
Sospecho, creo y temo que he estado haciendo esperar mucho tiempo a varias personitas (¡¡Haima… perdón!!)
Pero ya no, de veras, en serio. Ya me puse a trabajar menos en otras cosas y más en esta historia. Porque si, a mi también me urge terminarla. No vaya a ser que pase lo que la vez anterior. En fin.
Mmmm… algo más… ah, si. Incluí un momento íntimo entre Trowa y Quatre, especialmente porque la pareja es hermosa, y la verdad, ya me estaba dando no sé qué el negarles ese gusto. Es mínimo, pero algo es algo.
Y… tomando precauciones, estoy construyendo mi bunker, por aquello de que alguna que otra personita que esté leyendo la historia desee enviarme un pequeño regalito nuclear por hacer sufrir a estos niños… XP
Jejeje… ya sin tanto blablabla… va el capítulo.
Disfrútenlo
Van Krausser
Capítulo Décimo Primero
--------------------Una cálida recepción...
Reino de Barhain.
Un día antes de los precalificativos.
Treize le entregó a Quatre la llave de la suite que había conseguido para él.
-Las habitaciones quedan por aquel lado. –Le dijo señalando un área amplia, separada por algunos adornos y un muro. -Instálate sin prisas, Quatre. Aun tenemos unas tres horas de ventaja antes de reunirnos con el equipo. Yo paso por ti unos veinte minutos antes. ¿De acuerdo?
-Si, está bien. Gracias.
Treize lo dejó en la recepción, dirigiéndose al centro de negocios del hotel. La señal de su teléfono celular aun no se restablecía, y había quedado en llamar a Middie y a la pequeña en cuanto llegara a Barahin.
Quatre caminó algo indeciso, cargando en el hombro la maleta más grande, y en su mano la otra en la que llevaba sus papeles y cosas más personales.
Se detuvo un momento, viendo hacia arriba, hacia la estructura del hotel, sonriendo en parte porque el haber accedido a acompañar a Treize en ese viaje de consultoría le había dado una enorme libertad. No tenía que estar dependiendo de vigilantes y guardaespaldas que lo estuviesen protegiendo las 24 horas del día. Ahora se sentía como cualquier persona, libre de decidir por sí mismo lo que haría al siguiente minuto.
Enfiló hacia el área de ascensores, viendo la llave que Treize le entregara, e iba a presionar apenas el botón para requerir el elevador, cuando un leve tirón de la maleta pequeña lo sobresaltó. Sintió que alguien ponía una mano sobre la suya, y volteó algo sorprendido.
Un par de profundas esmeraldas lo observaban de cerca, e involuntariamente, al darse cuenta de quién lo estaba tocando, Quatre se sonrojó exageradamente.
-Excelencia, qué gusto verlo. -Trowa le quitó la pesada y enorme maleta que llevaba colgando del hombro, sonriéndole levemente.
Entonces Quatre reaccionó.
-No me digas así, me hace sentir incómodo. Llámame sólo Quatre. -Su sonrisa brilló de manera genuina, mientras presionaba el botón.
El latino también sonrió, y eso casi ocasionó que el rubio se derritiera. Le fascinaba saber que Trowa sonreía de esa forma, para él.
-De acuerdo, Quatre. Veo que acaban de llegar. ¿Treize viene contigo?
-Si, pero me dijo que me alcanzaba en un rato. -Le pareció ver una breve sombra de desilusión en su mirada, por lo que inmediatamente se apresuró a comentar que su estancia no era como muchos lo imaginarían. Su nerviosismo se había disipado por completo. -Tengo habitación propia. Pensamos que sería lo mejor, ya que él va a estar muy ocupado. Me dijo que no quiere molestarme con las llamadas y las salidas incluso a deshoras.
Trowa asintió, cediéndole el paso con caballerosidad. Quatre agradeció con una ligera inclinación de su cabeza. Y ambos entraron solos en el ascensor.
Ya adentro, volteó a verlo interrogante, frente al tablero de control.
-¿A qué piso?
-Ah, perdón. -Quatre volteó hacia él, recargado sobre el pasamanos que los separaba del cristal panorámico del cubo del elevador. Estaba empezando a pelear contra el fiero cosquilleo que la ansiedad mantenía en su estómago. -Doce. Estamos un piso abajo de ustedes, por si llegase a haber problemas, según me dijo.
-¿Problemas? -El latino sacudió un poco la cabeza sonriendo. -Treize se está volviendo paranoico. Debe ser la edad.
Ambos rieron con esa ocurrencia mientras el latino se acercaba al otro extremo del ascensor, recargándose también en el pasamanos. Aun llevaba la maleta colgada.
Por varios minutos, Quatre guardó silencio, sintiendo que un pesado rubor cubría su rostro, inclinado hacia un lado, tratando de ver hacia el exterior.
No era por el calor del ambiente. Tampoco por vergüenza hacia ese hombre que le estaba arrebatando los sentidos...
Y si no era ninguna de esas razones, entonces...
Sus ojos claros se volvieron hacia su acompañante, adoptando un aire felino. Trowa lo observaba también, y se sorprendió un poco al notar ese cambio en el rubio. Pudo ver que sus mejillas estaban graciosamente enrojecidas, sus labios ligeramente entreabiertos temblaban, y sus ojos estaban entrecerrados, recorriéndolo como si fuera un trozo de algún delicioso manjar.
-Quatre... ¿pasa algo?
Antes de responder, Quatre se abalanzó hacia el tablero de control, deteniendo el ascensor bruscamente. Volteó otra vez hacia el latino, y ya con la seguridad de lo que iba a hacer, se le acercó sin despegar sus ojos de los de Trowa.
-Si.... algo que nunca pensé que pasaría en mi vida... -Arrinconó al más alto, y de manera repentina pero sensual, se pegó a su cuerpo, reptando por el pecho del otro sin darle oportunidad a negarse. La maleta hizo un ruido seco al golpear contra el piso del ascensor. -Me gustas, Trowa Barton. Me gustas tanto, que no puedo evitar hacer esto...
Sin decir más, Quatre aprisionó su rostro entre sus manos, atrayéndolo para posesionarse de sus labios en una muestra de salvaje pasión. Rodeó su cuello con un brazo, como si quisiera evitar que se escapara de esa caricia enervante.
Por pocos segundos, Trowa permaneció sin movimiento alguno. Pero la manera en que sus sentidos respondían a los estímulos que el rubio le prodigaba pronto dejó resultados. Trowa lo rodeó con sus brazos, bajando sus manos por la espalda, recorriendo el contorno de su cuerpo, alcanzando su cadera y la curva que se pronunciaba bajo ésta para terminar en sus piernas... Quatre gimió levemente al sentir esa caricia, y arremetió con mayor fuerza, levantando la camisa del latino para tener acceso a la piel de su vientre, de su pecho, a poder pellizcar sus pezones ahora endurecidos...
Fueron largos minutos en los que la intensidad del juego aumentaba. Uno recorriendo con sus manos, el otro humedeciendo senderos atrevidos con su boca...
Hasta que fue el mismo Quatre quien se separó de él de manera brusca, fuertemente excitado, jadeando y controlándose para no echársele encima otra vez, como si fuese un depredador.
-E-espera... Trowa... -El latino también jadeaba, visiblemente afectado por la manera como el rubio árabe lo había tratado. -... espera... creo que este no es el mejor lugar...
-...eso es discutible... -Protestó el latino con voz ronca, muy dispuesto a seguir.
