por Van Krausser

 

Bien, ya que tenemos el permiso expreso, firmado y con bendición doble y triple, va en este capítulo una esperada situación para varias personitas.

 

Y para quienes están pensando en acecharme y machacarme por eso…. jejeje… No, aun no salgo del bunker. Precaución ante todo…

 

Bueno, es temporal, es algo fuera de lo normal… digámoslo… maquiavélico. Pero en cierta forma, le da más sentido a varias situaciones que deben desarrollarse a futuro.

 

Todos estos sucesos tienen lugar en un tiempo continuo, en el transcurso de algunas horas. Y esto comprueba también la teoría de que cualquier cosa puede suceder en fracciones de segundos o de minutos.

 

Pero no todo ocurre en esa misma noche. La última sección de este capítulo es parte de las consecuencias de todas las acciones tomadas en esas horas intensas.

 

Bien, ahora si. Advertidos quedan. Lloren… digo… disfrútenlo.

 

Un abrazo.

 

Van Krausser

 

 

Capítulo décimo segundo.

 


---------------Serie de eventos desafortunados + pasiones disolutas + celos

= ¡Oh por Dios! ¡Qué demó…!

 

Comedor principal del hotel Embassador.
Reino de Barahim, noche anterior a los precalificativos.
8:45 pm. Después de la junta con el equipo…

 

 

 

Treize se sentó en una silla cercana al lugar que ocuparía el ingeniero Williams y su esposa.

 

Estaban todos los tecnólogos, toda la escudería, y por curiosas circunstancias, la mayor parte de los inversionistas y hombres de negocios de BMW-Williams. Personas que casi nunca asistían a eventos de automovilismo.

 

Aunque reconoció que era una ocasión especial. La familia real de Barahim estaba poniendo su mejor esfuerzo por abrir su país al mundo, por mostrarlo como un lugar lleno de lujos al alcance de todos aquellos que desearan invertir con ellos.

 

Así que no habían escatimado al organizar ese evento, un Circuito de Celebración, una competencia amistosa. Y tampoco al hacer extensiva la invitación no sólo a los equipos que competirían, sino también a las empresas que los respaldaban.

 

Quatre se sentó cerca de él, junto a Trowa. Así que con discreción los observó.

 

Ambos se veían felices. Era evidente que habían dado ya el paso más importante, y vivían prácticamente en un sueño.

 

Viéndolos a ellos, Treize sintió nostalgia. Y ese sentimiento lo hizo recapacitar en lo ocurrido durante todo ese día.

 

Tal vez era tiempo de buscar a alguien, de no temer a una posiblemente imaginada maldición, creada en medio de una absurda paranoia. Tal vez era tiempo de aceptar que no debía estar solo...

 

Así que repasó sus posibilidades.

 

Pensó primero en Wufei, pero casi en forma instantánea un escalofrío lo recorrió al imaginarse en una situación "extrema" al lado de ese joven excéntrico. Rápidamente desechó el pensamiento.
 
Una mirada celeste ocupó entonces sus expectativas.

 

Zechs Marquise.

 

¿Quién mejor que él?

 

Lo había conocido durante su breve estancia y camaradería en Williams, y había permitido que el muchacho entrara en su vida de manera espontánea. Era a quien le hubiese gustado hablarle de sus temores, de sus sentimientos, de sus sueños y sus pensamientos, porque desde el principio, Zechs lo había buscado a él, no a la imagen del piloto de carreras, del hombre arriesgado, del líder que tiene un séquito de fans por el poder de la mercadotecnia...

 

Si, así era. Zechs lo había conocido bastante bien. Y lo había hecho volver a ilusionarse.

 

Por ello, no había duda alguna. Era a quien deseaba tener a su lado.

 

Pensó que debía darle una oportunidad, esa misma noche, si era posible. Así que debía buscarlo para hablar con él, para saber qué era lo que el rubio tenía qué decirle.

 

Tal vez después de la cena podría buscarlo...

 

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Zechs entró al comedor acompañado por un llamativo joven. Éste vestía de manera formal, y lucía una enorme sonrisa en su rostro.

 

Duo se había esmerado un poco más en su arreglo, sabiendo que compartiría mesa con uno de los más codiciados hombres de ese mundo de altas velocidades. Así que se había vestido pensando que la imagen que luciría ante todos debía estar a la altura de Marquise.

 

Aunque estaba un tanto nervioso, ya que tenía la leve sensación de que Marquise se le estaba insinuando de forma demasiado sutil.

 

Iba a seguirle el juego, pero sólo por un rato. No podía arriesgarse a que Heero se enterara de que, por un descuido, dejara que Marquise hiciera lo que quisiera con él.

 

No lo iba a permitir.

 

Sin embargo, Zechs tenía sus propios planes.

 

Había trazado una estrategia, y pensaba seguirla al pie de la letra.

