por Van Krausser

Vida en común, convivencia diaria...

Divinas tentaciones, diríamos los hedonistas y sufridores al ver a nuestros muchachos en esta situación.

Aun no es tiempo de revelar el secreto y los motivos que llevan a Zechs a ocultarse de Treize. Y esto es una tortura para él. Pero bueno, de eso se trata. Angst con algunos toques de humor, ¿no? Sal y pimienta para darle un sabor distinto a la historia.

Bien, también nos adentramos un poco más al mundo del automovilismo, aunque no de manera formal. Dejé de lado muchos términos técnicos para hacer el relato sencillo, pero hubo ratos en que mi cerebro se negaba a seguir la inspiración sin sacar su lado de tecnólogo. Perdón por eso.

Tal vez hay algunos errores geográficos pero es por lo mismo que estoy haciendo la historia desde el escritorio, consultando mapas, fotos, bocetos de los velódromos, etc. Y a ratos el sueño me ha vencido encima de mis hojas y apuntes (van dos hojas que echo a perder, y una madrugada desperdiciada por dormir con la frente recargada en el monitor de la compu ={ pero bueno, a eso se expone todo escritor) Son esos gajes del oficio. ^_^

O.k. Otro capítulo entregado. Disfrútenlo.

Van Krausser.

Los personajes de Gundam Wing pertenecen por entero a su creador, sus comercializadores y animadores televisivos.

Yo sólo los tomé prestados para este alucine =P

-- Diálogos

// pensamientos

"" anotaciones y señalamientos especiales

Capítulo Sexto

--------------Relaciones familiares...

Estación del tren expreso.

Munich, Alemania

Domingo, 5:00 p.m.

Zechs y Mary caminaban a varios pasos de Middie y Treize; él llevaba una de las maletas colgada al hombro, pensativo. Estaba sumamente desconcertado por la situación de la familia, pero no había podido preguntarle algo de eso a Treize, ya que la niña no se le despegaba casi en ningún momento. De hecho, ella lo había acaparado todo el fin de semana al grado de dormir en la habitación de su papá. Pero tal como le había comentado Middie, era porque ambos se extrañaban demasiado.

¿Por qué la hija de Treize vivía con sus tíos? ¿Por qué tenía que vivir solo, si era lo que más lo lastimaba?

Había tenido una breve charla con Middie, y por ello sabía que se había hecho cargo de ella desde el momento en que Leia había fallecido, y prácticamente, Marimeia la veía como su madre, a pesar de la juventud de su tía. Ambas vivían en la casa familiar, con los padres de Lady y Middie. Treize por su parte, se encargaba de mantener una estrecha comunicación con la familia Une y con la misma pequeña para asegurarse de que estaba bien.

Una muy extraña relación, razonó.

-Zechs, ¿cuidarás a papá? –La voz de la pequeña a un lado de él lo distrajo.

Treize le había ofrecido hospedarlo el tiempo que fuese necesario mientras se definía su situación, y en caso de que fuera aceptado, lo que le llevara encontrar un buen lugar para instalarse.

-Si, claro que lo cuidaré. No te preocupes.

-Vas a estar aquí cuando pueda venir otra vez, ¿verdad?

-No lo sé, Mary. Todo depende si me aceptan en la compañía.

-Si te aceptarán. Aceptaron a mi tía Lady, y ella no es ingeniero como ustedes.

Zechs le sonrió ligeramente. La pequeña tenía muchos rasgos de Treize, y era difícil para él no encariñarse con esa chiquilla. Su temperamento demostraba que era cien por ciento Khushrenada.

-Eso me da muchas esperanzas, Mary. Gracias.

Llegaron al tren asignado, y antes de subir, la niña lo abrazó con aire de frustración.

-No puedo besarte, Zechs.

-No te apures. Tal vez en poco tiempo puedas hacerlo, pero no se lo digas ni a tu papá ni a tus tías. ¿o.k.?. -Fue él quien le diera un beso en la mejilla antes de abrazarla y llevarla a los escalones del tren. -Nos vemos pronto. Aun si no me aceptan, iré a visitarte.

Treize, mientras tanto, se despedía de Middie, aunque no en circunstancias que le hubiesen agradado. Ella no se veía muy contenta con esa nueva despedida.

-¿Cuánto más, Treize? Tu niña te necesita.

-Sólo dos años, por favor. Sólo ese tiempo, y estaré con ella todos los días. De verdad.

-No puedo creer que le concedas más prioridad a un contrato que a ella.

Treize bajó la cabeza, apesadumbrado por ese reclamo que le hacía la chica. Y Zechs alcanzó a escucharlos.

No le gustaba verlo en esa situación, pero ella de verdad que había acertado en recordarle su obligación de padre.

-Middie, tú conoces los motivos. No quiero exponerla. -Levantó su vista otra vez hacia ella, y sonrió con amargura. -Sabes que me duele mucho verla alejarse de mi, pero no puedo hacer nada más por el momento, hasta saber que de verdad no corre ningún peligro conmigo.

¿Peligro? ¿De qué clase de peligro tenía que cuidarla?

Zechs cada vez entendía menos, pero no le cuestionaría nada en esos momentos. Esperaría a que ellas se fueran y que él se tranquilizara un poco para hacerlo.

La despedida de padre e hija fue bastante emotiva.

Middie y la niña los observaron por el ventanal del compartimiento que les correspondía, y se despidieron todo el tiempo, entre sonrisas y besos de Marimeia a través del vidrio que se interponía, mientras el expreso se alejaba del andén,

Ambos hombres permanecieron en silencio, viendo como el expreso se perdía de vista al salir de los patios de la estación, tomando rumbo hacia Viena.

Treize suspiró, bajando una vez más la vista, sin poder ocultar el enorme dolor que eso le provocaba.

-Treize... -Volteó con él, esperando algún comentario. -¿Estás bien?

Al escucharlo en un tono de ligera preocupación por él, le sonrió con esfuerzo.

-No... pero sobreviviré. Siempre lo hago.

-¿Quieres hablar de esto?

-No ahora, Zechs. Discúlpame.

-Está bien, entiendo. -Zechs guardó silencio un momento, y decidió que era tiempo de irse de ahí. -¿Quieres que conduzca yo?

-¿Lo harías?

-Tengo que acostumbrarme a los autos europeos, y mientras más pronto, mejor.

-Si, tienes razón. -Treize volteó por última vez al lugar donde había estado el tren, y suspiró nuevamente antes de decidirse a caminar hacia la sala principal. -Vámonos de aquí. Todavía hay muchas cosas por hacer en casa...

Zechs asintió, siguiéndolo en silencio.

----------------Como estar en casa...

Talleres de Diseño BMW

Dolfindog, Alemania.

Lunes 8:00 a.m.

Treize volteó al balconcillo que daba hacia el enorme salón de diseño, en la planta superior, al escuchar que Quinze gritaba su nombre.

-¡¡Khushrenada!!

-Cielos, aquí vamos...

Zechs sólo lo observó. Todo indicaba, por el tono en la voz de ese hombre, que habría problemas para Treize. Lo vio bajar apresuradamente, descubriendo a otro joven detrás de él, también con cara de reproche.

-¡¿Cómo recontrademonios te atreviste?!

-Lo siento. -Treize levantó las manos, como si estuviera rindiéndose a un arresto. -Pero saben perfectamente que no me gusta estar en esos eventos.

-¡¡Despreciaste a tus seguidores, amigo!! ¡¡Te perdiste la conferencia de prensa!! ¡¡Y a las PitBabes!!

-¡¡Ese no es el punto, Otto!! -Quinze volteó un momento con mirada molesta hacia atrás, sin dejar su paso. Otto se detuvo un momento y sonrió con algo de burla.

-¡Uy, perdón, jefe!

Quinze lo ignoró.

-¡¡El ingeniero Williams te estuvo esperando todo el evento!! ¡¡Siquiera te hubieras molestado en avisarle que no te quedarías!!

-El ingeniero... nunca me acordé...

Treize sólo se cubrió por instantes el rostro con ambas manos, y sonrió ampliamente cuando su manager se detuvo frente a él.

Sorpresivamente, Quinze se echó a reír, estrechando su mano y abrazándolo efusivamente, ante la mirada desconcertada de Zechs.

-¡¡Maldito suertudo!! ¡¡Déjame felicitarte, Treize!!

-¡¡Hey, con cuidado!! -Los tres conocidos rieron, festejando ese triunfo tardíamente. -No podías quedarte quieto, ¿verdad, Quinze?

-Sabes que no. -Hasta ese momento, reparó en que había alguien más ahí. -Veo que tienes visita.

-Ah, si. Pero es más que una visita. Zechs, ven. -El muchacho se levantó del banco en el que estaba, totalmente desconcertado, pero sonriendo por las ocurrencias de esos hombres. -Mira, él es Quinze, el manager general de todo este asunto de la Fórmula 1. Y él es Otto, antiguo master de tecnólogos, ahora corredor. Amigos, él es Zechs Marquise.

Los tres se estrecharon las manos, Quinze y Otto con cierta curiosidad, y Zechs con nerviosismo y algo de incomodidad por la forma como lo observaban. Treize continuó hablando, tratando de distraerlos de la primera impresión que causaba la máscara de Marquise.

-Viene a presentar su solicitud para integrarse al equipo. -Volteó a ver a Zechs con aire de complicidad, pero no mencionó nada acerca del incidente en los pits. -Ya hemos platicado un poco, y lo siento bastante capacitado para ello.

-ummmh... -Otto lo observó con atención. -Bueno, los exámenes nunca están de más. Tendría que preparar todo para aplicárselo, y eso llevaría...

-Ya lo hice, Otto. Sólo quería que estuvieras aquí.

-¿No me digas que lo hiciste desmañanarse, Treize Khushrenada? -Quinze lo observó con cierto reproche al oír eso. Y vio que no había fallado en su presentimiento al notar un leve gesto de culpabilidad en su rostro. -Jovencito, ¿a qué hora te levantó?

-Eh... -Zechs titubeó. En realidad, no habían dormido más que tres horas. Estaban en los talleres desde las cinco de la mañana. -No me fijé... pero estoy acostumbrado a madrugar, señor Quinze...

-¡No, no, no, no, no, no, no! -El manager lo regañó ahora a él. -¡Es el peor error que pudiste cometer! Treize es un explotador de primera, amigo.

-¡Ah, y ten mucho cuidado, Zechs! -Otto se sumó a la broma. -Es muy sutil para lograr que sus subordinados se maten trabajando horas y días extras a veces, y que lo hagan sin chistar.

-Muchas gracias, amigos. -Treize se cruzó de brazos, fingiendo enfado. -Ahora resulta que lo van a espantar antes de que presente la solicitud. Qué amables son.

Hasta entonces, Zechs sonrió levemente, observándolos.

-Ah... bueno... no creo que haya mucho problema con eso...

-¿Ah, no?

-...Bueno... eso espero...

-Quinze, lo estás asustando. Ya dejen al muchacho en paz.

Se rieron otra vez, pero ya adoptando un papel algo más serio.

-Si, es cierto. Zechs, bienvenido a los talleres. Y no nos hagas mucho caso.

-Te recomiendo que no les hagas NADA de caso. Son expertos en molestar a la gente.

Marquise sólo asintió, entre abrumado y divertido. Supo que iba a pasarla muy bien en ese lugar.

Caía la tarde de ese mismo día cuando terminaron las evaluaciones.

Otto y Treize revisaban los resultados; ambos tenían la misma perspectiva con respecto a Marquise.

El chico era bastante bueno, y no había presentado errores graves en el aspecto de la iniciativa. Podría ser el reemplazo que buscaban para cubrir el lugar de mayor responsabilidad en los pits.

Zechs intentaba leer una revista en el pequeño recibidor de las oficinas, nervioso e impaciente. Cada uno de los exámenes había sido ligeramente tedioso, pero la mayoría eran fáciles. Nada que no hubiera visto. Tal como le había dicho Treize, autos eran autos, así estuviese en otro extremo del mundo para darse cuenta de ello.

Tenía además que llamar a Lucrezia esa misma noche. Y aun no sabía cómo hacer para encontrar el lugar más apropiado para hacer la llamada a Italia.

Lady Une tomó el teléfono, respondiendo a la llamada interna, y sus ojos se posaron en ese joven de aspecto inusual.

Colgó y le sonrió mientras llamaba su atención.

-Disculpa... ¿Zechs Marquise?

El aludido volteó con ella al escuchar su nombre, y se levantó de un salto, acercándose al escritorio.

-Si...

-Otto y el ingeniero Treize te esperan en el salón de adiestramiento, en la tercera puerta después de la entrada principal.

-Gracias... -Titubeó un segundo, pero se dirigió hacia allá sin preguntar nada más. Era momento de saber si podría quedarse o no.

Sintió otra vez la ansiedad en su vientre como cientos de mariposas revoloteando, al darse cuenta que si era aceptado, tal vez llegaría un momento en que no podría mantenerse en la historia contada a Treize, y que sus emociones podrían delatarlo antes de poder encontrar lo que buscaba...

Treize estaba sentado frente al escritorio de Quinze revisando por última vez los papeles que acreditaban los resultados de las evaluaciones de Marquise, y al fondo del privado, en el sillón de vinilo café oscuro, Otto jugueteaba con el proto.

-Otto, no lo vayas a romper. -Quinze le lanzó una mirada amenazante.

-Ah, no te preocupes, jefe. Si lo rompo, te construyo otro.

Treize sonrió sin voltear a verlos.

Esos dos eran felices haciéndose mutuamente la vida imposible.

Leves toques en la entrada del privado los hicieron voltear.

-Zechs, pasa. -Quinze lo invitó jovialmente, indicándole la silla al lado de Treize. El chico se sentó sin hablar. -Bien, después de revisar tus exámenes, ya puedo decirte qué hemos pensado.

Treize levantó ligeramente la vista hacia él, sonriéndole en forma breve. Zechs se dio cuenta que no sería él quien le diera la noticia.

-Sólo una pregunta, amigo -Otto intervino desde atrás, viéndolo también con una sonrisa. -¿De qué color te gustaría tu casillero?

