
Después de pensar mucho si alargaba más la historia, me decidí por no hacerlo.
Originalmente, había pensado en contar lo que había pasado en la decisión de Treize al responsabilizarse de Leia y de la niña, sin embargo, el protagonismo no es entre ellos. Por eso he creído que lo mejor es hacer esto en breves cápsulas durante el desarrollo de la historia.
Y ya complaciendo a una personita muy especial, iniciamos con lo que había dado título al fic.
(¡¡Claus, amiga querida!! tu acoso... perdón, ¡tu apoyo me ha inspirado bastante! Un millón de gracias.) ^_^
Bueno, no me alargo más con las explicaciones; vayamos con la historia.
Espero que la disfruten.
Van Krausser
Los personajes de Gundam Wing pertenecen por entero a su creador, sus comercializadores y animadores televisivos.
Yo sólo los tomé prestados para este alucine =P
-- Diálogos
// pensamientos
"" anotaciones y señalamientos especiales
Capítulo Cuarto
---------- Una nueva vida...
Talleres BMW-Williams
Alemania, seis años después.
Treize observaba el área de pruebas con atención. Había una levísima arruga en su frente, ocasionada por la preocupación que vivía en esos momentos.
El piloto estaba forzando la máquina a condiciones indecibles, a pesar de las advertencias e indicaciones que el equipo técnico le había hecho, y apenas llevaban ocho vueltas en el anillo.
Quinze se acercó a él, sin quitar tampoco la vista del prototipo.
- ¿Qué piensas?
- Va a romper la máquina. La está forzando demasiado.
- Lo sé. Otto nos lo acaba de decir también. Pero Harkker no nos ha hecho caso.
Treize volteó con él, sonriendo irónicamente.
- Por supuesto. No está tratando de destrozar la máquina, está intentando sacarme de aquí.
- ¡Oh, vamos!
- Es la verdad, Quinze. No soy de su agrado.- Regresó su vista al anillo, y pudo ver cómo la máquina empezaba a arrojar humo. -Cada propuesta que he hecho a la directiva, él se encarga de destrozarla, literalmente hablando. No podremos avanzar contra Ferrari si continuamos con esos problemas.
Quinze asintió, pensativo, mientras ambos observaban a los mecánicos que corrían hacia el prototipo, totalmente detenido en una curva, sacando humo ya en cantidades industriales.
- Temo que tendremos que hablar seriamente con la directiva de Williams. Esto no puede continuar.
- Lo perderán como piloto titular si la directiva llegara a apoyarme a mi.
- No deberías preocuparte por eso. Podremos encontrar a otro piloto.
Treize volteó con él, y su sonrisa fue enigmática.
- Podrías tomarme en cuenta, aunque sea como piloto de pruebas.
Quinze volteó a verlo, sorprendido.
- ¿Tú, piloto de pruebas?
- Tengo varias horas de trabajo en simulador. Cuando estuve en la Armería Oz, el doctor J me permitía probar los programas recién adquiridos de las maquinarias y sistemas para los motores de los vehículos. Incluso alcanzamos a probar algunos vehículos reales, pero eso sí fue mínimo.
Quinze entrecerró los ojos, pensando en ello.
- ¿De cuántas horas estamos hablando?
- ¿Del simulador? Cuatrocientas doce en automotores, y trescientas en aviones. Reales, sólo ciento cincuenta.
Un silbido de asombro escapó de los labios de Quinze.
- ¿Y dices que son algunas? ¡Eso sí que es modestia, amigo! -y le sonrió con gesto de complicidad. -Tienes mi total apoyo, Treize. Has demostrado tener bastante talento. No creo que nos defraudes en esta área.
- Gracias, Quinze. No lo haré, cuenta con ello.
Volvieron a observar la escena que se desarrollaba en la pista, y Treize rió discretamente al ver los gestos y manotazos desesperados y furiosos de Harkker. No se rendiría ante él tan fácilmente. Sabía ser perseverante, y diplomático. Y esos eran puntos a su favor.
El teléfono celular lo distrajo un momento, y contestó la llamada con una enorme sonrisa al verificar el número del que lo llamaban.
- ¿Mary? ¡Hola, cariño!- Quinze le sonrió al escucharlo. Le agradaba verlo también en su papel de padre.- No, estoy en un lugar de pruebas. Si, un motor nuevo. Todo un éxito, pequeña. Si. ¿Y qué tal vas con tus tareas? No, no seas tramposa, Mary. Tu tía Middi se esfuerza demasiado para cuidarte, no la hagas tener problemas. No. Te veo el sábado, ¿si? Pórtate bien, hijita. Hasta pronto.
Cuando colgó, el otro hombre lo observó por un momento.
- Marimeia, me imagino.
- Si.- Treize sonrió con algo de melancolía.- Espero poder estar con ella todo el tiempo de sus vacaciones.
- ¿Por qué no te tomas la próxima semana para ir a Viena? Has trabajado bastante también. Además, eso me da tiempo para meter tu solicitud como piloto de pruebas a consideración.
- Me parece buena idea. Gracias de nuevo, Quinze.
- No me agradezcas. Te lo has ganado.- Una nueva ojeada a la pista, y Quinze decidió ir a los pits y hablar con el piloto. Eso era ya desesperante.- Tengo que hablar seriamente con este tipo. Te veo en las oficinas.
- O.k.
Sin embargo, Quinze alcanzó a ver que Harkker se quitaba el casco y la máscara protectora, y al localizar a Treize, después de apuntarlo por un momento, hacia una seña, como si le disparara un arma invisible. Una clara señal de amenaza. Volteó con Khushrenada, y sonrió al ver que éste no se había inmutado en lo más mínimo. Por el contrario, mantenía su leve sonrisa y su buen humor, a pesar de ese contratiempo y ese insufrible temperamento del piloto titular.