 

Sabía que había posibilidades de lastimar sentimental y emocionalmente al joven Master que lo acompañaba, pero si eso lo acercaba a Treize, bien valía la pena intentarlo. Trataría de no ser cruel, y de que los daños fueran mínimos.

 

Así que puso manos a la obra.

 

La estrategia del rubio era buena.

 

Había buscado la mejor ubicación, precisamente justo en donde Treize pudiera tener la mejor vista de todos sus movimientos.

 

Haría lo mismo que él le había hecho. Le haría pensar que podría desplazarlo fácilmente de su vida, que a él tampoco le faltaban pretendientes y oportunidades. Lo haría sufrir un poco.

 

 

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Mientras atendía a una pregunta que le hacía el Ingeniero Williams, Treize alcanzó a ver la figura imponente del rubio al momento en que hacía su entrada al recinto.

 

“Zechs… “

 

Mostrando una leve sonrisa, siguió con discreción los pasos de Marquise. Hasta que descubrió que se instalaba en una mesa cercana a ellos, acompañado por un joven de cabello largo y presencia llamativa. En ese instante, sintió que su sonrisa amenazaba con desaparecer.

 

Sin embargo, reaccionó casi al momento.

 

“Khushrenada, deja de pensar cosas absurdas.” Se regañó a sí mismo al ver que sus sentimientos se ponían en guardia por algo que tal vez sólo imaginaba.

 

Desechó cualquier pensamiento que lo alertaba acerca de un posible desplazamiento por parte de Marquise, imaginando que podría ser otro miembro del equipo de Ferrari.

 

De hecho, muchos de los miembros de la escudería italiana estaban ahí, desperdigados por todo el lugar. Al parecer, no acostumbraban la camaradería que se respiraba en otros equipos, tal como estaban ellos ahora. Mesas enormes y cercanas. Todo el equipo junto.

 

-¿Treize…? –Quatre lo hizo dejar de lado su intranquilidad. -¿Y qué hay del diseño del nuevo Civic?

 

Se despreocupó entonces al pensar que no tendría que estar buscando al rubio por todo el hotel. Sólo tenía que estar pendiente cuando Zechs se retirara para ir detrás de él.

 

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Zechs lo había visto mientras llegaban a la mesa y ocupaban sus lugares.

 

Sentía cierto nerviosismo en Duo, pero no era algo que le impidiera seguir adelante.

 

Aun a través de la máscara, mostró una expresión complaciente y seductora. Se veía que no era la única vez que adoptaba ese gesto.

 

Con plena confianza de que Treize no perdía detalle de sus movimientos, Zechs dio inicio a la charada que había pensado, le funcionaría para acercarse otra vez a él. Clavó su vista en la del americano, dando paso a una plática demasiado trivial.

 

-Me dio gusto saber que Heero continúa en el medio policial. Aunque sea dentro de la CIA.

 

-Es muy buen agente. He aprendido mucho con él.

 

-¿Cuánto tiempo llevan juntos?

 

-Bueno… yo fui reclutado apenas hace un año y medio. No estaba muy seguro de querer pertenecer a esta agencia, pero hubo algunos acontecimientos que me hicieron tomar la decisión.

 

-Imagino que uno de ellos fue conocer a Yuy.

 

-Ehm… no exactamente. Lo conocí después de haber aceptado la invitación de la agencia. –Duo se revolvió nervioso en la silla. Sentía que la conversación se estaba saliendo de control, así que intentó evitarlo. –Pero creo que no estamos aquí para hablar de mí y de Heero…

 

Duo se puso alerta. No creyó que hablarían en un sentido personal.

 

Un solícito camarero les llevó las cartas del recinto.

 

Mientras las revisaban, el mismo camarero abrió una botella de vino, sirviendo las copas de ambos.

 

-Tenemos tiempo para hablar de eso, de la misión y de muchas otras cosas. - Marquise se adelantó a pedir un platillo para ambos, dejándole ver al americano que estaba en pleno control de la situación. –Dicen que es uno de los más recomendables.

 

-Ah, bien. Gracias…

 

Zechs entonces retomó el hilo de la conversación. Duo maldijo en silencio.

 

-Me dijiste que Yuy viene hasta mañana en la tarde. No creo que haya problema si prolongamos un poco la velada.

 

“Yo y mi bocota…”

 

El trenzado enrojeció mientras asentía con un movimiento muy leve. Su imaginación lo hizo ver de pronto a Marquise con expresión depredadora.

 

-B-bu-eno… esteee… si, mañana llega… y debo encontrarlo en el autódromo….

 

Zechs recargó el codo izquierdo en la mesa, al tiempo que subía el antebrazo para sostener su barbilla sobre la palma de la mano. Le sonrió al americano sin quitarle la vista de encima mientras tomaba su copa de manera elegante y cataba el contenido de la misma en un movimiento sutil.