Zechs volteó con él, desconcertado, regresando su vista a Treize, y finalmente a Quinze.

Los tres hombres sonreían con una marcada complicidad.

-¿Q-quieres decir...?

-Que te quedas. Eres la persona que buscamos. -Treize le entregó entonces los resultados, observándolo con atención. -Puedes considerarte ya como parte de Williams desde mañana, claro, si te parece bien.

Khushrenada tuvo un extraordinario sentimiento al ver cómo en la mirada de Marquise se reflejaba una enorme alegría al escuchar sus palabras. No lo supo definir, pero le agradaba.

-¡Si, por supuesto que si! -Zechs volteó con Quinze muy entusiasmado. -¿Dónde firmo?

Los tres rieron con ese comentario espontáneo, y mientras Quinze le entregaba los papeles de contrato, Otto y Treize le otorgaban una cálida bienvenida.

Era como estar en casa...

-------------------Decisiones arriesgadas ...

Patios de mantenimiento de los Talleres BMW-Williams.

Munich, Alemania.

Diez días después.

Habían transcurrido diez días desde que fuera aceptado dentro de la empresa, y hasta ese momento no habían tenido descanso debido a la enorme carga de trabajo que había por hacer. Había días que llegaban sólo para dormir, agotados y sin ánimos de hablar a veces, pero satisfechos por el avance que se lograba.

Ese día, Treize le había encomendado a Zechs la revisión del monoplaza mientras él y Otto se encargaban de otros pendientes, junto con una parte del equipo de tecnólogos.

Marquise dejó la bitácora de revisión del FW26 en la mesa de trabajo y se dirigió al centro del área. Se paró frente al monoplaza titular, admirándolo por algunos minutos.

Su imaginación comenzó a dejarse llevar por esa competencia en la que había estado presente.

La adrenalina corriendo por sus venas, la pista extendiéndose frente a él, y todo lo que lo rodeaba volviéndose una irreconocible mancha debido a la velocidad...

-¿Te gustaría intentarlo?

La voz de Treize lo sobresaltó ligeramente.

Zechs volteó hacia la puerta principal, encontrándolo recargado contra la pared, con su mirada azul perturbadoramente tranquila sobre él.

-N-no lo sé... -Se separó del auto con cierta vacilación en su voz. -Hace mucho de esto... no estoy seguro... además, hay mucho trabajo por hacer y...

-Sólo conducirlo una vez, cero competencias, cero cronómetro. ¿Qué dices? –Treize se incorporó del muro en el que estaba recargado y se le acercó, sin dejar de sonreír.

-Es que...

-Imagino que aun no logras reponerte del accidente.

Zechs bajó la vista al piso, pensando en que era una buena excusa. Asintió levemente, y levantó la vista hacia él.

-No quiero revivir esto... no podría soportarlo.

-Puedo ayudarte a superarlo, Zechs. -No despegó sus ojos de las pupilas azul celeste que lo veían intensamente. -Primero en el simulador, y cuando creas estar listo, el prototipo estará disponible para ti. ¿Qué dices?

Zechs lo pensó rápidamente.

Si, era una buena idea.

Más que nada, le ayudaría a seguir ocultándose detrás de la historia que fabricara acerca del accidente en el Indianápolis Racing Price.

Asintió con un gesto al tiempo que Treize ampliaba su sonrisa mostrando una velada satisfacción.

-E-está bien... aunque creo que tomará tiempo...

-El tiempo es a veces lo de menos, amigo. Me interesa más ver que puedas sobreponerte al trauma de esa experiencia, que vuelvas a disfrutar de todo esto. -Se inclinó al frente del auto mientras continuaba hablando. -Nikki Lauda lo hizo, recuérdalo. Y su regreso a los circuitos fue grandioso.

-Pero...

-Si, lo sé. No eres Nikki Lauda. -Treize zafó las armellas que sostenían el armazón superior del monoplaza, subiéndolo junto con la estructura de acero templado. El interior quedó expuesto a la vista del joven. -Pero eres Zechs Marquise, y si te arriesgaste a ser parte del equipo antes de ser contratado, podrías animarte a realizar más proezas. ¿No?

Zechs sintió que se sonrojaba ante la sonrisa traviesa que Khushrenada le dirigía mientras se incorporaba, acercándosele.

Ya no se acordaba del incidente, y el que Treize se lo dijera así como así, aunque tuviera un leve matiz de broma, lo hacía sentir cierta vergüenza. El mayor notó esa turbación, divertido.

-...uh.... yo...

-Tranquilo. Te dije que nadie sabría por mí lo ocurrido. Sé cumplir mi palabra.-Marquise agachó la vista ante esa afirmación. Y eso desconcertó al mayor. Parecía que no le había hecho gracia el comentario. -Zechs... ¿dije algo que te molestara?

-No... pensaba en eso... y en lo que me dices... -Levantó la vista otra vez hacia él, y sonrió forzadamente. -... no estoy listo. Dame tiempo...

Treize asintió, pero lo sujetó con suavidad por un brazo, jalándolo hacia el vehículo. Era la primera vez que lo tocaba de esa forma desde que estaba con él, y ese contacto lo descontroló.

-Todo el que necesites. No vas a conducirlo hoy, sólo siéntate en él.

-Eh... no creo...

-Sólo hazlo. No te pongas siquiera el cinturón. Será un minuto, vamos.

El toque de Khushrenada en su brazo y la calidez de su sonrisa comprensiva lo desarmó. Dócilmente dejó que lo ayudara a subir al auto, y ya ahí, que montara nuevamente el armazón superior. Treize se hincó a su lado, recargándose en el monoplaza, viéndolo con atención. Zechs vaciló un momento, sujetando con manos temblorosas el volante. Se aferró a él con duda, viendo todos los aparatos que el tablero le presentaba.

Treize notó que temblaba cuando su vista se paseó por su rostro oculto por esa máscara. Sus labios lo delataban, y su mirada entre asustada y llena de dudas lo afirmaba.

-¿Recuerdas cada parte de los tableros?

-S-si... pero el que yo...

-Olvídate del que conducías; este es diferente. Otto y yo lo diseñamos de manera que la maniobrabilidad rindiera al cien por ciento. -Le señaló algunos de los componentes, explicando su función. -Todos los de tu izquierda son indicadores. Ese es de la temperatura en la cámara de válvulas, ese otro del nivel de carburantes, el azul a la izquierda es del estado de los switches de alimentación, la lubricidad de la suspensión... Optamos por ponerlos en un punto accesible para evitar distracciones graves. De este lado está el monitoreo...

Se estiró un poco para alcanzar y encender el pequeño monitor, quedando muy cerca de Marquise, aunque sin intención de provocarlo.

-La pantalla maneja un sistema dividido; puedes ver el prototipo tal como si estuvieras de frente a él, y al mismo tiempo, ves la pista que dejas atrás de ti. Esto te puede ayudar a esquivar a los que se te acercan, o como le ocurrió a Otto, localizar el incendio provocado por una distracción. Nos ha servido mucho.

-Ya lo creo... -Marquise aspiró discretamente su aroma, tratando de mantenerse sereno. -De verdad que es novedoso, y funcional.

-Mmmmmnno lo suficiente. -Treize se retiró un poco para poder verlo en forma directa. Su expresión mostraba cierto descontento. -Aun es muy pesado. Siento que el motor se fuerza bastante con un mínimo de carga extra. Apenas libró la presión en Mónaco.

Zechs volteó con él sorprendido.

-Parecía todo lo contrario...

-Si, a veces las apariencias engañan. Tendré que trabajar en el sistema de válvulas nuevamente, a ver si podemos reducir esa carga.

-Puedo ayudarte.

-Me serviría muchísimo que lo hicieras. -Le sonrió con franco agradecimiento. -Los ejecutivos quieren resultados con el diseño del Civic y la vagoneta, y aun no están listos. Además, viene la temporada de los Constructores, y eso nos quita tiempo.

-¡Vaya si hay trabajo!

-Ya lo creo. Pero gracias a Dios llegaste en buen momento.

Zechs lo observó con gravedad, cuestionándose si su presencia ahí era realmente providencial. Y aun con cierta pesadumbre, tuvo que reconocer que no era de esa forma. Con sonrisa afectada, asintió un poco y fingió prestar atención otra vez al tablero.

Dos días después, Marquise aceptaba subir al simulador.

La siguientes dos semanas fueron de trabajo aun más arduo y continuo.

Treize y Otto trabajaban casi sin descanso en los motores Civic; supervisaban ocasionalmente el avance con el FW26, al mismo tiempo que el boceto del motor P84 VID empezaba a tomar forma. Empezaban a prepararse para una competencia local, en Austria, y eso exigía aun más tiempo en cuanto a su preparación como pilotos. Sus jornadas de trabajo eran maratónicas.

Por otra parte, los entrenamientos de Marquise avanzaban a pasos agigantados, aunque también eso representaba menos tiempo de descanso para Khushrenada, pues debía monitorearlo constantemente.

Casi sin que lo sintieran, llegó el fin de semana.

Treize bostezó con discreción mientras Zechs hacía un recorrido de circuito en el simulador. Esa muestra de cansancio no pasó desapercibida para Marquise, así que decidió llevarlo ese día temprano a casa para que descansara adecuadamente. Y si se negaba, lo arrastraría.

Bajó del aparato al terminar el circuito de prueba, con muy buenos resultados en tiempo y desempeño. Treize registró ese último resultado y lo comparó.

-Zechs, te estás volviendo un experto.

-En simulador es fácil.

-Ah, ah, ah. –La expresión negativa del mayor lo desconcertó. –El simulador está programado para presentar situaciones reales. Todos los recorridos los revisé yo, con detalles incluidos. No lo subestimes.

-No lo estoy subestimando. Es sólo que esto es demasiado fácil para mi...

-Tengo mis dudas, Zechs. ¿Crees estar listo para correr el monoplaza sorteando todos los escenarios del simulador?

Marquise sintió cómo esa pregunta alteraba su seguridad. Él, manejar el monoplaza...

-Eh... no.... aun es...

-Todos estos días me has respondido con evasivas. Eres ya piloto consumado, así que no deberías sentirte inseguro para conducirlo. Será como te lo dije en un principio: sin tiempos, sin competencia con la marca de nadie. Todo a tu paso.

Por un momento, Marquise bajó levemente la vista, pensativo. Levantó la vista una vez más, mostrando en su mirada celeste un enorme desconcierto.

-Treize, sabes que esto me ha costado tiempo. No me siento listo, y esa inseguridad podría poner en riesgo muchas cosas.

-¿Cuándo entonces?

-E-escucha... -Marquise volteó nerviosamente hacia todas partes, y Khushrenada notó esa desconcertante reacción por parte del muchacho. -...necesito algo más de tiempo.

-Zechs...

-Dame... dame un par de días, y... entonces te diré cuándo...

-Zechs, tranquilízate. -Marquise guardó silencio abruptamente, fijando su mirada clara en la de Treize. -No quiero que esto te altere. Olvidémoslo.

El chico bajó la vista, dándose cuenta que había dejado que una ligera presión por parte del mayor lo descontrolara.

-L-lo siento... no esperaba que...

-Entiendo. -Treize puso una mano sobre el hombro de Marquise y buscó su mirada, preocupado. -No volveré a presionarte; será hasta que tú lo decidas.

Zechs asintió, sintiéndose miserable. Pero Treize no quiso que todo ese asunto continuara. Le sonrió, palmeando ligeramente su espalda.

-Bueno, tengo que ir con Otto. Se supone que hoy vamos a montar el motor al Civic, y temo que ya no hay gente en los talleres, por ser viernes, y por ser la hora que es. ¿Quieres venir? Nos sería de gran ayuda que nos dieras una mano.

Zechs asintió con un gesto, recuperando un poco de su ánimo.

Cruzaron las instalaciones de entrenamiento y capacitación, y poco después llegaban a los talleres. Otto estaba aun trabajando en el motor, ya en lo que sería la fase final antes de montarlo en el auto.

-Otto, ¿Cómo vas?

-Hey, jefe. Casi termino y tú, desaparecido.

Treize le dirigió una seria mirada, y el muchacho sólo rió divertido.

-Estaba con Zechs, te avisé de eso.

-Si, pero no creí que te tardarías horas allá.

Treize asintió, tomando la bitácora de trabajo. Zechs sólo los escuchaba, acercándose a la estructura en la que trabajaba Otto.

-¿Crees que alcancemos a montarlo hoy al armazón?

-Probablemente, Treize. Si no decides desaparecerte otra vez.

Con gesto de resignación, Treize cerró los ojos, sonriendo levemente ante los insistentes reclamos de Otto. Zechs también sonrió.

-Eres terrible cuando acosas a alguien, Otto.

-Es uno de mis encantos. -Los otros dos voltearon a verlo con aire divertido.

Treize le señaló a Zechs una de las esquinas del área de diseño, indicándole que fueran hacia ahí. Antes de seguirlo, volteó por última vez con Otto. Treize habló aun viendo los papeles mientras caminaba.

-Vamos a revisar el boceto. Ten cuidado cuando vayas a levantar el motor. Me avisas antes de hacerlo.

-Claro, aunque pienso que está de más hacerlo. No es muy difícil.

-No te confíes demasiado. Aunque sea fácil, de verdad, ten mucho cuidado.

-Si, "papá". Como ordenes.

-Payaso.

Casi un cuarto de hora después, Marquise y Khushrenada estaban frente al boceto del P84, enfrascados en una breve discusión acerca de la línea aerodinámica, cuando escucharon a Otto bromeando con Lady Une mientras preparaba el monoblock para subirlo al montacargas.

-Ese niño no cambia. -Treize sonrió al decir eso. -Se distrae muy fácil cuando hay chicas cerca.

Zechs volteó hacia donde estaba Otto, asintiendo. Pero inconscientemente, hizo una pregunta fuera de lugar.

-¿Y a ti?

-¿A mi, qué? -Treize se tensó un momento, intuyendo la pregunta siguiente. Entonces se adelantó a responderle. -¿Quieres saber si me distraen las chicas?