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Oficinas y talleres de la armadora Williams
Área de diseño.
Treize volteó a la puerta al escuchar el alboroto que se armaba en la entrada de los talleres.
Estaba en el área de diseño, estudiando la posibilidad de ampliar la capacidad del caballaje y resistencia del motor, cuando un enfurecido Harkker llegó hasta él.
- ¡¡Khushrenada!! ¡¡Maldito desgraciado!! ¡¡Preparaste el motor para que tronara a media prueba!!
Treize dejó el plano en el que trabajaba a un lado y se cruzó de brazos sin apartar la vista de la de Harkker, sin dejar de sonreír.
- Eso no es cierto. El motor funcionaba perfectamente bien. Además, los reportes de los técnicos mencionan que jamás hiciste caso de las indicaciones que te dieron.
- ¡Aparte de todo, me calumnias! ¿Quién demonios te estás creyendo para tratarme así?
Treize suspiró, tratando de evitar una pelea. Todo el taller estaba al pendiente de eso.
- Ralph, de verdad. No quiero tener problemas contigo. Estoy revisando los cálculos del motor para evitar que vuelva a ocurrir esto. Además, era la prueba del sistema nuevo…
- ¡Admítelo, imbécil! ¡Sólo di que no quieres trabajar conmigo! ¡Que lo hiciste deliberadamente para perjudicarme!
Treize lo observó fijamente, y negó con un gesto, levantándose del restirador con las manos en alto. La situación podría salirse de control, así que lo mejor era retirarse de ahí.
- Discúlpame, pero no voy a hacerlo. No es verdad, y no voy a admitir algo que no he hecho. Tengo muchas cosas por hacer, así que… te veo después.
Treize caminó unos pasos hacia las oficinas de la agencia, pero gracias a que se mantenía alerta debido a la actitud del piloto, al sentir que lo alcanzaba por un brazo, jalándolo con fuerza, logró esquivar el golpe que éste le intentara asestar, provocando con ese movimiento que el otro terminara en el suelo debido a su propia fuerza.
- ¡Maldito! –Se levantó y una vez más intentó golpearlo, pero esta vez Treize tomó la iniciativa. Le detuvo el golpe a corta distancia de su mejilla, y lo empujó contra la pared, sosteniéndolo con el rostro pegado al muro. -¡¡Suéltame!!
- ¡Te dije que no quería problemas, Ralph! ¡Deja de comportarte tan neciamente!
Ambos guardaron silencio al escuchar un crujido eléctrico a la entrada de las oficinas, y la voz de Quinze aumentada tremendamente debido al altavoz que sostenía en la mano.
- ¡¡SEÑORES, YA BASTA!!
Khushrenada soltó a Harkker y se alejó de él unos pasos, aun alterado por lo ocurrido.
- ¡Treize, Ralph, ambos a mi oficina! -El piloto volteó a ver a Treize con mirada asesina, y quiso irse, pero la imperativa voz de Quinze volvió a escucharse. -¡AHORA, HARKKER!
Treize bajó la vista, apesadumbrado. Había hecho todo lo que podía por evitar algo como eso, pero definitivamente, había sido imposible. Caminó con paso decidido hacia la oficina de Quinze, detrás de Harkker.
Diez minutos transcurrieron.
Harkker parecía fiera enjaulada dentro del pequeño cubículo, mientras que Khushrenada permanecía en su actitud diplomática, sentado en una de las sillas más alejadas que podía del piloto, volteando hacia el exterior del edificio a través de la ventana que mostraba el cielo claro. Quinze los observaba a ambos con mirada ceñuda.
- Ralph, siéntate.
- ¿Me vas a decir ahora qué debo hacer y qué no? –Harkker se le acercó con el escritorio de por medio, aun furioso. -¡¿Encima de que me haces soportar a este tipo...?!
- ¡SIÉNTATE! ¡Me estás poniendo nervioso!
Obedeció de mala gana, desparramándose en una silla junto al escritorio.
Quinze suspiró, y volvió su mirada a la puerta, impaciente. Los directivos de Williams se estaban tardando.
Con mucha precaución, intentó hacer que el piloto externara el por qué de su sentimientos de agresividad y repulsión hacia Treize.
- Bien. Sé que esto no debería trascender, pero tu comportamiento deja mucho qué desear. Conoces las condiciones del contrato, de las relaciones que deben mantenerse entre el equipo de trabajo y los pilotos, y aun no entiendo cuál es el motivo de tu afrenta con Treize. ¿Puedo saberlo?
- Me enferma.
Treize no volteó al escucharlo. Al parecer, ni siquiera él mismo sabía por qué lo detestaba.
- Ese no es motivo suficiente, Ralph. –Quinze se molestó también al escucharlo.
- ¡Es más que suficiente! ¿No lo ves? –Harkker se levantó otra vez de la silla y se acercó a Treize con actitud agresiva. -¡Se cree un sabelotodo! ¡Todo el tiempo ordenando, imponiendo! ¡Desde que llegó aquí se le han dado privilegios que a nadie se le otorgan así como así! ¿Qué demonios tiene de especial este tipo?
- Ralph...
- ¡Si decides no hacerle caso, por todos los medios intenta hacerte la vida imposible! ¡Tú lo has visto! ¡Tenemos cinco circuitos totalmente perdidos por eso! ¡Sus proyectos y supuestas “mejoras” no han ayudado al equipo!
- ¡Ya, Ralph! –Quinze volteó con él, también levantándose. -¡Siéntate! ¡No quiero otra escenita como la que armaste en el taller! ¡No aquí!
