te espera.
-Gracias, señorita....
-Llámame Lady. –Su sonrisa fue muy especial esta vez. -Mucha suerte.
El muchacho volteó con ella un tanto desconcertado. ¿Serían todos igual de amables?
Caminó siguiendo las indicaciones que le diera Lady, y poco después llegaba hasta el área de talleres.
Otto le indicó al joven que pasara y tomara asiento en alguna de las butacas que había en el lugar. Treize, mientras tanto, preparaba un motor convencional para el examen práctico. Aun estaba algo sorprendido después de la breve conversación con Lady, en parte por encontrarse con que el muchacho era pariente muy lejano de la familia de Leia, y por la curiosa coincidencia que llevaba el mismo nombre que su cuñado.
Trowa Barton.
De un continente lejano, de algún país de Latinoamérica, y debido a circunstancias extrañas, ahora cerca de ellos. Y todo eso le traía recuerdos, una vez más...
Estuvo presente en casi todas las pruebas que Otto le aplicara al joven, y se percató que era muy bueno en su área.
Durante tres horas, Barton se desempeñó bastante bien, y sus resultados fueron excelentes.
Treize lo aprobó plenamente, y Otto quedó muy satisfecho con sus resultados.
Ya no debían preocuparse más. Habían encontrado el reemplazo perfecto de Zechs Marquise. Y en forma curiosa, todo quedaba en familia.
Treize le entregó sus papeles mientras llegaba Quinze con ellos, en una de las áreas generales de los talleres. Lo observaba desde hacía rato, tratando de encontrar algún rasgo familiar en él. Aunque se tuvo que dar por vencido en eso. Entonces decidió interrogarlo.
-Barton... -El muchacho volteó hacia él, intrigado. Treize le sonrió levemente. –Tienes el apellido de la familia de mi esposa.
-¿En serio? –El joven se desconcertó fuertemente, prestando interés a su conversación. –No lo sabía, ingeniero.
-¿Te dice algo el nombre de Dekim Barton?
-Si. Es pariente lejano de mi padre.
-¿Muy lejano?
-Yo diría, de un continente a otro.
Treize asintió divertido por esa expresión, pero reconociendo su veracidad.
-¿Qué te hizo venir hasta acá?
-Mi abuela. Vivía en España, y mi padre decidió que quería estar con ella los últimos días de la señora. De eso hace un par de años ya.
-Ah, entonces, de ser una visita familiar se convirtió en residencia permanente.
-Algo como eso.
-¿Siempre eres tan serio? –Esa pregunta lo desconcertó aun más, pero no lo reflejó. Treize sonrió con cierto aire de broma en su semblante. –Imagino que si, pero no creo que por mucho tiempo. Aquí podrías cambiar un poco.
El muchacho asintió en tono reflexivo. Aunque algo más lo inquietaba.
-Eh... ingeniero... ¿Entonces... con respecto al apellido, hay algo de parentesco...?
-Políticamente hablando, tal vez. Pero eso no importa, amigo. –Y su sonrisa se amplió en una cálida muestra de simpatía. –De cualquier forma si no fuera así, puedes sentirte como en casa.
Trowa dejó su mirada esmeralda en la de él, reflexionando en ello. Y le sonrió tímidamente, aceptando la bienvenida que le daba.
-Gracias.
Quinze y Otto hicieron notar su presencia con una acalorada discusión aun a la vuelta del pasillo que llevaba hasta esa área. Y Khushrenada hizo un sonriente gesto de resignación.
-Ahí vienen ya. No te sorprenda verlos discutiendo todo el tiempo. Así se quieren.
El muchacho asintió sin quitar su sonrisa y esperó entonces por los resultados, y de ser posible, la decisión que había tomado ya el manager de la escudería.
Quinze se detuvo frente a él, revisándolo de arriba abajo.
-Quinze, es el ingeniero Trowa Barton. Otto ya debió hablarte de él.
Barton no mostró ninguna emoción ante el escrutinio del que era objeto, y sólo esperó algún comentario de su parte. Quinze entonces le sonrió.
-Hey, jovencito. Tienes carácter. Y por lo que me dicen Otto y Treize, mucha capacidad. ¿De verdad te interesa formar parte del equipo?
-Por supuesto, señor.
-Bien, no se diga más. Revisé tus evaluaciones, y te tendremos un tiempo a prueba. Después de ello la misma junta directiva decidirá tu estadía aquí. Por lo pronto, puedes presentarte en cuanto Treize te lo indique. La firma del contrato provisional será ese mismo día. –Le estrechó la mano con fuerza, aun receloso.
El último a quien había dado una bienvenida similar había defraudado su confianza totalmente, y le costaba volver a creer. Sin embargo, la confianza de Khushrenada algunas veces le ayudaba para eso.
-Te veo por aquí después. Y bienvenido, ingeniero.
-Gracias.
Quinze le dirigió una extraña mirada a Treize, y después volteó con Otto.
-Aun no te libras de mi, Otto. Tenemos muchos pendientes dentro de las líneas de armado y producciones de válvulas. Anda, a la oficina.
-Pero jefe...
-Nada, camina. Después se nos hace más tarde y no vas a querer que te apresure.
Discutiendo como llegaron, ambos hombres se retiraron del lugar, dejando a Treize y a Barton solos otra vez.
El mayor sólo le sonrió, como si los disculpara.
-Bien, veamos... –Sacó una agenda y revisó el calendario. -¿Te podrías integrar desde el lunes?
-Claro que si.
-Bueno, entonces te espero aquí el lunes a las ocho de la mañana. Ah, a propósito. Imagino que tienes dónde quedarte.
-Si. Conseguí un departamento adecuado y económico. Será cuestión de unos días acostumbrarme al transporte y a la ciudad.
-O.k. –Le estrechó la mano y lo acompañó a las oficinas para dirigirlo a la salida. –Si necesitas algo, tienes mi tarjeta con el número de aquí, y de mi celular. Con toda confianza, Trowa.
-Gracias. –El muchacho asintió mientras caminaba a su lado, ya con expresión más tranquila.
Totalmente diferente a Zechs Marquise...
Treize sacudió levemente la cabeza al darse cuenta que intentaba compararlo todo el tiempo con Marquise, y tenía que desechar eso, a como diera lugar. Y al hacerlo se sintió tranquilo. La mirada de Barton inspiraba confianza, aunque fuera de poca conversación.
Estaba seguro que sería un buen Master para el equipo, y que no tendrían tantos problemas como con Frentzen. O sobresaltos de ninguna especie, como con Zechs Marquise.
//Zechs....//
-----------------Preparando escenarios...
Talleres de Mantenimiento BMW-Williams
Lunes, 8:00 a.m.
Barton llegó puntual a su primer día de trabajo, y fue Treize quien lo recibiera para iniciar con la capacitación para todas las actividades que se realizaban en el lugar.
Sería exclusivo del equipo de Williams, se encargaría del mantenimiento de los monoplazas y la coordinación del equipo de tecnólogos dentro de los pits.
Khushrenada le mostró los dos monoplazas que en esos momentos corrían, y después de mostrárselos, lo guió al salón de diseño, en donde el P84 aun no salía de las mesas de diseño.
-Bien, este es el nuevo bebé. Aunque aun no tenemos mucho en claro respecto a su funcionamiento. Es demasiado pesado para el chasis.
Trowa observó por varios minutos los bocetos, leyendo también las indicaciones técnicas de construcción. Finalmente volteó hacia él, señalando una parte del diseño.
-¿Por qué son cuarenta y dos válvulas, Treize? ¿Y por qué sigues usando el recubrimiento de titanio? Eso aumenta su peso.
Khushrenada lo escuchó con atención. Quizá las nuevas tecnologías en aleación de materiales ayudaran, y Barton conocía demasiado bien esa área, según lo decía su currículum.
-¿Tienes alguna propuesta en mente? Se aceptan sugerencias.
-¿En serio?
-Por supuesto. Tenemos poco tiempo para terminar los bocetos y el prototipo, eso sin contar que debemos probarlo en pistas antes de la Temporada Americana. Cualquier ayuda es bienvenida.
Trowa asintió, pensativo.
-Te entrego mi propuesta en la tarde. ¿Está bien?
-Nada más oportuno, Trowa. Claro que está bien. –Treize escuchó el inicio de la actividad en los talleres, y revisó su reloj. –Otto debe estar esperándome en la armadora. Puedes empezar si quieres a ver lo de tu propuesta, y cuando me la entregues nos enfocamos a las áreas de mantenimiento. ¿De acuerdo?