Volteó un momento hacia Marquise, y éste lo observó con ojos muy abiertos. Treize continuó hablando.

-No, no me distraen. Sé los riesgos que hay dentro del trabajo, conozco todos esos incidentes que pueden ocurrir por distracciones tan banales como esas, y las evito. -Hubo un momento de silencio entre ambos, pero Zechs intuyó que Treize le haría la misma pregunta a él. Y no se equivocó. -¿Y a ti?

Zechs dejó sus pupilas celestes en las suyas, fija e intensamente antes de responderle.

-No, Treize. En la carretera te lo dije...

-No me lo dijiste. Sólo me comentaste que no era tiempo de pensar en una relación, porque tal vez estabas equivocado. Pero jamás me aclaraste si la chica que te esperaba en Italia tiene un nexo sentimental contigo.

Zechs asintió levemente, recordando su conversación.

-No es de ella de quien hablaba.

-Oh, es alguien más. -Por un momento, Zechs sintió que sus palabras llevaban un muy leve tono irónico. -¿Alguien que dejaste en América? ¿O es de esta parte del mundo?

Khushrenada se distrajo momentáneamente al oír un tintineo metálico; algo como el ruido de una cadena al ser movida...

Antes de que Zechs le respondiera, se levantó abruptamente, volteando hacia donde estaba Otto. Su semblante había cambiado por completo.

-¡¡¡Otto!!! ¡¡¡Quítate de ahí!!! ¡¡¡La cadena está cediendo!!!

Lady y Otto voltearon hacia él, extrañados. Ni siquiera había levantado la carga dos metros del piso, y no había señal alguna de que algo estuviera mal con la maquinaria del montacargas.

-¿Qué dices? -Volteó hacia la esquina, pero no alcanzó a escuchar. Y después se volteó otra vez hacia la muchacha, bromeando un poco con ese incidente. -Bueno, ahorita que llegue me lo repetirá a gritos. ¿En qué nos quedamos?

Treize no le dijo nada más. Sólo se apresuró a llegar hasta donde estaba.

Zechs tampoco había notado anomalías, pero lo siguió sumamente intrigado.

Al momento en que Treize llegaba hasta el montacargas, subiéndose en él para desviar la trayectoria del monoblock, uno de los eslabones de la cadena de ascenso se trozó.

Lady gritó, jalando a Otto, pero no alcanzó a librarlo del golpe de la pesada maquinaria.

Treize bajó de un salto, llegando hasta ellos, revisando primero a la chica.

-!!Lady¡¡ ¡¿Estás bien?!

Ella asintió levemente, pálida por el susto, pero ilesa. Entonces, se enfocó en el muchacho. Zechs ayudó a Lady a levantarse del suelo.

-¡¡Otto...¡¡ -Lo revisó rápidamente, dándose cuenta que estaba herido. El monoblock lo había a golpear en el pié derecho, alcanzándolo con una de las esquinas más ligeras, fracturando varias partes de la extremidad, incluso abriendo la piel y provocando con ello una profusa hemorragia.

-¡¿Qué fué eso?! -Quinze llegaba en esos momentos, y se alarmó al ver a Otto en el piso, con la pieza metálica a un lado, abollada. Y Treize junto a él, atendiéndolo.

-¡¡Quinze, llama al médico!! ¡¡Rápido!! -El manager asintió, obedeciendo. -¡¡Zechs, ayúdame!! ¡¡Debemos llevarlo al dispensario!!

El muchacho asintió, inclinándose junto a ellos. Lo levantaron entre ambos y lo llevaron apresuradamente a las oficinas, al dispensario de la compañía.

Otto estaba recostado en la camilla del dispensario mientras Treize sostenía sobre su pie una gasa, buscando detener el sangrado. Había sido él quien mantuviera toda la calma necesaria para rescatarlo de un resultado más terrible en el momento del accidente. Incluso Otto tuvo la ligera sensación de que Treize le alertaba antes de que ocurriera.

-¡Por Dios, Otto! ¿En qué estabas pensando?

-No lo sé. -El muchacho estaba terriblemente pálido, y temblaba. -Sólo recuerdo que hablaba con Lady, y de pronto tú gritaste algo... pero no recuerdo nada más...

-O.k. Tranquilo. Pronto llegará el médico.

Zechs observaba la escena aun aturdido.

Todo el estruendo del monoblock estrellándose contra el piso del taller, las piezas metálicas rompiéndose como si fueran hechas de vidrio, el ver que Treize había previsto el riesgo antes de que el eslabón de la cadena cediera debido al peso, gritándole al muchacho que se quitara... Había sido algo extraño...

Quinze regresaba apresuradamente, seguido a duras penas por un hombre algo mayor, vestido con una bata blanca. Sin duda uno de los médicos pescados por casualidad antes de salir de los talleres.

Lady se mantuvo prudentemente fuera del dispensario, y Zechs permanecía junto a ella. Aun se veía asustada.

El médico revisó la herida, lastimando ocasionalmente al muchacho. Entonces Treize sujetó su mano apoyándolo en todo el tiempo que el médico trabajara en él.

-No pienses en el dolor. Respira profundo.

-... duele... mucho....

-Lo sé, pero ya casi termina. Resiste. -Casi en forma inconsciente, Treize posó la otra mano en la frente de Otto, y eso pareció tranquilizarlo.

Finalmente, el médico empezó a vendar el pié herido, sujetándolo con una especie de férula plástica.

-Necesitamos tomar radiografías. Debo saber la gravedad de la fractura.

-Si, de acuerdo. -Quinze salió otra vez, pensando en qué transporte sería el más adecuado para llevarlo a la clínica interna, en las instalaciones de la planta principal, a varios kilómetros de distancia.

Casi dos horas después, Otto estaba instalado en una camilla, con el pié ya inmovilizado en forma.

El médico había enviado a Zechs a conseguir agua, y mientras, le había entregado a Otto una cartera con cuatro pastillas pequeñísimas.

-Es un fuerte analgésico. Tómatelo, no dejará que te llegue el dolor en varias horas. -Volteó con Treize y Quinze, haciéndoles una leve indicación para que lo siguieran. -Ingeniero, Quinze, necesito hablar con ustedes.

-Por supuesto, doctor.

Zechs llegó apresuradamente con el vaso lleno de agua, entregándoselo al herido.

Otto sujetó el vaso con algo de dificultad, y Marquise no se lo dejó totalmente, ayudándole a tomar un poco junto con una de las diminutas pastillas que le diera el médico. Le sonrió mientras lo sostenía por la espalda.

-Vas a estar bien, amigo.

Lady le recibió el vaso, y acarició la frente del muchacho cuando lo ayudaron a recostarse otra vez.

-Zechs, yo me quedaré con él. Si quieres, ve con el ingeniero.

Zechs asintió con la cabeza, saliendo de ahí. Se dirigió a donde estaban los tres hombres, prestando atención también a lo que el médico les decía de la condición del muchacho.

-No podrá correr en un tiempo. Tiene fracturas múltiples en varias partes, las más severas en la región de los metatarsos; esto le impedirá apoyar el pié. Además, la movilidad de la pierna debe ser mínima. Tendrá que guardar cama por algunas semanas y después someterse a un tratamiento fisioterapéutico.

-¿De cuánto tiempo estamos hablando, doctor?

-En situaciones como estas, mínimo se requiere alrededor de dos meses para recuperarse de la fractura, y depende también de cómo reaccione el paciente a la terapia.

Quinze y Treize escuchaban preocupados. Austria en realidad no representaba ningún problema para correr sólo un monoplaza, pero en tres semanas más correrían el Circuit de Spa-Francorchamps, en Bélgica, seguido dos semanas después del Gran Premio en Estambul, continuando con el inicio de temporada de los Constructores. Todo en menos de dos meses y medio. La situación era crítica.

El manager posó entonces su vista en el rostro de su amigo, diciendo lo que ambos temían.

-Eso significa que correrás sin apoyo. Correrás solo en Bélgica y Estambul, y tal vez la temporada de los Constructores...

Khushrenada suspiró, asintiendo. Quinze entonces lo dejó, caminando con el médico de la compañía, hablando ya de tiempos concretos para la recuperación de Otto.

Treize volteó hacia el lugar donde estaba el herido, pensativo. No era nada nuevo que dentro de algunos equipos la escudería se conformara sólo por el monoplaza titular y el grupo de mecánicos que lo apoyaban, pero eso era un riesgo muy grande si el titular llegaba a fallar.

-Treize... -La voz de Marquise lo hizo voltear con él. Éste se le acercó con cierta determinación en su mirada. Ya había arriesgado más de una vez su integridad y su credibilidad no sólo ante Treize; ya había aceptado subir al simulador; ¿qué podría perder si lo intentaba? Por otra parte, eso le daba más tiempo para continuar con la investigación que había iniciado en la frontera Germano-Rusa –...quiero correr.

Por un momento, el mayor sólo lo observó sopesando todas las posibilidades.

-¿Crees poder hacerlo? –Preguntó finalmente sin despegar su mirada seria de la de Marquise. Éste sólo asintió con un gesto leve. Era tiempo de tomar decisiones arriesgadas, y esa era una de ellas.

-Dime cuándo podemos trabajar con el monoplaza. Tenemos tres semanas de ventaja.

Treize no quiso desaprovechar ese momento decisivo. Sabía que si dejaba ir la oportunidad, tal vez esta nunca se repetiría.

-Aun hay luz de día suficiente para que lo intentes hoy. ¿Está bien?

Marquise asintió a pesar del leve temblor interno que lo invadía. Subiría a un prototipo por primera vez en su vida; subiría a uno de los autos más rápidos alrededor del planeta, fingiendo que sabía hacerlo.

Lo haría por él...

-----------------------Triunfos compartidos...

Primer intento...

Al-Ring Spielberg.

Zeltweg, Austria.

Khushrenada le sujetó el cuello del overol, ayudándole a conectar el sistema de comunicación para el casco mientras le daba consejos de última hora.

Sin embargo, Zechs Marquise no se encontraba pisando la tierra. Temblaba ligeramente, y sus pupilas celestes se mostraban inquietas, mientras sus pensamientos eran un atropellado flujo de ideas y reproches a sí mismo. Y no era para menos. Habían adelantado su debut como corredor suplente dentro del circuito de Austria, como un fogueo para el muchacho.

Era la segunda vez que recorrería el óvalo de Austria, y aunque no lo había hecho tan mal en los precalificativos, no era lo mismo correr por primera vez con toda la presión encima de una competencia real, con contrincantes reales, tiempos ajustados y la terrible incertidumbre de si podría hacer las cosas bien.

Fue arrancado violentamente de esos pensamientos cuando los dedos de Treize enfundados en el guante de piel con el escudo de BMW sujetaron su barbilla con fuerza, obligándolo a voltear con él.

-...Zechs, ¿escuchaste lo que te dije?

Con algo de trabajo, ubicó a Treize frente a él, sintiendo que se ruborizaba levemente, pero el frío sudor que lo empapaba debajo del overol de piloto le quitó rápidamente esa sensación.

-N-no... lo siento...

Treize escudriñó su mirada, dándose cuenta que Marquise era presa de una crisis de pánico y ansiedad. Le soltó la barbilla, posando su mano en el hombro del muchacho.

-Aun estás a tiempo de arrepentirte, amigo. Sabes que no quiero que te arriesgues.

Marquise pareció reaccionar con esas palabras. ¿Arrepentirse?

-... E-estoy bien... un poco nervioso, pero es todo...

-¿Seguro? -Treize lo vio con cierta preocupación. -Zechs, si sientes que hay mucha presión para ti, recurre a los pits las veces que creas necesarias. Es tu primera vez después de tu accidente, y de verdad me preocupa que algo vaya a pasarte.

El muchacho respiró profundamente, cerrando los ojos un momento. Volteó con Khushrenada después de eso, y sonrió.

-No voy a dejar que esto me gane, Treize. Estaré bien, en serio.

Khushrenada lo observó por un momento, y decidió confiar.

-O.k. Entonces sube ya. Tenemos que estar en el emparrillado en diez minutos.

Marquise asintió, colocándose el casco con cuidado. Treize lo vio subir al monoplaza mientras él mismo se colocaba la máscara de protección y el casco, y suspiró también con cierto nerviosismo.

Y como acostumbraba hacer antes de cada carrera, ya instalado en el titular, elevó una sencilla oración, pero esta vez muy diferente a las demás. //Gran Señor... no dejes que le suceda algo.//

La carrera fue relativamente sencilla para Khushrenada, sumando ese triunfo como una pequeña ventaja en las clasificaciones para las siguientes competencias internacionales.

En cambio, para Zechs Marquise fue toda una odisea.

Ni siquiera en los entrenamientos había sentido la fuerza de la velocidad en sus manos como en esa ocasión, haciendo que el volante del monoplaza temblara de tal forma que lo hiciera difícil para maniobrar. Jamás se había sometido a la presión de tener contrincantes de esa índole, y no tenía idea de que con los que se enfrentaba muchas veces hacían maniobras sucias, casi obligándolo a salirse de la cinta asfáltica, o lo que era peor, tratando de empujarlo, forzándolo a un "roce" con las bardas de contención de la pista, y así inutilizar el monoplaza, sacándolo totalmente de la carrera.

Sin embargo, pese a todos los inconvenientes, libró una muy buena competencia con varios pilotos de renombre.

Treize estaba llegando a la explanada de marcación, justo para recibir la bandera cuadriculada y montarla en el armazón del titular, alistándose para la vuelta de victoria. Iba a esperar a Marquise para hacerlo juntos.

Zechs escuchó su voz metros antes de cruzar, al tiempo que dejaba atrás a uno de los más tercos contendientes con los que se había topado.

-¡Quinto lugar, Zechs! ¡No lo dejes ir!

//Por supuesto que no... ahora que estoy tan cerca...//

Y lo logró.

Finalmente, ambos autos se emparejaron en la cinta asfáltica, mientras por los canales de comunicación se escuchaba el alboroto en la carpa de BMW-Williams. Zechs alcanzó a ver a Treize por encima del armazón del auto, cuando éste volteaba hacia él, levantando el dedo pulgar en señal de que todo había salido bien. Imaginó su sonrisa dirigida hacia él, y su cálida mirada aun a través de la mica oscurecida del casco, y sonrió también.