 

-Es evidente que Yuy sigue teniendo buenos gustos. Eres hermoso.

 

-No hagas eso… -Duo se incomodó aun más. No podría deshacerse del bochorno que teñía sus mejillas si el rubio seguía con comentarios halagadores. Aunque tuvo que reconocerlo, su vanidad estaba siendo mimada como hacía mucho no sucedía. Heero y él habían caído en una etapa de rutina, y lo que sucedía ahora lo emocionaba. –Heero no se fijó en mí nada más por mi apariencia…

 

Marquise tomó un pequeño sorbo del vino, pero no despegó la copa de sus labios, jugando un poco con el cristal en ellos.

 

Duo lo observó con algo de curiosidad, dándose cuenta que las insinuaciones del rubio habían dejado de ser sutiles desde hacía buen rato. Sonrió con algo de satisfacción al sentirse deseado.

 

Entonces, Zechs fue aun más directo. Le sonrió una vez más al bajar su copa a la mesa.

 

-¿Cómo te conquistó?

 

Duo sintió que su cuerpo entero brincaba ante la pregunta. No lo esperaba.

 

-Eh… no…

 

-¡Oh, vamos! Es sólo una pregunta. Ya deberías haberte dado cuenta que soy curioso.

 

Duo vio entonces su oportunidad para saber lo que Heero no le había dicho. Por otra parte, si Marquise jugaba, le demostraría que él también sabía jugar. Su mirada se hizo ligeramente provocativa, retadora.

 

-Primero dime cómo te conquistó a ti.

 

Zechs entendió el movimiento. Pero supo que eso facilitaría las cosas.

 

-Déjame ver… Te molesta saber que Heero y yo tuvimos algo que ver en el pasado, ¿cierto? -El americano rió quedamente, aunque esa risa leve encerraba muchos sentimientos contradictorios. –Tranquilízate. Él no me conquistó. Fui yo quien hizo que las cosas sucedieran.

 

-Él no me dijo eso.

 

El camarero llegó en esos momentos con ambos platillos, sirviéndolos eficientemente en el lugar de cada uno. Zechs casi no prestó atención a su plato.

 

-No tenía por qué, especialmente si nunca lo creyó así. –La máscara evitó que el impulsivo trenzado pudiera ver su verdadera expresión. Sabía que había cautivado por completo la atención y la curiosidad del muchacho. –Te dije que tiene muy buen gusto. Lo comprobé cuando me vio sin la máscara…

 

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La cena en las mesas de Williams fue servida en esos momentos, y Treize fue acaparado por varios de los tecnólogos, por Quinze y en cierta forma por Quatre y Trowa, quienes le habían pedido que hablara acerca del nuevo motor que se estaba trabajando para las Civic de última generación. Khushrenada había dejado el proyecto ya terminado en BMW, listo para el proceso de construcción y ensamblaje, poco antes de renunciar a la empresa.

 

Era una deuda moral, según había dicho.

 

Y por supuesto, no pudo negarse a la insistencia que sus amigos mostraban.

 

Prácticamente la atención no sólo de los miembros del equipo se centró en él; también algunos accionistas cercanos a su mesa estaban interesados en ello. Así que, entre cucharadas de sopa, ligeros tragos de vino y picoteos al platillo principal, Treize no pudo dejar de hablar.

 

Sin embargo, ocasionalmente volteaba hacia la mesa de Marquise, observando lo que sucedía entre el rubio y su acompañante…

 

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La mirada de Duo se ensanchó al escucharlo. Nunca hubiera imaginado eso.

 

-¿Ha visto tu rostro?

 

-Un par de veces, antes de las últimas cirugías reconstructivas. Pero puedes estar seguro que lo que él conoció de mi es cosa del pasado. Lo que lo hizo acercarse fue su compasión, y lógicamente, su entusiasta instinto proteccionista. Eso lo hizo perder la cabeza por mí.

 

Duo frunció levemente el ceño. Una punzada de celos comenzaba a molestarlo.

 

-Pero no sentías nada por él.

 

-No… aunque no puedo negar que es muy buen amante. Disfrútalo mientras estén juntos. -Marquise sonrió, llevando su vista más allá de él. Entonces se inclinó hacia el americano, bajando la voz un poco, en un tono de confidencialidad. -Aunque si quieres comprobar quién es mejor, podríamos hacerlo. Yuy no se daría cuenta…

 

Fuertemente sorprendido e irritado por la insolencia, Duo no reparó en que Marquise se acercaba un poco más a él, alcanzando su mejilla con la punta de sus dedos, rozando de forma muy leve su piel enrojecida…

 

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Todo permaneció tranquilo, hasta el momento en que le pareció ver que Zechs le sonreía por algunos segundos, y acto seguido, levantaba una mano y acariciaba levemente la mejilla del muchacho trenzado, que para ese entonces estaba sonrojadísimo.