-Si, claro. Entonces empiezo a trabajar en eso.
Treize lo dejó en el área de diseño y se dirigió a los talleres generales. Aunque sabía que el tiempo de prueba era un periodo algo tedioso, también confiaba en que Barton saldría bien librado de las desconfianzas de Quinze. El muchacho mostraba una iniciativa muy peculiar, aparte de una forma de trabajo metódica y ordenada, y eso hablaba bien de él.
A ojos cerrados, podía asegurar que no tendría problemas para adaptarse en poco tiempo...
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Armería de Oz
Heinenkell, Alemania
Fue una semana de intentos desesperados e infructuosos para localizar a Maximilian Tsuvarov. Era como si se lo hubiese tragado la tierra.
Hasta ese día, el ex general Dermail hablaba con su socio empresarial acerca de lo que K le había comentado. Aunque no estaba resultando nada fácil convencerlo de que los vínculos y negociaciones con Tsuvarov debían terminar ya.
-¡¡¿Estás loco, Alphonse?! ¡¡Maximilian Tsuvarov acaba de entregarnos veinte millones de euros para iniciar con la producción!! ¡¿Cómo crees que reaccione cuando le diga que no habrá más tratos?!
-Escúchame. Ese hombre está involucrado no sólo con fracciones terroristas, sino con la mafia rusa y quién sabe qué otras “familias” europeas. Sé que no será nada agradable su reacción, pero debemos detener esto. Debe ser así, por tu familia; por Treize... por tu nieta.
-¡Hay mucho en juego como para botarlo sólo por una posición moralista! –La mirada del patriarca Khushrenada se endureció aun más, demostrando que era la ambición la que lo cegaba.
-¿Es que no te das cuenta? ¡No estamos hablando de una posición moralista! ¡Estamos hablando de nuestra seguridad!
-¿”Nuestra”? –Un matiz irónico en sus palabras desesperaron aun más a su socio. -¡Estás hablando como si Tsuvarov fuese a asesinarnos impunemente! ¡Además, antes no te importaba!
-¡¡Antes no lo sabía!!
-¡¿Y ahora qué te hace pensar diferente?! ¡¡Te estás volviendo viejo!!
-¡No voy a discutir más contigo! ¡Regresa el anticipo, y haz un estimado de las pérdidas que pudo tener en situación bancaria! Le regresaremos todo el dinero con una suma proporcional de intereses. Prefiero hacer eso y sustentar una pérdida a tener problemas por hacer negocios con el terrorismo. – Buscó en la agenda el número que le diera el doctor K, y anotándoselo en una tarjeta se lo extendió a su socio. –Podrías necesitarlo. El doctor K me aseguró que es confiable, y está dispuesto a ayudarnos.
Khushrenada la agarró en forma brusca y se levantó del sillón con un marcado gesto de enfado en su rostro.
-Haz tú la llamada. No voy a quedar como un tonto con este tipo. Regreso en un rato.
Sin decirle más, tomó un pequeño maletín y algunos papeles junto con su agenda y salió del despacho. Dermail suspiró con aire derrotado. Tendría que tomar él solo todos los riesgos de esa deserción.
Rodeó el escritorio, se sentó pesadamente en el sillón ejecutivo mientras tomaba el teléfono. Dudó un momento, pero finalmente se decidió, y marcó.
La voz joven y segura de un hombre respondió al otro lado de la línea casi en cuanto hubo tono de marcación.
-¿Diga?
-¿Odin Low? Necesito hablar con usted. Soy Alphonse Dermail. El doctor K, de la Armería de Oz me dio su número de teléfono...
-----------------Sospechas fundadas...
Víspera de la Carrera de Aniversario
Circuit de Catalunya
Montmello, España
12:30 pm
Los días pasaron con impresionante rapidez, trayendo nuevos acontecimientos.
Towa Barton se había acoplado al trabajo del equipo sin ningún contratiempo, tal como Treize lo esperaba, y todo parecía marchar sobre ruedas. Esa carrera en España era la ocasión perfecta para que Barton se “estrenara” como master de la escudería y pudiera prepararse más a conciencia para la Temporada Americana.
Treize ya se había alistado con el overol del equipo, así que sólo quedaba esperar que el tiempo de las pruebas llegara.
Revisaba algunos de los sistemas experimentales de los Civic en su lap-top antes de los precalificativos, cuando llegó el ingeniero Frentzen con él. No se veía muy contento.
-Khushrenada...
-Harald, dime...
-Te tengo muy malas noticias. –Le extendió el periódico de ese día, en la primera plana. Dejó lo que hacía, sujetando el diario sin poder creer lo que veía. –Quinze aun no lo sabe, pero no tardará en enterarse.
Una nítida fotografía de casi media plana mostraba a Zechs Marquise firmando con los ejecutivos de Ferrari para autorizar su entrada a la escudería. La nota hablaba de ese acontecimiento cinco días antes de los precalificativos.
Treize volteó con Frentzen, regresándole el diario.
-No se lo digas tú, ¿o.k.? Si pregunta o dice algo, díganle que no tenían idea. Hablaré personalmente con él.
-Hay otra cosa, en la nota interior. Hablan de un modelo de válvulas nuevo, diseñado y fabricado en tiempo récord.
Treize dejó la computadora a un lado, recibiéndole otra vez el diario. Buscó la nota y leyó ávidamente. Un intenso dolor presionó su pecho.
-¿Cuánto tiempo falta para las pruebas? –Ignorando el dolor, se levantó apagando la computadora y guardándola en el maletín. Debía hacer algo antes de que Ferrari cometiera el enorme error de una presentación fraudulenta.
-Alrededor de hora y media. ¿Qué piensas hacer?
-Voy a la conferencia de prensa. Es en el hotel donde se hospeda el equipo.
-Pero...
-Frentzel, tengo que hacer esto. No me detengas.
Sin decir más, salió del lugar con paso decidido. Nunca se acordó que vestía el overol de piloto...
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Armería de Oz. 12:50 p.m.
Heinenkell, Alemania
Dermail recibió la llamada de Tsubarov con algo de nerviosismo. No había podido comunicarse con él en días anteriores, pero ahora debía confrontar la situación.
Todavía esa mañana su socio continuaba lamentándose, resistiéndose a deshacer el trato. No tenía idea de lo que había hecho con el dinero y los planos de las armas que habían requerido. Supuestamente, Khushrenada los depositaría en la cuenta bancaria de Tsuvarov antes del mediodía, y hasta ese momento no había recibido la llamada que confirmaba el depósito.
Pero lo peor de la situación era que desconocía la orden de Khushrenada dada a los tecnólogos para iniciar la producción de esos prototipos.
K se mantenía comunicado con uno de sus contactos, infiltrados en un grupo cercano al pequeño ejército de Tsuvarov, y por ese medio pudo darse cuenta que éste empezaba a desconfiar de sus proveedores.
-Coronel Tsuvarov. -Sintió un malestar en su estómago al escuchar la voz al otro lado de la línea.
-General Dermail. Supe que estaba tratando de localizarme.
-Si, esperaba poder comunicarme antes. -Carraspeó un poco, tratando de ocultar su nerviosismo, pero Tsuvarov lo notó. -Coronel, tengo malas noticias qué darte.
-¿Malas noticias? Eso es grave. -El tono irónico del otro hombre lo hizo sentirse peor. -Espero que no sea un aviso de que no desea que continuemos con el trato del armamento que le hemos pedido.
Dermail sintió que se le secaba la boca. Tsuvarov lo decía como si hubiese leído con perfecta claridad sus pensamientos.
-...Eh... bueno, es algo de eso...
-Si, lo sé. Por ese motivo estoy por llegar con usted. -El tono de voz se volvió de pronto, de ser amable, a algo distinto, autoritario, impositivo y amenazante. -He tenido algunos informes de ustedes, General. Todos con respecto a su decisión de continuar apoyándonos en la adquisición de armas. Alguien me comentó que tiene dudas para continuar con nosotros.
Dermail palideció al escuchar eso. Estaban por llegar...
-Coronel, escucha. Mi socio no se encuentra en estos momentos, y lo estoy esperando precisamente para continuar con el proyecto que nos habías encargado...
-Su socio me llamó. Y lo más curioso es que él intentó también deshacer el trato. Me dijo que cree que somos terroristas.
//¡Santo cielo! ¿Cómo pudo...? //
-Debe ser un malentendido...