//Juntos contra el mundo... una vez más...//

-----------

Segundo intento...

Circuit de Spa-Francorchamps, Bélgica.

Dos semanas después.

Treize se inclinó y tocó tres veces en el casco de Marquise, ya subido en el monoplaza.

Éste se sobresaltó, volteando a un lado, y levantó la mica apresuradamente, sonriendo.

-Zechs...

-Me asustaste.

-Lo siento. Quería ver que todo estuviera bien.

-Todo está magnífico -Marquise le señaló el indicador que les había dado algo de problemas en los precalificativos, funcionando a la perfección. -Lo arreglé esta mañana.

Treize levantó una ceja, sorprendido.

-No teníamos la refacción. ¿Cómo lo hiciste?

-Sé ingeniármelas, amigo. Por algo soy Ingeniero. -Sonrió divertido mientras hacía un guiño al mayor. -Vamos, ya casi es hora. Estoy impaciente.

-¡Vaya si has cambiado, Zechs! -Treize se incorporó aun arreglando el sistema de comunicación de su propio overol. -Te has convertido en el temerario Marquise...

-¿Temerario? ¿Qué es eso? -Ambos sonrieron ante el reproche de Zechs. -Mejor... el rápido Marquise... no... el inalcanzable...

-¿Qué te parece, el Relámpago Marquise?

-mmmmno... es que no se oye bien.

-Aparte de temible, exigente. -Khushrenada rió divertido.

-Oh, no te rías. Tú tienes tu propio título. Todos te llaman el "Kaiser" Khushrenada, y se oye muy bien.

-O.k. Intentémoslo otra vez. Te pondremos un título de nobleza. ¿Duque? ¿Conde?

La mirada de Zechs se iluminó al escucharlo.

-¡Ese se oye bien!

-¿Cual? ¿Conde? ¿El Conde Marquise?

-No, no. Me gusta el título de Conde, pero no con mi apellido.

-Bien. El Conde Relámpago. ¿Qué te parece?

-Aja. -De pronto, Zechs dejó una leve sonrisa en sus labios mientras veía al mayor. –Si, suena bien. Me gusta cómo lo dices.

Khushrenada se desconcertó por un momento, pero volvió a sonreír, pensando en que era una broma. Asintió levemente y decidió retirarse.

-Empiezo a creer que eres un excéntrico. Anda, la carrera está por iniciar.

-Si. Ah, Treize. Esta vez la vuelta de victoria no va a ser sólo para ti. -Khushrenada se detuvo al escuchar esa afirmación. Volteó un poco con él, y Zechs continuó. -Ambos la compartiremos. Voy a subir al podium contigo.

-O.k. Te espero entonces en la línea.

Dicho esto, Treize levantó hacia él su pulgar, deseándole éxito en ello, y después continuó su camino.

Zechs cumplió con esa predicción.

Dentro de una encarnizada batalla con el titular de la escudería Renault, avanzó dos posiciones más en su clasificación, llegando en tercero a la meta.

Quinze, Otto, el mismo ingeniero Williams, y todo el equipo de tecnólogos e incluso ejecutivos de la escudería, estaban asombradísimos.

Además de Treize y del piloto de la escudería Ferrari, no había alguien sobre la tierra que hubiera alcanzado antes las marcas de clasificación que había logrado. Prácticamente, Zechs Marquise estaba empezando a romper records de velocidad. Estaba haciendo honor al nombre que había tomado.

En el podium, Khushrenada sujetó su mano cuando tomaron la fotografía, mientras levantaban el trofeo ganado. Zechs supo que Treize no celebraba por su propio triunfo, sino por el de él; lo supo al ver cómo su mirada cálida se lo decía entre tantas otras cosas...

--------------

Tercer intento...

Gran Premio en Estambul, Turquía.

Cuatro horas antes de la competencia.

Quinze levantaba más revuelo sólo que todos los que estaban en la carpa, alistándose para iniciar con sus labores en la preparación de los monoplazas. Pero era necesario.

El calor era insoportable, y habían tenido algunos problemas con la visa de Marquise y las reservaciones del hospedaje de una parte del equipo, además de que habían perdido equipaje en el arribo al aeropuerto internacional del lugar, así que era comprensible que el ánimo de todos no fuera del todo bueno.

-¡Bien, muchachos! ¡Sé que no me van a defraudar! -Lady Une y él se paseaba entre los grupos de mecánicos y tecnólogos, repartiendo botellas con agua helada y algunas frutas. -¡Seguimos siendo el mejor equipo, aunque todo esté en contra! ¡Ánimo!

Zechs estaba acostado en uno de los banquillos, con el overol abierto y una botella de agua helada sobre la máscara, en su frente, escuchando la arenga del manager con los ojos cerrados. Treize llegó junto a él, también con el zipper del overol abierto hasta la cintura y una botella de agua a la mitad.

Se sentó en el extremo del banquillo donde descansaba Zechs y lo observó por breves segundos.

-Deberías quitarte la máscara.

Zechs abrió un ojo, con gesto somnoliento.

-No puedo. Órdenes médicas, Treize.

-Pero debe ser muy calurosa. ¿De verdad, no es incómoda?

-Sólo un poco. -Sin aviso, se levantó y volvió a recostarse sobre las piernas del mayor, cerrando los ojos otra vez. -El banco está muy duro. ¿Te molesta?

Treize sólo lo vio, sorprendido. Pero pensó que actuaba de esa forma tal vez por el carácter jovial y desinteresado que conocía de los americanos. Aunque tuvo que admitir que eso lo hizo pensar en buscar posibilidades con Marquise.

-No... no hay problema...

Apoyó su brazo en el pecho del muchacho, volteando hacia el interior de la carpa, siguiendo con la vista a Quinze y a Lady, pero sin verlos realmente, pensando en su vida solitaria, en todos esos años en que se había enfrascado en el trabajo, en los logros profesionales, en la muy extraña y dolorosa relación con su pequeña... y en todas esas noches que sus recuerdos lo atormentaran con la imagen de Leia... y de Miliardo... Sintió que su corazón se encogía al recordar que las personas que había amado, que habían estado cerca de él, habían terminado mal, o peor aun, muertos. Eso lo hacía mantenerse solo.

Marquise subió su mano por el brazo del mayor, acariciándolo en forma disimulada, sorprendiéndolo una vez más. Permanecía con los ojos cerrados, pero las caricias eran cada vez más notorias. Treize suspiró casi de forma imperceptible, y de la misma manera, empezó a trazar muy leves caricias sobre una parte del overol de Marquise, sobre su pecho. Este sólo dejó que lo hiciera, adormilado, y sintió cómo esa caricia subía, cada vez atreviéndose más a llegar a sus labios.

-Hey... ¿Qué haces...? -murmuró quedamente. y sonrió al reconocer el toque de Treize sobre ellos, recorriéndolos un par de veces, apenas rozándolos.

Pudo escuchar la respiración acompasada y serena de Khushrenada, y eso lo hizo continuar con ese tierno desliz que ambos se estaban permitiendo.

Treize se inclinó un poco hacia él, con expresión ausente.

-No sé... creí que era tu juego...

-¡¡Treize!! ¡¡Zechs!!

Zechs retiró su mano del brazo de Treize, y el mayor sujetó la botella de agua, interrumpiendo esa caricia al llamado de Quinze. Volteó hacia el manager, que seguido de Lady Une, se acercaban al lugar en que estaban los dos pilotos.

-No grites, Quinze. Ya tenemos suficiente con el calor del ambiente.

-¡No seas delicado, Treize! Vine a ver cómo están mis pilotos favoritos.

Zechs sólo abrió un ojo y le sonrió muy forzadamente.

-Muertos de calor, jefe.

-Y de sueño, a lo que veo. -Quinze sujetó a Marquise por un brazo, jalándolo para obligarlo a incorporarse. -Anda, ya levántate. Si te duermes ahora no vas a querer despertar hasta la noche.

-O.k. O.k. Ya desperté -Zechs se incorporó a regañadientes, sentándose en el banco.

-Bien. Lady, déjales un poco de fruta. No podemos arriesgarnos a que coman algo pesado y eso los atarante...

-¡Quinze!

-Ah, ya veo cuánta confianza nos tienes, amigo. -Treize volteó con la chica cuando le entregó una charolilla con fruta, y por un momento ambos se observaron. No dijeron una palabra, pero él entendió perfectamente la forma en que ella lo veía, y por muy breves momentos, también a Marquise. Se sonrojó ligeramente, y le sonrió a manera de disculpa. -Gracias, Lady.

Ella también le sonrió, pero su mirada no cambió.

-Treize, si necesitan más agua voy a dejar algunas botellas en el remolque.

-Si, está bien. Gracias.

-Lady, vámonos. Aun tenemos que llegar con el ingeniero Williams. Aunque no me preocupa mucho. Su remolque tiene aire acondicionado y ...

Al ver que Quinze se alejaba de ahí parloteando y gritando a los demás miembros del equipo, ambos sonrieron.

-No puede vivir sin nosotros. ¿Te fijas? -Treize volteó con Marquise, sonriendo.

-Nos ama... -El muchacho asintió, y se recargó sobre el hombro del mayor, sintiendo que el sueño lo vencía. -Treize...

-Dime.

-Esta vez voy detrás de ti.

-¿Piensas rebasarme?

-No.... busquemos el 1-2... será como hacer el amor... Tú arriba, yo abajo...

Treize se tensó al oírlo.

-¿Qué?

Zechs se rió, volteando con él.

-¡Treize! ¿Qué estás pensando? Hablo del podium. Tú en el primer lugar, arriba. Yo en el segundo, abajo de ti. -Khushrenada se ruborizó terriblemente mientras escuchaba la risa de Zechs. El muchacho volvió a recostarse en sus piernas, pero esta vez, dejó que el sueño le ganara. -¡Dios, qué fácil es embromarte! Despiértame cuando vayamos a empezar.

Khushrenada sólo estuvo observándolo dormir por mucho rato, pensando en lo que le dijera, debatiéndose entre la posibilidad de iniciar algo con ese muchacho que había llegado tan de improviso a su existencia, y que ahora amenazaba con robarle el corazón y por otro lado, rechazando todo intento de llenar su vida, viviendo en el limbo sentimental que había fabricado para no exponer a quienes creía que corrían peligro a su lado.

Treize despertó a Zechs cuarenta minutos antes de que iniciaran los llamados generales para la carrera.

Debía ponerlo al tanto de las mañas que el piloto de Ferrari utilizaba; eso si quería realmente dejarlo en la tercera ocupación del podium.

Marquise se desperezó frente a él, alcanzando un durazno y llevándoselo a la boca mientras hablaba con Treize.

-No creo que sea tan difícil dejarlo atrás.

-No te confíes demasiado, Zechs. Es muy bueno en eso de sacudirse a los que amenazan con sacarlo de la competencia.

-Bueno, como dicen por ahí: "para un tramposo, tramposo y medio"

-¡Oh, vamos! Tú no eres tramposo.

-¿Será que no me conoces que dices eso?

Treize se desconcertó al oírlo.

-¿Es en serio?

-Podría ser en serio. -Zechs mordisqueó el hueso del durazno y le sonrió. -Mi estilo en los entrenamientos era de esa forma. Tú me ayudaste a desinhibirme, y ahora no creo que haya quien pueda detenerme. Pero dejemos la plática. ¿Ya estás listo? ¿Quieres que te ayude con la conexión?

-Eh... no, espera. Voy a ir al remolque y regreso.

Zechs asintió, extrañado. Tanto en Austria como en Bélgica, casi media hora antes de la carrera Treize iba al remolque y permanecía ahí alrededor de veinte minutos. Y nadie sabía lo que hacía en ese tiempo.

-Oye... -Zechs lo detuvo antes de que se fuera. -Treize, ¿Puedo saber qué haces en el remolque todo el tiempo que estás ahí?

Treize sonrió, asintiendo.

-No es un secreto, pero nadie me había preguntado antes. Es más, acompáñame. -Zechs lo siguió dócilmente, y tuvo un ligero sobresalto cuando, al llegar vio que Khushrenada cerraba la puerta del mismo por dentro. Lo siguió hasta el lugar donde estaba el dormitorio, y Treize le mostró dos fotografías, una de Marimeia y la otra de Leia Barton. -Tal vez te parezca extraño, pero lo considero importante. Siempre les dedico la carrera.

Zechs cruzó los brazos sobre su pecho, desconcertado.

-Y ya lo convertiste en tu costumbre personal... ¡Vaya, quién lo hubiera creído!

El mayor lo observó con gesto grave, pensando en que tal vez había sido un error mostrarle eso.

-No es por superstición, Zechs. Lo hago por agradecimiento. A ellas, y a otra persona... alguien a quien amé de una manera muy especial...

Zechs no le quitó la vista de encima, sintiendo un nudo en la garganta al escuchar esa confesión.

La voz de Quinze en el receptor de Zechs lo distrajo un momento.

-Treize, Quinze nos requiere en la carpa. -El mayor asintió, viendo a Zechs que caminaba hasta la entrada del remolque, abriendo la puerta. -Quiere que estemos allá para últimas recomendaciones.

-Adelántate, Zechs. Yo voy en unos minutos. No tardaré.

Marquise asintió, saliendo del remolque, pensativo. Y durante el trayecto a la carpa de la escudería, las palabras de Khushrenada siguieron presentes en su memoria..."Alguien a quien amé..."

La carrera fue agobiante y pesada, llena de incidentes y accidentes que retrasaron su desarrollo por espacio de una hora. Sin embargo, ni Treize ni Zechs tuvieron tantos problemas.

Treize revisó el monitor por enésima ocasión, casi en las dos últimas vueltas, alentando a Marquise para continuar en su plan de llegar detrás de él al final de la carrera.

Alcanzó a ver el inconfundible color rojo encendido del Ferrari a varios metros detrás de él, peleando encarnizadamente con el monoplaza azul-blanco de Marquise, sin dejarlo pasar por ningún motivo. La situación comenzaba a desesperar a los dos amigos.

