
Ejém...
Ceo que me he tardado un poco con el seguimiento de la historia. Pero tengo un pequeño justificante. He regresado a varias actividades que me tienen hasta el copete de trabajo, y bueno, eso ha retrasado mis ratos de inspiración, sin contar que en casa sigo sin computadora, que en los poquísimos tiempos de ocio en la oficina casi han desaparecido de la agenda, etc.
Pero no quiero que todo eso sea motivo de abandono. No, para nada.
Pues sin más, les dejo el siguiente capítulo.
V. K .
Capítulo Décimo Tercero
--------------------La resaca del día siguiente…
Reino de Barhaim.
Sábado, día del Evento de los precalificativos. 6:50 a. m.
Zechs empujó con cuidado al americano, quien dormía profundamente al grado de no despertar siquiera con el movimiento. Tomó el reloj un momento, verificando que la hora señalada para estar con el equipo no se le había pasado.
Se levantó aun adormilado, dirigiéndose al baño de la habitación.
Sin embargo, antes de entrar se detuvo, quedando frente al espejo sin proponérselo. Por varios segundos, observó lo que la fría superficie reflejaba de él, de esa habitación.
Un cuerpo usado. Un rostro culpable. Un corazón lleno de remordimientos...
Cerró los ojos tratando de quitar esos pensamientos de su cabeza.
Ya no había vuelta atrás. Debía superarlo y continuar con sus propios planes.
Sin detenerse por más tiempo, se encerró en el baño, decidido a salir de ese lugar lo más pronto posible…
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Reino de Barhaim.
Aeropuerto Internacional. 7:00 a. m.
El aeropuerto de Barahim rebosaba de una fuerte actividad esa mañana, precisamente por los recientes acontecimientos deportivos y sociales que la isla promocionaba para ese fin de semana.
Había un gran entusiasmo alrededor del tan esperado circuito local de Fórmula 1, en donde se habían apostado las voluntades financieras y de las grandes entidades corporativas europeas, y que tendría lugar precisamente, la mañana del sábado en precalificativos, y el domingo, en la competencia final.
Varios oficiales y personal de mantenimiento técnico apenas levantaron la cabeza de sus centros de operación para revisar que todo funcionaba a la llegada del enorme avión proveniente de Europa debido a la escala forzada.
Uno más, pensaron algunos. Uno más que llegaba, llevando a esas paradisíacas tierras un nuevo contingente de turistas, gente ansiosa de emociones fuertes, y acostumbrada a los lujos que lugares como ése solían brindar.
Sin embargo, no todos iban por ese motivo.
Un joven de aspecto ligeramente desgarbado salió del avión, sintiendo el golpe de aire caliente en su rostro. Aspiró profundamente antes de bajar por las escaleras que lo conducirían al pequeño transporte terrestre, mismo que se utilizaba para llevar a los pasajeros a las enormes y modernas salas de arribo.
Al fin, después de tantas horas de estar separado de aquel que le daba sentido a su vida, volvería a verlo. Y esta vez, nada evitaría que pudieran tener ese tiempo que tanto necesitaban para hablar.
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Hotel Embassador
7:05 a. m.
Zechs terminaba de vestirse, creyendo a Duo dormido.
-Zechs... –La voz adormilada del americano lo distrajo.
Volteó hacia la cama, expectante, encontrándose con la leve sonrisa que Duo le dirigía.
-Debo irme.
-Oye... ¿Qué va a pasar ahora?
El rubio no vaciló en su respuesta.
-Nada. Esto jamás debió ocurrir.
Al escucharlo, el americano se incorporó un poco, dejando que su cabello suelto se desparramara sobre sus hombros, dándole un aspecto desvalido, aunque su semblante mostraba un incipiente enojo.
-¿Nada? ¿Cómo que nada?
-Te lo dije desde un principio. Era una ilusión, sólo un juego que ambos aceptamos. No puede haber nada más.
Duo guardó silencio, recordando sus palabras, sus actitudes, recordando un acento alemán que mencionaba un nombre muy diferente del suyo mientras se desfogaba en él, al tiempo que él mismo llamaba a quien se encontraba lejano.
-Demonios... –Masculló débilmente, reconociendo que habían cometido un error.
Zechs tomó la máscara y la acomodó sobre su rostro sin voltear a verlo. Tenía prisa por salir de ahí.
-Sabías que así terminaríamos, Maxwell. Te lo advertí desde que puse la propuesta en el aire, justo en el comedor. Tú te empeñaste en seguirme.
-¡Maldito desgraciado! ¡Ya lo sé! –Duo se levantó de la cama, enredándose en la sábana. Sentía una amarga insatisfacción. –¡No tienes por qué recordármelo!
-Entonces deja de quejarte. Nadie más que tú y yo sabemos esto, y él no tiene por qué enterarse.