Quatre rió al escucharlo. Tuvo que detenerlo antes de que volviera a abrazarlo.
Realmente no quería terminar desnudo en el piso del elevador.
-Si, lo sé. Pero estaremos mejor en mi habitación. Allá debe haber una deliciosa botella de vino blanco esperando por nosotros.
Quatre bañado en vino blanco...
Trowa se relamió al imaginar la escena. La piel blanca y tersa del árabe, brillando por efecto de las burbujas del vino, en una enorme cama. Dispuesto sólo para él...
-E-es.... -Su voz salió enronquecida, demasiado forzada por el deseo que había hecho presa de él. Quatre sonrió complacido. Sabía que no se negaría. Trowa carraspeó un poco antes de continuar. –Es una magnífica idea.
-Sabía que lo dirías. -Volteó hacia el vidrio del cubículo y rió apenado al ver el desorden en el que su ropa y su cabello estaban convertidos. -¡Mira cómo me has dejado! Eres un salvaje, Trowa Barton.
-¿Yo? -Trowa lo imitó, dándose cuenta que su condición era peor que la del rubio. Ambos estallaron en una alegre carcajada. -Bueno, arreglemos este desorden y subamos. Tal vez haya huéspedes desesperados por el elevador.
-Eso ni lo dudes.
Ambos se dedicaron a acomodar su ropa y a alisarse el cabello, tratando de mantenerse cuerdos en ese breve tramo que los separaba de la habitación del rubio.
Acto seguido, recogieron las maletas abandonadas a su suerte en el piso y pusieron en marcha el ascensor. Esperaron impacientes a llegar al piso señalado. Un par de ancianos entró al elevador un piso antes de que pudieran llegar, saludándolos en francés de forma amable, aunque se notaba en ellos un poco de molestia. Los dos jóvenes sólo voltearon a verse y rieron de manera cómplice.
Eso incrementó aun más su ansiedad.
Finalmente llegaron.
Salieron del elevador y con pasos apresurados llegaron hasta la habitación. Quatre se había sonrojado otra vez, y temblaba al intentar meter la llave en el dispositivo de la puerta. Trowa lo detuvo, acariciando su mano mientras le quitaba la llave.
-Espera, Quatre. Déjame intentarlo.
El latino abrió, pero evitó que entrara. En su lugar, metió las dos maletas, dejándolas en el piso, a un lado de la puerta, y después regresó con el rubio.
Le sonrió ampliamente, y en un movimiento inesperado, lo levantó del suelo en sus brazos.
-¡Ah…! ¡¿Qué estás haciendo, Trowa?!
El latino sólo le sonrió en forma enigmática, y le plantó un beso ligeramente húmedo en la mejilla.
Quatre se sorprendió al principio, pero se aferró con fuerza al cuello del latino y sonrió cándidamente al cruzar ambos la entrada de la habitación.
-Ahora sí, Excelencia. Vayamos por esa botella de vino blanco...
Fue lo único que se alcanzó a escuchar mientras entraban, antes de que la puerta se cerrara detrás de ellos...
---------------------------- El inicio de las sorpresas…
Aun con su maleta personal colgando al hombro y la de la Lap-top en una mano, Treize regresó al lobby del hotel por la llave de su habitación. La comunicación con Viena no había tenido contratiempos, y eso le daba un margen más amplio para descansar del viaje antes de la junta con el equipo Williams.
Dejó la pequeña maleta de la computadora en el piso y habló brevemente con la joven que lo atendió. Ella le sonrió, entregándole un libro de registros y una pluma. Treize firmó su ingreso como huésped, y mientras lo hacía, sintió que alguien lo sujetaba por un hombro.
Su primera reacción fue de sorpresa al voltear a ver de quién se trataba.
“¡Por Dios! ¿Otra vez tú?”
-¡Treize Khushrenada!
El aludido sintió que esas palabras lo golpeaban en el estómago al tener ante sí el rostro casi imperturbable de Wufei. Se soltó de él con la menor brusquedad posible, y forzadamente sonrió.
-Señor Chang. Volvemos a encontrarnos en el lugar más improbable que hubiera pensado hacerlo.
La mirada oscura del joven chino se posó en la suya. Treize sintió un leve sonrojo ante el evidente deseo que mostraba Wufei en ella.
-Si, lo mismo digo. –Le sonrió con seductora insistencia mientras el mayor intentaba regresar a lo que hacía. Wufei se movió también al mostrador de la recepción, peligrosamente cerca de él. –Supe que abandonaste Williams.
Treize volteó a verlo con expresión seria. Su mano sostenía aun la pluma de la recepcionista, que los veía con discreta curiosidad.
-Renuncié al equipo, no lo abandoné.
-¿Por qué? ¿Demasiadas presiones por parte de Ferrari? –Wufei se recargó ligeramente en la pulida superficie de madera con ambos brazos mientras lo veía firmar. Alcanzó a ver el número de habitación, pero simuló no poner atención a eso. -¿O fue el acoso de Marquise el que te asustó?
Treize le devolvió a la recepcionista el libro de registro y el bolígrafo, y encaró al chino, esta vez mostrando disgusto en su mirada.
-Fueron razones muy personales, señor Chang. No voy a entrar en detalles.
Sin decir más, alcanzó la maleta del suelo y con una leve sonrisa hacia la joven de recepción, tomó la llave electrónica que ella le extendía. Wufei supo que lo estaba ignorando. Pero no se rindió. Echó a andar a su lado con descarada autosuficiencia.
-¡Oh, vamos! Todo el mundo supo del escándalo en Canadá. A propósito. ¿Cómo terminó ese lío de la demanda?
-¿Escándalo? –Khushrenada apresuró el paso, dirigiéndose a los ascensores. –No me enteré de ningún escándalo.
-Ah, Treize, Treize. Veo que no me dirás nada interesante…
Treize se detuvo ante la puerta cerrada de uno de los cinco elevadores, presionando con urgencia el botón del mismo. Sentía un creciente malestar en su estómago sólo de estar escuchándolo.
-Este ambiente está lleno de habladurías. No sé qué tanto has creído de ellas.
Wufei cruzó los brazos sobre su pecho, sonriendo con mayor amplitud. Sus ojos negros se clavaron en los azul profundo del mayor.
-No todas son simples habladurías, Treize. Podría enumerarte con total seguridad todos y cada uno de los desplantes que Marquise ha tenido dentro y fuera de Ferrari, incluyendo lo que intentó hacer contigo, desde antes de ser parte del equipo italiano, justo un día antes de que abandonara Williams. –El alemán sintió un escalofrío recorriendo su espalda al ver la expresión que adoptaba el chino mientras le decía esto. – Eso último sería un buen material para la prensa, y nadie me lo dijo. Yo estuve ahí.
Treize tuvo la sensación de que el aire se espesaba a su alrededor. Eso no auguraba nada bueno.
-Señor Chang…
Wufei descruzó los brazos, borrando su sonrisa. Treize pudo darse cuenta que no se detendría en su acoso al ver que su mirada adquiría un brillo extraño.
-¡Deja de decirme “señor Chang”! –Exigió con un dejo de disgusto en su voz. -¿Cómo puedo acercarme a ti, si todo el tiempo pones barreras? ¡Deja de jugar al escondite!