 

“¡¿Pero que…?!”

 

-Treize, el Ingeniero Williams te hizo una pregunta.

 

Con enorme dificultad quitó la vista de esa escena cuando Quinze lo regañó. Tuvo que obligarse a que la sorpresa sufrida no le ganara terreno, volteando a donde estaban sus interlocutores, sonriendo a pesar de todo.

 

-S-si… -Carraspeó muy cuidadosamente al escuchar el hilo de voz que había salido de su garganta. No debía dejarse llevar por eso. –Si, Ingeniero. Perdón, me distraje por un momento. ¿Me decía?

 

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El rubio sonrió cuando vio el desconcierto de Treize.

 

Había visto su reacción a esa jugada imprevista, y se sintió satisfecho.

 

Sin embargo, Duo reclamó el atrevimiento de Marquise.

 

-¿Qué diablos se supone que estás haciendo?

 

-Lo siento. No pude resistirlo. De verdad que eres hermoso.

 

-¡Y tú un engreído, vanidoso y ...!

 

-¿A qué le tienes miedo? –Volvió a su pose seductora y lo miró directo a los ojos. Su sonrisa continuaba intacta. –De hecho, si yo fuera Yuy no te hubiera dejado solo. Atraes las miradas de todos, y tal vez ya haya alguno que otro planeando acercársete.

 

-No sé qué estás tratando de probar, pero te equivocas si crees que…

-¿Él fue tu primera vez?

 

Duo se sonrojó aun más con eso.

 

-¿Eh…?

 

-Que si él fue el primero en tu vida. Porque de ser así, entonces no has vivido realmente.

 

-¡Hey, hey! ¡Guarda tu distancia, Marquise!

 

Zechs recorrió un poco la silla hacia el lugar del americano. Eso había sido para medir bien el terreno. Por esa reacción, supo que había acertado.

 

-Escucha, Duo. Sé que eso de las fidelidades hacia tu príncipe azul y todo eso es maravilloso, pero también es sólo un gran cuento de hadas. Te lo digo por experiencia. Llega un momento en que la relación se hace monótona y aburrida, y necesitan inyectarle algo de vida para evitar eso.

 

Por un momento, Maxwell sintió como si lo golpearan en el estómago. ¡Eso era precisamente lo que estaba ocurriendo con ellos! A veces llegaba a pensar que se aburría al lado de Heero.

 

-…Por otra parte, yo no considero una infidelidad el tener una relación casual, si tienes plena seguridad del amor que sientes hacia tu pareja. Imagínate, es como si todo el tiempo comieras un mismo tipo de alimento. Es lógico que llegue a cansarte. ¿Acaso te vas a negar a tener un delicioso postre de vez en cuando?

 

La expresión del trenzado casi lo decía todo, así que Marquise continuó con eso.

 

-Por ejemplo. En estos momentos imagino que extrañas a tu pareja. Y yo sabiendo eso, podría pedirte que me dejaras besarte. Eso te daría margen para pensar que estás besándolo a él, y no habría ningún problema, porque yo se que lo amas a él, y esto es sólo un pequeño cumplido para ti.

 

Duo hizo un puchero curioso. A decir verdad, él y Heero habían discutido agriamente antes de separarse, poco después que el japonés le avisara que debía reportarse a Washiongton, sólo él.

 

-No quiero que te sientas mal, sólo estoy conversando contigo. –De manera muy sutil, Zechs se acercó aun más, atrapando la mano del trenzado mientras lo envolvía en su acariciante mirada. Duo tragó saliva ruidosamente, en un estado de pánico inminente.

 

-N-no lo parece… -Tartamudeó al ver que el rubio prácticamente ignoraba sus intentos por alejarse de él.

 

Entonces, hasta ese momento tuvo conciencia plena de que una fuerte ansiedad le estaba nublando el pensamiento, al tiempo que disparaba su imaginación. ¿De verdad, podría no ser tan malo?

 

Besar a Marquise… “juguetear” un poco con él…

 

Tal vez no.

 

Después de todo, Heero lo había hecho a un lado, y como le aseguraba el rubio, no tenía por qué enterarse…

 

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Treize no quiso saber hasta dónde llegarían los escarceos del rubio con ese joven.

 

Sobreponiéndose a la dolorosa sensación que lo invadía, le sonrió al matrimonio Williams antes de disculparse con ellos. Alegaría estar aun bastante cansado para poder irse de ahí sin levantar comentarios fuera de lugar.

 

-Ingeniero, señora… ha sido una velada muy placentera, pero debo retirarme.

 

Quinze, Otto, Trowa y Quatre se sorprendieron. Khushrenada no había terminado siquiera con la mitad de la cena.

 

-¡Hey, hey, hey! ¿Cómo que ya te vas? –Otto lo miró con suspicacia. –Se supone que iríamos a conocer la vida nocturna de la isla.