- Quinze, escúchame. –Treize se levantó también, manteniendo su mirada firme frente al piloto, hastiado por la manera como lo estaba insultando, y se dirigió a la puerta –No voy a ser motivo de justificaciones de Harkker. No voy a esperar la decisión de la directiva a ver qué pasa.
- Treize, no puedes irte.
- Claro que puedo. Mi lugar estuvo siempre en los talleres de los Civic de BMW. Al menos ahí no hay gente que intenta justificar su mediocridad conmigo.
- ¿¡¡Me estás llamando mediocre, Khushrenada!!?
Treize no le respondió, y salió del privado.
Antes de que Quinze abriera la puerta y saliera apresuradamente detrás de él, se encontró de pronto a Lady Une en el pasillo. Ambos se sorprendieron un poco al verse, y Treize le sonrió, a pesar del desagradable rato que acabara de pasar ahí adentro.
- Señor Khushrenada...
- Hola, Lady. –Se abrazaron fraternalmente, con gusto al saludarse. -¿Qué haces aquí?
- Me transfirieron de la agencia de BMW.
- ¡Treize...!
Khushrenada volteó con él, y lo presentó con Lady, sin darle oportunidad a reclamarle algo.
- Quinze, quiero presentarte a Lady Une. Ella es parte de mi familia también. Es tía de Mary. Lady, él es Quinze, mi jefe directo, y parte de la mesa directiva de Williams.
El aludido se sorprendió con esa actitud totalmente relajada de Treize, pero se mostró cortés con la recién llegada.
- Ho-hola.... gusto en conocerte, jovencita.
- Se integra al equipo de Williams. La transfieren de BMW.
- Eh... eso es genial. Treize. ¿Puedo hablar contigo? –Quinze estaba desconcertado. Sin embargo, sabía que debía detener a Khushrenada. –Sólo un momento.
- Si, por supuesto. –Treize volteó otra vez con Lady y le sonrió cálidamente. –No te vayas. Regreso contigo en unos minutos.
- Si, está bien.
Y mientras ella se dedicaba a curiosear prudentemente en los cuadros que había colgados a lo largo del pasillo, Quinze discutía con Treize.
- ¡...Sabes que es un necio! ¿Por qué le das gusto de esa forma, Treize?
- No le estoy dando gusto a nadie. Simplemente no quiero problemas, Quinze.
- Bien, entonces no te vayas. Ralph está bailando de gusto al saber que se libra de ti tan fácilmente.
- No me interesa lo que esté haciendo él. Sólo quiero asegurar mi tranquilidad. Ya he tenido demasiado en estos años como para soportar algo que no tiene sentido alguno. No me importa si él se queda con todo Williams y sus títulos, de verdad.
Quinze suspiró, aceptando que no podía hacer nada mientras la mayoría de la directiva no interviniera.
- Treize, ¿qué ocurrió con el decidido piloto de pruebas que me estaba convenciendo en la pista? ¿A dónde lo mandaste?
- No me chantajees, por favor.
Quinze bajó la vista ante la mirada seria de Treize. No lo convencería tan fácil.
- De acuerdo. –Levantó la vista hacia él una vez más, intentando escucharse totalmente sincero. –No voy a apelar a los chantajes ni a las amenazas. Pero antes de que decidas regresar definitivamente a BMW, tómate unos días, como lo estábamos planeando en la pista. No, es más. Tómate dos semanas de vacaciones. Tal vez esto se resuelva más fácil, y no tengas que estar lidiando con situaciones y tipos necios como Ralph. ¿Qué dices?
Treize cubrió sus ojos por un momento con la mano izquierda, en gesto cansado. Pero suspiró también, y aceptó.
- De acuerdo. Voy a tomar esas dos semanas. Pero si esto no está claro en cuanto vuelva de Viena, no hay vuelta de hoja, Quinze. Regreso a los Civic.
- Perfecto. - Mentalmente, Quinze agradeció al cielo que aceptara ese arreglo. –Pero no te me pierdas. Podría suceder algo antes de que se cumplan las dos semanas.
- O.k. Te firmo entonces el memorandum de los días a tomar. Nos vemos.
Quinze asintió con cierto aire de preocupación mientras se despedía.
Venía otra parte difícil... de hecho, casi imposible. Mantener alejados a Harkker y Khushrenada por medio de los votos y las decisiones de la directiva era como tratar de poner en marcha los motores de los protos sólo con los aceites, excluyendo a los carburantes que hacían posible que funcionaran...
Lo vio ir hacia donde estaba Lady, y al ver la manera tan familiar y jovial en que la trataba, supo que debía aprovechar esa relación para evitar que se fuera.
Si, definitivamente, esa chica era la respuesta a su problema.
----------------------La oportunidad...
Estación del Expreso de Viena, Austria.
Sábado en la mañana.
-¡¡PAPÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁ!!
Marimeia corrió hacia él gritando alegremente, con los brazos abiertos, preparados para atrapar en un enorme abrazo a Treize cuando lo tuviera a su alcance.
Treize se hincó frente a ella, soltando su equipaje, sonriéndole ampliamente.
La recibió también con un efusivo abrazo, en medio del andén, ante la mirada sonriente de las personas que estaban cercanos a ellos.
-¡¡Mary!! ¡¡Mi chica preferida!! –Treize se levantó con ella abrazada a su cuello, embriagándose con ese infantil despliegue de alegría, recibiendo los cientos de besos que la niña le daba en el rostro. -¡¡Cómo te extrañé, muñequita!!
Middie llegó hasta ellos con rastros de cansancio, pero también sonriendo ampliamente. Había corrido detrás de la niña por todos los andenes, mientras buscaban el que llegaba directo de Alemania. Y lógicamente, no la había podido alcanzar, hasta ese momento.