-Si, pienso que si. Porque también sé que ha hecho algunas llamadas que no era conveniente que hiciera, General. -Ya no sólo era una terrible amenaza. Era una cruenta realidad. Esa no era una visita de cortesía. -Pero arreglaremos esto en cuanto llegue con usted. Falta poco.
No alcanzó a decir más. Tsuvavor cortó la llamada, y Dermail supo que estaban ya en la propiedad.
Agarró algunos papeles que tenía sobre el escritorio y llamó a uno de los tecnólogos por el interfón..
-¡Doctor K!
Cuando éste le respondió, su prisa por irse era ya demasiado grande.
-Alphonse, dime. Te noto exaltado.
-¡K, no hay tiempo para explicaciones! ¡Deben irse de la planta!
-¿Irnos?
-¡¡Tsuvarov viene hacia acá!! ¡¡Sólo haz lo que te digo!!
Dicho esto, él salió precipitadamente del despacho.
Abajo, en la armadora, K y J movilizaban a todos los tecnólogos a una especie de refugio, haciéndolos salir apresuradamente por algunos pasajes que sólo ellos conocían. "Medidas de precaución", como ellos le llamaron a ese plan concebido en tiempos del auge de los atentados terroristas en las fronteras Rusas, Checas y de algunos otros países colindantes.
Dermail se mordió el labio inferior mientras conducía velozmente hacia la casona, pensando en su familia, en aquellos que lo habían recibido con los brazos abiertos cuando se había quedado sólo, y quienes creyeron y confiaron en él de poder levantar nuevamente la empresa familiar. Creyó también que encontraría ahí a su socio. Debían huir, alejarse lo más rápido posible. No quiso voltear hacia atrás.
//¡Dios, ayúdame a sacarlos de aquí!//
-----------------Falsas suposiciones...
Hotel Gran Real de Catalunya.
Salón de exposiciones.
Montmello, España. 12:55 pm.
Ese overol era tan llamativo bajo la personalidad de Khushrenada...
Zechs lo alcanzó a ver cuando entraba en la sala de exposición, sorprendiéndose bastante. Jamás imaginó que iría a ese lugar, en medio de la presentación del prototipo de Ferrari. Su leve sonrisa desapareció como por arte de magia, y un fuerte nerviosismo lo envolvió.
Lucrezia se percató entonces de lo que ocurría. Pudo ver por primera vez a Treize Khushrenada, el 'Kaiser' de la Fórmula 1 en persona, ahí, frente a ellos, frente a sus rivales, solo.
Eso era tener agallas.
Se detuvo junto a un grupo de reporteros, escuchando al tecnólogo que presentaba el motor del monoplaza. Pero al observar con atención el auto, pudo ver con enorme desconcierto que esa maquinaria él la conocía perfectamente...
-...El prototipo lleva un montaje especial. -continuó el ingeniero a cargo, ignorante de lo que estaba a punto de ocurrir. -Es un motor novedoso. Maneja cuarenta válvulas neumáticas que permiten un control del carburante más acertado. Su cilindrada es de 2,997 CC., con pistones hechos en una aleación de aluminio y titanio y se le ha llamado Ferrar O53 VID. Su tiempo de construcción tomó sólo unas semanas gracias a la intervención del ingeniero Zechs Marquise...
Treize lo escuchó pasmado.
¡Era SU diseño!
¡Era el prototipo P84 VID, especialmente hecho para el monoplaza experimental de BMW-Williams! Lógicamente, tenía las modificaciones que Marquise había propuesto en un principio, las cuales nunca se pudieron implementar por la abrupta forma en que se había ido de Alemania...
Zechs permanecía con la cabeza baja, observándolo gravemente. Se veía su incomodidad a kilómetros de distancia.
Uno de los reporteros volteó hacia atrás, precisamente en donde estaba Treize, e inmediatamente lo reconoció.
-¡¡¡Miren!!! ¡¡¡Es él, el 'Kaiser'!!!
Treize de pronto se vio rodeado de una muchedumbre de reporteros, todos exigiéndole respuestas a su presencia en ese lugar.
Con mucho trabajo, logró imponer orden y silencio a su alrededor. Y grácilmente dio una creíble explicación. Su voz se escuchó fuerte y clara en medio de la sala de exposiciones en la que había un sepulcral silencio. No le hacía falta tener algún micrófono para hacerse oír.
-Me preguntan qué es lo que hago aquí a pocos minutos de los precalificativos. Mi respuesta es simple. -Volteó hacia la parte en donde estaba el equipo de ejecutivos de Ferrari, retándolos con la mirada. -Supe del proyecto de un nuevo modelo, y sólo he venido a constatarlo.
-¡Ingeniero! -Treize recorrió otra vez la multitud de reporteros al escuchar la pregunta. -¿Qué hay de cierto en el rumor de que usted conocía el prototipo antes de que Ferrari lo anunciara?
Por algunos segundos, Khushrenada observó al joven reportero que levantara tan polémica pregunta. Después, buscó a Zechs con la vista, irguiéndose con mucha seguridad entre el grupo.
-No debería ser ningún rumor. Se ha especulado mucho en que hubo filtración de información, y todos sabemos que siempre ha sido así. -Su mirada azul índigo se clavó en la de Zechs al encontrarlo. -Por otra parte, no me sorprende que haya algo de similitudes entre el modelo de Ferrari y el boceto que estábamos trabajando hace algunos meses en BMW-Williams. Zechs Marquise formaba parte de nuestro equipo de trabajo.
-¿Está diciendo que Zechs Marquise pudo cometer plag...?
Treize no dejó que terminara la pregunta. Se volvió hacia el reportero con mirada severa.
-¡No! ¡No estoy diciendo eso! ¡No tergiversen mis palabras! -Volteó nuevamente hacia Marquise, y éste pudo reconocer en medio de ese brillo severo y apasionado en su mirada una sombra de decepción. -¡Zechs Marquise imprimió su estilo en el prototipo de Williams, y lo hizo también en este porque él participó en ambos proyectos! ¡Eso es muy diferente a un plagio!
Dicho esto, guardó silencio sin despegar la vista de Marquise. No respondió ninguna otra pregunta, sólo esperó alguna respuesta de Zechs.
El joven bajó de la pequeña plataforma, abriéndose paso hasta donde estaba Treize, mientras uno de los hombres del grupo de ejecutivos se acercaba a los micrófonos para tratar de calmar los ánimos en el lugar.
Zechs llegó frente a Treize sin quitarle la vista de encima. No sonreía.
Khushrenada entonces conoció algo más de él. Llevaba el cabello suelto, y pudo ver que era rubio, casi platinado. Lo llevaba bastante largo, casi a la mitad de la espalda. La máscara que usaba en esos momentos era un armazón más sencillo que el anterior, aunque de igual forma, le cubría todo el rostro. Sus pupilas celestes continuaban fijas en él, y su tono de voz fue de reclamo.
-¿Qué haces aquí?
Treize no se intimidó. Por el contrario, su actitud fue aun más sobria y retadora.
-Quería constatarlo. Tenía que verlo por mí mismo. -Cruzó los brazos sobre su pecho en actitud molesta. -Además, necesito hablar contigo. Tu carta de despedida no decía lo suficiente.
Zechs volteó hacia todas partes, incómodo también por el tumulto a su alrededor. Porque a pesar de que los ejecutivos de Ferrari estaban con la mayoría de los corresponsales, había con ellos algunos más que intentaban grabar su conversación. Debían salir de ahí.
-Hablemos en otra parte, por favor.
-Que sea aquí, Zechs. Yo no me estoy escondiendo.
-Treize...
Sin embargo, un estentóreo grito los hizo voltear hacia la entrada al salón.
-¡¡¡Maldito ladrón!!! -Quinze estaba señalándolo a él desde ahí, detenido por dos guardias de seguridad, además de Otto y Trowa. -¡¡¡Marquise!!! ¡¡¡Esto no se queda así!!!
-¡Ay, Por Dios...! -Treize se cubrió el rostro con una mano, impotente para detener eso. -Es lo que quería evitar...
Zechs se dio cuenta entonces que su reputación con ellos estaba por los suelos gracias a ese malentendido. Y alarmado, trató de convencer a Khushrenada que era un error.
-No, no... Yo no robé el diseño...
Treize levantó la vista, encontrándose con la de Marquise. Y por más evidencias que hubieran contra él, por más que todo lo señalara, curiosamente le creyó.