El breve timbre que anunciaba que las puertas del ascensor se abrían le dio a Khushrenada la oportunidad de huir. Esperó que las personas salieran, y de forma apresurada entró en el mismo. Pero tuvo la precaución de no ir más allá de la puerta. En un rápido movimiento se giró, impidiendo que Wufei pudiera entrar también al detenerlo enérgicamente con la mano extendida sobre su pecho. El chino retrocedió un paso, desconcertado, mientras el mayor aprovechaba para oprimir el botón del piso al que iba.
-¡Treize, espera! ¡No he terminado…!
Volteó con Wufei, al tiempo que las puertas del ascensor se cerraban.
-Yo sí. Esta conversación nunca debió tener lugar. Adiós, señor Chang.
Al ver su propio rostro extremadamente serio reflejado en la superficie metálica del ascensor, sintió que la tensión que había crispado todo su cuerpo lo abandonó de golpe. Le dolía la mano izquierda debido a la fuerza con que, sin darse cuenta, había empuñado la maleta de la computadora.
Recargó la frente en la puerta y exhaló profundamente, reconociendo una leve neuralgia y la molesta sensación de cansancio después de una inesperada carga de adrenalina como la que acababa de experimentar.
Sin lugar a dudas, debía tener cuidado con Wufei Chang. Podría ser perjudicial en muchos sentidos hacerle el mínimo caso a sus “conversaciones”.
Tratando de aminorar el malestar, llevó los dedos índice y pulgar derechos hacia el puente de su nariz, en el breve gesto que siempre realizaba en momentos como ese. Mientras frotaba sus dedos en su rostro y con los ojos cerrados, su pensamiento regresó a esa última frase que Chang dijera con plena convicción, acerca de los “desplantes” del rubio.
¿Qué había querido decir al afirmar que él había estado ahí? ¿Qué había ocurrido, que el oriental tenía plena confianza en afirmar algo así? ¿Acaso planeaba chantajearlo?
Su preocupación aumentó al recordar también que el último día que Zechs perteneciera a la escudería alemana. Una curiosa amnesia no le permitía recordar cómo había terminado en su habitación, solo, y con la puerta asegurada por dentro. No tenía la más mínima idea de cómo había abandonado la fiesta de Williams.
Había perdido varias horas de su vida, y para aumentar la aterradora incertidumbre ante ese hecho, Wufei Chang sabía lo había pasado.
-Por Dios, Zechs… -Dijo débilmente al tiempo que un suspiro doloroso escapaba de su pecho mientras recuperaba su postura, bajando la mano de su rostro. -¿Qué hiciste ese día?
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Wufei sólo atinó a maldecir y patear la pared cuando las puertas del ascensor se cerraron frente a él.
Sin embargo, el timbre de otro de los ascensores, dos cubículos después de ese, se dejó escuchar. Se apresuró a llegar hasta ahí, atropellando a varios de los huéspedes que salían del mismo. Sabía a qué piso iba, así que presionó el botón correspondiente y volteó hacia el cubículo donde se encontraba Khushrenada.
-No me vas a ganar, Treize. –Dijo mientras se movía nerviosamente por el cubo, ante los ojos asustados de una niña que no había alcanzado a bajar. Sin prestarle atención, Wufei sonrió de manera diabólica mientras sus ojos seguían al otro ascensor. –Dejo de ser un Chang si te me escapas, maldito. Esta vez no me ganas…
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Treize salió del ascensor un poco más tranquilo.
Buscó rápidamente en las paredes del corredor la numeración de las habitaciones, dirigiéndose a la suya sin preocuparse ya por el incidente con Wufei Chang. Debía mantenerse fuera de su alcance si no quería echar a perder sus ánimos en ese extraordinario lugar, así que buscaría estar siempre acompañado, sin darle oportunidad de acercársele siquiera.
Llegó a la habitación justo en el momento en que el teléfono de la misma se dejaba escuchar. Así que se apresuró a abrir para alcanzar la llamada.
Estando adentro, y por las prisas, empujó la puerta con un pié para cerrarla, al tiempo que abandonaba las maletas a la entrada y se dirigía apresuradamente al interior, buscando el teléfono. Eso no le permitió darse cuenta que el sonido de la cerradura tardaba más tiempo del normal al cerrarse.
Alcanzó el teléfono justo cuando dejaba de escucharse el séptimo timbrazo del mismo.
-¿Diga?
-¿En dónde te habías metido, Khushrenada? –Regañó una jovial y conocida voz al otro lado de la línea.
Treize refunfuñó al escucharlo.
-¡Por todos los cielos, Quinze! ¡Déjame llegar! –Sonrió mientras frotaba su frente con una mano. –¿Cómo supiste que ya estaba aquí?
-Trowa nos lo dijo. Parece que está muy bien enterado de tus itinerarios, amigo.
Trowa, por supuesto. Esa mañana le había llamado insistentemente para saber con exactitud su llegada a Barahim. No era raro que le hubiera pasado el dato al manager.
-Bueno, debe ser así. Recuerda que es el master de ingenieros.
-A propósito. ¿No lo has visto? ¿O no has sabido de él?
-No… ¿qué no se supone que estaba con los demás del equipo?
-Se supone, pero ya tiene un buen rato desaparecido. No me dijo que se iría, y no responde al teléfono de su habitación.
-Mmmmm…. Debe haberse escapado a turistear. No creo que tarde en volver con ustedes.
-Si tú lo dices... -Quinze carraspeó un poco y retomó la seriedad de la llamada. -Pero te hablo para algo importante.
-Te escucho.
-Bien, Otto y yo estuvimos revisando las locaciones en la pista, y al parecer hay tiempos muertos en los registros de clasificaciones. Creímos conveniente adelantar las pruebas para tener ya una respuesta real del prototipo y del supercarburante.
-Eso significaría una ventaja de casi ocho horas... me parece muy razonable.
-¿Entonces estarías de acuerdo en eso? Sería reorganizar los itinerarios durante la junta de esta tarde.
-Por supuesto. Pero Quinze, déjame descansar primero. El trayecto hacia acá fue un poco pesado, especialmente porque no he dormido suficiente.
-¿No? Ah, viajes de negocios, imagino.
-Imaginas bien. Quisiera recuperarme, aunque sea con una hora de sueño.
-O.k., Treize. No hay problema por eso. Los veo entonces a la hora que habíamos quedado para la junta con el equipo completo.
-Si, de acuerdo. Gracias, amigo.
-De nada. Descansa bien, Treize. Pienso exprimirte todo el tiempo que estés aquí, así que recupera energía ahora que puedes.
-Ja, qué gracioso, Quinze.
Colgó el auricular con una leve sonrisa, planeando irse directamente al baño de la habitación y tomar una ducha fresca, para después dormir un poco. Se desabrochó dos botones de la camisa al tiempo que se daba la vuelta de manera despreocupada.
Sin embargo, se detuvo de golpe al encontrarse con quien menos tenía en mente hacerlo ahí, justo en la habitación.
-¡Ah!... ¡¡Wufei!! ¡¡¿Qué estás haciendo aquí?!!
El oriental le sonrió cándidamente mientras explicaba.
-La puerta estaba abierta... -De pronto, sus facciones adquirieron una expresión peligrosa. Justo como un depredador observa a su presa antes de saltar sobre ella. -Y consideré que era una invitación que no podía pasar por alto.
Treize no tuvo tiempo de reaccionar cuando en un rápido movimiento Wufei se le echó encima, haciéndolo retroceder hasta la cama.
