
En mi vida he tenido varias etapas pasionales muy fuertes. Y una de ellas ha sido también el automovilismo.
Por unos pocos años, estuve trabajando en una empresa automotriz, la cual estaba muy ligada a los circuitos de fórmula 2 y prototipos, mismos que alguna vez tuve la oportunidad de correr. Fue aquí donde se reafirmó mi gusto por la velocidad, que ya había aprendido a disfrutar gracias a mi padre, quien me enseñó a conducir primero autos normales, aunque no en condiciones muy normales, a los 11 años, y pasando a los aviones comerciales pequeños en esa misma época. Pero definitivamente, mi corazón se quedó en la Fórmula 1 debido a la enorme emoción y los altos niveles que la adrenalina alcanza.
… Y la adicción a la adrenalina puede ser devastadora, de verdad.
(¡Válgame! Si se trataba de una breve introducción al fic, no de la historia de mi vida. Una disculpa por esto). o.0
Sin embargo, para escribir esta historia tuve la necesidad de regresar a esa época, recordar todos y cada uno de los detalles ocurridos en los circuitos, re-educarme en la física aerodinámica, mecánica y matemáticas del espacio y de probabilidades, (excusas, excusas. Todo eso lo vi en la Universidad), así como también empaparme de la realidad actual de los circuitos de F1, los que dejé de lado después de que uno de mis íconos falleció en un aparatoso y lamentable accidente.
De hecho, esta historia es una especie de homenaje a este hombre, y a todos los que hacen posible que se escriban grandes historias (*reales* al 100%, no historias guajiras como estas) en torno al automovilismo. Y como una parte de mis pasiones reside en la historia de Treize Khushrenada y Miliardo Peacecraft, me pareció adecuado introducirlos en este universo.
Hubo varias situaciones bastante dificilísimas para mí al escribir esta historia. Una de ellas fue elegir el nombre, ya que el que quedó en primera instancia es el título en Latinoamérica de una película que de hecho, si me gustó, pero no me gustó =P (si la recuerdan, en inglés se llama “The Velocity of Gary” del director Dan Ireland, interpretada por Vincent D'Onofrio, Salma Hayek y Thomas Jane).
Otra (además del lemmon, el cual aun lo sigo considerando) fue desbancar al ícono actual, su excelencia Michael Schumager, y darle su lugar tanto a Miliardo como a Treize. Después de todo, en mi muy personal punto de vista, tienen un ligero parecido en cuanto a perseverancia, disciplina, tenacidad y espíritu deportivo y humano y…. Eh… bueno… un algo muy ligero… En fin.
Y una dificultad más, el hacer de este fic una historia larga, ya que todas las otras las he terminado en pocas páginas, debido a la limitación del tiempo y a las múltiples actividades que me he echado encima. (¡Qué diera por que el día fuera de 36 hrs! ¡Ah! Y que no me diera sueño... digo.) XD
Ahora si, pasemos de lleno a esta historia dentro de un Alter Universo. Espero que les guste.
V an Krausser
-- Diálogos
// flashbacks
“” Pensamientos y reflexiones
Fan-fic escrito en base a los personajes de Gundam Wing, los cuales no me pertenecen (cada mañana me lo repito. ¡Caray! ={ Algún día tendré que aceptarlo).
BANDAI y su creador tienen los derechos sobre ellos. (…sufro/sufro/sufro/sufro…)
Hecho para fanáticos, hedonistas y apasionados, sin fines de lucro. ^_^'
Al igual que todo el mundo, Europa ha tenido grandes cambios en los últimos años del siglo pasado, y en estos primeros del actual. Y no ha terminado de transformarse, en algunas ocasiones para bien, en otras, para mal. Pero como seres humanos, esto es un proceso por el que cada sociedad debe pasar para alcanzar la verdadera democracia, estabilidad social y económica, paz y seguridad, y lo que es más importante, que cada habitante de cada país y estado que vive una transición, entienda que dicha democracia nunca será posible si no se toma la responsabilidad personal de llevar a cabo ese cambio, fundamentado en el mandamiento único de respeto y amor hacia los demás.
Sin embargo, y como sucede en toda transición, en toda lucha, en todo avance, con cada paso que se da al frente, se tienen cientos de impedimentos para continuar caminando en el crecimiento y madurez que se requiere.
Pero vale la pena confrontar todos esos problemas e impedimentos para alcanzar esa valiosísima recompensa final: la estabilidad y la democracia, y sobre todo, la PAZ..
PRÓLOGO
Lectura del Documento Constitucional.
Plaza de las Garantías Soberanas
Edificio Parlamentario, Cracovia.