 

-No hoy, Otto. Discúlpenme. La verdad, me siento agotado. –Sin darle oportunidad a nadie más para hablar del asunto, volteó hacia su socio y se despidió. –Quatre, mañana nos reunimos para ver los detalles que hicieron falta. ¿De acuerdo?

 

-Si… si, está bien… que descanses…

 

-Bien, señores, buenas noches. Quinze, Trowa…

 

Sin más preámbulo, se levantó y se retiró de la mesa.

 

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Zechs alcanzó a ver que Treize hablaba con el Ingeniero Williams y su esposa, y después volteaba hacia donde estaba Quinze. Pudo entender algunas palabras que le decía sólo con ver el movimiento de sus labios.

 

Supo entonces que se retiraba.

 

Lo vio también despedirse rápidamente de los que estaban en la mesa con unas palabras breves. Terminando, se levantó y caminó a paso rápido hacia la salida del comedor.

 

No podía dejar que se fuera. Volteó con el americano, soltándole la mano de manera algo brusca y se levantó también.

 

-Duo, tengo algo qué hacer. –Alcanzó a ver que Treize llegaba ya a la salida del comedor, así que se apresuró. –¡No tardo!

 

-¡Oye, Zechs! ¿Vas a regresar? ¡No quiero que me dejes embarcado con la cena! -“…y con las ganas…”, pensó medio enfadado.

 

Marquise ya no lo escuchó. Salió detrás de Treize casi corriendo, evitando por nada a varios meseros que se cruzaron en su camino, con el enorme riesgo de ser arrollados por él.

 

-¡Treize! –Lo alcanzó después de que hubo cruzado el Lobby, en la zona de los elevadores. Estaba esperando que uno de ellos llegara hasta ahí para abordarlo. -¡Treize, espera!

 

Khushrenada volteó, adoptando una actitud tranquila. No quería que Zechs supiera lo que había revolucionado en sus sentimientos.

 

-Ah, hola, Zechs.

 

-¿Te vas tan pronto? Pensé que estarías con ellos la mayor parte de la noche.

 

-No. Tengo muchas cosas por terminar aun, y estoy muy cansado. Este día tuvo episodios muy agotadores para mí.

 

Zechs recordó a Wufei con cierta ira.

 

‘…Treize y yo tuvimos un pequeño flirteo el día de hoy…'

 

Y lo que le decía Khushrenada le daba significado a esas palabras.

 

-¿En serio es cansancio? –La sonrisa peligrosamente sarcástica que Zechs enfatizaba bajo la máscara desconcertó al mayor. –Yo supuse que era otra cosa.

 

La mirada de Treize cobró un brillo de suspicacia.

 

Al parecer, algo había ocurrido con Zechs, mucho antes que esa escena ridícula del comedor sucediera. Sin embargo, no tenía ánimos de discutir con él. Un elevador indicó que llegaba.

 

-Oye, Zechs, estoy muy cansado…

 

Intentó darse vuelta y entrar al cubo del ascensor, pero Marquise lo detuvo bruscamente por un brazo.

 

-Vamos, amigo. Dime, ya en serio. ¿Qué fue lo que no pudiste soportar? ¿El hecho de que no eres el único tipo famoso por estos lugares? ¿O que había alguien en mi mesa que no eras tú?

 

-Zechs, no tengo la más mínima idea de lo que estás hablando.

 

Treize tuvo un ligero sobresalto al ver que su mirada había cambiado radicalmente. Le sujetó la mano con la que lo apresaba, soltándose de él con algo de dificultad. Otro ligero tono musical indicó que el ascensor cerraba sus puertas. Ahora debía esperar otro.

 

-Ah, claro. La negación es común en esto. Pero dime. ¿Consideras que sólo tú puedes andar por ahí presumiendo tus conquistas?

 

-¿Mis conquistas? –Treize lo pensó por un momento, recordando la actitud de Marquise frente a su socio. -¿Te refieres a Quatre?

 

-¡A Quatre, a Wufei Chang! ¡ ¿Acaso hay más?!

 

-Zechs, cálmate. –Treize bajó un poco la cabeza y se llevó los dedos al puente de la nariz. Comenzaba a sentir nuevamente una leve neuralgia. –Sabes que a Wufei Chang le estoy huyendo desde que lo conozco. Quatre sólo es mi socio en la empresa. No hay nada más entre él y yo. Sólo negocios. Trowa es quien se interesó en él…

 

-Si, claro. ¡Qué conveniente!

 

Khushrenada levantó la vista hacia él, cruzando los brazos en una actitud meramente defensiva. Debía frenar esa escena de celos que Marquise le estaba montando. Su mirada había cambiado a una expresión grave.

