por Van Krausser

 

Si, confieso mi culpa.

Estoy haciendo un vil revoltijo con todos y de todos... pero no lo puedo evitar.

Con eso de que los archivos y escritos originales a partir del 10 ya no existen nunca más, mis dedos y mi musa se están dando vuelo con eso de destazar la historia por todos lados para hacerlos nuevos. Pero en parte, es bueno experimentar…. Ejém…

Bien, ya con un peso menos…

Ah, no, pérenme. Antes de ir a la lectura.

Por favor, no me odien. Hay algunas relaciones del pasado que pudieran ser algo conflictivas, pero si no se tocan, la historia no tendría sentido.

 

Van K.

 

Capítulo Décimo

-------------Un extraño paquete…

Oficina de correos de Viena, Suiza.

 

Uno de los empleados que hacía la clasificación del correo observó una anotación especial que llevaba uno de los paquetes que acababa de recibir. Era un paquete que contenía otro paquete pequeño, posfechado, muy extraño que se utilizaran en esa época. Sin embargo, debía clasificarlo como indicaban las reglamentaciones de la correspondencia especial.

 

Leyó con interés el nombre del destinatario, y sonrió al imaginar que se trataba de un regalo de cumpleaños. Generalmente, quienes hacían eso eran personas de edad, acostumbrados a ser detallistas, de manera especial si era para persona de su familia muy especial.

 

Volteó hacia otro de sus compañeros mostrándole el paquete y gritó sobre el ruido que había en el área de clasificación.

 

-¡Mira, un posfechado!

 

-¡Otro regalo! –Respondió el otro apenas volteando hacia el primero. –¡Sólo espero que a los de entregas no se les pase!

 

Otros que estaban cerca rieron por el comentario, mientras que el primero salía de su área de trabajo y lo llevaba a una casilla especial. Tomó una nota y lo puso con prioridad para la fecha que marcaba el paquete.

 

-No, yo me encargo de que llegue. –Murmuró el empleado.

 

Ya habían tenido un problema por eso, y se había hecho el propósito de que jamás le volviera a suceder algo así. Observó el casillero por un momento, y finalmente regresó al trabajo.

 

Su compañero lo vio de soslayo una vez más, y le sonrió.

 

-¡Bueno, esperemos que a ti no se te pase…!

 

Un coro de carcajadas acompañó al enfurruñado hombre. Sin embargo, después de unos segundos, él también se unió a ellos.

 

Claro que no lo olvidaría. Menos ahora que se daba cuenta que sus compañeros no lo dejarían en paz si eso pasaba.

 

 

----------------------------Flechazo repentino…

 

Instalaciones de la Armería de Oz.

Heinenkell, Alemania.

 

La empresa marchaba bastante bien, a pesar de que no tenía siquiera seis meses en el inicio de sus nuevas actividades.

Quatre había resultado un excelente socio, además de un gran promotor de los productos de la empresa.

No le era difícil conseguir clientes interesados en lo que ellos ofrecían. Hasta el momento la demanda de pequeños jets modificados para compañías petroleras y de industrias químicas árabes era bastante alta, al grado de que apenas se daban abasto para satisfacer esa demanda. Pero eso los obligaba a viajar demasiado a los dos.

Quatre le había hablado también a Treize de un prometedor futuro como empresa dedicada a la petroquímica, así que confiando en la visión empresarial del árabe, Khushrenada había accedido a ser inversionista en esa rama. Situación que incrementó sus salidas y viajes a Europa y parte de Medio Oriente.

Quatre había llevado entonces a su propio equipo de tecnólogos especializados en la petroquímica, el grupo Managuac. Todo un equipo de hombres leales y trabajadores. Así que en ningún momento hubo conflictos por la carga de trabajo.

Por otro lado, entre ambos habían hecho cambios contundentes a la parte interna de la Armería. Modernos equipos de cómputo y comunicación permitían también que los tratos comerciales fuesen más rápidos, más confiables.

Parte de esa modernización había servido a Treize para el trabajo de consultor que realizaba con BMW-Williams, al permitir que la comunicación entre ambas empresas se realizara por medio de videoconferencias. Eso agilizaba los diagnósticos y las respuestas a cualquier conflicto que surgiera.

Treize contestó la llamada mientras revisaba la última modificación en los planos del prototipo hecho al Cessna 427. Algo no lo convencía aun.

-Treize Khushrenada...

-Amigo, eres más difícil de localizar que cualquier dictadorcillo europeo moderno.

-¡Quinze! –Dejó los planos a un lado al escuchar quién lo llamaba, y sonrió ampliamente, abriendo la imagen de la pantalla LCD que estaba frente a él.

-Hola, Treize. –Escuchó otra voz conocidísima por él, y mientras iba a sentarse, saludó a su amigo y compañero de carreras.

-¡Otto! No creí que los vería tan pronto. Me alegran el día.

-¡Oh, vamos! No es para tanto.

-Treize, ehm... en realidad... –Khushrenada no soltó su sonrisa. Adivinaba el motivo por el que lo llamaran. Quinze carraspeó un poco, y continuó. –Necesitamos tu ayuda, amigo.

-¿En serio? ¿Pues qué hicieron?