Ambos cayeron en ella, Treize de espaldas y Wufei sobre él, aprovechando esa breve ventaja para sostenerlo e iniciar con su labor de convencimiento.
-¡No! ¡Espera señor Chang!
-¡¡Estoy cansado de esperar, Treize!! -Acercó su rostro hasta el de él, fijando su mirada penetrante de forma intimidatoria. -¡Ha sido mucho tiempo de esperar, y ya me harté! ¡Esta vez será a mi modo, a mi tiempo!
Sin decir más, el joven chino se sentó sobre la cadera del mayor, sosteniendo sus brazos abiertos contra el colchón, empujándolos fuertemente mientras alcanzaba su boca y arrebataba un beso con salvaje determinación.
Treize intentó resistirse al principio, pero al sentir el cuerpo cálido del muchacho sobre el suyo, la fuerza de sus manos sujetando sus brazos con movimientos calculados, y la tibieza de su aliento mezclándose con el propio, no tuvo más fuerzas para evitarlo.
Hacía tanto tiempo que viviera esas sensaciones... hacía tanto tiempo que las había enterrado, y ahora, al tenerlas de manera tan intensa, un brevísimo atisbo de temor surgió en él al ver que perdía el control de su razón.
Al sentir que Wufei iniciaba un sugestivo movimiento pélvico sobre él, acariciándolo de esa forma, no pudo evitar que un ahogado gemido escapara de su garganta...
Wufei se apartó un poco y soltó sus brazos despacio, previendo que aun quisiera forcejear.
Sin embargo, Treize no lo intentó siquiera.
Lo estaba disfrutando, y debía reconocerlo, aunque su cordura aun estuviera peleando con él.
No quería que terminara...
El joven chino aprovechó eso, agarrando los bordes de la camisa abierta. Con un solo movimiento abrió con fuerza los brazos, desgarrando la prenda para dejar al descubierto el pecho del mayor.
-Perfecto... -susurró el muchacho mientras recorría sus músculos con la punta de los dedos, admirándolo, deseándolo...
-N-no...¡Ah, Dios...!. -Treize se arqueó ligeramente cuando el oriental alcanzó con sus dientes uno de sus erectos y delicados pezones. Este sonrió y lo soltó por un momento al escuchar su exclamación.
-Si, todos mis amantes me dicen que soy un dios. Y veo que también tú lo reconoces. -Cerró los dientes de nuevo sobre el endurecido botón, jugando con su lengua sobre él. Volvió a levantarse un poco, sonriéndole. -Eso me halaga bastante.
Por algunos segundos, ambos se observaron fijamente.
Treize subió una mano hasta la cabeza de Wufei, sujetándolo con algo de fuerza por la nuca, jalándolo mientras él se incorporaba un poco para encontrar sus labios con los del joven oriental. En ese movimiento, alcanzó la rígida coleta y con destreza la deshizo, enterrando sus dedos en la sedosa mata de cabello, pasándolos por ella varias veces.
El mayor detuvo el juvenil ímpetu del otro al tomar control sobre la caricia, jugando de manera intensa y apasionada en su boca, con su cabello, bajando las caricias a sus hombros...
Wufei supo que sus fantasías con Treize se habían quedado muy alejadas de la realidad cuando un fuerte estremecimiento le recorrió la espalda sólo en esos breves segundos, haciéndolo perder el aliento.
Si eso era sólo por un beso… ¿Qué sería en el momento de hacer el amor?
Se separó un poco de el, placenteramente sorprendido y difícilmente controlando su respiración agitada y el rubor de sus mejillas.
-Ah, señor Khushrenada... si yo soy un dios... no sé en qué categoría ponerte...
El mayor no le respondió, soltándolo cuando el joven se movió un poco hacia abajo, buscando llegar a su deseo aplazado durante tanto tiempo.
Treize sólo se recostó, sintiendo la lengua del chino que recorría ávida su piel mientras sus dedos luchaban con el botón de su pantalón. Buscó otra vez el cabello de Wufei, acariciándolo pausadamente, jadeando al tiempo que las sensaciones se intensificaban.
Sin embargo, justo en el momento en que un húmedo trazo se adentraba en su ombligo, el recuerdo imprevisto de una mirada azul celeste lo hizo bloquear sus sentidos. Abrió los ojos y crispó sus dedos aun enredados en el cabello azabache.
"Mili..."
-¡¡Auch!! ¡¡Treize!! -Wufei se quejó al sentir el violento jalón que lo obligaba a levantar la cabeza. -¡¡Suéltame!! ¡¡Me duele!!
Sin embargo, Khushrenada no lo hizo.
Sólo sujetó la cabeza de Wufei, aminorando el jalón en su cabello, y lo levantó un poco, alejándolo de sí en forma urgente. Sus ojos mostraban la fuerte lucha que estaba sosteniendo consigo mismo.
-N-no... -Se forzó a darle una ronca negativa mientras se incorporaba, manteniendo al joven a distancia. -Wufei, lo siento... N-no puedo...
Los ojos oscuros del oriental lo observaron por algunos segundos con incredulidad.
-¿Qué...? ¿No puedes qué?
-No puedo hacer esto. -Agradeció al cielo el hecho de poder recuperar su autocontrol rápidamente. Sería más fácil negarse. -No puedo aceptarte.
Poco a poco, la incredulidad del chino se convirtió en ira al ver sus planes frustrados.
-¡¿Qué demonios estás diciendo?! ¡¿Estás loco o qué?!
Treize se levantó de la cama, empujando al muchacho sobre él, tirándolo a un lado sobre la acolchada superficie y poniendo distancia entre ambos mientras acomodaba su ropa. Sería difícil convencerlo de no intentar seducirlo.
-Estoy perfectamente cuerdo, señor Chang. Por esa razón no puedo permitirme un desliz como este. -Wufei se levantó también, tratando de seguirlo, pero el mayor se lo impidió, extendiendo la mano frente a él. -Debes irte.
-¡No, Treize! ¡No vas a ser tú quien me rechace! ¡Nadie lo ha hecho hasta ahora!
-Siempre hay una primera vez, y debes aceptarla.
Wufei apretó los puños y los dientes, sintiendo que su ira se descontrolaba. No iba a dejar que un europeo obstinado le ganara. No a él.
Sin pensarlo, se lanzó contra el Káiser dispuesto a golpearlo, pero no imaginó que Khushrenada sabía defenderse bastante bien.
Treize decidió ser un poco rudo entonces.
Al ver que el enfurecido muchacho se le echaba encima, Treize alcanzó a sujetarle el brazo con el que intentaba golpearlo, usando su misma fuerza para llevarlo contra la pared y someterlo fácilmente, deteniéndolo con un brazo torcido por la espalda y la cabeza aplastada contra el muro. Lo había sofocado al hacerlo chocar contra la pared.
Aun así, Wufei intentó dar pelea.
-¡¡SUÉLTAME, MALDITO!! ¡¡No tienes derecho a tratarme así!! ¡¡No tienes derecho a rechazarme!!
-¡¡Dije que ya basta, señor Chang!! ¡¡Entiende que 'No' es 'No', y se acabó!! ¡¡Así que déjate de niñerías y vete de aquí!!
Dicho esto, Treize lo soltó, alejándose de él otra vez, yendo hacia la puerta.
Wufei bufó, recuperándose del golpe en su pecho.
Volteó una vez más hacia Khushrenada, y sin hablar se le acercó. Sus puños aun estaban crispados, y su rostro mostraba un encendido color rojo debido al esfuerzo y al coraje.