-¡¡Viene tu última oportunidad, Zechs!! ¡¡Rebásalo en la siguiente curva!!

-¡¡Ah, si!! ¡¡Como si fuera tan fácil!!

-¡¡No seas irreverente y haz lo que te digo!!

-¡¿Irreverente?!

-¡¡SEÑORITAS, YA DEJEN DE PELEAR Y CONCÉNTRENSE!! -Quinze interrumpió la charla, exigiéndoles cuidado.

-¡¡Ya, jefe!! ¡Lo siento!

Treize entró a la curva sin aminorar la velocidad, instando a Marquise a que lo siguiera.

-¡¡Como lo hiciste en el simulador, Zechs!! ¡¡Va a ser la única forma en que te libres de él!!

-¡¡Pero es la curva más cerrada...!!

-¡¡¡CUENTA!!! -Ignorando su reticencia, Treize empezó a contar al tiempo que Zechs lo hacía, y aun estando sólo, buscó el recorrido más riesgoso dentro de la curva, señalándoselo. -¡¡...3,2,1...!! ¡¡Ahora, Zechs!! ¡¡Pégate a la barda y acelera!! ¡¡Sigue la línea!!

Marquise obedeció, apartándose del monoplaza de Ferrari por un lado, pegándose a la barda peligrosamente, pero manteniendo el volante en una posición firme, con todas sus fuerzas, mientras aceleraba a fondo.

Treize lo escuchó gritar, e imaginó que estaba a punto de colapsarse, peleando por mantener los ojos abiertos y su concentración totalmente enfocada en no perder la línea imaginaria que seguía del monoplaza de Khushrenada. Estaba rebasando los 325 kilómetros por hora, y cualquier error podría ser desastroso.

Finalmente, salió de la curva, ileso, adelante del auto rojo, con varios centímetros de ventaja. Debía aprovechar eso.

-¡¡¡ZECHS, ACELERA!!! ¡¡¡Ya lo dejaste, no permitas que te alcance!!!

Marquise revisó de soslayo el monitor trasero, confirmando lo que le decía Treize. Entonces reaccionó. Aferró el volante con fuerza, casi haciéndose daño, mientras su pié permanecía tenso en el acelerador.

Alcanzó a Khushrenada a pocos metros antes de cruzar la línea, y ambos lograron una entrada espectacular.

Zechs salió del monoplaza sumamente excitado.

Había sido un logro enorme no perder su concentración en esa curva, y no perder el objetivo planeado. Había sido una empresa titánica arrebatarle la segunda posición a Ferrari, pero lo habían logrado, y la experiencia casi podía compararla a un clímax extraordinario.

Treize lo alcanzó en la zona de marcación, y sorpresivamente, Zechs se le abalanzó apenas lo tuvo a la vista.

-¡¡Lo hicimos!! ¡¡Lo hicimos!!

-¡Hey, hey! ¡Tranquilo! -Lo abrazó, más para detenerlo de su efusividad que por otra cosa. -¡Tú lo lograste, Zechs! ¡Felicidades!

Zechs lo observó por segundos, jadeando aun por la emoción, y con una enorme sonrisa volvió a estrecharlo, pero esta vez habló casi en su oído.

-¡Dios, Treize! ¡Estoy tan emocionado que podría besarte!

Treize volteó hacia él, sorprendido. Lo observó también por algunos segundos, y después sonrió, tomando el comentario como una broma.

-Si, imagino que lo harías. -Lo soltó entonces, indicándole que debían prepararse para la vuelta de victoria y la premiación. -Vamos, no debiste bajarte del monoplaza. Esto nos quita tiempo para el recorrido con la bandera.

-¡Ouch! -Marquise se quedó parado al escucharlo, mientras Treize se acercaba al estrado. -Oye, tú si sabes cómo bajarle los ánimos a cualquiera.

Treize se detuvo al oírlo, y volteó nuevamente con él. Regresó sin despegar su mirada zafiro de la de Marquise, extrañado por ese súbito cambio de ánimo.

-Zechs, lo siento. No quise hacerte sentir mal. -Éste asintió con gesto de desaliento, bajando un poco la cabeza. Pero Treize le sujetó la barbilla con sus dedos y le sonrió otra vez. -Pero no te desanimes. Lograste una victoria importante, sólo que en este momento nadie puede celebrar. Hagamos todo como debe ser, ¿de acuerdo? Deja que te ayuden a subir al auto, y ya en el podium, si aun quieres besarme, puedes hacerlo.

Marquise asintió con un gesto, y obedeció.

Pocos minutos más tarde, ambos autos hacían un recorrido lento por la pista, festejando con los aficionados ese doble triunfo de la escudería de BMW-Williams.

Otto había ido también a la competencia de Estambul, con muletas y todo. Y durante el festejo dentro de la carpa, se les acercó con un enorme alboroto.

-¡¡Zechs, amigo!! ¡¡Felicidades!!

-!Otto! No creí que vendrías. -El muchacho le sonrió ampliamente, cediéndole el banco en el que estaba sentado, esperando que Treize regresara de la entrevista para uno de los medios de televisión de Europa. -¿Cómo vas con las terapias?

-Oh, muy bien. Especialmente porque las fisioterapistas son muy cariñosas...

Zechs se rió, celebrando sus ocurrencias.

-¡Jajaja! ¡Ay, Otto! ¿Jamás te corregirás?

-No, no, Zechs. Esta vida no se va a repetir, por eso hay que vivirla plenamente.

-Bueno, en eso tienes razón. -Zechs volteó hacia la parte principal de la carpa, y su sonrisa se amplió aun más al ver a Treize. -Mira, ahí viene nuestro campeón.

Treize sonrió al ver ahí a su amigo, y lo saludó de manera jovial.

-¡Hey, Otto! ¡Pensé que te quedarías a reposar gratamente en casa de tu hermana!

-¿Y perderme las extraordinarias competencias que están teniendo? ¡¡Oye, no estoy demente!!

-Eso es cuestionable...

Los tres rieron alegremente, mientras Zechs y Treize jalaban otro banco metálico para sentarse también. Otto entonces le mencionó a Treize algo que los tenía con cierta preocupación en el diseño del nuevo motor.

-Oye, estuve revisando el boceto del P84 otra vez. Creo que nos estamos excediendo en el peso del motor.

-Pero de no ser así no vamos a lograr la potencia que buscamos, Otto.

-Oigan... -Zechs intervino entonces, recordando el boceto del que discutían. -Tal vez pueda ayudarles a construir el motor, claro, cuando podamos hacerlo.

Otto lo observó un momento, pensativo. Y luego sonrió.

-¡Claro! También eres ingeniero, ya lo había olvidado.

-Me parece una propuesta sensata. Aun tenemos tiempo para lograr el armado del sistema y presentarlo para la siguiente temporada en América. Por lo pronto tenemos que concentrarnos con los Constructores. Aunque creo que no vamos a tener problemas.

Los otros dos asintieron. Pero de pronto, Otto hizo otro comentario.

-Hey, jefe. Pero estoy incapacitado...

-¿Incapacitado? ¡Otto, no tienes vergüenza!

-Escuchen, escuchen. -De pronto Zechs pareció tener una muy buena idea. -Les ayudo con el P84, los Civic y los preparativos para la temporada americana, y antes de brincar el charco, nos vamos de vacaciones... ¿Qué les parece a Berchstegaden? -Volteó con Treize, esperando por la respuesta. Otto se emocionó, pero Khushrenada se extrañó de esa proposición.

-¿Berchstegaden?

-Me dijiste que te gusta el lugar, ¿no? Aparte, es una buena opción. Yo no lo conozco.

Treize lo pensó un momento, y al decidirse, le sonrió, asintiendo.

-O.k. Entonces para tenerlo en cuenta.

Marquise sonrió también al escucharlo. Sería una gran oportunidad para estar con él, fuera de todo el estrés del trabajo y las competencias. Y si las condiciones eran propicias, sería tal vez como una luna de miel...

---------------Un verdadero triunfo...

Competencia Final de la Temporada de los Constructores

Suzuka International Racing Course

Suzuka, Japón

Marquise terminaba de colocarse los guantes de color blanco-azul, recordando la llamada que recibiera tres días atrás, estando en los talleres. La imagen del espejo frente a él reflejaba su gesto grave, su mirada extraviada en esos recuerdos. Y le mostraba en su propio rostro el reflejo de la incertidumbre.

Lucrezia le había llamado, avisándole que se preparara para iniciar la cacería, pero no imaginaba que ese momento llegaría pronto... demasiado pronto. Ella había encontrado un contacto importante, y éste había prometido que le tendría toda la información posible de las locaciones guerrilleras en la frontera de Italia y Austria, y mientras buscaría las conexiones con la información que él consiguiera de las aduanas Germano-rusas. Pero eso se suponía que tomaría tiempo, aunque no sabían cuánto.

Estaba cerca de saber, de conocer a aquellos que habían sido los causantes de la enorme desgracia en Cracovia. Estaba a muy poca distancia de llegar hasta esas fracciones terroristas que los habían despojado a él y a muchos otros de todo lo que tenían: sus padres, sus familias, sus vidas mismas...

Estaba muy cerca de reclamar la justicia que, años atrás, se le había figurado tan lejana...

Con un movimiento automático tomó la máscara que estaba sobre la cajonera, y se la puso lentamente, cuidando como siempre cada detalle, para mantener su rostro oculto del mundo.

Casi terminaba de ponérsela cuando dos toques leves llamaron su atención.

Se apresuró y fue a abrir, encontrándose con Treize en la puerta. Ya estaba listo.

-¿Cómo vas?

-Casi termino. Tú ya estás listo, ¿verdad? -Entró, terminando de acomodar la máscara y guardando algunas cosas más en su mochila. Terminó rápidamente y fue a la puerta.

-Si, sólo te estamos esperando.

Zechs salió de la habitación, cerrando y guardando la llave también en su mochila.

-O.k. Listo. Te sigo.

Ambos caminaron por el pasillo de las habitaciones hasta llegar al elevador. Comentaban algunos detalles acerca de la pista, pues era desconocida para Marquise, ya que los precalificativos se habían hecho en Austria, justo en la ceremonia de apertura de la temporada de los Constructores. De Austria pasaron a San Marino, Italia, una vez más Alemania, el recién remodelado óvalo de Beijin, China, para terminar la última competencia en Suzuka, Japón.

-...recuerda, es un óvalo fácil, pero los pilotos ya saben de ti. Cuídate mucho de Ferrari.

-Ajá, ajá. -Zechs lo observó un momento mientras el ascensor panorámico recorría el camino hacia el Lobby del hotel. -¿Por qué no fuimos a la ceremonia de apertura?

-¿Querías ir?

-Bueno... nunca había estado en una de esta magnitud. ¿Qué tanto hacen ahí?

-Generalmente hablan de negocios de los emporios constructores, de los patrocinios a las armadoras, a los pilotos y a los equipos. El automovilismo sólo es el atractivo de entrada. Nada del otro mundo, Zechs. -Lo observó también, tratando de saber el giro que le daría a la conversación. -No me gusta ir a esas ceremonias; las evito en lo posible. Pero si quieres ir a una, después de la competencia se organiza una enorme fiesta, a veces patrocinada por todos los constructores, o sólo por algunas de las compañías armadoras. Podrías aprovechar para conocer un poco de ese ambiente.

-Pero no me gustaría ir solo, Treize. ¿Por qué no vamos los dos? Por única ocasión, por favor.

-¿Por qué?

-No se... me siento inseguro. Por favor, sólo esta vez acompáñame.

Treize asintió, preguntándose por qué si siempre se había negado, ahora una simple súplica de Zechs lo comprometía para asistir a ese evento.

-De acuerdo, te acompañaré. Pero no creo que te haga falta ahí mi presencia.

-No digas eso. Tú eres el motivo principal de esas celebraciones, aunque lo niegues.

-Claro que no. De verdad que no te haré falta. Serás el alma de la fiesta. Imagínate, el campeón de los Constructores... -Khushrenada guardó silencio abruptamente. Casi había descubierto sus planes. Aunque lo pensó otra vez, y decidió hacérselo saber.

-Pero yo no soy campeón...

Treize se le acercó, acorralándolo en una de las esquinas del cubo.

-Lo serás... -Acercó su rostro al del muchacho, y en un tono de confidencia se lo dijo como Marquise lo había hecho en Turquía. -Haremos el amor otra vez, Zechs. Pero ahora será diferente. Tú arriba, yo abajo...

Marquise sintió que en su estómago revoloteaban cientos de mariposas al escuchar la voz aterciopelada de Treize cerca de su rostro. Sintió de pronto que no podría reprimir el enorme impulso de levantar los brazos y estrecharlo, besándolo desesperadamente. Y justo cuando iba a hacerlo, el timbre del elevador lo detuvo. Habían llegado al Lobby más rápido de lo que hubiera deseado.

-Maldición... -masculló débilmente mientras Treize salía del ascensor. Y casi pudo asegurar que el mayor sonreía de forma traviesa al voltear a verlo.

-Anda, Zechs. Llegaremos tarde si no nos apuramos.

La carrera fue casi exactamente como los fanáticos lo esperaban.

BMW-Williams ganaba una vez más la temporada de los Constructores, pero ahora el rostro del campeón era diferente... o mejor dicho, ni siquiera era un rostro... era una máscara..

Zechs llegó al terreno del podium con la bandera a cuadros sobre el monoplaza. Sabía que el primero en esperarlo para celebrar esa victoria sería Treize, sonriendo ampliamente y mostrando una enorme satisfacción.

Estaba feliz, emocionado, pero al mismo tiempo, temeroso de que todo eso se volviera humo en cualquier momento.

Treize se le acercó aun despojándose del casco, mientras algunos tecnólogos desmontaban el armazón superior. Al tenerlo frente a sí lo abrazó efusivamente, celebrando su triunfo con verdadera alegría. Zechs no lo había visto así en todo el tiempo que estuviera con él, o antes. Ni siquiera cuando lo vio por primera vez en ese noticiario, en su primera victoria como piloto.