 

-Deja de gritar y escúchame. Conocí a Quatre por una persona de mi familia, mi prima Dorothy Catalonia. Él estaba buscando una empresa en la que pudiera invertir capital e ideas, y yo necesitaba un giro diferente para levantar la armería. Era eso o deshacerme de ella. Sólo nos asociamos para crear una industria, nada más. Si a eso le llamas “una conquista”, o.k., respeto tu opinión, pero no voy a permitir que me calumnies con una mentira. Además, ya te dije que es a Trowa a quien le interesa. Casi puedo asegurarte que a estas alturas ya consolidaron su relación. Velo por ti mismo.

 

Zechs parpadeó dos veces al oír eso. Volteó hacia el interior del comedor, observándolos por varios segundos.

 

En esos momentos tanto Trowa como Quatre, se habían separado del grupo de Williams, sentándose en otra mesa, uno frente al otro, y no dejaban de verse a los ojos. Era muy evidente que había algo entre ellos.

 

-¿Convencido? -Marquise regresó su vista hacia el mayor, sintiéndose como un completo idiota. –Además, como ya te lo dije, intento mantener una muy buena distancia entre Chang y yo. Si no fuera de ese modo, no estaría aquí, solo, hablando contigo.

 

Zechs bajó la cabeza con evidente vergüenza por su comportamiento. Debía disculparse, y enmendar el error cometido. Sintió que las mejillas le empezaban a arder debido al feroz rubor que lo invadía.

 

-Ah… Treize… yo…

 

-¡Ingeniero Zechs Marquise! -Uno de los tecnólogos de Ferrari se acercó al lugar, interrumpiéndolo con estentóreos gritos. Zechs cerró los ojos, mascullando algo ininteligible al oírlo. -¡Ingeniero, lo requieren en el salón de conferencias!

 

Volteó con el muchacho sosteniendo una mirada asesina, intimidándolo.

 

-¡¿Qué no pueden esperar?!

 

-N-no, ingeniero. Siento interrumpirlo, pero me dijeron que era urgente que se presentara.

 

Treize decidió no ser el motivo de retraso del rubio, así que se despidió. Justo en ese momento, otro de los ascensores llegaba al lugar.

 

-Zechs, debo irme. Buenas noches.

 

-¡No, Treize! ¡Espera!

 

-Hablaremos en otra ocasión. -Señaló al tecnólogo con un ademán, mostrándose aun más frío e indiferente. -Anda, te esperan.

 

Sin decir más, se dio la vuelta y entró al ascensor, dándole la espalda al rubio.

 

Con la frente recargada en el cristal del ascensor mientras subía, Treize alcanzó a ver a Zechs siguiendo al muchacho con la vista baja, pasando por el corredor que llevaba al salón de conferencias, antes de perderse de su vista al atravesar la puerta.

 

 

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Zechs regresó a la mesa que ocupara con Duo, encontrándolo furioso.

 

No tenía ánimos para una discusión.

 

Ya había sido suficiente con la que había sostenido con Khushrenada, con el Master de Ferrari y con dos accionistas de la firma italiana. Lo menos que quería era volver a escuchar reclamos.

 

Sin embargo, Duo no pensaba perdonarle el desplante.

 

Le había puesto tan mínima atención, al parecer por estar vigilando a alguien. Había llevado la situación más lejos de lo que debía al acariciarlo de la manera que lo había hecho, de insinuarle que lo deseaba con todas sus fuerzas, y finalmente, lo peor del caso, lo había abandonado como si no le importara más.

 

Así que pensaba reclamarle hasta cansarse de hacerlo.

 

-¡Zechs! ¿En dónde demonios te metiste? –Volteó a verlo con su expresiva mirada intensificada por el coraje que estaba pasando. -¡Me hiciste pagar la cena!

 

-Maxwell, no quiero discutir.

 

-¡Esto no es una discusión, Zechs Marquise! ¡Te estoy reclamando por todas las descortesías que has tenido en esta última hora! -Duo se levantó al ver que sus intenciones eran irse del lugar. -¡Espera un momento!

 

-¡No quiero discutir! ¿No me escuchaste?

 

-¡Te oí perfectamente! ¡Pero no voy a dejar que te burles de mi en la forma como lo has hecho hasta ahora!

 

Zechs decidió dejarse de todo eso.

 

El jueguito que él mismo había iniciado de pronto se volvía en su contra. Así que, sin pensarlo siquiera, se volteó hacia el americano y lo abrazó bruscamente por la cintura, besándolo con igual violencia ante la vista de todos los que estaban en el comedor, presa de una furia descontrolada, haciendo callar al otro.

 

Todo el lugar quedó en un pesado silencio ante esa inesperada reacción del rubio.

 

Zechs bajó lentamente al americano, viéndolo a los ojos por un momento… hasta que el silencio que los envolvía lo hizo tomar conciencia de lo que había hecho.

 

Volteó a todos lados con mirada retadora antes de decidirse a abandonar el lugar apresuradamente.