Antes de salir, lo retó una última vez.
-¡Esto no se queda así, Treize! ¡Vas a arrepentirte por haberme rechazado!
Dicho esto, le escupió con desprecio en el rostro.
Treize sólo alcanzó a voltear un poco, pero no mostró enojo al verlo de nuevo. Su diplomacia fue extraordinaria, a pesar del desagradable final que Wufei daba al asunto.
-Adios, señor Chang.
Se mantuvo firme, hasta que escuchó que la puerta de la habitación se cerraba violentamente, quedándose solo por completo.
Suspiró, en cierta forma aliviado.
Pasando el dorso de la mano sobre su rostro para limpiar el escupitajo del oriental, se dirigió al baño.
Mientras preparaba la ducha, pensó en esos momentos de debilidad que había tenido, reprochándose a sí mismo por haberlo permitido. Pero eso no era lo que en realidad lo preocupaba.
Conociendo de antemano a la familia Chang, sabía que tendría que cuidarse de que esos incidentes no volvieran a ocurrir.
Se desnudó por completo, y sin querer pensar en nada más, se paró debajo de la regadera, dejando que la frescura del agua se llevara consigo todo el incidente con el joven y apasionado oriental.
Sin embargo, había algo más que lo tenía inquieto.
El lacerante recuerdo de Miliardo Peacecraft había suplantado toda su realidad mientras Wufei intentaba seducirlo.
Había tenido la misma sensación que viviera en Viena, la tarde en la que ambos sellaban sus palabras de amor con la incompleta entrega que sostuvieran, la víspera del atentado.
Había sido tan real…
Treize cerró las llaves de la ducha y salió aun con esos pensamientos dando vueltas en su cabeza, con una toalla enredada sobre su cintura y otra en la mano, secándose el cabello.
Llegó a la cama quitando el exceso de agua de su cuerpo, y casi sin darse cuenta, en la melancólica y triste soledad que esos recuerdos le acarreaban, se acostó en ella, evocando la mirada tierna y llena de vida que su pequeño rubio le dedicara cuando ambos despertaron abrazados, amándose aun sobre las restricciones que pesaban sobre ellos…
De ese modo, el sueño fue ganándole terreno.
El nombre de Miliardo se perdió en sus labios, justo antes de que el cansancio lo venciera por completo.
-----------------------Territorialidad…
Sentado en uno de los enormes y mullidos sillones cercanos al área de recepción, Zechs recorrió con la vista el lobby del lujoso hotel, entre impaciente por llegar a su habitación, y fastidiado por la temprana reunión con la junta directiva de Ferrari que le impediría hacer lo primero.
Lucrezia Noin era quien se encargaba de finalizar el trámite en la recepción del hotel, mientras él se aburría observando a los grupos de turistas y personas solas que llegaban de distintas partes del mundo.
Revisó por enésima vez la hora, comparando de forma mecánica la que le mostraba su reloj con el del lobby antes de recargar un poco la cabeza sobre el respaldo del sillón.
Pensó en lo mucho que el circuito del Reino atraería la atención internacional, no sólo como una atracción deportiva. Era una estrategia bien planeada para dar a conocer la pequeña isla como un nuevo centro de inversión segura, como un banco consolidado en un prometedor futuro financiero.
Por consecuencia, las agencias de inteligencia como INTERPOL, EUROPOL y la misma CIA lo veían como la futura caja de seguridad de los movimientos de la mafia rusa y algunos de los grupos paramilitares que ellos seguían.
Por esta razón, y casi sin desearlo, había accedido ser el piloto titular del circuito, a pesar de que éste no se llevaba en un plano de relevancia tal como serían los grandes premios de la F1 a nivel mundial.
Su única motivación para estar ahí, además de poder localizar alguno de los contactos de los que uno de sus informantes les mencionara, era el que Otto le confiara que Treize estaría ahí, aunque no tenía la seguridad de que permaneciera todo el tiempo que durara el circuito, y que tal vez sus posibilidades de verlo no serían óptimas.
Pero eso no le importó.
Sólo con el simple hecho de verlo, aunque fuera por algunos segundos, de saberse cerca de él, y saberlo a salvo de cualquier artimaña de Ferrari en su contra y de una posible persecución por parte de los asesinos de su familia, con eso era más que suficiente para continuar en esa cacería.
Sin embargo, fue arrancado de esa distracción por una conocida voz junto a él.
-¡¡Mira qué oportuno!! -Abrió los ojos sin levantar la cabeza, encontrándose con el rostro endurecido de Wufei casi parado encima de sus pies. Se veía muy molesto. -¡El Conde Relámpago en persona!
Zechs lo observó unos segundos, mientras una ligera sonrisa sarcástica aparecía en su boca.
-Wufei Chang. Ahora sí creo que realmente este mundo es demasiado pequeño. ¿Vienes de vacaciones o de cacería?
-¡No seas idiota, Marquise! –Chang se cruzó de brazos, tratando de mantenerse coherente para repeler las respuestas ácidas del rubio. –Mi equipo participa también en el circuito.
Eso hizo que Marquise levantara la cabeza en un leve gesto de interés.
-¿Tu equipo? ¿Desde cuándo tienes un equipo?
Por un momento, la vanidad característica del oriental ganó terreno. Su frente ceñuda fue relajándose poco a poco por la oportunidad de lucirse ante el que consideraba su rival.
-Soy parte de la mesa directiva de McLaren. Será sólo cuestión de tiempo para medirme contigo en las siguientes campañas.
-Eso suena interesante…
-Bueno, mi meta es dejarte demasiado atrás, en todo. Incluyendo ese lugar especial en el que Treize te tenía en sus afectos. –Wufei sonrió al ver que la mirada del rubio se endurecía ligeramente al escuchar que mencionaba al alemán con demasiada familiaridad. –Dalo ya por un hecho, Marquise. Sé que le agradó la visita que le hice hoy.
-¿Treize está aquí? ¿Lo viste?
-¡Por supuesto! ¿Esperabas que se quedara en su casa, temblando de miedo ante tus constantes amenazas y acosos? ¡Se ve que no lo conoces!
Zechs se levantó del sillón, poniendo de manifiesto la evidente diferencia de estatura y complexión entre ambos. Se notaba que su humor había cambiado en forma radical frente a un insolente y molesto Wufei.
-¿Acosos y amenazas? ¡No había oído semejante sarta de tonterías en mucho tiempo!
Wufei adoptó una cínica actitud de conciliador ante él.
-Zechs, por favor. No soy tonto, no estoy ciego y no nací ayer. ¿Ya no recuerdas lo ocurrido en esa recepción de BMW-Williams? Esa en donde nos conocimos…
El rubio hizo más evidente su gesto de enfado, suspirando ruidosamente.
-¿Sigues con eso, Chang? ¡Te aclaré que no sucedió nada de lo que me estabas acusando! ¡Treize bebió de más, y lo único que hice fue llevarlo a su casa! ¡Tú tergiversaste los hechos, y de no ser por mí seguramente lo hubieras violado!
-¡Yo no lo drogué, Marquise! ¡Además, quien está tergiversando los hechos eres tú! ¡Khushrenada estaba muy dispuesto a dejarse seducir, yo no lo obligué a nada!
Zechs se desesperó. Lo último que hubiera deseado en ese momento era una agria discusión por un motivo de “territorialidad” enfocado en Treize. Así que optó por la retirada.