-Nada malo, y nada raro, Treize. –Otto intervino al darse cuenta que Quinze tenía algo de dificultades para hablar con él. –Es que tuvimos un problema con el proto P84, y...

-¿Siguen con eso, Otto? Deja ya ese prototipo.

-Espera, lo que pasa es que...

-No funcionaría ni aunque lo rehicieras veinte veces.

-Pero...

-Otto, te conozco, y sé que tienes un enorme potencial para deshacerte de esa chatarra e idear un nuevo prototipo, potente y liviano, como lo soñamos todo el tiempo. Hazme caso.

-Treize, no te...

-Recuerda que su tamaño y los materiales usados son el problema principal.

-¡Treize, escúchame!... ¡Diantres!... -Khushrenada guardó silencio ante ese reclamo. Su sonrisa no se borró. –O.k. Lo siento, no quería gritarte.

-Lo sé. Sólo quería ver si tu humor sigue como siempre. Dime. -Volteó un poco hacia la puerta del despacho al ver que Quatre entraba, sentándose en uno de los sillones de piel oscura que estaban en el lugar. Se saludaron con un movimiento de mano.

-Bueno... pasa esto. Estuve trabajando en la base del proto, pero decidí junto con Trowa hacer bastantes cambios en la estructura del mismo. De hecho, tal como dijiste hace unos momentos, el prototipo quedó muy distinto a lo que había sido al principio.

-¿Lo rehiciste entonces? Otto, eres un genio. ¿Qué tal funcionó?

-A decir verdad, ese es el problema. No funcionó. Algo extraño pasa con la base sobre la que está sentado. Parece que hay un sobrecalentamiento de la misma que hace que el motor se descompense. Ah, mira. Aquí viene Trowa con el prototipo.

Quatre volteó hacia la pantalla al momento en que Trowa aparecía con un enorme artefacto llevado en un carrito. Parecía todo, menos un motor de automóvil.

Sin embargo, el rubio no le prestó atención al armatoste. La figura alta y atlética del latino llamó poderosamente su atención.

-¡Otto, por Dios! -Treize se paró frente a la pantalla, observando todos los detalles que podía del motor. -¿Estás seguro que esa cosa es un motor?

-Já-já ¡Claro que si! -Le riñó ofendido. -Te acabo de decir que está sobre la base del P84.

-Trowa -Se dirigió esta vez al Master, sonriendo de manera extraña. -¿Cómo permitiste que hiciera eso?

El latino se encogió de hombros, fijando su vista por primera vez en Treize. Sin embargo, algo lo distrajo. Más bien, alguien sentado detrás del alemán.

-Eh... bueno... Otto manejó los planos. En base a eso lo armamos...

Khushrenada se separó un momento de la pantalla, con leves movimientos negativos de su cabeza. Estaba haciendo un enorme esfuerzo por no carcajearse delante de ellos. Entonces, tanto Quatre como Trowa quedaron totalmente expuestos, viendo fijamente la imagen uno del otro, en silencio.

-Bien, hagamos algo. Otto, lleva esa cosa a alguna fundidora y échalo en el primer horno que veas. Después me mandas los planos y vemos qué posibilidades hay de hacer correcciones. -Volteó a la pantalla, y de pronto se detuvo al ver la forma en que Trowa mantenía la vista fija en su socio.

Otto no le prestó atención a ese detalle, ya que estaba más ocupado en protestar.

-¡¡Treize!!

El ex piloto sin embargo, al percibir tan sutilmente que algo había ocurrido entre Quatre y el latino, tuvo otra idea. No estaba seguro, pero por el brillo en la mirada de ambos intuyó que había ocurrido una especie de "flechazo", un gusto mutuo. Así que decidió averiguarlo más de cerca.

-Sólo haz lo que te digo. Mándame los planos por fax... no, espera ¿Pueden venir tú y Trowa en estos días?

Como si lo arrancaran de un profundo trance, Trowa volteó con él. Treize sonrió al ver eso.

-¿...Eh?

-Trowa, despierta. Te pregunté que si puedes venir en estos días. Me gustaría que entre los tres revisáramos otra vez esos planos. ¿Está bien?

Quinze intervino un tanto alarmado.

-¿Cómo que me piensas dejar sin mi equipo? ¡No, no! Es una locura.

-¡Oh, vamos, Quinze! Sería sólo por un fin de semana ¡Además les debes vacaciones! -Otto volteó con Quinze y asintió, a pesar del brillo asesino en la mirada del manager. Treize continuó hablando, tratando de convencerlo. -Es más. Quedas invitado a venir tú también. Así podríamos hablar de cosas que no fueran situaciones de trabajo.

-Ehmmm...

-Anímate. También te hace falta tomar un tiempo de descanso. Serán sólo dos días.

Por un momento, el manager de la escudería pareció pensarlo. Finalmente sonrió.

-Está bien, tú ganas. Estaremos allá con los planos y todo el viernes en la noche. ¿Te parece bien?

Treize asintió, sin perder detalle de la expresión de su socio.

-No costó mucho convencerte, amigo. Los espero el viernes, en la noche. Avísenme antes de que salgan de Munich. Así estaremos preparados para recibirlos como es debido.