Duo entrecerró los ojos, viéndolo con marcado disgusto. ¿Cómo podía pensar que Heero no se enteraría? ¿Cómo podía subestimarlo de esa forma? Además… ¿Cómo se atrevía a tratarlo a él con esa absurda prepotencia, como si nada de lo ocurrido importara ya?
-¡¿Cómo se te ocurre decir eso?! ¡Heero se va a enterar, a pesar de lo mucho que tratemos de ocultarlo! – Se acercó al rubio con gesto iracundo. -¿O ni siquiera te interesaste en conocerlo cuando estuviste con él?
Marquise lo observó por el reflejo de la enorme luna, sintiendo más profundamente el malestar arraigado en su ánimo. Sintió unas repentinas náuseas, pero logró controlarse.
-Si sigues con tus necedades, Duo, es cien por ciento seguro que sabrá lo que ha pasado. Olvídate ya de esto.
-¡¿Qué lo olvide?! ¡¡Acabo de cometer el error más estúpido de mi vida!! ¡¿Y sólo se te ocurre decir que lo olvide?!
Zechs hizo un gesto de enfado, dándose la vuelta para dirigirse a la puerta y salir de ahí. Sin embargo, Duo se interpuso en su camino. El rubio lo observó fijamente, con mirada fría.
-Déjame pasar, Maxwell.
-¡Zechs, tenemos qué decírselo!
Esta vez, Marquise fue quien replicó.
-¡¿Pero te has vuelto loco?! ¡¡Nos matará a ambos!! –Sujetó al trenzado por los hombros, sacudiéndolo en un intento desesperado de hacerlo reaccionar a lo que decía. –¡¿Cómo piensas decirle que tuviste un desliz con quien odia?! ¡¿Crees que te va a dejar entero después de esto?! ¡¡Él no es de los que se quedan sin hacer algo!!
Los ojos del americano se abrieron desmesuradamente al escucharlo, al comprender que no se lo estaba diciendo como meras suposiciones. Era parte de una confesión velada.
-¡Oh… por…! ¿Lo engañaste? ¿Por eso es su enojo hacia ti?
Zechs sintió un vuelco en su estómago, al tiempo que lo soltaba. Intensos recuerdos lo asaltaron otra vez, dejando sin respuesta las preguntas de Duo.
Sintiendo que la culpabilidad lo estrangulaba, empujó bruscamente al americano mientras se apresuraba a salir de la habitación.
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Reino de Barhaim.
Evento de los precalificativos. 7:35 a. m.
Carpa de la escudería BMW-Williams
Wufei se había quedado en la carpa de BMW-Williams, interesado en los movimientos que se llevaban a cabo en todas y cada una de las áreas que conformaban la escudería completa.
Deseaba ver las pruebas del prototipo que correrían ese día, además de su motivación continua de estar cerca de Khushrenada, aunque estuviera vetado en cualquier otra circunstancia que no fuera amistosa.
Estaba entre los tecnólogos del equipo de Williams, siguiendo con bastante interés el desarrollo de las pruebas.
Treize había decidido ser el piloto del prototipo, y hasta el momento, llevaba un tiempo impresionante. Otto había mejorado demasiado en el manejo del monoplaza que él dejara como titular.
En cualquiera de los casos, se veía que las mejoras y avances en los equipos podrían darle a Williams una enorme posibilidad de alcanzar clasificaciones importantes, y muy probablemente, la victoria. Aunque todavía había dudas.
A pesar de que no se usaba el carburante fabricado por la compañía Winner, Trowa y Quatre permanecían juntos, con el pretexto de monitorear el comportamiento de los carburantes sobre el equipo, además de que mantenían de cerca la vigilancia de los instrumentos de medición y radares para el cálculo de velocidad de los protos.
Todo indicaba que la prueba se superaría sin ningún contratiempo, pero en una de las últimas vueltas planeadas, Treize se comunicó con Trowa. Su voz se escuchaba tranquila, pero había una ligera nota de urgencia en ella que el latino reconoció.
-Trowa...
-Te escucho.
-Prepara los extintores. Tengo una falla grave en el conducto de alimentación derecho.
Barton se tensó levemente al escucharlo. Y no hizo que Treize repitiera la orden.
Rápidamente se levantó de la silla en la que estaba y empezó a girar órdenes a todos los tecnólogos del equipo. Quatre lo veía con cierto temor al darse cuenta de la precipitada movilización que estaba organizando mientras se colocaba bien el overol.
-¿Qué ocurre?
-Hubo problemas. –Trowa sujetó su casco en una mano y un extintor en la otra. Antes de ir hacia la camioneta de apoyo, le dejó una recomendación al rubio. –Quédate aquí. Puede ser peligroso.
-Pero...
-Por favor. –Dándose un poco de tiempo, Trowa bajó el extintor al piso y acarició la mejilla del árabe con ternura. –No temas. Hemos manejado situaciones como estas antes. Estaré bien.