-¡¡Está bien!! ¡Si tienes pruebas que verifiquen tu versión, haz la demanda! ¡Pero si no, déjame en paz, Chang! ¡Tengo demasiados problemas como para que tú te sumes a ellos con el único afán de fastidiarme la existencia!
Se dio la vuelta, dispuesto a irse hacia el área de los elevadores, cuando nuevamente la voz en tono de burla del oriental lo detuvo.
-¡Vaya! Nunca pensé ver que abandonabas tus batallas tan fácilmente. Pero creo que es tu costumbre. Con esta es la segunda vez que me lo demuestras en sólo unos minutos.
-¿La segunda? –Zechs volteó un poco hacia él, apretando los puños. Y Wufei notó el breve relampagueo de ira en su mirada. -¿Cómo que la segunda?
-Ah, si. No te había dicho. –El oriental simuló verse las uñas de la mano derecha mientras se lo decía, como si no tuviera importancia. –Treize y yo tuvimos un pequeño flirteo el día de hoy. Y la verdad, Zechs, es un amante extraordinario. Además, pude constatar que no es difícil desplazarte. Así que puedes tomarlo de esa forma: Wufei Chang dos, Zechs Marquise cero.
Dicho esto, el chino le sonrió por última vez antes de darse él también la vuelta e ir en dirección a la otra ala del edificio. Sabía que había golpeado en zona vulnerable, y no dejaría de hacerlo hasta que la rivalidad acabara, y por supuesto, siempre a favor suyo.
Zechs iba a seguirlo, pero otro evento inesperado se interpuso en su intento.
-¡Señor Marquise! –Una voz conocida lo distrajo momentáneamente, haciéndolo voltear hacia el corredor que llevaba al centro de negocios. -¡Señor Marquise, hola!
Reconoció al joven que lo saludaba efusivamente, sonriéndole mientras se dirigía hacia donde estaba. El enojo recién pasado se esfumó ante esa sonrisa.
-¿Duo Maxwell?
-¡Si! Veo que se acuerda de mí. –Se saludaron con un apretón de manos, y aunque Duo intentó hacerlo sólo como un formal gesto de cortesía, Zechs fue sutilmente más allá que eso. –Imagino que va a correr el circuito. Pensé que no lo haría.
Marquise lo soltó cuando Duo jaló su mano un poco. Pero no dejó que se alejara mucho.
Las palabras de Wufei aun retumbaban en su cabeza. Y el sólo pensar que algo de lo que le había dicho acerca del supuesto flirteo fuese verdad, lo hacía rabiar de celos. Así que no tomó en cuenta que su estado de ánimo lo motivaba a buscar un desahogo. ¿Y qué mejor oportunidad que la que se le estaba presentando?
-Hubo algunas situaciones que me obligaron a decidirlo a última hora, Duo. Son los riesgos de ser piloto titular.
Duo asintió, mientras se dirigía a la recepción.
-Me alegra saber eso. La verdad, creí que el circuito sería aburrido. Pero ya con usted aquí, nada de esto pinta de tedioso.
-Creo que exageras. Hay muy buenos pilotos en los demás equipos. –Zechs volteó hacia la entrada principal del hotel, esperando ver a Heero entrar en cualquier momento, pero no sucedió tal cosa. Así que decidió preguntar. -¿Heero va a correr también?
-Si, temo que si. –El americano le sonrió a la joven de recepción mientras recibía el libro de firmas, pero continuó hablando con Marquise. –Pero él llega hasta mañana en la tarde, creo. Lo llamaron de la oficina general de Washington, así que tuvo que desviarse antes de venir para acá.
Zechs supo que Duo le estaba hablando de algo muy diferente al automovilismo.
-Duo… ¿Puedo saber qué clase de misión traen entre manos?
Maxwell lo observó por algunos segundos sin perder su sonrisa.
-No creo que haya problemas. Además, Heero me dijo que también está de nuestra parte, aunque en bando diferente. ¿INTERPOL, creo?
-Así es. Pero deja de tratarme como si fuera un completo desconocido. –Sonrió de manera cálida, tratando de infundirle más confianza. –Dime Zechs.
Duo asintió al tiempo que entregaba toda su documentación. Volteó con él otra vez, dispuesto a hablar de lo que hasta ese momento habían logrado en la investigación. Pensó que tal vez podrían formar equipo si había algún punto en común, y compartir información de lo que cada uno sabía.
Aunque también lo asaltó el remordimiento por no hacer mucho caso de lo que Heero le advirtiera acerca de Marquise. Tal vez, se dijo Duo para sus adentros, el japonés estaba exagerando un poco para mantenerlo lejos.
-De acuerdo, Zechs. Verás… -Seguido por Marquise, caminó con pasos lentos hacia el área de los elevadores del ala contraria a la del equipo Williams, ordenando en su pensamiento lo ocurrido en los últimos meses. –Seguimos el rastro de varios contrabandistas de armas muy pesadas. Tal vez estemos hablando de armas nucleares, pero no es muy seguro.
-¿Armas? También nosotros estamos tras eso. Pero no sé a qué extremo. Tenemos en la mira a dos “familias” rusas que contrabandean con el mercado negro iraní y varias fracciones paramilitares en Yugoslavia, Croacia y otros países. ¿Crees que sean los mismos?
-Mmmmmmm… no lo sé, aunque podría ser…
-Zechs… -La voz cristalina de Lucrezia Noin los hizo detenerse. Ambos voltearon hacia ella. –La junta de la mesa directiva inicia en cinco minutos.
Duo la observó con atención mientras se dirigía a donde estaban.
-Ah, si. Lo había olvidado. –Zechs volteó con Duo otra vez, y los presentó. –Ella es colaboradora dentro de la escudería de Ferrari, Lucrezia Noin. Lucy, es Duo Maxwell, del equipo BAR Honda. El Master de ingenieros.
-Si… hola. –Noin, sin embargo, sólo fue cortés. Tenía más urgencia por que Marquise no faltara con el compromiso de la escudería. –Zechs, debemos irnos.
-Si, está bien. Te sigo en un minuto.
Cuando ella se fue, Zechs volvió con el americano.
-Oye, me gustaría invitarte a cenar. Claro, si no tienes otros planes. Así tendremos más tiempo para continuar con esta charla.
-Ah… -Duo enrojeció por fracciones de segundo, pero aceptó. No quería pasar la velada solo y aburrido. Sería sólo compartir la cena, una buena charla y nada más. –Si, está bien. ¿A las ocho, aquí?
-Si, perfecto. Nos vemos. –Zechs sonrió, despidiendo al muchacho con un ligero apretón de manos.
------------------------Causalidades, no casualidades…
Iniciaba el atardecer en la isla.
Treize despertó cuando la alarma de su reloj se dejó escuchar.
Se incorporó con algo de renuencia, ya que el cansancio no había desaparecido. Sin embargo, tenía compromisos de trabajo, y no podía faltar a ellos. Así que, reuniendo ánimos, se levantó de la cama y buscó su maleta, recordando que no había desempacado debido al incidente con Wufei. Cerró los ojos y sacudió un poco la cabeza, sonriendo levemente al tiempo que se regañaba a sí mismo por ello.
Mientras se arreglaba, llamó a la habitación de Quatre, sin que éste le respondiera. Imaginó que estaría dormido cuando el aparato indicó que se activaría el buzón, así que le dejó un mensaje breve.