La comunicación se cortó poco después que los otros dos se despidieran, Otto efusivamente, Trowa totalmente distraído.

Treize entonces regresó con Quatre, observándolo con atención. Al parecer, el mundo había dejado de existir para él desde el momento en que los verdes ojos de Trowa se posaron en los suyos.

Khushrenada sonrió, pensando que el leve malestar que invadía su pecho respondía a un sentimiento poco usual para él: envidia... de la buena...

 

--------------------------------Aquellos viejos tiempos...

 

Sede del Shanghai International Circuit

Una hora después del encuentro con Marquise...

 

Ambos agentes se dirigían hacia el auto que habían rentado para dirigirse al hotel-base de la escudería. Uno de ellos se veía molesto, mientras el otro insistía de manera vehemente en tratar de obtener algo de información.

-... no entiendo cómo Marquise sabe quién eres. Se supone que nadie más que los integrantes de la agencia lo sabemos.

Heero se volteó inesperadamente hacia atrás, y con una mano le tapó la boca a Duo, irritado.

-Si vuelves a decir una vez más el nombre de ese engreído, te corto la trenza sin tijeras. -Siseó con mirada amenazadora a su acompañante.

Duo se sintió ligeramente intimidado por ese gesto. Así que decidió dejar esa conversación hasta que se calmara.

-O.k. O.k. Lo siento. Ya me callo.

Yuy asintió y retomó con pasos apresurados el camino hacia el automóvil. Duo lo siguió con algo de resentimiento.

Minutos después, ya arriba del auto en marcha, el americano sintió nuevamente la inquietud de saber.

Primero se aseguró que su trenza quedara totalmente fuera del alcance de su acompañante.

-Oye, Heero... -La gélida mirada que el otro le dirigió de soslayo no lo detuvo en su interrogatorio. - No es normal que el conde sepa quién eres, a menos que él también sea un agente encubierto.

-Duo...

-¡Sólo quiero saber qué está pasando! -Entonces cruzó los brazos sobre su pecho, en actitud de enfado. -Se supone que no habría secretos de ninguna especie entre nosotros, y mira. Te estás comportando de forma tan patética.

Heero fijó sus ojos en la cinta asfáltica al frente de ellos, pensativo. El americano no despegó su mirada inquisitiva en todo ese tiempo que permaneció silencioso.

-Marquise y yo nos conocimos en la Universidad, en América. -Dijo finalmente con un tono de voz cansado. -Al igual que tu, ambos fuimos reclutados por nuestros niveles de aptitud, por la capacidad que demostramos en la resolución de problemas, y por referencias y recomendaciones de nuestros respectivos profesores. Yo... la primera vez que lo vi, sentí una insana curiosidad por acercarme a él al ver que cubría su rostro con esas máscaras extrañas, así que solicité ser entrenado en Inteligencia junto a él.

Duo dejó su gesto de enfado, escuchando la explicación del japonés. Heero nunca le había mencionado su vida personal dentro de los entrenamientos.

-Nos hicimos muy buenos en esto del trabajo en equipo. Por mi parte, la curiosidad que había sentido al principio dio paso a una fuerte admiración. Sabía lo que eran esas máscaras experimentales, imaginaba las terribles experiencias después de las sesiones de limpieza y curación en el Centro de Tratamiento para Víctimas de Quemaduras cuando él regresaba de ellas, casi desfallecido, pero sin emitir queja alguna. Por ese motivo decidí ofrecerle mi amistad incondicional.

Duo abrió aun más sus ojos, sorprendido.

-¿Fuiste amigo de él? ¡Pero...! ¿Cómo te atreviste a callártelo?

-Aun no termino. -Fue la tajante respuesta que recibió. -Fue muy difícil poder ganar algo de su confianza, porque esconde algo más aparte de un rostro deformado por las cicatrices. Nunca me lo ha dicho, y no he podido descubrir qué es, pero es muy evidente. Sin embargo, no le di importancia porque yo había rebasado otra etapa en mi relación con él. De ser compañeros de trabajo, intenté ahondar más en una convivencia diferente, y no supe detenerme a tiempo. De la curiosidad y la admiración, pasamos a la amistad, y de ahí yo me encapriché en la idealización. De pronto, la perspectiva de llegar a ser algo más que compañeros de trabajo y amigos me ilusionó demasiado. Tanto que nunca me di cuenta en qué momento le hablé de mis sentimientos hacia él.

En este punto, Heero aferraba el volante con fuerza, con la vista perdida en la calle, avanzando de manera casi automática. Duo aun tenía la boca abierta por el impacto que le había causado esa confesión. De pronto, Yuy frenó sin aviso, y volteó con él.

-Duo, nunca dudes de lo que siento por ti. Antes que tú no hubo nada que valiera la pena. Tú eres mi presente y mi futuro.

El americano se quedó callado por algunos segundos, asimilándolo.

Aun sin decírselo muy abiertamente, supo que Heero y Marquise habían tenido alguna relación... intensa, por lo que su compañero ahora le decía.

Hizo un enorme esfuerzo por contener su repentino ataque de celos, y sólo medio sonrió a su compañero.