-Sé que no lo hiciste. Pero no todos tendrán esa idea y sabes que es difícil deshacerse de un estigma como ese. Más todavía por la forma en que se suscitaron las cosas. Cometiste un grave error al dejarnos de ese modo.
Marquise bajó la vista ante sus palabras, con cierta pesadumbre.
Era cierto, pero no podía decirle así como así que lo dejaba para conseguir información, evidencias y pruebas que incluso podrían incriminarlo a él en el golpe de estado de su país, y tal vez con algunas fracciones guerrilleras europeas. No podía ni debía hacerlo.
-Tuve qué hacerlo, Treize. No me pidas explicaciones ahora, por favor.
Khushrenada asintió con un movimiento de su cabeza, y se retiró un paso de él.
-Bien, entonces, cuando decidas ser franco, búscame. Sabes en dónde encontrarme. Nos vemos en la pista. –Dicho esto, se dio la vuelta y se dirigió a la salida.
Zechs permaneció ahí, como clavado al piso mientras que Treize llegaba hasta el tumulto que Quinze estaba armando. Pudo ver cómo Khushrenada lo sujetaba por un brazo, y a su toque, el manager se tranquilizaba lo suficiente para convencerlo de salir de ahí.
La oleada de reporteros no se hizo esperar. Zechs se vio envuelto en esa multitud que deseaba tener los detalles de esos acontecimientos de primera mano. Y mientras trataba de librarse de ellos, su vista regresó hacia la salida del salón. Antes de abandonar el edificio aun sujetando suavemente a Quinze, hablándole todo el tiempo, Khushrenada volteó con él una última vez. Zechs sintió que su corazón se partía al ver la expresión que mostraba su rostro.
De pronto, las preguntas que le hacían, la emoción por el prototipo y su debut como experto en una de las escuderías más fuertes de la F1... Todo dejó de tener sentido en ese momento para él.
Noin lo alcanzó en medio de ese tumulto junto con uno de los ejecutivos de la firma, librándolo del perturbador acoso de los medios a tirones y jaloneos.
-¡Zechs! ¡Ven conmigo!
Mecánicamente la siguió, mientras su razón peleaba contra sus sentimientos. Y aunque no dijo absolutamente nada a los demás ejecutivos cuando estuvo a salvo de la horda de corresponsales, su pensamiento ahora ideaba la mejor forma de reivindicarse ante Treize, el ingeniero Williams y BMW por lo ocurrido con el prototipo.
-----------------Muerte en la familia...
Mansión Khushrenada.
Heinenkell, Alemania.
1:10 pm
Sólo la encontró a ella.
Había tenido una breve pero muy áspera discusión con su esposo, y éste se había marchado muy molesto.
Nadie sabía en dónde estaba en esos momentos.
Al llegar a la casa, el ex general llamó a quien se responsabilizaba de los sirvientes y los obligó también a salir en una desesperada huída. Ya sólo faltaba ella.
Dermail se paseaba con aire impaciente y preocupado por el salón principal de la mansión, esperando a su prima. Al escuchar sus pasos apresurados que atravesaban el corredor, salió del lugar, atajándola.
-¿Qué te dijo tu marido?¿En dónde ...?
-Me dijo que saliéramos inmediatamente de la casa. No me aclaró el motivo ni me dijo en dónde está.
El ex general palideció al escuchar eso. La sujetó por un brazo y casi la arrastró al área de la cocina de la mansión.
-Debemos salir de aquí. ¡Vamos!
-¿Pero por qué? ¿Qué ocurre, Alphonse?
-¡No puedo explicarte ahora! ¡Sólo haz lo que te digo!
Saldrían por la puerta de atrás, por una de los pocos caminos desconocidos que llegaban a la carretera en forma discreta, semiocultos por la vegetación.
Sin embargo, no alcanzaron a llegar siquiera a la cocina.
Varias siluetas se adelantaron hacia el interior por la puerta de acceso en esa zona, dirigiéndose hacia donde ellos estaban. Iban fuertemente armados.
Dermail retrocedió con las manos en alto, tratando de proteger a Lady Khushrenada.
-Vaya, vaya. -Maximilian Tsuvarov caminaba hacia él junto con dos de sus hombres, por el corredor principal. -El capitán abandona el barco, tal como lo hacen las ratas.
-Maximilian, por favor...
-¿Y quién es la damita que acompaña a nuestro ilustre traidor?
Dermail negó con un movimiento de su cabeza. Estaba pálido y sentía que sus manos temblaban ligeramente.
-Ella no tiene nada que ver con esto. Déjala ir, te lo suplico.
Tsuvarov sonrió con un gesto de burla mientras rodeaba a Dermail y se acercaba a ella.
-Pides demasiado, Alphonse. ¿No te lo habían dicho? Ese es un gesto soberbio, y yo detesto la soberbia. -Volteó con algunos de los hombres del grupo que llegaban a ellos, y preguntó algo en ruso. Uno de ellos negó con un gesto. -Y por lo que veo, tu socio Khushrenada desapareció antes de que tú lo hicieras.
-No, no está desaparecido. Debe estar en el banco, retirando el dinero para entregártelo.
-No me interesa ahora el dinero, general. Quiero saber por qué huías. ¿Es porque descubriste algo de nosotros que no te gustó?
Armándose de valor, Dermail asintió.
-Supe que no sólo eres parte del ejército. Controlas fracciones terroristas en varias partes de Europa. ¿Es verdad?
Tsuvarov hizo un breve gesto afirmativo, sacando una .45 y preparándola.
-Si, algo hay de eso. Pero no lo hago por establecer una anarquía forzada. Busco mi parte. Pero tu atrevimiento para contactar a la CIA me ha obligado a renunciar a esa parte que me corresponde. Tuve que abandonar el ejército ruso, precisamente porque se inició una investigación en mi contra, por "ciertas irregularidades", como le llamaron ellos. Pero no me quejo. Gracias a ti, me dedicaré de lleno a establecer en los países conquistados por nuestros aliados un frente estratégico. Volveremos a apropiarnos de los países ricos en minerales e iniciar una conquista territorial. O´Negull nos apoya, por mero agradecimiento, ¿sabes? Le ayudamos demasiado a reconquistar el país clave para el movimiento democrático, deteniendo a los partidarios de esa tendencia.
Dermail sintió esas palabras como un golpe. Y en su recuerdo, la voz de Treize volvió a escucharse clara y fuerte, recriminándolo.
//¡¡... quién sabe en cuántas guerras y guerrillas, o atentados terroristas has participado con tu producción !! ¡¡No vuelvas a decirme que no tuvimos nada que ver en eso!! //
Una guerra.
Estaba hablando de una guerra, mucho peor que las que ya se habían librado, mucho más cruel que las que esa parte de Europa había vivido hacía sólo unos cuantos años atrás. Por ese motivo eran los modelos de armas que les había encargado. Armas nucleares.
-Necesito saber en dónde está tu socio. Debo recuperar mi dinero, y los planos de las armas para entregarlos a quienes trabajen bien para mi. Sin preguntas, sin entrometimientos.
-No sé dónde está.
Tsuvarov lo observó con desprecio.
-Eso me hace pensar que tenían en mente no una deserción, sino una traición. -Rió con ironía, sujetándola a ella por un brazo y alejándola de su lado. -Imagino que esta hermosa señora es su esposa.
Dermail se sintió perdido. Khushrenada se daba a la fuga, sin su esposa, escapando de esos hombres para salvar su vida y su ambición...
-No ha sido de esa forma. Te dije hace un rato que había ido a retirar el dinero para tenerlo listo y entregártelo. No sé en dónde está, pero no creo que se haya atrevido a...
-¡Basta! Antes de venir aquí, llegamos al banco en el que tienes tus cuentas, y comprobamos que están vacías. Además de que no había rastro de él. Yo a eso le llamo una "flagrante traición". ¿Cómo le llamas tú, Alphonse?
Dermail sintió que sus piernas temblaban y un frío sudor bañaba su cuerpo.
Tsuvarov continuó con su explicación.
-En la política de nuestro régimen, no hay juicio para los traidores. Es sólo la sentencia. No será diferente contigo. -Su sonrisa se endureció, y a un gesto afirmativo de su cabeza, los hombres que lo acompañaban prepararon sus armas.
No había escapatoria, lo sabía. Volteó hacia donde estaba ella, la madre de Treize. Y sólo atinó a verla con dolor en su mirada.
-Lo siento... no quería que esto llegara hasta ti. Perdóname.