 

Soltó a Duo sin delicadeza alguna y se retiró de ahí sin decir una palabra. Duo se quedó pasmado por varios segundos, viéndolo caminar hacia la salida.

 

Entonces, contra todos sus pronósticos personales y sonrojándose como un adolescente, decidió seguirlo. Su ansiedad lo había desquiciado.

 

Lo alcanzó en uno de los corredores cercanos a la piscina, lugar por donde quedaban las habitaciones designadas para Ferrari.

 

-¡¡Marquise!!

 

Zechs se detuvo, esperándolo sin voltear a verlo. Tenía que detenerse antes de causar un lío. Tenía que decirle que había sido un teatro montado para encelar a Treize Khushrenada, y que todo le había salido mal. Tenía que…

 

-¡Marquise, deja de ignorarme! –Duo se paró frente a él, jadeando por la apresurada caminata. –No pensarás dejarme así.

 

-Maxwell…

 

Sin decirle nada más, Duo se le acercó, levantando una mano hacia su rostro. Con sumo cuidado le quitó la máscara, admirando sus facciones. Alcanzó con su otra mano la del rubio, cambiando su expresión radicalmente. Lo jaló despacio, haciéndolo caminar en dirección contraria… hacia su propia habitación.

 

Y Zechs dejó que lo extraviara en esa ansiedad, debilitado por su propia torpeza, por sus sentimentalismos…

 

Sin embargo, mientras Duo y él se entregaban salvajemente, en el clímax desatado por una pasión insana, Zechs no pudo evitar que un recuerdo lo atormentara.

 

Abrió los ojos justo en el momento en que el amargo placer alcanzado inundaba sus sentidos, y vaciaba su fortaleza…

 

En medio de los susurros apasionados del americano, creyó escucharse a sí mismo, años atrás, cuando en su inocencia había aceptado sin vacilación alguna la ofrenda que hacía Khushrenada de sí mismo…

 

“Mio… siempre mío… Treize…“

 

Una solitaria lágrima se deslizó por su rostro, dejando un ligero rastro sobre su mejilla.

 

Ninguna máscara podría ocultar esta traición hacia sí mismo.

 

Ninguna…

 

 

 

 

--------------------Despedida…

 

Reino de Barhaim.

Evento de los precalificativos. 6:45 a. m.

Carpa de la escudería BMW-Williams.

 

 

A pesar de que apenas había amanecido una hora antes, el calor ya era todo un suceso en la isla.

 

Treize estaba en una mesa frente al equipo de revisión para hacer los últimos ajustes a la máquina, cuando sintió que alguien se detenía justo detrás de él.

 

Se extrañó bastante cuando la persona que había llegado permanecía en silencio, así que dejó por un momento lo que hacía y volteó.

 

Su primera reacción al descubrir de quién se trataba fue de sorpresa, y un enorme impulso por huir de ahí. Pero sofocó este último, sonriendo de forma amable.

 

-Señor Chang, buenos días. Pensé que no desearías verme en un buen tiempo.

 

Wufei bajó la vista un poco, manteniéndose a una breve distancia del mayor. Eso mantuvo en Treize un fuerte desconcierto. ¿Acaso el muchacho se veía... apenado?

 

-Hola, Treize. -Respondió Wufei con un tono de voz bajo, atenuado. -Tenía que hablar contigo... respecto a lo de ayer...

 

Khushrenada lo observó un momento dándose cuenta que sus actitudes distaban mucho de las mostradas el día anterior.

 

De pronto, Wufei extendió un paquetito frente a él mientras bajaba la cabeza en una respetuosa inclinación.

 

-Vine a ofrecerte mis disculpas. Me comporté como un completo idiota.

 

Treize se quedó pasmado ante eso.

 

 

Wufei Chang, el mimado "Príncipe de las Constructoras" chinas, el arrogante y autosuficiente jovencito oriental acostumbrado a obtener todos sus caprichos y no arrepentirse por sus acciones... se humillaba ante él, pidiendo disculpas...

 

El mayor se sonrojó un poco, pero no atinó a hacer algo.

 

Wufei levantó la vista un poco al no escuchar palabras o movimiento alguno, desconcertado. Hasta que Treize habló después de salir de la sorpresa.

 

-Señor Chang, no le des tanta importancia a eso. Yo no...

 

-¡Por favor, Trei... Señor Khushrenada! ¡Acepte mis disculpas! ¡No podré estar tranquilo si no lo hace!

 

Dicho esto, bajó otra vez la cabeza, ahora sonrojado de forma evidente y una mayor inclinación en la reverencia.

 

Treize sopesó la acción, y curiosamente supo que la actitud del oriental era sincera. Así que decidió darle una oportunidad.

 

Alcanzó el paquetito que le ofrecía y le sonrió de manera más cálida.

 

-Acepto tus disculpas, Wufei.