No muy convencido, Quatre asintió. Trowa lo besó fugazmente y volvió a sujetar el extintor. Hecho esto, corrió hacia la camioneta de apoyo y subió a ella justo cuando arrancaban.
Wufei se acercó a Quatre con algo de nerviosismo. No estaba acostumbrado a ese tipo de movimiento en situaciones de emergencia, y no sabía a quién preguntar. Así que decidió quedarse junto al rubio.
-¿Qué pasa? ¿Por qué hubo tanto alboroto?
-Aun no lo sé. Pero espero que no sea algo de riesgo.
------------------------- Inesperados cambios de velocidad…
Con paso firme, el recién llegado atravesó el lobby del hotel, dirigiéndose a la zona en donde sabía, había una habitación reservada para él y su pareja.
Le daría una sorpresa enorme.
No lo esperaba hasta medio día. Así que tendrían tiempo para reconciliarse de la inútil discusión que habían tenido antes de separarse.
Había tomado la decisión de que jamás volvería a dejarlo de esa forma. Jamás volvería a tomar como prioridad sobre Duo un comunicado de la agencia.
Heero encontró la puerta de la habitación entreabierta, y tuvo un sobresalto.
Duo nunca hacía eso. Mantenían una disciplinada conducta de seguridad entre ellos, aun cuando no estuvieran en medio de alguna misión.
Sacando cautelosamente la pequeña arma que llevaba entre sus ropas, abrió un poco más la puerta, encontrándose con una escena poco familiar.
El interior estaba envuelto en sombras, con las cortinas aun cerradas, la cama revuelta y bastante desordenada, y la ropa del americano esparcida por varios muebles. Había una sábana abandonada cerca de la puerta.
Caminó sigilosamente hasta la cama, revisando con atención cualquier detalle que pudiera darle alguna pista de lo ocurrido ahí, tratando de no hacer conjeturas por sí mismo.
Un leve sollozo desde el baño llamó su atención, pero al momento de voltear hacia ahí, descubrió un reloj plateado en una de las mesillas de noche. Sin embargo, no le hizo mucho caso.
Llegó hasta el baño, abriendo la puerta con cuidado.
Duo estaba adentro de la bañera, llena a la mitad, acurrucado de forma dolorosa. Sollozaba levemente.
Heero guardó el arma un tanto aliviado, pensando que su trenzado aun estaba dolido por la manera como se habían separado. Así que se acercó, arrodillándose a un lado de él.
Sin embargo, al sentir que había alguien ahí, Duo volteó. Y su expresión aterrorizada al descubrir de quién se trataba lo alarmó.
-¡Oh, por Dios! ¡Heero...!
-Si. Soy yo. –Intentó abrazarlo, pero el americano lo rechazó violentamente. -¿Qué pasa, Duo?
-¿Q-qué haces aquí?
-Vine tan pronto como pude desocuparme de la agencia. Quería que resolviéramos lo que quedó inconcluso. –Aun preocupado, trató de hacer que el trenzado reaccionara a lo que le decía. –Duo, sé que todo este malentendido tiene arreglo. Por favor, déjame acercarme.
-¡No! -Duo ocultó su rostro entre sus manos, llorando con mayor sentimiento. -¡Demonios, Heero! ¡No debías llegar a esta hora….!
-Pero… -Heero intentó acercarse varias veces a él, pero fue rechazado sin ninguna explicación. Entonces, en su impotencia, recordó el reloj que había visto, y que había desconocido. –Duo… ¿Qué pasó mientras no estaba?
El trenzado levantó el rostro de entre sus manos al reconocer el cambio en el tono de voz de su pareja. Algo había sido evidente para él. Heero no despegó su mirada interrogante de la del americano, con un terrible presentimiento rondando su mente.
-¿Q-qué hiciste? ¿Por qué…?
Heero estrechó su mirada al ver el enorme desconcierto y la culpabilidad reflejados en los hinchados ojos del otro. Esas simples preguntas habían sido claves para saber que algo ahí estaba realmente mal, algo que por más que Duo intentara encubrir, jamás podría hacerlo.
“Zechs…”
Se levantó y con paso rápido volvió al dormitorio. Se detuvo frente a la mesilla de noche y agarró el reloj entre sus manos temblorosas.
-No... –Pudo reconocerlo con dolorosa precisión. Una fina pieza de relojería, marcada con una firma italiana de renombre, y dos iniciales inconfundibles en uno de los extremos. –No... no...
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Treize aminoró la velocidad, buscando la camioneta del equipo con cierta desesperación.
La presión en el alimentador había subido de forma alarmante, y cabía el riesgo de incendiarse si el auxilio no llegaba a tiempo. Por otra parte, la manguera principal estaba en muy malas condiciones. No había soportado el nivel de presión que el carburante había originado, y ahora silbaba de manera peligrosa.