-No lo haré, Heero. Pero no me des ningún motivo para dudar, por favor.

 

----------------------------Un fin de semana truncado...

 

Instalaciones de la Armería Oz

Heinenkell, Alemania.

Viernes en la noche.

 

Trowa, Quinze y Otto observaban a detalle las instalaciones de la antigua Armería de Oz, ahora totalmente reformada.

Seguían a Treize por uno de los corredores hacia el área administrativa, aunque sólo Quinze y Otto estaban interesados en saber del lugar. Trowa parecía buscar algo... o a alguien.

Por espacio de media hora Treize les mostró el lugar, explicando las reformas que habían ocurrido, incluso mostrándoles el mobiliario y equipo antiguo que aun utilizaban, especialmente para darles el giro de instrumentación militar a aparatos de uso civil. Los llevó a conocer los simuladores y los salones de control de calidad para los vehículos y los motores que se diseñaban ahí, y finalmente, al terminar el recorrido, los condujo hacia el área administrativa de la armería.

Entraron al salón de juntas, en donde un cálido ambiente los esperaba.

Treize pudo ver con satisfacción cómo los dos primero amigos cerraban los ojos y aspiraban el delicioso aroma del café que se había preparado para ellos.

-Mezcla de granos, traídos especialmente para ustedes. -Aclaró. Volteó con Trowa y le sonrió levemente. -Imagino que a ti también te gusta el café.

-Eso ni lo dudes, amigo. -Trowa le sonrió también, tomando asiento en una de las cómodas sillas apostadas alrededor de la mesa. Los demás lo imitaron.

Iniciaron con la revisión de los planos que habían llevado mientras dos jóvenes asistentes preparaban las bebidas.

Al recibir su taza, Trowa volteó con una de las asistentes y agradeció con expresión amable, pero indiferente. Esa leve muestra de carácter no pasó desapercibida para Treize, ya que la joven era muy hermosa y había intentado coquetear con él.

Otto, por el contrario, se desvivió en piropos hacia la otra muchacha, haciendo gala de su espíritu conquistador. Quinze como siempre, se mantuvo en su ecuánime comportamiento.

Trowa volteó hacia Khushrenada al sentir que lo veía con cierta insistencia. Se encogió levemente de hombros mientras llevaba la taza a sus labios, a lo que el mayor sólo sonrió. Ahora lo sabía.

Quatre entró al salón de juntas con movimientos sigilosos, como si temiera interrumpir una reunión importante. Sin embargo al verlo, Treize fue quien llamó la atención de los demás hacia él.

-¡Quatre! Te estaba esperando. Ven, quiero presentarte a mis antiguos compañeros de trabajo.

-Ho-hola... buenas noches, caballeros. -Se adentró hasta donde se encontraba su socio, y se sonrojó al descubrir que una mirada de tonalidades esmeralda lo seguía con bastante interés.

-Es mi socio, su Excelencia el ingeniero Quatre Raberba Winner.

El recién llegado estrechó la mano de Quinze y Otto con naturalidad, sin embargo, al llegar el turno de Trowa, el rubio sintió como si una descarga eléctrica lo hubiera alcanzado. Se estremeció por completo al sentir el cálido tacto del latino, y sintió que sus piernas empezaban a temblar cuando Trowa le sonrió levemente. Como si eso fuera poco, su voz se desvaneció, al igual que el tiempo en el que se encontraban.

-Excelencia... -Murmuró Trowa muy quedamente, como formalidad.

Treize sujetó a Quatre por un brazo, separándolo de Trowa prudentemente al ver que no le respondía. Parecía haberse perdido en la mirada del latino.

Trowa por su parte, hizo un enorme esfuerzo por despegar su mirada de la del rubio y tranquilizarse. No debían ser tan obvios.

-Bien, ya que se conocen, podemos continuar con la revisión del prototipo. Quatre, ¿gustas una taza de café?

-Eh... ah... ssssssi, si... por favor... -Al voltear con Treize, descubrió una pícara sonrisilla en su rostro, y volvió a sonrojarse, sonriendo también. Lo había descubierto.

Treize retomó la reunión, tal como si no hubiese ocurrido nada. Ahora que sabía, podría dejarles un tiempo aparte, ya que hubiesen resuelto el problema que los había llevado hasta ahí.

-Bien, amigos. El ingeniero Quatre es experto en carburantes y lubricantes. El día que me llamaron estuve discutiendo con él algunos aspectos de los prototipos, y me hizo algunas sugerencias bastante acertadas...

Trowa escuchaba con medio interés puesto en lo que decía Khushrenada, y medio más en el rubiecito que estaba al lado de Quinze. Y Quatre a su vez, volteaba ocasionalmente a ver al latino tratando de poner atención a su propio autocontrol. Tarea titánica para él en esos momentos.

-... Por otra parte, según los planos alternos que ha estado manejando Trowa, podríamos enfocarnos nuevamente en el P84 con una base mucho más ligera. Tendríamos que investigar acerca de los nuevos materiales que han salido recientemente para la fabricación de los monoblocks...

Un ligero timbre los distrajo a todos. Parecía un teléfono celular.