- ¡Treize!... ¡Mary!...
- Hola, Middie. –Treize bajó a la niña mientras saludaba a la muchacha frente a ellos y se inclinaba por lo que había soltado para abrazar a Marimeia. –Por lo que veo, aun no logras alcanzarla.
- Así es todos los días con ella. –Se saludaron con un beso ligero en la mejilla, y los tres echaron a andar por el andén, hacia la salida principal. –Es tremenda, pero la quiero mucho.
- ¿Es cierto? –Treize volteó con la niña, y ella sólo sonrió con expresión inocente. –Bueno, vas a descansar unos días, Middie. Tengo dos semanas de vacaciones, y planeo pasarlas totalmente con esta pequeña traviesa.
- ¿En serio? ¿Dos semanas? –La niña abrió los ojos en una alegre sorpresa, y brincoteó aun más feliz. -¡Dos semanas!
Middie sólo sonrió al verla.
- Es mucho tiempo. Pero me da gusto saberlo. De verdad le haces falta a la niña.
Ambos se observaron un momento en silencio, y la sonrisa pareció rehuir del rostro de ella. No sólo él le hacía falta, también su madre. Pero no deseaba mencionarlo. Al menos no enfrente de ellos.
Middie sabía que habían sufrido mucho la pérdida de Leia debida a ese monstruo que se había alojado silenciosamente en su cerebro, matándola lentamente.
Treize se había comportado de forma extraordinaria, con actitud serena y amorosa todo el tiempo que Leia había estado en medio de las últimas crisis.
Tanto para ella y su hermana Lady, el que Treize hubiese aceptado casarse con Leia al saber de su embarazo, aun después de haber reconocido su preferencia, aun después de habérselo dicho a la familia Une como una confidencia, y no cambiar en ese aspecto de su sexualidad, era de verdad sorprendente. Pero más que eso, era admirable para ellas cuando pudieron darse cuenta que él se esforzaba por mantenerse dentro de su matrimonio como esposo y padre modelo, todo por amor a la pequeña, y a la misma Leia. Por esas razones, la familia Une se había encariñado demasiado con él.
Sin embargo, el hecho de que Treize decidiera dejar a la niña al cuidado de la familia de su esposa era algo que los tenía desconcertados. Él les había comentado también, unas semanas después de haber sepultado a Leia, que temía por la vida de Marimeia al estar a su lado. Les había confiado que tenía la sensación de que una terrible maldición pesaba sobre él. Una maldición que arrancaba de su lado a las personas que más amaba, y por esa razón, no podía arriesgar a su hija.
Por ese motivo renunciaba a permanecer con Marimeia, y prefería mantenerse en contacto por teléfono casi diariamente. Y por supuesto, no fallaba cada fin de semana en llegar a Viena para pasar dos días con la pequeña.
Hasta ese momento, todos habían sobrevivido a esos arreglos y situaciones, pero no sabían por cuánto tiempo más podrían continuar así.
Mientras entraban a la casa, después de bajar del auto del padre de Middie, Treize recordó su encuentro con la hermana mayor de ella.
- Vi a Lady ayer. –Caballerosamente les cedió el paso.
- ¿En serio? Pero ella está en BMW, y eso está algo lejos, ¿no?
- La transfirieron. El problema es que no sé si yo me quede en Williams.
- ¿Por qué?
-Tuve algunos problemas con uno de los pilotos, y no quiero que eso deteriore el trabajo que estoy haciendo en cuanto al diseño de motores. Cuando regrese mi jefe me va a decir qué se decidió por parte de la directiva.
-¡Vaya! ¿Por eso tomaste vacaciones?
- En parte, si. –Acarició la cabecita de la niña, sonriéndole, y volteó nuevamente con Middie. –Pero el mayor motivo es Mary. Ya ameritábamos un tiempo juntos. ¿No?
Middie dejó la bolsa que llevaba y se dirigió a la cocina, volteando a verlo y asintiendo con un gesto. Sus padres estaban ahí también.
- Mamá, papá. Ya llegamos.
Treize y la niña la siguieron, tomados de la mano. Y el recibimiento fue como siempre, afectuoso y cordial de parte de ellos.
Desayunaron como familia, y después de eso, Treize y la pequeña hacían planes para los siguientes días que pasarían juntos. Middie se les unió, decidiendo un día de campo en ese primer fin de semana.
Treize disfrutó bastante esos primeros días con las dos chicas, pero los momentos en que más se veía que era feliz, olvidando todas las situaciones pasadas, los problemas, los momentos amargos, era mientras leía alguna historia para la niña. Pero lo que no mostraba después de ello, eran los recuerdos.
Cuántos recuerdos le traía hacer eso. Cuántas veces, después de que Mary dormía profundamente, al cerrar el libro que dejaran inconcluso para la siguiente noche, Miliardo venía a su pensamiento, al igual que esa promesa que había quedado sin cumplir.
Seis años... y sí, aun dolía recordar...
Middie y Mary reían alegremente al abrir la puerta principal, celebrando una victoria en la carrera que le ganaran a Treize para llegar a la casa.
Había pasado ya una semana, y Treize no recordaba los problemas que tuviera en Williams antes de ir a Viena. Sin embargo, ese fin de semana se daría la pauta para que su vida diera un giro nuevamente a su favor.
El padre de Middie lo esperaba con un mensaje directo de la gerencia de los talleres de Williams. Parecía un asunto importante.
-Treize...
-Ah, señor Une. Buen día.
-Te llamaron de Alemania, de la agencia.
Khushrenada se extrañó al oír eso.
-Le pedí a Quinze que no me molestaran...