Ella ahogó un grito al ver que Alphonse Dermail era abatido por una ráfaga inmisericorde. Y de pronto se percató que no se detendrían con él.
Levantó la vista del cuerpo inerte del que había sido socio de su marido, y lentamente se volvió hacia ese hombre que estaba a su lado, el que había dado la última orden.
-Querida señora, es su turno...
Sus ojos azul índigo quedaron frente al cañón del arma que apuntaba hacia ella a escasos centímetros, y un leve temblor en sus labios fue lo único que le hizo saber a su asesino que estaba aterrorizada.
Al escuchar el sonido metálico que anunciaba el inminente disparo, ella supo que jamás volvería a ver a su familia.
Y su último pensamiento fue para su hijo.
//...Treize... //
Precalificativos al Circuit de Catalunya
Montmello, España
1:15 pm
Khushrenada desaceleró un momento, sintiendo algo inusual, extraño.
// Madre... //
Repentinamente, un presentimiento lo había asaltado, destrozando su concentración total en la pista que tenía al frente. Y se sentía desconcertado ante eso.
Nítidamente, el recuerdo de la mirada amorosa de su madre sobre él había ocupado todos sus pensamientos por espacio de varios segundos, y un malestar lo invadió.
Pero no podía darse el lujo de hacer caso a un recuerdo. Tenía que recuperar esos segundos que perdiera para lograr un lugar significativo dentro de las clasificaciones.
Retomó la pista y aceleró de manera estudiada, logrando estabilizar otra vez su posición, desechando cualquier duda que ese pensamiento hubiese dejado en él.
Sin embargo, el escuchar la voz de Trowa Barton dándoles tanto a él como a Otto el resultado de sus puntajes a la última vuelta no lo emocionó demasiado. La preocupación crecía con cada minuto que pasaba.
Trató de tranquilizarse pensando en que llamaría a la casa de sus padres en cuanto regresaran al hotel, convenciéndose de que era sólo producto de sus nervios y su desencanto con Marquise.
----------------“Jaque” al ‘Kaiser'...
Precalificativos al Circuit de Catalunya
Carpa de la escudería Ferrari 3:35 pm
Zechs llegó a los pits, a la carpa de Ferrari aun con una sensación de amargura en su boca.
Todo lo que hacía era mecánico, totalmente desapasionado. Y eso se debía a que no podía olvidar ese gesto de decepción en la mirada de Treize.
Podría haber soportado que Quinze le llamara ‘ladrón'; podría haber soportado que los mismos medios insinuaran, incluso afirmaran que había cometido plagio a Williams; podría soportar estoicamente que el mundo entero lo odiara por ello...
Pero lo que en esos momentos pensaba es que no podría soportar por mucho tiempo esa situación si Treize lo veía de forma distinta, si dejaba de considerarlo ‘su amigo' por un juego demasiado sucio en el que él no tenía nada que ver.
Sin embargo, tampoco imaginó que la escena que vivieran en el salón de conferencias del hotel tendría consecuencias peores que sólo el escándalo que Quinze protagonizara.
Varios abogados de la firma estaban con algunos ejecutivos, al parecer esperándolo. Zechs se acercó a donde se encontraba Noin, y de inmediato fue atajado por el grupo.
-Ingeniero, tenemos listos los dictámenes para la demanda formal contra BMW-Williams y Treize Khushrenada. Sólo esperamos su firma.
Marquise volteó a verlos sin comprender muy bien de lo que se trataba. Noin sólo guardaba silencio con gesto sombrío.
-¿Mi firma? ¿Qué quiere decir con una demanda formal?
Uno de los representantes de mayor influencia fue quien habló entonces.
-Es por el lamentable incidente que ocurrió durante la conferencia de prensa. Hemos convenido que ninguna persona de las empresas BMW-Williams se sienta con derecho de armar escándalos de esa magnitud, menos aun de levantar calumnias en contra de ningún miembro de Ferrari. La demanda se instituyó de forma empresarial, y en dos apartados, de forma personal contra el ingeniero Treize Khushrenada y el manager del equipo.
Zechs volteó con Noin francamente sorprendido.
-¡¿Qué?! ¡¿De qué está hablando?!
-Ninguno de ellos podrá acercarse a usted a menos de 100 metros...
-¡¡¡¿Son estúpidos o qué les pasa?!!! –Zechs perdió los estribos al escuchar eso. -¡¡¿Qué piensan que va a ocurrir si los integrantes del jurado en cada carrera deciden dejarnos uno al lado del otro?!! ¡¡¿No han pensado en esas implicaciones técnicas?!!
Varios ejecutivos intentaron exponer sus justificaciones personales, pero eso alteraba cada vez más a Marquise.
-Ingeniero, tranquilícese. –El manager de la escudería intervino también –Lo pensé de esa forma porque no quiero que esto vuelva a repetirse...
-¡¡¿Fue usted el que hizo esto?!!
Noin tuvo que detenerlo antes de que el rubio tuviera el arrebato de echársele encima al escuchar que él había planificado la situación legal de esa forma.
-¡Zechs, cálmate! –Lo sujetó por un brazo, alcanzando a pararse frente a él, obligándolo a voltear con ella. -¡Por favor! ¡Cálmate!
-¡¡¿Qué me calme?!! ¡¡Noin!! ¡¡¿Cómo puedes pedirme esto?!! ¡¡Están cometiendo una arbitrariedad!! ¡¡No sólo contra ellos, sino contra mí también!! ¡¡Nunca me tomaron en cuenta para ver si accedía a sus “acciones legales”!!
-Ingeniero, por eso lo esperábamos. Sólo es cuestión de firmar...
-¡¡No voy a firmar!! ¡¡Entiéndanlo de una vez!! ¡¡No estoy de acuerdo con sus métodos, y no voy a ser parte de sus juegos torcidos!! –Intentó dar la vuelta e irse de ahí, botando todo ese embrollo, pero el manager lo detuvo.
-Debe firmar. No puede ser el titular del equipo si está en desacuerdo con la compañía.
-¡¿Ah, no?! ¡Entonces no seré más el titular! ¡Búsquense a otro!
-Ingeniero, recuerde que hay un contrato de por medio.
-¡No me importa!
-Debería importarle, ingeniero. –El presidente de la compañía y uno de los hermanos Ferrari llegaban en esos momentos a donde estaba el grupo. Al parecer, alguien los mantenía al tanto de lo que estaba ocurriendo. –De cualquier forma, con su firma o sin ella, la demanda está en proceso. Cambiaremos los términos conforme a los reglamentos de los circuitos, y todo lo demás será sencillo. Ahora, si decide apartarse de todo esto, tenga en cuenta que podríamos hacer que la historia completa se centre en usted. Ferrari no se responsabilizará de sus acciones, y el perjuicio no nos alcanzará a nosotros. Piénselo.
Noin, al igual que Zechs, estaba pasmada.
Lo estaban amenazando.
Lo peor de la situación es que ambos sabían que tenían los medios y el poder de hacer lo que estaban diciendo. Y eso arriesgaba en gran manera sus avances de investigación.
Todos los presentes guardaron silencio, expectantes a la respuesta de Marquise.
Éste volteó a verlos a todos con enorme frustración, y tuvo que rendirse. Sin embargo, se negó a firmar.
-¡¡Perfecto!! –Masculló entre dientes, haciéndoles ver su rabia. -¡¡No renunciaré a la
escudería, pero no voy a firmar esa ridícula demanda!! ¡¡Háganlo ustedes!!
Y dicho esto, se alejó del lugar, seguido por Noin.
Había caído en una sucia trampa, y lo peor, estando en esa situación, no podría acercarse nuevamente a Treize.
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Hotel Real Provinciano
Base de la escudería BMW-Williams
9:30 pm
Treize se encontraba en su habitación, tratando de llamar a casa de sus padres por enésima ocasión, sin resultado. La preocupación comenzaba a hacer estragos en su ánimo, pues era ya todo un día que no podía comunicarse con su familia, y el sentimiento de vacío y frustración aumentaban.
Al escuchar que tocaban a la puerta, colgó el auricular y se levantó para abrir, encontrando a Quinze y a Lady afuera de la habitación. Primero pensó que estaban ahí para tratar algún asunto trivial, pero el gesto grave de ambos le indicó que no era así.
-¿Ocurre algo? Traen cara de pocos amigos.
-Sin bromas, Treize. –Quinze entró sin esperar invitación, y Lady sólo esperó que Treize le indicara que podía hacerlo.