Otra vez el timbre, y de pronto Quatre se levantó de un salto, sacando el aparato que llevaba en el bolsillo de su pantalón.

-Oh... lo siento... es... es para mí. -Sin decir más, abrió el teléfono mientras salía de la sala apresuradamente.

Treize sofocó una sonrisa al ver que Trowa hacía un enorme esfuerzo por no salir detrás del joven rubio. Esa sí que era velocidad para enamorarse, pensó.

Estuvieron comentando varios aspectos de la nueva planificación por espacio de cinco minutos, cuando Quatre volvió a entrar. Se notaba una ligera expresión de gravedad en su rostro.

-Señores, deben disculparme. -Inició, viendo a Treize primeramente. -Ha surgido un problema con algunas cuestiones comerciales en mi país, así que debo retirarme ya mismo. Lamento no poder pasar más tiempo entre ustedes, pero espero que nos podamos ver más a menudo.

Al decir esto, volteó hacia Trowa, haciendo que éste retuviera por algunos segundos su respiración, impactado.

Treize se levantó de su asiento, acercándose a su socio.

-Permítanme, ahora regreso. -Ambos salieron de la sala, y Treize preguntó con algo de preocupación. -¿Sucedió algo grave?

-No, nada de eso. No te preocupes. Es un engorroso trámite protocolario. Se suponía que no estaba obligado a asistir, pero fue mi padre quien llamó para exigir que estuviera presente en esto. Debo irme ahora, amigo.

-Está bien. Ve con cuidado, Quatre. ¿Te veo la siguiente semana?

-¡Oh, por supuesto! Esto no se llevará más de tres días. -De pronto, su expresión se ensombreció al pensar en eso. -Sólo lamento no poder estar más tiempo con tus amigos.

Treize sonrió paternalmente, pasando su brazo por los hombros del muchacho, confortándolo.

-Ya habrá tiempo para eso. Tenemos muchas excusas qué idear, incluso para que Trowa venga solo. -Rió levemente al ver el bochorno del rubio. -Es un gran tipo, te lo aseguro. Ahora, concéntrate en que tienes que llegar bien a casa.

-Gracias, Treize. -Quatre lo abrazó agradecido sinceramente. Después de esto, se retiró con paso seguro hacia la entrada principal de la Armería.

Treize lo vio con un ligero pesar, y suspiró un poco antes de regresar a la sala de juntas. No había tomado en cuenta ese tipo de inconvenientes.

 

-----------------------------Negocios son negocios…

 

Edificio del World Trade Center

Hong Kong, China.

 

Wufei Chang permanecía con la vista hacia el mar, mientras el ascensor panorámico lo llevaba hacia el último bloque de pisos del lujoso edificio. Vestía un hermoso traje de lino oscurecido con discretos adornos florales bordados en zonas estratégicas del saco. El corte era largo hasta medio muslo, y de estilo oriental. No tenía mangas, así que le permitía resaltar su piel clara de manera impresionante. Llevaba el cabello severamente recogido en una coleta, dejando al descubierto su rostro.

Su frente estaba surcada por pequeños pliegues en el entrecejo, mostrando su disgusto a pesar de la apariencia imperturbable que trataba de mantener.

Hacía poco tiempo que se había enterado de que Treize abandonara los circuitos, y eso lo había puesto de un constante mal humor. No tenía idea de dónde localizarlo, hasta que alguien le pasó la información de lo que ahora hacía Khushrenada. Así que durante días enteros se había dado a la tarea de investigar, corroborar y planificar la mejor forma de llegar hasta él, haciéndose presente en la armería con el pretexto de la expansión de sus inversiones a zonas alemanas.

Sin embargo, su padre lo había llamado antes de que pudiera terminar su planeación, y era prioritario que se presentara. Porque a pesar de que todo el mundo lo considerara un joven caprichoso que siempre se salía con la suya, Wufei debía cumplir con cualquier orden que su padre le diera. Eso era inalterable.

Así que sin proponérselo, su propio padre le había desbaratado los planes de ir a Alemania en busca de la Armería propiedad de Khushrenada. Lo retrasaría bastante, sin contar qué era lo que su padre había planeado para él, siendo su representante en el medio europeo de las constructoras.

Fue anunciado con alboroto por los sirvientes, cosa que detestaba.

Era pleno siglo XXI y esos tipos se seguían comportando como si vivieran en la época de la dinastía Ming, o algo parecido. Sin embargo, no perdió su aplomo.

Su padre lo esperaba en una amplia sala, de decorado minimalista y enormes ventanales a un lado del mismo. Y no estaba solo. Había dos hombres de pinta europea junto a él. Eso lo sorprendió un poco.

-Padre, vine tan pronto como recibí tu mensaje.

-Señores, mi amado hijo Chang Wufei. -Presentó el progenitor en inglés con un marcado acento antes de dirigirle la palabra. Wufei sintió con incomodidad como uno de los hombres recorría con mal disimulada lascivia su cuerpo. -Hijo, quiero presentarte a dos hombres interesantes. Es Mr. Heller y Mr. Bacey, ambos accionistas mayoritarios de McLaren/Mercedes Benz.