 

El muchacho se incorporó, mostrando un evidente alivio en su rostro mientras sonreía, deshaciéndose en agradecimientos.

 

-¡Oh... gracias, gracias...!

 

El mayor examinó el paquete con curiosidad mientras lo abría. Wufei permaneció de pie, viéndolo un tanto aprehensivo.

 

-¿Qué es?

 

-Un cajoncillo de esencias. Espero que te agrade.

 

Treize sacó del envoltorio una cajita hecha de fina porcelana azul. Tenía un relieve chino en uno de los costados y en la tapa en un material curioso. Parecía una delgada laminilla de marfil. Un bellísimo trabajo artesanal.

 

-¿Cajoncillo de esencias, dices? ¿Como un perfumero?

 

-No... no. Los perfumeros son para las mujeres. Estos son especiales.

 

Treize levantó la vista hacia él, arqueando una ceja ante semejante explicación. -Ah... gracias. Es muy hermoso.

 

Wufei se acercó un poco más, viendo la cajita con una expresión que el mayor no supo definir.

 

-Fue hecho especialmente para ti. Conseguir la esencia de las rosas para este diseño fue todo un logro. -Treize observó cómo la mirada del chino se empañaba ligeramente por la tristeza. -Pensaba dártelo ayer... cuando tu y yo... después de que tu y yo...

 

Khushrenada dejó la cajita a un lado de la lap-top, siguiendo con atención las palabras del chino. Su confesión lo hizo sentir un poco de lástima por él.

 

-¿Era una especie de pago? ¿Es así como agradeces los “favores” que consigues?

 

-¡No, nada de eso! No me malinterpretes, Treize. -Wufei levantó la vista rápidamente, mostrando ahora una expresión preocupada.-Realmente deseaba que pudiéramos llegar a tener una relación. No fue así al principio, es cierto, pero ahora...

 

-¿Por qué me lo das entonces?

 

Wufei suspiró profundamente antes de contestar. Se sentó en otra de las sillas del lugar, cercano a Treize, pero respetando cierto espacio entre ellos.

 

-No podía quedarme con él, porque te pertenece desde el momento en que surgió de las manos del artesano. Existe por ti. Por eso, eres tú quien debe tenerlo...

 

Ambos se observaron un momento, hasta que Wufei desvió la vista hacia la cajita nuevamente. Treize siguió su mirada, pensando en que él también le debía una explicación.

 

-No soy el indicado para ti.

 

Wufei levantó la vista otra vez hacia él, viéndolo sin comprender su actitud.

 

-¿Por qué? ¿Soy demasiado impetuoso, demasiado extravagante para tu gusto? ¿O es por mi apariencia? ¿Preferirías que fuera como Marquise...?

 

-No, Wufei. A Zechs también lo rechacé.

 

El joven chino se quedó mudo por la sorpresa.

 

¿Había escuchado bien? ¿Él, Treize Khushrenada, había rechazado al Conde Relámpago?

 

-¿C-cómo...? ¿Lo rechazaste? ¿Por qué?

 

-Es una historia dolorosa. -Treize suspiró, acariciando la superficie tersa de la porcelana con un dedo y su vista. Habló quedamente mientras lo hacía. -Perdí a dos personas muy importantes para mi, antes de lo ocurrido a mis padres. Mucho antes... no quiero arriesgarme a sufrir otra pérdida. Siento que no lo soportaría.

 

Wufei lo escuchaba con mucha atención.

 

-Lamento mucho eso, pero no deberías culparte.

 

-No me culpo, Wufei. Hay algo... aun no sé si es verdad, pero lo que sí he visto es que sólo acarreo desgracias a las personas que quiero.

 

-Treize, eso es absurdo.

 

-Absurdo o no, me he cerciorado que no son casualidades. Pero no deseo pensar más allá de esto. Si lo hago, podría enloquecer.

 

Wufei no insistió en el asunto.

 

Sin embargo, se sintió aliviado al escucharlo.

 

Sonrió levemente, mientras esperaba que Treize dejara sus recuerdos y volviera su vista a él. El mayor lo observó un momento, y le sonrió ampliamente.

 

-Pero eso no impediría que fuésemos amigos. -En un espontáneo arranque de simpatía, Treize le tendió la mano derecha. -Así que, ¿te gustaría ser uno de mis amigos cercanos?

 

Wufei se sorprendió otra vez, pero reaccionó casi al momento.

 

-¡Por supuesto que si! Es lo mejor que ha ocurrido en mi vida. Gracias.

 

Su sonrisa se acentuó al tiempo que estrechaba su mano.

 

Treize le había devuelto un poco de esperanza.

 

 

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Y bueno.... no tengo intención de salir de mi bunker en un rato, ya que los fríos bajen la temperatura de los ánimos... en fin.

 

Les dejo mi e-milio, por aquello de los abucheos, las correcciones, etc. Etc.

 

elivaz@yahoo.com