-Debe ser bastante grave...
-Lo es. –Quinze le extendió un sobre rotulado a su nombre, aun cerrado, y otro para la Directiva de BMW-Williams, ya abierto. –Te lo envían los abogados de Ferrari.
Sin decir más, alcanzó una de las sillas que había cerca del escritorio, en el pequeño recibidor de la habitación, observándolo mientras abría el sobre y leía el documento. Lady ocupó la otra, y permaneció en silencio mientras Khushrenada terminaba de leer.
Éste bajó el documento buscándolos, fuertemente sorprendido.
-¿Una demanda? ¿Pero por qué...?
-Calumnias, alegatos sin pruebas. El documento que me enviaron me impugna agresión directa contra Marquise. Imagino que lo están haciendo igual contigo.
Treize volvió a ver el documento, buscando alguna firma o declaración por parte de Zechs.
-Si, en efecto. Dice que no podré acercarme a él a menos de veinte metros, a no ser por las reglamentaciones de los circuitos.
-A ti te fue bien. A mi se me ordena mantenerme a cien metros de distancia, de forma permanente.
-Pero... no está firmada por él... No entiendo...
-Treize, recuerda que están acostumbrados a los manejos sucios. Desgraciadamente su cultura empresarial es así.
Khushrenada suspiró, dejando el documento en el escritorio. Eso había sido un golpe bajo.
-¿Qué piensas hacer?
-Lo más lógico. Una contrademanda, y una demanda por plagio. Marquise no se saldrá con la suya...
-Quinze, si haces la demanda contra él, te quedas sin piloto titular.
El manager guardó silencio un momento, sorprendido. Lady sólo fijó sus ojos en él, expectante.
-¿Qué dijiste?
-Me escuchaste perfectamente. No habrá demanda contra Zechs Marquise. Si quieres hacer un alboroto legal de este asunto, hazlo sin mi, y sin inculparlo a él.
-¿Te volviste loco? ¡Marquise cometió un delito enorme al plagiar el motor que TÚ diseñaste! ¿Cuánto crees que se llevó en la venta de los planos?
-No tienes pruebas de eso.
-¡Por supuesto que las tengo! Están los bocetos y el prototipo, además de lo que Otto nos ha dicho...
-Quinze, basta. –Treize abrió la computadora que tenía sobre el escritorio, buscando algunos archivos en ella. –Si quieres que te demuestre que no hay nada concreto para esa demanda, lo haré. Observa el boceto.
-Si, es idéntico al motor que estaban mostrando hoy.
-Te equivocas. Observa bien. –Le señaló una parte del diseño y comenzó a explicar. –El motor de ellos es de cuarenta válvulas, el nuestro maneja cuarenta y dos. La aleación que utilizaron es aluminio-titanio, y yo sólo estoy usando titanio. Además, estas partes tienen variaciones en el de ellos. No es el mismo motor. El cilindraje tampoco coincide.
-Treize, esto es circunstancial...
-No, escucha. El motor que viste es un diseño de Zechs, precisamente el que nos mostró con las variaciones para optimizar el prototipo. Tal vez haya tomado la base del P84, pero eso es mínimo. Todos los motores de F1 llevan esa base.
Quinze tuvo que rendirse. No podría convencerlo de hacer algo contra Marquise.
Lady lo observaba con atención. No habían pasado desapercibidas ninguna de sus actitudes y reacciones a todo ese asunto, especialmente en lo que se refería al otro piloto. Eso confirmaba plenamente lo que había visto entre ellos.
-De acuerdo. No habrá demanda en contra de Marquise. Sólo espero que no sea una decisión equivocada, Treize.
-No lo es, te lo aseguro. –Khushrenada dobló el papel y lo guardó nuevamente en el sobre, entregándoselo junto al otro. –Guarda esto. No creo que lo vaya a necesitar.
-Los abogados del ingeniero Williams se encargarán de eso. Bien, entonces nos retiramos. Descansa, presiento que mañana será un día pesado.
Treize asintió, acompañándolos a ambos a la puerta. Sin embargo, antes de salir, Lady decidió hablar con él.
-Lo siento, Treize. –Lady sujetó levemente su brazo, haciéndole ver que lo apoyaba en lo que fueran sus posibilidades. –Trata de dormir. Si necesitas algo...
-Te lo agradezco, Lady. Buenas noches.
Treize volvió a quedarse solo, ahora con un peso más en su ánimo decaído.
Se sentó en la cama, viendo en la computadora encendida los dos archivos que le mostrara a Quinze, y con un leve suspiro se recostó, cerrando los ojos y tratando de ignorar el malestar que se anidaba en su frente, amenazando convertirse en un dolor de cabeza. Y lo reconoció como una amarga sensación que había tenido su origen en sus sentimientos.
//... Zechs... ahora que empezaba a extrañarte... //
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Circuit de Catalunya
Montmello, España
Al día siguiente, a escasos minutos de iniciar la carrera...
Otto estrechó la mano de Treize deseándole una buena competencia.
-Será muy reñida, pero confío en que volverás a conquistar el podium, amigo.
-Espero que si. -Otto alcanzó a ver ese incierto brillo de preocupación en la mirada de Treize. -No me siento muy seguro.
-¿Por qué? El titular se revisó varias veces, incluso hoy pasó por una revisión de calidad. No hay nada qué temer.
Treize le sonrió agradecido por ese gesto, pero se apresuró a aclararle el por qué se sentía así..
-No es por la carrera. Ayer tuve un sentimiento extraño, y recordé a mi madre. Intenté comunicarme a la casa de ellos, pero no respondieron al teléfono.
-Uhmmm, tal vez a tu padre se le antojó llevar a tu madre a cenar.
-Pero la casa de mis padres nunca está sola. Es curioso que nadie haya contestado.
-Treize, recuerda que no siempre has podido comunicarte a la primera. Tal vez las líneas telefónicas no estaban funcionando bien. No deberías tomar un incidente así tan a pecho. Mira, tranquilízate y al terminar la carrera, vuelves a intentarlo. ¿O.K?
-Si, es verdad. Haré lo que dices.
-Bien, es hora de que abordemos las naves.
Treize asintió, poniéndose el casco mientras otros tecnólogos preparaban los monoplaza para el evento. Sin embargo, a pesar de las palabras de aliento del otro piloto, ese sentimiento de vacío en su pecho permanecía con terquedad.
El inicio de la carrera fue accidentado.
Treize tuvo un tiempo de penalización por traspasar el límite de los boxes, situación que imaginó, se debía a su intranquilidad por haber volteado hacia el monoplaza de Ferrari, y que Marquise le hiciera señas, como deseándole éxito, tal como lo hacían cuando eran equipo. Hubo una salida en falso por parte del piloto de Bar-HONDA. Pero eso no fue todo.
Jamás imaginó que su inquietud lo hiciera cometer un error grave, un eslabón más en toda esa cadena de eventos desafortunados en ese lapso de tiempo...
Treize acababa de pasar por una estrecha curva, y se dirigía a otra no tan cerrada, acelerando en la recta para recuperar el tiempo que había perdido en su penalización. Y parecía que las cosas comenzaban a arreglarse, cuando todo volvió a ponerse en contra suya.
Por un momento tuvo la desagradable sensación de que el sistema de velocidades amenazaba con trabarse, pero pronto reconoció eso como una señal de que algo estaba fallando en el motor. Volteó de soslayo hacia los indicadores de presión y pudo ver que uno de ellos, el del suministro de aceite a la máquina, descendía con rapidez.
-¡Trowa! –Rápidamente se comunicó con el master a los pits, y este respondió puntual.- ¡Algo está ocurriendo con las válvulas de lubricantes! ¡Regreso a los pits!
-O.k. Esperaremos con todo listo para el diagnóstico. Desacelera la máquina.
Sin embargo, al llegar a la curva próxima a los pits de Williams, el neumático delantero derecho derrapó peligrosamente en una mancha de aceite.
Treize aceleró en una velocidad menor, forzando la máquina, deteniendo un posible “trompo” y aminorando el riesgo de colisión, pero no contaba con que el piloto de Jordan no se detendría al ver el percance.
Hizo una maniobra casi imposible, pegando el monoplaza a la barda de contención para esquivar al auto amarillo, y eso le costó la pérdida del neumático.
Todos en la carpa pudieron ver cuando una nube de humo y polvo se levantaba al momento del choque del monoplaza, y la mayoría del equipo de tecnólogos salió en desbandada hacia el punto de colisión, por el acotamiento interior de la pista. Trowa fue el primero que llegó frente al lugar del accidente, cargando un extinguidor.