Wufei saludó con una leve inclinación, siendo sólo amable, pero distante. No le interesaba nada de eso. No mientras no se relacionara a Treize.

-Es un honor conocerlos, señores.

Bacey, quien lo mirara con sumo interés, se le acercó apresuradamente. Wufei retrocedió un paso al tenerlo casi encima, y eso lo hizo recordar el día en que Treize había hecho lo mismo cuando él lo acosara por primera vez. Era terrible sentirse 'la presa'.

-Al fin lo conozco, señor Chang. -Sin recato le sujetó una mano e intentó besársela. El chino fue más rápido al retirarla de un brusco movimiento. -He tenido gratísimas referencias de usted en nuestro medio.

-... eh.... agradezco su gentileza, caballero. -Volteó interrogante hacia su padre, dirigiéndose hacia él, en parte para poner distancia entre su humanidad y ese acosador estirado. -Padre...

-Ah, si, si. Wufei, te llamé porque tu presencia es indispensable en este negocio que cerraremos.

Un mal presentimiento lo sacudió. ¿Negocios? ¿Con McLaren?

-Padre, tenía entendido que ya había un acuerdo comercial entre Mercedes Benz y tu empresa automotriz...

-No es por mi empresa, hijo querido. Se trata de un interés que he visto desarrollándose en ti últimamente. –Oh, oh. Pésimo presentimiento. –Sé que te apasiona el automovilismo, y por esa razón me he puesto en contacto con la filial automovilística de la F1 de Mercedes Benz. Aceptaron el trato de que te integres a su mesa directiva. Desean que seas parte del Consejo de Automovilismo.

Wufei parpadeó varias veces, sorprendido. ¿Desde cuándo su padre se metía en sus asuntos?

-P-pero, padre...

El mayor de los Chang sonrió al ver su inusual expresión.

-Sabía que te sorprendería. Bien, hijo. Lo único que falta es que firmes el contrato. He invertido varios millones de Euros para concretar este pacto, así que tu lugar está asegurado, sólo que tu firma es indispensable para terminar con esto. Además de que podrás participar en el circuito próximo circuito, como parte de la mesa directiva, claro.

Wufei sintió que su mundo se derrumbaba.

No podía negarse. No con una inversión millonaria de por medio. Así que tendría que obedecer a su progenitor y buscar la mejor forma de zafarse de todo ese lío en la primera oportunidad que se le presentase.

Volteó nerviosamente con ambos hombres, y sonrió un poco, reprimiendo la sensación de asco que Bacey le empezaba a producir.

 

--------------------------Una promesa velada…

 

Armería de Oz. Domingo, 7:00 p.m.

Heinenkell, Alemania

 

Treize salió con una de las maletas de sus huéspedes para llevarla al auto de Quinze.

Debían regresar a Munich, precisamente para iniciar los preparativos al campeonato que organizaba el reino de Barahin, a correrse en tres semanas.

Trowa se veía sombrío, y Treize supo el motivo antes de que se lo dijera.

Quatre, su ausencia.

Aprovechó un momento en que Barton se quedó afuera para hablar un poco con él, y tratar de subirle el ánimo.

-Hey, primo. -El latino sonrió. Nunca le había llamado así. -Veo que estás un poco... desanimado.

-¿Tanto se nota?

-Oh, sólo un poco. Pero podemos arreglar eso. -Le pasó una hoja con algunos números anotados en ella. Trowa vio el papel con aire dubitativo, y después a él.

-¿Qué...?

-El itinerario de mi socio, y su línea de negocios en el complejo de la Mansión. Así podrás saber cuando se encuentra aquí.

Trowa se sonrojó un poco, viéndolo con algo de duda. ¿Se había dado cuenta?

Si, era más que obvio.

-Er.... Treize, no creo que...

El mayor sonrió, levantando un poco las manos a manera de desentendimiento.

-Podrías saludarlo ocasionalmente. Por otra parte, él sería una pieza clave para el diseño de los prototipos futuros. Su equipo de tecnólogos trabaja en estos momentos en una mezcla de supercarburante, más ligera y segura que la que se maneja ahora. Así que ambos podríamos ver la construcción de un motor liviano, con base en el uso de este supercarburante. Quatre sería también protagonista de este diseño.

Trowa lo escuchaba pasmado.

¿Cómo era posible que este hombre planeara tan fácilmente todo eso?

-Treize, eres un genio. -Dijo finalmente, sonriendo al darse cuenta que le estaba ayudando a acercarse al rubio, y con un buen pretexto de por medio.

-No, Trowa. Me falta mucho para ese nivel. Sólo soy un estratega. -Volteó hacia la casona y le palmeó un hombro. -Bueno, vamos por el resto del equipaje. Aun tienen un buen trecho por recorrer. Munich no está tan cerca.

Sin decir más, regresó a la casona, dispuesto a cargar otra maleta.

 

---------------------señales de advertencia…

 

Bologna, Italia.

En un apartamento céntrico…

 

Sentada en el pequeño sillón de la terraza del pequeño apartamento que rentaba junto a Zechs, Lucrezia Noin esperaba una llamada de Rusia.