-Me dijo que es muy urgente que te comuniques con él. Al parecer, pasó algo grave.
Treize asintió al escucharlo. Empezaba a detestar los teléfonos por ese motivo. Con sólo una excepción en su vida, esos aparatos siempre llevaban malas noticias...
-Si... gracias, señor Une. Me comunicaré allá inmediatamente.
Entró también a la casa, pero se quedó en el recibidor. Desde ahí, llamó a Quinze por el celular.
-¿Treize? ¡Gracias a Dios que te comunicas!
-¿Qué ocurre? Me dijeron que era urgente.
-Así es. Ralph se accidentó en los precalificativos de ayer, y no tenemos piloto suplente. Donn renunció hace tres días.
-¿Qué? Eso quiere decir...
-La junta directiva está de acuerdo en hacer un examen de tus habilidades. La semana pasada expuse tu petición como piloto de pruebas, y esto ha valido para que te tomen como posible candidato al lugar de Ralph.
Treize se quedó sin palabras un momento.
Él, piloto titular de BMW-Williams, con todas las oportunidades para pelear los campeonatos de la Fórmula 1.
-Pero... Mary...
-Ella entenderá. -Quinze siempre se había caracterizado por ser bastante bueno en el arte del convencimiento. Ese día, al parecer no era la excepción. -Imagínate qué puede ella pensar, si su papá se convierte en el piloto más famoso sobre el planeta. El campeón mundial del automovilismo... Sólo imagínatelo, Treize.
Un enorme silencio otra vez, y finalmente, la aceptación aun titubeante de Khushrenada.
-Bueno... pero quiero terminar esta semana...
-Imposible. Tenemos el campeonato de Hockenheim en quince días. No podemos aplazar esto.
-Quinze, no sé...
-Correrás el motor en el que estuviste trabajando. La junta directiva estuvo también revisando los proyectos y reportes del equipo de técnicos, especialmente los que Otto ha estado entregando, y estuvieron de acuerdo en eso. De hecho, el titular que correrías sería el proto totalmente modificado para el motor FW-26
Su diseño...
Era más de lo que podía esperar...
Y aceptó.
-Está bien. ¿Cuándo debo presentarme?
Casi pudo escuchar cuando Quinze se ponía a bailar de gusto con esa respuesta.
-Si es posible, mañana mismo, amigo. Hemos estado preparando todo para que no haya más demoras.
-Bien. Entonces, estaré allá mañana en la tarde. Adiós, Quinze.
-Cuídate, Treize. Y muchas gracias por haberme contestado.
Y la comunicación terminó.
Por varios minutos estuvo pensando en eso.
Era una gran oportunidad, pero también un motivo de separación de su pequeña. Aunque sabiendo que Lady estaba ya en Williams, ahora sería más fácil tenerla cerca.
Idearía una forma de que Marimeia no se quedara sola, que alguna de las chicas Une se quedara con la niña mientras él corría, o incluso, que ambas hermanas y Mary lo acompañaran mientras se llevaban a cabo los circuitos. Aun tenía tiempo para pensar en ello. Por lo pronto, debía decirles que se iba al día siguiente.
Encontró a Middie en el comedor, y le comentó lo ocurrido a grandes rasgos. Sin embargo, supo que su respuesta no sería aprobatoria.
-Debo irme esta noche, Middie. Me esperan para las pruebas mañana en la tarde.
-¡Pero estás de vacaciones!
-Lo sé, pero esto es un enorme inconveniente. Estuve pensando que podrían acompañarme en esta semana. La casa de Alemania es espaciosa para los tres, y podrían ver las pruebas, incluso el circuito de Hockenheim...
Middie permaneció silenciosa unos minutos. Y le sonrió después de pensarlo.
-Está bien, Treize. Pero siento que arriesgas demasiado en la relación con tu niña.
Treize suspiró. Sabía que tenía razón, pero no podía hacer otra cosa.
-Middie, escucha. Pensaremos en algo mientras llega el tiempo del circuito. ¿si?
-De acuerdo. Voy a empacar y a avisarle a mamá y papá.
Treize asintió, y subió a la habitación de la pequeña. Sería él quien le daría la noticia.
---------------El inicio de la fama y la gloria...
Talleres BMW-Williams
Alemania, al día siguiente.
Treize revisó por última vez el proto titular, en compañía de Otto, ahora como suplente después de la renuncia de Donn. Ambos eran diseñadores de máquinas y válvulas, y ambos conocían perfectamente el motor para el nuevo diseño. Por su parte, Otto había estado corriendo en el simulador, supervisado por Treize, y en ese momento en que él mismo lo había recomendado como titular, contaba con bastantes horas de práctica virtual. Sólo le faltaba la práctica real, y ese día, ambos lo harían.
Treize lo había alentado a hacerlo al descubrirlo un día, cuando el muchacho creyó que nadie lo vería, encendiendo el aparato para correr en él, fantaseando un poco. Cuando el mayor lo vio evadiendo los obstáculos y tomando las curvas y rectas ya con cierta maestría, supo que tenía un talento especial para la velocidad.
-Treize, el motor está listo. –Otto terminó con el ajuste de las válvulas y retiró las herramientas. –El otro está listo desde ayer.
-Bien, entonces es hora de llevarlos al óvalo. –Le sonrió con traviesa complicidad mientras se limpiaba las manos del aceite. -¿A quién estás dejando como encargado del equipo técnico?
-Aun no lo decido. –Otto hizo un gesto leve de enfado. –Ninguno de los muchachos tiene interés en pararse enfrente de los autos ni estar dando instrucciones. Pienso que no se sienten preparados para ello.
-Eso va a ser un enorme problema, Otto.