Logró alcanzar la explanada que seguía a la curva, y retirarse lo más que pudo de cualquier persona que estuviera por ahí. Era una de las principales precauciones que tomaba en casos como esos.
Se detuvo totalmente justo en el momento en que la camioneta auxiliar llegaba a la explanada, así que por un momento, se relajó.
Trowa alcanzó a ver el lado derecho del monoplaza, dándose cuenta que el corrosivo empezaba a escapar de la manguera con una presión que no habían previsto, y tuvo un presentimiento. Así que trató de alertar a Khushrenada por medio del sistema de intercomunicación.
-¡Treize, sal del auto! ¡Rápido!
Saltó antes de que la camioneta se detuviera, cerrando la visera del casco y empuñando con fuerza el extintor mientras corría hacia el monoplaza.
Treize zafó la última armella de la estructura cuando lo escuchó, y volteó hacia donde sabía que estaba el problema. Entonces se percató que le había dado menos importancia a eso que lo que en realidad debía.
De un fuerte empujón, abrió la estructura del monoplaza y alcanzó a salir, justo en el momento en que la manguera se rompía, dejando que un chorro de carburante lo golpeara en el hombro derecho, deshaciendo casi instantáneamente la cobertura protectora del overol, alcanzando su piel en poco tiempo.
Fue toda una proeza que el equipo de tecnólogos lograra sofocar el incendio del monoplaza que había surgido casi al momento en que Treize saliera. La volatilidad del carburante había sido sorpresiva.
Sin embargo, fue mayor la proeza que Trowa tuvo que realizar para poder quitarle el overol lleno de corrosivo a Treize sin que éste lo tocara más de lo debido, y contener la herida que el combustible había hecho en su hombro y que se extendía hacia la espalda y el pecho del piloto.
Entre Barton y otro de los tecnólogos lo llevaron a la camioneta y lo hicieron subir a ella. Treize no se había quejado en todo ese tiempo de las quemaduras, pero era para no alarmarlos más de la cuenta. El dolor lo hizo perder el conocimiento.
Trowa condujo la camioneta con Treize a bordo, gritando órdenes por el intercomunicador y buscando el radio que lo pondría en contacto con Quatre.
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El japonés volteó hacia el baño al escuchar la voz del americano marcada aun por el llanto. Sólo se había envuelto en la toalla, sin quitar el exceso de agua en su cuerpo.
-No es lo que crees…
No pudo apartar sus ojos fríos y suspicaces del rostro de su pareja. Duo por el contrario, no logró sostener su mirada por más de cinco segundos.
-Cada vez que alguien dice eso –conjeturó el recién llegado mientras su mano se cerraba con fuerza sobre el reloj. -… es porque en realidad sí es lo que uno cree.
-N-no, Heero… déjame explicarte…
Duo levantó la vista hacia él al escuchar sus pasos dirigiéndose hacia él. Tembló involuntariamente, y supo que si le decía algo estúpido, jamás volvería a verlo.
-No quiero explicaciones, Duo. Te dije claramente que no te acercaras a él, que era riesgoso que lo hicieras. –Se detuvo a pocos centímetros del americano, mostrándole el reloj del rubio. Su voz mostraba una temible calma. –Quiero que me digas en dónde está.
El trenzado palideció notablemente.
-N-n-no lo sé…
Con fuerza nacida por la rabia de saberse traicionado de esa forma, Heero lo sujetó por los hombros y lo sacudió, empujándolo contra uno de los muros.
-¡¡No me mientas!! ¡¿En dónde está?!
-¡¡Heero, me estás lastimando!!
Al escucharlo, separó sus manos de él, alejándose algunos pasos. Duo temblaba, aunque sabía que no lo tocaría. Jamás lo había tratado en esa forma, y aunque lo merecía, sabía que no levantaría su mano contra él.
Se sintió miserable.
Heero apretó los puños, y sin hablar, salió de la habitación.
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Quatre respondió al llamado del latino desde el radiotransmisor que estaba cerca de él.
-¡Quatre! ¡Preparen el equipo médico!
-¿Qué pasó?
-¡Avisa a los médicos que llevamos un herido de quemaduras por carburante! ¡Ellos sabrán qué hacer!
Quatre palideció al escucharlo. Pero hizo todo lo posible para que la impresión no le ganara a su sentido común.
-¡S-si! ¡Voy enseguida...!
Dejó el radio de lado y se apresuró a cumplir la orden. Wufei lo siguió, sumamente intrigado.
-¡Oye! ¿Qué ocurrió?
-Traen a un herido... por quemaduras químicas. Pero no sé nada más.
Llegaron a la zona del dispensario, y en pocos segundos, Quatre pasó la orden a la encargada del equipo médico.