“...La mayoría de los seres humanos detesta la violencia, el terror, así como el dominio fundamentado en estos términos, pero desgraciadamente, existen otros seres humanos que no piensan de esa forma, y en lugar de ver horror y destrucción en estos elementos, lo único que pueden vislumbrar en su mente oscurecida es el brillo de las riquezas que se desprenden de estos actos de terror. Y para continuar en ese lamento, muchas veces son los que tienen una gran influencia política, social e incluso religiosa quienes muestran esa inclinación perversa de enriquecimiento a costa del progreso, la democracia, la paz, y lo que es peor, la vida de seres humanos que no tienen ninguna injerencia en esas situaciones.
Es por esa razón, y no por lo que algunos extremistas y simpatizantes de los movimientos autocráticos pregonan, que el Parlamento decreta como parte del Documento Constitucional, otorgar la pena máxima a aquellos que atentan en contra no sólo de los derechos de cada ciudadano, sino también de la vida misma. No daremos tregua a organización terrorista, o individuo embriagado en sueños absurdos de poder absoluto, o ningún otro atentado por misiones imposibles, o deseos inhumanos.
Velaremos por nuestra identidad de una nación democrática y estable, en cada paso de madurez que nuestro país requiera. Se lo debemos a nuestros hijos, a las futuras generaciones que reclamarán nuestros actos.”
El cónsul Peacecraft, presidente del Parlamento terminó el discurso en medio de una fuerte ovación, proveniente de la multitud reunida en la plaza y sus alrededores.
Era una fecha memorable, pues habían finalizado las negociaciones de paz, y por consecuencia, la consolidación de la independencia del pequeño país de Cracovia, tanto política como ideológicamente. Y este hombre, un valiente luchador social y político, y todo el grupo que lo respaldaba, habían ganado la última batalla, garantizando la verdadera libertad de la incipiente nación.
Peacecraft era también un admirable estratega, además de un idealista social. Y todo el entrenamiento económico y político que había recibido en los años de su juventud y forjado en su madurez al frente de varias empresas que daban empleo a muchas personas, los aprovechaba para entregar a la gente a quien él consideraba dueña del país, esa estabilidad que por décadas habían anhelado.
Había vencido al General O'Negull, un oscuro militar con un monstruoso historial basado en levantamientos terroristas, apoyo a otros gobiernos paramilitares en los golpes de estado. Se hablaba de que la forma de pensamiento de este individuo se igualaba a los dictadores y genocidas de siglos pasados, pues él los consideraba héroes, y a sus atrocidades, grandes logros y conquistas.
O'Negull había permanecido al mando del ejército fiel al gobierno anterior, un régimen castrante y esclavizador, y en el momento en que se daba la apertura para que el ejercicio de la democracia pudiera llevarse a cabo, había sido él quien intentara el golpe de estado para continuar con esa asfixiante política a la que estaba acostumbrado. Pero gracias a los que habían permanecido fieles a la idea de la estabilidad nacional y la democracia, fieles a los ideales del grupo que lideraban el cónsul Peacecraft y el presidente Noventa, se había conseguido una victoria real, absoluta.
Sin embargo, hay ocasiones en que no se puede tener todo lo que se desea en esta vida...
El día de celebración terminó abruptamente para Peacecraft y Noventa, cuando un joven oficial del nuevo ejército nacional llegó hasta ellos, desencajado, sin atreverse a entregar el mensaje del que era portador.
Al ver el semblante del joven, y cómo éste lo veía insistentemente, Peacecraft se acercó a él, indicándole al presidente que lo siguiera.
- Señor...
- Dime, ¿pasa algo?
- Tengo un mensaje de la Abadía.
Y el presidente Noventa intuyó también de lo que se trataba.
La Abadía era un antiguo monasterio, muy grande y apartado de la pequeña ciudad, la que en los tiempos del gobierno anterior se había expropiado a la iglesia para convertirla en una espantosa e inhumana prisión. Y por sus instalaciones y la ubicación que tenía cercana a las montañas, habían decidido dejarla como tal. Había sido ahí a donde enviaran a O'Negull mientras se definía la fecha para el juicio político.
- Espera, aquí no.- Señaló prudentemente el cónsul, y caminó fuera del salón en donde se veían rostros alegres y despreocupados, convencidos de que nada más pasaría ahora que eran libres...
Llegaron al área de trabajo del cónsul Peacecraft, un pequeño despacho, alejado del barullo, y entraron en un incómodo y tenso silencio.
- Bien, puedes darnos el mensaje ahora.- Dijo el presidente Noventa después de que Peacecraft asegurara la puerta y tomaran asiento. El joven oficial los observó un momento, sintiendo que una fuerte ansiedad y desazón lo embargaba. Él permanecía de pié.
- Cónsul Peacecraft, señor Presidente, hubo un motín en la Abadía. Fuimos atacados por gente externa, y nos percatamos que se les estaban haciendo llegar armas a los reos por aire, en medio del ataque. Al parecer fue un operativo de fuga para el general O'Negull.