-Lo sé. Incluso, sé que hay muy buenos técnicos entre ellos, pero no quieren hacer más allá de lo que hasta el momento desempeñan.
-¿Has visto otras opciones?
Ambos se observaron mientras caminaban hacia los vestidores. Era tiempo de cambiar sus overoles de mecánicos, y vestir por primera vez los flamantes overoles de pilotos, con los emblemas de las dos compañías y los patrocinadores estampados en ellas.
-Hay varios candidatos, sólo personal nuevo. Mañana voy a entrevistar a uno de ellos. ¿Podrías estar en las entrevistas?
-Tú lo has manejado bastante bien hasta ahora.
-Pero esto es diferente. Necesito un consejo profesional, y ¿quién más que el que conoce el diseño mismo de los motores?
-Otto, no hagas eso. Puedo convertirme en un megalómano insoportable.
-¡Uy, no! –Otto hizo una graciosa cara de pánico. –Con Harkker es suficiente. No, olvida lo que te dije.
-Payaso –Ambos rieron con esa ocurrencia. Pero qué decir, el mismo piloto se lo había ganado. Gozaba de una espantosa fama de irascible e insoportable entre los técnicos y mecánicos de los pits, no sólo de Williams.
La prueba resultó todo un éxito.
Ambos motores, el prototipo hecho por Treize y el reconstruido en base a las mejoras que entre él y Otto le hicieran, habían aumentado el rendimiento y la velocidad, además de la resistencia a las condiciones de los imprevistos y las entradas forzadas de frenado y velocidad en segundos.
Podría decirse que eran un gran equipo, y que tenían muchas oportunidades para aspirar a buenas clasificaciones para el fin de semana previo a Hockenheim.
Y la directiva de Williams estaba sumamente complacida.
Al llegar a la entrada al óvalo, Lady, Middie y Marimeia esperaban a Treize bastante emocionadas.
-Mira esto, Otto. –Treize se comunicó por el sistema de radio que llevaba en el casco. –Ya tenemos incluso a nuestras animadoras.
-¡Quién lo diría! Famosos antes de la competencia.
-Señores... –La voz de Quinze los interrumpió un momento. –El ingeniero Williams y algunos miembros de la junta desean hablar con ustedes. Los esperamos en las oficinas.
-O.k. Quinze. Estamos ahí en unos minutos.
Al llegar a los talleres, mientras los otros técnicos de la escudería los ayudaban a salir de los protos, las tres chicas los alcanzaron efusivamente.
-¡Papá! ¡Estuviste genial! –Marimeia abrazó a Treize con su característica algarabía infantil. –¡Ganaste la carrera!
-No, cariño. Esto fue una prueba. La carrera es en una semana.
-¿Entonces por qué corrías tanto? Dejaste a Otto muy lejos de ti.
-Estábamos probando los motores y la resistencia del auto. –Treize le señaló el prototipo titular y buscó su mirada. –Este auto es nuevo, y por eso tenía que ver hasta dónde es capaz de llegar. –Después la llevó al otro auto. –Otto está practicando todavía con las curvas y los frenos de este auto, porque es primera vez que lo va a correr. Por eso no puede acelerar tanto.
-Pero tú nunca habías corrido uno de estos.
-No en toda tu vida, mi pequeña. –Le sonrió, dándole un beso en la mejilla. –Pero antes, en la fábrica de tu abuelo corrí varios autos y pilotee algunos aviones. Casi es lo mismo, por eso conozco estos modelos.
-Ah...
-Bien, Mary. Tenemos que ir a la oficina con los jefes. –Volteó con las hermanas Une y bajó a la niña al piso. –Nos vemos en un rato, para ir a comer los cuatro, ¿está bien?
-¡Hey! ¿No vas a invitarme a mi también? –Otto caminaba junto a ellos, viendo con cierta insistencia a Middie.
-Ah, por supuesto. –Treize sonrió con cierta complicidad al muchacho. –También tu, Otto. Quedas invitado a comer con nosotros. No creo que eso les moleste, ¿verdad, Middie, Lady?
Ellas sólo voltearon a verse, y asintieron levemente.
-Ya nos comprometiste, Treize. ¿Qué le vamos a hacer?
Les sonrió, y se dispuso a ir a las oficinas de los talleres.
-Puerta principal, a las cuatro. –Marimeia hizo el ademán de arrojarle un beso, y él de atraparlo. –Pórtate bien, Mary. Nos vemos.
Poco después, los dos caminaban hacia el privado de Quinze.
-Espero que hayamos calificado para ellos.
-Ten por seguro que si, Otto. Además, no se arriesgarían a perder el circuito por decisiones absurdas.
No se equivocaba.
Quinze los esperaba sentado detrás del escritorio, y los demás directivos, junto con el Ingeniero Williams, a su alrededor.
Cuando entraron, ambos se sorprendieron al ser recibidos en medio de aplausos efusivos por parte de los demás.
-Señores, el nuevo DreamTeam de BMW-Williams. Sé que no nos defraudarán, menos aun porque ustedes mismos lo vieron hace unos minutos.
-Quinze, exageras. –Treize los volteó a ver a todos, y no le dio mucha importancia al comentario.
-Claro que no. Mira. –Le señaló uno de los monitores que tenía enfrente, y se sorprendió bastante al ver los resultados en toma de tiempo de cada recorrido. –Rompiste la marca de Ralph en la segunda vuelta, en la quinta, sobrepasaste la del equipo de Ferrari, y en la séptima, rompiste tu propia marca, Treize. Es más de lo que esperábamos.
-Felicidades, ingeniero. –El ingeniero Williams se le acercó, estrechando su mano con alegre cordialidad. –Tenemos plena confianza que el premio de Hockenheim será nuestro el próximo fin de semana. Continúe así.