-¡Felicidades, campeón! –La voz de Treize cercana a su oído, y su abrazo cálido y emotivo ocasionó un breve estremecimiento en Marquise. Treize lo alcanzó a percibir, pero no se lo mencionó. –Ahora eres el piloto más cotizado sobre el planeta.

-No, ese es tu título. Tú eres el “Kaiser”...

Treize se separó un poco de él, viéndolo a los ojos. Su sonrisa era también cálida.

-Ahora te pertenece, Conde Relámpago.

-¡¡El verdadero Dream Team, señores!! –Quinze era el más feliz de todos. Se notaba a leguas su entusiasmo, y más todavía cuando se apoderó de los micrófonos. -¡¡Marquise-Khushrenada!! ¡¡Teniéndolos a ellos juntos, tenemos asegurado el triunfo de cada circuito!!

Treize volteó hacia la multitud, viendo la reacción del manager.

-Vamos al podium, antes de que a Quinze se le ocurra subir y recibir los premios.

-¿Es capaz de hacerlo?

-Se nota que no lo conoces. –Khushrenada le hizo un guiño y deshizo el abrazo, pero lo sujetó por una mano. –Vamos, apúrate. Tus admiradores te reclaman.

Contra todo pronóstico, Marquise no se soltó de él. Por el contrario, se aferró a la mano de Treize con fuerza, como si se tratara de un chiquillo guiado por quien le inspiraba confianza.

-Yo no tengo admiradores... –Hizo un gesto entre incómodo y divertido al decirlo; entonces el mayor se detuvo un momento sin aviso, provocando que Zechs chocara contra su cuerpo.

-Por supuesto que si. -Treize le dirigió una mirada que no supo definir bien. -Considérame el número uno.

Y volvió a caminar jalando a un desconcertado Marquise tras él.

Esta vez fue Zechs quien abriera la botella de Champagne y bañara a todos los que tenía a su alcance, embriagado por el triunfo que Treize no sólo le cediera, sino que maximizaba todo lo posible.

Vivió todo eso como en un sueño, deseando que nada pudiese despertarlo. Pero estaba consciente de que no sería así por mucho tiempo....

Cerca de las 10:00 p.m., tres personas salían apresuradamente del enorme y elegante hotel y abordaban un taxi con rumbo al aeropuerto, escabulléndose como acostumbraban de todo el bullicio ocasionado por las celebraciones de su triunfo. Deberían llegar a Munich en la mañana del siguiente día,

Treize le había aconsejado que se quedara y celebrara con el equipo, pues era un triunfo nuevo, diferente de los que él había logrado, pero Zechs se había negado a hacerlo. Deseaba estar con él, sentir su cercanía todo el tiempo, más ahora que la incertidumbre estaba presente en todo momento, esperando alguna noticia de Italia.

A la medianoche, abordaron la aeronave que los llevaría de regreso a casa.

Se instalaron en sus asientos respectivos, quedando juntos Treize y Zechs, y separados de Otto por el pasillo. Y mientras iniciaba el vuelo, Zechs dejó que sus pensamientos fluyeran libres en su mente, asomado a la ventanilla del avión, perdiendo su mirada en el cielo nocturno. Recordó que había propuesto el viaje a Berchstegaden, y que no sería posible, no con tiempos limitados y desconocidos. La melancolía hizo presa de él durante todo el viaje de regreso.

Otto por el contrario, parloteaba alegremente con Treize, haciendo bromas respecto a la forma como el emporio de Constructores Asiáticos les había entregado los reconocimientos y el trofeo, y algunos detalles que al parecer habían pasado desapercibidos para él.

-¿...No me digas que no te diste cuenta? ¡Treize, el tipo estaba muy insistente contigo!

-Otto, ya basta. No me fijé, no sé de quién me estás hablando. Igual, sabes que hay fans que casi te asesinarían si estuviera en sus manos hacerlo.

-Y si, tienes razón. Pero eso se me hizo muy rarito.

-¿De quién hablan? –Zechs se interesó en la conversación, en cierta forma porque él sí se había dado cuenta de que algo ocurría en la premiación, alrededor de Treize.

-Ah, de un fan. Parece que aquí tu ex campeón amigo lo trae loquito.

-Eso no es cierto. –Treize acomodó el asiento y colocó la almohada en él, disponiéndose a descansar mientras atravesaban el océano que separaba a Japón del Continente Asiático. Cerró los ojos y cruzó los brazos sobre su pecho mientras respondía. –Te aseguro que su obsesión va a cambiar de un momento a otro. De amar al ‘Kaiser', se decidirá por el Conde Relámpago. Puedo apostarlo. Ahora, señores, si me disculpan...

-Si, o.k. –Otto se rindió, sacando los audífonos del compartimiento del asiento delantero y disponiéndose a ver la película que transmitirían. –Que descanses, jefe.

Zechs lo observó detenidamente. Y no contó con que Treize era demasiado sensible a ese tipo de escrutinios. Abrió los ojos, volteando hacia él, y le sonrió.

-¿Ocurre algo, Zechs? –Su voz queda y ligeramente aterciopelada fue como una caricia a sus oídos.

-eh... nada... pensaba... –Su mirada celeste se negó a separarse de su rostro.

-¿Puedo saber tus pensamientos?

Difícilmente, Zechs dejó de verlo. Se recostó también en su asiento, suspirando. Y al sentir que el mayor le sujetaba delicadamente una mano volteó con él, extrañado, pero no la retiró. Le sonrió forzadamente, mientras buscaba una buena respuesta.

-Bueno... en realidad estaba confirmando lo que Otto decía de ti. Mucha gente te ama, Treize. De muchas maneras. Incluso hay quienes morirían por tener tu atención, tu amor y tu deseo hacia ellos, aunque fuera por unos minutos...

Khushrenada lo observó, dubitativo. ¿Era una confesión?

-¿Y tú? ¿Compartes esos sentimientos con ellos? –Al ver que el muchacho titubeaba para responder, hizo otra pregunta. -¿En qué grupo estás, Zechs? Porque yo estoy en el que te aprecia, te respeta y busca tu amistad incondicionalmente. Jamás te vería de otra forma.

Zechs recordó una vez más sus palabras, dichas en el remolque.

“alguien a quien amé de una manera muy especial...”

Pensó que hablar en ese momento lo metería en problemas. Carraspeó un poco, asintiendo y rompió el contacto visual, volteando al frente.

-Si... creo que yo también.

-Siento que dudas al decirlo. ¿A qué le temes?

Zechs se quedó sin palabras por unos segundos. Jamás esperó una pregunta como esa.

-...E-es .... yo... –Sintió la mirada cálida del mayor en su rostro, y pensó que se derretiría si continuaba en esa situación. -...no quiero decepcionarte. Soy un monstruo... mi rostro...

-Zechs, la apariencia es lo que menos me interesa. Deja de preocuparte por eso.

Marquise volteó otra vez con él, con una muy ligera sonrisa en sus labios. Y sin decir más, se acurrucó en el asiento, recargando su cabeza en el hombro de Treize, en cierta forma, ocultándose de él.

-Estoy cansado. Buenas noches, Treize.

Sin hablar más, apagó la lamparilla de la parte superior del asiento, quedando a oscuras el lugar que ambos ocupaban. Pero no se durmió inmediatamente, al igual que Khushrenada.

Ambos permanecieron en silencio por un rato, sumidos en sus propios pensamientos, recapacitando en todo lo que estaba pasando entre ellos...

---------------La llamada...

Casa de Treize Khushrenada.

Un día después del triunfo en Suzuka.

Munich, Alemania. 6:45 am

La casa estaba silenciosa a esa hora.

Treize había recibido un mensaje al llegar al aeropuerto de que era necesario que se presentara a la planta de BMW, y Otto había decidido ir también, así que Zechs llegó solo.

Planeaba descansar unas horas del viaje, ya que en realidad no había dormido mucho. Era imposible teniendo a Khushrenada cerca.

Subió las escaleras con pasos lentos, mientras bostezaba a sus anchas. Sin embargo, antes de llegar a la habitación que ocupaba, el timbre de su celular llamó su atención. Bajó la maleta mientras encontraba el aparato en su cinturón, pensando que tal vez a él también lo requerirían en la planta, pero al revisar el número del que llamaban un sentimiento desolador llegó hasta él.

-¿Zechs?

-Noin... si,

-Felicidades. Supe de tu triunfo en la pista. ¿Dónde estás?

-Gracias. Acabamos de llegar de Japón.

–Qué bien, porque te tengo noticias. Nuestro contacto localizó el punto de referencia. Prácticamente se acaban de instalar, pero ya sabes cómo funciona esto. La cacería empieza.

Su mirada cambió al prestar atención a lo que su colaboradora le estaba diciendo, al otro lado de la línea. Bajó el teléfono con la vista perdida en el muro, aun resistiéndose a lo que escuchara por el aparato. Se sentó en la cama, totalmente desmoralizado.

Por la información que él había conseguido en los registros aduanales de Italia y Alemania, Noin había descubierto algo importante y no podía aplazar su reunión con ella.

Debía irse.

Debía renunciar YA a todo.

Incluso después de haber triunfado en Suzuka...

A pesar de que ese pequeño triunfo se lo había cedido Treize para consolidarlo como piloto experto de la escudería. Y sin importar que tuvieran encima la fecha de la siguiente competencia, a menos de quince días.

Con esa decisión, estaba seguro que destrozaba totalmente los planes de su amigo.

-Zechs... -Alcanzó a escuchar que Noin lo llamaba. -Zechs ¿Me escuchas?

Levantó el auricular otra vez y carraspeó un poco antes de hablar.

-Si Noin... es que me tomaste por sorpresa... y...

-Zechs, sé que esto es difícil para ti, pero debes hacerlo. Dentro de Ferrari he tenido más oportunidades de localizar a los contactos del Sistema. Estos mismos contactos me han hablado de diversas células guerrilleras esparcidas por Europa, especialmente en los países cercanos al tuyo.

-De acuerdo. Dame un día para llegar contigo.

-Bien. Te veo aquí en veinticuatro horas.

Zechs terminó la llamada, suspirando mientras dejaba el aparato en su lugar.

Se iría esa misma noche, de ser posible.

Sin embargo, no quería confrontar a Treize. Especialmente cuando no tenía ninguna excusa para irse de Alemania como si se tratara de un fugitivo. Lo peor del caso es que debía irse sin que se diera cuenta, y eso era una empresa casi imposible.

Pensó entonces en la posibilidad de la fiesta de esa noche que había organizado el Ingeniero Williams, más por cuestiones comerciales que por el festejo de la formación del tan sonado “Dream Team” de BMW-Williams, y los recientes triunfos (el buscado 1-2 en el podium) del Gran Premio de Estambul y de la temporada de los Constructores. Si, tomaría ventaja de ese evento. Aun tenía los tranquilizantes que el médico le había dado, aunque no tenía idea si eso funcionaría con Khushrenada, y peor aun, qué efecto tendría la sustancia revuelta con algo de alcohol.

Debía darse prisa y dejar todo listo. Cualquier retraso era arriesgarse a perder todo lo que se había logrado en meses, incluso años de trabajo.

Tanto él como Noin habían tenido la terrible experiencia de localizar terroristas, estar completamente seguros de la ubicación de las células, y frustrarse grandemente al descubrir que algunas veces las locaciones no solían durar más de doce o veinticuatro horas.

Se levantó, ligeramente encorvado. Como si llevara un tremendo peso sobre sus hombros.

Y sintiendo nostalgia adelantada por todo lo que había vivido en esa casa, al lado de su amigo, buscó su maleta y comenzó a empacar todas sus pertenencias...

----------------El Príncipe de las Constructoras...

Salón especial de eventos de las instalaciones BMW

Celebración del triunfo de la Temporada de los Constructores.

Dolfindog, Alemania. 21:00 hrs.

Zechs le llevó el tercer vaso, cambiándoselo casi sin que los demás lo notaran. Hecho esto, fue al grupo de inversionistas que lo habían llamado cuando estaba en la barra. Treize no se tomó la bebida inmediatamente, viéndolo con cierto disimulo mientras se alejaba.

No se sentía a gusto, comenzaba a fastidiarse de la gente que se acercaba a él sólo para hacer comentarios que no tenían lugar en ese momento, y se sentía cansado. Y aunque no lo quisiera, había llegado al extremo de maldecir el momento en que se había dejado convencer por Marquise para asistir a esa celebración. No entendía por qué lo había hecho.

Se separó del grupo de inversionistas y constructores con el vaso en la mano y decidió caminar entre los demás invitados sin prestarles total atención, sólo siendo amable. Esperaba encontrar a Zechs en esa pequeña fuga para avisarle que se iría a la primera oportunidad, así que se adentró a uno de los salones principales.

No caminó mucho, cuando una autoritaria y juvenil voz muy cerca de él lo hizo voltear.

-¡Señor Khushrenada!

//¿Ahora qué...?//

Se detuvo al tener frente a sí a un joven chino, indudablemente el dueño de esa voz.

Pudo reconocer entonces a ese muchacho, su mirada oscura y penetrante, sus facciones varoniles, pero finas, y su estilo de vestir muy innovador, combinando el tradicionalismo de su cultura con la modernidad y las tendencias europeas. Wufei Chang. Era a quien la mayoría de los inversionistas y la gente del medio le llamaba el “Príncipe de las Constructoras”. Su padre, el ingeniero Chang, había levantado un imperio poderoso en el medio de construcciones urbanas e industriales no sólo dentro del territorio de la Gran Muralla. La fama de éste llegaba hasta los medios occidentales, y se le reconocía un enorme talento empresarial. Sin embargo, a pesar de que el joven ya mostraba un talento similar al de su progenitor, tenía una fama muy diferente.

Treize le sonrió con amabilidad.

-Señor Chang, qué agradable sorpresa tenerlo entre nosotros.

Wufei sonrió imperceptiblemente al escucharlo.

-¿De verdad la consideras agradable? -Al ver el desconcierto del alemán, amplió la sonrisa sin quitar de su mirada la expresión sensual que solía proyectar. -Aunque imagino que es por la amabilidad comercial que hacen siempre esos cumplidos.