Justo en esos momentos, Quinze y otros miembros de la mesa directiva llegaban con ellos. También se habían dado cuenta del alboroto, y exigían saber lo ocurrido.
-¡¿Puede alguien decirme qué rayos está pasando?!
La médico en jefe de Williams, Sally Poo, lo confrontó con actitud serena, pero molesta.
-Deje de gritar, Quinze. Parece que hubo un percance, y vienen para acá.
Quinze palideció también al escucharla, y casi automáticamente buscó a Quatre.
-¿Treize? –El rubio asintió al escucharlo. -¡Por todos los cielos! ¡Uno de estos días ese hombre se va a matar!
Wufei entonces sujetó a Quatre por las solapas abiertas de la chaqueta que vestía, sacudiéndolo con algo de brusquedad.
-¡¿Era Treize el herido?! ¡¿Por qué no me lo dijiste?!
-¡¡Auch...!!
-¡Quinze, y usted también, salgan de aquí! –Sally Poo los regañó por segunda ocasión, tratando de mantener el orden en el dispensario, haciendo que el oriental soltara a Quatre.
-¡¡Aquí vienen!! –Uno de los directivos alcanzó a ver la camioneta auxiliar justo cuando entraba hecha un bólido. -¡¡Apártense!!
Trowa llegó hasta ahí, y de manera rápida, coordinándose con varios paramédicos, bajaron a Treize de la camioneta, internándolo en el dispensario hacia la zona de tratamiento de quemaduras químicas, en donde varios asistentes médicos se hicieron cargo de él.
La encargada del lugar hizo que Trowa también saliera.
Todos los allegados a Khushrenada se encontraron de pronto fuera del dispensario, viéndose unos a otros sin saber qué más podrían hacer.
Lo único que quedaba ahora era esperar.
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Se vistió con lo primero que encontró. Sin embargo, no quiso perder tiempo en ponerse zapatos.
Duo salió en precipitada carrera detrás de él, pensando en cómo podría detenerlo antes de que asesinara a Marquise.
-¡¡Espera!! ¡¡Heerooo!! –Lo alcanzó en un estrecho corredor cercano al área donde las habitaciones de Ferrari habían sido destinadas. Se interpuso en el camino, evitando que pudiera continuar. –¡Heero, escúchame!
-Apártate, Duo.
-¡No! –Se aferró a su camisa con los puños crispados, aun dudando de lo que debía decirle. Sin embargo, la mirada cargada de ira del japonés lo decidió. -¡Esto no lo provocó él!
Heero dejó de forcejear por quitarlo de su camino, y su semblante se ensombreció aun más.
-¿Qué quieres decir con que no lo provocó él?
Duo lo soltó, dejando sus brazos a los lados de su cuerpo. Bajó la cabeza un poco, sin apartar su mirada violeta de la del japonés.
-No… e-es decir… si, pero no… -Esta vez desvió la mirada hacia un lado, tomando aire con cierta desesperación. Debía decirle. -Estuve pensando en nosotros, en la relación que llevamos... en las últimas discusiones que hemos tenido…
La tensión en el otro aumentó. Sin embargo, Duo continuó hablando, buscando su mirada con cierto temor reflejado en la suya.
-¿Lo vas a justificar?
El americano respondió sólo con un movimiento negativo de su cabeza.
-Quería saber lo que había sucedido entre ustedes. Quería saber por qué cuando lo viste dentro de este enredo del tráfico de armas y terrorismo, tu reacción fue más de molestia y enojo que otra cosa. Tú jamás me respondiste, por eso busqué respuestas con él.
-¡Te di las respuestas que necesitabas! ¿Qué más te hacía falta?
-¡No fueron respuestas claras! ¡Jamás me dijiste por qué lo aborreces, si pude ver que lo habías amado con desesperación! ¡Estaba celoso… y… y muy molesto contigo!
Heero se cruzó de brazos, exasperado al ver la infantil reacción de su pareja. No era la primera vez que se mostraba de esa forma, pero ahora había un elemento más en todo eso.
-¡No voy a admitir tus reclamos esta vez, Duo! ¡Algo muy serio está ocurriendo entre tú y yo, pero no te da ninguna justificación a lo que has hecho! ¡Sabes que todos nuestros problemas tienen una solución viable, correcta! ¿Por qué no intentaste buscarla?
Duo permaneció unos segundos en silencio, recordando la conversación con Marquise en el lobby la tarde anterior, y el incidente que Heero y él tuvieran días atrás, antes de separarse.
-Estaba asustado… no sabía si ibas a escucharme después de la pelea que tuvimos… no sabía si la relación era rescatable… no después de que me dejaste hablando solo, antes de que abordaras el avión…
-¡¿Cómo puedes decir eso?! –Un muy leve, pero doloroso jadeo se escuchó en la voz del japonés. -¡¿Cómo puedes ser capaz de decirme que por una suposición, buscaste tu satisfacción egoísta a la primera oportunidad?! ¡Nunca pensaste en mi, Duo!