Zechs desaceleró al ver lo ocurrido metros adelante, y estuvo al tanto por el sistema de comunicación.
-Darío, ¿sabes quién colisionó?
-El ‘Kaiser', Zechs. Quedas libre para el podium.
Una amarga sensación invadió su pecho al escucharlo. Pero debía seguir.
Dejó pasar a los tecnólogos, haciendo que otros monoplazas detrás de él también se detuvieran, pero al ver que la unidad de prevención estaba por llegar, aceleró nuevamente.
Treize salió del auto aun aturdido, pero ileso.
Alcanzó a ver el auto de Marquise a un lado de él, y sólo pudo seguirlo con la vista, mientras éste tomaba velocidad dentro de la curva, alejándose rápidamente de él...
Treize llegó a la carpa aun aturdido, cojeando ligeramente y doliéndose de un hombro debido a uno de los cinturones de seguridad.
Quinze y el ingeniero Williams se le acercaron, preocupados. Era mala señal que se hubiera negado a ir a la enfermería del autódromo.
-Ven, Treize. -El manager lo sujetó por un brazo, llevándolo hasta una silla cercana al equipo de radio. Imaginó que debía sentirse muy frustrado, pues acababa de perder la carrera, el prototipo, su dignidad misma......
-¿Cómo va Otto?
Sin embargo, al `Kaiser` parecía no importarle mucho su condición. Su preocupación principal estaba muy distante de lo que había ocurrido con él, y eso sorprendió una vez más al manager.
-Él está bien, amigo. Va en la cuarta posición. ¿Cómo te sientes?
-Aturdido...
Lady se acercaba en esos momentos con un teléfono celular en la mano.
Treize volteó con ella, descubriendo su rostro desencajado y su mirada llena de una extraña tristeza.
-Señor Treize, tiene llamada, de Heinenkell.
Khushrenada se extrañó. Nunca había recibido una llamada por parte de su familia. Todo el tiempo, había sido él quien llamara para saber cómo se encontraban, para saludar a su madre y al equipo de tecnólogos de la Armería, pero jamás había sido recíproco. Y supo que algo andaba mal cuando se percató que el teléfono que le extendía Lady no era el suyo.
-¿De Heinenkell? ¿Mis padres?
Un escalofrío recorrió su espalda mientras extendía el brazo hacia ella, sin quitar sus ojos de los de la chica. Ella se retiró un paso, negando con un gesto leve.
-No... señor Treize... lo siento...
Tomó el aparato y con mano temblorosa lo acercó a su oído. Lady mientras tanto, hablaba en voz muy baja con el ingeniero Williams y Quinze. Había empezado a llorar incluso antes de que pudiera decirles una palabra.
-Habla Treize Khushrenada.... -Quinze miró de reojo a Treize, observando también con sorpresa y dolor mientras escuchaba a Lady. El semblante de Treize cambió por completo. Se levantó de la silla, llevándose la mano libre a la frente. -...¿Q-qué...? ¿Cuándo... cuándo fue eso...?
Lady volteó también hacia él, acercándosele nuevamente junto con los otros dos hombres.
Treize soltó el celular, cubriéndose el rostro por un momento. Después bajó los brazos, con la mirada extraviada en el horizonte, en silencio, respirando con dificultad. El impacto de la noticia de un atentado en la Mansión Khushrenada había sido devastador.
-Ingeniero Khushrenada... -El ingeniero Williams puso una mano en su hombro, haciéndolo voltear con él. -Lady nos acaba de informar de esta desgracia. Cuente con mi apoyo total, para lo que sea necesario.
-Debo irme...
-Lo entiendo. El jet de la compañía está disponible.
-Gracias, ingeniero. -Treize tuvo toda la fuerza de carácter para no dejar que eso lo derrumbara. Debía ir a Heinenkell, a la policía primeramente a identificar los cadáveres de las personas encontradas en la Mansión, y en seguida responder a los interrogatorios y formularios que le harían. -Me será de gran ayuda.
Quinze había levantado el aparato del suelo, terminando la llamada con el detective que se comunicara con Treize. Se lo entregó a Lady, y habló también con el ingeniero Williams y Khushrenada.
-Iré contigo, Treize. No es pertinente que vayas solo.
Khushrenada sólo asintió con un gesto.
A partir de ahí, hubo mucho movimiento en la carpa de Williams.
Veinte minutos después de que recibiera la llamada, Treize y Quinze salieron del autódromo en un discreto automóvil X5 por el túnel de entrada a los pits.
Y a pesar de que su mundo en ese momento se derrumbaba estrepitosamente, pudo ver antes de salir del lugar que el rojo encendido del Ferrari que conducía Zechs alcanzaba la meta limpiamente, sin contrincantes a su alrededor...
Zechs se acercó a la carpa de BMW-Williams, buscándolo.
Había dejado a los corresponsales de importantes canales de televisión con la palabra en la boca, pasando entre ellos como si no existieran. Era urgente para él saber que Treize estaba bien, que el accidente no había tenido consecuencias graves. Sin embargo, al llegar a la entrada de la carpa, fue recibido por una actitud hostil por parte de casi todos los miembros de la escudería. Otto lo interceptó antes de que pudiera entrar.
-¡¿Qué demonios haces aquí?!
Zechs trató de mantenerse tranquilo.
-Quiero saber que está bien, que no le pasó nada grave en el accidente.
La mirada de Otto era extraña, como una mezcla de dolor y coraje.
-Déjalo en paz, Zechs. Él puede vivir sin tu lástima.
-Otto, por favor. -Su mirada celeste se tornó suplicante y desesperada. Lady se les acercó.
-¿Qué ocurre, Otto? -Su mirada azul tenía un brillo gélido al posarse en Marquise.
-Lady, necesito hablar con Treize...
-No está aquí, ingeniero Marquise. Tuvo que retirarse de la competencia.
Zechs iba a replicar, pero el celular que llevaba en la mano lo distrajo. Vio el número apresuradamente y contestó, hablando en un italiano sin acento. Colgó con marcada molestia, y volvió con ellos.
-¿Cómo que tuvo que retirarse? ¿Qué pasó que...? -Nuevamente el teléfono lo interrumpió, y esta vez, sin revisar siquiera el número, contestó en un tono bastante agresivo. -¡¿AHORA QUÉ QUIEREN...?! -Otto y Lady pudieron ver que su mirada y su humor cambiaba al escuchar a la persona detrás de la llamada. -Noin... lo siento...
Y mientras Marquise hablaba por celular, los otros dos discutían entre si en voz baja qué debían hacer.
-¿...Estás loquita, niña?
-¡Por supuesto que no, maleducado! No podemos dejarlo con esa duda. Y si lo hiciéramos, tarde o temprano se va a enterar.
-¡Pero no creo que Treize quiera verlo!
-Otto, no sabes cuánto te equivocas.
Sin embargo, no tuvieron que decirle nada a Zechs. Al parecer, Lucrezia Noin ya lo había hecho por ellos.
Al terminar la llamada, pudieron ver que el gesto en la mirada de Marquise era no sólo de incertidumbre.
-Lady... Otto... ¿es cierto...? -Ambos asintieron en silencio, y el muchacho bajó la vista con genuino pesar. -¡Oh, Dios! ¿Cómo está él?
Otto tomó la palabra.
-No se veía muy bien, Zechs. Pero como te dije, tuvo que irse. Lo llamaron de Alemania, avisándole que debía hacer todos los trámites legales necesarios. Es el único sobreviviente de la familia.
-Debo ir. Tengo que estar con él...
-No, Zechs. -Lady lo sujetó por un brazo antes de que pudiera dar la vuelta e irse. -Hay una demanda de por medio, recuérdalo. Por otra parte, Quinze está con él en estos momentos, y no creo que te permita acercártele. No le dificultes las cosas, por favor.
Zechs la vio unos segundos, pensando en lo que le dijera. Y se dio cuenta que tenía razón.
-Escucha, Zechs. -Otto pudo ver que el muchacho estaba sumamente consternado y que sus sentimientos no mostraban engaño alguno. -Si quieres, dime en dónde puedo localizarte, y cuando tenga algo te lo hago saber de inmediato.
El rubio asintió. Otto guardó el número que le diera en su agenda, al tiempo que Zechs tomaba precauciones.
-Por favor, Otto. No le des este número a Treize.