Treize guardó silencio un momento, midiendo el comentario insolente del joven.

-Creo que no entendí muy bien esa parte, señor Chang.

Wufei levantó una ceja sin cambiar mucho su expresión. Y cruzando los brazos sobre su pecho, adoptó un aire explicativo.

-Es porque veo que no estás muy a gusto aquí, entre nosotros. Por eso lo pregunto.

-Ah... -Treize volvió a mostrar su sonrisa característica. No dejaría que ese chico le terminara de estropear la noche. -No creí que alguien lo notara. Pero no es porque no me agrade estar entre ustedes. Estoy un poco cansado por algunos problemas que tuvimos que resolver en la planta.

Wufei se le acercó aun más, y en tono confidencial le aclaró su actitud.

-Tal vez los demás no lo hayan notado, pero yo no te he perdido de vista. El cansancio es muy evidente, al igual que la incomodidad. Se distinguen fácilmente uno de otra. -Treize se sobresaltó un poco al ver que la cercanía tomaba un matiz provocativo. -¿Te sorprende, señor Khushrenada?

Retrocedió un paso al sentir el aliento de Wufei en su oído. Un leve sonrojo apareció en sus mejillas.

-La verdad, si. -Retrocedió nuevamente cuando el joven intentó acercarse otra vez. –No esperaba que mi estado de ánimo fuera tan notorio. Nadie más me ha hecho comentarios al respecto.

-Soy muy observador.

Treize paseó la mirada por el salón, buscando alguna posible salida a esa situación, y sin poderlo evitar, al encontrar la inconfundible figura de Zechs en medio de un grupo de personas, dejó su atención en él. Wufei siguió entonces su mirada, y rió discretamente.

-¿Quién es ese que llama tu atención, señor Khushrenada?

Treize volteó con él tranquilizándose con algo de esfuerzo. El chico lo estaba poniendo nervioso.

-Uno de mis colaboradores, también piloto de BMW-Williams.

-Ah, el nuevo campeón, el Conde Relámpago. ¿Zechs Marquise, se llama? –Treize asintió con un leve movimiento de su cabeza. –Interesante. Veo que te gustaría estar con él, aunque yo podría hacer más placentera tu estancia en este evento, si me lo permitieses...

-Señor Chang, agradezco tu interés, pero temo que te estás equivocando...

-¿Me estoy equivocando? Pienso que no. -Fijó su mirada oscura en el rostro de Treize, y éste mantuvo su expresión serena. –Tu mirada dice muchas cosas que tu rostro y tus palabras callan.

-Sigues malinterpretándome, señor Chang.

-No, en lo absoluto. -Wufei se separó un poco de él, y tomó un poco del vaso que llevaba en la mano. -No te interesa nadie, porque está él de por medio. Es una lástima que se me haya adelantado.

Treize se sonrojó aun más con ese comentario.

-¿Qué te hace pensar eso?

-La forma como lo miras, como lo buscas. Tus ojos se llenan de vida cuando se posan en él.

-¡Oh, vamos!

-Es la verdad. -Wufei volteó hacia Marquise una vez más, y sonrió con cierta ironía. -¿Conoces su rostro?

Treize lo observó antes de voltear también él hacia Marquise.

-No. Siempre usa esa máscara.

Wufei volteó con él otra vez y suspiró.

-Tiene una enorme ventaja sobre mi. No lo has visto, y sin embargo casi podría asegurar que darías tu vida por él...

-Yo no veo el rostro de las personas, señor Chang. Yo veo su corazón

Wufei sonrió entonces de manera distinta. Parecía más una expresión de resignación.

-Lo envidio. No sabes cómo me gustaría que me miraras de esa forma. Sería entonces el hombre más feliz de las constructoras.

Treize bajó un poco la cabeza, pensando que tal vez el joven chino tenía razón. Sonrió levemente al darse cuenta que, en efecto, sentía algo muy especial por Marquise, y que apenas lo estaba aceptando. Levantó la vista otra vez, buscando la mirada de Wufei.

-Lo siento. -Su voz era conciliadora.

-Si, entiendo. Pero no voy a quedarme de brazos cruzados. Voy a dejarlo a él en desventaja...

-Señor Chang, espera. Una vez más te agradezco que te hayas fijado en alguien como yo, pero te aclaro nuevamente que te equivocas en tus apreciaciones. Marquise y yo sólo tenemos una relación de trabajo y amistad.

Wufei lo vio, intrigado.

-¿Significa que no hay absolutamente nada entre ustedes? ¡Pero si es muy obvio...!

-No lo hay. De verdad.

El chico sonrió maliciosamente al escucharlo.

-¿Cuentos chinos, señor Khushrenada? -Treize negó con un gesto, mostrando algo de impaciencia. Pero Wufei no se detuvo. -Déjame entenderlo. Son colaboradores muy cercanos, trabajan juntos, compiten juntos; casi podría asegurar que viven juntos. Además, la forma como lo ves...

Wufei tuvo que interrumpirse cuando escuchó su nombre detrás de él.

-Señor Wufei Chang.

-No puede ser... -Masculló quedamente y cerró los ojos un momento al reconocer la voz de quien lo llamaba. Volteó por un momento hacia atrás, sobre su hombro, y alcanzó a ver a varios inversionistas y constructores europeos que lo observaban con algo de curiosidad.

Treize le sonrió con un ligero aire de burla, y retrocedió un paso otra vez.

-Creo que te buscan, señor Chang. -Hizo un breve ademán con su bebida, a manera de despedida, y se retiró.

Wufei lo observó irse, y sonrió enigmático. Era un reto que lo atraía de manera irresistible. Le seguiría el juego, y en el momento en que menos lo esperara, lo atraparía.

-Todo un reto... -murmuró antes de voltear con su mejor sonrisa de negocios hacia el grupo que lo esperaba.

Treize encontró a Zechs en otro salón, inmerso en una discusión de economistas. Por algunos minutos lo escuchó sin intervenir, y sin hacerle notar tampoco su presencia, hasta que uno de los ejecutivos lo vio detrás del muchacho.

-¡Ingeniero Khushrenada! ¡Estábamos hablando de algunos asuntos referentes a usted!

-¿Ah, si? -Se mostró algo indiferente, y buscó a Zechs con la vista. -¿Respecto a qué?

-Comentábamos acerca de los avances en el prototipo del P84 VID y su modificación para Civic, Treize. -Zechs también lo vio con detenimiento.

-¿Cuándo podremos verlo? -Otro de los ejecutivos se le acercó, bastante interesado. Treize lo reconoció. Pertenecía a los consorcios de construcción europeos, los responsables de los patrocinios a los circuitos de las grandes competencias.

-Aun no hemos visto fechas, ni siquiera para el diseño en forma. -Tomó algunos tragos del vaso que llevaba y paseó su mirada en todos. -Tal vez en diez días podamos hablar claramente de un boceto.

Zechs lo siguió otra vez cuando volvía a tomar de su bebida, y decidió entonces llevar a cabo lo que había planeado. Se le acercó sin hablar, y le quitó el vaso casi vacío. Treize volteó con él, y sólo asintió levemente. Era extraño. Casi podría decirse que se entendían sin palabras.

Zechs encontró a un mesero cerca de ellos y le entregó el vaso de Treize y la copa de él.

-¿Puedes llenarlos? Uno es coñac con hielo y la otra un martini.

El mesero asintió y se apresuró a cumplir la encomienda, y mientras lo hacía, Zechs se distrajo volteando al grupo, observando a su amigo con cierta reverencia.

Verlo discutir con los ejecutivos era todo un espectáculo. Sabía imponerse, sabía derrumbar los argumentos impositivos de esos hombres que sólo se interesaban por las acciones y los dividendos de las mismas, y lo más importante, sabía ganarse el respeto de esos lobos, y no sólo para sí mismo, sino para todos los que como él, trabajaban en el otro lado de la línea, en los talleres y las plantas de producción.

Lo iba a extrañar, y mucho...

El mesero llegó hasta él, entregándole ambas bebidas. El rubio se lo agradeció, despidiéndolo. Antes de ir hacia el grupo que dejara, sacó una especie de cápsula del bolsillo de su saco y cuidando que nadie lo viera, la rompió vaciando la sustancia en la bebida de Treize. Hecho esto, se dirigió hacia donde estaba Khushrenada.

Zechs le dio el vaso en forma discreta, y se quedó a su lado un momento.

-... Yo les avisaré con tiempo, señores. Una producción debe ser bien planeada incluso antes de trazar la primer línea del prototipo cero. Deben tener muy en cuenta eso si aprecian cada centavo invertido en esos proyectos.

Los ejecutivos murmuraron entre sí, y Treize aprovechó ese momento para voltear con Zechs. Muy discretamente, buscó hacerle saber cómo se sentía, y sus planes para irse de ahí inmediatamente.

-Oye, ya me quiero ir.

-Si, ya lo sé. -Zechs volteó hacia la terraza, y le indicó algo a Khushrenada. -Pero yo aun tengo un asunto pendiente. Dame media hora nada más, y nos iremos.

-Zechs...

-Te lo juro. Media hora, sólo eso.

-O.k. Media hora. -Sin agregar más, Treize se despidió de los ejecutivos y se retiró del grupo lo más rápido que pudo.

---------------------Alcohol, mentiras... ¿y no hay video?...

Wufei Chang lo siguió con cierta cautela hasta el saloncillo donde estaba el piano. No había mucha gente en ese lugar.

El salón tenía algunos sillones que permitían cierta privacidad. Y ahí, el ruido del salón principal se opacaba considerablemente.

Lo vio sentarse en uno de esos sillones, uno de los más apartados, pero al mismo tiempo, el que tenía una ventajosa posición en la que el salón principal era visible por algunos ventanales interiores. Se veía cansado... o... ¿ebrio?

Decidió entonces acercársele y continuar con la labor de convencimiento y conquista que había iniciado minutos atrás, antes de ser interrumpido.

Treize apuró el contenido de la bebida, dejando el vaso vacío en una mesilla colocada estratégicamente a un lado del sillón. Cerró los ojos y recargó la cabeza en el respaldo por un momento, intentando detener el molesto mareo que sentía. Era extraño que el coñac le hubiese hecho efecto tan rápido. Generalmente podía beber lo doble de lo que había tomado esa noche, y permanecer fresco y lúcido... Tal vez era el cansancio.

-¡Señor Khushrenada!

//Oh, no...// La voz del chino lo hizo abrir los ojos y tratar de incorporarse, pero no pudo hacerlo. Sólo le sonrió.

-Señor Chang, qué curiosa coincidencia. Encontrarnos por segunda ocasión en esta noche...

Wufei sonrió enigmático y se sentó a su lado, muy cerca de él.

-Si, una gran coincidencia. Eres gracioso, señor Khushrenada, a pesar de que no te diviertes.

Treize asintió levemente, sintiendo la cabeza pesada. Ese endemoniado mareo que no lo dejaba...

-Así es. No me gustan estos eventos. De hecho, es la primera vez que estoy en uno.

Wufei se sorprendió un poco.

-¿En serio? ¡Qué extraño!

-¿Qué consideras extraño? ¿Que no me agraden?

-No. Me sorprende que sea tu primera fiesta siendo el corredor número uno en el mundo del automovilismo. Y llevas ese título por espacio de dos años. -Wufei se recorrió un poco más, y discretamente posó su mano en la de Treize, que descansaba a su lado.

//¡Pero qué...!//

-Señor Chang...

-Dime Wufei.

Con delicadeza, Treize retiró su mano de la del chico y le sonrió levemente, buscando alejarse un poco.

-Si... está bien. -Ante eso, el chino se le acercó otra vez. -Wufei... espera...

-No puedo hacerlo. Soy impaciente...

Una vez más intentó alejarse, sin resultado. Cada vez que se recorría tratando de poner sillón de por medio entre Wufei y él, éste se le acercaba. Hasta que llegaron al final del mueble.

-Eh... Wufei... No c-creo pertinente...

-Pero yo si, Treize. -Ronroneó Wufei, empezando a encaramarse en él. -Me agradas y no quiero dejar pasar la oportunidad de estar juntos esta noche.

Esta vez, no sólo se sintió mareado y con la cabeza pesada. Un leve hormigueo le recorrió todo el cuerpo. Trató de sacudirse el malestar en forma discreta, sin conseguirlo Wufei notó que algo extraño estaba ocurriendo con él. Lo observó, desconcertado.

-Treize... ¿Estás bien?

-No... ess... ess un mareo... pero no c-creo que ssea grave... -Abrió los ojos, viendo a Wufei, y trató de sonreírle. Comenzaba a arrastrar las palabras. –T-temo que esstoy ebrio...

El chino lo estudió un poco más, y sorpresivamente se estiró sobre él, alcanzando el vaso vacío que dejara a un lado.

Treize cerró los ojos al sentir que Wufei medio se recostaba en él, y el hormigueo se intensificó. Algo no estaba bien.

Abrió los ojos otra vez, encontrando ante su rostro el torso joven y bien formado del chino, y entonces ese mareo del demonio se esfumó, pero dio paso a una ansiedad también del demonio. Lógicamente, no escuchaba lo que el joven chino le estaba diciendo.

-Huele extraño... como si además del coñac.... -Wufei observaba el interior del vaso y creyó percibir algo más en ella. Parecía una sustancia aceitosa en el fondo. -Es como... ¡Ah! ¿Q-que...?

Volteó hacia Treize, y su sorpresa aumentó al darse cuenta que había logrado introducir una mano bajo su camisa, hasta su piel, mientras acercaba el rostro a su pecho con los ojos cerrados. Entonces entendió.

-Ah, ya veo...

Claro que había algo en la copa aparte del coñac. Y no era una droga.

Mejor que eso... al parecer era un estimulante, y muy potente, por cierto.

Dejó el vaso y regresó con él, sin permitir que se detuviera. Le sonrió con expresión felina, y por la mirada oscurecida de Treize y su voz ligeramente temblorosa por la ansiedad, confirmó sus sospechas.

-Wu-fei... Chang... eress desseable...