El americano pensó en ello, bajando la cabeza levemente.
No. Nunca tuvo un momento de reflexión para Heero en todo ese tiempo.
Finalmente, después de un tenso y silencioso minuto, su voz se escuchó en una grave aceptación.
-Heero… Si hay alguien que ha sido culpable de todo esto, ese soy yo. Marquise no tuvo que ver con mi decisión.
El japonés descruzó los brazos, bajándolos a sus costados en actitud derrotada,
Sin decir una palabra, se dio la vuelta y se alejó de Duo, dirigiéndose al área de recepción del hotel.
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Ajeno a lo que ocurría en un corredor cercano a su habitación, Zechs terminó de arreglarse, sumido en profundos y nefastos pensamientos.
Sin haberlo deseado conscientemente, volvía a cometer los mismos errores que años atrás había hecho.
Había jugado con la sensibilidad de una persona, pero esta vez había destrozado la confianza de quien menos lo hubiera deseado. La culpabilidad lo hacía sentir un profundo vacío, y la única forma de remediar todo ese enredo era encarar cada problema, y solucionarlo.
Tendría que hablar con Maxwell, disculparse con él y tratar de evitar que Yuy descubriera lo ocurrido entre ellos.
Debía también buscar a Treize y explicarle el por qué de su estúpida manera de comportarse. Explicarle quién era, desenmascararse ante él y ganar el tiempo perdido, a la vez que podría avanzar en la investigación que llevaban junto al agente de la policía alemana.
Lo haría en cuanto saliera de ese cuarto.
Tomó el casco del uniforme, acomodando la máscara en su rostro, y suspiró mientras veía por última vez su imagen frente al espejo.
-Pronto dejarás de existir, Zechs Marquise… -Habló al reflejo con voz apenas audible. –Creo que no te extrañaré.
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Durante los 45 minutos que pasaron desde el momento en que Treize había sido llevado al área de tratamiento de quemaduras, Wufei, Quatre, Trowa y Quinze estuvieron con los nervios de punta, esperando que alguien les dijera cómo se encontraba. Otto se les había unido, dejando las pruebas para más tarde, ya que tuviera alguna noticia de su amigo.
Mientras Lady Une y otra joven asistente en la escudería preparaban un poco de te para tranquilizarlos, la doctora encargada del dispensario, Sally Poo, salió hasta donde se encontraba el grupo, sonriendo levemente. Buscó al manager del equipo, y se le acercó.
-Quinze, el ingeniero Khushrenada pidió hablar con usted.
Todos se levantaron al escucharla, acosándola con preguntas de todo tipo, interesados en saber el estado de Treize. Sin embargo, ella sólo levantó las manos un poco, imponiendo silencio.
-¡Tranquilos! Escuchen. El ingeniero está bien, sólo sufrió quemaduras de segundo grado en una pequeña área del hombro derecho. Lo demás en su espalda y pecho no tardará más de una semana en sanar.
-¡Oiga, doctora! –La imperativa voz de Wufei se dejó oír entre ellos con un leve toque de ansiedad. -¡Queremos verlo! ¿Nos dejará entrar?
-No en estos momentos. Sólo Quinze, por requerimiento del ingeniero.
-¡Pero no es justo! ¡Esto sólo es un dispensario! ¡Las absurdas reglas hospitalarias no deberían imponerse aquí!
Sally clavó su mirada penetrante en la del oriental, en una especie de reto. Ese joven impertinente estaba colmando su paciencia.
-Nadie, salvo Quinze, repito, podrá entrar a verlo. Así que tendrán que esperar.
-¡Hey, oiga…! –Wufei intentó detenerla cuando ella se dio la vuelta sin mayores explicaciones. Sin embargo, la doctora no perdió la compostura, pero dejó muy clara su posición en el equipo y la empresa a la que pertenecía. Volteando nuevamente hacia él, habló con enorme seguridad.
-Escuche, jovencito. Este dispensario es MI responsabilidad, al igual que la salud de todo el que ingresa en él. Las “absurdas reglas hospitalarias” que dice no deberían emplearse aquí, son globales, y son para asegurar a los heridos y convalecientes a recuperarse de manera íntegra. Así que entiéndalo. En MI área, personas como usted no van a tener resultado en sus exigencias. Con permiso.
Wufei se quedó de una pieza al escucharla. Y un pesado silencio siguió a las palabras de la doctora Poo, en parte por la forma como había sorprendido a todos al encarar a Chang de esa manera.
Quinze la siguió, volteando a ver al oriental con una leve sonrisilla. Eso era histórico.
Una mujer había dejado callado al “Príncipe de las Constructoras”. Treize tenía que saberlo.