-Quatre, espero que no hayas olvidado el compromiso de la junta. Faltan 45 minutos para que nos presentemos con el equipo. Te llamo en un rato más.
Cortó la llamada al tiempo que sacaba la computadora portátil del maletín y la dejaba en el escritorio de la habitación. Se sentó frente a la computadora y continuó con los preparativos de la presentación de las innovaciones del prototipo, así como con los detalles en las gráficas de las pruebas con el carburante.
Mientras revisaba esto último pensó más detalladamente en su socio.
Quatre.
Joven, tierno, decidido y con una enorme responsabilidad política de la que estaba huyendo, a toda costa.
Durante uno de los últimos viajes que habían realizado juntos lo supo.
Por el propio Quatre se había enterado hacía apenas unos días atrás que no era quien realmente decía. Se trataba nada más y nada menos que del único heredero varón del jeque Winner, gobernante de una región dentro de los Emiratos árabes y dueño de uno de los complejos petrolíferos mejor posicionados en los mercados internacionales. Por esa razón, el muchacho prefería hacerse el perdedizo en cualquier apartado rincón del mundo, lejos de cualquier confrontación que se presentara, ya fuera ésta política o familiar.
Treize tuvo la sensación de que era esto último lo que lo hacía huir. El trasfondo cultural de la familia Winner era cien por ciento musulmán, así que eso le impedía declarar abiertamente sus preferencias. Esa había sido una razón de peso por la que el muchacho decidiera “occidentalizarse”, y en forma inconsciente, independizarse.
Sin embargo, eso sería un penoso y arduo proceso, pues siendo el único varón de la familia, todo el manejo político y empresarial de su padre pasaría a sus manos.
Treize dejó lo que hacía, pensando en eso. Porque no sólo su socio confrontaba esos problemas. Trowa podría verse involucrado en una situación dolorosa si buscaba relacionarse sentimentalmente con el pequeño rubio.
Y de ser así, ambos sufrirían.
Súbitamente se levantó de la silla, sintiendo una ligera opresión en su pecho.
Era una variación de su historia personal. Algo que no había previsto, pero que le era dolorosamente familiar.
Caminó por la habitación casi sin darse cuenta, repitiéndose a sí mismo que era una casualidad, una tonta broma del destino… que esta vez a él no le correspondía tomar parte en los sucesos que pudieran surgir entre ellos… pero su conciencia lo detuvo, y un claro recuerdo de sus propias palabras lo aguijonearon.
La casualidad no existe… y si estaba en medio de esa historia que Quatre y Trowa empezaban a forjar, era porque de alguna manera, tal vez directa o indirectamente, él podría ayudarles a escapar de un destino parecido al suyo.
Se quedó parado junto al escritorio, con la vista perdida en la pantalla de la portátil. Bajó la cabeza un poco, y suspiró, aceptando el reto que veía venir. Por Miliardo, por el recuerdo de ese amor que se les había negado a ellos... y por él mismo.
Volvió entonces a la realidad, dándose cuenta que habían pasado alrededor de quince minutos. Volvió a llamar a Quatre, doblemente extrañado de que no le respondiera.
Dejó de insistir, pensando que podría pasar por él a su habitación. Así que se dio prisa para terminar de arreglarse, guardar la computadora y los papeles que llevaba, y salir con rumbo a la habitación del rubio, para después bajar a uno de los salones de conferencia en donde habían quedado de reunirse con el equipo.
-------------------Dulce correspondencia…
La habitación de Quatre tenía una hermosa vista hacia la playa.
La terraza corría hacia una esquina del edificio, permitiendo dominar en ella no sólo parte del intenso azul del mar que se extendía al frente, también algunos de los enormes cruceros que llegaban al puerto cercano, procedentes de diversos países, tanto asiáticos como africanos.
Sin embargo, la panorámica vista era lo que menos llamaba la atención de los ocupantes de la habitación, enfrascados en esos momentos en demostrarse cuánto deseaban pertenecerse mutuamente. Cuánto deseaban que esos momentos de entrega apasionada no terminaran…
Estaban uno frente al otro. El árabe sentado sobre el vientre de latino, balanceándose en movimientos un tanto arrítmicos y urgentes, arrancando gemidos placenteros y ligeros espasmos de su amante al acariciar de esa forma su virilidad.
Con un curioso gritito de placer, Quatre arañó la espalda del latino al sentir que éste inundaba su interior en medio de una fuerte sacudida. Dejó entonces que su propio éxtasis corriera entre ellos libremente...
Trowa aun conservaba un poco de fuerza, así que lo recibió en su pecho cuando el esfuerzo fue demasiado. El árabe prácticamente se derrumbó sobre él, jadeando exhausto, con un ligero temblor recorriendo su cuerpo. Estaba sonrojado y bañado en sudor.
El latino estiró un brazo hasta la mesita de noche, alcanzando la segunda botella de vino blanco que habían abierto. Tomó un generoso trago del líquido aun frío, y volvió a dejarla, esta vez junto a ellos. Buscó el rostro de su amante con una mano, y con toda la gentileza y ternura que podía aun darle, con los dedos índice y anular recargados en su barbilla, lo hizo voltear hacia él, al tiempo que se inclinaba buscando sus labios.
Quatre permitió que le abriera los labios con la lengua, y en el momento en que ambas bocas se juntaron, Trowa dejó que el trago de vino que llevaba cautivo pasara a Quatre. Éste lo recibió gustoso, saboreándolo mientras sus manos acariciaban los hombros del mayor.
Se separaron un poco, buscando encontrar sus miradas.
Trowa sonrió al ver el gesto cansado y la mirada soñolienta de su amante, y volvió a besarlo en todo el rostro, estrechándolo con fuerza y hablando quedamente mientras lo hacía.
-Quatre… aun no asimilo tanta dicha… No quiero que pase un minuto más… quiero que el tiempo se detenga…
-Sería maravilloso que eso sucediera, Trowa. Pero es imposible. Tenemos que ir a la junta del equipo…
-La junta puede irse al diablo. Quiero que nos quedemos aquí, toda la vida.
El árabe rió al escucharlo.
-Qué dulce eres, pero no puedes botar tu compromiso. No mientras seas el Master de Ingenieros.
Una casi inaudible maldición salió de lo más profundo del ánimo de Trowa, arrancando otra breve risa del rubio.
Quatre volvió a besarlo en forma apasionada, y acto seguido se incorporó un poco, cuidando de no lastimar a su amante. Hecho esto, se levantó de la cama yendo hacia el baño, caminando sin inhibiciones de ningún tipo, totalmente desnudo. Trowa no pudo despegar los ojos de su cuerpo, sintiendo que su deseo renacía ante esa exquisita vista.
-Voy a la ducha. -Volteó su rostro sonriente hacia él, haciéndole una sensual invitación. -¿Me acompañas? Necesitaré ayuda para alcanzar mi espalda.
Trowa no esperó que se lo repitiera. Impulsado por su despierto líbido fue detrás del rubio, abrazándolo entre risas y besos juguetones.
-------------Descubriendo las correspondencias…
Treize tocó por segunda ocasión, pensando que tal vez Quatre se había adelantado y quizás ya se encontraba abajo, en el lobby del hotel. Pero decidió esperar otro poco, pues no habían quedado de esa forma.
Pasaron dos minutos más, así que volvió a la puerta. Justo cuando iba a tocar por tercera vez, Quatre abrió. Sólo asomó un poco la cabeza, totalmente empapado, con el cabello pegado a su frente y aun con rastros de espuma en él. Estaba sonrojado hasta las orejas, y Treize tuvo la ligera sensación de que estaba agitado.