-¡Vaya, vaya!. Ahora sí estás dispuesto a jugar conmigo, ¿verdad? -Treize le sonrió levemente y asintió con un gesto. -Bien, antes de que empecemos, dime. ¿Quién te dio esta bebida?

Treize lo vio primero por algunos segundos, y después volteó hacia el salón principal. Sonrió ampliamente y señaló con algo de dificultad.

-Él...

Wufei siguió el gesto de Treize, encontrándose con que señalaba a Zechs Marquise. Este se veía desconcertado, en medio del salón. Parecía buscarlo.

-¿Marquise, tu mejor amigo y colaborador, haciendo estas cosas...? -La sonrisa de Wufei se tornó enigmática mientras regresaba su vista a Treize. -¡Quién lo hubiera dicho!

Treize rió levemente. No tenía ya mucho control sobre sus pensamientos. Sin embargo, alcanzó a desabrochar la camisa del chino y atraerlo aun más hacia él. Traspasó la abertura de la prenda, buscando con su boca la piel firme y suave de su pecho, capturando un pezón endurecido con sus labios, succionándolo con delicadeza. Chang cerró los ojos por un momento, dejando correr la excitación por sus venas, y aprovechó entonces para acomodarse sobre el mayor, dispuesto a continuar con el juego. Tal vez después de todo, dormiría muy bien acompañado.

Khushrenada lo soltó cuando el chico jaló su cabeza hacia atrás, haciéndolo recostarse otra vez en el mueble.

-Le agradeceré después... porque ahora... - Chang alcanzó a sentir un leve roce de su virilidad despierta con la del mayor a través de sus pantalones, y eso le agradó aun más. –Siento que eres un amante perfecto y delicioso. Déjame confirmarlo.

Sin dejar de sonreír, alcanzó los labios entreabiertos de Treize, y ambos se fundieron en un apasionado y escandaloso beso. Por varios segundos, el chico tomó el control del flirteo, mostrando una salvaje ansiedad mientras lo estimulaba diestramente y lo instaba a que continuara con las caricias en su cuerpo.

De pronto, un fuerte tirón en un brazo lo separó del mayor, haciéndolo trastabillar y caer frente a Treize.

-¡¡¡¿QUÉ DEMONIOS HACES?!!!

Chang sacudió un poco la cabeza al reconocer a Zechs, parado en medio de los dos, y por lo visto, furioso.

-¡Hey, hey! Con calma... -Se levantó despacio, sacudiéndose y acomodándose la ropa. Y le sonrió a Marquise con sarcasmo. -Sólo estábamos socializando.

-Zechssss.... -La voz de Treize distrajo a Marquise por un momento. Ambos voltearon a verlo. -¿P-podemosss irnosss....?

-Por supuesto. -Zechs dejó a Wufei, enfocándose en su amigo. Se inclinó con él y lo sujetó por un brazo, ayudándolo a levantarse. -¿Qué estabas haciendo, Treize? ¿Qué pasa contigo?

Treize se levantó despacio, y Zechs aprovechó entonces para pasar uno de los brazos de Treize por sus hombros. Lo sujetó abrazándolo firmemente por la cintura.

-C-creo... que essstoy ebrio...

Teniéndolo asegurado de esa forma, lo hizo caminar hacia la salida principal.

-¿Aun se lo preguntas? -Wufei los siguió antes de que pudieran dejar atrás el sillón. -¡Qué sucio juegas, Marquise!

Zechs no le hizo mucho caso a Treize. en ese momento. Las palabras del chino lo sorprendieron.

-¿A qué te refieres? -Treize volteó al tiempo que Marquise hacia Wufei, y mientras éste lo veía furioso, el mayor sonreía torpemente.

-Yyyyho quiero jugar....

-¡¡Treize!! -Zechs decidió ignorar al chico, y jaló a Treize con cierto disgusto. -Vámonos de aquí; no estás bien.

-Sssssssiiii.... vámonosss.... Wu-fei.... vámonosss......

El chino levantó una ceja, y lo pensó por segundos.

-¿Por qué no? -Volvió a seguirlos, decidiéndose. -Claro, amigo. Vámonos.

-¡¡¡¿QUÉ?!!! -Zechs volteó otra vez con él, furioso. -¡¡Tú no vas, Chang!! ¡¡Deja de seguirnos!!

-Oye, él me invitó. -Y su mirada cambió radicalmente. -Y al haberme dado cuenta de tus planes, no lo voy a dejar sólo. Voy con ustedes, no vaya a ser que logres tus sucios propósitos teniéndolo tan vulnerable.

-¡¡¿De qué demonios hablas?!!

-De la bebida arreglada, señor Marquise. -Wufei se cruzó de brazos y sonrió. -La verdad, no tengo idea de qué le diste, pero como pudiste darte cuenta, es muy efectivo. Míralo. A cinco minutos después de negarse rotundamente, ahora está muy dispuesto a jugar conmigo.

-¡¡No le di nada!!

-Él me dijo que tú le diste el vaso.

-¡¡Si, le di un vaso con coñac, pero fue todo!!

Wufei sonrió con cierta complicidad, sacudiendo ligeramente la cabeza en gesto negativo.

-Bien, de acuerdo. Te creo. Pero no confío en ti. Así que voy con ustedes.

-¡Wufei Chang....!

-De lo contrario, todos los presentes sabrán lo que está ocurriendo.

Zechs volvió a caminar en actitud molesta.

-¡Haz lo que quieras! ¡Adiós!

-Bien, si tú lo dices, haré lo que yo quiera.

Alegremente Wufei se fue detrás de ellos, jugueteando con un drogado Treize mientras Marquise lo medio arrastraba al auto.

Zechs cargó a Treize otra vez, que ya había empezado a divagar, hablando sin mucho sentido. Sentía aun más peso recargado en él, y pensó que se debía a que su amigo ya no hacía mucho esfuerzo en caminar por si mismo.

Wufei le había dado lata todo el trayecto a la casa de Treize, y hacía enormes esfuerzos para reprimirse mientras su imaginación se desahogaba visualizándose en mil y una formas de patear a ese impertinente jovencito. Se había visto obligado a detener el auto para quitárselo a Treize de encima dos veces, y una más cuando intentó juguetear con él, buscando cómo quitarle la máscara.

-¿No me vas a decir qué le diste?

-¡Maldición, ya cállate! -Abrió con grandes esfuerzos la rejilla del jardín, arrastrando a Khushrenada hasta la entrada de la casa, seguidos por Chang. -¡Quédate aquí!

Para ese momento, Treize ya se había recostado sobre su hombro.

-¡Mira qué listo saliste, Marquise! ¿Me piensas dejar afuera mientras quién sabe qué vas a hacer con él en su habitación? -Chang entró también, reclamándole vivamente mientras cerraba la puerta. -¡Por supuesto que no! Voy hasta donde lo lleves.

Zechs no tuvo más remedio que dejarlo entrar. Treize se le estaba cayendo, así que debía darse prisa para llevarlo hasta la habitación.

-¡Oh, demonios! ¡Haz lo que quieras!

Trastabillando, logró subir las escaleras junto con Khushrenada, entre sacudidas y palabras autoritarias para que avanzara en cada escalón. Tuvo que mostrarse frío cuando Treize alcanzó su cuello y trató de besarlo torpemente, provocándole un estremecimiento involuntario. Si lo dejaba, estaba seguro que no respondería de sí, y con un intruso con ellos, era lo peor que podría suceder.

-¡Treize, ya basta! ¡Sube la escalera!

Wufei mientras tanto, admiraba la casa, retrasándose un poco.

Finalmente, llegaron a la habitación, y Zechs logró acostar a Treize en la cama después de quitarle el saco y mover el cobertor y la manta. Fue toda una proeza.

Wufei se acercó, y sin decir una palabra, comenzó a quitarle los zapatos; Zechs sólo le quitó el reloj y la corbata en medio de un breve forcejeo, logrando evitar que pudiera acariciarlo provocativamente. Pensaba quitarle el pantalón del traje, cuando recordó que Wufei Chang estaba ahí todavía.

Treize rió levemente, y eso alertó otra vez a Marquise. Volteó a ver qué hacía, y su paciencia rebasó el límite al ver que el chino acariciaba los pies de Khushrenada con marcada sensualidad.

-¡Wufei Chang, es hora de que salgas!

-No lo creo. -Wufei intentó ir más allá de lo que hacía, pero Zechs lo alcanzó por un brazo, jalándolo lejos de la cama. -¡Auch!

-¡¡Ya sal de aquí!! ¡¡Largo!!

-¿Qué piensas hacer? -Wufei clavó su mirada oscura en la de Marquise y sonrió. -¿Le darás el beso de buenas noches?

-¡No me obligues a sacarte a golpes, niño!

-De acuerdo, de acuerdo. Ya salgo. -El chino no tuvo más remedio que obedecer. -Pero voy a estar contándote el tiempo, Marquise. No quieras pasarte de listo.

Zechs le cerró la puerta en la nariz con cierta violencia. Ya lo tenía harto.

Regresó con Treize y terminó de quitarle el traje, cubriéndolo con la manta de la cama. Después, se quitó la máscara.

Por espacio de un minuto, lo observó detenidamente, grabando cada detalle de su rostro, de su expresión serena en medio del sueño.

Se inclinó un poco sobre él mientras acariciaba su cabello y habló con tristeza.

-Treize, debo irme. No sé hasta cuándo podamos vernos otra vez, pero voy a estar cuidándote. -Lo abrazó cerrando los ojos, sobreponiéndose al dolor de esa separación, y sin poder evitarlo, buscó sus labios.

Sorpresivamente, Treize lo apresó en un descontrolado abrazo, respondiendo a la caricia, jalando al muchacho. Zechs tuvo que deshacer el beso, tratando de mantener el equilibrio.

-Nnno... quédate.... –El leve murmullo que Khushrenada le dirigía en una suave invitación amenazaba con seducirlo. -...quédate... por favor...

-Suéltame...

-... quiero hacer el amor contigo... por favor...

Esas palabras le arrebataron el aliento momentáneamente, y su propia ansiedad lo sobresaltó, minando la frágil resistencia que presentaba al abrazo.

Esta vez, fue Treize quien buscara apresar sus labios. No le costó mucho lograr que Zechs perdiera el equilibrio y cayera sobre él en la cama.

Marquise forcejeó un poco, pero después correspondió con fuerza al beso, con apasionada desesperación. Se dejó llevar por la deliciosa sensación aterciopelada de la lengua del mayor en la suya. Y de no ser porque Wufei tocó a la puerta, urgiéndolo para salir de ahí, tal vez habría cambiado de opinión. Habría mandado a Noin, a los terroristas y al mismo mundo al infierno con tal de quedarse, compartiendo esa pasión con Treize, tal y como había ocurrido en Viena, hacía tantos años...

Con un titánico esfuerzo logró levantarse de la cama, jadeando como animal en celo. Sentía que el corazón le traspasaría el pecho si no se calmaba. Se soltó de Khushrenada y besó su frente, antes de arroparlo bien y apagar la lamparilla que descansaba en la mesa de noche mientras se terminaba de poner la máscara.

-No ahora, Treize. Será en poco tiempo, te lo prometo. -Volvió a acariciar su cabello antes de irse definitivamente. -Adiós, amigo.

Wufei estaba en medio del pasillo con los brazos cruzados. Tenía una ligera mueca de disgusto en su rostro.

-Te tardaste demasiado.

No le respondió a eso. Fue a la habitación en la que solía quedarse, sacando sus cosas de ella, y regresó a su lado. Le señaló entonces esa habitación y habló con tono severo.

-La habitación de huéspedes. Puedes quedarte ahí.

-¿Qué?

-Yo me quedaré en la otra, la de este lado.

-¡Espera, espera! ¡No te quieras pasar de listo, Marquise! ¿Quién asegura que no regresarás con él en la noche?

Zechs clavó su mirada en la del chino con gesto homicida. Sacó del bolsillo de su pantalón dos juegos de llaves, poniéndoselas enfrente a Wufei.

-Son sus llaves y las mías. No hay más duplicados en esta casa. -Entró otra vez a la habitación, dejando las llaves sobre una cajonera. Acto seguido, salió poniendo el seguro de la puerta y cerrándola ante los sorprendidos ojos de Wufei. -Ni tú ni yo, señor Chang. Ahora, buenas noches.

Dicho esto, se dirigió a la habitación de Marimeia y se encerró también. Tenía que terminar con algunas llamadas antes de irse. Seguramente tardaría dos o tres horas más.

Wufei permaneció un momento ahí, sin saber exactamente qué hacer.

Pero finalmente sonrió al darse cuenta que había caído en un embrollo causado por él mismo. Un error de cálculo debido a sus finos caprichos.

Estaba en un país desconocido, en una casa en donde ni siquiera tenía ropa qué ponerse al día siguiente, lejos de todos sus allegados y conocidos, y lo peor del caso, dormiría solo esa noche...

Pensando en ello, se dirigió a la habitación que Marquise le señalara mientras estiraba los brazos en medio de un largo bostezo...

˜ ˜ ˜ ˜ ˜ ˜

Como notas adicionales:

1.- Al parecer, enredé el relato de tal forma que se ha suscitado una confusión respecto a la máscara que usa Zechs. Aclarando.

Él tuvo que fabricar la historia del accidente para que Treize no lo relacionara con el atentado de Cracovia. Por otro lado, la máscara de Uvex sólo la está utilizando como eso, una máscara para ocultarse, pues su cabeza aun tiene precio en los medios paramilitares de su país. Aunque si hubo un tiempo en que la tuvo que utilizar para corregir los injertos de piel que ayudaron a reconstruir su rostro, eso terminó cuando fue dado de alta del hospital de Virginia del Este, justo cuando se entera de que Treize es el nuevo campeón de la Fórmula 1. (final del capítulo 4). Espero que esta explicación sirva un poco para despejar las dudas.

2.- A todos los que han seguido esta historia, muchísimas gracias. Sus comentarios son muy valiosos para mi. =)

Y por si alguien quiere anexarse a las amenaz... ejém, a los reviews, dejo la dirección.

e-milio: elivaz@yahoo.com