-Eh...ah... si, claro...
-Lo digo por ambos. –El ingeniero volteó a ver a Otto, también sonriéndole. Quinze le había comentado que era , por decirlo de alguna manera, protegido de Treize, así que era una garantía para el equipo, para la empresa, y en consecuencia, para sus acciones.
-Por supuesto. Gracias, ingeniero. –Otto sonreía ampliamente. Esa era una oportunidad de oro.
Poco después, ambos estaban con Quinze, solos.
-Bien, amigos. Ya lo vieron. Van a llegar muy lejos.
Treize asintió en silencio, pensando en miles de posibilidades, en pro, y en contra de eso.
-Treize –Quinze continuó con su discurso, motivado por la alegría que le proporcionara el saber que era ahora manager absoluto de la escudería. –Si completamos el triunfo en Hockenheim, serás el hombre más cotizado del planeta. ¿Habías pensado en esto?
-Si... y no me alegra, Quinze.
Él y Otto se sorprendieron al escucharlo.
-¿Qué...?
-Treize, amigo... ¿oí bien?
-Si, escucharon perfectamente bien lo que dije. –Treize se levantó de la silla, observándolos con seriedad. Se veía imponente enfundado aun en el overol del equipo. –Esto me resta tiempo para estar con mi hija. No quiero que cifres tus esperanzas en campeonatos fundados en una familia destrozada, Quinze.
-¿De qué hablas?
-Mary no podría acompañarme todo el tiempo, lo sabes. Y ambos sabemos también que ser piloto titular me compromete a ser activo de tiempo completo en la compañía. Y no quiero que eso suceda.
Quinze enmudeció por segundos, sorprendido.
-A...oh.... Treize... –Sabía que tenía razón. –amigo... todo esto es cierto, pero también podríamos arreglárnoslas para que eso no suceda. De hecho, sabes que tenemos a los mejores tecnólogos con nosotros, y si fuese necesario, si Mary accede, podríamos conseguir un maestro particular para ella... No le faltaría educación, y podríamos hablar que sería de la mejor en Europa.
-¿Y encadenarla a una vida de nómadas, sólo para tenerme asegurado?
Quinze se sentó en el escritorio, observándolo.
-Bien, entonces dime qué quieres hacer.
Treize se dio cuenta que no deseaba que eso ocurriera con su pequeña y él, pero al mismo tiempo, deseaba ser parte del equipo de pilotos, deseaba con todas sus fuerzas ser el titular de BMW-Williams...
Se encogió de hombros, y suspiró profundamente.
-No lo sé.
-O.k., O.k. Hagamos esto. –Quinze había previsto algo así, aunque había sido muy sorpresivo. –Corre en Hockenheim, gánanos Alemania, y nosotros pensaremos mientras en una solución.
Treize se mordió levemente el labio inferior, pensativo, y asintió sin cambiar su mirada grave. Se estaba arriesgando en muchos sentidos, y eso no le gustaba en lo absoluto.
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Velódromo de Hockenheim, Alemania.
Sábado, al mediodía.
La semana había transcurrido rápidamente.
Treize y Otto estaban algo preocupados debido al desempeño del Master del equipo de tecnólogos, pues no estaban muy convencidos de su eficiencia. No habían encontrado candidatos calificados plenamente para ocupar el puesto, así que habían designado a uno de los mecánicos que llevaba más tiempo en el equipo, pero la selección se hizo después de infinidad de problemas, bastantes trabas, y con muchas dificultades.
Treize volteó a las tribunas, a los lugares de honor de los directivos y accionistas que los verían correr, y sonrió levemente al ver a Middie y a Mary en medio de la multitud.
Sentía que eso era lo único que le daba fuerza para lograrlo.
-¿Estás listo? –La voz de Otto lo hizo reaccionar.
-Si. –Treize se sentó en el armazón metálico, asegurándose.
Se puso la máscara de protección y se colocó el casco, conectando el sistema de comunicación al proto después de que los técnicos lo ayudaran con el montaje de la parte superior. Volteó con Otto, y subió el pulgar, deseándole éxito en la carrera.
-Aquí vamos, amigo.
-Suerte. –El sistema les permitía comunicarse con los demás pilotos de la escudería, y al mismo tiempo, con la estación de monitoreo en la carpa de BMW-Williams.
El inicio de la carrera fue estresante.
Sin embargo, Treize logró colarse al primer contingente, después de batallar con varios pilotos de renombre y experiencia en los óvalos. Sentía que no podía fallar para ganar ese circuito, porque se lo debía a muchas personas...
Leia, por apoyarlo y amarlo incondicionalmente...
Quinze, por haber creído en él todo el tiempo...
... Marimeia... las chicas Une... Otto...
Entró varias veces a los pits, tratando de que la inexperiencia del master de tecnólogos no lo retrasara más de lo necesario, y agradeció al cielo que no sucediera nada de eso. Sin embargo, Otto no corrió la misma suerte.
Casi al final de la competencia, un error del master propició un accidente, haciendo que los dos técnicos que aprovisionaban el carburante casi fueran derribados por el auto. Eso los obligó a soltar la manguera, y al hacerlo, la fuerza con la que salía el líquido hizo que quedaran totalmente empapados con el corrosivo. Otto había visto todo por el monitor que llevaba en una parte del armazón.
-¡Otto! –Treize pasaba los pits en ese momento, y pudo darse cuenta del accidente. –¡Tu proto puede incendiarse! ¡Revisa tu costado!
No se equivocaba.
Tuvo que abandonar por algunos minutos, entrando a los pits de otra escudería en donde le señalaban en el monitor que lo auxiliarían para apagar el fuego provocado por el carburante.