-¿Aun no estás listo?
-Aaahhh…. Ehhh… no… No. Perdón. Me quedé dormido y apenas desperté hace unos minutos. Pensé que era más temprano.
Treize arqueó una ceja, aun con algo de incredulidad.
-Te llamé dos veces. ¿No escuchaste los mensajes?
Quatre se mostró aun más apenado.
“¿mensajes?... ¿mensajes?...”
-N-no… creo que estaba en lo más profundo del sueño. –Sin embargo, un chispazo en su memoria lo hizo sonrojarse aun más. Si, por supuesto que había escuchado el teléfono, el aviso del aparato para grabar el mensaje, y de manera difusa la voz de su socio. Pero no le había prestado atención, ya que toda la tenía enfocada en Trowa.
Khushrenada sonrió con resignación, asintiendo con un ligero movimiento de su cabeza. Consultó su reloj y volvió a verlo.
-O.k. socio. Tienes cinco minutos para estar listo. La junta inicia dentro de un cuarto de hora y aun tenemos que bajar doce pisos.
Quatre asintió, y sonriéndole también, cerró la puerta con fuerza, movido por las prisas.
Sin embargo, Treize alcanzó a escuchar más ruido del que habitualmente una sola persona haría, por más apurado que estuviera.
Incluso... ¿Eran risas apagadas? No... su imaginación estaba trabajando de más, especialmente porque aun era muy reciente el encuentro pasional de Chang. Si, de seguro eso lo tenía ligeramente alterado.
Tratando de ser todo lo paciente posible, estuvo aguardando a que Quatre saliera de la habitación.
Fueron un poco más de cinco minutos, pero estaban a tiempo... claro, si no se atravesaba algo más en su camino a la junta de Williams.
Quatre salió, luciendo impecable y extremadamente feliz.
Treize se desconcertó un poco por eso, pero recordó que era el primer viaje del muchacho en total y completa libertad.
-¡Estoy listo! Ya podemos irnos... -Le dijo casi arrollándolo al salir de la habitación. Con cierta urgencia lo sujetó por un brazo y casi lo arrastró hacia el área de elevadores.
-Quatre, amigo... De pronto las prisas parecen habérsete contagiado de más.
-Oh... es que no quiero que lleguemos retrasados. -Quatre volteó con poco disimulo hacia atrás por un momento, y sonrió levemente. En forma apresurada volvió la vista al frente, tratando de no llamar la atención de su socio.
Sin embargo, Treize era demasiado suspicaz.
Volteando a ver al muchacho, su vista fue un poco más allá de su ángulo de visión, alcanzando a ver que alguien salía de la habitación furtivamente. Y de la misma manera, con extraordinaria rapidez se escurría hacia los pasillos donde se encontraban las escaleras de emergencia.
"Trowa..."
Sin embargo no le dijo nada a su socio. Se mantuvo en un prudente silencio con respecto a lo que había descubierto.
Subieron al elevador sin contratiempos, y mientras bajaban los doce pisos, Quatre trató de distraerlo con un poco de plática.
-...imagino que veremos los resultados de las pruebas del supercarburante.
-Imaginas bien, Quatre. Quinze está muy acostumbrado a las respuestas seguras, así que todo lo que le de el margen de seguridad que busca para el buen funcionamiento de los monoplazas, lo requerirá sin vacilar.
El muchacho arqueó las cejas, pensando en ello.
-Ah... vaya. Calidad ante todo, ¿no?
El timbre del elevador avisó la llegada a la planta baja, Aun iban con tiempo.
Sin embargo, al salir hacia el corredor que conducía a los salones de conferencias, Zechs Marquise se topó con ellos.
-¡Treize! -Su voz detuvo en seco a Khushrenada. No se esperaba ese encuentro tan pronto.
-Zechs... hola...
Marquise se acercó a él con una extraña expresión en su mirada. Algo que ni siquiera él supo definir al cien por ciento.
Deseaba abrazarlo, estrecharlo si fuera posible...
Pero se detuvo al ver que Treize retrocedía un paso ante su cercanía. Entonces se detuvo.
-¿Q-qué ocurre?
Treize bajó la vista momentáneamente al percatarse de lo que había hecho.
-...No esperaba verte... Estoy sorprendido, es todo.
Hasta ese momento, Zechs reparó en la presencia de Quatre.
-Ah... ya veo.
El muchacho estaba pasmado. Zechs era otro de los hombres del automovilismo que admiraba fuertemente.
Treize los vio a ambos, y decidió presentarlos para evitar alguna situación desagradable.
-Zechs, es mi socio. Quatre Raberba Winner. Williams nos requirió como consultores.
Quatre se le acercó, tratando de no mostrar mucho entusiasmo, pero difícilmente lo logró. Extendió la mano frente a él, a manera de saludo.
-Señor Marquise... es un placer conocerlo...
Zechs le estrechó la mano de manera fría, mecánica.
-Si... hola... -Ignorándolo, volteó a ver al mayor de nuevo, esta vez con gesto grave. -Treize, necesito hablar contigo.
La suspicacia de Khushrenada le hizo sospechar de la forma como Zechs actuaba ante el otro rubio.
"¿Celos...?"
-Zechs, no es posible. Tenemos una junta en menos de cinco minutos, y no sé cuánto tiempo se alargue. -Bajó un poco la cabeza mientras buscaba furtivamente si alguien de Ferrari lo vigilaba. -Además, aun no se ha solucionado el asunto de las demandas.
-¿Las demandas? ¿Cuales dem...? Ah, si. Esas... -Marquise se desmoralizó un poco, dándose cuenta que tenía razón. Aunque ya no tenían el mismo peso debido a que Treize ya no era parte de Williams. -Pero ya no hay acción legal contra ti. Eso se terminó, Treize.
-Aun así, no quiero arriesgarme. -Consultó su reloj, señalando con ello que terminaba la charla. -Debemos irnos. El ingeniero Williams debe estar esperándonos.
-Oye, pero...
-Escucha, no puede ser en esta ocasión. -Treize comenzaba a caminar nuevamente hacia el corredor, alejándose de él. -Seré yo quien te busque. Adios, Zechs.
Quatre se despidió de Marquise agitando su mano en un gesto efusivo. Aunque no recibió respuesta. Se le emparejó a su socio y ambos se perdieron de la vista de Marquise al dar vuelta en otro corredor.
Zechs bajó la cabeza en una actitud de derrota al verse medio ignorado por Khushrenada. Jamás imaginó que sucedería algo así.
Entonces, las palabras de Chang cobraron más sentido en su ánimo.
Tal vez Treize sí lo estaba desplazando de su vida.
Porque pensándolo bien, lo único que él había logrado hasta ese momento con Khushrenada, había sido llenarlo de problemas...
Sin embargo, no se iba a rendir. Volvería a conquistarlo, así tuviera que hacer malabares para lograr eso.
Y tal vez podría empezar desde esa misma noche, si lograban coincidir en la cena, lo cual era muy seguro.
Intentaría una maniobra arriesgada.
Pensando en eso, se dirigió a uno de los elevadores, quitándose la máscara.
Sabía que en poco tiempo ya no sería necesario ocultarse en ella.
Era sólo cuestión de tiempo...
Notas, aclaraciones, abucheos, les dejo mi e-milio elivaz@yahoo.com