Solo, su contacto en Alemania, había dado con un interesante dato acerca de la identidad de los asesinos de Khushrenada. Y con eso, aseguraban la localización de la base principal de Tsubarov. Claro, si no se les atravesaba ningún otro contratiempo.

Sin embargo, el doble agente de la policía alemana le había comentado a ella que estaba seguro que esos hombres buscarían a Treize, ya que había motivos para sospechar que el hombre asesinado no portaba lo que ellos buscaban.

Así que le había recomendado que se mantuvieran alertas y reforzaran la seguridad hacia el último de los Khushrenada. Solo y su equipo se encargarían de vigilar cualquier movimiento dentro de las agencias armadoras y las empresas que estuvieran involucradas con construcción de vehículos y armamentos militares.

Estaba seguro, al igual que Lucrezia y Zechs, que Tsubarov no tardaría en dar señales de vida, conociéndolo como era, arrogante y pagado de sí mismo.

 Sólo necesitaba un motivo, y tal vez Treize Khushrenada formaba parte de ese motivo…

 Se sobresaltó al escuchar el repiqueteo del teléfono, justo a un lado de donde estaba ella. Así que sin dilación, levantó el auricular, llevándolo hasta su oído.

-Habla Lucrezia Noin…. Zechs, estaba esperando que me llamaras… Si, hace falta que se de la instrucción para el arresto de su principal proveedor. Eso imagino… -De pronto se tensó mientras escuchaba con atención lo que le decía su compañero. -¿Cómo que…? ¿Zechs, por qué no me lo dijiste? ¡Sabes que es problemático que la CIA se involucre tan directamente! ¿Quién?

Al escuchar el nombre, la joven agente cerró los ojos y se llevó la mano a su frente, en un gesto de preocupación.

-¡Por Dios, Zechs! ¿Te has vuelto loco? ¡No! ¡Cualquiera, menos él! ¡No, no! ¡Lo que no quiero es que vuelvas a salir lastimado! ¡Escúch…! Si… si… De acuerdo. Te veo entonces en dos días. Si, te esperan para confirmar asistencia a Barahim. La mesa directiva. Si, de acuerdo. Cuídate mucho. Ciao.

Noin colgó sin poder evitar una breve maldición en italiano al pensar en la persona que Zechs le mencionara.

Heero Yuy, después de tanto tiempo…

Volvió al sillón, dejándose caer en él con expresión ausente y la mirada fija en algún punto imaginario del cielo.

-Zechs, espero que sepas lo que haces…

 

-----------------------La invitación al paraíso...

 

Mansión Khushrenada.

Heinenkell, Alemania.

Una semana después de la visita de los tres a Heinenkell...

 

De la misma forma como la Armería había sido remodelada y modernizada, Treize había planeado remodelar la Mansión que perteneciera a sus padres para convertirla en una funcional construcción. Se construyó una especie de refugio personal en un ala de la casona, totalmente aparte de la construcción principal. El resto de las habitaciones y salones estaban disponibles para los socios y accionistas de la armadora, y habían sido planeadas casi como un hotel de lujo.

Treize no necesitaba más que un pequeño espacio, igual a lo que era la casa de Munich. Así, cuando Marimeia pudiera estar con él, no habría problema alguno en ese sentido. Y él estaría en pleno contacto con el trabajo para cuando se le requiriera.

Quatre tenía un espacio designado para él, en otra área de la Mansión. No era permanente, puesto que sus constantes viajes no le permitían estar ahí por más de cuatro días seguidos. Sin embargo, su socio se había asegurado que su espacio fuese lo más confortable posible. El rubio estaba sumamente agradecido con él por ese detalle.

Ambos socios estaban en uno de los salones de la Mansión, a pocas horas de que el rubio llegara de su país. Se veía enfadado, pues el sistema de protocolos de su gobierno no le había permitido regresar a los tres días planeados, sino una semana después. Treize apenas lo estaba poniendo al tanto de lo que habían visto él y los otros tres ingenieros, cuando una llamada a la línea de Quatre los distrajo.

-Quatre Winner al habla...

Treize lo observó un momento, y de pronto supo que era Trowa quien estaba al otro lado de la línea al ver que su socio se sonrojaba notablemente y un extremo nerviosismo lo invadía.

Sonrió levemente, disimulando que no se había dado cuenta de eso, inclinado sobre los papeles que tenía desparramados en el escritorio.

-...N-no... e-está aquí, si. Se lo comunico, ingenier... ¿Yo? -Una risilla muy nerviosa del rubio lo hizo levantar la cabeza. El rostro de Quatre parecía un tomate de tan sonrojado. -...m-muy bien, si... si, ingeniero. No, lamenté mucho no haberme quedado el fin de semana. Pero no será la última vez que lo vea, espero.

El sonrojo dio paso a una luminosa sonrisa. Treize sonrió también, pero no quiso ser mal tercio. Se levantó del escritorio con discreción y se retiró hasta un librero, simulando buscar un libro de cálculo.