Quinze, mientras tanto, gritaba a todo pulmón a los pits para que el equipo de tecnólogos se movilizara con los extinguidores y auxiliaran a los dos técnicos afectados.
Fue un desastre, pero pronto eso quedó atrás.
Treize peleaba por el segundo lugar con Eckbert y Sussett, aunque no era esa su meta. Tenía a la vista el proto de Ferrari, y no lo dejaría llegar a la recta solo.
Así que se dedicó en cuerpo y alma a alcanzarlo, dejando atrás por mucho a los otros dos pilotos.
Cuando el titular de Ferrari logró verlo detrás de él, se apresuró también a no dejar que tratara de superarlo.
Fue una batalla encarnizada. Ninguno de los dos pilotos cedía el lugar, uno intentando pasar, el otro defendiendo el posicionamiento.
Sin embargo, algo que Treize había aprendido en los entrenamientos con el doctor J, era a desafiar algunas de las leyes de la física por medio de sus propios apartados y excepciones.
Así que se dispuso a aplicar el principio de la fuerza centrífuga, y logró rebasar al piloto de la escudería Ferrari por la parte exterior de la última curva, sin frenar, acelerando con toda la potencia de la máquina, incluso arriesgándose a que esta no resistiera la presión a la que la estaba sometiendo, arriesgando los neumáticos, el agarre a la pista, arriesgándose a sufrir ahora él un accidente debido a la velocidad que llevaba.
Sintió la enorme fuerza de la velocidad en el volante, mientras lo dominaba con bastante trabajo... sintió la terrible presión de la adrenalina en su sistema nervioso...
Pero a pesar de todos esos inconvenientes, lo logró...
La bandera a cuadros ondeó sobre él, a segundos antes de que el auto rojo llegara también a la meta...
A partir de ese momento, todo fue como un sueño...
Pasó la tribuna, desacelerando paulatinamente, mientras toda la presión que había vivido en los últimos momentos comenzaba a hacer estragos en él, a pesar de que ésta se desvanecía.
No escuchaba ya la voz de Quinze, ni las ovaciones de parte de los espectadores... sólo sabía que ya podía dejar de preocuparse, así que continuó hasta la zona en donde estaba montado el podium, y se detuvo ahí, sólo para recibir la bandera y volver al circuito, en la vuelta obligatoria de victoria.
Ahí fue donde se percató de la enorme hazaña que había logrado... había ganado Hockenheim, para BMW-Williams, después de varios años de que esa posibilidad se viera muy lejana...
Había roto nuevamente la marca mundial de automovilismo en tiempos, y en desafíos directos a las leyes de la velocidad y de manejo...
De ser un temible competidor y rival para la escudería de Ferrari, se había convertido en pocos minutos en el hombre que los había vencido, en el nuevo campeón de la Fórmula 1.
Se había convertido en el piloto más cotizado alrededor del planeta... y eso le gustó.
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Hospital General para pacientes de quemaduras graves.
Sección de investigación y creación de piel artificial.
Virginia del Este, U.S.A.
El médico terminaba de cortar los vendajes del rostro del joven, y los quitaba con cuidado.
-Espero que sea ya la última cirugía correctiva a la que te sometemos, Zechs.
-Yo también lo espero, doctor.
La enfermera lo ayudó a quitar la última capa de vendajes, y ambos lo observaron. Antes de hablar, el médico sonrió, haciendo una indicación a la enfermera.
-El tejido reaccionó mejor de lo que esperábamos. -La enfermera regresó con él llevando un espejo, y al entregárselo, le sonrió. -Velo por ti mismo.
Durante algunos minutos Zechs observó la imagen que se reflejaba en el pequeño espejo, y sonrió también mientras le regresaba el mismo a la enfermera.
-No podía ser de otra forma. Gracias, doctor Duval.
-Bien. Debes continuar con el tratamiento de los reafirmadores dermatológicos para evitar que el trasplante sufra algún deterioro...
Poco después, salía del consultorio del médico por su propio pie, y continuó hasta la recepción, en donde lo esperaba su amiga, Lucrezia Noin. Sin embargo, ella no lo reconoció. Jamás había visto su rostro, ni sabía el color de su cabello, debido a que todo el tiempo que llevaba de conocerlo, él había usado una máscara especial para corregir los tejidos más profundos, y ésta le ocultaba toda la cabeza.
Se sentó a un lado de ella, y le sonrió. Por un momento, ella volteó con él, y también sonrió levemente, pero volvió su vista al televisor que tenían encendido en la sala de espera. Zechs iba a hablarle, cuando un nombre dicho por el comentarista deportivo de la sección del noticiario llamó su atención. Volteó también al aparato, y escuchó atentamente la nota.
"...el nuevo campeón de la Fórmula 1 en el Gran Premio de Alemania, Treize Khushrenada, después de una reñida competencia batió también los records de velocidad en una hazaña sin precedentes. En la breve entrevista que otorgó a nuestro corresponsal... "
No perdió detalle de la imagen televisada, mientras sentía que la emoción oprimía su garganta.
Después de tantos años volvía a verlo... a saber de él...
Zechs dejó de escuchar por un momento lo que decían en la televisión, pensando en lo que debía hacer para recuperar todo el tiempo perdido, mientras una leve sonrisa aparecía en sus labios.
Se levantó del silloncillo, viendo a Lucrezia, y finalmente le habló.
-Lucrezia.
Ella se levantó también al verlo ya con más atención.
-¿Z-Zechs...?
Asintió, mientras los dos caminaban a la salida del edificio.
-Debemos irnos. Hay muchas cosas por hacer.
Esta vez, todo sería diferente.
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