Por su parte, Quatre y Trowa decidieron ser discretos y retirarse. Ya el manager les avisaría de su reunión con Khushrenada, y qué decisiones se tomarían en base a eso. Así que, sin esperar que Wufei se recuperara de la impresión, ambos abandonaron el dispensario.
Lady le llevó una taza con un humeante y aromático te al chino. En parte para bajarle el impacto de ese pequeño tropiezo personal.
-¿Un poco de te, señor Chang?
----------------------------- Poniendo los pies sobre la tierra...
Hotel Embassador
Salón de eventos y conferencias reservado para BMW-Williams.
3:05 p. m.
El equipo de tecnólogos y los integrantes de la mesa directiva de ambas compañías habían llegado puntualmente a la junta emergente.
Treize y Quinze fueron los últimos en presentarse, en parte porque esa junta se había realizado a petición de ellos.
El Ingeniero Williams los observó a ambos mientras tomaban sus respectivos lugares y se preparaban para dar inicio a la junta. Pudo ver que, a pesar del percance sufrido, Treize se mostraba tranquilo y seguro. Quinze, por el contrario, se veía ligeramente alterado, e inusualmente pensativo.
Quatre y Trowa se habían sentado juntos. Justo en el momento en que Treize inició con el tema prioritario de la reunión, el árabe buscó por debajo de la mesa la mano del latino. Éste lo sujetó con firmeza, sintiendo el nerviosismo del rubio, y tratando de infundirle ánimos con ese toque, aumentado con un ligero apretón y la sonrisa leve que le dirigió. Ambos sabían lo que ocurriría al término de la reunión, y era doloroso aceptarlo.
-Señores, buenas tardes. Sé que a estas alturas, todos están enterados del percance sufrido en los pre-calificativos esta mañana. –Un ligero murmullo se levantó entre los asistentes, pero no evitó que Treize continuara. –No hubo situaciones qué lamentar, pero el factor de riesgo se salió totalmente de nuestro control.
El Ingeniero lo interrumpió.
-Treize, me enteré que tú resultaste herido...
Khushrenada le sonrió, negando levemente. Quinze se mostró enfadado al ver eso.
-No fue grave, Ingeniero. Es de mayor prioridad lo que ocurrirá mañana, sin el titular dentro de la competencia...
-¡¡Por todos los cielos, Treize!! –Esta vez, Quinze fue quien interrumpió. -¿Cómo puedes decir que esto no ha sido grave? ¡¡Sufriste quemaduras de segundo grado!!
La vista de todos los presentes paseó de uno a otro en varias ocasiones. Sin embargo, Treize no se inmutó. Sonrió con mayor amplitud, levantando una mano para pedir silencio y atención.
-Son riesgos que se corren en este negocio, Quinze. Los conoces, al igual que todos nosotros.
-Pero... - Quinze tuvo que sentarse y tranquilizarse cuando Otto lo sujetó por un brazo.
-Como dije antes, no hay situaciones qué lamentar, gracias a Dios. Tranquilízate. –Su mirada serena recorrió todo el lugar, y continuó. –Bien, creo que lo que sigue es el verdadero asunto a considerar. El prototipo no está listo. Correrlo en las condiciones en las que se encuentra resultaría catastrófico, así que la decisión es contundente. No correrá. Serán los autos normales los que saldrán mañana a la competencia.
Otro murmullo aun más fuerte se dejó escuchar, antes que el Ingeniero Williams tomara su turno en la reunión. Todo el equipo de tecnólogos y pilotos sabía lo que diría.
-Eres nuestro consultor, Treize. Se hará tal como dices.
Khushrenada asintió, y volvió a hablar.
-Si, gracias. Por otra parte, la decisión inicial con respecto a los resultados de las pruebas continúa. El prototipo falló, se retira. En consecuencia, yo también me retiro.
Quatre apretó la mano de Trowa con fuerza, haciéndolo respingar ligeramente. Treize notó el movimiento, y fijó su atención en ellos, pensando que no los había tomado en cuenta al emitir el fallo. Retirándose él, Quatre debía hacerlo también. Su decisión los obligaba a separarse antes de lo previsto.
Los claros ojos de Quatre se clavaron en los suyos por algunos momentos, hasta que él mismo rompió el contacto cuando volteó con Trowa, hablando sólo para el latino.
La junta duró varios minutos más, mientras se decidían detalles técnicos y medidas emergentes que se pondrían en marcha para el siguiente día. Después de eso, todos se despidieron de Treize, y poco a poco salieron del salón de reuniones.
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Treize buscó a la pareja, encontrándolos en el área de elevadores.
Habían sido los primeros en salir, silenciosos y ligeramente cabizbajos. Aunque nadie más que Treize lo había notado.
No iba a ser causante de una tristeza para esos dos. Así que había decidido irse solo.