-¡Oh, si, si! Le diré a Treize que lo invite más seguido. Si. O mejor... ¿Si lo invitara un fin de semana a mi casa, aceptaría? No, no en Alemania. En los Emiratos. Si, si. ¿Me avisará? ¡Claro, no se preocupe! Será un gran honor para mí. Por supuesto. -Hubo silencio por espacio de un minuto. Finalmente, Quatre se despidió de él sin querer hacerlo. -No, estaré dos días aquí y saldré de viaje otra vez. Si. Gracias, ingeniero Barton. Claro que si. Le comunico a Treize.

Sonrojado hasta las orejas una vez más, Quatre se acercó al mayor extendiéndole el auricular. Treize volteó a verlo con una enorme sonrisa, pero no hizo comentarios.

-Gracias, Quatre. -Esperó un momento a que el muchacho se sentara frente a él, e inició la conversación con Barton. -Trowa, esperaba que me llamaras hace días. Así es... De acuerdo, a otro punto. ¿Cómo vas con el diseño?

Khushrenada le sonrió al joven árabe mientras éste se recostaba sobre la mesa, sin perder detalle de la conversación. Seguro estarían hablando del proyecto del nuevo motor. Tenían todas sus fuerzas enfocadas en eso, tanto que a veces Quatre pensaba que estaban rematadamente chiflados con ese asunto.

La idea era demasiado interesante, aunque arriesgada. Sólo tres semanas para idear, bocetar, construir y probar un motor, eso sin contar con que aun no se tenía el resultado del nuevo supercarburante.

-Tenemos una semana para hacerlo. Aun si el supercarburante no estuviese listo, el proyecto del motor no debe aplazarse. Si, lo sé. Pero… -Suspiró levemente, mordiendo su labio inferior. –Trowa, preferiría probarlo yo mismo. No tienen que arriesgar a nadie para conducir el modelo cero. No, por eso estoy ofreciéndome para hacerlo. Si, si. ¿Cuándo consideras que esté el boceto? ¿Ya…? ¡Trabajas rápido, amigo! Si. En tres días se armaría, y entonces podríamos montarlo para la prueba inicial. El fin de semana, tal vez.

Treize guardó silencio por un rato, escuchando a Barton con suma atención. Su mirada se desvió de la del rubio frente a él hacia los planos que le mostrara antes de recibir la llamada, pero sin ver ninguno en especial. Parecía estar ausente, y el que empezara a juguetear con sus dedos sobre los papeles de manera distraída delataron eso.

Finalmente habló, no mostrándose muy seguro con la respuesta que daba a su interlocutor.

-¿Ir a Barahim? Si, entiendo que sería sólo como consultor, pero… No, no es por eso. No… ¿Quién lo propuso? ¿El Ingeniero Williams? –Un leve suspiro salió de entre sus labios, dejando ver su desazón. –Sería sólo para estar seguros que el proto funciona bien. Si hay fallas el monoplaza se retira de inmediato, y yo con él.

Quatre se incorporó de pronto, clavando su ahora brillante mirada al escuchar eso.

Era una oportunidad para estar cerca del fascinante mundo de la Fórmula 1, y no quería perdérselo por nada, especialmente porque conocía el lugar, conocía a la familia real de Barahim, y todos sus esfuerzos por convertir el reino en un paradisíaco, próspero y moderno país.

Además, era también una oportunidad de oro para estar cerca de Trowa Barton…

De pronto, deseó con todas sus fuerzas que Treize accediera, y pensó en que si Trowa no lo convencía, sería él mismo quien pondría todo de su parte para arrancarle el ‘si' a Khushrenada. Así que se levantó de la silla, acercándosele expectante.

Pero no fue necesario que se esforzara.

-Si… de acuerdo. Haremos la primera prueba aquí, y Quatre y yo estaremos en Barahim dos días antes de los precalificativos. Si, si. Está bien. Entonces vendrás, ¿No? ¿El lunes…? O.k. Tenemos el recurso de la video conferencia. Si… ah, entonces tendré que ir a Munich… si. Está bien. Gracias Trowa.

Quatre casi se le colgó de un brazo al escucharlo, debido a la emoción.

-¡¡¿BARAHIM?!! ¡¿Iremos a Barahim?!

Treize se sorprendió mucho al ver la efusividad del muchacho, y con bastante esfuerzo intentó tranquilizarlo un poco. Le pasó el auricular para que lo llevara a su lugar.

-Ehm… Si, Quatre. Iremos allá como consultores para el equipo técnico. Debemos estar al tanto de los resultados del motor, y si el carburante está listo para las pruebas, también de eso debemos estar muy pendientes.

-El carburante…. –Una chispa de travesura cruzó los claros ojos del rubio. –Claro que lo tendremos listo. Cuenta con eso para la siguiente semana.

-Oye, ¿no te estás precipitando?

El rubio le sonrió mientras se dirigía al mueble donde estaban los aparatos de comunicación y los teléfonos.

-No, a mis hombres les gustan los retos. –Dijo mientras marcaba el número interno que lo comunicaría al área de investigación de la armadora. Su sonrisa se amplió cuando alguien respondió a la llamada. -¿Rashid? ¡Hola! Oye, tengo algo interesante qué proponerles…

Treize se sentó, observándolo con algo de sorpresa. El chico era bastante optimista…

 

 

Bien, como diario, como siempre, el e-milio a sus órdenes. elivaz@yahoo.com