- ¿Logró escapar?- El rostro de Peacecraft se había endurecido en una expresión preocupante. Sabía de lo que este hombre era capaz, y más aun si ahora tenía motivos para creer que ellos le debían algo.
creer que ellos le debían algo.
- S-si, señor.- La voz trémula del joven los hizo estremecerse.- Hubo muchas bajas entre los oficiales y guardias de la prisión. Y los refuerzos del ejército no llegaron a tiempo. Fuimos muy pocos los que salimos ilesos de ahí.
- ¿Cuántos eran?
- Parecía un ejército pequeño, tal vez unos ciento cincuenta hombres, pero iban fuertemente armados. De hecho, señor, no había visto ese tipo de armas en este país. Eran demasiado sofisticadas.
Peacecraft y Noventa voltearon uno con el otro, sin decir una palabra.
No podían fallar a la gente que había puesto en ellos esa esperanza de tener un país democrático y libre; no podían siquiera pensar en que se rendirían ante un ataque de ese hombre, y quienes quiera que fueran sus aliados, porque se lo debían a cada ciudadano de Cracovia, a cada padre y madre de familia, hermano, tío, abuelo, hijo... a cada uno de los que habían sacrificado su vida por ver a sus seres amados en una sociedad diferente.... no podían concebir siquiera esa idea. Y ambos lo entendieron, aun sin palabras, adoptando esa actitud firme y determinada que los había llevado a ser los líderes del movimiento libertador.
- Oficial – el presidente Noventa se levantó, dirigiéndose al joven, y giró una orden.- Hágale saber al General Theron que se prepare para una acción defensiva. O'Negull no se detendrá sólo con estar libre, así que debemos estar preparados para cualquier situación extraña que se presente, por mínima que sea.
- Si, señor.
- Puede retirarse. Mañana, a primera hora, estaremos en el Consejo General de la Armada.
Y pronto quedaron solos.
Peacecraft se levantó con expresión cansada y caminó alrededor del escritorio, cabizbajo, sopesando todas las posibilidades de riesgo, y lo que debían hacer ahora. Su vista se detuvo en un discreto portarretratos en donde tenía una fotografía familiar, y estirando su mano, lo tomó.
El presidente Noventa lo observaba, y casi podría decir que sabía lo que estaba pensando.
- Ellos estarán bien. Los haremos salir del país mientras esto se resuelve, si te hace sentir más tranquilo.
- Pero ese privilegio…
- No es un privilegio. No serás el único que lo hará, y si está dentro de nuestras posibilidades, lo haremos con cuanta familia podamos.
- No sería justo.
- Sé que no lo sería, pero piénsalo. Tus niños pueden ser las personas que nos ayuden a mantener la estabilidad años más adelante. Y no sólo ellos, sino todos los pequeños que logremos rescatar de cualquier régimen autocrático que intente establecerse otra vez. Es prevención a mediano plazo. Piénsalo.
Y el cónsul no habló, meditando en ello mientras acariciaba la superficie de la fotografía.
En ella, sus dos pequeños se veían en primera línea, y más atrás, él y su esposa, como una familia que buscaba estar unida en cualquier circunstancia.
- ¿Qué propones?- dijo finalmente, dejando el portarretratos en el escritorio, y sentándose en el sillón, frente al presidente.
- Austria. No está lejos de aquí, y es una buena opción para recibir la educación que deseas darles. Puedes enviar a más personas de tu familia, no sé, algún pariente de confianza, para que se responsabilice de ellos, en caso también de que algo ocurra aquí.
Peacecraft asintió. La oportunidad tal vez no se presentaría más adelante, y de verdad, ellos eran la mejor garantía para la continuidad de sus ideales.
Había pasado mucho tiempo buscando que su familia comprendiera los riesgos a los que se confrontaban; había aleccionado a sus niños durante las noches en las que había estado con ellos, mientras se llevaba a cabo la cruenta guerra de liberación, y había apoyado a su esposa en los momentos en que ella estaba a punto de rendirse, en los momentos en que ella no podía seguir y el temor y la desesperanza hacían presa de su corazón… Y sabía perfectamente que todo eso no era tiempo perdido.
- Si. Hablaremos a la prensa mañana mismo, y explicaremos la situación. Debemos darle oportunidad a la gente de la ciudad en primera instancia, y saldremos también para apoyar a las demás poblaciones de Cracovia.
Noventa asintió también, y se sentó en uno de los sillones.
- Tenemos entonces que pensar el discurso que diremos.
- Voy a pedir que nos traigan bastante café. Y a llamar a casa. Es probable que no vayamos a dormir hoy.
- De acuerdo.
Y el presidente salió un momento, mientras Peacecraft iniciaba con una frase en una hoja de papel en blanco, la que daría inicio a la transmisión por los medios de comunicación a primera hora del siguiente día.