-¿Por qué?
-Los mismos motivos legales. Lo mejor será comunicarnos a través de ti, todo el tiempo.
-Está bien.
-Gracias, Otto, Lady. Debo irme entonces. Deben estar vueltos locos en la carpa.
-Si, lo imagino. Suerte.
-------------Momentos aciagos...
Parque funeral
Heinenkell, Alemania.
Sólo transcurrieron dos días después de la carrera en Montmello, y de incertidumbre para Marquise. Durante ese tiempo, la tensión en el muchacho se hizo muy evidente, y Lucrecia trataba de animarlo recordándole también que no debía ser impaciente, ya que eso podría echar a perder muchos avances que habían logrado...
Otto le llamó un día antes de que sepultaran a los familiares de Treize, y Zechs no lo pensó siquiera. Hizo casi hasta lo imposible por estar presente en el lugar.
Llegó al parque funerario a la hora exacta que le había comentado Otto, y no fue difícil encontrarlos. Lucrezia lo acompañaba. Ambos vestían de manera formal, propia para tal ocasión.
El clima era natural del otoño, con un ligero viento que mecía suavemente las hojas de los árboles, emitiendo susurros debajo de ellos.
Zechs se detuvo en una calle cercana, observando el grupo que acompañaba a Treize durante la breve ceremonia fúnebre. Estaban reunidos alrededor de una fosa abierta y dos féretros frente a ella.
-¿Irás hasta allá? -Noin se paró a su lado, viendo su rostro artificial por un momento.
-No puedo hacerlo. Está de por medio la orden que me evita acercarme a menos de veinte metros de él. -Volteó con ella también por breves segundos, y sonrió con algo de ironía. -¿No es estúpido? "Ellos" hacen el jueguito del plagio, y son los que se ofenden e interponen demanda, cuando debió ser el ingeniero Williams quien lo hiciera.
-Zechs, sabes que todo esto es un juego de poder. Estoy tratando de arreglarlo.
-Si, lo tengo en cuenta. -Volteó hacia el grupo, buscando a Khushrenada entre todos esos rostros, algunos conocidos, otros no. -Pero todo esto me desespera. Estoy empezando a cansarme, Lucrezia.
Ella no comentó nada más. Marquise tenía razón, y ella también estaba harta de todo eso.
Zechs vio a Treize cuando éste se acercó a los féretros, depositando dos rosas rojas en cada uno de ellos. Marimeia lo acompañaba. Hubo una breve y triste despedida por parte de ellos hacia Lady Khushrenada y el ex general Alphonse Dermail, y después de eso, los féretros fueron depositados en la fosa.
Ni Zechs ni Lucrezia se movieron de donde estaban, aguardando al final de la ceremonia para poder acercarse prudentemente.
Y la oportunidad llegó cuando todos comenzaban a irse, después de que todo había concluido.
-Voy a hablar con él. Te veo en el auto, Noin.
-Si, de acuerdo. ¿Estarás bien?
El muchacho sólo asintió brevemente mientras buscaba la mejor manera de llegar hasta él.
Zechs lo alcanzó, cruzando por el prado de varias lápidas, antes de que pudiera llegar al corredor que conducía al auto que abordarían él, Marimeia, Middie y Lady. Las dos muchachas ya los esperaban en el vehículo.
-Treize...
Al escuchar su voz, volteó hacia él. Llevaba abrazada a la niña, y fue ella quien se expresara con gusto al verlo.
-¡¡Zechs!! ¡Mira, papi! ¡Si vino!
Aun a través de los cristales oscuros de sus anteojos D&G clásicos que llevaba, Zechs pudo ver la enorme sombra de tristeza en sus ojos. Muy a su pesar, tuvo que detenerse a varios metros de él.
-Treize... lamento mucho lo ocurrido. Traté de estar aquí antes.... pero no pude... por la demanda y esas tonterías... -Khushrenada sólo asintió levemente, sin hablar. Su silencio fue demasiado insoportable para Zechs. –O-oye... quiero hablar contigo acerca de lo que me dijiste en la presentación de Ferrari...
Varios ejecutivos de Williams y BMW se acercaron a ellos, la mayoría con expresiones molestas y hostiles en sus rostros. Quinze fue quien tomó la palabra.
-¿Qué estás haciendo aquí, “Ladrón”?
Zechs volteó con él, sin inmutarse.
-Vine a ofrecer mis condolencias. Ninguna prohibición en este planeta puede impedírmelo.
-¿Ah, no? –Un murmullo extraño empezó a crecer en medio del grupo de gente, dando lugar a frases especulativas mientras el manager de la escudería continuaba. -¿Entonces, si Treize tiene problemas por tus caprichos, no será tu culpa?
-¡Esto no es un capricho, Quinze!
-¡Por supuesto! ¡Tú nunca ves tus excentricidades como caprichos! ¡Pero ahora has ido demasiado lejos, Marquise!
Marimeia y Treize sólo los observaban, expectantes. Al parecer, ninguno de ellos se había percatado que estaban iniciando una fuerte e inapropiada discusión.
-Papi, ¿por qué gritan?
Treize bajó a la asustada chiquilla al pasto, hablándole en un susurro.
-Mary, ve al auto. No tardo. –La niña obedeció, y Treize se incorporó entonces, dando un paso más hacia Zechs. Entonces, se volteó hacia el grupo, levantando su voz imperativamente. –¡Señores, por favor! ¡Es el funeral de mi familia, y no voy a tolerar estas discusiones sin sentido! ¡Quiero que por una vez en sus vidas dejen de pensar en ustedes mismos!
Todas las miradas estaban fijas en él. Quinze y Zechs se percataron entonces que ese altercado lastimaba aun más a Treize, y ambos guardaron silencio, bajando la vista, apesadumbrados. Khushrenada se tranquilizó un poco, y cambió levemente el tono de su voz, viéndolos a todos a través de los cristales oscuros. Era momento de despedirlos.
-Agradezco a cada uno de ustedes el que hayan venido para acompañarnos en esta dolorosa situación. –Volteó hacia su manager, asintiendo con un gesto. –Quinze... Tu apoyo significó mucho para mí en estos momentos tan difíciles. De verdad, muchas gracias por su solidaridad. Estaré bien, estaré con ustedes en unos días. Pero por ahora debo hacer aun varias cosas.
Quinze y los demás hombres asintieron, dispuestos a irse.
-Treize, ya sabes, si necesitas algo...
-Si, gracias de nuevo, Quinze.
Finalmente volteó hacia Marquise, , y sonrió con un leve trazo de dolor mientras el grupo de ejecutivos se retiraban del lugar.
-Gracias. Sé que tu pesar es genuino, y tu apoyo también es muy importante para mí. Pero no es momento de que nos veamos ahora. Tal vez... ya que resuelva el lío en el que se ha convertido mi vida.
-Pero... Treize... no quiero dejarte sólo. Esto...
-Zechs, basta. –A pesar del tono de reclamo, su voz continuaba serena. -De la misma forma como tú has buscado privacidad para tus asuntos, yo también lo hago. No es el momento de estar juntos. Por favor, compréndeme.
El rubio asintió, bajando la vista con gesto de desaliento.
-Si... –Aceptó con un murmullo apenas audible. –De acuerdo.
Treize volteó hacia el auto que lo esperaba por un momento, y regresó su vista a Marquise.
-Debo irme.
Zechs permaneció en silencio al ver que se retiraba en forma lenta, cansada. Y no pudo resistir el verlo así.
Treize se detuvo cuando el muchacho lo alcanzó, abrazándolo por detrás, recargando su barbilla en su cuello. Casi en forma involuntaria, por algunos segundos se dejó atrapar en ese breve consuelo, sintiendo el aliento tibio en su piel, escuchando su voz en su oído, sintiendo cada palabra como un bálsamo esperanzador. Y respondió acariciando los brazos del rubio con delicadeza mientras cerraba los ojos brevemente, echando la cabeza a un lado, acompasando su respiración a la de Marquise.
-No te aísles. No me hagas dejarte solo, Treize. Sólo recuerda que estaré esperando el momento en que decidas regresar...
Lo soltó despacio, y después de eso, sin palabras de por medio, ambos continuaron sus respectivos caminos...
=.= Sé que me odian... lo sé, lo sé....
Pero espero que no sea por mucho tiempo. Esta separación es necesaria por la forma como los acontecimientos se han desarrollado. Pero vienen los momentos de recompensa... paciencia, paciencia...
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