-Quatre... –Habló antes de que el ascensor llegara. Los dos jóvenes lo voltearon a ver. –Necesito hablar contigo. Serán sólo cinco minutos.
El árabe asintió.
-Está bien... Trowa...
-Si, entiendo. Te espero...
Trowa iba a despedirse, pero el mayor habló otra vez.
-Trowa, no te vayas. Esto les concierne a los dos. –Ambos voltearon a verse un tanto extrañados, pero volvieron a prestar atención a Khushrenada. Éste les sonrió. –Tendrás que continuar sin mí en la tarea de consultoría.
Quatre lo observó, intrigado.
-¿Qué quieres decir?
-Que sólo yo me retiro. La condición sólo era válida en el funcionamiento del prototipo. En ningún momento hablamos del monitoreo del carburante.
-Pero eso está implícito, Treize.
-No necesariamente. Recuerda que el monoplaza de Otto también lo usa. Así que no podrás abandonar la isla hasta que las competiciones terminen.
Quatre lo pensó, pero no se mostró muy entusiasmado. Trowa los observaba con sumo interés.
Finalmente, el rubio fijó su mirada decidida en la de su socio.
-Treize, vinimos como empresa y nos iremos como tal. Si te retiras, yo lo haré en el mismo momento.
Desconcertado, Khushrenada intentó convencerlo una vez más.
-Pero no es necesario...
Sin embargo, Quatre no desistió ante la insistencia del mayor.
-Si, sí lo es. Las condiciones establecidas nos atañen a ambos. Los dos somos la empresa en su totalidad, y no debemos perder la perspectiva del trabajo fortalecido en las decisiones conjuntas. No hay vuelta de hoja.
Treize lo observó un momento, pensando en eso. Y comprendió su postura. Nada de lo que le dijera lo convencería para que cambiara su opinión. Así que cambió su estrategia.
-De acuerdo. Nos iremos mañana en la tarde, después de las competiciones.
Quatre fue ahora quien se desconcertó.
-¿En la tarde? Pero...
-Si, así podrás estar en la carpa, aunque no lleves el monitoreo. Yo tengo algunas cosas qué arreglar todavía, así que esto me quita presión.
-Pero...
Sin embargo, Trowa comprendió que lo hacía por ellos. Le sonrió discretamente y asintió.
-Quatre, está bien. Nada malo sucederá si me quedo unas horas más. –Volteó a ver su reloj, y tomó eso como excusa. –Bien, entonces los veo mañana. Debo ir al centro de negocios.
-¿Mañana? ¿No bajarás a cenar?
-No, ordené servicio a la habitación. Hay muchas cosas pendientes aun, y quisiera terminar con todo eso. Nos vemos.
Sin decir más, se retiró hacia el Lobby del hotel mientras revisaba la agenda electrónica que llevaba en la mano.
Trowa y Quatre dejaron de verlo cuando el ascensor indicó que llegaba. Entraron al cubo en silencio, pensativos. Hasta que el rubio externó sus pensamientos.
-Trowa ¿No te parece extraño?
-¿Qué? ¿El que decidiera estar solo en estos momentos? –El latino metió las manos a los bolsillos de su pantalón, buscando la mejor respuesta. –Yo no considero algo raro que una persona necesite un tiempo para reflexionar, Quatre. Han pasado muchas cosas en muy poco tiempo, y me imagino que no desea verse afectado por eso.
Quatre asintió, volteando hacia el exterior, perdiendo su vista en el impresionante paisaje que se extendía ante ellos. Sin embargo, Trowa continuó hablando.
-No me extrañaría tampoco que esto lo haga por no toparse con Marquise.
A la mención del piloto de Ferrari, Quatre volteó con él, intrigado.
-¿Con Marquise? ¿Por lo de las demandas y todo ese asunto legal?
Trowa entonces lo observó con cierta suspicacia. Pudo darse cuenta que el rubio no sabía más allá de eso.
-Me parece que te has perdido de algunos detalles, Quatre. Treize y Marquise tienen una historia extraña en común, bastante lejana a los asuntos legales. –El rubio parpadeó varias veces, sorprendido por esa revelación. Trowa sonrió, sacando las manos de su pantalón mientras se le acercaba. –Imagino que Treize no te ha dicho nada de esto.
-N-no... El árabe se dejó abrazar, ligeramente impactado.
-¿Te gustaría escuchar esa historia? Podría contártela a la hora de la cena.
Quatre sonrió al escucharlo, permitiendo que Trowa lo atrajera delicadamente hacia su cuerpo.
-¿Por qué en la cena? ¿Por qué no me la cuentas ahora?
-Porque ahora... –Los labios de Trowa invadieron los del árabe en un beso cargado de deseo. Y sólo se rompió el contacto para terminar la explicación. -...creo que no podría hablar mientras te beso...
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Notas, aclaraciones, abucheos, les dejo mi e-milio elivaz@yahoo.com